Disclaimer: Demashitaa! Powerpuff girls Z no me pertence.
Demashitaa: No Hai
¿Pesadillas?
La mujer cargó a la niña de tres años en sus brazos, con una mirada de enojo bien marcada en su rostro, que a pesar de estar vencido por los años, parecía hermoso. Los bracitos de la niña se aferraron a su cuello, y su mirada reflejaba inocencia, la inocencia de un niño que no tenía idea de lo que estaba pasando. Sonrió alegremente, ella correspondió con una forzada.
Si tan solo supiera.
Ella, Misumi Katsu, se consideraba una mujer amable y gentil, incluso se atrevía a decir paciente, pero como todo ser humano, ella también tenía sus límites, y ese límite era su familia y seres queridos, cuando algo amenazaba contra ellos, no dudaba en sacar su carácter fuerte para defenderlos con uñas y dientes, en este caso su amada nieta.
Minutos pasaron sin decir nada, solo miradas retadoras y decepcionadas, hasta que la mujer comenzó a hablar.
-¿Hasta cuándo, Hikari? –La bella mujer de cabellera rubia hizo un gesto de fastidio.
-No lo sé, mamá. Es indefinido. –Se quejó. –Es un favor el que te estoy pidiendo, uno.
La mujer frunció el ceño, desentendiendo el "favor" que su hija le pedía. Quería que "cuidara" un tiempo a su nieta, ya que por motivos de trabajo tendrían que salir del país ella, y su marido. Hasta ahí le parecía todo bien, si no fuera porque viera las claras intenciones de abandonar a la niña y dejarla a su cargo.
-Eso no es un favor, Hikari, y lo sabes.
-Señora, su nieta no debería ser una carga para usted. –Intervino el hombre de casa, altaneramente.
-No, no te confundas, Kioya. –Dijo autoritariamente, apretando a la niña contra ella. – Amo a mi nieta más de lo que ustedes la aman, por lo visto.
-Mamá, no te tomes las cosas tan a pecho. –Dijo Hikari. –Solo será… un tiempo.
Misumi Katsu miró a los ojos a su hija, y ahí supo, que realmente su prioridad en la vida no era su familia, ni su hija, sino su trabajo. Desde que era una pequeña niña le había dejado en claro que su máxima prioridad en la vida era ser la empresaria más grande conocida por el mundo, en aquel entonces, no le tomó importancia. Cómo se había equivocado.
La conocía como la palma de su mano, no podía engañarla, aunque lo intentara, no podría, por algo era su hija.
-Están llegando demasiado lejos. –Les dijo a ambos. –Su prioridad debe ser su hija, Hikari, Kioya. No su trabajo.
-No la estamos abandonando, Misumi.
-No quieran verme la cara de tonta, Kioya. –Los dos adultos fruncieron el ceño.
-Cómo tu lo has dicho, madre, mi trabajo y mi carrera, son mi prioridad. Cuidar niños no esta en mi lista a futuro.
Misumi apretó la quijada.
-¿Cómo te atreves a decir eso? ¿Vas a abandonar a tu hija, asi nada más? ¿Acaso es lo que yo te he enseñado, Hikari?
-No me trates como a una niña pequeña, madre.
-Entonces no te comportes como una. –Dijo acusadoramente. –Y tú, no creí que fueras a apoyarla en tal decisión, Kioya. –La sala volvió a quedar en silencio, que fue interrumpido por los pucheros de una niña al escuchar el pleito. Misumi arrulló a la bebe en brazos, intentando tranquilizarla.
-Por lo menos vengan, y carguen a su hija por última vez antes de que se vayan. –Al contrario de lo que pidió ambos tomaron sus maletas.
-Se hace tarde, se nos irá el vuelo. –Dijo Hikari para comenzar a caminar a la entrada. –Cuando lleguemos a Kyoto te llamamos.
-Mandaremos dinero y llamaremos seguido. –Kioya salió con Hikari detrás, dejando al a mujer con la niña en brazos, dolida y triste por su nieta.
Se reprendió a si misma, repitiéndose una y otra vez que solo sería temporal, que su nieta no crecería sin sus padres, que en menos de lo esperado ellos volverían y la llevarían de nuevo con ellos, a tener una vida normal, como cualquier niña.
Quería pensar que su hija, no era la persona que le estaba demostrando ser.
