Capítulo 2:

Maldito despertador no sonó la alarma que había programado en la noche y me había quedado dormida.

Rápidamente me duché y vestí con el horrible uniforme el cuál necesitaba un arreglo al estilo Rosie. Finalmente en tiempo record había reinventado mi uniforme dándole un estilo único.

Mire la hora en mi celular, 9:00 hrs.

-¡Maldita sea! – me quejé, tendría suerte si alcanzaba a desayunar. La noche anterior no había cenado nada y cómo resultado de eso tenía a mis tripas quejándose.

Recorrí con la mirada la cafetería, no habían muchos alumnos aquí así que elegí cuidadosamente mi desayuno: cereales, tortitas, zumo y tostadas…

Con cuidado de no provocar un accidente caminé hasta mi mesa de la noche anterior que estaba totalmente deshabilitada.

Comencé primero con las tortitas que estaban estupendas, no tanto como las que hacía Vera, pero no me quejo.

¡Dios! había olvidado hablarle a Vera.

Alguien se aclaró la garganta a mi lado. Genial, ahora no podría desayunar tranquila.

-Estás en mi puesto – dijo la chica mirándome sería.

La observe detenidamente, su piel estaba bronceada, tenía ojos negros y el cabello negro.

-He dicho que estas en mi puesto – me interrumpió obviamente cabreada a que ni me inmutase.

-Hay mucho puestos libres y tu nombre no está aquí – respondí centrando mi atención en los cereales.

La chica no discutió más por lo que supuse que se había marchado pero lamentablemente se sentó frente a mí.

-No te había visto en Forks antes – comentó mirando su hamburguesa.

¿Quién mierda come hamburguesa para el desayuno? – pregunte internamente.

Negué con la cabeza.

-Soy nueva.

-Debí suponerlo – estiró su mano sobre la bandeja. – Me llamo Leah.

La estreche.

-Soy Rosalie.

-Entonces Rosalie ¿Qué haces en Forks?

Aquí es dónde tengo que responder diciendo:

Mi padre me odia, mis hermanos son unos idiotas, ok sólo uno aunque el otro es un antisocial. Vivo prácticamente con mi nana y me expulsaron de mi antiguo instituto por casi dejar calva a una chica y para rematar una caja enorme me aplastó dejándome inconsciente.

Me reí de mis propias divagaciones.

-¿Qué? – preguntó Lenn sin entender el porqué de mis risas.

Me fije en su rostro y me di cuenta de que tenía embarrada la cara con mostaza.

-Tienes mostaza en la cara – estallé inevitablemente a carcajadas.

Por un momento creí que la chica se molestaría y me golpearía pero increíblemente también se largó a reír.

Ya un poco más calmada me pregunta:

-¿Qué clase tienes ahora?

Mierda, había olvidado que tenía clases y no me sabía mí ridículo horario.

-Da igual te acompaño a los casilleros – prácticamente me saco a rastras de la cafetería y de paso abandonando mis tostadas aun sin comer.

Hoy al ser lunes compartí tres de cuatro clases con Leah, que sorprendentemente es muy agradable teniendo en cuenta que parece querer golpear a todos. Por lo mismo prometo nunca más juzgar a la gente, ya que también odio ser juzgada.

Abrí mi casillero para dejar los últimos libros del día cuando cayó un sobré rojo. Lo abrí detenidamente:

Elige bien a quién le hablas, te estamos vigilando.

Atte. Los Vulturis

No tengo ni la menor idea de quiénes son esos Vulturis, tomé la carta y la hice una bola lanzándola al fondo de mi casillero.

Vigilarme a mí, como si mi vida fuera muy interesante.

Cerré de un portazo mi casillero para encontrarme con el rostro sonriente de mi mejor amigo.

-¿Qué tal nena? – saludó sonriendo de lado.

Maldito arrogante, me gire para irme por el otro lado del pasillo. Pero el muy idiota de Peter me agarro del brazo deteniéndome.

-Perdóname – dijo viéndome realmente arrepentido. – Lo siento, debí haberte escuchado.

-Debiste haberme escuchado – le reclamé molestas. – Pero me dejaste sola sin siquiera escuchar mi explicación.

Detestaba discutir con Peter aunque la mayor parte del tiempo nos peleábamos, pero ahora la situación era distinta ya que ni siquiera me había dejado explicar lo sucedido.

Mi amigo se pasó la mano por el pelo, lo conocía mejor que nadie y sabía perfectamente que estaba arrepentido.

-¡Dios! – exclamé frustrada.

-Llegue a pensar que te perdía Rose – susurró más para él que para mí.

Okey, no estaba entendiendo a que mierda quería llegar con esto.

-Peter – lo detuve. – ¿De qué mierda hablas?

-¿De qué mierda hablo? – me preguntó fulminándome. – Intentaste suicidarte…

No lo deje terminar.

-Hey, basta no sé de qué me hablas.

-Qué me dices de que te encontraron en tu habitación desmayada – me acusó.

