Midnight City
Lo único en lo que Jade pudo pensar desde que salió de ese salón era que Victoria Vega era una bruja, una sacerdotisa vudú, una hechicera, hipnotista o algo parecido, porque no había otra explicación para cómo la había sometido sin que ella pusiera un poco de resistencia.
¿Cómo había permitido semejante atrevimiento de una insignificante chica? ¿Por qué no había tenido la voluntad para detenerla? No, no había otra justificación.
¡Era una bruja!
Tori, por el contrario, parecía la dulce e inocente chica de siempre. Atendió sin problema al resto de sus clases del día como si nada hubiese pasado.
Pero ¿cómo? ¿Cómo podía estar tan calmada? ¿Había sido momentáneamente poseída por un demonio o qué? Porque la virginal Tori Vega jamás habría podido acercarse así a alguien, mucho menos a ella.
Para cuando la gótica llegó a su casa ya era un manojo de nervios. Había estado mentalmente ausente durante las dos últimas horas de clases e ignorado la conversación de su novio en el camino a casa. Lo único que ocupaba su mente era la imagen de su compañera sentada al otro lado del aula, mirando a la pizarra y acariciando sus labios inconscientemente con aquellos dedos que la habían tocado a ella justo antes.
"Esto no puede volver a suceder", pensaba Jade mirando al techo de su alcoba. "¡Yo tengo que dejarle muy claro que a mí no puede dominar así! ¡Que yo soy la que impone las reglas! ¡Que a mí nadie me toca sin mi permiso! ¡Sin que yo lo pida!"
Encerró con furia sus dedos haciendo puño y golpeó el colchón con toda la fuerza que pudo, pero nada era suficiente para calmar su frustración.
—¡Ajjj! —protestó gritando.
—¿Qué te pasa ahora? —le preguntó su madre entrando por el pasillo.
—¿Qué haces aquí tan temprano? —le respondió Jade enderezándose apoyada en sus codos.
—Son las seis de la tarde, hija. Acabo de llagar del trabajo.
—¡Las seis!
—Sí, ¿estás bien?
—Sí, sí —le contestó volviendo a su posición inicial.
—¿Ya hiciste tu tarea?
—No tengo —le mintió. Lo que no tenía era intensión de abrir un libro hasta descifrar lo que había sucedido y por qué.
—Algo te ocurre —insistió la mujer reclinándose en el marco de la puerta mientras observaba a su hija.
—¡No!
Su madre no era tonta, ni se dejaba convencer tan fácilmente. Sabía que su hija hablaría eventualmente, por lo que la esperó allí, sin moverse.
—No te vas a ir, ¿no? —le preguntó al sentirla observándola.
—¿Solo dime qué pasó, Jade?
—Nada… —respondió ella dejando unos minutos pasar, pero al ver que su madre estaba empeñada en no dejarla en paz, se decidió a soltar lo que tenía atorado en el pecho—. Mamá —inició la chica—, ¿cómo… detienes a alguien que te está molestando?
—¿Perdón?
—Sí, ya sabes. Si alguien se te acerca y hace algo que no quieres, ¿cómo lo detienes?
—¿Alguien te hizo daño… a ti?
—¿Qué? ¡No! —respondió Jade viendo la cara preocupada de su madre. Suficiente tenía ya con su propia angustia como para que su madre hiciera alboroto si se enteraba de la verdad—. Me refiero a ¿cómo detienes a alguien que te fastidia? ¿Cómo alejas a alguien que no quieres cerca?
—Fácil, hablas con ellos y les pones límites.
—Ajá, súper fácil.
—Mira, Jade —empezó a decirle su madre sentándose a su lado—. Las palabras son el arma más fuerte que un ser humano tiene. Debes aprender a pedir lo que quieres y demandar el respeto que mereces —le dijo recibiendo un rodeo de ojos de su hija—. Me escuchaste bien y no hace falta que le des un golpe —advirtió la mujer, recordando las tantas veces que la llamaron para reclamarle su comportamiento violento—. Dime, ¿quién es esta persona que te está molestando que no reaccionaste como siempre lo haces?
—No es nadie. Solo una chica de mi salón —respondió Jade sin especificar un nombre.
—¿Y qué la hace tan especial para que no hayas… explotado?
La gótica suspiró con pesadez y soltó un simple:
—No lo sé.
—Bueno —dijo su madre—, ya lo descubrirás.
La mujer se levantó y antes de salir de la habitación regresó a ver a su vencida hija y le preguntó:
—¿No ibas ir con Beck a ese festival de gente deprimida?
