Un peligroso mal entendido… parte dos.
Nota: Concluyamos bien la historia… XD.
Previamente… El joven soltó al final un imperceptible suspiro ahogado y se dispuso a hacer su tarea, pues en ese instante su hermano Goten entró en la casa llevando a rastras un gran pescado y cargando también con su abuelo Ox Satán.
Y el anhelado y esperado día llegó, así que, muy temprano…
Oye, mamá, ¿en serio tengo que vestirme con esto? —Gohan miraba con gesto angustiado los tres horrendos trajes que su madre había colocado sobre su cama. Le parecieron tan ridículos y anticuados para su edad, así comprendió el por qué su padre casi nunca vestía de traje.
Goten también parecía atónito y confundido ante semejantes prendas. Afortunadamente para el pequeño, él y su mamá aprovecharían la ausencia del mayor para ir de visita a Capsule, así que se divertiría en grande con Trunks… y era seguro que su amigo podría explicarle muchas cosas por ser muy inteligente.
Claro que sí, Gohan, en una cita tienes que lucir impecable, y esta es tu primera cita —le dijo Milk desde su cuarto.
Pero… es que no sé cual se vería mejor para la ocasión —le dijo el muchacho sin ganas de contradecirla. Cuando a su madre se le metía algo en la cabeza no había poder humano que la hiciera cambiar de resolución.
Entonces pruébatelos todos y te ves en el espejo para decidir cuál es el mejor —le respondió la dama aun metida en el baño de sus aposentos.
Bueno… pues ni hablar —el muchacho suspiró abatido.
Oye, Gohan, ¿y qué es una cita? —le preguntó Goten con curiosidad, pues no le quedaba claro el por qué su hermano tenía que salir así vestido de forma tan peculiar.
Cuando seas mayor te lo explicaré con calma, Goten —le respondió el aludido en tono de congoja—. Ahora te pido que me ayudes a escoger el mejor traje de los tres —fue su petición con amabilidad.
Mmm… es que todos están muy feos —opinó el chiquillo con sinceridad.
Eso ya lo sé, Goten, pero es preciso no decírselo a mamá o podría ofenderse —le explicó el mayor—. Entre ella y el abuelo me los compraron la semana pasada… y ni siquiera me pidieron opinión —admitió resignado.
Bueno, pues entonces ponte este y asunto arreglado —Goten señaló un traje de saco amarillo mostaza y pantalones color marrón, y de la misma manera se dispuso a vestirse.
En cuanto estuvieron listos y arreglados se sentaron en la sala de la casa esperando a su progenitora, y ella salió vistiendo un bonito traje amarillo canario.
¡Oh, Gohan, cariño, te ves guapísimo! —dijo Milk acercándose a su hijo mayor para ajustarle la corbata, agregando un tanto seria—. Pero esto no va así… —al mismo tiempo sacó un grueso peine de su bolso para cepillarle el cabello—… y tienes que peinarte muy bien… —le reprochó cariñosamente al tiempo que tironeaba de sus fibras capilares con bastante fuerza—… Este tu cabello es tan rebelde como el de tu padre… —puntualizó con esfuerzo.
No… mamá, no hagas eso… me duele, en serio… —y el pobre lagrimeó un poco de dolor. Su madre siempre lo ha atormentado con el asunto del cabello.
Goten prefirió quedarse calladito, o si no a él también lo someterían a la sesión de tortura, pues su negra melena era incluso más erizada y levantada que la de su hermano. Al final, Gohan se dirigió hacia la ciudad Satán oculto bajo la personalidad del "Gran Saiyaman", y su familia se dirigió a Capsule montada en la Kinton.
Ya era casi la hora acordada cuando el joven moreno se presentó en el lugar de encuentro. Terminó de acomodarse la corbata y miró ansiosamente para todos lados buscando a su compañera pelirroja… entre más pronto empezara la bendita cita más pronto se libraría de ella.
¡Gohan, hola, aquí estoy! Me da gusto que hayas llegado temprano, así podremos ir al cine —Ángela se le acercó por la izquierda con una gran sonrisa en su rostro infantil, y le habló con amabilidad.
Ho… hola, me gusta ser puntual —respondió el muchacho sonriéndole muy tontamente. Después le interrogó algo confundido—. ¿Al… cine? ¿En… verdad… quieres ir al cine? —porque sabía que la entrada al cinema era bastante cara, y él no traía dinero en exceso como para comprar también toda la variedad de golosinas y otras cositas que vendían en las funciones—. Oye, ¿no podemos mejor…? —añadió pensando excusarse, más todo intento de razonar con Ángela parecía en vano.
