Cap2-De amigos a amantes
Miraba por la ventana de mi cuarto el campus, quizás seria la ultima vez que vería ese campo que era iluminado por la luna llena, en ese momento me perdí en mis recuerdos, mi primera cita, mi primer beso y mi… me sonroje al darme cuenta que las dos ultimas partes fueron protagonizadas por Kaname Kuran.
A quien yo decía odiar, pero de ese odio se volvió una amistad muy grande, y de ahí se volvió a amor.
Aun lo recuerdo.
Nos vimos como siempre en la biblioteca de la Academia, para contarnos ya no solo de libros de terror, de ciencia ficción o de misterio, también de lo que nos pasaba en clases ya que habíamos vuelto.
-Zero-me dijo llamando mi atención.
-¿Qué pasa, Kuran?-dije simple aunque habíamos llevado mucho tiempo mejorando nuestra relación de conocidos que se llevaban regular a amigos, no me acostumbraba aun a decirle por su nombre aunque el se acostumbro muy rápido a decir el mió.
-¿Quién fue tu primera cita?
-Ehh…pues fue una chica de hace 1 año salí con ella solo una vez, pero después ya no tuve mas citas ¿Por que?
-No por nada… ¿Se besaron?-me pregunto de repente causando que casi me atorara con el jugo de naranja.
-Pues no…
-¿No tuviste nunca un primer beso?
-No…nunca así que puedes reírte…no te sientas…-cuando estaba por terminar mi oración sarcástica unos labios se apegaron a los míos de manera suave e imprevista.
No sabia por que pero me había perdido en ese beso casto, empero al darnos cuenta de lo que pasaba nos separamos de golpe.
-Ehh…yo perdóname….no sabia…-decía Kaname completamente rojo y nervioso.
-Ehh…no, no te lamentes por esto…-decía algo aturdido
-Ya se, como disculpa, salgamos a algún lugar, el que tu quieras ¿Te parece?-me dijo decidido a que, según el, lo perdonara, pero no había nada que perdonar.
-Claro mañana en la tarde…a un café-dije levantándome de mi asiento dirigiéndole una sonrisa me marche de la biblioteca.
Al día siguiente, me puse un pantalón negro, una camisa blanca y una gabardina gris, con unos guantes del mismo color, y una bufanda del color de mi pantalón, tenia que abrigarme bien, era invierno, y podía haber probabilidades de que nevara.
Cuando lo fui a ver estaba con un pantalón negro, una camisa gris y una gabardina café una bufanda y unos guantes negros.
Fuimos a ese café, después fuimos a comprar discos de música, tomamos un capuchino de paso mientras hablábamos de muchas cosas, pero no tocamos el tema del beso, a Kaname se le ocurrió comprar unas películas y sugerir verlas en una cabaña que el tenia por el bosque de la academia, bien resguardado y equipado según lo que me describió.
Asentí con calma y algo de inseguridad sentí que algo iba a pasar pero no sabia que; llegamos a la cabaña, nos quitamos los abrigos, pero Kaname por el frió se no se quito lo guantes.
Ya era media noche y comenzó a nevar, ambos ya habíamos visto las películas, echados en la cama matrimonial, solo nos quedaba charlar un poco.
-Zero…respecto al beso…yo quería…disculparme, no debí hacerlo-dijo muy triste de verdad pensaba que me había disgustado-Fui muy impulsivo...y…
No sabía pero lo calle con un casto beso, dejándolo completamente atónito.
-Kuran… yo jamás me enoje contigo… solo me sorprendí…la verdad eso me había gustado…-dije rojo pero al darme cuanta de mi ultima oración me tape la boca-Olvida lo que dije yo…
Pero fui callado por otro beso, esta vez mas apasionado, que ambos nos quedamos sin aire.
-Zero… quiero… hacerte el amor-decía mientras me abrazaba y hundía su cabeza en mi hombro, sentía que mi pecho iba a explotar.
-Si-dije permitiendo que continuara…
ATENCION! LEMON!
Y ahí estaba yo. Desnudo, bajo Kaname, y entregándome completamente a él.
Observé como Kaname se quitaba los guantes con los dientes, dejando al descubierto sus manos de dedos largos y finos.
Me beso de nuevo, esta vez de una manera más salvaje y apasionada que antes, y no pude hacer otra cosa que tratar de ahogar mis gemidos en su boca. Sus labios recorrieron mi mejilla, delinearon la línea de mi barbilla, y bajaron por mi cuello en donde unos pequeños mordiscos provocaron que jadeara y gimiera. A Kaname le gustaba eso, lo sabía, así que volvió a morderme, y seguir con su recorrido de besos.