Pero sus falsas esperanzas quedaron en el olvido cuando las llamadas se fueron agotando con el paso de los meses, siendo remplazadas por el dinero que enviaban cada dos semanas.
Así las semanas se convirtieron en meses, y los meses en años, en los cuales, una llamada cada dos meses, era extraña.
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Miyako se levantó exaltada y sudando, había soñado algo extraño y que no había entendido para nada, pero que le había hecho sentir un inexplicable temor y preocupación. Recordaba todo oscuro y unas sombras, no mucho más. Regulizando su respiración se dirigió al baño, con pulpi bien abrazado y se mojó la cara, despejándose.
No entendía porque, pero era como si hubiera visto una película de terror, comenzó a sentir miedo, no se miró en el espejo, solo se secó la cara y salió disparada a su cama de nuevo, tapándose hasta la cabeza, a ella y a pulpi. ¿Por qué de repente sentía eso?
Alzando un poco la cobija divisó el reloj, eran las 3:30 A.M. aun faltaba mucho para levantarse e ir a la escuela, sin embargo, sentía que no podría conciliar el sueño por un rato. Aun así, cerró los ojos, intentando concentrarse en dormir, fallando en cada intento, al final no supo cuanto tiempo le llevó quedarse dormida de nuevo, pero estaba segura que había sido por lo menos una hora.
La alarma sonó, desterrándola de la tierra de los sueños, pero ella no abrió los ojos, se dedicó a escuchar. Escuchó la alarma, e intentó escuchar los sonidos de afuera, logrando escuchar a las aves cantar, ya había salido el sol. Descubriéndose un poco comprobó que ya era de día… y que tenía sueño.
-Pulpi, no fue mi noche. –Se quejó levantándose de la cama, aun preguntándose por la extraña pesadilla que había tenido.
Se duchó, se cambió y bajó a la cocina con su abuela, que estaba sirviendo el desayuno.
-Buenos días Oba-sama. –La anciana le sonrió, cambiando su semblante a uno un poco preocupado.
-Buenos días Miyako-chan, ¿Te sientes bien? –La mujer tocó su mejilla. –Tienes muchas ojeras. –Miyako sonrió dulcemente.
-No te preocupes Oba-sama, me dormí un poco tarde haciendo tarea, es todo.
-En ese caso, necesitas un buen desayuno. –Dijo más calmada. Miyako solo le sonrió, sintiéndose un poco culpable, pero prefería dejarlo así, no quería preocuparla.
-¡Gracias por el desayuno Oba-sama, estuvo delicioso! –dijo una vez que terminó y estuvo lista para salir a la escuela.
De camino a la escuela siguió pensando en la pesadilla que tuvo, y buscándole un porque, llegando a la conclusión de que era producto de la mala película que Kaoru las había obligado a ver la noche anterior, así que más tranquila continuó su camino a la escuela, mentalizándose que las próximas noches serían tormentosas, por lo menos hasta que la película saliera de su mente.
Cuando llegó al salón, se encontró con Momoko y sorprendentemente con Kaoru.
-¡Miyako-chan, Kaoru ha llegado temprano! –gritó Momoko en cuanto la vio, Kaoru traía cara de pocos amigos. Ella rió un poco.
-¿Y a que se debe? –preguntó.
-¡No importa, seguro hoy es el apocalipsis!
-¡Cállate Momoko! Hoy no es mi día. –Kaoru, como de costumbre, se desparramó en el asiento.
-¿Qué te pasa Kaoru-chan? –cuestionó Miyako, tomando su lugar.
-Sí, ¿que bruja hizo posible que llegaras temprano? –Picó Momoko, desatando una guerrilla de palabras, que fue parada por Miyako.
-Basta chicas, Momoko-chan, déjala en paz. –regañó levemente.
-Bien, bien. Lo siento.
-Hmp. –contestó arrogante Kaoru, soltando después un suspiró. Las otras dos la miraron expectantes, Kaoru supo que no la dejarían en paz hasta que no les dijera algo. –Detesto que hagan eso, ya , les diré. –La rubia y la pelirroja sonrieron. –Bien, primero que nada, me dormí a las dos y media de la mañana haciendo tarea, fue horrible porque la había olvidado, y en segundo…
-¿Qué, qué? –la animó a hablar Momoko, al ver que había callado.