¡Vamos, es por aquí! ¡Veremos la función de matiné! —dado que la joven se hizo la desentendida ante la indecisión de su compañero, y lo condujo a rastras de un brazo.
Pero es que… —ni hablar, lo mejor era tenerla contenta y complacerle los caprichos para que después no fuera a revelar su identidad secreta, así que no le quedó de otra más que dejarse llevar.
En cuanto llegaron al acceso principal del cinema, Gohan no pudo evitar contraer el gesto en una leve mueca de espanto al mirar la marquesina… la película principal de estreno era un drama romántico, y estaba siendo exhibido en la mitad de las salas. Al estar en la cola para comprar los boletos se fijó en que también en cartelera había una muy buena cinta de artes marciales. Sí por lo menos pudiera convencer a la chica de cambiar de idea, la mañana no sería tan tortuosa.
Eee… oye, Ángela… ¿cuál película quieres ver? —le preguntó un tanto nervioso, dado que no tenía intención de ofenderla ni mucho menos.
¿Cómo que cuál película quiero ver, Gohan? —la muchacha lo miró dudosamente por un segundo, como si no entendiera el porqué de la pregunta—. Creí que te gustaría tanto ver la película romántica conmigo, es lo que se hace en la primera cita.
Eto… no, no es eso… es que… es que pensé que sería interesante ver la superpelícula de artes marciales que está en la sala cinco —dijo cortésmente señalándole el cartel en cuestión, para después añadir tratando de guardar las apariencias—. Las artes marciales son muy divertidas, te van a gustar. Además me encantaría aprender toda clase de técnicas como las que hicieron a Mr. Satán el campeón del mundo, así llegaré a ser un gran héroe como él… tú sabes a lo que me refiero —completó sonriéndole tontamente.
La joven pelirroja fijó su vista en el cartelón por lo menos un minuto, como si le estuviera buscando lo interesante, y, en seguida de su inspección, volvió a ver a su acompañante.
¿Entonces a ti te gustan las artes marciales? —le preguntó en voz soñadora.
Sí, y por ese motivo es que suelo utilizar eso que me viste puesto el otro día —le explicó calmadamente en voz baja—. Sólo así puedo pasar desapercibido y nadie sospecha nada.
Vaya, no creí que lo usaras por eso —Ángela pareció asombrada por la revelación, y después le volvió a sonreír con simpatía—. Pero a mí me pareció un detalle tan tierno, y te veías lindo con él.
"¿Tierno?... ¿Lindo?" Bueno, es su sentir personal la indumentaria del "Gran Saiyaman" le era bastante práctica y verdaderamente ingeniosa, aunque no todos pudieran distinguir ese toque moderno que Bulma le había imprimido al diseño… pero la cuestión de verse tierno con ese traje no le quedaba nada clara. Bien, tal vez más tarde le pediría una opinión profesional a la autora de sus días.
Eee… entonces, ¿si podemos ver la película de artes marciales? —inquirió educadamente después del lapsus.
Yo quiero ver la película romántica… es nuestra primera cita y mi deseo es compartir contigo una gran experiencia pasional —puntualizó la joven sin cambio en su expresión de bobalicona endiosada, y luego le dedicó una vez más una caída de pestañas, volviendo a ponerse de puntitas como si quisiera darle un buen beso—. ¿No te parece maravilloso que estemos tú y yo solos?
Ss… sí, claro, es… es fantástico —Gohan se hizo lo más que pudo para atrás, tratando de mantener la prudente distancia entre él y su compañera, y esperando que de verdad no fuera a besarlo o tendría que huir de su acoso, y no era su propósito hacerla sentir mal.
Bien, ya ordenados en sus butacas se dispusieron a disfrutar de la función. No habían ni transcurrido diez minutos cuando Gohan ya bostezaba muy disimuladamente, y sentía que los ojos se le cerraban del puro aburrimiento, y entonces la imagen de Videl surgió una vez más en su mente… ciertamente la señorita Satán sí habría accedido a ver la película de artes marciales y se divertirían en grande. Pero no estaba con Videl, así que tenía que aguantarse como buen hombre. A los veinte minutos ya roncaba por lo bajo despatarrado en el asiento, en tanto Ángela parecía tan metida en la cinta, como si tuviera ganas de que ella y su joven acompañante fueran los protagonistas del drama. En cuanto volvió la vista para verlo, suponiendo que estaría igual de extasiado, pudo percatarse como dormía, lo cual le molestó bastante.
