No tengo lectores ni siquiera vistas :'v ...Peeeeero aquí está el cap 2 xd


Ofensa

Bárbara se miraba en el espejo de su camerino y no podía evitar ver en él a otra persona reflejada, era alguien distinto a ella, con una personalidad distinta y un aura de intriga, alguien con secretos… Siempre pensaba aquel tipo de cosas acabada una función, y siempre terminaba enrolando los ojos; leer demasiado le había dado a su mente una perspectiva a veces algo poética y ridícula.

Tomo un paño húmedo y se restregó hasta que no quedó rastro del molesto maquillaje que deliberadamente la hacía parecer moribunda. Nunca le gustó el maquillaje, a su mente llegó la imagen de una niña rubia, pequeña, probablemente de primaria, escapando de sus compañeras que pretendían pintarla como una muñeca. Sus labios se curvaron en una mueca de desagrado involuntariamente.

Un leve golpeteo la hizo girarse hacia la puerta. Agradeció la distracción, así podía dejar el pasado donde debía estar; en un viejo baúl polvoriento dentro de su cabeza que no se habría hace años. Se puso de pie y abrió la puerta.

Arqueó una ceja al ver al pelirrojo sosteniendo el gran ramillete que le habían regalado. Sin embargo, la acción perdía su efecto al dirigir la mirada al rostro de Allen, especialmente sus ojos, los cuales brillaban con cierto toque malicioso, o tal vez era el efecto de la luz amarillenta del pasillo y el traje con manchas de sangre falsa que llevaba…. Bárbara no estaba impresionada, pasó su vista de izquierda a derecha y luego de derecha a izquierda. Solos.

– ¿Qué pasa, Allen? – cuestionó.

– ¿Puedo pasar? – ladeó la cabeza y le obsequió una sonrisa vacía.

Movida por la curiosidad, más que nada, se apartó a un lado y lo dejó pasar. Allen cerró la puerta tras sí y no bien acabado esto, se pudo escuchar el crujir de la madera del piso al otro lado. Allen miró de soslayo hacia atrás, Bárbara lo imitó y compartieron una mirada de complicidad.

–Vine a disculparme por lo de acuchillarte, se nota que te molestó – dijo al cabo de un momento –. Y para darte estas flores – terminó de decir mientras dejaba delicadamente las flores en maquillador.

Bárbara se cruzó de brazos mientras contuvo una risilla de incredulidad.

– ¿Flores?

–Me recordaron a ti, míralas bien – se acercó a ella sonriendo.

–Que nos besemos en más de veinte escenas no significa que puedas irrumpir mi espacio personal –le recordó mientras usaba su brazo como separador entre su cuerpo y el de él. Acto seguido se giró hacia las flores y se sintió más confundida – ¿Qué tienen?

– ¿No lo ves? – Allen olvidó la última advertencia y la tomó de los brazos para acercarla más a las flores.

Bárbara apenas y forcejeó, tenía curiosidad, demasiada.

–Están tan marchitas y significan tan poco para mí como tú –le susurró al oído.

La actriz se giró rápidamente y le dio un empujón a Allen, quién entre un ataque de risa y el desequilibrio que causó el empujón, terminó chocando con la débil puerta, la cual se abrió de par en par.

En el pasillo estaban reunidos la mitad o más de la mitad de los miembros del teatro, cuyas caras llenas de curiosidad pasaron a enrojecerse de vergüenza al ser descubiertos. Allen seguía carcajeando en el suelo.

–¿Esperabas un "Eres tan hermosa como éstas lindas rosas", verdad? –dijo con dificultad.

La actriz rubia, para nada cohibida con el "público", sostuvo el ramillete y lo arrojó a la estrella del teatro que ahora se revolcaba de risa. El resto de los actores no sabía que pensar de lo que presenciaban.

–Vete al demonio –dijo con aires de ofendida.

Allen se incorporó aún con algunas risillas esporádicas y se arregló el corbatín que llevaba.

– ¿Qué pasa, Barbie? ¿Creíste que me comportaría como un Ken? –respondió con una sonrisa ácida –Sólo quiero agregar que besarte en escena fue una tortura.