-… Tuve una… pesadilla algo extraña. –terminó por decir, las otras dos recordaron lo que habían soñado respectivamente, como si se conectaran con la mente.
-¿Una pesadilla?
-Sí, una pesadilla, así que me levanté en la madrugada y dormí escasas tres horas. No estoy de buen humor. Y antes de que digan "te dije que no viéramos películas de terror…
-¿Cómo era la pesadilla? –preguntó Momoko, seria. Kaoru levantó una ceja, extrañada.
-¿Y ahora que te pasa? De verdad cada día estas más loca.
-Nada, es solo…anda, dime, ¿como era? –La pelinegra se encogió de hombros.
-No recuerdo muy bien. Solo era negro, y veía algunas sombras, ya sé, nada de que temer, pero sentía como algo extraño… no sé como explicarte.
-¿Cómo angustia y miedo? –preguntó Miyako.
-… si
Momoko miró a Miyako, ¿acaso ella también…
-No me digas que tú…
-Sí, soñé algo parecido esta noche. Me desperté a las tres de la mañana, soñando eso, no entendí de qué se trataba, pensé que era por haber visto la película que escogió Kaoru-chan, pero creo que comienzo a dudarlo. –dijo suavemente.
-Chicas. –Llamó Momoko. –No creo que sea de la película… yo tuve ese mismo sueño, una noche antes.
Un escalofrío les recorrió la espalda.
-… ¿Qué…qué quieres decir con eso?
-No lo sé Kaoru, pero me parece muy extraño. –Las tres se miraron un poco confusas, comenzando a inquietarse, ¿Porque habían tenido el mismo sueño?
-Matsubara, Gotokuji y Akatsutsumi, las estamos esperando, la clase ya comenzó.
-Eh, ah, claro sensei, lo sentimos. –Se disculparon, regresando cada una a su respectivo lugar, sin poder concentrarse del todo en la clase.
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La oscuridad le daba un aspecto tétrico al lugar, solo en algunos lugares se podía percibir la luz del sol que lograba colarse por las rendijas, debido a que estaban en la parte alta del edificio donde vivían, las gotas de agua que caían de las goteras hacían eco entre los baldes de agua y los desolados pasillos, sin embargo, había algo que hacia que el miedo que inspiraba el lugar, se fuera al caño.
-¡Pero si eres un idiota! –Reía a cantaros un adolescente pelirrojo.
-¡No se rían! –Exclamó con enojo el rubio, mirando mal a sus hermanos. Había tropezado con un balde de agua, mojándose.
-¡Eres un tonto! ¡Ni siquiera porque di la indirecta! –Dijo el de ojos verdes. –No pareces hermano mío.
-¡Lo que pasa es que tiene más genes de Mojo! –continuó Brick.
Las risas de los dos mayores y los quejidos del menor se pasearon por todo el edificio, hicieron que todos los habitantes del recinto subieran al último piso, quejándose, igualmente.
-¡Malditos críos, no hacen más que hacer barullo! –Se quejaba una extraña criatura peluda y rosa. – ¡Lo único que quiero es tocar mi banjo!
-¡Despertaste al abominable hombre de los bosques Butch! –Gritó el pelirrojo. –el gruñón de peludito ahí viene.
-¡Ah maldito mocoso, como te atreves a insultarme en mi propiedad!
-¡Hey gato peludo, atrápame!
-¡Ven acá maldito niño azul, no soy un gato!
-¡Es una cucaracha rosa!¡Además cree que es su propiedad! ¡Qué idiota! –rió con gracia y burla Butch. El animal mutante le contestó con un sarta de tonterías mientras ellos le respondieron con otras tantas.
-¿Qué carajos está pasando aquí? –As entró a la habitación, con cara de pocos amigos, seguido de sus fieles compañeros. –Malditos mocosos, cierren el pico por un segundo de su asquerosa vida.
-Lo único asqueroso aquí es su piel, ¡parece vomito!
-¡Son la banda vomito! –se carcajeó Boomer.
-¡Estúpidos niños, los mataré! –Gritó el pequeño Arturo corriendo hacia ellos.
-¡Golpéalos, dales, dales! –Serpiente alzó sus puños con decisión.