¡Oye, Gohan, cómo puedes dormirte ahora, es un momento tan importante para nuestra relación! —le reclamó en voz alta visiblemente enfurecida, levantándose del asiento. El pobre se cayó del puro susto ante semejante grito—. Como puedo darme cuenta que te aburres por estar conmigo me voy… y todos van a enterarse de lo que escondes —agregó ofendidísima y se encaminó a la salida sin pedir permiso a nadie.
¿Qué… que pasó? —preguntó el moreno al reaccionar tras el trancazo que se dio en la cabeza, y alcanzó a entender lo último que dijo la joven antes de salir, así que se levantó tan velozmente para alcanzarla… no podía dejarla enojada con el riesgo de que contará su secreto—. ¡No, Ángela, por favor no te…!... Lo siento, con permiso, usted disculpe… —más su cultura no le permitía marcharse así, por lo que tuvo que excusarse con todas las personas que se encontraban presentes por haberles interrumpido el show de forma tan abrupta.
Ya en las afueras del cinema pudo al fin alcanzarla, deteniéndola delicadamente de un brazo para no lastimarla.
De verdad estoy muy avergonzado contigo —le dijo en entonación apenada, para posteriormente añadir con cortesía a modo de disculparse en cuanto la pelirroja le devolvió la mirada —, ¿hay alguna otra cosa que te gustaría hacer?
Ya sabía yo que en el fondo eres un chico tierno, y que por eso te gusta usar ese tipo de vestimenta —Ángela le volvió a sonreír tan despreocupadamente como si nada hubiera sucedido, aunque se ruborizó brevemente porque Gohan la haya tocado—. Vamos a la cafetería y comamos pastel —sugirió mirándolo con admiración.
Bueno… sí, me parece bien así —respondió parpadeando algo extrañado. Su joven compañera si que era de lo más extraña, y aún no comprendía en dónde le veía lo tierno al traje del "Gran Saiyaman"… ¿acaso sería el casco, o tal vez las botas?
¡Oh, Gohan, qué lindo eres! —la chica se le colgó del brazo para llevarlo a rastras hacia una cafetería cercana.
La ciudad parecía tan tranquila mientras Ángela pedía una rebanada de pastel de chocolate y una taza grande de té, y Gohan únicamente se tomaría un café, porque si comía como acostumbraba capaz y la espantaba, aparte de que la lana no le alcanzaría. A leguas se veía que era una serena mañana de domingo, las familias paseaban entrando en los centros comerciales, en los restaurantes, en el cinema, en los juegos del kiosco, en el parque de diversiones… un día tan perfecto como ese no debía ser paralizado por nada.
Gohan suspiró imperceptiblemente al tiempo que miraba a través de la ventana, pensando en lo bien que podría estar pasándola jugando con Goten y Trunks, enseñándoles unas nuevas y sensacionales poses de batalla para sus presentaciones, avanzando en alguna lección de inglés o de ciencias o… enfrentando malhechores en compañía de Videl. "¡Ah, si el señor Pikoro me viera ahora…!" pensó un tanto resignado. Justo entonces la voz de Ángela lo sacó de sus ensoñaciones y lo hizo volver a la realidad.
Oye, Gohan, en una cita el chico le ofrece a la chica endulzar su té con un poco de azúcar —observó alegremente.
Eee… sí, claro… ¿gustas qué endulce tu té con un poco de azúcar? —le preguntó siguiéndole el juego.
Unas quince cucharadas, por favor —respondió la muchacha sin dejar de sonreír, como si se tratara de algo gracioso—. Me gustan las cosas dulces —se explicó.
… —Gohan pareció anonadado por una fracción de segundo ante la estrafalaria petición… ahora le quedaba más claro el por qué la pelirroja no era del club de amigos frecuentes de Videl. Empezó a echar el azúcar contando las cucharadas lentamente—… Una, dos, tres, cuatro… —y al final trató de revolver la mezcla pegajosa que se había formado, entregándole nuevamente la taza a su acompañante—. Aquí tienes, ya está listo como te gusta —le dijo educadamente sonriéndole con timidez.
Gracias, eres un bombón —dijo la chica y le dio un sorbo a la bebida, saboreándola con gusto—. Te quedó fantástico —agregó y después bebió otro poco. Al terminar el té le hizo una sugerencia —. ¿Qué te parece si vamos a la "Satán Tower" qué está en el centro de la ciudad?