—No, lo cancelé… —le respondió sin protesta a la forma despectiva con la que se había referido a su subcultura favorita.
—¡Vaya! —exclamó su madre sorprendida—. Todavía es temprano, ¿sabes?
—¿Para qué? Ya no quiero ir.
—No hablo de tu festival, me refiero a que levantes la colita de esa cama, te tomes un café bien cargado y vayas a resolver tu problema con esa chica.
—¿De verdad crees que debería hablar con ella?
—Hija, la única forma en que la gente puede escucharte, es si lo dices en voz alta —le recomendó la mujer y volviendo a entrar a la alcoba, jaló a su hija del brazo y la obligó a ponerse de pie.
—Vete ya y resuelve esto, que no me gusta verte así.
Su madre tuvo que llevarla a empujones hasta la cocina, pero una vez que bebió un pequeño expreso ultra cargado, tomó las llaves de su auto y salió decidida a seguir sus consejos. Aunque cuando llegó a la casa de los Vega le costó unos buenos veinte minutos dar un paso fuera del vehículo.
—¡Listo, hagamos esto! —se dijo a sí misma.
Dio dos respiros profundos, bloqueó mentalmente la impotencia que todavía sentía por lo de la mañana y, con paso decidido, llegó a la puerta; sin siquiera golpearla, giró el picaporte y entró. La mala costumbre de la familia de dejar abierta su casa, le había favorecido en esta ocasión.
La sala y la cocina estaban vacías. Tampoco se escuchaba a la insoportable de Trina gritar, lo que quería decir que, o la casa estaba completamente vacía, o Tori estaba sola en su alcoba.
Jade dio otro fuerte respiro y subió caminando directo al cuarto de su compañera. Mas ella no parecía estar allí.
"Genial", pensó dándose por vencida.
Con lo mucho que le había costado hacerle caso a su madre y, todo ese desgaste de energía, no había servido para nada. Estaba por dar media vuelta para regresar a su casa cuando escuchó a Tori llamar a sus espaldas:
—¿Jade?
La morena acababa de salir del cuarto de baño cubierta apenas con un camisón de franela que le llegaba peligrosamente por debajo de su cola. Sus piernas completamente descubiertas, su cabello mojado del baño que acababa de darse y sus labios rojos e hinchados por la temperatura del agua.
—¿Qué haces aquí?
—Emm… yo… amm… —Jade no supo qué decir mientras la observaba.
—Aja… ¿Y vas a hablar pronto o debería sentarme a esperar?
Ahí estaba, esa actitud que Jade había notado en la mañana, esa que no pudo detener y se convirtió en esa invasión que ahora la tenía así.
¡No más!
Esta vez no lo permitiría.
—Vine a advertirte que, lo que sucedió entre nosotras, no va a volver a pasar.
—¿Lo que sucedió? —le preguntó Tori fingiendo demencia.
—¡Basta, Vega! Sé que lo recuerdas. ¿Cómo no lo harías? No te hagas la idiota.
—No tengo idea de qué hablas —se mofó la latina caminando como si nada hacia su tocador.
—¡Por supuesto que sí! —protestó la gótica—. Y déjame decirte que lo que sea que me hayas hecho para impedirme pelear contigo hoy, no va a volver a funcionar.
—¿Lo que yo te hice para qué, perdón? —le preguntó Tori volteando para verla.
—¡Ya sabes, tu… tu hipnotismo o brujería o lo que sea que me hayas hecho!
La latina le sonrió con gracia y, lentamente, caminó hacia ella. Al parecer, a su compañera le había costado mucho superar su encuentro y nuevamente le daba la oportunidad de tomar ventaja.
Jade comenzó a sentir la amenaza de su cercanía y dio dos pasos atrás, topándose con el filo de la cama, lo que la obligó a detenerse.
—Te refieres a —susurró coquetamente—… esto —concluyó Tori, colocando suavemente las manos sobre su cadera.
"¡¿Cómo diablos lo hizo otra vez?!", pensó Jade.
—Olvídalo Vega, no va a funcionar —le advirtió.
Pero la latina sabía que todavía podía presionar un poco más a la confundida chica que tenía en frente e inició un viaje en dirección vertical con sus manos, pasando por detrás de su espalda baja hasta cubrir a palma entera cada una de sus nalgas. Jade aún llevaba puesta aquella falda negra que había sido su cómplice en la mañana y Tori planeaba en sacarle el mayor de los provechos.
—Dime, Jade —le dijo mirándola fijamente a esos ojos azules—. ¿A Beck le gusta tu cola?
