Mika, esta no es la continuación de la historia en sí misma. Esto ocurre dos años después del primer fic. La escena final que puse, y la continuación en sí cuando la haga, pasará diez años después. Esto pasa en medio, lógicamente.

dcromeor... no tienes más que ser mi review número 100 en un fic... así han ganado este.

fanclere... ¿O Debería decir Tony? Prepara el carro de paradas... hazte el favor.

Love, la chica que vio Emma, si te refieres a la escena del final, es Eleanor. No le cabe en la cabeza que la madre pueda parecer más joven que su hija.


Emma Swan

Investigar un caso de asesinato… o bueno, un caso de intento de asesinato, como terminaban siendo solía ser muy fácil para mí. Me acercaba al cadáver, retornaba unos minutos antes de su muerte y evitaba su asesinato, deteniendo al causante. Pero en un caso de robo, no bastaba con algo así. La joya familiar de las Morgan había sido robada. Y eso significaba que tenía que seguir unas pistas. Hacía tiempo que no sentía que realmente estuviese haciendo mi trabajo. Pero mi fino sentido de la deducción no había desaparecido.

Sin embargo, el criminal había sido preciso en su trabajo. No había dejado huellas… ni rastros. Casi daba la sensación de que la joya había desaparecido sin más. En cualquier otro lugar habría supuesto que eso era imposible. Pero estaba en la casa de una bruja. Por eso mismo había llamado a Astrid. Desconocía cómo funcionaba la magia de las brujas.

_ No, Emma… eso no puede ser._ Me dijo, muy segura._ Esa joya no es común. La magia no puede moverla así sin más. Se supone que sólo una Morgan puede tocarla.

Eleanor Morgan

Aquella mansión me traía muchos recuerdos. De nuestro éxito sobre la familia Norrington. Aún me dolía haberla tenido que abandonar, tantos años atrás. Entonces mi pequeña Augustine no era más que una niña a mis ojos. Y verla… tan mayor. Ella podía haber escogido mantenerse joven, mantenerse como una adolescente, de haber querido. Pero ella decidió envejecer. Daba la impresión de que yo era más joven que ella. Casi era como una broma cruel. Tenía a Tony, es cierto, pero las alegrías que ella me había dado no calmaban el vacío que perder a mi primogénita de aquella manera.

_ No tiene que ver contigo, madre._ La voz de Augustine me sobresaltó.

No había notado su sutil mirada acariciar mis pensamientos. Augustine era ya una bruja experta, y me había descubierto sin estar preparada.

_ Lo hice por las niñas._ Continuó._ Pensé que era mejor para ellas que creciéramos juntas, es todo.

_ Y has crecido muy bien, cariño._ Dije, mirándola._ Eres preciosa.

_ Parece que mi hermana no piensa lo mismo._ Dijo, bajando la mirada._ Confieso que estoy algo celosa.

_ ¿Por qué?_ Pregunté._ ¿Te preocupa que haya empezado por Darcy? No seas tonta.

Le pasé la mano por el pelo y ella sonrió levemente.

_ Tony es tan lista como tú, Augustine. Y si la conozco, y la conozco bastante._ Extendí mi sonrisa._ Dejará lo mejor para el final.

Astrid Morgan

Pensar en que un miembro de nuestra familia pudiese habernos robado me espantaba. Por un momento pensé en mi hermana. Pero Darcy no haría algo así. Ella era una irresponsable, sí. Pero incluso ella sabía lo importante que esa joya era para nosotras. La joya familiar. La primera que la había tenido había sido la abuela. Hacía ya trescientos años. La dejó en la mansión cuando se marchó. Aún recordaba a Augustine pasar horas delante de ella, tratando de concentrar la presencia de su madre.

Esa joya era mucho más que una gema. Permitía a la Morgan que la llevase canalizar la magia de toda la familia. Algo peligroso. Desconocía quién podría tener esa joya. Hasta donde sabía, todos los miembros de la familia Morgan estaban en aquella casa.

_ Tenemos una sospechosa._ Dijo Emma, mirando su móvil.

_ ¿Quién?_ Pregunté, sorprendida.

_ Arciria se ha salido de la cárcel._ Dijo, mirando por la ventana._ Ella lo puede tocar, ¿Cierto?

_ Supongo que sí… tenemos un antepasado común, después._ Dije, sintiendo un escalofrío.

Aquella malvada mujer con el mismo precioso rostro de Regina había causado lo que para nosotras hasta entonces era impensable. Unir al clan Mills y el clan Morgan en tregua una vez más.