Si… como gustes —respondió el joven sin la menor intención de contrariarla, y guardándose un gesto de asco ante el hecho de que la muchacha se atreviera a comerse el emplaste que el azúcar había formado en el fondo de la taza.
Anduvieron unas cuantas cuadras tomados de la mano… más bien Ángela es la que se le colgó a Gohan en el brazo, y él no tuvo más remedio que dejarla hacer, aunque se esforzó por mantenerla alejada de su cuerpo y por esa razón sentía el brazo entumido. Al llegar cerca del perímetro en cuestión se percataron de que algo malo estaba sucediendo, pues la gente se encontraba amontonada y señalaban hacia la parte alta de la torre sin dejar de gritar.
¡Pero qué cosa tan terrible! —decía una señora visiblemente preocupada.
Disculpe, ¿qué ha ocurrido? —le preguntó el joven Saiyajin con educación, zafándose por fin del agarre de su compañera.
Hay un incendio allá arriba y los bomberos no han podido controlarlo —le respondió un ancianito en voz entrecortada del nerviosismo.
Pero la señorita Videl, la hija del poderoso Mr. Satán, ya viene en camino —observó otro hombre con entusiasmo mal disimulado—. Ella salvará a toda esa pobre gente que se refugió en el techo queriendo huir de las llamas.
Ya veo… —Gohan miró hacia arriba y pudo observar la magnitud de las llamaradas, más decidió acercarse para ver mejor el panorama—. Con permiso… disculpe usted… lo siento… —como pudo se metió entre los espectadores, y, en cuanto llegó más cerca, se dio cuenta que era peor de lo que imaginaba… tenía que hacer algo, pues Videl no podría enfrentar ese peligro ella sola—. Este es un trabajo para el "Gran Saiyaman" —masculló antes de lanzarse al sitio donde estaban los bomberos, y así poder transformarse sin ser visto por la multitud de curiosos.
¡Gohan!, ¿qué piensas hacer? —le gritó Ángela con preocupación. Lo había seguido muy de cerca—. ¡Es peligroso!
Es en momentos como estos en que un gran superhéroe debe cumplir con su deber —le dijo a modo de explicación, dispuesto a seguir adelante.
¡Pero tú no podrás hacer nada, es mejor que dejes que Videl y los bomberos se encarguen de todo! —le suplicó llorosa.
¿Pero qué estás diciendo? —le dijo extrañado por esas palabras… como si ella no supiera lo del "Gran Saiyaman" y su increíble fuerza—. ¡Ahora es cuando debo presentarme con mi vestuario, para eso me lo pongo! —y se fue corriendo hasta perderse de vista.
Oh, Gohan… —a la muchacha también le extrañó esa actitud. Estaba consiente de que su compañero causaba polémica por ser un excepcional fuera de serie, pero nunca creyó que alguien que usara ese tipo de ropa se sintiera con mucho valor para realizar una acción heroica por el simple hecho de traerla puesta.
En el techo Videl luchaba con todas sus fuerzas por abrir la válvula de un gran tanque lleno de agua con el cual controlar las llamas. Sabía que tal vez no sería suficiente la presión del líquido, pero debía intentarlo pues la gente confiaba en ella y no los defraudaría. Por algo es la hija del campeón de las artes marciales, el hombre más fuerte del mundo y vencedor del monstruoso Cell.
Esto esta… muy… duro… —resoplaba soportando también el calor que la sofocaba—… tengo que… lograrlo…
Súbitamente el piso que sostenía el pesado depósito cedió ante el incendio, y la enorme mole de metal se desplomó hasta casi caerle encima y aplastarla.
¡Aaayyy, auxilio! —fue el angustiante grito de la joven… nada ni nadie podría auxiliarla. Pero repentinamente alguien sostuvo con facilidad la cisterna y la levantó en alto para permitirle escapar. Videl parpadeó asombrada al reconocer a su salvador… ¡era el "Gran Saiyaman"!
Descuide usted, señorita Videl, he venido para ayudarle —le dijo el guerrero con educación a modo de saludo, deteniendo el tanque con una sola mano y brindándole la otra—. Ahora le pediré de favor se haga a un lado con todas las personas para que yo pueda actuar sin lastimar a nadie.