—No le digas cola no me gusta esa palabra.
La latina rió y se corrigió.
—¿Tus pompis?
—No soy un bebé.
—¿Tus… posaderas?
—¡Nalgas!
Tori no repitió esa palabra. Tan solo le sonrió, dándose cuenta de que, por más protesta que Jade quisiera poner, no hacía nada para quitarle sus manos de encima.
—¿Sabes? Si yo fuera él —inició la morena nuevamente—, te daría vuelta aquí mismo y te quitaría esas diminutas bragas, te empujaría contra el colchón y…
—¿Y qué? No tienes lo que se necesita para hacerme nada.
—¿Eso crees? ¿Que no puedo hacer que tu piel se contraiga del placer que te daría? ¿Que no puedo obligarte a soltar los gritos más extasiados que has dado en tu vida?
Con-ge-la-da.
Así se quedó la gótica al escuchar aquella declaración. Su mente vacía de respuestas que dar. Sus extremidades inútiles ante la falta de pensamiento y reacción.
Idiotizada es lo como la tenía, no hipnotizada.
Tori sin dudarlo un segundo o despegar su contacto visual, alzo la falda descubriendo la semidesnudez de su compañera. Introdujo un dedo de cada lado en esa ropa interior y la bajó apenas para liberarla y dejarla caer al piso, sin encontrar un ápice de resistencia.
Sus manos volvieron a subir hasta sus caderas, acariciando la mayor cantidad de piel posible y en un acto muy hábil, colocó a su compañera sobre la cama, posicionándose sobre ella.
—¿Alguna vez has besado a una mujer, Jade? —le preguntó sin recibir respuesta—. Eso es bueno, así te acordarás muy bien de quién te dio el mejor beso de tu vida —le susurró antes de juntar sus labios con delicadeza.
La humedad de su lengua no tardó en entrometerse acariciando esos labios rojos y carnosos, buscando a su contraparte. Jade tan solo cerró los ojos y dejó que las cosas sucedieran, sin entender qué estaba pasando o por qué se le hacía imposible negarse.
La tibieza de ese beso la estaba entorpeciendo cada vez más. Un hormigueo inició en su nuca y bajó por su espalda hasta invadirla por completo.
Quería más, quería probarla, quería saber qué le pasaba, pero no quería detenerla, no quería dejar de hacerlo.
Tori, sin embargo, no estaba dispuesta a terminar ahí. Rompió el beso con la misma suavidad y comenzó a bajar por su cuello.
—Cambiaste de perfume —le comentó al percibir su nuevo aroma—. Este es más cítrico, pero combina muy bien con lo dulce de tu piel.
Terminó esas palabras y volvió a dejar un camino de besos en dirección al sur.
—Me encanta el color de tu piel, ¿sabes? Tan blanca, tan pura y transparente…, como tú.
Dicho esto se posicionó justo en medio de esos dos montes cubiertos por la tela verde de su remera de mangas largas y continuó besándola hasta el ombligo.
Sin preguntar bajó sus manos hasta el filo de la falda y se introdujo por su vientre, alzando la tela verde casi hasta el cuello.
—Apuesto a que son rosados —mencionó sin más explicaciones y procedió a bajar ese corpiño de encaje negro hasta el borde inferior de sus senos, descubriéndolos.
Una sonrisa pícara acompañó esa victoria.
—Lo sabía.
Jade volvió a cerrar sus ojos al sentir como el frío cabello húmedo de su compañera caía en su pecho.
Tori abrió sus labios y con todas las ganas que había reunido y besó uno de esos rosados pezones, sintiendo como se endurecía con cada toque que su lengua le daba.
—Beck debe disfrutar muuucho de esto —le dijo continuando con el otro.
Jade no podía emitir sonido alguno que no fueran sus constantes suspiros y gemidos. Las sensaciones que Tori le estaba dando eran inexplicables, imparables, completamente excitantes y le estaban haciendo perder la razón. Pero nada se compararía a cuando sintió una plácida humedad justo en su centro.
Sabía que Tori estaba navegando su cuerpo, que le había dicho un par de cosas más, pero nada de eso fue procesado por su cerebro hasta ese momento.
Sintió que despertaba repentinamente para encontrarse rendida ante un placer sin igual. No había nada más suave que esos labios sobre su piel, no había nada más terso, más perfecto que ese movimiento que la atraía y la soltaba haciendo su cuerpo arder. Poco a poco fue sintiendo la tensión que las manos morenas de Tori ejercían sobre sus piernas atrayéndola más a su boca y sin pensarlo explotó de éxtasis cuando la lengua de su contraparte siguió en linea vertical hacia su entrada.
