La luz que se filtraba a través de las persianas le dio de lleno en la cara. Se removió con fastidio, ¿qué hora sería? ¿Dónde estaba?
¿Dónde estaba el baño?
Tambaleándose, se puso de pie para responder a sus preguntas. No supo desde cuándo el suelo temblaba, pero no le gustaba y prefirió sentarse en la cama hasta que se detuviera. Estúpido piso, siempre se ponía en su contra.
Le ardían los ojos, por lo que sólo veía a través de la débil rendija que había hecho con sus párpados. Todo alrededor se le hizo extraño, conocido en algunas partes, pero había muchas otras cosas que no podía reconocer como suyas. El suelo, en principio: el que conocía no le dificultaba tanto caminar como aquél.
El colchón. El colchón en el que estaba sentado era mucho más grande que el suyo y no estaba solo. Se fijó en la figura que aún descansaba a su lado y pudo distinguir la fina curva que se dibujaba bajo la sábana, la forma en que se movía con cada tranquila respiración. El panorama se le hizo familiar por todas las veces que lo había visto antes, y supo que era una mujer; todavía estaba dormida.
La miró por largo rato, se fijó en cada rayo de sol que acariciaba su piel desnuda. El piso ya se había detenido y él seguía mirándola, observaba, encantado, el brillo del pelo castaño mientras intentaba recordar. Quería acordarse de algo pero no sabía de qué, tal vez de si en algún momento de la noche anterior había llegado a tocarla como lo hacía la luz ahora, o de su rostro, ya que todo ese tiempo había estado viendo su espalda.
Gruñó cuando la migraña le perforó las sienes. Demonios, odiaba estar así, le hacía querer pegarse un tiro en ese mismo instante sólo para probar si la jaqueca se iba. Sin embargo, y a la vista de que no tenía ningún revólver a la mano, lo único que pudo hacer fue enterrar la cara en la almohada, como conteniéndose para no gritar.
Se abrazó al cojín pacientemente, el dolor seguía palpitando dentro de su cabeza y él estuvo seguro de que, si pudiera hablar, estaría riéndose para hacer peor la tortura. Sintió que algo se movía a su lado pero no hizo nada.
—No has cambiado nada— le dijo una voz susurrante al oído con un tono de dulce reproche. Se permitió soltar un suspiro de alivio cuando la mujer (sabía que era ella) depositó un beso en su cabello.
Él ignoró la jaqueca por un segundo y giró el rostro para mirarla: a contraluz sus rasgos quedaban a oscuras, y el pelo despeinado le cubría la mitad de la cara. Pudo ver un ojo verde, cansado, destilaba ternura y piedad.
— ¿Qué pasó?— se atrevió a preguntar, le dio pena que su voz no llegara a ser más que un murmullo rasposo. La expresión de la joven cambió completamente.
—Nada— dijo con determinación, casi frialdad—. Anoche estuviste bebiendo en el pasillo. Escuché que entrabas a mi cuarto, pero cuando te quise sacar ya estabas dormido.
—Estás desnuda— apuntó Murdoc mirándola de arriba abajo, cómo cubría su pecho con la sábana.
—Así duermo yo— respondió Evelyn encogiéndose de hombros.
—Yo también lo estoy…— siguió, sus ojos mirando un punto fijo en la pared. Se sorprendió de que recién ahí se diera cuenta de su desnudez, pero quien se vio más sorprendida fue la violinista, que parpadeó viendo su coartada hacerse pedazos— ¿cómo…?
—Es… es que entraste así nada más y empezaste a quitarte la ropa— relató ella fingiendo angustia—. Temí lo peor.
— ¿Qué es lo peor?
—No sé, que te pusieras a bailar— contestó, sarcástica, y gruñendo el bajista volvió a esconder la cara en la almohada—. Luego te metiste a la cama y te dormiste. No pasó nada.
—Yo nunca voy a las habitaciones de otros a dormir, ni ebrio— replicó contra el mullido objeto. No necesitaba decírselo a ella, lo sabía bien, pero cuando uno está armando una mentira express, es más difícil recordar los detalles importantes. Quizá con algo de anticipación podría haber creado una comedia con todo y guiones para sus demás compañeros, inventar que una nave extraterrestre lo había dejado en su cama después de una serie de experimentos. No le habría molestado meterle una sonda por el trasero para darle más realismo a la trama.
Pero la realidad no era ésa. La realidad era que la noche anterior él se había quedado dormido mientras tenían sexo, y el sólo pensarlo le hacía hervir la sangre nuevamente.