Sí, claro… no te preocupes por eso, "Gran Saiyaman" —respondió la morena y se alejó a una prudente distancia para observar lo que su joven benefactor haría, sin dejar de indicarle a todos los que ahí se encontraban que dejaran trabajar al héroe.
Durante unos minutos la señorita Satán no pudo quitarle la vista de encima al superhéroe, en tanto él sostenía en alto el depósito de agua, como si no pesara más que una pluma, y ésta fluía con presión apagando las llamas, saliendo por un agujero que había hecho de un solo golpe certero a la gruesa plancha de metal. La joven morena se preguntaba quién se escondería debajo de esos atuendos tan excéntricos y llamativos; y no es que no estuviera agradecida con él, pues le había sido de mucha ayuda en situaciones desesperantes como esa, pero, aun así, le intrigaba muchísimo conocer su identidad y el hecho de que fuera tan fuerte… tal vez más fuerte que su papá.
Si lo meditaba detenidamente, recordaba que el famoso "Guerrero Dorado", un joven muy parecido a los extraordinarios sujetos que se presentaron al "Cell Game" y que tenían la peculiaridad de cambiar de apariencia, por lo que había llamado grandemente su atención, había aparecido y desaparecido repentinamente cediendo su lugar al "Gran Saiyaman", en la misma época en que Son Gohan había ingresado a la preparatoria "Orange Star", de eso hacía aproximadamente unos dos meses. Son Gohan escondía algo, y era seguro que tenía que ver en todo. En cuanto las llamas se extinguieron el "Gran Saiyaman" se alejó volando.
¡Oye, espera! —le gritó Videl tratando inútilmente de alcanzarlo.
¡Nos veremos en otra ocasión, señorita Videl! —el joven se despidió amablemente al tomar velocidad y confundirse con el horizonte.
¡Oh, señorita Videl, gracias a usted y al "Gran Saiyaman" estamos salvados! —la dijo un hombre mayor acercándose a ella, sollozando muy feliz.
¡Sí, ustedes son un gran equipo! —le dijo una ancianita de igual manera, casi la besa—. ¡Les estamos tan agradecidos!
Descuiden… es nuestro deber —respondió la muchacha suspirando entre tranquila y resignada. Se le había ido la oportunidad de las manos, pero algún día sabría la verdad tras el "Gran Saiyaman".
Otros quince minutos pasaron y la gente ya se encontraba sana y salva en la parte baja del edificio, y Videl era entrevistada por una cadena televisiva.
Menos mal que todo salió bien… —Gohan suspiró de alivio escondido tras unas ambulancias. Había aprovechado la confusión que aun reinaba y el humo que surgía para poder destransformarse—. Ahora tengo que alejarme sin que Videl me vea —añadió buscando por donde podría pasar desapercibido para retirarse sin llamar la atención.
… y fue entonces cuando el "Gran Saiyaman" llegó para… —decía la morena cuando algo atrajo su mirada—… ¿Gohan? —se preguntó extrañada en voz muy baja. Su compañero estaba actuando muy raro, como si se estuviera escondiendo de alguien. ¿Podría ser acaso qué…?
¿Sucede algo, señorita Videl? —le preguntó el reportero con duda.
¡Gohan!, ¿se puede saber que diablos estás haciendo hoy aquí? —la muchacha se le acercó a su compañero bastante enfurecida. Claro, sus sospechas parecían confirmarse… Son Gohan era el "Gran Saiyaman", por eso actuaba de una manera misteriosa—. ¡Explícate en este momento!
¡Oh, no, Videl ya me vio! —el mencionado se sobresaltó al oírla y al verla, y ya no pudo esconderse. Ni hablar, tendría que buscar una buena excusa para justificar su presencia en ese lugar… de tanto bullicio se había olvidado momentáneamente de Ángela y su cita—. Eee… hola, Videl, ¿qué haces por aquí en un día tan bonito como hoy? —le preguntó fingiendo inocencia.
Yo te lo pregunté primero, Gohan —le dijo ella mirándolo tan inquisitivamente y acercándosele demasiado—. Además yo vine a cumplir con mi trabajo como protectora y defensora del orden en Ciudad Satán, y tú no vives aquí —le observó agudamente.
Eto… jejeje, sí, ya veo… fue una gran hazaña el como tú salvaste a toda esa gente de morir… —observó el muchacho visiblemente nervioso y enrojeciendo como tomate por su cercanía. Tenía ganas de salir corriendo, pero no porque le tuviera miedo a la joven, sino por no delatarse.