_ Tenemos un problema grave._ Dijo ella._ Si Arciria tiene la joya entonces…

Temblé ligeramente. Pensar en que una mujer perversa y siniestra como ella tuviese acceso a todo el banco de poderes de la familia Morgan me aterraba. A fin de cuentas, Arciria era como una niña malcriada y lujuriosa… que se dejaba llevar por sus instintos…y…

Afortunadamente para mí, Emma tosió, devolviéndome a la realidad y apartándome de los pensamientos lascivos con una mujer idéntica a su esposa. Yo me decía a mí misma que había superado lo de Regina, pero era un absurdo. Una vez que has probado a Regina, todas las mujeres saben a poco. Suspiré, apartándome de esa idea, y salí hacia el exterior.

_ Espera… ¿Conduces aún ese horrible escarabajo amarillo? ¿No ha conseguido Regina que lo desguaces?_ Pregunté, alzando una ceja.

_ A Regina le gusta._ Dijo, con una sonrisa de suficiencia.

_ Permíteme que lo dude._ Le dije, alzando aún más la ceja.

_ Astrid… para querer a alguien, lo tienes que querer con todos sus defectos._ Me dijo.

Aquello me llegó muy hondo, y admito que me sentí muy mal. ¿Por eso no había encontrado aún al amor de mi vida? Me dolía pensar que esa era una de las razones por las cuales Regina había escogido a la rubia antes que a mí.

_ Me parece bien, pero vamos en mi coche._ Dije, mientras me dirigía al garaje.

_ Me parece bien, pero conduzco yo._ Dijo, quitándome las llaves de las manos.

_ ¡Cómo rayes mi coche te mato, Swan!_ Le dije.

Mi madre me había regalado el Lamborgini aquel mismo año. Sabía que me regalaba cosas sólo porque notaba que estaba algo deprimida. Pero yo quería esforzarme y dar una impresión mejor. No quería que se me notase que estaba algo deprimida aún por Regina. Me quedé en el asiento del copiloto durante todo el viaje, en silencio.

Augustine Morgan

Es horrible lo que se siente al ser una madre que no puede darle a su hija aquello que desea. Y haga lo que haga, yo no puedo conseguirle a Regina. La morena escogió. En el fondo, no puedo evitar culparme. Yo la empujé a la traición que provocó que Regina la cambiase por un modelo mayor y más rubio. Mi pequeña Astrid… mi hija mayor… y para qué negarlo, mi favorita, estaba sufriendo. Y yo no podía hacer nada. Me aparté de la ventana y me acerqué a la cama. Sin embargo, me detuve al percatarme de que había alguien tumbado en mi cama. No era la primera vez que me pasaba eso. Pero sí la primera vez que era esa mujer la que se encontraba en mi lecho.

_ Tony…_ La saludé con la mirada._ Pensé que estarías detrás de Darcy.

_ No seas infantil… Hermanita…_ Hizo un mohín._ Sabes que llevo con la vista clavada en ti desde que llegué.

_ Nuestra madre dice que me reservabas para el final._ Le dije, manteniendo aún la distancia.

_ Y lo hacía._ Dijo, incorporándose. Sólo llevaba un conjunto de lencería rojo tremendamente sugerente._ Pero Astrid parece muy ocupada con su caso… y tiene la mente en otro sitio.

_ Eres muy perceptiva._ Dije, dejando caer mi bata.

Bajo ella sólo llevaba un conjunto similar al suyo, de color negro. Deseaba a aquella mujer. Después de todo, para nuestra familia era imposible negar el deseo que surgía entre nosotros. El aprendizaje influía, pero lo cierto es que sería absurdo negar que para las Morgan la lujuria era algo innato.

_ He disfrutado mucho con Darcy._ Sonrió al ver que me tumbaba a su lado._ Menudos melones.

_ Temo que debe haberlos heredado de algún familiar de su padre._ Bufé.

_ Al menos sacaste algo útil de ese despojo._ Dijo ella, mirándome._ Cuando pienso en una mujer tan sexy como tú con ese viejo verde.

_ Mereció la pena, Tony… ya sabes. Conseguí mucho dinero. Una casa… y sobre todo, a dos hijas a las que amo más que a nada. ¿Tú a qué te dedicas, Tony?_ Le pregunté, mientras pasaba la mano por su abdomen.

_ Estudio… educación infantil._ Se le escapó un gemido.

_ ¿Quieres educar a niños?_ Aparté un segundo la mano._ Eso es muy tierno.

Ella me rodeó la cintura con su mano. Fue un gesto muy dulce. Le devolví el gesto y la miré. Me alegraba que no quisiera ser fiscal. Esa tradición ya había causado mucho dolor en nuestra familia.

_ Sí… manteniéndolo al margen de mi vida privada… por supuesto._ Dijo, acercándose a mí.

_ Mal tema de conversación para este momento._ Admití, mirándola a los ojos.