—Bueno, esta vez lo hiciste y pasaste la noche aquí. Así que ahora levántate y vete, tengo cosas que hacer— sentenció Evelyn con dureza, ya no tenía ganas de ser delicada ni de atender a Murdoc, que se jodiera por no medirse.
—No hables tan fuerte…— pidió él en un susurro doloroso. La joven no le hizo caso.
—No me vengas a decir qué hacer, suficiente con que no te eché a patadas anoche porque de seguro habrías dormido en el pasillo. ¡Anda, levántate!
Al final fue ella quien se puso de pie. Furiosa por lo que le había hecho, tomó su ropa y se la tiró a la cabeza hasta que lo sacó de su cama entre maldiciones. Lo último que le importaba era quedar como una histérica, había que actuar, y él tenía que creer que estaba terriblemente enojada por romper su sueño, invadir su espacio, no por haberla dejado caliente; era mejor que de eso no se acordara. Además, si actuaba como una loca tal vez no querría acercársele otra vez. A pesar del poco tiempo, todo estaba planeado con frialdad.
O algo así.
— ¡Vamos, lárgate, no te quiero aquí!— le gritaba mientras lo empujaba hacia la puerta abierta.
— ¡No puedo caminar si no me dejas ponerme los pantalones!—exclamaba él en respuesta, apenas podía mantener el equilibrio saltando con la ropa a medio poner.
— ¡A ver si te apurás, entonces, carajo!— dijo ella con toda la bronca, y encima en argentino. Murdoc sabía que sólo lo hacía cuando estaba prácticamente rabiosa, e intentó calmarla, pero por alguna razón subir el cierre y abrochar el botón de la prenda le estaba complicando la vida. Evelyn aprovechó eso y lo echó con un último empujón que lo hizo caer cruelmente. No tuvo piedad al arrojarle la camiseta y las botas, para luego cerrar la puerta en un estallido terrible.
Se quedó ahí sin más, apoyada contra la madera, el pecho aún descubierto y la respiración agitada. Flashes, imágenes de lo que había ocurrido pasaban frente a sus ojos sin que pudiera verlos claramente. Pensó que tal vez había sido demasiado y pudo habérselo tomado más calmadamente, incluso decir lo que en verdad le había molestado, pero a la mierda, ya estaba hecho y que fuera lo que Dios quisiera.
Le alegraba que el bajista no dijera nada, aunque no era que no quisiera, sino que intentaba taparse los oídos porque se le estaba partiendo la cabeza. Entendía que lo odiara y todo, ¿pero no podía ser menos brusca?
—Puta loca…— masculló entre dientes. No tenía sentido seguir con el culo en el suelo, así que se levantó como pudo, muy orgulloso por supuesto, y agarró sus cosas. Al diablo con su estúpida histeria, no estaba de humor para esa porquería que seguro era parte de la menstruación. Ya se arreglaría con ella cuando la jaqueca se hubiera ido. Hasta entonces, lo primero que debía hacer era tratar de llegar entero a la Winnebago.
Luego de los primeros pasos, el piso comenzó a moverse otra vez.
Los días que siguieron fueron un infierno para ellos dos y un acertijo para el resto de la banda. Murdoc y Evelyn no se hablaban, así de plano, y no se esforzaban por hacerlo; cada vez que uno necesitaba algo del otro, hacían de todo para no tener que acudir a él, y cuando ya no quedaba más opción, mandaban a alguien más. El pobre 2D fue el más perjudicado en ese sentido por las veces en que no había recordado bien el pedido y había terminado llevando cualquier otra cosa.
Eve siguió practicando guitarra. En algunos días ya había aprendido bastante y empezaba a crear melodías, no tan buenas, pero que tenían potencial. Estaba cumpliendo su objetivo de participar más en el grupo: le había aportado a Stuart un tema sobre el que escribir una nueva canción, y había ayudado a Noodle a sacar las notas del solo que interpretaría allí. A escondidas del mundo también se puede hacer bastante.
Todavía se acordaba del incidente con su compañero, aún le ardía, pero no pensaba decírselo a nadie. Mira que hasta Russel le había preguntado, sin embargo la respuesta seca que recibió le hizo pensar que sería mejor quedarse al margen de la situación.
