Capitulo Uno

Tomé una respiración profunda.

Eres impresionante. No lo creía, así que lo pensé de nuevo. Impresionante. Eres tan impresionante.

Si mi padre escuchara mis pensamientos, me diría que tenía que ser humilde pero la humildad me había llevado a ninguna parte.

Rachel Berry, eres una maldita captura.

Entonces, ¿Cómo fue que terminé con veintidós años, y la única persona que conocía, que nunca había tenido relaciones sexuales? En algún lugar entre Funny Girl y Evita, se convirtió en algo inaudito, una chica por graduarse de la universidad con su Tarjeta-V todavía en la mano. Y ahora me encontraba en mi habitación, lamentando haber reunido el coraje para admitirlo a mi amigo Brody Él reaccionó como si le hubiese dicho que estaba escondiendo una cola debajo de mi falta triangular. Y supe antes de que su mandíbula, incluso, acabará cayendo que se trataba de una idea terrible.

— ¿EN SERIO? ¿Es por Barbra? ¿Estás, como, guardandote para él? —El sexo parecía sencillo para Brody. Él tenía un muy buen cuerpo y el cerebro sexualmente cargado de un adolescente.

— No, Brody. —Dije— Sería un poco difícil guardarme para alguien que murió hace más de dos mil años.

Brody se quitó la camisa y la tiró al suelo. Debo haber hecho una cara, porque me miró y se rió.

— Relájate, Princesa Pureza, sólo estoy cambiando camisetas. —Entró en mi armario y empezó a mover mi ropa a tirones.

— ¿Por qué?

— Porque Rachel, vamos a salir para conseguir que te jodan. —Dijo la palabra "jodan" curvando su lengua de tal forma, que me recordó a esos anuncios nocturnos de las líneas telefónicas para adultos.

— Jesús, Brody.

Sacó una camisa suya en medio de mi ropa, no era algo nuevo que estuviera ahí ya que éramos amigos desde que tenía uso de memoria

— ¿Qué? Dijiste que no era sobre él.

Me resistí a la tentación de golpear mi mano en mi frente.

— No lo es, no creo… Quiero decir, yo rezo y todo, bueno, a veces. Yo sólo… no lo sé. Nunca he estado tan interesada. —Hizo una pausa con la camisa nueva a medio camino sobre su cabeza.

— ¿Nunca interesada? ¿En chicos? Duh, eso ya lo sé, últimamente estás interesada solo en chicas, y ojo que no me opongo, pero sí debe ser una chica quien te JODA, vamos a por ello.

Brody me conocía muy bien. No me gustan las etiquetas, pero hace tiempo que me interesan solo las chicas, aunque no puedo negar que si llega el chico que me mueva el piso, podría volver a fijar mi atención en hombres, pero sinceramente lo dudo.

— ¡Brody! Deja de decir esas cosas. Ya te dije no es por eso, simplemente no se dió.

— Bueno pero si no se trata de eso, entonces es sólo una cuestión de encontrar a la persona correcta.

Rodé los ojos.— ¿Caramba? ¿Eso es todo? ¿Encontrar a la persona correcta? ¿Por qué nadie me lo dijo antes?

Acomodo mejor la camisa, la cual se le había quedado algo pequeña, lo cual, de alguna manera, llamó la atención aún más a su cuerpo.— No me refiero a la persona correcta para casarse, cariño. Me refiero a la persona correcta para tener tu sangre bombeando. Para hacerte apagar tu analítico, crítico e hiperactivo cerebro y pensar con el cuerpo en su lugar.

— Los cuerpos no pueden pensar.

— ¡VES! —Dijo.— Analítica. Crítica.

— ¡Muy bien! Bien. ¿Qué bar esta noche?

— Stumblelnn, por supuesto.

De los bares conocidos este era uno de los más tranquilos.— Con clase.

— ¿Qué? —Brody miró hacia mí como si me faltara la respuesta a una pregunta muy obvia.— Es un buen bar. Más importante aún, es un bar que a las chicas les gusta. Y desde que a ti te gustan las chicas, es un bar que ambos nos gusta.

Podría ser peor. Podría llevarme a un club. Además tenía razón, aunque el bar no estaba catalogado como un "bar gay" la gran mayoría eran homosexuales.

— Está bien. Vamos. —Me paré, y me dirigí a la cortina que separaba mi dormitorio del resto de mi apartamento.

— ¡Espera! Espera. —Agarró mi codo y me empujó tan fuerte que me caí de nuevo en mi cama.— No puedes ir así.

