Notas de autor: ¡Mi teclado me está volviendo loca! En fin, aparte de esto, quisiera agradecer a toda la gente que ha comentado en el capítulo anterior. La verdad que pensé que no gustaría tanto el fic, pero sinceramente, aunque así fuera lo iba a seguir escribiendo. Esta vez creo que no dejaré que nada me detenga. Hay una persona en concreto que me escribió un comentario bastante corto y directo; en él ponía que el fic estaba bien escrito pero que carecía de sentimientos.

Debo reconocer que cuando lo leí me entristeció un poco, pero más tarde comencé a pensar que si le parecía que no tenía sentimiento alguno, haré mi mayor esfuerzo para que lo que trato de expresar en esta historia, puedan sentirla de tal forma que consiga poner los pelos de punta.

Hacer llorar, reír y desear a todos y cada una de las personas que lean este fic ahora mismo es mi labor, no sin antes hacerme llorar, reír y desear a mí primero, pues creo que si yo no lo siento, nadie lo hará. Así que mi querida amiga 'Sora' que es como se puso de nombre, tan sólo te pido que sigas con la historia y no la dejes. Quién sabe si al final, logro que cambies de opinión.

Por otro lado un saludo a toda la comunidad de Mangateca, a los que les agradezco sinceramente que aún sigan leyéndome, y me sigan dando una oportunidad de demostrar qué tal valgo para esto. De todo corazón gracias.

Y ahora les deseo buena lectura y espero que lo pasen bien. Saludos.


Blanco sobre Negro y Viceversa.

Por NaYmCo

2. Preguntas.

El frío y afilado objeto con el que estaba siendo amenazada, había dejado a la rubia tan sorprendida como a mí. Es ese momento me maldije un millón de veces por haber estado en un mal lugar a una mala hora. Miraba fijamente a Fate Testarossa que seguía inmóvil y con los ojos llenos de sorpresa. Pero… sin más aquella expresión repentinamente, se borró de ellos. A cambio se volvieron mucho más oscuros y podría decir sombríos.

Por mi mente pasaron mil cosas para terminar en la conclusión de que, por mucho que yo piense qué pasará, y aunque la conozca de tan sólo un día, sé de sobra que jamás hará lo que creo que debería hacer.

Así que a lo mejor mi captor acababa rebanándome el cuello y ella simplemente no haría nada. Pero en ese momento fue como si el tiempo se detuviera y luego marchara muy deprisa. Fate Testarossa ocultó su mano derecha en su espalda, como si sacara algo. Así fue, y lo que hizo sí que realmente no era de una persona previsible. Si ya teníamos todos cara de impacto, con aquello se nos quedó la cara más pálida y blanca que se pueda ver jamás.

La rubia había sacado una pistola, no conozco mucho las armas de fuego, pero era pequeña, aunque igualmente muy potente. La firmeza con la que la tomaba no era desde luego la misma que la del chico, que me amenazaba a mí con la navaja, ya que éste comenzó a temblar.

Imagino que Fate Testarossa era temeraria, pero con una pistola seguro que mucho más. Tal vez por eso el muchacho, que en un principio se le veía seguro de sí mismo, ahora parecía una damisela en apuros.

Lo más sorprendente para mí, no fue que sacara un arma de fuego sino a quién acabó apuntando con ella. La castaña que había permanecido todo este tiempo sentada, al verse encañonada por la rubia, se puso en pie. Sus ojos tenían una mezcla entre asombro y miedo.

Yo por mi parte, estaba aterrorizada. Todo mi cuerpo temblaba sin poder controlarlo y hasta la vista comenzaba a nublarse. Sin poder gritar o expresarme de un modo verbal, sentí que mis lágrimas bajaban, cuando su sabor salado llego a mis labios.

Fate Testarossa a pesar de que apuntaba a la de menor estatura y que no comprendía bien cómo podía hacerlo, me observaba fijamente y yo no podía para de llorar.

El chico tras de mí, me agarró del pelo y comenzó a sacudirme la cabeza para que dejara de gemir. Sentía como si el mundo se estuviera acabando y todo lo que veía era ese rojo de los ojos que la rubia me procesaba.