Murdoc, por su parte, sólo estuvo molesto un tiempo y después empezó a repasar la explicación que la joven le había dado, muy extraña, por cierto. Para empezar, él no bebía en el pasillo ni entraba en el cuarto de alguien más pensando que era el suyo. ¡Hay cosas que distinguen su propio espacio! El olor, por ejemplo, o la dificultad de llegar desde la puerta del vehículo hasta la habitación. La de Evelyn olía normal, tal vez algo de perfume por ahí, y frente al portal ya se encontraba la cama, no había ninguna carrera de obstáculos en medio. Podría seguir enumerando miles de puntos que contradijeran la teoría de Eve, pero creo que queda claro que no cuadra para nada.
Sin embargo él, tan orgulloso como ella y quizá más, se resistía a hablarle. Tenía que ser la misma Evelyn quien le fuera a pedir disculpas y a dar una explicación razonable, tendría que dejar a un lado esa terquedad suya o aguantar su indiferencia. Se la haría insufrible, claro que sí, al final iba a dar el brazo a torcer, la desgraciada.
Todos sabemos que no es fácil que alguien se doblegue cuando las dos partes están dale y dale con que ambos tienen la razón. Bueno, Evelyn no pretendía tener la razón, pero quería olvidar a toda costa el fallido desliz con Murdoc y para eso necesitaba convencerlo de que no había pasado absolutamente nada aquella noche. Muy complicado por cierto, porque ni ella se lo creía siquiera un poco. Desearía poder hacerlo…
—Cada vez los entiendo menos— decía Russel ya resignado cada vez que se lo comentaban. La pelea se había vuelto un interesante tema de conversación para él, 2D y Noodle cuando estaban solos, era divertido hacer locas teorías sobre por qué sus compañeros no se querían ver. Una vez Noodle sugirió que Evelyn hubiera robado una botella de ron de Murdoc y el bajista, en venganza, hubiera roto las cuerdas del violín de ella.
—Yo sólo sé que no quiero volver a hacer un mandado, hasta anotándome las cosas me las confundo y se enojan conmigo— se quejó Stuart. Estaban los tres reunidos en la mesa de la cocina mientras la joven guitarrista comía cereal con leche y 2D bebía un vaso de jugo de naranja. Era extraño, pero el único que no estaba comiendo ni tomando nada era Hobbs.
—Como si pudieran enojarse con más gente— rió la chica limpiándose la leche de los labios—. Están siendo algo infantiles.
—Es irónico que lo digas tú con quince años cuando ellos tienen veintiuno y treinta y nueve años— opinó el baterista.
—Pues yo por lo menos diría por qué me hicieron enojar. Sólo escuché decir a Evelyn que Murdoc había entrado en su cuarto.
— ¿Piensas que le hizo algo malo?— preguntó Russel. Hasta el joven de pelo azul había podido distinguir un toque de ira incipiente y tuvo que hablar.
—No creo— dijo—, Eve B. se pone así cuando la dejan con la palabra en la boca o con ganas de algo; se notaría mucho si hubieran abusado de ella.
— ¿Por qué?
—Pues porque sólo se pone como ahora cuando la dejan con la palabra en la boca o con ganas de algo, sería diferente— respondió encogiéndose de hombros. Creyó que era lo más obvio del mundo, no sabía qué más decir—. Murdoc ya no sé, él siempre es muy obstinado.
—Eso sí…— suspiró el baterista, Stuart al final le había dejado más preguntas que respuestas.
—Ya se van a arreglar— concluyó Noodle tranquilamente—. Tenemos que tocar todos juntos, no pueden construirse una muralla para mantenerse lejos.
En eso tenía razón, no podían construirse una muralla. No una de piedra, por lo menos, sería muy costoso, ¿y qué mejor que ignorarse para hacer, sin siquiera darse cuenta, un enorme muro imaginario?
Los ensayos eran más tensos de lo que hubieran esperado, la verdad nadie sabía cómo reaccionar cuando indirectamente se insultaban. No querían meterse porque sabían que terminarían mal, pero no hacer nada era mucho peor. Repetidas veces pasaba que Evelyn, sin querer, se equivocaba en su parte y Murdoc decía como distraído:
—Me da pena ese violín que sufre, se ve que quien lo toca no lo quiere mucho— ella se quedaba callada y volvía a empezar, concentrada en lucir su más fantástica interpretación. Pero cuando el otro le pifiaba:
—Mmmh… escucho un bajo desgastado, parece que vamos a tener que editar mucho esta canción— ¡oh, el sarcasmo! A veces la joven podía manejarlo tan bien…
—Sería genial si dejaran de pelearse un puto segundo, estamos ensayando para grabar el próximo disco— saltó Russel un día, cansado ya de tanta estupidez. ¡No podía creerlo! Una cosa era que se gritaran encerrados en un cuarto, donde estuvieran aislados del mundo y no lo molestaran; y otra muy distinta era joderse disimuladamente jodiendo al resto de la gente al mismo tiempo. Par de inmaduros.