¿Qué vendría ahora? Tori realmente no estaba equipada para lo que debía seguir, ¿pero importaba? Todo lo que había hecho hasta el momento ya compensaba la totalidad de su corta vida sexual.
De repente, las manos que la rodeaban la abandonaron y pronto sintió ser separada ligeramente por las yemas de sus dedos. Tori buscaba un mejor acceso para lo que estaba por hacer.
Dicen que el tamaño no importa, sino la técnica, la forma, el saber cómo hacer las cosas y aquella latina sabía cómo desbaratarla a la perfección.
No le bastó más de algunos movimientos muy bien ejecutados con la punta de su lengua para tenerla temblando sin control.
Finalmente un gemido casi desesperado le avisó que había logrado su cometido y fue regresando lentamente hasta aquella posición inicial, buscando esos ojos azules que repentinamente parecían más oscuros por la dilatación de sus pupilas.
—¿Recuerdas mi sabor? —le preguntó Tori sin esperar una respuesta—. Ahora recordarás el tuyo.
Así nada más la morena volvió a besarla, con la misma sutileza de hace unos minutos y fue gustosamente correspondida.
Definitivamente Jade se había dejado llevar de una forma que no lograba entender, que no tenía sentido, que no podía procesar con lógica. Y ese sabor, su sabor junto con la suavidad del de su compañera, se sentía como el mejor premio.
—¡Tori, ya llegamos! —Escucharon ambas a o lejos. Eran los padres de la latina.
—¡Gracias por la información, mamá! —respondió Tori con un grito, separándose unos centímetros de Jade, a quien esas pocas palabras le bastaron para realmente darse cuenta de lo que había sucedido. Entró en conciencia e hizo a un lado a la morena de un solo empujón. Se acomodó rápidamente su ropa, se colocó sus bragas y caminó apresurada hasta la puerta.
—¡Esto no va a volver a suceder, ¿entiendes?! ¡Aléjate de mí, Vega!
Tori no pudo evitar reírse de aquella declaración y se acomodó sensualmente a lo largo de la cama.
—Lo que digas, Jade.
La pálida chica decidió no discutir más. Bajó con prisa las gradas hasta la planta baja y, sin notar a ninguno de los presentes, se dirigió a la puerta, saliendo de la casa de los Vega sin intención de regresar.
Nota:
Espero que les haya gustado el capítulo de hoy. Gracias a todos por sus comentarios, como ya es el clásico, vamos ahí:
Driwling: Gracias por tus palabras, es un shortfic, pocos capítulos, pero espero que los diviertan. Espero pronto regresar con otro fic diario o semanal ya más grande. Tengo varias ideas. gracias a ti por leer y muchos saludos.
VBJTDEPT: Pues aquí está el siguiente, espero que te haya gustado. Saludos y gracias por leer.
Guest: Yo no creo en eso de pasiva y activa, aunque en este caso, sí, muy pasiva Jade, pero ya iremos descubriendo el por qué. Gracias por leer.
LittleRock17: ¡Pequeña roca! Nadie es tan frío por dentro… XD. Según recuerdo tu eres muy fan de Jade, así que veo por qué la sorpresa. Pero espera, espera que tengo pensadas cosas muy divertidas. Gracias por leer, saludos.
pumuky13: Este fic si que tendrá mucho picante. Así que a preparar el paladar. Gracias por leer y suerte.
SweetDreams: gracias por leer y por la carita.
Elizabeth von Lahnstein: Para saber qué onda con Jade todavía vamos a tener que esperar un poco, pero espero que se diviertan con los capítulos hasta eso. Gracias por leer y suerte.
Marilinn: Siempre me ha gustado una Tori más atrevida, así que esta es la oportunidad de explotarla un poco, ¿no crees? Espero que te gusten los capítulos. Gracias por el review y suerte.
erivip7: ¡Oh! que bueno volver a saber de ti. La verdad es que esta idea se me vino muy fuerte con Tori tan fuerte y Jade tan débil al enfrentarse a ella. Tenía que escribirlo. Gracias por el review y mucha suerte.
elli: Creo que vamos a descubrir muchas cosas de ambas en este fic. Espero hacerle justicia a sus personajes y que les guste a ustedes. Gracias por leer, suerte.
M Jazive: Gracias por leer y espero que lo disfrutes. Este seguirá por unos capítulos más, espero tener más tiempo para otras historias. Suerte hoy y un buen día.
Gracias a todos los que leen y nos vemos mañana.
