Capítulo 2° "Suicide"

.

.

Aún recuerdo el mundo desde los ojos de un niño.

Lentamente, esos sentimientos fueron nublados, por lo que sé ahora.

¿A dónde ha ido mi corazón?

Un trato desigual por el mundo real.

Quiero volver atrás.

Creyendo en todo y sin saber nada.

.

.

A la mañana siguiente que te levantaste ya no eras el mismo, tus ojos estaban opacos, tus mejillas ya no tenían ese habitual tono rosa, tus ojos estaban rojos e hinchados. Tomaste tu celular y marcaste al primer lugar que se te vino a la mente. ¿Que dirías? No estabas seguro y solo preferiste pensarlo en el momento en el que atendieran de una buena vez. Si bien no estabas totalmente seguro, no veías otra salida, te sientes asfixiado y creías que si te quedabas de esa manera por más tiempo no lograrías sobrevivir.

— Aerolínea Kimiko, ¿en que lo puede ayudar? — contestó una voz femenina.

— Quiero un boleto para París —.

— Bien — continuó —. Hoy sale un avión a las 11 y para mañana… — no la dejaste terminar y rápidamente tomaste la palabra.

— Quiera de primera clase para hoy — pronunciaste sin la menor emoción. ¿A donde había ido el chico tímido e introvertido? Te preguntaste con cierta burla, sin notar el que la chica de la línea tembló ante tu voz carente de sentimiento. Estabas roto tal cual muñeco de trapo, no se lograba ver, no sin la suficiente atención y el que te conocieran de antes. Invisible, pensaste.

— S-Sí. — sonreíste, no con alegría o felicidad, era un sentimiento más oscuro y que la mayor parte del tiempo se mantenía fuera de tu vida — ¿A nombre de quién? — preguntó incómoda y prácticamente rezo para que no lo notaras. Le causabas miedo y sólo habían intercambiado un par de palabras, irónico.

— Sasuke Uchiha —

Una vez que terminaste la llamada sacaste una pequeña maleta, empezaste a guardar en ella tu ropa y algunas cosas de más. Te lo estabas tomando mejor de lo que cualquiera, hasta tú, lo esperarían. No sentías nada, ni odio, ni rencor, ni dolor; nada. Pero sabías que era un tipo de bomba en cuenta regresiva, en cualquier momento podría explotar y esperabas, rogabas, que cuando sucediera ya estuvieras miles de kilómetros lejos de ellos.

Cuando terminaste bajaste para informarles a tus padres que te ibas, aunque supieras que no les interesa, no como un padre que quiere a su hijo. No tratarán de detenerte. Nunca lo harían.

— Madre, padre; me voy a París a las once — informaste al tenerlos frente a ti, en el desayuno.

Nadie dijo nada, solo se escuchaba el golpeteo del plato de porcelana contra la cuchara ó tenedor.

— ¿Por qué te vas? — te preguntó una voz con suavidad, sin tomarte demasiada importancia y continuando con su comida. No te preocupes, madre, estaré bien, pensaste con cierto sarcasmo.

Tu padre te observo por unos segundos, examinándote, tu solo te quedaste estático en tu lugar, sin saber qué hacer. De un momento a otro asintió mientras se levantaba de su asiento y se marchaba del comedor.

— Quiero aires nuevos, conocer nuevas personas — mentiste, sin importarte el que ni siquiera te estuviera poniendo atención y el que no hubiera preguntado por interés. La miraste. — Te extrañare mucho — te acercaste a ella, pero como si fuera intencionado para que no lo hicieras; se puso de pie.

— ¿Qué sucederá con Sakura? — te pregunto mirando su plato de comida casi terminada.

Sentiste una punzada de dolor al escuchar su nombre, no lo suficiente dolorosa como para llorar. Te felicitaste.

— Ella estará bien, de eso te lo aseguro — mencionaste en apenas un susurro, escondiendo el doble sentido, que no logro percibir.

Al darte cuenta que no hablaría de nuevo te diste la vuelta y, como tu padre, saliste del comedor, solo que en otra dirección; fuera de la elegante mansión. Todo sería diferente cuando regresaras, las personas no serían las mismas; tal vez sí, tal vez no. Pero no era algo que te importase, de cualquier manera te las pagarán. No importa que.

Y hay frente a tu casa prometiste que el día que volvieras a pisar ese jardín sería para vengarte y hacer pagar a todo aquel que se burló de ti. Oh, vaya que se arrepentirían de ello.

Le informaste al conductor que te llevara al aeropuerto y así en todo el lapso de tu casa a este evitaste pensar más de lo necesario, pero llegado el momento sería inevitable, lo sabías más que bien. Mas estabas seguro de algo; necesitabas ayuda.

Saliste del coche y te despediste de Marco, el chófer. Entraste a la aerolínea y todos los de ahí te ignoraban. Sonreíste divertido, o lo que pareció serlo. Esa sería la última vez que te ignorarían en ese lugar, casi te atrevías a prometerlo. Miraste tu reloj y marcaban las diez con cincuenta y dos, abriste los ojos sorprendido. Casi corriste hacia la puerta 20B que la chica con la cual en la mañana habías hablado por celular te había indicado.