Miré a mi atuendo, una florida falta triangular y un top simple que mostró una buena cantidad de escote. Se veía lindo. Podría totalmente recoger una chica en eso… Tal vez.

— No veo el problema. —Dije.

Rodó los ojos, y me sentí como una niña. Odiaba sentirme como una niña, y casi siempre lo hacía cuando la conversación se volcaba hacia el sexo.

— Cariño, ahora mismo te ves como la adorable hermana de alguien. Ninguna mujer quiere follar a su hermanita. Y si lo hace, no quieres estar cerca de ella.

Sí, definitivamente me sentía como una niña. Buen punto.

— Mmm… suena como si estuvieras practicando apagar ese hiperactivo cerebro tuyo. Buen trabajo. Ahora párate ahí y déjame hacer mi magia. —Dijo Brody con una sonrisa de oreja a oreja.

Y por magia, se refería a tortura.

Después de vetar tres camisas que me hicieron sentir como una prostituta, unos pantalones que eran más como polainas, y una falda tan corta que amenazó con mostrar al mundo mi agujero del amor en caso de una brisa suave, nos acomodamos en algún apretado capri de mezclilla de tiro bajo, y un top de encaje negro que destacaba, en contraste, con mi piel.

— ¿Piernas afeitadas?

Asentí con la cabeza.

— ¿Otras… cosas… afeitadas?

— Tanto como alguna vez van a estar, sí, ahora vamos. —Ahí era donde dibujaba una línea en esta conversación.

Él sonrió, pero no dijo nada.— Está bien, ¿Cerebro?

— Apagado. O bien… disminuido, de todos modos.

— Excelente. Creo que estamos listos.

Yo no estaba preparada. No, en absoluto.

Había una razón por la que no había tenido sexo todavía, y ahora lo sabía. Yo era una fanática del control. Era por eso que lo había hecho tan bien en la escuela toda mi vida. Me hizo una gran directora de escenario, nadie podría dirigir un ensayo de teatro como yo. Y cuando me dio el valor para actuar, siempre estuve más preparada que cualquier otro actor en la clase. Pero el sexo… eso era lo contrario al control. Había emociones y atracción, y esa persona molesta que otro debía estar involucrada. No es mi idea de diversión.

— Estás pensando demasiado. —Dijo Brody.

— Mejor que no pensar lo suficiente.

— No, esta noche, no lo es. —Dijo él.

Subí el volumen del Ipod de Brody, tan pronto como llegamos al coche, así podía pensar en paz.

Podría hacer esto. Era un problema que había que resolver, un tema que había que comprobar fuera de mi lista de tareas pendientes.

Era así de simple.

Simple.

Mantenlo simple.

Nos detuvimos frente al bar unos minutos más tarde, y la noche se sentía todo, menos simple. Mis pantalones se sentían demasiado apretados, mi camisa demasiado baja, y mi cerebro demasiado nublado.

Quería vomitar.

No quería ser virgen. Eso ya lo sabía. No quería sentirme como la inmadura mojigata que no sabía nada sobre el sexo. Odiaba no saber las cosas. El problema era… tanto como no quería ser virgen, tampoco quería tener relaciones sexuales.

El enigma de los enigmas. Era como uno de esos cuadrados que parecen rectángulos, pero al final te preguntas si es un rectángulo que parece un cuadrado.

Brody estaba de pie frente a mi puerta, con los zapatos bien puestos golpeando el piso en un ritmo suave, mientras sacaba el coche. Me cuadré de hombros, aticé mi pelo (a medias), y seguí a Brody hacia el bar.

Hice una línea recta hacia la barra, sentándome en un taburete, e hice señas a la camarera.

Ella era una posibilidad. Pelo castaño, estatura media, cara bonita. Nada especial, pero no ciertamente fuera de lugar. Podría ser buena para simple.

— ¿Qué puedo hacer por ustedes, queridos?

Acento sureño. Sin duda una clase de chica de cosecha propia.

Brody embistió.— Necesitamos dos tragos de tequila para empezar.

— Que sean cuatro. —Grazné.

Silbó, y sus ojos se encontraron con los míos.— Ese tipo de noche.

¿Eh?

No estaba dispuesta a poner en palabras qué tipo de noche era.— Estoy buscando un poco de coraje líquido.

— Y yo estaría encantada de ayudar. —Mi guiñó el ojo, y estaba apenas fuera del alcance del oído antes de que Brody rebotara en su asiento—: ¡Ella es la indicada! ¡Ella es la indicada!