Sentí que la culpa al fin y al cabo era toda mía, ya que realmente, de no haber estado allí, ella no tendría ahora que apuntar a su amiga, o novia o lo que fuera. Ahora mismo estaba perdida recordando casi toda mi vida.

Sentí aquella afilada arma clavarse un poco más y algo húmedo bajar por mi cuello. Cada vez me agarraba con más fuerza, más y más amenazante. Lo peor era el terrible silencio, ninguno abría la boca. Sólo se miraban unos a otros. Hayate alternaba la mirada entre Fate Testarossa y el que parecía ser su hermano.

"No creo que lo hagas"- Rompió el silencio mi captor.-"No eres capaz."-Sentenció.

Fate Testarossa sin pensarlo dos veces quitó el seguro del arma. Ese sonido cargando la bala en la recamara, paralizó al chico.

"¿Quieres comprobarlo?"- Contestó desafiante.

"Está bien… está bien, Fate-chan. De acuerdo tú ganas."- Habló la castaña, levantando las manos en son de paz.-"Keiko-kun, me iré contigo ahora mismo. Suelta a esa chica y vámonos."- Dijo finalmente dirigiéndose a él.

¿Por qué? Pensé…

Mi captor quitó su arma de mi cuello y me empujó sobre el banco. Totalmente asustada me encogí, como si aquello me fuera a salvar. Nunca en mi vida había pasado tanto miedo.

La rubia por su parte, volvió a poner el seguro a la pistola y dejó de apuntar a la castaña. Ésta se quedó un momento mirándola y luego se giró al que parecía ser su hermano. De nuevo el estruendo de aquellas motocicletas, llenaron de sonido el parque.

Sin comprender nada, La castaña subió a la moto del que fue mi captor y con un acelerón de aquel potente motor, desaparecieron. Otra vez se hizo el silencio. Fate Testarossa aún sostenía la pistola y yo seguía encogida en el banco.

Sinceramente, no sabía qué hacer. Pensé que se iría y me dejaría sola. Otra vez la rubia me sorprendió. Guardó el arma de nuevo a su espalda y se sentó a mi lado. Suspiró fuertemente y me miró.

"Supongo que preguntarte si estás bien, sería una tontería."- Comentó seria. Apoyó los codos en sus rodillas. Parecía estar meditando.

Yo aún no podía pronunciar palabra y lo único en lo que pensaba era en la mirada que tenía cuando apuntaba con la pistola a la castaña.

"Siento que hayas tenido que ser testigo de algo así."- Dijo en un susurro.

Se removió en su sitio y se giró para encararme. Sacó un pañuelo de su pantalón y me lo ofreció. Su mirada, había cambiado totalmente. Ahora me observaba con tristeza en sus ojos. Tímidamente, tomé aquello que me ofrecía y me sequé las lágrimas que aún bajaban por mis mejillas.

"Tienes un pequeño corte en el cuello."- Murmuró al tiempo que se acercó a ver si era profundo.

Colocó la mano para que yo le devolviera la prenda blanca, y la puso en la herida para hacer presión en ella.

"No tiene buena pinta, tal vez debería llevarte a mi casa y curártela."- Expuso tomando mi mano para que siguiera haciendo fuerza en el corte.

Lo único que pude hacer era asentir con la cabeza, pues mi cuerpo aún temblaba recordando todo aquello. Sentí que todo había pasado demasiado rápido y a la vez, se me había hecho eterno. Sin duda una situación demasiado compleja para alguien como yo.

Mas sin embargo, para Fate Testarossa no parecía ser nada nuevo. No había perdido los nervios en ningún momento, y podría decirse que probablemente era algo que le pasaba a diario. Ojalá pudiera hablar en estos momentos. Seguramente le preguntaría que había sido todo aquello y por qué apuntó a la castaña. La verdad, creo que le haría muchas preguntas. Pero las palabras se ahogaban en mi garganta y me era imposible formar una frase coherente.

Por otro lado, creo que tampoco me respondería. Siendo como era ella o por lo poco que había visto hasta ahora, era una chica directa y de pocas palabras.