Ah con que a eso se refería, me reí nerviosa.

-No estaba desmayada – expliqué riendo, Peter me fulminó y detuve mis risas. – Bueno, más o menos - puse los ojos. – Vera me pidió que le diera algunas cosas para la caridad y cuándo estaba sacando una enorme caja desde lo alto del ropero, ésta se me vino encima aplastándome contra el suelo y golpeándome la cabeza.

Peter suspiro aliviado para luego soltar una enorme carcajada.

-Sí que eres tonta Rosie – lo fulmine con la mirada y el ensanchó aun más su sonrisa.

-Hey – reclame dándole un empujoncito.

Conociéndome de toda la vida aun no entiende lo torpe que puedo llegar a ser...

-Estaba muy preocupado – dijo mientras me abrazaba. – No podría soportar el hecho perderte.

-Yo tampoco podría, Peter – lo abrace fuertemente.

Estar tanto tiempo alejada de Peter fue todo un caos, no tenía con quien hacer bromas y mucho menos salir de fiesta, además extrañaba mucho su compañía. Peter era mi mejor y único amigo, y sabía que siempre podía contar con él.

No entiendo cómo me dejé convencer por Lenny para que la acompañara a las evaluaciones para el equipo de vóleibol según ella era la capitana y necesitaba evaluar a su equipo.

En fin estoy en las gradas aburrida de como ver que se van pasando el balón sobre la malla de un lado a otro, pero lo reconozco las chicas son muy buenas.

-Hola – saludo alguien a mi lado llamando mi atención.

Me quedé paralizada al ver de quien se trataba, este chico sí que era guapo, su sonrisa era perfecta y su cabello rubio con un aspecto descuidado.

-Soy Jasper Whitlock – se presenta estirando su mano.

Estrechó su mano con la mía.

-Rosalie Hale – digo y él se lleva mi mano a los labios donde deposito un beso en mis nudillos.

-Es un placer conocerte Rosalie.

De donde salió éste, en el siglo 21 las personas no se saludan así y menos me saludan a mí, Rosalie Hale, medité.

Tú solo tienes un amigo y con el resto no eres nada agradable – recordó la maldita voz interior.

Seguí mirando a las chicas jugar, no lo sé pero este chico se me hace que lo había visto en algún lugar pero la pregunta es: ¿Dónde?

-¿Por qué no estás ahí jugando? – preguntó el tal Jasper.

-Yo sólo vengo acompañar a Lenn – me di de hombros.

-¿Lenn? – formuló la pregunta.

Jasper se tomó la barbilla buscando la respuesta en su mente, mierda sus gestos se me hacían muy familiares.

-No conozco a ninguna Lenn, no será Leah…

Magnífico he estado todo el día en compañía de una persona de la cuál se me olvida el nombre a cada medio segundo.

-Sí, es la misma – reí nerviosamente y él soltó una carcajada.

-También soy nuevo y no conozco a casi nadie – alcé una ceja.

Él era nuevo y ya sabía el nombre de Lenny…

Leah – me recordó mi traidora conciencia.

-¿Y de dónde vienes Rosalie? – preguntó Jasper sonriendo.

Me pasé toda la práctica de voleibol charlando con Jasper, y debía admitir que no lo estaba pasando tan mal en éste lugar, al menos habían chicos guapos para recrear la vista. Sin embargo la duda crecía en mi mente, en algún lugar había visto a Jasper de eso estaba completamente segura.

-¿Qué tal te pareció Jasper? – me pregunto Leah una vez que nos reunimos afuera de los camarines.

-Es muy agradable – solté una risa, me lo había pasado de maravillas, teníamos mucho en común.

-Deberías coquetearle – comentó ella mientras veíamos como Jasper nos observaba, mi acompañante maduramente soltó gran carcajada.

Jasper se despidió a lo lejos de nosotras y Leah me daba empujoncitos a cada rato.

Muy madura, pensé con sarcasmo.

-¿Qué hacemos ahora? – le pregunté a Leah mientras me llevaba a rastras por los pasillos.

Al parecer aquí es una costumbre arrastrar a las personas por los pasillos, reflexioné con una sonrisa, ya tendría tiempo de experimentar con Peter.

-Ahora iremos a comer porque tenemos mucho que planear ésta noche – me detuvo Leah murmurando para que sólo yo escuchara, cómo si temiese que alguien a nuestro alrededor escuchara.

Seguimos caminando por los pasillos hasta los casilleros dónde estaba reunido un grupo de chicos, no esperé a Leah y me dirigí a ver qué era lo que pasaba.

Todos los del grupo se carcajeaban mientras que el grandote golpeaba a un muchacho, malditos que no hacían nada por ayudar al pobre chico, lo estaban haciendo puré.

-Idiota – llamé al grandote dispuesta a intervenir . – Tú, cabeza de músculos.

El gigantón se dio la vuelta separándose del muchacho con una mirada amenazante y el chico que estaba golpeando se fue lo más rápido que pudo. Cobarde…

-¿Quién dijo eso? – preguntó cabreado.

