Alegría

"Sentimiento de placer que tiene una persona cuando se produce un suceso favorable o cuando obtiene una cosa que deseaba"


3 años después


La risa de ambos resonó por todo el pasillo, los dos se apoyaron en la pared como siempre solían hacer, antes y después del regreso de Sherlock, era como una especie de ritual cuando acababan una persecución o simplemente un caso.

-¡Tendrías que haber visto la cara de Anderson! – rio Sherlock dejando apoyar su cabeza en la pared.

John se giro hacia él con una sonrisa en los labios.

-Suficiente con ver la de Donovan –respondo John sin apartar la vista de Sherlock.

-Golpe bajo, aunque siga prefiriendo ver y hacer sufrir a Anderson más que a Donovan –comento sin abandonar la sonrisa.

-No puedo creer que tengas a Anderson en una posición de favoritismo – dijo John con maldad mirándole con diversión.

Sherlock se giro hacia él con cara de susto y con una ceja levantada. John no pudo evitar reírse de esa ridícula expresión.

-Golpe muy bajo, doctor –gruño Sherlock con un brillo en los ojos que no pudo más que divertir y asustar a John – demasiado bajo, pagaras por esto.

John puso cara de interrogación pero gracias a su entrenamiento en el ejército pudo esquivar el ataque hacia su persona de Sherlock, quien para atacarle había intentado aplacarle con todo su cuerpo.

John se escabullo rápidamente deslizándose por debajo de la axila de Sherlock y salio corriendo escaleras arriba.

-¡No habías contado con un detalle! –exclamo John en su huida, Sherlock le pisaba los talones detrás de él - ¡Soy escurridizo!

-¡Lo que eres es bajito John! –oyó decir a Sherlock detrás de él.

John corrió hasta la sala donde podría esquivar a Sherlock y con suerte placarle el mismo. Entro por la puerta frente a la escalera directo a la sala y preparado para su ataque.

-No soy bajito, lo que pasa es que tú eres condenadamente alto –gruño John ofendido dándose la vuelta.

Cuál fue su sorpresa de que Sherlock no le había seguido. John se quedó mirando la puerta por donde había entrado extrañado y antes de que pudiera ponerse de nuevo en guardia la figura de su amigo apareció por la cocina yendo rápidamente hacia él.

Sherlock se precipito contra él y ambos acabaron en el suelo.

-No deberías bajar la guardia soldado –dijo Sherlock con chulería.

John le miro mal antes de darse cuenta de que aunque Sherlock le tuviera preso entre él y el suelo sus manos seguían estando libres.

-Y tú deberías asegurarte de que tu preso está perfectamente controlado–le respondió John lamiéndose los labios.

Sherlock le miro a los ojos, y por tan solo un momento su mirada se torno confusa y sus ojos bajaron hacia los labios de John, tan solo un segundo, pero John lo capto y antes de siquiera pensar en el porqué de esa acción, coloco sus manos en la cintura de Sherlock y con fuerza rodo hacia la derecha dejando a Sherlock debajo de él.

-Y tampoco deberías distraerte –sonrió John.

Sherlock no le dijo ni una palabra, tan solo se le quedo mirando fijamente. John se sintió incomodo, de repente recordó en qué posición estaban y que cuerpo estaba presionado con él suyo.

-Creo…creo que debería irme a dormir –murmuro John perdiendo la sonrisa.

Sherlock asintió sin dejar de mirarle con los ojos entrecerrado.

-Bien, correcto –murmuro John para sí poniéndose de pie.

-Buena jugada John –comento Sherlock levantándose también –pero la próxima vez te ganare.

John le miro con sarcasmo.

-Deja que lo dude – jugo John con malicia, Sherlock rodo los ojos y se alejo hacia la cocina – Y tú también deberías dormir, este caso nos ha llevado dos días y no has dormido en ningún momento de ellos –le advirtió colocándose las manos en las caderas.

-Eres peor que mi madre – se quejo sentándose en su taburete de la cocina.

John puso los ojos en blanco.

-Buenas noches, entonces.

-Buenas noches John.

John asintió, pero Sherlock ya no le miraba ni le hacía caso. Con un suspiro se dio media vuelta y subió a su habitación. Había sido un mmento extraño.