Caminamos despacio y parecía que el fresco aire y el movimiento, comenzaron a relajarme. Hasta me hizo gracia ver a la rubia caminando delante de mí con aquellas botas desabrochadas y prácticamente arrastrando al suelo.

Pude haber hecho un sinfín de preguntas, pero no se me ocurrió otra cosa para romper el silencio.

"¿Por qué te gustan esas botas?- Dije en un hilo de voz.

Escuchaba el sonido de éstas y luego se detuvo. Se giró a mirarme un momento.

"No creas que por lo que ha pasado, ahora vamos a ser amigas. Aunque quisiera no podríamos serlo."- Comentó seria.

¡Por supuesto que no! Yo era la que menos la quería de amiga y menos ahora.

"De ninguna manera desearía ser tu amiga."- Terminé contestando.

Por un momento juraría que la vi hacer una mueca de burla.

Más adelante y en mi misma calle, Fate Testarossa paró frente a una verja que abrió. Era la casa que había visto el día anterior, la de los rosales. En la vida pensé que alguien como ella viviera en un lugar así. Luego recordé que Yuuno-kun me había comentado, que Fate Testarossa tenía una gemela que era totalmente contraria a ella.

La pensada abrió la puerta principal, con sorpresa. Más cuando me vio allí, justo al lado de su hermana. Curiosamente y a pesar del enorme parecido, su hermana tenía una expresión muy diferente. Cuando la vi no sabía bien qué pensar.

"Fate, llegas muy tarde, cada día…"- Habló la otra rubia en forma de reproche.

La nombrada ni tan siquiera la miró y entró sin más en la casa. Su hermana se me quedó mirando totalmente muda. Su rostro era la clara imagen de un interrogante.

Todo este tiempo había estado con aquel pañuelo presionando el corte. Un pequeño hilo de sangre aún bajaba por él. La hermana de Fate Testarossa me miró un segundo.

"Fate… ya metiste en tus líos a esta chica, ¿verdad?"- vociferó con enfado.

Luego me tomó de la mano y prácticamente me llevó a rastras hasta la cocina. Yo tan sólo me apresuraba intentando coger su paso, y mirando lo enorme de esa casa. Nada más entrar había un espacio para dejar los zapatos, que casi no me da tiempo a quitarme dado que aquella rubia mal humorada, no hacía sino tirar de mí. Luego me llevo casi a rastras por lo que parecía el salón.

Para terminar en la cocina, donde la otra rubia, estaba sentada con un plato de comida delante. Comía casi sin pensar y masticaba despacio. A esa mujer no había nada que la pudiera sorprender. Además miraba a un punto fijo imaginario mientras se metía los palillos con pedazos, de lo que parecía ser, pescado en la boca.

Su hermano a grito pelado le lanzaba una tras otra, millones de preguntas. A ella simplemente era como si no la escuchara y no estuviera allí.

Se limpió con una servilleta y paró de comer un momento.

"Ella es Alicia, mi hermana. Como puedes ver, no para de hablar."- Terminó diciendo y de nuevo reanudo lo que hacía.

Aquello parecía que puso aún peor a su hermana, porque en ese momento sí que hasta yo tuve que ignorar que no existía. Después de un rato, la rubia que estaba de pie, al no recibir respuestas de ningún tipo, se fue indignada, farfullando escaleras arriba.

De nuevo a solas con Fate Testarossa. Ésta prendió un cigarrillo y me miró. Más bien miró mi herida. Se levantó y abrió un mueble de la cocina. Sacó una caja con una pequeña cruz roja en ella, y rebuscó dentro.

Sacó algunas gasas y cinta. Unas tijeras y alguna que otra cosa más.

"Tu hermana es una persona… totalmente diferente a ti, ¿no?"- Pregunté con un poco de burla.

Ella me miró a los ojos y por primera vez una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. No sabía por qué aquel gesto aceleró mi corazón como jamás había sentido. Por otro lado, su cercanía era para ponerse nervioso. Estaba curando mi herida y sentía su calor a pocos centímetros de mi cara.