—Él empezó, ni siquiera sé para qué me habló— se defendió la violinista al toque.
—Yo no te hablé, sólo hice un comentario al aire— replicó Niccals, casi ni había registrado lo que su compañero afroamericano había dicho.
— ¿Ah, sí? ¿Cuántas personas más ves aquí que toquen el violín?— preguntó ella. Había estirado los brazos, abarcando el espacio, y miraba a su alrededor con curiosidad, cual si realmente estuviera buscando más violinistas en el estudio.
— ¡No hay ninguna más porque sólo a ti se te ocurre hacer algo tan inútil!
— ¡Inútil tu p—
— ¡Demonios, cállense de una buena vez!— explotó al final el baterista— ¡Cómo puede ser, son dos niños crecidos!
—Él empezó.
—Ella empezó.
—No me importa quién empezó, sólo cierren la boca hasta que terminemos y luego discuten lo que se les cante.
—Yo no pienso seguir aquí con él— sentenció Evelyn. Tomó el estuche negro de su instrumento y atropelladamente lo puso dentro. Casi partió el arco a la mitad al intentar cerrar la tapa—. Para colmo no le dices nada, sabes que me provocó.
—No me voy a meter en estas est—
—Ah, ¿yo te provoqué?— salió Murdoc a defenderse, otra vez dejando de lado a Russel— ¡Eres tú que se toma todo tan a pecho! Nada más estaba haciendo un chiste.
—Púdrete, imbécil— respondió la chica al pasar a su lado, rumbo a la salida. Mientras abría la puerta, el bajista seguía discutiendo en un tono bastante agresivo que ella, por supuesto, ignoraba.
— ¡A mí no me vas a hablar así, chiquilla caprichosa, vuelve acá!
—No te lo tomes tan a pecho, Muds— dijo la violinista ya fuera del cuarto y guiñándole un ojo—: sabes que sólo estoy haciendo chistes.
Y antes de tener que seguir aguantando más gritos, le cerró la puerta en la cara.
Un tenso silencio invadió el estudio y 2D se mordió el labio inferior nerviosamente. El temblor en las manos de Murdoc le hizo querer ir y tratar de advertirle a su amiga lo que se le venía encima, o por lo menos decirle que intentara medir sus palabras la próxima que quisiera torear al líder de la banda.
Russel se había quedado sentado viendo la escena, en los ojos se le podía ver hartazgo, y la forma en que tenía los brazos cruzados era un mudo deseo de que el conflicto hubiera acabado ya.
Noodle miraba y listo, prefería no meterse. Por lo menos no en ese momento, porque comentar parecía una misión suicida y ella quería seguir viviendo otro ratito.
Ajeno a lo que pensaban estaba Murdoc Niccals. Todavía miraba la puerta indignadísimo, re caliente, lleno de bronca, ni siquiera podía encontrar una expresión o una palabra que lo describiera. Imaginaba (¡con qué odio imaginaba!) a la chica del sombrero tanguero caminando muy tranquila por los pasillos, tal vez sus zapatos resonaban orgullosos contra el concreto, celebraban su "victoria". En realidad no era así, pero él no lo sabía, y nadie le podía impedir hacerse la cabeza.
— ¿Qué mierda me miran ustedes? ¿Eh?— bramó, pero no obtuvo otra respuesta que indiferencia. Los ignoró y se llevó su bajo consigo. ¡Al carajo con ellos y el ensayo! De todos modos había estado queriendo irse desde hacía rato.
Así lo hizo al final, yéndose en la dirección contraria a la de Eve.
— ¿Creen que podamos seguir tocando sin ellos?— preguntó Stuart, los demás sólo se encogieron de hombros.
Para cada uno de los dos "contendientes" las cosas se calmaron de forma muy diferente los días que siguieron:
Evelyn estaba triste, así de simple. Recordaba constantemente la buena relación que tenía antes con Murdoc… o por lo menos cuando ambos podían convivir estando juntos. Como siempre, no pensaba decirle ni mostrarle a nadie esa melancolía, por lo que su rostro prácticamente se mantenía de piedra. Así tenía que ser, un junco, podía doblarse pero jamás romperse.