_ La verdad es que sí._ Sonrió._ ¿Y tú qué haces últimamente?

_ No mucho… decido en qué gastar mi dinero… comparto cama con mis criadas y la familia._ Fui sincera. No podía mentir a mi hermana._ Y leo mucho.

_ Me gusta mucho esa segunda parte…_ Tony se acercó y finalmente me dio un beso en los labios.

Yo entrecerré mis ojos y acaricié su pelo. Era parecida a mí, pero tenía algo que, para mí, era exótico. Ese furor español que para mí era extraño y misterioso. Nos entretuvimos, besándonos con calma. Notaba sus manos explorar mi cuerpo con paciencia, pero con el tino de quien tiene experiencia.

_ Besas como una diosa._ Me dijo, mirándome a los ojos.

_ Tú tampoco lo haces mal._ Dije, besando su cuello. Ella gemía.

_ ¡Joder!_ Exclamó._ Nadie me ha besado nunca así.

Sonreí, con confianza. Ya sabía que Tony debía hacerlo con nuestra madre a menudo. Había superado a mi mentora… y eso me hacía sentir más confianza en mí misma que nunca. Aspiré el aroma de su canalillo y atrapé aquel sostén entre mis labios. Mordí con fuerza y di un tirón. El sostén rebotó y Tony lanzó un pequeño grito.

_ Eres cruel._ Me dijo, con lágrimas en los ojos.

_ Y tú muy adorable._ Dije yo, con dulzura.

Me incorporé y me desabroché el mío. Lo dejé caer y Tony se me quedó mirando fijamente. Se pasó la lengua por los labios y acercó la mano con lentitud. Tocaba mi pecho como si fuese todo un tesoro.

_ Son perfectas…_ Dijo, en un susurro.

_ ¿Mejores que las de Darcy?_ Sonreí.

_ El tamaño no lo es todo.

Su lengua se dirigió directamente hacia mi pecho y atrapó uno de mis pezones. Yo me entretuve abriendo su sostén. El color rojo sentaba muy bien a su piel. Me tumbé en la cama y dejé que Tony se entretuviese con mi pecho. El sentir a un miembro de la familia mordiendo mis pezones no era nuevo. Le acaricié el pelo a mi hermana.

Mientras mis dedos acariciaban el corte de sus nalgas no pude evitar pensar en Darcy y Astrid. Por fin tenía eso que ellas siempre habían tenido. Tras un rato de trabajo por parte de Tony empecé a sentir que mi pecho dolía. No dejaba de morder, ansiosa.

Me tocaba a mí. La tumbé sobre la cama y empecé una vez más con mi reguero de besos. Me entretuve un tiempo en el pecho. Pero finalmente bajé y marqué un camino hasta su sexo. Estaba a punto de posar mis labios sobre su preciada perla, cuando Tony me miró a los ojos y me dedicó una sonrisa lasciva.

Finalmente la atrapé y succioné, para luego bajar lentamente con mi lengua. Y darle a su sexo el aprecio que se merecía. Los gemidos de mi hermana eran como música para mis oídos. Nuestras miradas se cruzaban, compartíamos miradas cómplices. Era un grado de complicidad que no solía tener con nadie.

Cuando Tony alcanzó el orgasmo mi rostro quedó manchado, y yo sonreí, con los ojos cerrados. Tony se acercó, y empezó a lamerme la cara. Cuando terminó abrí los ojos y me tumbé en la cama. Ella besó mi torso con dulzura y bajó, metiéndome la lengua en el ombligo, y provocando un estremecimiento. Ella se rio y bajó hasta mi sexo. Jugueteó con su lengua y yo gemí, moviéndome inconscientemente.

Mi cuerpo estaba hecho para el sexo, y no pude evitar moverme ansiosamente contra el rostro de mi hermana. Lancé un gran grito cuando, finalmente, alcancé mi propio orgasmo y me dejé caer sobre la cama, agotada. Tony se tumbó a mi lado, y me abrazó. Yo la miré, sonriendo.

_ Acabo de conocerte, y ya te quiero._ Reconocí.

Emma Swan

Localizar a Arciria no había sido difícil. Dado que Gold estaba fugado, y legalmente era su única hija, toda su fortuna había pasado a sus manos, y ella había estado quemando su visa como si su vida dependiese de ello. Ahora se encontraba en un hotel de lujo, y era justo allí donde habíamos aparcado. Arciria era de todo menos una persona que pudiese caerme bien. Era viciosa, estaba mentalmente enferma y se creía que ganaba siempre. Ver un carácter tan patétito tras el rostro de la mujer a la que amaba me repugnaba. Arciria lo sabía, y tenía claro que iba a aprovecharse de ello.