De nuevo un silencio algo incómodo se formó. Hasta que una voz suave lo rompió.

"Con esto debería cerrarse y curarse. Tan sólo cambia la gasa todos los días." – Comentó casi en un susurro cerca de mi oído.

Aquello, no sabía por qué me estremeció aún más.

Sabía que no conocía a esa persona en absoluto y en ese momento, me pregunté si alguna vez alguien la había conocido en algún momento. Realmente era tan seria y misteriosa y su comportamiento a la vez, tan calmado que daba realmente miedo.

Pero por qué me sentía así cada vez que la tenía tan cerca. He tenido muchos amigos a lo largo de mi vida que se han acercado incluso más a mí, y ninguno me hizo dar un vuelco el estómago. Mas ella, no sabía que tenía pero el simple tacto de sus dedos en mi cuello me quemaban, era como caer en un abismo.

Como si algo me estuviera tragando y no supiera como salir. Y cuando la miré directamente a sus ojos, esos de color carmesí, de color sangre un enorme dolor se apretó en mi pecho. Sinceramente no podría describir la sensación.

Después me tocaba llegar a mi casa, y ponerles a mis padres mil excusas de donde había estado y que hacía con una herida en el cuello. Yo, que siempre había sido sincera con mi familia, me veía mintiendo y por alguna razón, sabía, que esa no sería la única vez.

Después de una buena bronca por parte de mis padres, me fui a la cama, porque realmente estaba agotada. De pensar, pero más de sentir. Fue cuando comencé ya con más calma, a analizar toda la situación. Pero había algo que no lograba comprender, y era ¿por qué apuntó Fate Testarossa con aquella arma, a la castaña? Durante horas, di vueltas en la cama sin poder pegar ojo. Cuando el cansancio por fin se había apoderado de mí, y estaba a punto de quedarme dormida, me di cuenta de algo.

Al final de todo eso, Fate Testarossa me había defendido a pesar de que yo era una verdadera desconocida… ¿por qué?

~ o ~

Había pasado una semana después de todo aquello y apenas me había cruzado con la rubia de ojos carmesí.

Después de responder, durante toda la semana, a un millón de personas, lo que me sucedió en el cuello, que en realidad era todo una mentira, por fin parecía que empezó la calma. Mas no entiendo bien qué fue lo que me estaba pasando. Seguía con tantas preguntas en mi cabeza y aun así, mi corazón tuvo tiempo de exaltarse de una forma que no podía controlar por mucho que quisiera.

Ella estaba simplemente sentada, en el césped que había al lado del campo de atletismo. Esta vez, iba con una especie de camisa verde oscura, con unos galones. Era una prenda aparentemente militar.

Definitivamente Fate Testarossa no era persona de seguir ninguna regla, o tal vez sólo se guiaba por las suyas propias. Y quería, armarme de valor y acercarme. Quería saber, y preguntarle por qué. ¿Cuál fue el motivo de apuntar a su amiga sólo para salvarme a mí? La semana entera esa pregunta me había mortificado. Yo no era nadie, no era nada. Pero esa pregunta no me iba a dejar ya. Y sabía que ella nunca me respondería, al igual que no respondería a las miradas que ahora mismo me alcanzaban.

¿Por qué me mira así? ¿Qué es lo que me dice con esos ojos? Esos ojos tan rojos como un atardecer. No sólo misteriosos, sino tristes y profundos. Dolía, dolía demasiado mirarlos.

Mi mano paró en mi pecho y se apretó contra él. Y como una fugaz imagen, recordé que mis labios habían probado los suyos y de repente, y sin sentido, los deseaba. Los deseaba tanto que me iba a volver loca. Pero no era capaz de levantarme. Las fuerzas en mis piernas me faltaban, porque realmente allí donde estaba sentada, con un árbol de sombra, mi cuerpo temblaba.

Y ella, tan sólo me miraba.

Tan distante, tan diferente.

Lo más curioso es que yo por mucho que quería, no podía dejar de observarla. Algo dentro de mí me decía que no dejara de hacerlo. Y fue cuando ella se puso en pie. Se acercó a mí y con su usual silencio, hizo un gesto con su mano.