Un pequeño rayo de luz se coló por sus ventanas despertándole, John gruño un par de veces y se froto los ojos con disgusto.

Se dio la vuelta hacia su reloj de la mesilla, macaba las 9:23h, no era muy pronto pero tampoco era muy tarde, John se dio la vuelta intentando volver a dormirse, al fin y al cabo era sábado.

Pero cuando lo hizo se dio cuenta de la rosa roja que descansaba en su almohada. John la miro con sorpresa, más por no recordar que día era que por encontrar la rosa.

A lo largo de esos tres largos años en los que Sherlock había estado "muerto", siempre, cada 14 de febrero había aparecido una rosa roja en su almohada. Pero desde el regreso de Sherlock, hace eso de dos meses, John no había vuelto a pensar en ellas.

Con cuidado John cogió la rosa y se la llevo a la nariz como siempre hacia, aspiro el perfume de la rosa fresca y sonrió en un suspiro.

Aunque ya sabía de su significado, John, meses despues de haber encontrado la primera rosa y despues de ver que no podia quitarselo de a cabeza, lo había buscado en internet para cerciorarse, y siempre había aparecido el mismo resultado."La rosa roja significa amor pasional, te amo, felicidades, un trabajo bien hecho, valentía". También había leído que un amigo perfectamente podía regalársela a otro en señal de respeto.

Esto último había conseguido contraer el corazón de John y le dio una prueba más de los sentimientos que tenía hacia Sherlock. Y así como así, unos dos meses después de la primera rosa, John se dio cuenta de que se había enamorado de Sherlock, y durante todos esos años su cuerpo, su mente y su corazón se fueron acostumbrando a ello, hasta que paso a ser algo natural.

Pero ahora, con una nueva rosa en las manos y con la presencia de Sherlock en el piso de abajo solo conseguía ponerle incomodo. Se sintió paralizado, sin saber cómo actuar. Miles de dudas le asaltaron. ¿Y si no era Sherlock quien le dejaba rosas?

-John Watson no seas un maldito cobarde –se regaño asimismo en voz alta.

Tenía que acabar con esto de una vez por todas, lo necesitaba.

Con decisión se levanto de la cama sin molestar en vestirse y sin soltar la rosa bajo como estaba, con una camiseta de manga larga pero con solo unos bóxer rojos.

Encontró a Sherlock en la cocina, perfectamente vestido, sin la chaqueta, tan solo con la camisa morada remangada hasta los codos. Se inclinaba hacia el microscopio demasiado concertado como para notar la presencia de John en la habitación.

John sonrió y con decisión se acerco hacia él. Sus mejillas eran demasiado tentadoras como para no inclinarse y darle un beso, así que eso fue lo que John hizo. Con rapidez se inclino, coloco sus labios contra la mejilla fría de Sherlock y le dio un beso.

Sherlock se paralizo debajo de él, John se permitió quedarse unos segundos contra su mejilla disfrutando de su tensión antes de separarse con satisfacción.

-Gracias –susurro John.

Sherlock parecía volver a la tierra y se giro hacia él con un miedo en los ojos que solo consiguió asustar a John.

-¿Te gusto entonces? –pregunto con voz ronca.

-Cada una de ellas –le aseguro John intentando normalizar su respiración, había ido muy seguro y ahora su corazón le estaba jugando una mala pasada latiendo fuertemente.

Sherlock se lamio los labios y asintió.

-No lo sabía con certeza, nunca las mencionaste.

-He estado muy ocupado desde tu regreso y cuando entraste por la puerta los tres años se borraron de mi cabeza –le dijo John tragando saliva.

-Eso no evito el puñetazo que me diste –comento Sherlock con disgusto.

-Te merecías más de uno –gruño John olvidándose por un momento de la rosa.

Sherlock asintió dándole la razón.

-Bien –murmuro John - ¿Por qué?

-¿Por qué, qué? –repitió Sherlock confundido.

John suspiro.

-Las rosas, porque me las regalas –le aclaro John tragando saliva.

-Pensé que era obvio –contesto Sherlock frunciendo el ceño.

