-Fragile-
Hermione dejó la mente de Malfoy, sintiendo una congoja en su pecho cerró sus ojos con fuerza, para retener las lágrimas que le quemaban las retinas. No vio el mercurio líquido en la mirada desorientada de Malfoy.
La claridad de la habitación encegueció al rubio, que bizqueó varias veces para adaptarse a la brillantez del lugar. Debía estar muerto, y el infierno debía ser un lugar muy miserable. Flexionó los dedos de su mano, y sintió la tela de una sábana cubrirlos. Observó a su alrededor, tratando de ubicarse en su nuevo estado post mortem, no parecía el infierno, era demasiado blanco y puro para serlo. Tampoco era el cielo, estaba seguro, él no merecía el cielo. Bajó la mirada a su cuerpo, lo sentía extraño. Observó su muñón derecho, allí donde debía estar su antebrazo no había nada más que un pequeño moretón. Y una mano, descansaba sobre la sabana donde abajo debía estar su brazo.
Con sus ojos siguió la manga verde lima de la túnica, una sanadora, pensó. Hasta su hombro, donde una maraña salvaje y castaña captó su atención. Aquello era raro, en el infierno no había sanadores, en el infierno no había sanadores con el cabello de Granger. O quizás, si. El infierno era el lugar ideal para que ella fuera su sanadora. Un detalle que no había notado ahora le llamaba la atención, entre los finos dedos de ella, aquellos que descansaban a su lado, estaba su varita.
Ancló sus ojos a su rostro, parecía estar dormida, agotada, su rostro ya no era el de una adolescente de 18 años, como la última vez que la vio, en su juicio. Había unas finas líneas decorando el final de sus pestañas, a un lado de sus labios, la evidencia de la risa se tatuaba en su piel. Su ceño siempre fruncido, ahora estaba liso y yermo. Cruzo su única mano, por sobre su abdomen, acariciando la punta de la varita cuidándose de no tocar sus dedos.
Si este era el infierno, el muy cabrón era bueno, pero si no lo era, esta era su última oportunidad de finiquitar su existencia. Comenzó a deslizar la varita con sus dos dedos, lejos de la mano de la castaña. Muy lentamente. Pero resbaló y rodó de la cama al suelo. Instintivamente cerró sus ojos y esperó. El chocar de la varita contra el suelo rebotó en el silencio de la habitación.
A su derecha, ella se movió, y él trato de mantenerse lo más quieto posible. Esperaba que este sea el infierno, realmente lo esperaba.
Hermione se agachó a recoger su varita, debía haberse quedado dormida, sentía sus fuerzas agotadas. Guardó la varita en su túnica y observó a su paciente, parecía estar tal cual estaba luego de irrumpir en su mente. Pero tenía su único brazo cruzado por sobre su estómago. Lo observó atentamente, parecía estar tan inconsciente como antes. Pero el brazo…
Retiró su varita del bolsillo, y lo acercó a su frente, atenta a la respiración del rubio. Entreabrió sus labios suavemente y susurró el hechizo para colarse en su mente.
Una barrera le impidió el paso, y forzó más su mente a entrar.
—Estúpida—la voz de Malfoy abandonó rasposa sus labios y ella se alejó parándose de su asiento para mirarlo con el ceño fruncido.
—Estas despierto—no fue una pregunta.
—También me falta un brazo, por si estas interesada en enumerar hechos irrelevantes—si no fuera por la voz pastosa, probablemente la habría intimidado. Pero no lo logró.
Hermione dio la vuelta a la cama, y se acercó a la mesita del lado izquierdo de Draco. Tomó un vaso y con su varita y un Aguamenti lo llenó, y se lo acercó al rubio.
Con cierto recelo, bebió el cristalino líquido, sintiendo como refrescaba su garganta.