En ese momento ya estaba perdida, mi corazón iba desbocado y deseando su tacto. Tan sólo que me tocara era como viajar a cualquier universo y lo más increíble era… que nunca pensé que una persona lograría hacerme sentir así. Y deseaba ir con ella, a donde quisiera que fuera.

Pero desperté de ese sueño. Pronto me di cuenta de que lo que estaba sintiendo, era también lo más duro de sobre llevar que nunca había vivido. Era tan abrumador como devastador.

"Me gustaría que dieras un paseo conmigo." – Me dijo.

Su voz era seria y tan misteriosa como su mirada. Pensé qué podría querer de mí. Hace una semana me lo había dejado bien claro. Jamás podríamos ser amigas, y aunque yo dije que tampoco lo deseaba, sabía que dentro de mí era lo único que ansiaba.

Yuuno-kun, que hasta ese momento estaba a mi lado, hablando de algo que ya ni recuerdo, se había quedado blanco. Y al mirar a mí alrededor, me di cuenta de que no sólo él era el único que observaba con asombro, como aquella rubia me ofrecía su mano para ponerme en pie.

Al instante, olvidé todo para apoyarme en su mano y salir de allí lo antes posible. Y el dolor… mi pecho comenzó a pesar a cada paso que daba. De nuevo ella delante de mí y yo esperando a saber qué era lo que pasaría esta vez, y si de nuevo serían un mar de preguntas las que me surgirían.

Fue cuando me fijé en su pelo. Su hermoso cabello danzaba suelto y jugando con la brisa fresca del atardecer. Me di cuenta de que aun ella sostenía mi mano. Su calor envolvía la mía como si fuera un guante. Ese cálido tacto, se iba fundiendo y recorría como calambres todo mi cuerpo. La pregunta sobre todas las que me había hecho desde el día que la conocí, por encima de todas era… ¿qué me está pasando?

"Nanoha… así era como te llamabas, ¿no?"- Preguntó aún de espaldas.

Me sonrojé violentamente, cuando ella paró en seco y se giró para encararme. Supongo que esperaba una respuesta mas yo realmente, era incapaz de pronunciar palabra. Bajé la cabeza un momento y luego volví a mirar esos profundos ojos. Asentí con la cabeza, porque en verdad, que más podía decir.

"Mi nombre es Fate Testarossa, aunque sé que ya lo sabes. Tan sólo llámame Fate."-Susurró cerca de mi oído.

Ni sabía en qué momento se había acercado tanto. Y otra vez ese dolor. Mezclado con su aroma, con el perfume de su largo cabello. Era tan oscura y misteriosa que no sabía qué era lo que me estaba llevando a su camino. Mas lo había hecho. Había conseguido que tan sólo pudiera mirarla a ella y que el mundo entero desapareciera.

"Tú…"- Agité mi cabeza quitando cada pensamiento que estaba sintiendo.-"¿Qué es lo que quieres?"- Terminé diciendo, en el tono más borde que lograba encontrar entre mis múltiples reflexiones.

Aquella rubia me sonrió un momento y luego continuó caminando. Sin darme cuenta, hacía rato que habíamos salido del recinto del instituto. Estaba tan ciega que ni me percaté de ese detalle. Tal vez a ella no le importaban sus estudios, pero a mí la verdad es que sí.

Me perdería casi todas las clases de la tarde, por intentar saber qué era lo que buscaba de mí. Al fin y al cabo, ella lo dijo. No podíamos ser amigas, aunque no sé en realidad en qué sentido y por qué.

Y no sabía por qué esa simple frase, el sólo pensarla me hacía daño. Ni siquiera sé que es lo que me está pasando, y tantas preguntas acabarán por matarme sino muero antes por ir con ella.

De nuevo en el parque, paró y encendió otro cigarrillo más.

"Me puedes decir, ¿qué hacemos aquí?"- Dije con severidad, como si le estuviera ordenando contestarme.

"Fate…"- Respondió ella.

"¿Cómo?"- Pregunté sin comprender.

"Mi nombre es Fate, te dije que me llamaras así… Nanoha."- explicó.