Pediste tu boleto con rapidez, sin perder tiempo alguno, y caminaste por el largo pasillo hasta que entraste en el avión, no sin antes mirar de reojo hacia atrás, despidiendote en silencio de todos tus recuerdos; de los malos, hasta los peores. ¿Que diría Hinata al darse cuenta que ya no estabas más? Mentirías si dijeras que no te dolía dejarla de esa manera, te habías peleado con ella, por idiota, por actuar impulsivamente y defender a Sakura sobre todas las cosas. No había vuelta atrás y de ahí en adelante estarás solo, ya no habría dúo con tú linda Hina.

Te sentaste en tu respectivo lugar y decidiste escuchar un poco de música. A muchos les sorprendería saber que te gustaba el rock, claro que el más instrumental. Y sin previo aviso te quedaste dormido, sin darte cuenta y totalmente centrado en la letra de la canción.

No soñaste nada.

Sentiste como alguien te movía el hombro y empezaste a abrir tus ojos con algo de pereza, observaste a una linda chica que te sonreía; de cabellos cafés y ojos negros, al parecer era una azafata. Miraste para todos lados y te diste cuenta que todos ya habían salido del avión y con sorpresa te caíste en cuenta que ya habían llegado. Habías dormido mucho, todo el vuelo. Extraño.

— Disculpe, el avión ya aterrizó — te informo colocándose al lado de ti. Tú te levantaste y sin preguntar empezaste a sacar tu equipaje que estaba arriba de tu cabeza en un portatimento.

— Gracias — susurraste y lo tomaste, lo siguiente fue bajar.

Una vez fuera de este y del aeropuerto; tomaste un taxi y le indicaste en tu perfecto francés que te llevara al Hotel de cinco estrellas "Uchiha". Él hombre asintió y arranco el auto. Al llegar tu lo miraste y suspiraste cansado, dormir en un asiento por más primera clase que fuera; era cansado. Entraste en el hotel y nadie te tomo en cuenta. Una vez más sonreíste divertido, solo que la ocultaste.

— Me da una habitación — le ordenaste a la mujer de administración.

— ¿A nombre de quién? — preguntó mirándote a los ojos y con una mueca de fastidio.

— Sasuke, Sasuke Uchiha — remarcaste Uchiha con cierta malicia y la pobre al escucharlo casi cae al suelo, asustada ante su trato anterior. Se tranquilizo y aclaró su garganta mostrando la mejor sonrisa de su repertorio.

—T-tenga — te extendió una tarjeta —. Es la 25C, se encuentra en el último piso. — te miro impresionada y las palabras salían de su boca en un susurro apenas audible. Sonreíste para tus adentros. — El boto… — no la dejaste terminar.

— Bien — te diste la vuelta. Sabías que era de mala educación, pero, ¿a quién le importa a esas alturas? A ti no, por lo menos.

Tu caminar era tranquilo y despreocupado, algo desentonado para tu vestimenta. Subiste en el elevador sin esperar, porque para tu buena suerte ya un hombre estaba subiendo. Pinchaste el último botón, que era el 20. Cuando llegaste a tu piso, sin muchas paradas del elevador, bajaste de este y caminaste hacia la única puerta que había ahí. Pasaste la tarjeta y la puerta se abrió dándote paso, como por "arte de magia". Entraste a la habitación y la viste con atención, no era nada del otro mundo; todo hay adentro era elegante y caro. Las paredes eran rojas, negras o blancas. La cama era muy grande y amplia con sábanas de seda y almohadas de pluma. En los pies de la cama había un pequeño sillón negro de cuero y el suelo era como el ajedrez; negro, blanco, negro, blanco y así sucesivamente hasta llegar a la siguiente hilera que era de los mismos colores. No lo pensaste dos veces y te dejaste caer de lleno a la cama y de ahí no recuerdas nada más, habías caído completamente dormido. Como en el avión al colocar la música.

Escuchaste el timbrado de algo entre tu sueño sin forma alguna, pero estabas tan cansado que no te levantaste y lo ignoraste por completo. Ya después, pensaste con pereza.

No sabes cuánto tiempo dormiste así que decides levantarte, con pereza, y tomaste tu celular que era el que estaba haciendo ruido, algo molesto, debes remarcar.

— ¿Si? — preguntaste adormilado.

— Hola, Sora. —

Te dieron unas ganas enormes de vomitar al escuchar su voz. Tu estómago se contrajo y tus ojos adquirieron un brillo maligno.

— ¿Qué tal, Sakura? — preguntaste indiferente y frío, ella por su parte se sorprendió por tu voz.

— B-Bien ¿tu? — pregunto desconcertada.

Tu soltaste una carcajada irónica.

— Me imagino que estas mejor que bien — esa oración estaba llena de odio. Tic tac, hacia el reloj de la bomba.

— ¿Qué quieres decir con eso? — pregunto desconcertada por tus palabras.

— ¿Podrías dejar de ser tan hipócrita por una vez en tu vida? — apretaste el celular entre tu mano derecha, colérico.