Aun no contestas mi pregunta, Gohan, ¿qué estás haciendo hoy domingo en la ciudad Satán?... Tienes que darme una muy buena razón o voy a seguir pensando que tú eres el "Gran Saiyaman" —añadió la chica sin despegársele ni un centímetro.
No… no, ¿cómo crees?… jejeje… alguien como yo no podría… jejeje… no podría ser el "Gran Saiyaman" —respondió tartamudeando. No le gustaba decir mentiras, pero no podía decirle la verdad a la hija de Mr. Satán ni a nadie fuera de su círculo de amistades que eran los guerreros "Z".
¿¡Y entonces por qué estás precisamente el día de hoy aquí, eh!? —fue el cuestionamiento de Videl en voz bastante alta, levantándose sobre la punta de sus pies y creciendo con el enfado, mostrándole también unos grandes colmillos como si estuviera a punto de comérselo.
Bueno… jejeje… lo que pasa es que… jejeje… es que yo… es que… —el joven Saiyajin farfulló y se atragantó un momento con su fluido bucal… la morena estaba demasiado cerca de él para su gusto y lo ponía nervioso, aunque estos nervios fueran muy diferentes a los que ya había sentido antes.
¡No, Gohan, no, qué malo eres conmigo! —la familiar voz de una chica les hizo volver la vista. Era Ángela, y parecía a punto de soltarse a llorar de coraje—. ¿Por qué no me dijiste que Videl era tu novia, eh? ¿Por qué me mentiste y me hiciste creer que tú y yo éramos el uno para el otro?, ¿por qué has jugado conmigo?
¿Eh? —el aludido parpadeó extrañado… ¿qué tantas cosas incomprensibles estaba diciendo esa niña? Y la señorita Satán abrió la boca con admiración… ¿así que entonces era cierto que Son Gohan y Ángela eran pareja? No podía creerlo.
¡Ahora entiendo por qué quisiste actuar como héroe, porque querías rescatarla! —la pelirroja continuó con su reclamo acercándose a ellos—. ¡Y te atreviste a dejarme plantada! ¡Eso no voy a perdonártelo!
¿Así qué tenías una cita con Ángela aquí en Ciudad Satán, Gohan? —Videl recordó que su condiscípula le había mencionado que saldría con Son Gohan el domingo en la mañana, así que miró a su compañero con algo de reproche mientras el preguntaba en voz muy baja… verdaderamente Son Gohan era un chico muy simple.
Eto… sí… jejeje… vine porque ella quería ir al cine… —admitió el muchacho bastante avergonzado, sonriéndole muy tontamente. Posteriormente se excusó dudosamente—. Pero… ¿de qué tanto está hablando? No entiendo nada de lo que dice.
La joven morena puso los ojos en blanco por una fracción de segundo… definitivamente ya no había duda alguna: Son Gohan era un bobo sin remedio.
¡Ah, pero en este mismo instante Videl se va a enterar de tu vergonzoso secreto, sabrá que le has escondido algo durante todo este tiempo! —Ángela dejó de sollozar y se puso bastante seria.
¿Qué… un… secreto? —la aludida parpadeó anonadada, mirándolos a ambos con gesto de incredulidad. ¿Son Gohan tenía un secreto y Ángela lo sabía? Eso era algo difícil de creer.
¡No, no, no, no, por favor, no… todo menos eso! —y el pobre mancebo volvió a tartamudear con nerviosismo, tratando de no entrar en pánico escénico al sentir que el mundo se le vendría encima cuando Videl Satán se enterara de que efectivamente él es el "Gran Saiyaman".
Préstame toda tu atención, Videl —la chica de roja cabellera miró a su compañera con bastante determinación—, el secreto de Gohan es que usa…
¡Aaaaaahhhhh! —en un desesperado intento por silenciarla, el joven Saiyajin levantó la voz como si pensara transformarse en la fase uno del SS. Y por unos segundos consiguió su objetivo, pues las doncellas parecieron estupefactas ante su reacción, y lo miraron con los ojos bien abiertos dé la impresión. "¿Y ahora qué más hago?" se preguntó en su interior, porque no podía seguir con sus alaridos o tal vez sí se transformaría enfrente de ellas.
Dime lo que ibas a decirme, Ángela, te escucho —más el susto no duró ni un minuto, pues Videl animó a su compañera para que continuara.
Gohan usa… —y Ángela volvió al ataque.
