La guía que los recibió se llamaba Konan. Su cabello era azul y corto con una delicada flor de origami adornando un lado de su cabellera. Dirigió a los alumnos por las principales áreas del edificio y les explico todo lo referente a las actividades realizadas en cada área.

Pasada media hora Deidara se sentía al borde del aburrimiento igual que Hidan. Este último le ofreció al rubio alejarse por un momento, y sin más aceptó.

Ambos se alejaron sigilosamente en dirección a lo que debería ser la cafetería y al parecer era hora de colación porque estaba casi llena. Se compraron unas golosinas y decidieron salir porque casi no había ninguna mesa desocupada. Inesperadamente Hidan se tropezó con un gran tipo, pero este lo alcanzó a sujetar del brazo.

-Fíjate por donde andas, mocoso- La voz del sujeto era muy ronca y parecía ser un alto ejecutivo.

-Fue tu culpa maldito! - recrimino Hidan, enfrentándolo con la mirada, al otro esto pareció causarle gracia.

-Soy el ejecutivo de finanzas, mi nombre es Kakuzo… deberías aprender a hablarle a tus mayores-se acercó cada vez más a Hidan, casi pegando sus cuerpos.- Si no quieres más problemas, acompáñame a limpiarme, ya que me hiciste derramar café sobre mi camisa…y para tu suerte estaba helado-. Hidan quiso reclamar pero el sujeto se lo llevo del brazo, dejando a Deidara solo.

El rubio pensó que sería mejor reunirse con sus demás compañeros y explicarle al profesor lo que sucedió con Hidan, pero al buscarlos por todo el piso no los encontró asique decidió buscar en los superiores. Cuando entró al ascensor apretó sin querer el último piso, pero pensó que podría ser divertido ver la vista que se podría disfrutar desde lo más alto.

Al bajar del ascensor se aproximó a los ventanales que le otorgaban una amplia vista hacia el horizonte, podía ver toda la ciudad, los edificios, los automóviles que parecían hormigas, las personas que no se veían y las montañas que se alzaban hacia el horizonte. Una vista digna de una postal.

Luego de disfrutar aquel espectáculo Deidara quiso refrescarse un poco, asique se encamino en busca de algún baño. El lugar era tan grande que no sabía por dónde buscar, se sentía perdido entre todo eso y no tardo en chocar con alguien.

-Vaya…- susurró el sujeto. Sus ojos miraban maravillados aquella delicada figura que tenía delante suyo. El cabello del muchacho era dorado como el oro y sus ojos parecían de zafiro.

-D-disculpe- las mejillas del menor se sonrosaron al ver la imponente figura del más grande. Su cabello azabache como la noche era exuberante y sus ojos eran como un pozo interminable que lo hacían sentir calidez y a la vez temor ante el semblante que transmitía.

-No te preocupes ¿acaso eres uno de esos alumnos que vinieron a hacer un tour?-dijo amablemente el azabache, a lo que el rubio solo atinó a asentir. –Yo soy Madara Uchiha, el dueño-respondió con cierto orgullo.

-Deidara- se presentó el menor .Madara estrechó la mano con el rubio sintiendo la suavidad de la seda en la mano del chico, mientras que Deidara sentía una calidez y protección en la mano del otro que lo embriagaba.

-¿y donde están tus demás compañeros?-preguntó Madara viendo que el chico estaba solo.

-No lo sé, solo me aleje un poco y los perdí de vista- Deidara se sentía apenado de ser tan despistado, haciendo que Madara viera su oportunidad de poder tener al rubio un poco más para él y aprovechar de conocerlo mejor.

-Ven conmigo a mi oficina, haré unas llamadas para saber dónde están tus compañeros-ofrecía Madara al rubio a lo que este acepto esperanzado.

Madara paso uno de sus brazos por el hombro del menor ocasionando que se acercara mucho a él. Podía sentir el olor varonil que emanaba el mayor, produciéndole una cosquilleo en el estómago.