John le miro y frunció también su ceño. Obvio, era obvio, pero lo obvio para Sherlock no siempre solía coincidir con que era obvio para las demás. Le preguntaría, decidió John, una pregunta sencilla y directa como le gustaban a Sherlock.

-¿Puedo besarte? – pregunto al fin.

Sherlock abrió los ojos y le miro con la boca un poco entreabierta. John espero intentando no retirar su mirada de él.

-Si – contesto Sherlock sin apenas mover la boca.

No tuvo que decir nada más, tampoco hubiera podido ya que la boca de John ataco la suya sin apenas delicadeza y sin apenas preocuparse del oxigeno.

John le beso, le beso como había soñado desde hacía años y cuando Sherlock respondió con esa timidez pero con decisión una inmensa alegría nació en su pecho haciéndole dejar soltar un pequeño gemido que tan pronto salió de su labios Sherlock lo atrapo con los suyos.

La rosa se deslizo de los dedos de John y cayó al suelo, pero ninguno se dio cuenta. Las manos de John atacaron las caderas de Sherlock arrastrándole más cerca de él, Sherlock abrió las piernas para poder rodear la cintura de John y sus manos volaron hacia el pelo de John.

-Sherlock –le llamo John entre besos, Sherlock había tomado el control tan pronto como sus manos habían estado en su cabeza – ¿Solo quieres un beso, o quieres más? –le pregunto John consiguiendo separarse de él.

-Más –exclamo Sherlock escondiendo su cabeza en el cuello de John – quiero mucho más John.

John asintió con la cabeza dejándose un segundo para recuperar el aliento. Deslizo las manos por la espalda de Sherlock y lo apretó más contra él.

Sherlock jadeo contra su cuello y comenzó a besárselo siguiendo un camino por su mandíbula. John suspiraba con los ojos cerrados, tener a Sherlock e esa posición con sus labios contra su cuello y su evidente erección contra la creciente suya era demasiado.

Sin esperar más John bajo las manos hacia el culo de Sherlock, oh dios cuanto había esperado aquello, y bajándolas un poco más lo agarro lo suficientemente como para alzarlo en el aire.

-Habitación –gruño John tranquilizando a Sherlock.

Sherlock asintió y se traslado a la boca de John dejándose llevar por él. Con facilidad John los dejo caer a ambos en la cama de Sherlock.

En ningún momento dejaron e besarse, y con una habilidad casi sorprendente John consiguió quitarles la ropa a ambos sin apenas romper el contacto.

El primer roce de sus penes les hizo jadear boca contra boca. Ambos estaban lo suficientemente lubricados de manera natural que cuando John bajo su estomago presionándose contra Sherlock ambas erección se frotaron con extrema facilidad.

-John… -jadeo Sherlock, sus piernas seguían rodeando las caderas de John empujándole hacia el cada vez que necesitaba un mayor contacto- más rápido… más…

John gimió estando de acuerdo, abandono la boca de Sherlock para dirigirse a su cuello y ayudándose con sus pies, los cuales estaban apoyados en el suelo, se movió más rápido.

La habitación se lleno de gemido que ya no iban a parar a la boca de cada uno, y no más que unos segundo después Sherlock vino en un jadeo sordo. John le siguió después de un par de movimientos más y se desplomo encima de él.

Sherlock con su respiración entrecortada le soltó las caderas y lo abrazo fuertemente, rodeándole por la espalda.

-Supongo que no hace falta que te diga que te amo –comento Sherlock deslizando su manos por toda la espalda de John.

-Lo acabas de hacer- sonrió John con alegría.

-Cierto –murmuro Sherlock – te amo – dijo como saboreando las palabras en su boca – creo que suena bien, me gusta. Te amo –repitió.

John rio dejándole un beso en el pecho.

-Yo también te amo.

-Obviamente.

-Supongo que no debería resaltar lo obvio –comento John.

-No, no, me gusta, me gusta cómo suena –le respondió Sherlock con voz extraña.

-Te amo, te amo, te amo, te amo –le repitió John con una sonrisa tonta.

-Tampoco hay que pasarse –se quejo Sherlock arrugando la nariz.

John rio y dejo su cabeza descansar en el hombro de Sherlock, se tenían que limpiar, pero prefería quedarse así, así para siempre.

-Feliz día de San Valentín, Sherlock.


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