Disclaimer: El Potterverso es de una tal Rowling, los reclamos a ella.

Y aquí va la segunda viñeta. ¡Que la disfruten!

II

13.00

Ginny se mira al espejo y arruga la nariz. Se ha puesto un vestido nuevo —regalo de Harry por su último cumpleaños—, pero hay algo que está mal. No es el vestido, que es precioso y le queda estupendamente. Pero por alguna razón, siente que hay algo mal. Con un suspiro, se deja caer sobre la cama con las manos extendidas.

Bajo su mano, siente la textura de la lana. Se incorpora en la cama y coge el sweater Weasley que ha dejado ahí para cambiarse de ropa. Es de lana azul, un color que su madre nunca usa para ella. Y tiene una letra en lana amarilla chillona. Una G.

Ginny aún recuerda esa Navidad. Por alguna razón, su madre se confundió al envolver los regalos de sus hijos. Y ella recibió un sweater que era notoriamente demasiado grande para ella. Mientras ella miraba la prenda, los gemelos entraron en su habitación. George iba orgullosamente mostrando el ombligo, en un sweater rosa viejo con una G en el pecho.

—George, ese es mi sweater. Mamá se ha confundido.

—No lo creo. Tiene una G. De George. Además, es totalmente mi color. ¿No crees, Fred?

—¡George! —protestó ella—. Mamá me ha dado tu sweater, ése es mío.

Al final, Fred le había ofrecido cambiar su sweater. Los dos gemelos habían bajado a la cocina para desayunar luciendo sendas Gs sobre sus pechos —Gred y George, según ellos—. Ella los había seguido, usando el sweater con la F.

Ginny suspira. Es raro acordarse de esa época en la que un sweater cambiado era un drama. Los últimos años los habían obligado a todos a crecer.

Por la puerta entreabierta de su habitación ve la del frente. La que siempre había sido de los gemelos, hasta que se habían mudado a Londres. La que ahora aloja sólo a George. Por debajo de su puerta —donde los nombres Gred y Forge siguen pintados—, se puede ver luz.

Se incorpora en la cama y se levanta. Se siente como una idiota. Preocupada por un estúpido vestido, cuando George debe estar mucho peor que ella. Cruza el pasillo en dos zancadas y abre la puerta de su hermano.

George está sentado sobre la cama, con la cabeza entre las piernas. Ginny no dice nada, pero se sube a la cama y abraza a su hermano por la espalda. George levanta la cabeza, como preguntándose quién lo ha interrumpido así. Al verla, levanta un brazo y le rodea los hombros.

—¿Pasa algo, enana? —pregunta, después de unos segundos.

—No. Pero necesitaba hacerlo —musita ella, sin dejar de aferrarse a él con más fuerza, como si él fuera a desaparecer.

Él no contesta. Se limita a acariciarle el hombro con suavidad, en completo silencio.

En unos minutos tendrán que levantarse y reunirse con el resto de la familia, pero en ese momento, se tienen el uno al otro. Pueden estar juntos y no tienen que decir nada.

Y es lo único que necesitan.


Yo siempre he pensado que Ginny era la más cercana a los gemelos, de una forma u otro. Después de todo, en una parte de los libros dice que al crecer con Fred y George aprendió a creer que todo era posible (estoy parafraseando, no me acuerdo de la frase exacta). Así que me calza que estos dos tengan su momento antes de la cena familiar para sufrir juntos.

¡Hasta la próxima!

Muselina