Una de sus manos recorrió mi pierna, y acaricio mi muslo de una manera sensual, mientras que sus labios capturaban uno de mis pezones y lo lamía y apretaba entre sus dientes.
Sus manos estaban volviéndome loco. En algún momento había cerrado los ojos perdido en el placer, sin dejar de gemir un solo momento. Y cuando pensé que no podía estar más excitado de lo que estaba, Kaname se metió mi miembro a la boca, y lo empezó a lamer lascivamente.
-Kuran… - enredé mis manos en su cabello castaño, dándole ritmo más acelerado, sentía que ya no podía más-Voy a…- me corrí dentro de su boca, y él se lamió los labios complacido.
-Sabes delicioso, Zero- susurró en mi oído, mordiendo mi lóbulo, haciendo que me pusiera duro de nuevo. Kaname lo notó en seguida, y se río.
-Desvístete tu también- le exigí antes de que continuara- yo también quiero verte. -no pude evitar sonrojarme por esa orden, pero disfrute mientras se desvestía.
Su cuerpo, como era de esperarse, era perfecto. Unos pectorales, y abdominales bien delineados, y esa "v" que se marca en todos los hombres que están en forma. Era realmente atractivo.
-Te quiero dentro de mí… - eso fue un susurro solamente, pero Kaname lo capto. Volvió a besarme, y uno de sus dedos bajó hasta mi entrada, acariciándola lentamente, luego, lo introdujo por completo.
-Esto va a doler, Zero… además, es tu primera vez.
-Sé delicado conmigo- ronronee como un gato, volviéndolo atraer hacia a mí, volviéndolo a besar, uniendo nuestras lenguas en una deliciosa danza. Otro dedo se introdujo en mi interior. Kaname hizo movimientos de tijera y circulares dentro de mí. Me estaba doliendo, claro, pero luego de un rato me acostumbré a la sensación, hasta se volvió placentera, e imaginar el miembro de Kaname ahí dentro me hizo excitar aun más, si es que eso era posible.
Al cabo de un poco más de preparación, me penetro lentamente, mientras una oleada de placer y dolor me inundó. Esperó a que me acostumbrara a la intromisión, y enseguida empezaron las embestidas.
Al principio eran lentas y delicadas, pero a medida que nuestros cuerpos lo iban necesitando, el ritmo iba aumentando. Enredé mis piernas en su cintura, y mis caderas empezaron a marcar también el ritmo junto a las suyas.
Gemía, jadeaba y escondía mi cabeza en su cuello con el fin de acallar mis gritos. Todos mis intentos de silenciarme fueron en vano. En esos momentos me sentía feliz, complacido, hasta pervertido por estar en esta situación con él. Sentía que lo amaba, ya no tenía por qué negarlo, estaba perdidamente enamorado de él, y siempre lo había estado, por más rabia que me diera. En ese momento, era como si el mundo hubiese desaparecido, y solo estuviéramos él, yo y esa cama.
Una de las manos de Kaname se cerró de nuevo entorno a mi erecto miembro, y lo acarició a ritmo con sus estocadas. Ya no quedaba mucho tiempo, y segundos después, sentí como un líquido cálido llegaba en mi interior de manera deliciosa, mientras que el mismo líquido blanco manchaba la mano de Kaname y nuestros vientres.
Salió cuidadosamente de mi interior, cuidando de no hacerme daño, y se lamió los dedos.
-No hagas eso- le dije apartándole la mano de la boca- es vergonzoso- él se rió sinceramente divertido. -Quédate conmigo esta noche-Kaname apagó la lámpara sobre la mesita de noche y yo hice que se recostara a mi lado, y me acurruqué en su pecho.
No tenía ni idea cuanto tiempo había pasado, pero la luna brillaba llena en el cielo, y su luz se colaba por entre la ventana, haciendo brillar los ojos vino de Kaname. Esos ojos que me gustaban tanto.
-¿Te digo algo?- pregunto él.
-Claro, Ku…
-Primero, preferiría que me dijeras Kaname- Después de eso, creo que ya no eran necesarias las explicaciones pensé- Y segundo, te amo- me lo dijo sin más-En mi vida pensé amar a alguien de la manera en la que te amo a ti-mis mejillas se sonrojaron y a lo único que pude atinar fue un sonrisa-Qué hermoso te ves cuando sonríes- me revolvió el cabello cariñosamente, y luego me acarició las mejillas que ardían en ese momento
-Creo que yo también te amo, Kaname- sonreí, y le di un casto beso, para después dormir abrazado con el a mi lado.
Pero la campana de la media noche me despertó de mis recuerdos, volvía a mirar con tristeza y me fui de esa habitación, con tristeza.
El amor que ambos sentían conllevaría a una tragedia.
Continuara…
