Sabía que tendría que hablar de Lex Luthor desde que Snyder escogió a Eisenberg. Simplemente me encanta

D,8


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Otra mañana en la residencia Luthor

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Lex Jr. es un niño pequeño para su edad, delgado, pálido, de aspecto enfermizo. Es tímido, callado y muy inteligente, lo han diagnosticado con lo que iría a nombrarse en años posteriores como Déficit de Atención aunque la escuela le queda corta para su coeficiente intelectual. Es el sistema educativo que pese a ser de alto nivel, prestigioso y elitista, no cubre la avidez de Lex. Él es astuto, para nada tonto, pero es muy callado y engreído. Su personalidad arrogante y nerviosa lo hacen torpe y descuidado. Su padre odia estos rasgos en él, Lex Sr., el hombre tras LEXCORP, elegante, filántropo, mujeriego, exitoso, poderoso, todo un industrial a la vieja escuela. Él ve a su hijo y le causa vergüenza. Cree poder moldearlo a su gusto, hacerlo a su semejanza, solo necesita disciplina, mano dura.

Al ser hijo de un billonario puede tener todo lo que quiera, pero que lo desee no significa que le será proporcionado si su padre no lo aprueba.

Le teme tanto a su padre, le odia, le respeta, y nunca le dice lo que le sucede, si lo molestan en la escuela, si necesita una figura materna, si se siente solo; su padre lo vería como debilidad y optaría por disciplinarle. Lex prefiere ahorrarse los golpes porque en efecto, sin eufemismos, la disciplina de su padre era así, por medio de golpes.

Cuando alguien le cuestiona sobre las marcas que encuentran en sus piernas o brazos, aquellas que no alcanza a cubrir el uniforme, Lex actúa grosero y patán, a la defensiva; es tan mordaz que nadie le vuelve preguntar. Nadie entiende que esta conducta es en autodefensa. No quiere verse débil porque ser vulnerable es imperdonable para su padre quién responderá con violencia, y como se ahoga en esta desesperación donde nunca consigue complacerlo es un círculo vicioso el sentirse como gusano y ser molido a patadas.

Lex se levanta temprano pese a ser fin de semana, al salir de la cama practica caminar un poco para no cojear. Toma una ducha reconfortándose con el agua caliente, busca una bandita para una rodilla. Se viste con pantalones cortos, usa sujetadores para los calcetines esperando que estos fueran más largos para ocultar un moretón, abotona la camisa, los puños, no usará corbata porque no es día de escuela, opta por un suéter. Cepilla su cabello que ha crecido hasta su mandíbula. Sus ojos son verde menta, reflejan una mirada triste, baja el entrecejo para que se vea malhumorado o enfermo pero no alicaído, si su padre lo ve le hará un comentario y si no mejora su aspecto en la noche entrará a su cuarto para hablar y saldrá dejando atrás a su hijo llorando, quizás hasta sangrando de alguna herida. Lex ya está acostumbrado aunque sabe que aquello no está bien; solo que ha vivido así desde siempre, como si todos sus privilegios tuvieran un alto costo.

Al bajar los escalones luce como si tuviera cinco y no nueve años porque lo hace saltando, parecería propio de su edad si canturreara o fuera de los chicos que jugaran abiertamente, pero Lex baja así la escalera al comedor porque le duele flexionar las rodillas y tiene marcas en la espalda que lo doblan si baja o sube escalones. Igual el impacto de los saltos duele. En el desayuno espera ver a la mesa a su padre leyendo el periódico y tomando café, su ausencia lo hace sonreír por dentro, no desayunará con él hoy. Se acerca a su lugar, los pies no tocan el piso en su silla y debe estirarse para tomar un pedazo de pan, puede escoger mantequilla o miel, le sirven huevos con tocino y una guarnición de algo que rechaza bebiendo zumo de arándanos. Tiene predilección por todo lo dulce, el azúcar de sus pocos consuelos.

El joven Lex Junior termina rápido de comer y recorre el pasillo hasta una sala donde hay caramelos en un tazón, toma un puño guardándoselos en los bolsillos, toma uno más, le quita la envoltura y se lo come. Cereza. No duda en meterlo a su boca y seguir su camino.

Tiene deberes y citas a tan corta edad, lecciones, entrenamiento, ¿Cuánto más ha de pasar para que su padre se dé cuenta que no es bueno en esgrima y que toca el oboe con la maestría de un pez soplando?

Tiene un par de horas libres antes de que llegue su instructor porque Lex parece tan frágil e imposibilitado que todo ocurre en la mansión como un ave enjaulada. Al padre le conviene porque no quiere público para las heridas que le infringe a su hijo, no debe levantar sospechas. Algún día el rigor rendirá frutos, mientras no sea así prefiere ocultar su vergüenza.

Lex mira por la ventana sentado en la alfombra de un pasillo comiendo caramelos, viendo el helicóptero de su vecino que aterriza en el jardín de al lado. Su padre también tiene uno, otro es de la compañía. Podría estar leyendo, armando por milésima vez un cubo rubick o todas esas derivaciones con otras formas geométricas, podría estar leyendo algún libro en la biblioteca o en la computadora aprendiendo uno de tantos códigos que a tan corta edad ya comprende y sabe manipular para sus primeros pasos en programación. Ese día está aburrido, solo quiere distraerse un poco.

Nada parece fuera de lo normal hasta que un pie le pisa la sombra con los ojos colgados en la ventana y un escalofrío recorre su espina. Al voltear se atraganta, el caramelo que comía es el tercero y filoso de estar saboreándolo se desliza por su esófago como si cortara. Su padre está con las manos en la espalda mirándole desaprobatoriamente.

"¿Qué crees que estás haciendo en el piso? ¿Acaso yo te enseñé esto?"

Los ojos de su hijo brillan por llanto. Ha sido incauto y pagará por ello.

No es un mundo justo. Un niño no tiene defensa contra un adulto. Si los padres debieran procurar y proteger a sus hijos al hacer lo contrario la realidad entera está de cabeza.

"Tú y yo tendremos una charla" se escucha la autoritaria voz del hombre frente a él ofendido e iracundo.

Alexander Joseph Luthor Jr. es levantado del brazo, no puede articular palabra, borra pronto una lágrima rebelde de su mejilla. Entran en el estudio de su padre. Hay una réplica de un grabado de Doré de cuando ilustró el Paraíso Perdido de John Milton, se trata de la Caída de los Ángeles rebeldes, solo que esta es una pintura, una que desde siempre ha abstraído a Lex cuando sufre irremediablemente. Ese cuadro de una guerra mítica en el cielo colgado en la pared, cuando lo odia...

La puerta se cierra. Solo se escuchará el llanto de Lex y lo apagados golpes sobre él cubiertos por un requiem que hable de alabanzas a Dios, el mismo Dios que permite que Lex viva así todos los días.

Él siempre se pregunta ¿Cuál ha sido su falta para recibir semejante castigo?

Es brutal.

Que distinta es su vida a la de otro hijo de billonarios en el mismo país, Bruce Wayne, quién corre con la suerte de tener unos amorosos padres que jamás le levantarían la mano.

Para Lex su familia es un infierno, y su padre es su única familia.

¿Llegará a adulto o a su padre se la pasará la mano un día?

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