— ¿Eh? — exclamó confundida.

Escuchaste un fuerte estruendo, como si algo hubiera explotado dentro de ti.

— ¿Porque haces esto? Preguntar cosas que ya sabes solo para lastimar y herirme — trataste de mantener la calma —. Yo fui un idiota que te creyó cada una de tus palabras huecas, y créeme no me puedo arrepentir más, pero lo único que conseguirás con esa actitud, deja decirte; será que todos se alejen, porque la belleza se termina y cuando suceda no te darás cuenta siquiera — continuaste en un tono lastimero. — Yo en verdad estoy enamorado de ti, pero no sabes cómo me arrepiento en fijarme en una persona superficial, que lo único que tiene en la cabeza son idioteces sobre la belleza. Me duele darme cuenta que tú eres una persona sin sentimientos y que jamás será capaz de amar — suspiraste y sonreíste divertido, pero la sonrisa no llegó a tus ojos —. Me destruiste, pero que no te sorprenda cuando me vuelvas a ver, por qué ese día ten por seguro que pagarás cada una de mis lágrimas derramadas. Desearás regresar el tiempo, pero eso no será posible y haré que te ahogues en mi sufrimiento, porque sí yo caí, tú también lo harás y ten por seguro que tu caída será mucho más dolorosa que la mía — tu voz se afiló — Yo estaré ahí para verte y reírme en tu cara. — terminaste de hablar mientras tratabas de mantenerte centrado y no recordar aquella escena que te torturaba.

— ¿Nos viste no es así? — pregunto en un susurro, antes de reír con sorna — Sabes que no me importa en lo más mínimo tus palabras. Y si puede que sea superficial, pero yo nunca voy a caer y mucho menos por alguien tan idiota y estúpido como tú — rió con malicia —. No sabes lo asqueroso que era para mí besarte, pero eso se solucionaba cuando pensaba que al que besaba era Itachi y no su hermanito patético — soltó una gritito chillón, divertida — Eras un juguete para mí y déjame decirte que no eras mi favorito, eres asqueroso, no lo olvides. — continuo — Nunca me gustaron tus malditos ojos, aunque eran muy parecidos a los de mi lindo y hermoso Itachi — remarcó el nombre entre suspiros —. Y escucha bien lo que te diré; si tratas de destruirme, ten por seguro que yo te destruiré una vez más y no podrás huir como un vil cobarde, como ahora — después de terminar de hablar se empezó a reír, de nuevo — ¿No me digas que estás llorando? — te pregunto con burla y tú te sentiste como patético, porque si, estabas llorando. Te habían dolido sus palabras mal intencionadas y llenas de veneno — Bueno, te hablo después Sorita, tu hermano no me deja continuar — se escuchó una risa masculina, para después el constante sonido que te indicaba que ella ya había colgado.

Te diste cuenta que todo el tiempo tu hermano estuvo escuchando y ambos se estaban riendo de tu sufrimiento. ¿Como alguien con quien habías crecido podria hacerte tanto daño? Alguien que alguna vez amaste y, muy a tu pesar, le querías. Era parte de tu familia, pero eso no le interesaba a él.

Tu llanto se hizo más fuerte y en cada sollozo se podía identificar un dolor infinito. ¿Cómo se atrevía a lastimarte más de lo que ya estás? Miraste la nada, pero aun tus lágrimas no dejaban de salir de esos lindos ojos que guardaban el sufrimiento más amargo y doloroso. Seguro que ahora ellos se estarán revolcando, pensaste con rencor y una risa irónica salió de tus labios.

Recordarse cada uno de sus besos, sus palabras de aliento y amables, y pensar que cada una de sus acciones sólo lo hacía solo para sacar provecho, de pasada le daba asco y se burlaba de ti junto con aquella persona, que para tu mala suerte, era tu hermano. No pudiste más y un grito se escapó de tu garganta; estuviste quien sabe por cuánto tiempo llorando y gritando a la nada, hasta que decidiste ya no aguantar el dolor que te sofocaba, que no te dejaba pensar con claridad.

Caminas hasta llegar al baño y te paraste en la puerta.

¿A alguien le importara si yo muero? Te preguntaste, sin saber si realmente aquello era la realidad o una pesadilla, la peor.

Y una voz dentro de tu mente te contesto con simpleza dolorosa:

Nadie.

Sonreíste melancólico y entraste al baño. Miraste el espejo que se encontraba encima del lavabo pegado en la pared y te acercaste, para después empezar a golpearlo con tus puños con un enfado brutal, ira. Toda tristeza ya no lo estaba más. Se escuchó algo rompiéndose y la caída de cristales al suelo.

Te sentaste en el frío piso y tomaste el cristal más grande y filoso, miraste tu reflejo en este, asqueroso, te dijiste con odio. Y sin importarte nada más; cortaste tus muñecas, primero la izquierda, luego la derecha. Aun llorando, sin lograr parar.

Un líquido viscoso de color carmesí empezó a fluir de tus muñecas cortadas y por primera vez en tu vida te sentiste… libre.

.

.

Mi alma llora por rescate

Y estoy viendo correr; traición y pesar carmesí

.

.