Mi nombre en sus labios era tan embriagador escucharlo, con esa voz que podría seducir a una hormiga. Y mi maldito corazón cada vez estaba más y más acelerado.

"¿Fa… Fate-chan?"- Pronuncié.

Ella sonrió y afirmó con la cabeza. El miedo me invadía a la vez que muchos más sentimientos. Realmente Tenía miedo.

Aquella semana, no me había quedado precisamente quieta. Era tal el desconcierto que tenía dentro de mí, que comencé a investigar cosas de ella. Creía que no encontraría nada, pero para mi sorpresa, Yuuno-kun, parecía saber muchas cosas de ella y de su familia.

Después de pasar muchas horas insistiéndole por fin, me contó todo lo que sabía de ella. Supongo que mi curiosidad de nuevo hizo mella en el asunto. Quise saber más de lo que sabía y al final, en el momento en el que ahora la tenía delante de mí, me era imposible borrar de mi mente todo lo que averigüé.

Según Yuuno-kun hace mucho tiempo, Fate-chan y su hermana Alicia-chan, vivían con sus padres. Debido a un desconocido accidente ellas se quedaron huérfanas. Al parecer fue algún problema entre mafias. Todo aquello sinceramente me sonaba a una película. Mas la persona que me lo contaba, no lo pronunció en broma, precisamente. Su padre siempre dijo que se dedicaba a los negocios, pero todo el mundo sabía que era el jefe de la mafia de aquella ciudad. Los Testarossa, que era como se hacían llamar, debido a su apellido, se dedicaban a toda clase de tráfico ilegal. Drogas, armas, y más cosas que por mi perplejidad, no logré comprender.

Se supo que el supuesto accidente de sus padres, no fue otra cosa que una bomba de tiempo puesta en su vehículo. En ese momento él, su esposa Precia Testarossa, y sus dos hijas, iban a pasar un domingo en el cine. Por algún motivo que Signum desconoce, Fate-chan y Alicia-chan, no subieron ese día al vehículo. Esa parte Yuuno-kun no la sabía.

Alicia-chan, quedó tan impactada que acabó demente. Al parecer ella no ve la realidad tal y como es, e imaginariamente, inventa que vive una vida normal y corriente, cuando en la puerta de su habitación prácticamente viven dos guardas, que la vigilan continuamente. También un equipo médico y un despliegue de todo tipo de soldados de élite, que en realidad no son sino simples mafiosos como los padres de Fate-chan, vivían en el sótano cuidando de las dos.

Las niñas, aún tenían nueve años cuando todo esto pasó. Así que por el momento el mando de toda la banda, lo tomó Signum, el brazo derecho del padre de Fate-chan. Pero ella, estaba aprendiendo rápido a manejar todo tipo de situaciones. Seguirían con su trabajo habitual, lo cual me parecía una locura.

Fate Testarossa, sería la líder de toda esa banda de asesinos, porque estaba claro que no tenían otro nombre.

La parte más espantosa fue la gente que puso la bomba en el coche de sus padres. De su gran facción nació otra, que eran los que nunca estuvieron de acuerdo con las decisiones que se tomaban, ya que querían sacar más dinero con el 'negocio'. Esta otra facción se hizo llamar los Yagami.

Algunos de ellos, fueron los que conocí aquella noche. No sólo eso, sino que Hayate, la castaña, era la hija del jefe de esa banda. Hayate, nunca ha estado de acuerdo en ir contra los Testarossa.

Las bandas funcionan como si fueran una gran familia, de ahí que el chico de la moto, reclamara a Hayate como su hermana, aunque en realidad no la era y pese al parecido de sus ojos. Simplemente es la hija del jefe que por algún motivo, no quería pertenecer a esa familia. Ya que aun siendo pequeña, ella junto con Fate-chan y Alicia-chan, jugaban juntas y eran amigas de toda la vida.

La tristeza comenzó a invadirme cuando me enteré de que Alicia-chan, dentro de su extraña locura, tenía tendencias suicidas y Fate-chan, ya no sólo tendría que ocuparse de todo en un futuro no muy lejano, sino también de cuidar de su hermana, que era tan frágil como una luz que se quiebra poco a poco.