Murdoc se había enfriado, por decir algo, sin querer. No le cerraba que todo ese quilombo fuera causado nada más por haber entrado borracho a su cuarto, menos sabiendo que no era posible, y porque creía que ella, con lo guarda que era con su habitación, lo habría sacado de inmediato.
Intentaba ignorarlo, no pensar en que había otra cosa detrás de la historia, pero era como una astilla en su pie, de ésas que se le entierran a uno tan profundo que hasta que no se van, no lo dejan vivir. Ni siquiera había podido cumplir con su "deber" para con las fans que lo visitaban sólo por estar dándole vueltas al asunto, mierda.
Esa noche estaba con una chica llamada… bueno, no hubo tiempo para preguntar su nombre. Sólo sabía que la joven estaba en su cama, medio desnuda, y no entendía qué le había visto. Claro, con la ropa puesta cualquiera parece una súper modelo, pero cuando se ponen el traje de Eva resulta que éste tiene estrías, cicatrices, les queda grande o demasiado ajustado. A la chica casi le veían las costillas y su trasero era casi inexistente, le hacía acordar a Paula, cosa que no era muy favorable para la amante de turno. A él le gustaba el cuerpo de mujer, no quería esqueletos, sin embargo ahora que estaba besando a uno se lo tenía que bancar. Lo único bueno era que su pelo negro era suave, podría haber estado acariciándolo toda la noche sin cansarse.
—Chicos, acaba de llamar Damon para hablar con Murdoc— anunció Russel en la sala. Allí estaban 2D, Noodle y Evelyn, cada uno en lo suyo; parecían tan concentrados que parecieron no haber escuchado el mensaje—. Alguno tiene que ir a decirle, es urgente.
—Yo no puedo— anticipó Noodle—, estoy corrigiendo una de las canciones para el álbum.
—Yo tampoco puedo— exclamó Stu, se movía de un lado para otro con su control de videojuego mientras trataba de matar a los cientos de zombies que lo atacaban—, ¡este nivel me ha costado horrores! Tengo que terminarlo o tendré que hacerlo otra vez.
El baterista bufó, quiso decirle lo estúpida que era esa excusa, pero sabía que no haría caso. Sólo quedaba la joven del sombrero negro, quien leía un libro de suspenso.
—Eve, tendrás que hacerlo tú.
—Russ, no quiero ir…— dijo ella, el libro cayó pesadamente sobre su regazo y lo miró suplicante— Ya sabes cómo estoy con él, no me hagas ir.
—No queda de otra, amor— respondió Hobbs encogiéndose de hombros.
— ¿Pero no hay nadie más?
—Los chicos no pueden.
—Oh, vamos, ¡Stu está jugando! ¿Tú por qué no vas?
—Preparo la cena.
—Puedo cuidar que no se te queme.
— ¡Ya ve, Evelyn, es sólo decirle que Damon llamó y te vuelves!
La violinista no tuvo más opción que levantarse e ir resoplando al estacionamiento. Por el amor de Dios, 2D estaba jugando videojuegos, perfectamente pudo haber ido él…
Llamó a la puerta varias veces hasta que la puerta se abrió. Lo primero que vio fue un cierre bajo y un par de ojos cansados, tal vez fastidiados, sorprendidos al verla. Prefirió no preguntar. No tenía nada que hacer allí más que dejar un mensaje, pero cuando separó los labios para hablar apareció la chica esqueleto. Sin sostén.
— ¿Qué pasó, amorcito?— le preguntó a Murdoc abrazándose a su brazo, con una melosidad que le hizo a Evelyn alzar una ceja, obvio la que estaba tapada por su cabello para disimular. Cuando la fan se dio cuenta de su presencia borró cualquier rastro de dulzura en su expresión— ¿Y tú quién eres, la mucama?— se burló mirándola de arriba abajo. A la violinista le hirvieron hasta los jugos gástricos en el estómago, sin embargo se contuvo.
—Mucho gusto, tú debes ser la última botella de ron en el desierto— contestó casi cantarina, por un momento pudo ver a su compañero reír muy bajo. Seguramente la estúpida ésa querría seguir con la batalla, pero solamente estaba allí para entregar un mensaje y eso haría—. Muds, Damon llamó y quiere hablar contigo. Cuando termines— "si es que con ésta puedes…"—, acuérdate de llamarlo.