Los tres adolescentes rieron mientras esquivaban los golpes de todos sus compañeros de casa que hasta ahora se habían unido a la pelea masiva. Desde lejos observaban el gran Billy –o como ellos lo bautizaron, el gordo Billy – y Grubber, que de vez en cuando se dedicaba a soltar gruñidos y sonidos extraños.
-¡Hey gordo Billy, únete a la pelea! ¡Gallina! –gritó Butch, picándose la nariz.
-¡Billy no es gordo! –soltando un ridículo y patético intento de grito de guerra, Billy se lanzó a la bola, justo cuando los chicos ameba llegaban a observar el espectáculo.
-Violeta, ¿Qué está pasando?
-¡Las manchas de pintura flotantes llegaron también! –Brick lanzó al aire una almohada.
-¡Niño malcriado, no somos pintura! ¡Somos los temibles chicos ameba!
-¡Sombrerón tiene razón! ¡Si no te comportas morirás! –gritó Poncho alzando lo que parecía un dedo, o una mano.
-¡No sean ridículos, panda de deformaciones!
-¡El niño rojo nos ha insultado! –Aun riendo y burlándose de todos los tres salieron del circulo de golpes, dejando s todos golpeándose entre ellos, buscándolos.
-¿Qué está pasando, mojo? –Los tres adolescentes corrieron a él.
-¡Mamá!
-Mis niños, ¿Qué es lo que les pasa? –preguntó con creciente melodrama el mono, abrazando a sus hijos.
-¡Mamá! ¡Estos idiotas nos dijeron que parecíamos vomito!
-¡Y me dijeron Gordo Boomer!
-¡Sí, y nos dijeron deformaciones!
-¡Ayúdanos mamá! –Gritaron al unísono los tres, llorando hipócritamente. Todos en la pelea pararon de golpe, mirando con odio al mono y la sonrisa sínica que mostraban los jóvenes.
-¡Han maltratado a mis niños, nunca se los perdonaré, mojo mojo! –Gritó un Mojo encolerizado –Apártense niños, papá los defenderá, mojo. –Sacando uno de sus robots miniatura donde solo cabía él, se unió a la pelea, destrozando más si se podía el pasillo, mientras los chicos reían divertidos echando porras y demás. El griterío no solo llegó a la planta baja, sino que avanzó más profundo, hasta el enorme sótano del edificio, donde un hombre con traje de científico un poco viejo y sucio trabajaba.
Los pasos del un hombre se escucharon entre el bullicio que los ex–villanos tenían, subiendo piso por piso, hasta llegar al último, el piso de los niños ruidosos. Nadie se dio cuenta de su presencia en el pasillo, estaban tan inmersos en golpearse y gritar que ignoraron todo a su alrededor.
-¿Se puede saber… que esta pasando? –La apagada pero a la vez cargada voz calló cualquier sonido, haciendo que el pasillo quedara como cuando un montón de pobres adolescentes están intentando responder un examen. Todos se acomodaron poco a poco, tosiendo y demás, esperando que alguien respondiera, siendo los mismos de siempre, los que empezaban.
-Divertirnos. –Dijeron simplemente los Rowdys, encogiéndose de hombros.
-Fue culpa de ellos, Taiga-sama, son unos inútiles que solo buscan molestar. –As renegó en su lugar, con los otros cuatro asintiendo detrás de él. Ignorando el comentario, se giró a los tres jóvenes.
-¿Divertirse?... ya veo. Yo puedo hacer que se diviertan. –Propuso dándoles la espalda, haciendo que les recorriera un escalofrío por la espalda, no querían su diversión, no la que a él le gustaba. -¿Quieres ser mis voluntarios de nuevo? –Ninguno respondió nada, haciendo sonreír al hombre. –Me lo imagine. Pero no importa, hoy no tengo tiempo de llevarlos a jugar.
Taiga comenzó a salir de nuevo, parándose justo en el marco de la puerta que conducía hasta las escaleras.
-Pronto, pronto mis pupilos, nuestra venganza llegará.
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Salieron al receso aun un poco inquietas, aunque realmente no supieran el por qué. Tan pensativas iban que Kaoru chocó con un estudiante que la tiró al piso, y el muy desgraciado –a su criterio –ni siquiera se había parado a ayudarla.
-Este, definitivamente, no es mi día. –se quejó levantándose con la ayuda de Miyako y Momoko, la última riendo divertida. –Deja de reírte, Momoko. –fastidiada.