Vaya sí que era guapo el grandote – medité, genial llevo dos días aquí y ya estoy completamente loca.

-Yo – dije dando un paso al frente y mirándolo desafiante.

-Niña vete a otro lado a molestar – se pasó una mano por el cabello desordenándolo.

Nuestros acompañantes miraban la escena con diversión.

-A quién crees que le dices niña, pedazo de animal – estuve a punto de darle una bofetada pero el muy maldito rápidamente me empujo contra el casillero presionando mis muñecas a un lado de mi cabeza.

-Te cuidado con lo que dices — habló en mi oído erizando de paso mi piel.

-Me lastimas – protesté con voz entrecortada.

-Emmett ya suéltala – esa voz sí que la conocía, gracias a dios Peter a mi rescate.

-Peter no molestes que me estoy divirtiendo – habló el gigantón molesto.

-Dejala en paz, Emmett – ordenó Peter. El gigante lo miró con furia contenida, aun así no me soltó.

Comencé a forcejear pero me tenía muy bien agarrada.

Nuevamente las palabras de Vera vinieron a mente. Nadie me había llamado y aquí estoy prontamente a ser asesinada por Hulk.

Cerré los ojos fuertemente, si me iba a golpear no quería ver su puño en mi bello rostro.

-Deja a mi amiga, Emmett – ordenó Leah, ¿Leah en que momento?

-Tu amiga – habló Hulk, abrí los ojos lentamente

Liberó mis muñecas ante la mirada penetrante de Leah.

-Eres aburrida Leah – comenzaron a quejarse los muchachos del grupo.

-Busquen a otro para molestar imbéciles – Leah les enseño su dedo.

Comenzamos a caminar lejos del grupo, maldito gigantón sí que tenía fuerza.

A nuestro lado se encontraba Peter, mi mejor amigo paso su brazo sobre mis hombros.

-Nadie te obligo a meterte, Rosalie – dijo Peter mientras cruzábamos la puerta de la cafetería.

-Tienes coraje chica, lo más probable es que se hubiesen divertido mucho contigo entre ellos – comentó Leah.

-Sólo intenté salvar al chico y el muy cobarde se escapó – dije entre dientes.

-Es la ley de la vida – canturreo ella mientras elegíamos nuestra comida.

Llegue a mi cuarto a cambiarme ya que Leah me pasaría a buscar para luego ir a una junta con unas chicas que Leah me presento, Alice y Bella creo que se llaman.

Aún tenía tiempo para hablar con los idiotas de mis hermanos que los extraño a horrores.

Agarré mi puto celular rosado y marque a Riley, espere el segundo timbre.

-¿Quién habla? – preguntó mi hermano al otro lado de la línea.

-Soy yo Rosalie.

-Enana ¿qué quieres? ¡Ahh! – mierda otra vez no.

-¿Con quién estás? – le pregunté a mi hermano.

-¡Oh Dios! nena – sentí nauseas al escuchar eso, aunque no era la primera vez que lo escuchaba teniendo sexo con una chica.

Mi puto hermano es un completo asqueroso siempre estaba con chicas distintas y estoy más que segura que ni siquiera sabía cuál eran el nombre verdadero de su zorra de turno.

-Eres asqueroso, Riley. Te llamo mañana ¿vale?

-Sí, Rosalie – respondió el muy degenerado.

-¿Quién es Rosalie? – escuché la voz de la chica al otro lado.

Rodé los ojos y corte la llamada.

Ya que con Riley no pude hablar marque el número de James, mi hermano mayor.

-¿Rosalie? ¿Cielo, cómo estás? — preguntó mi hermano contestando de inmediato el teléfono.

-Estoy bien y continúo viva – trate de bromear.

-Muy graciosa, Rosie ¿Qué tal Forks?

-Podría ser peor – respondí soltando un gran suspiro.

-Es raro que no estés en casa – comentó mi hermano con pesar.

-Felicidades hermanito por tus vacaciones – comenté con sarcasmo.

-Tienes razón son como unas vacaciones porque siempre estás en problemas – sonreí ante su comentario.

-¿Qué tal está Vera? – pregunté por nuestra nana.

-Esta tarde ha viajado a Forks, papá se decidió a comprar una casa – suspiró. – Creo que es para tenerte más vigilada.

Me reí, Marcus es capaz de cualquier cosa con tal de cumplir con lo que se propone, y su objetivo es que no le cause más problemas a lo que eso conlleva a comprar una casa en un pueblo abandonado.

-¿Vendrás a verme? – pregunté esperanzada.

-Por supuesto, cuenta conmigo.

-Genial, te extraño – murmuré sintiendo un nudo en mi corazón. Ésta era la primera vez que estaba lejos de mi familia y me sentía sola. – Debo cortar, James – dije cuando las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas. - Te quiero...

-Yo también te quiero, enana – dijo antes de que cortáramos la llamada.

Algo me decía que éste iba a ser un año muy largo...

...