Se dio vuelta para irse, pero antes de siquiera poder dar el primer paso sintió que él le agarraba la muñeca.
— ¡Espera!— le había dicho— Tú no te vas a ningún lado. Entra— ella se volvió con la intención de decirle que no pensaba hacer un trío con la estirada aquella, mas la severa expresión de Niccals la hizo callar—, hay mucho que me tienes que aclarar.
— ¡Hey! ¿Yo no te importo?— protestó la fan mientras hacía ademanes que sólo haría una novia celosa.
—Pobre de ti si pensabas que sí. Sal de mi casa— ordenó el bajista, la chica de pelo negro se le quedó mirando entre indignada y al borde de las lágrimas—. ¡Es para hoy, niña!
— ¡Pero mi ropa!
—Ven aquí, tú entras— le indicó a Eve empujándola a través del portal—. Y tú te vas. No jodas, ya te traigo tu ropa— aseguraba mientras la empujaba fuera, no le interesaba que estuviera en tetas o insultando a la "mucama". En un par de segundos había ido a su cuarto, recogido las prendas y ahora se las tiraba sin piedad—. ¡Y no vuelvas hasta que aprendas a no morder todo lo que te pongan en la boca!
Azotó la puerta sin más, la castaña no pudo evitar dar un pequeño salto en su lugar ante el golpe.
—Loca…— murmuró él con rabia.
— ¿En serio te mordió?— se atrevió a preguntar ella.
—Sí, hasta marcas me dejó. ¿Quieres ver?
—Oh, no, gracias—respondió la joven nerviosamente, sus gestos lograron sacarle una sonrisa a su compañero, que supo bien lo que había pensado.
—Me mordió un dedo— aclaró, y le tendió su mano para que viera las marcas de dientes en su dedo índice. Ella sólo suspiró aliviada.
—Lo había olvidado… no eres tan bueno cuando echas a las chicas que te muerden durante una fellatio.
—No me importan ellas ahora— dijo cortante. La risa se le fue a Bann por una ventanilla junto con la esperanza de que revivieran viejos bochornos de la cama para pasar el rato—. Me importa lo que tú tengas que decir.
—No sé de qué hablas— contestó Evelyn, las palabras le salieron como un reflejo mental involuntario. Intentó alcanzar el picaporte con la intención de irse, pero él se interpuso.
—Yo creo que sí sabes.
—De verdad, Murdoc, no tengo idea de lo que hablas— repitió. Se alejó y comenzó a recorrer la casa rodante en busca de alguna puerta trasera mientras el bajista la seguía. Al pasar por su cuarto, la empujó y cerró el portal.
Había quedado tirada en la desordenada cama. Estuvo a punto de levantarse, protestar y preguntar por qué la había empujado, mas se calló cuando Niccals prácticamente se le abalanzó, encerrándola entre el colchón y su cuerpo. El calor y los latidos de su corazón pegando justo contra su pecho le trajeron los recuerdos de su frustración, por lo que giró la cabeza a un lado queriendo alejarlos.
—Ahora dime— susurró él casi rozando la piel de la oreja con sus labios—: ¿qué pasó esa noche en tu cuarto?
—No pasó nada, ya te lo he dicho…— respondió la chica estoicamente, pero el toque de desafío no le había salido bien y su voz se oyó temblorosa— Estabas borracho y ent—
—Eso no, quiero saber qué pasó en realidad.
—Tal vez si no me interrumpieras podría decírtelo.
—Sé lo que me vas a decir. Te interrumpo porque me mientes y ya me tienes harto— el tono de voz que había usado hizo que Evelyn tragara saliva con fuerza, con miedo. Giró la cara para enfrentarlo, pues ella también estaba cansada de todo aquello y estaba dispuesta a ponerle fin ahora.
— ¿Quieres saber qué pasó en realidad?— preguntó en un susurro que, si no hubiera estado tan cerca, Murdoc no habría podido escuchar.
—Sí— respondió él. Sin embargo, en lugar de una explicación recibió un rodillazo en el estómago que le quitó el aliento y lo tiró al suelo. Mientras jadeaba vio a Evelyn pararse a su lado, sus piernas jamás le parecieron tan largas.