-Oh, lo siento, pero ha sido tan divertido. –chasqueando la lengua, comenzó a caminar, haciendo que las otras dos la siguieran y al llegar a la cafetería, se sentó de mala gana en la primera mesa que encontró. –Estoy tan cansada, de veras ¡Y es culpa de Hisu-sensei! Dormí tres horas, ¡tres horas les digo!
-Eh… tranquila Kaoru-chan, si comes recobrarás fuerzas. –Dijo Miyako sonriendo nerviosa ante la bipolaridad de su amiga.
-¡Sí, muero de hambre!
-… No estamos locas… -murmuró Momoko.
-¡Que te escuché!
-¡Es la verdad!
-Chicas, basta, ¿si? –las otra dos se limitaron a cruzarse de brazos y darse la espalda, la pobre rubia suspiró.
-¿No les parece extraño que hayamos tenido el mismo sueño? –preguntó Momoko de la nada.
-Debe ser por la película, Momoko-chan. –quiso auto convencerse.
-Miyako tiene razón, escogí una peli muy ruda. Por esta vez, tenías la razón, Miyako escogerá la próxima vez. –Momoko sonrió, pero negó.
-Que no. Yo lo tuve un día antes… y más antes, además…
-¡Kaoru!
El grito de aquel chico interrumpió momentáneamente la charla de las chicas, haciendo que Momoko chasqueara la lengua y Kaoru suspirara de tranquilidad, lo menos que quería ahora era aguantar las psicopatías de Momoko.
El castaño llegó con las chicas.
-¡Hey, Tsubasa! –saludó amenamente a su compañero de equipo de futbol. - ¿Qué hay?
-Nuevas noticias, ¡pasamos a las semifinales! –dijo con una sonrisa el muchacho. Matsubara pegó un brinco.
-¿Estas de broma? –El castaño negó. -¿Pasamos? ¡Es genial!
-Sí, jugaremos en una semana, nos acaban de avisar.
-¡Podríamos pasar a las finales! –La muchacha levantó el puño en alto. –Demostraremos que somos los mejores.
-Ganaremos. –afirmo con seguridad el muchacho. –Más te vale llegar temprano, Kaoru.
-Sabes que siempre soy la primera. –le dijo con una sonrisa que él correspondió.
-Vale. ¡Nos vemos! –Kaoru aun feliz por la nueva noticia se giró de nuevo a sus amigas.
-eh… Kaoru… -llamó Momoko.
-¿Sí, que quieres?
-¿El guapo capitán de futbol jugará hoy? –Kaoru y Miyako cayeron al estilo anime, detrás de una alegre Momoko que con los ojos brillosos repetía una y otra vez "Ken". Por su parte Kaoru ya imaginaba a Momoko en cada entrenamiento, brincando de aquí para allá con enormes cartelones pintarrajeados de corazones y en el partido, dedicándole una rutina especial a él.
Por lo menos había olvidado el tema de las dichosas pesadillas.
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El investigador recorrió una vez más la escena del crimen, buscando paciencia por lugares donde no los tenía, ya que la poca que quedaba, se había terminado. Todo era tan extraño. No había pistas, no había sospechosos, no había nada. Un crimen perfectamente realizado.
-Fujikama-san. –Escuchó una voz detrás de él, se giró para encararlo.
-Kawasaki-sama –contestó a modo de saludo, acercándose al científico. Se encontraba en el laboratorio más importante de la ciudad de Tokio.
-¿Alguna novedad?
El investigador miró a ningún punto en particular, y casi mecánicamente, respondió lo mismo que en los últimos tres días.
-No.
Kawasaki suspiró, corrían un grave riesgo.
-Necesitan apresurar las investigaciones, Fujikama-san. No es cualquier cosa lo que esta en riesgo.
-Lo sabemos. –Respondió cansado e irritado el de gabardina. –Pero por lo mismo, no es un caso fácil.
Tanto el científico como el investigador, sabían que no había nada más cierto que eso. Desde que la alarma de seguridad comenzó a sonar aquella madrugada, las investigaciones habían comenzado. Los mejores investigadores y policías de todo Tokio estaban a cargo de la situación tan delicada que se había presentado. Las sustancias más extrañas del laboratorio habían sido robadas, ni siquiera los científicos más importantes sabían realmente lo que se podía causar con aquellos químicos, por eso mismo, se encontraban en el labortorio más asegurado e imporante de Tokio, bajo llave, y con chequeo frecuente.
