II
–¡Ábrelo! –Le ordenó Robin a Luffy,– eso sólo es el envoltorio.
El capitán, más nervioso que antes, rompió el papel azul y observó lo que tenía delante de sus ojos. La tela que estaba perfectamente doblada se desdobló cuando Luffy la alzó a la altura de sus ojos. Se trataba de un abrigo idéntico al del Rey de los Piratas, Gold Roger.
La cara de sorpresa de Luffy recorrió cada rincón de aquel regalo. Todo era igual. El color, las hombreras, los botones. Luffy bajó el abrigo para poder observar a Robin, que le miraba intranquila.
–Robin, –dijo el capitán en un susurro– ¡esto es increíble!
–En realidad no lo es tanto, –se disculpó– estaba totalmente roto cuando lo encontré, así que he tenido que coserlo. Soy capaz de descifrar unas piedras escritas hace muchísimo tiempo, pero no sé coser del todo bien.
Luffy volvió a dirigir la vista al regalo de Robin y no pudo resistirse. Con movimientos indecisos se puso aquel abrigo del Rey de los Piratas y observó a Robin, esperando su opinión.
La arqueóloga sintió un leve escalofrío al ver a aquel chaval de 19 años vistiendo como uno de los piratas más buscados de todos los tiempos. Por algún motivo, se sintió terriblemente sola. Robin estaba convencida que aquel muchacho con la D. en el apellido llegaría a ser un pirata de mucho renombre, incluso estaba convencida que llegaría a ser el Rey de los Piratas. Pero, entonces ¿qué pasaría?
No quiero perderle, nunca.
Aquellos pensamientos hicieron que Robin se sintiese más extraña todavía. ¿Desde cuándo sentía eso por su capitán? Ese sentimiento había llegado sin que ella se diese cuenta, sin avisar. La morena esbozó una sonrisa.
–Te queda genial, futuro… –No pudo acabar.
Luffy se abalanzó sobre ella, abrazándola. La arqueóloga pudo notar el tacto suave de aquella tela otra vez, pero iba acompañada de la calidez que desprendía su capitán. La morena correspondió el abrazo y disfrutó de aquel momento.
Ciertamente, le había echado mucho de menos durante estos dos años.
El capitán deshizo el abrazo y observó a la arqueóloga con expresión seria en el rostro.
–Esto es genial, Robin –su mirada se clavó en los ojos azules de la morena– ¡no sé como agradecértelo! Con esto sé que estoy un poco más cerca de convertirme en el Rey de los Piratas.
–Luffy, no necesitas ningún abrigo para convertirte en lo que realmente quieres ser –afirmó Robin decidida–. Simplemente necesitas ser tu mismo y…
–Y tener a alguien como tú en el barco, futura Reina de los Piratas.
Todo pasó muy deprisa. Luffy volvió a acercarse a Robin y le besó. Fue un beso torpe pero decidido. La morena pudo saborear todo el mar en aquellos labios cálidos, pudo sentir cada rincón del océano que Luffy había recorrido. Y le gustó.
Sí. Sería la Reina de los Piratas.
Fin
Miles de gracias por los comentarios, de verdad.
Pero sobretodo gracias por haberme regalado un poquito de vuestro tiempo y haber leído estas palabras.
Espero que les haya gustado el regalo, el final y el fic en general.
HanaHana