—Esa noche me habías invitado a tomar una cerveza. Todo estaba bien, no creerías lo cómoda que me sentía estando ahí, sólo los dos sentados en el pasillo, charlando y bebiendo— relató, sentándose junto a Niccals. Las palabras le salían pesadas, el bajista la miraba atentamente desde su lugar y no podía definir su expresión, pero notaba decepción. Quería saber el motivo de aquel sentimiento, por lo que no dijo nada y se limitó a normalizar su respiración—. Tú ya habrías tomado unas… cuatro o cinco cervezas antes de verme y noté que estabas mareado, así que te hice entrar a mi cuarto, no quería que te desmayaras y quedaras ahí tirado. Bueno, una cosa llevó a la otra y terminamos en la cama.
— ¿Cómo que en la cama?— exclamó, los ojos como platos y un dolor en el abdomen cuando intentó sentarse. Ella lo hizo volver a su posición colocando suavemente una mano en su pecho.
—No te emociones tanto, sólo llegamos a besarnos y sacarnos algo de ropa.
—Suficiente para interesarme— dijo él. Otro empujón le impidió enderezarse—. Pero cuando desperté los dos estábamos casi desnudos.
—Dios, ésa es la peor parte…— murmuró Evelyn tapándose la cara con la mano que antes estaba en el pecho del bajista. Él no supo definir si lo había dicho con vergüenza, pero tampoco se molestó en preguntárselo— en medio de "la previa" te quedaste dormido encima de mí y tuve que desvestirte para acostarte. Fue muy frustrante.
Escuchar eso lo dejó sin palabras. No sabía qué justificar primero, si su ridículo error en la cama o que había caído rendido después de unas seis cervezas (algo realmente vergonzoso, ya que siempre aguantaba más). De todos modos, resultaba bastante difícil justificar cualquiera de esas dos cosas.
—Sigues mintiendo— se apresuró a replicar—: sabes que puedo beber hasta ocho botellas y seguir en pie, no pude haberme desmayado tan fácil con seis.
—Era White Light, Murdoc, ¡es alcohol puro!— respondió la joven antes de golpearse la frente con la palma de su mano— Me sorprendió que todavía recordaras tu nombre después de tres.
Niccals suspiró dándole la razón. Pensó que así no querría humillarlo más, porque la conocía y sabía que le diría de todo hasta que aceptara que ella estaba bien y él mal. Finalmente se sentó y nada lo detuvo pero, a pesar de estar los dos a la misma altura, no se miraron.
El silencio los envolvió devastadoramente, los sumió en la crueldad de los pensamientos que no tuvieran nada que ver con aquel momento, intentando olvidar en vano, recordar con culpa. Evelyn echó hacia atrás la cabeza cuando el sonido de su respiración se le hizo lejana y sin querer se concentró en la de su compañero, que inevitablemente le hizo querer volver a la paz de escucharlo dormido.
—Así que… por eso estuviste tan enojada— concluyó el satanista despertándola de su ensueño. Ahora sí lo miró, de lado, pues su cabeza seguía mirando al techo.
—Sí— susurró—. Me sentí una idiota, no es muy agradable cuando te seducen y luego se te duermen encima. Además me costó bastante moverte.
—Pudiste habérmelo dicho desde el principio.
—Creí que podría olvidarlo y seguir como siempre.
—Vivimos en un mismo edificio, somos parte de una misma banda y compartimos el mismo baño, ¿en serio pensaste que podrías simplemente ignorarme?
—Lo dices como si te doliera— rió ella.
—Pues sí, nos hubiéramos ahorrado todos estos días que no nos hablamos.
—No te hablé porque cada vez que te veía pensaba que si no te hubieras puesto en pedo, nada habría pasado— le espetó, hasta detrás de su cabello Murdoc pudo ver el seño fruncido y la rabia en sus ojos.
—Oh, ¡créeme que jamás habría hecho nada estando sobrio!— sentenció. Se le quedó viendo expectante, preparado para una pelea, pero la respuesta matadora jamás llegó. Al contrario, Evelyn se quedó callada, sorprendida, y eso desconcertó al bajista— ¿Qué?
— ¿Entonces sólo me tocaste porque estabas borracho?
— ¿Eh? ¡No!— exclamó, tal vez estuviera a tiempo de aclarar el malentendido— Quise dec—
—Que ni siquiera habrías ido a buscarme— dedujo para completar la oración, erróneamente por supuesto, pero no dejó a Murdoc seguir hablando. No supo hasta qué punto debía hacerlo, pues se le notaba el rencor aumentar con cada palabra—. ¿No dijiste eso, "jamás habría hecho nada estando sobrio"?