— ¿Cómo te sientes?—le preguntó mientras tomaba su planilla y garabateaba con su varita. El rubio dejó el vaso en la mesita y la observó sin emitir sonido. — ¿Cómo se sienten tus huesos?—preguntó nuevamente. Pero el rubio no habló, solo la perforó con su mirada. Había algo en Granger que no encajaba, para empezar que estuviera actuando toda civilizada. Después estaba el hecho de que realmente no parecía estar muerto. Podría agregar que había sido extraño sentirla queriendo irrumpir en su mente, pero que era extrañamente conocida la sensación, como si ya hubiera estado hurgando en su mente antes. Y por último, descartando el hecho de estar muerto, había algo en su mirada que parecía frágil. — ¿Vas a responder alguna de mis preguntas?—
—No—dijo— ¿Por qué estás aquí? ¿Potter te mando? ¿Vienes aquí a ver el show para luego mofarte a solas con tus amigos?—preguntó abriendo su único brazo. No parecía frágil, no, era frágil, comprendió cuando la vio retroceder emitiendo un sonido ahogado.
Hermione abrazó la planilla contra su pecho, y retrocedió hasta la puerta, saliendo en una exhalación y dejando al rubio solo.
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Abrió la puerta de su departamento, y se desplomó luego de entrar y cerrarla. Necesitaba un baño, una copa de vino y volver a Estados Unidos. Se arrancó la túnica como si se arrancara la piel, la soltó dejándola tirada en el suelo. Con ayuda de su pie derecho se descalzó del zapato izquierdo, e hizo lo mismo con el otro, alternando el pie. Avanzó hacia la cocina, y estiró su cuerpo a su alacena en busca de una copa; mientras entre sus piernas, Crookshanks se enredaba buscando a su dueña.
—Hola compañero—lo saludó mientras descorchaba una botella de vino tinto. Dejó la botella un momento en la encimera y buscó en el bajo mesada la bolsa con alimento para el gato mitad kneazle. Luego de servirle su comida, tomó la botella y llenó la copa. Dejando Crookshanks comiendo en la cocina, caminó descalza por el pasillo hasta su habitación, con su varita apuntó al reproductor de música muggle que sus padres le habían obsequiado, y las suaves melodías del piano de Chopin mecieron su alma mientras iba hacia el baño de su habitación.
Abrió la llave de agua caliente, dejando la copa en el borde de la tina, y comenzó a desprenderse de la ropa, la falda, se deslizó por sus piernas hacia sus pies, sus finos dedos fueron a los botones de su camisa beige, y uno a uno fue desabrochándolos hasta dejar la prenda resbalar por sus brazos, hasta sostenerse precariamente desde sus dedos, y finalmente caer sobre la pollera.
Sus manos fueron a su espalda, y en un parpadeo, su sostén blanco estaba frente a sus pies desnudos. Tomo la cinturilla de sus bragas y enganchándolas en dos dedos se dobló bajándola por sus piernas. Evitó su mirada en el espejo cuando volvió a pararse, dando un paso hacia la tina y cerrando la llave del agua caliente para abrir la del agua fría. El vapor subía en espirales por los azulejos celestes de su baño, dejando pequeñas perlas allí donde se condensaban.
Levantó una pierna y la metió en el agua, sintiendo la piel escocer allí donde el agua la lamia. Metió la otra y lentamente, fue deslizándose hasta sentarse en el agua. El escozor había menguado mientras se adaptaba a la temperatura. Estiró su mano y cerró la llave de agua fría. Recostada completamente, dejo que el agua la cubriera, mojando su cabello y sus orejas, cerró sus ojos, mientras se hundía un poco más.
Deseaba que el agua la trague entera. Que lavara de ella todo el dolor que albergaba su alma. Deseaba que la oscuridad en sus ojos se hiciera eterna y el peso de sus hombros se aligerara.
Volvió a incorporarse, y tomó la copa de vino olvidada. Bebió el contenido de un trago, y se arrastró nuevamente hacia la ondulante caricia del agua.
Debió haberse quedado dormida, pues los maullidos de Crookshanks la sobresaltaron.
—Solo un momento más, y luego iremos a dormir—le dijo para calmar sus maullidos. El gato pareció conforme, porque desapareció en la habitación segundos después.
El agua de la tina ya estaba fría, suspirando, se levantó, y cubrió su cuerpo con una toalla a un lado de la tina. Envolvió su cabello en otra más pequeña y dio un paso fuera del agua, y luego otro hasta quedar parada frente al espejo.