¡Aaaaaahhhhhh! —Gohan volvió a aspirar aire y a soltar un nuevo alarido… tendría que intentarlo cuantas veces fuera necesario, no se arriesgaría de esa forma. Pero, en cuanto ellas lo miraron otra vez, se sintió completamente avergonzado de su proceder. Ese no era el actuar de un hombre razonable, pero tampoco podía salir huyendo como un cobarde, así que lo mejor era enfrentar su destino.
Gohan usa unos tiernos calzoncillos de osito —puntualizó la pelirroja imponiéndose.
¡Aaa…!... ¿ah? —el mancebo se quedó en shock por una fracción de segundo, y dirigió la vista hacia su compañera de rojos cabellos… ¿había oído bien?
¿Qué? —y Videl quedó igual de estupefacta… ¿el vergonzoso secreto de Son Gohan eran… unos calzoncillos?—. ¿Dijiste… calzoncillos de… osito?
Sí, yo se los vi el otro día que tuvimos clase de deportes, él se escondió de los demás para que no se los vieran pero no se fijó en que yo estaba cerca de los vestidores —afirmó la muchachita con convicción—. Y de hecho me parece que hoy también los trae puestos —recalcó sin ningún pudor.
¿Entonces todo este tiempo…?... —al moreno le dio un imperceptible tic en la ceja… pensar que había tenido que pasar por todo ese suplicio sólo porque unos de sus calzoncillos tenían el dibujo de un oso—…Oye, ¿no viste nada el otro día cuando… cuando te encontré en el patio superior de la escuela? —aun así tenía que cerciorarse de que no hubiera nada más.
¿De qué hablas? —le cuestionó dudosamente la de roja cabellera cambiando su gesto por uno más sosegado.
Pues del otro día cuando… cuando llegué tarde al colegio y tú estabas sola en ese lugar —respondió el chico con algo de inseguridad. Videl los miraba de uno en uno, tratando de entender el sentido de la conversación.
¡Ah, de ese día!... —la chica pareció recordar, y Gohan trató de disimular su nerviosismo—… pues en realidad no me había dado cuenta de que eras tú hasta que me saludaste. Como apenas me había puesto los lentes de contacto no podía verte bien —agregó calmadamente.
El joven Saiyajin se guardó un suspiro de alivio ya que su identidad secreta seguiría aun en el anonimato. Sólo quedaba un asuntito que aclarar…
Vaya, vaya, Gohan… ¿así qué usas calzoncillos de osito? —Videl lo veía con el gesto un tanto endurecido… ese chico era bastante inmaduro en su actuar, ya que se había dejado engañar por esa tonta sólo porque no quería que nadie supiera de que aun le gustaban los dibujos para niños—. De verdad no creí que a tu edad tuvieras esos gustos tan infantiles —le reprochó un poco.
No, Videl, eso no es cierto —Gohan le sonrió muy relajado y luego se rascó la nuca en un muy típico gesto de su difunto padre—. Lo que pasa es que mi mamá se equivocó al comprarlos porque esos eran para mi hermano, pero les puedo asegurar que todos los demás que tengo son perfectamente comunes y corrientes.
Mmm… —la aludida no pareció muy convencida de ese argumento, así que todavía lo observaba inquisitivamente—… pues yo no te creo mucho.
Es en serio, Videl, te lo juro… no tienes por qué mirarme así… —ante esa mirada, el moreno se abochornó en exceso por un segundo… lo mejor que podía hacer era deshacerse de esos calzoncillos aunque su madre se enojara.
¡Oh, Gohan, me has lastimado en lo más profundo de mí ser! —y Ángela volvió a reclamarle con molestia al sentirse ignorada una vez más—. ¡No vuelvas a hablarme nunca porque hemos terminado nuestra relación! —y se marchó con paso firme dejándolos con cara de "¿What?".
Oye, Videl… ¿tú puedes explicarme que tanto estaba diciendo Ángela? —el adolescente recuperó el habla a los dos segundos, así que se dirigió a su acompañante parpadeando de incomprensión.
Ay, Gohan, que tonto eres… —le dijo la chica un tanto apenada, suspirando por lo bajo—. Ángela siempre ha considerado a todos los chicos que salen con ella como si fueran sus novios… y, al final, cuando se aburre de uno, pues lo cambia por otro.
Aaahhh… ya veo —dijo rascándose la nuca está vez con incredulidad. Las mujeres eran realmente algo escabroso de entender.
Bueno, como veo que ya no tienes nada que hacer en la Ciudad Satán te sugiero regresar a tu casa —observó la morena con suspicacia, volviendo a ponerse seria—. Pero no se te olvide… estaré vigilándote.