Sus palabras me hicieron sentir como si estuviera en una montaña rusa, al igual que el mundo acababa de dejar de girar y todos mis órganos estaban jugando a ponerse al día. Sólo necesitaba más tiempo para adaptarme. Eso es todo. Agarré el hombro de Brody, y lo obligué a tranquilizarse. —Calma, Brody. Eres como un maldito Chihuahua.

—¿Qué? Es una buena opción. Linda. Agradable. Y, totalmente gay, la vi mirar tu escote… dos veces.

Él no estaba equivocado. Pero todavía no estaba tan interesada en dormir con ella, por lo que supongo que no tenía que descartarla, pero, seguro que sería un infierno mucho más fácil, si estuviese interesada realmente en la mujer.—No estoy segura… simplemente no hay chispa. —Pude ver venir el poner los ojos en blanco, así que dije de una forma rápida—, todavía. —

Cuando la Chica Camarera regresó con las bebidas, Brody pagó, y me llevé mis dos tragos antes de que él entregara su tarjeta. Se quedó por un momento, sonriéndome, antes de pasar a otro cliente. Robé uno de los tragos restantes de Brody..

—Tienes suerte de que esta es una gran noche para ti, Rach. Normalmente, nadie se interpone entre mi tequila y yo.

Tendí mi mano— Bueno, nadie va a conseguir meterse entre estas piernas a menos que esté bien borracha, así que pásame el último.

Brody sacudió la cabeza, pero estaba sonriendo. Después de unos segundos, se rindió, y con cuatro tragos de tequila en mi sistema, la perspectiva de sexo parecía un poco menos tenebrosa.

Otra camarera se acercó, y pedí un Jack y coca cola para beber mientras me confundía en medio de todo este lío.

Estaba la Chica Camarera, pero no se desocuparía hasta bien después de las 2am. Era un manojo de nervios ya, así que si esto se prolongaba hasta altas horas de la mañana, estaría completamente psicótica. Sólo podía imaginar… directamente, con camisa de fuerza debido al sexo.

Había una mujer de pie junto a mí, que parecía moverse unos centímetros más cerca con cada trago que tomé, pero tenía que tener por lo menos cuarenta años. No, gracias.

Tomé un trago más de mi copa, dando gracias a la camarera que fue pesada con el Jack, y examiné el bar.

—¿Qué pasa con ella? —preguntó Brody, señalando a una chica en una mesa cercana.

—Demasiado pijo.

—¿Ella?

—Demasiado Hipster.

—¿Por ahí?

—Ew. Demasiado vieja.

La lista continuó hasta que estaba bastante segura de que esta noche era un fracaso. Brody sugirió ir a otro bar, que era lo último que quería hacer. Le dije que tenía que ir al baño, y esperaba que alguien atrapara su atención mientras no estaba para así poder escapar sin drama. El baño estaba al fondo, más allá de la zona de piscina y dardos, detrás de una sección con algunas mesas redondas y pequeñas.

Fue entonces cuando me fijé en ella.

Bueno, técnicamente, noté primero el libro. Y, simplemente, no puede mantener la boca cerrada. — Si eso se supone que es una manera de obtener algún chico, me permito sugerir trasladarte a una zona con un poco más de tráfico de hombres bibliófilo, acá difícil que aparezca alguno.

Ella levantó la vista de su lectura, y de repente me pareció difícil tragar. Era sin duda la mujer más atractiva que había visto esta noche, cabello rubio, cayendo por sus hombros, los ojos avellanas, y una cara que podría haber hecho cantar a los ángeles. No me hacía cantar. Me hacía mirar boquiabierta. ¿Por qué me detuve? ¿Por qué siempre tengo que hacer una tonta de mí mismo?

—¿Perdón?

Mi mente seguía procesando su perfecto pelo y brillantes ojos verdes, así que me tomó un segundo decir: -Shakespeare. Nadie lee a Shakespeare en un bar, y no vas a conseguir chicos si esa es tu táctica.

Ella no dijo nada por un largo rato, pero luego su boca se separó en una sonrisa reveladora, qué sabes tú, ¡Dientes perfectos!

— No es un truco, es más no me interesan los chicos, pero si lo hiciese para conseguir una chica me parece que estoy teniendo mucha suerte aquí.

Me clavo su mirada y me estaba muriendo. Respira. Necesitaba respirar.