Y de la noche a la mañana habían desaparecido.
-No es cualquier artefacto, Fujikama-san. –Advirtió el hombre. –Es la sustancia RZ, y rayos Z muy potentes. Negros y Blancos. Ni siquiera Utonio, el profesor, ha podido comprender la sustancia Z4V, ¿Entiende?
-Lo entiendo. –Suspiró, rindiéndose. –Aceleraremos lo más que podamos las investigaciones.
-Eso espero, porque esas sustancias, no están en buenas manos. No podemos esperar nada bueno. –Kawasaki se retiró dejando al investigador solo en el área del crimen, la cual, estaba completamente bloqueada.
Observó el enorme hueco en la pared, preguntándose como demonios, 20 cámaras de seguridad no pudieron detectar quien había sido el culpable de semejante atrocidad, era un hueco inmenso. Atravesó el enorme hueco, entrando a una sala que días atrás estaba totalmente cuidada resguardada con rayos infrarrojos y alarmas de seguridad. Paró en seco y observó la caja fuerte, que, curiosa e increíblemente, estaba intacta. Ni un solo centavo faltaba desde la última noche, antes del asalto. Solo habían robado algunas sustancias, y no todas. Solo dos. Las más peligrosas, según lo que sabía.
Quien quiera que haya sido el que se atrevió a entrar y robar los químicos sin tomar un solo yen de la caja fuerte u otra cosa de valor en ese prestigiado e importante laboratorio, podía tramar nada bueno, ahí había algo, algo muy, muy extraño. Y que sin duda, traerían graves consecuencias. A todo eso se le sumaba la gran capacidad de escabullirse de la seguridad, investigadores, y 20 cámaras de noche.
Cualquiera que fuera que estuviera detrás de todo eso, no era normal. Y no tramaba nada normal.
Todos corrían riesgo, y tenían que tener mucho cuidado.
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Kaoru se tiró al césped con cansancio, el entrenamiento había sido agotador.
-¡Keeeeeeeeeeen-kun! –Escuchó el grito de Momoko y giró su vista a las gradas, donde estaba su amiga haciéndole señas con las manos a el "sex symbol" de la escuela con Miyako calmándola detrás. Negó resignada, Momoko no había cambiado nada en tres años.
Con ojos de corazón y suspiros de niña, la pelirroja se acercó a ella junto a Miyako que sonreía más tranquila por haber logrado controlar a su amiga.
-Ken-kun es tan guapo, lo amo. –chilló Momoko una vez que estuvo frente a la morena.
-Que apenas hace una semana estabas enamorada del capitán de basquetball –se quejó Kaoru.
Miyako rió nerviosamente.
-Esto es diferente. Es amor. –Siguió soñando despierta.
-Solo vámonos. –Dijo Kaoru comenzando a caminar, haciendo que las otras dos la siguieran.
Durante el camino, Momoko no paró de hablarle a Miyako sobre Ken, su compañero de soccer. Bufó cabreada. De todos los muchachos de la escuela, Momoko tenía que gustarle su compañero de equipo.
Normalmente su "enamoramiento" duraba cerca de una semana, así que si tenía suerte, solo esa semana Momoko iría a todos y cada uno de sus entrenamientos, partidos y juntas de equipo.
-Ken-kun es lo máximo, y como su futura novia…
Suspiró. Esa semana sería muy larga.
Hola ^^ esto es todo por hoy.
Me alegro de que les haya gustado, ¡Obtuve 6 reviews (aunque solo se vean 4 Dx ), aunque sean poquitos, me alegro mucho , espero cumplir con sus expectativas, y solo para recordar y aclarar, las chicas y los chicos, claro, tienen 16 años en este fic, casi 17 –la edad de Miss Nutella x).
Y el título significa: Demashitaa: De las Cenizas. (No tengo ni la menor idea de que significa Demashitaa, si alguien lo sabe, díganme x)) Por eso la imagen que escogí para este fic es un pajarito saliendo del fuego :D (?)
Y bueno, las actualizaciones seran cada dos martes (osea, un martes sí, uno no.) Y ya saben, fic de romance, aventura y acción.
Abrazos aplastantes,
Miss Nutella :D