Eee… sí, Videl, lo qué tú digas… nos vemos luego —el mancebo decidió hacerle caso y se encaminó con paso veloz hacia la estación de trenes, esperando que no se le ocurriera seguirlo.
Esa noche, ya en la comodidad de su cama, el joven Saiyajin estuvo algunas horas más despierto, pensando en todo lo que le había sucedido ese día. Su primera cita fue todo un desastre, y había tenido que soportar las risas de su madre y de Bulma en cuanto les contó sobre el incidente de los calzoncillos de osito… afortunadamente ni Goten ni Trunks, y mucho menos Vegeta, se enteraron de su desgracia. Lo bueno es que por lo menos había estado cerca para ayudar a Videl, o posiblemente la señorita Satán se encontraría mal herida o algo peor. De ahora en adelante tendría que andarse con más cuidado para que nadie fuera a descubrirlo.
Al otro día…
Ni hablar, tengo que disculparme con Ángela por lo que pasó ayer —se había dicho a sí mismo mientras volaba con rumbo a la escuela.
Al llegar le preguntó a varios de su compañeros por ella, incluso a Videl, y uno le dijo que posiblemente la encontraría cerca de los casilleros que se encontraban junto a la sala audiovisual. Hacia allá se encaminó, sin sospechar que una personita le seguía muy de cerca y con discreción.
Oye, Ángela, vengo a decirte que… —dijo al entrar en la estancia cuando vio algo que lo dejó con la boca abierta por unos segundos.
Oh, Akira, eres el chico más tierno que he conocido —la tal Ángela estaba acosando a otro muchacho de su grupo, y el pobre se veía apurado—. ¿Qué te parece si salimos el domingo?
Muy silenciosamente se retiró del lugar, aprovechando que no le había prestado la menor atención, y ni bien había andado algunos metros cuando casi se da de boca con Videl… ¿cómo es que no había sentido su presencia?
¿Acaso te sucede algo, Gohan? —le dijo la muchacha mirándolo un tanto triste.
Eto… no… no es nada, Videl, en serio… —musitó éste con nerviosismo.
¿En verdad te gusta Ángela? —la morena parecía algo angustiada.
¿Qué?... no, no, para nada me gusta —le respondió sonriéndole tontamente y tartamudeando… no le encontraba el motivo para que ahora la señorita Satán pensara cosas raras y sin sentido—. Yo sólo quería… jejeje… es decir… jejeje… sólo quería disculparme con ella por el malentendido de ayer, eso es todo.
¿Es en serio, Gohan, no me estás engañando a mí también? —la chica volvió a cuestionarle sin poder fingir indiferencia, mostrándose preocupada por él.
Eee… es en serio, Videl, yo nunca te engañaría con algo como eso —le dijo esta vez con formalidad.
Se sentía realmente mal con ella por ocultarle tantas cosas sobre él, pero lo que sí era verdad es que en ese sentido no tendría por qué decirle una mentira, porque en realidad aun no le gustaba ninguna mujer como para tomarla en serio. Sin saber exactamente la razón de lo que sucedió a continuación, sintió un leve calorcito interno recorrerle el cuerpo cuando la mirada de la joven morena cambió por un segundo haciéndose tierna, y, al mismo tiempo, le regalaba una dulce sonrisa de sinceridad.
¡Oh, Gohan!, ya sabía yo que no podías ser tan tonto como dice Shapna —le dijo con la voz temblando de la emoción, y al instante volvió sobre sus pasos recuperando el carácter habitual—. Es mejor que nos demos prisa o el profesor nos castigará por llegar tarde a clases —le puntualizó sin dejar de caminar.
Eee… sí, tienes razón —respondió el joven Saiyajin recuperándose del leve shock, no entendiendo del todo la indirecta, y se dispuso a seguirla guardando la compostura.
Nota final: ¡Muy buen día del amor y la amistad para todos, los quiero mucho y los apreció por lo que hacen! Espero que el final del capítulo les haya gustado, pues al principio ni Gohan ni Videl sentían atracción el uno por la otra, al menos en apariencia, aunque ella fue la primera en aceptar y expresar sus sentimientos, y él… bueno, el simple hecho de que haya regañado a su padre Gokú por atreverse a sugerir que tenía que presentársela al Supremo Kaio – Shin da a entender muchas cosas… XD. Un saludo y seguimos leyéndonos.