—No era eso lo q—
—Eres el mismo idiota de hace años, Murdoc— murmuró al final mientras se ponía de pie y salía de la habitación. En su fuero interno maldecía a los cuatro vientos y se repetía que jamás debió hablarle sobre lo que había pasado, que a partir de ese momento todo estaba destinado a cagarse más y más.
¡Puta, ahora sí se había armado la podrida! No la podía dejar ir así, eso significaría más interminables días de su silencio, peleas y vaya uno a saber lo que pudiera salir después. Tomando en cuenta todo esto, el bajista se levantó también y la siguió sin importar el dolor de su vientre, por suerte alcanzó a agarrar su brazo antes de que abriera la puerta.
—Cómo odio cuando no me escuchas, ¡a veces te pones tan caprichosa!— le recriminó atrayéndola hacia él, alejándola de la salida.
— ¡Si ya lo has dicho todo! ¿Qué más quieres que escuche?— gruñó ella, y le dedicó su mejor mirada despectiva, pero Niccals sabía que en el fondo, muy en el fondo para que no se viera, estaba herida. En parte la entendía, mas también sabía que esa ofensa se la estaba haciendo ella misma al no dejarlo explicarse.
—No quise decir que sólo te tocaría borracho, Evelyn, ¡te tomaría aquí mismo contra la pared! Pero n—
Una vez más el satanista fue interrumpido en el mejor momento por la bofetada de su vida. Maldición, con lo que le costaba abrirse a decir algo como aquello y sólo recibía golpes…
El impacto hizo que girara la cara a un lado, la mejilla le ardía y el cuello se le resintió, por un segundo se imaginó que la violinista echaría a reír de verlo así. Nada más alejado de la realidad, pues Eve no sabía si había reaccionado correctamente. Cualquier mujer habría hecho eso, ¿verdad? Además tenía su orgullo ya hecho pedazos como una botella rota de por ahí cerca y quería desquitarse con el idiota que se lo había hecho.
Sin embargo la curiosidad le picó con ese "pero". Quizá había querido decir algo más decente, en una de ésas hasta la habría calmado. Ya no podía saberlo, ahora solamente podía rematar con alguna frase apocalípticamente dramática e irse con dignidad, esperando que él se quedara pensando en la cagada que se había mandado.
Aprovechó que ahora estaba libre y caminó rápido hasta la puerta. Luego de abrirla dijo:
—Fue una charla muy enriquecedora, Muds. Ahora que sé que escucharte no vale la pena, me largo— anunció casi dulcemente, ni esperó a que se recuperara del golpe. No era que le interesara tampoco. Lo miró una última vez y giró el pomo con tranquilidad, sin ninguna idea de lo que fuera a pasar cuando saliera.
¿Terminaría el conflicto? ¿Podrían seguir normalmente sin querer agarrarse a patadas? ¿Deberían seguir mandando a 2D para hacer de mediador?
Para cuando terminó de hacerse estas preguntas, ya había cerrado la puerta en la cara de Murdoc.
¿Le habría roto la nariz otra vez? Eso sí que no podía responderlo, pero puteaba desde la Winnebago como si sí lo hubiera hecho. Escuchó algo de "pendeja caprichosa, haz lo que quieras", "te jodes por ignorarme" y un poquito de "ya verás cómo vienes a pedir perdón". Luego muchos murmullos y golpes, pero no hizo más caso.
La joven violinista sintió un vacío en su interior, de repente dudaba de haber hecho lo correcto y creía que había perdido una oportunidad magnífica. Ahora no se iba a echar atrás, rara vez ella pedía disculpas. Sería lo que Dios quisiera.
Una sombra moviéndose a lo lejos la sacó de sus pensamientos, parecía estar escondiéndose y lo primero que se le ocurrió fue que algún fantasma estuviera rondando por ahí, pero cuando fue a ver bien…
— ¿Sigues aquí?— le preguntó a la chica esqueleto, la cual estaba agazapada contra una de las columnas, tal vez luchando contra el frío del lugar: llevaba muy poca ropa.
—Dijo que me llevaría a casa— murmuró tímidamente. Miraba a Evelyn con recelo y desconfianza, ¿estaría la mucama planeando hacerle algo por haberse acostado con Niccals? No parecía gustarle que aún estuviera en el edificio, otra razón para tener cuidado.
Sin embargo, contrario a todos sus temores, la joven de cabello castaño suspiró resignada y le dedicó una mirada de piedad.
—Creo que tengo una guía de buses en mi cuarto— comentó—. Ven, la vamos a buscar y te acompaño a la parada de aquí en frente.