El maquillaje se le había corrido, dejando una película derretida sobre su piel. Bajo el tono más claro de maquillaje, la piel de su cuello resaltaba con las marcas amoratadas. Cerró los ojos con fuerza, queriendo acallar los recuerdos que comenzaban a perforar su mente.
La guerra aún estaba muy fresca, recién se estaban terminando de apresar a los mortifagos sueltos. Había testificado junto con Harry a favor de Draco y Narcissa Malfoy en su juicio, y estaba regresando a su departamento para preparar un almuerzo conciliador para Ron.
Su noviazgo recién comenzaba, y ya había perdido la cuenta la cantidad de discusiones que habían tenido. Primero por no querer ser auror como ellos, después por apoyar a Harry sobre testificar en favor de los mortifagos que no lo eran realmente. Había sido una discusión bastante larga y desgastante la última, la negación absoluta del pelirrojo a exponerla a testificar contra "el mortifago manco de pacotilla". Y ella había dado por finalizada la discusión luego de eso, negándose a atender sus lechuzas y Patronus.
Estaba buscando un vino en su alacena para aquel almuerzo, cuando el timbre de su puerta sonó. Arregló su cabello con las manos, se acomodó el vestido de arrugas invisibles y abrió la puerta con una sonrisa en sus labios.
Pero su sonrisa murió en sus labios cuando Ron ingresó al departamento con su varita fuertemente apretada en sus dedos.
—Accio Varita Hermione Granger—dijo y para su horror, su varita llegó volando desde su habitación.
—Ya he hablado con Harry, y ha estado de acuerdo en que ha sido totalmente estúpido ayudar al mortifago manco y a su estirada madre. —sentenció dando un paso hacia ella con la varita en alto. —Inmobilus—y Hermione quedó congelada en su lugar, con el miedo quemando sus retinas.
Ron se acercó hacia ella y con la punta de su varita acarició su garganta desnuda, desde el lóbulo de su oreja la deslizó con lentitud hasta el recatado escote del vestido.
—Hoy aprenderás a no ir en contra de lo que te digo—susurró, y ella olio el whiskey en su aliento.
Acarició ausentemente la piel quemada de su cuello, recordando el ardor de la varita trazando aquel collar sobre su piel, podía jurar que aun sentía el aroma a carne quemada en su nariz. Sin querer, sabiendo que aquello sería peor, sus ojos bajaron por sus clavículas, a su pecho. Las lágrimas quemaron sus ojos mientras sus dedos recorrían el patrón quemado allí.
Cada botón de su vestido había volado por los cielos, dejándola desnuda ante los ojos enrojecidos de su novio. Quería gritar, quería llorar. Quería cubrir su cuerpo y esconderse, pero no podía, y solo podía rogar porque acabara aquella tortura pronto.
Frenó los recuerdos, sabiendo que no podría regresar de ellos. Sin una segunda mirada al espejo, fue a su habitación. Deseaba, con todas sus fuerzas, que la mañana la encontrara más centrada y menos frágil. Deseaba, que mañana fuera otro día.
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Mas temprano que nunca, y aun a tiempo, FELICES 37 AÑOS QUERIDISIMO DRACO!
Bueno, gracias miles por los reviews en esta nueva locura, gracias a la fanpage de Dramione Shipper en fb por la publicidad, gracias por los follows y favs.
Si han leído 30 escalones, saben que me gusta el drama por demás… bueno, esto va a ser un drama aun mas oscuro que 30 escalones, voy a jugar con temas muy serios, voy a hacer todo lo posible para que cada dolor que sientan ellos lo puedan sentir ustedes, suena ambicioso no? Bueno no lo es, si no logran sentir los escalosfrios, entonces esta historia no es para ustedes, si esperan romance desmedido y cursi, esta historia no es para ustedes. Pero si quieren madurar y crecer al lado de esta hermosa pareja, entonces bienvenidos, siéntense, busquen pañuelos y algo dulce para comer, porque voy a poner todo de mi, para hacer que se deshidraten de tanto drama!.
GRACIAS
Maiastra.-