No la pierdas, Rach. Puso su libro a un lado, pero no antes de marcar su lugar. Dios mío, realmente estaba leyendo a Shakespeare en un bar.

—¿Así que no estás tratando de conseguir un chico o una chica?

—No estaba.

Mi cerebro analítico no perdió su uso de tiempo pasado. Al igual que… ella no había estado tratando de seducir a nadie, pero tal vez estaba ahora.

Eché otro vistazo de ella. Estaba sonriendo ahora —blancos dientes, sí, yo era definitivamente seducible. Y pensé que era suficiente para enviarme a shock.

—¿Cómo te llamas, amor?

¿Amor? ¡AMOR! Sigo muriendo, aquí.

—Rachel.

—Bonito nombre para una chica encantadora. —El timbre de su voz, entró en ese registro que hizo mi interior rizarse en sí mismo, era como si mi útero estuviese llevando a cabo un baile feliz en el resto de mis órganos. Dios, me estaba muriendo en la más larga, más tortuosa, y excitante muerte en la historia del mundo. ¿Era esto lo que siempre se sentía al estar excitada? No es de extrañar que el sexo hiciera que la gente haga cosas locas.

—Bueno, Rachel, soy nueva en la ciudad, y ya me quedé fuera de mi apartamento. Estoy esperando a un cerrajero, en realidad, y pensé en tener un buen uso de este tiempo.

—¿Repasando tu Shakespeare?

—Tratando, al menos. Honestamente, nunca me ha gustado el tío casi nada, pero vamos a mantener esto como un secreto entre nosotros, ¿Ya?

Estaba bastante segura de que mis mejillas se tiñeron aún más de rojo, si el calor saliendo de ellas era alguna indicación. De hecho, todo mi cuerpo se sentía como si estuviera en llamas. No estaba segura de si era mortificación o su mirada que me tenía a punto de arder espontáneamente delante de ella.

—Pareces decepcionada, Rachel. ¿Eres fan de Shakespeare?

Asentí con la cabeza, porque mi garganta podría haberse cerrado. Arrugó la nariz en respuesta, y mis manos se morían de ganas de seguir la línea de la nariz hasta los labios.

Me estaba volviendo loca. En realidad, certificablemente loca.

—¿No me digas que eres una fan de Romeo y Julieta?

Ahora, esto. Esto era algo que podía discutir.

—Otelo, en realidad. Ese es mi favorito.

—Ah. Justa Desdémona. Leal y Pura.

Mi corazón tartamudeó a la palabra pura.

—Yo, mmm… —me costó juntar mis pensamientos—. Me gusta la yuxtaposición de razón y la pasión.

—Soy una fan de la pasión, por mí misma. —Bajó su mirada y luego, recorrió el largo de mi forma. Mi columna hormigueo, hasta que sentí que podría estallar fuera de mi piel.

—No me has preguntado mi nombre —dijo.

Me aclaré la garganta. Esto no podría ser atractivo. Yo era tan sociable como un cavernícola. Le pregunté: —¿Cuál es tu nombre?

Ella inclinó la cabeza, y el pelo le cubría los ojos.

—Únete a mí, y te lo diré.

No pensaba en otra cosa que el hecho de que mis piernas eran como gelatina, y sentándome me impediría hacer algo embarazoso, como pasar fuera del influjo de las hormonas, que estaban claramente liberando de todo en mi cerebro. Me hundí en la silla, pero en vez de aliviar, la tensión incrementó a otro nivel.

Habló, y mis ojos se engancharon en sus labios. —Mi nombre es Quinn.

¿Quién sabía que los nombres podían ser calientes también?

—Es un placer conocerte, Quinn.

Se inclinó hacia delante apoyándose en los codos. Entonces nuestros ojos conectaron, y el bar que nos rodeaba pasó de tenue a oscuro, mientras estaba atrapada por esos verdes.

—Voy a comprarte una bebida. —No estaba destinado a ser una pregunta. De hecho, cuando me miró, no había nada en ella cuestionando en absoluto, sólo confianza—. Entonces podemos hablar un poco más sobre razón y… pasión.


*Desdemona: Personaje de la obra de teatro Otelo, de William Shakespeare. *

*Othello:El moro de Venecia es una obra de Shakespeare escrita alrededor de 1603 *.

*El Bardo: Sobrenombre de William Shakespeare.*

¿Les ha gustado? ¿Qué opinan del fanfic hasta ahora? ¿Qué creen que pasara? ¡Quiero leer sus opiniones!