La oficina era espaciosa y con sus muebles elegantes y de seguro extremadamente caros. Podía ver un gran ventanal que daba vista a toda la ciudad y ocupaba toda una muralla detrás de un gigante escritorio. De seguro Madara se sentía en la cima del mundo pensaba el rubio.

-Siéntate conmigo- Madara indico un gran sofá de cuero negro. Deidara obedeció y se sentó junto a él.

Madara estaba embobado con la vista que le ofrecía el menor, ojala pudiera tenerlo siempre con él. Era tan hermoso pensaba, sus movimientos eran delicados y elegantes y todo su ser lo embriagaba con una deliciosa fragancia. No pudo evitar poner su mano sobre el muslo del otro. El movimiento hizo que Deidara se sintiera un poco incómodo, pero por otro lado tenía que admitir la que le gustaba la atención que tenía sobre él.

-Y…dime ¿te ha gustado algo de acá, alguna ocupación que quisieras desempeñar?

-No, en realidad prefiero estudiar arte y no quedarme encerrado en una aburrida oficina de por vida-Madara no pudo evitar sonreír ante el pequeño atrevimiento del menor, pensó que tendría que persuadirlo de otra manera si quería estar más tiempo con él.

-Ya veo… ¿y qué tipo de arte es el que más te gusta?-preguntó Madara.

-La escultura es lo que más me gusta, siempre que puedo practico y quisiera convertirme en un gran escultor algún día- pronunció Deidara con una amplia y hermosa sonrisa que hizo que el mayor sintiera más deseos de besarlo.

-Que bien, conozco mucha gente relacionada con el arte, asique te podría ayudar…- Madara esbozo una triunfante sonrisa pensando que tendría la devoción de Deidara.

-Gracias, pero prefiero abrirme camino yo solo-dijo orgullosamente Deidara. –A todo esto… ¿no iba a llamar alguien para saber dónde se encontraban mis compañeros.

-Claro, claro… ahora mismo lo hago-Madara se levantó y realizo unas llamadas mientras pensaba que conquistar a Deidara no sería tarea fácil. Cuando ya le informaron donde estaba la clase de Deidara se lo mencionó a este.- Si quieres yo te acompaño a la cafetería donde están tus compañeros-

-Muchas gracias, señor… p-no alcanzo a terminar.

-Madara, dime Madara- se acercó este sigilosamente hacia el menor.

-Bueno…M-Mad-ara…ya sé el camino-titubeo Deidara al sentir cada vez más cerca la presencia de Madara. Este aprovecho la oportunidad y apreso delicadamente el cuerpo del menor entre sus brazos y ágilmente apreso sus labios con los suyos. Deidara trato de forcejear ante la intromisión del mayor, pero rápidamente se dejó llevar. Ambos se sentían plenos ante aquel contacto que al principio fue sutil, pero rápidamente se volvió más apasionado.

Los labios de Deidara se entreabrieron al sentir una de las manos de Madara posarse en su cintura y la otra en su trasero. El mayor aprovecho la oportunidad e introdujo su lengua al interior de la cavidad del rubio, comenzando leves roces entre esas dos lenguas que llevaron a una batalla entre gemidos ahogados en la boca del otro. Madara se sentía completamente excitado y empujo el cuerpo de Deidara hacia su escritorio haciendo que se sentara en el borde donde volvieron a besarse, con el menor enredando sus piernas entre la cadera del otro.

Entre respiraciones entrecortadas, Deidara volvió a la realidad pensando en la tontería que estaba cometiendo, asique con sus manos empujo el pecho de Madara para que este retrocediera y pudiera bajarse del escritorio. El mayor veía la deliciosa imagen del rubio con las mejillas sonrojadas y los labios rojos e hinchados.

-Y-yo… me tengo que ir…-dijo entrecortadamente el rubio encaminándose hacia la puerta. Madara viendo esto agarró uno de los brazos del menor, lo hizo voltearse y le dio un corto beso.

-Espero verte de nuevo- Madara dijo sonriendo, y recibió un pequeño golpe del menor en su pecho, el que rápidamente desapareció dejando a un sonriente Madara detrás.