Bien dicho su insulto, dio media vuelta y comenzó alejarse del lugar sin darla la más mínima importancia a los espectadores atónitos.

–Allen – escuchó la voz de Bárbara mucho más tranquila de lo que debería estar llamarlo. Se giró – ¿Eh?

Allí estaba Bárbara en el pasillo sosteniendo una pequeña caja que luego le arrojó. Los reflejos de beisbolista le permitieron atajarla; no le dio tiempo de escudriñar el objeto con atención ya que Bárbara le hablaba.

–Te regalo esa pasta de dientes, en verdad la necesitas… Yo también odié besarte- Y desapareció para refugiarse en su camerino.

Los espectadores no pudieron contener las risas y Allen dio un bufido al ver que algunos estaban grabando lo sucedido con teléfono celular…Las personas de hoy en día y su tecnología eran insoportables.

Pasadas la medianoche, uno de los actores secundarios, llamado Louis, sostenía emocionado el primer ejemplar de periódico mientras obviaba los demás anuncios y noticias en busca de la reseña a su obra. Los demás le apuraban con impaciencia. Las únicas dos almas que guardaban silencio eran Allen y Bárbara.

La tardanza e impaciencia del acto hizo al director arrebatarle el periódico a un Louis decepcionado por no poder leer él la reseña. Ayers no tardó en encontrarla y deliberadamente leyó lentamente para aumentar la emoción de todos.

Toda la compañía estaba reunida en círculo, expectante por las palabras. La forma en la que estaba construido el teatro en sí, ayudaba a que las palabras pusieran ser escuchadas con claridad por todos, añadido a esto, la buena voz de narrador con la que contaba el director.

Las críticas, en general fueron medias y buenas y la varios de los actores inflaron el pecho satisfechos. El crítico, halagó de todas las maneras posibles, "Sin duda, una actuación digna de ver entre los teatros de Broadway".

"En cuanto a su compañera de escena, la intérprete del personaje femenino principal, Bárbara Pérez…" – Ayers hizo una pausa y frunció el ceño, luego llevó su vista a la rubia.

–¿Qué pasa, Ayers? –dijo otro de los actores –. ¡Continúa, ya, hombre. No es chistoso!–agregó vivaracho mientras le daba un pequeño empujón para que prosiguiera.

"Impactó al público con una sublime actuación en las escenas románticas y su dichosa voz cautivó a todo que la escuchara durante las actuaciones musicales. Pero en el resto de las escenas, su profesionalidad se perdió abriendo paso a errores de novata; una verdadera lástima que le dieran el protagónico a otra chica que cree que para actuar sólo necesita una cara bonita y escenas románticas."

Allen dirigió una mirada a quién insultó momentos antes. Louis ahora le estaba dando palmadas en la espalda; animándola. Pero su expresión no se había perturbado en lo más mínimo, tal vez un leve y fugaz brillo de rabia en sus ojos. Continuó bajando la vista y ahí estaba la prueba de que no es equivocaba respecto a sus ideas; el puño de la joven actriz cerrado con fuerza.

Ayers miró con algo de inquietud a la actriz, iba continuar leyendo hasta que Allen tomó repentinamente el diario y lo arrugó. La indignación de todos no se hizo esperar.

–Todos sabemos que éste crítico es un cerdo frustrado que no pudo cumplir sus sueños en Hollywood –respondió con naturalidad mientras arrojaba la bola de papel en que se había convertido el diario a un lugar desconocido –. No sé para qué seguir perdiendo el tiempo escuchando sus críticas.

El largo silencio lleno de impresiones fue roto por Louis.

–Jones tiene razón, ése crítico es un estúpido frustrado –se rió– Vamos, propongo un brindis por nuestros dos actores principales – dijo mientras sostuvo una copa y la llenó de vino (la champaña se había acabado hace un buen rato).

Todos lo apoyaron y con rapidez lo imitaron.

– ¡Por Allen y por Bárbara! –gritaron todos.

Entre el ruido causado por el choque de las copas y los gritos de júbilo, dos figuras permanecieron de nuevo en silencio. Allen y Bárbara intercambiaron una fugaz y auténtica sonrisa.