Tal vez, el comportamiento de Fate-chan, se debía a todo eso, ya que era una gran responsabilidad heredar todo el imperio que su padre había construido.

"Yuuno-kun, ¿cómo demonios sabes todo esto?"- Pregunté asombrada.

Él se puso aún mucho más serio de lo que estaba. Su hermano mayor, estaba metido en todo eso y su nombre era Keiko.

Casi me puse de pie al escuchar ese nombre. Su hermano se fugó de casa a los quince años, para pertenecer al bando de los Yagami. Dejó a su hermano prácticamente sólo porque aquel chico rubio de ojos verdes en realidad ante su hermano, era un debilucho que no merecía ser de su familia.

La madre de Yuuno-kun, trabajaba siempre fuera y por ende, todo el tiempo estaba solo. Su hermano Keiko, era lo único que tenía. Finalmente, éste se fue dejándole en total soledad.

Por ese motivo, ahora temblaba frente a aquella mujer de pelo rubio, que me miraba con una media sonrisa. Mi mano aún sostenida por la suya comenzaba a temblar.

Y su sola presencia me estaba hipnotizando.

"Nanoha… prométeme que jamás cederás a ella. Es una mala persona, tanto ella como mi hermano, han sido crueles y déspotas con todo el mundo. Por favor, no te dejes llevar a su terreno. "- La voz de Yuuno-kun retumbó en ese momento en mi cabeza. Aquello fue lo último que me dijo después de que me lo contara todo.

Sin darme cuenta, estaba casi rompiendo una promesa, y yo no sabía si podría pararlo.

Realmente… yo creo que, después de toda esta semana, viéndola pasar por mi lado. De las miradas, de los latidos de mi corazón, del miedo que me producía al tiempo que parecía derribar absolutamente todas las reflexiones que juntaba en mi cabeza, para estar en su contra y así fuera más fácil para mí alejarme de ella. A pesar de todo aquello, tan sólo su presencia era capaz de tirar por el suelo, todo lo que yo intentaba levantar.

"¿Por qué?"- Pregunté sin pensar.

"¿Por qué? ¿Qué?"- Contestó ella.

"¿Por qué me has traído aquí? Tú y yo no tenemos nada que ver. No hay nada que nos una."- Aclaré con las pocas fuerzas que me quedaban.

Sentía que si la seguía observando ya no podría tener control sobre mí misma.

"Te lo dije, tan sólo me apetecía pasear contigo."- Dijo mientras se aproximó una vez más.-"Realmente me pareces una chica preciosa."-Susurró suavemente en mi oído.

Intenté mantenerme firme y ella pareció que lo había notado.

"Quería saber, si lo que ocurrió la otra noche, lo habías comentado con alguien… ¿tal vez con tu amigo Yuuno?"-Explicó volviendo a ponerse a una distancia normal y con un tono de voz algo amenazante.

Aquello me hizo temblar de verdad. Pues claro que se lo había comentado, él era mi amigo, y para que me contara su historia le tuve que decir aquello, porque sino, no le hubiera convencido.

"No."- Dije rotundamente.

Era lógico que no se lo dijera. Ella me miró un momento, pensativa. Pasó la mano por su barbilla y su rostro se oscureció.

Sin más me agarró del cuello y me empujó contra un árbol que había tras de mí. No cabía en mi asombro.

"¿Qué… haces?"- Pregunté asustada.

"¿Me vas a decir la verdad? ¿O prefieres tener un accidente? Ya te lo dije una vez, este no es el país de las maravillas y nadie te salvará."-Susurró con una voz ronca y aterradora.

Me maldije una vez más, porque aunque estaba horrorizada, justo antes de eso, me había dado cuenta de algo que jamás había sentido.

Yuuno-kun, ya me lo había avisado. No podía creerlo… yo que siempre creí que todo podría controlarlo y ahora esto.

Porque a pesar de todo el daño que ella ahora mismo me hacía, tanto físico como con sus palabras, la verdad es que yo… yo…

Me he enamorado de ti, Fate Testarossa.