Hola a todos, muchas gracias por sus comentarios, por sus favoritos, como siempre eso me anima mucho a continuar con la historia, hoy no tengo mucho que decir, más que espero que les agrade, y lamento haberme demorado tanto con la actualización , pero la verdad es que no he tenido mucho tiempo, ni siquiera he podido ojear la sección de Korra en español, y eso que veo muchos nuevos fics, y eso me gusta, solo espero que esta sección se vuelva más y más grande. En fin los dejo con la historia.
…
Mako miró las graderías del estadio y se desanimó al no encontrar a Korra y a su papá en ellas. Esto no significaba que quisiera ver a la chica, claro que no, a él no le gustaba, simplemente, quería que ella pudiera presenciar uno de sus partidos, e impresionarla con su forma de jugar, tal vez, así dejaría de pensar que él era un idiota.
A pesar de todo, Mako si encontró a alguien en las graderías, pero no se alegró en lo absoluto. Se trataba de Lighting Bolt Zolt, el líder de la Triple Amenaza, quien se hallaba en un palco privado acompañado por algunos de sus mejores matones, entre los que se encontraba Kuruq. En ese momento, el chico se sitió aliviado al saber que Korra no estaría presente, pues ni siquiera su papá lograría protegerla si es que realmente quería acercársele.
El chico observó nuevamente a los espectadores. Simplemente no podía entender cómo Zolt podía estar en un lugar completamente abarrotado, sin que la policía siquiera tratara de arrestarlo. Al parecer, ellos creían que era más importante perseguir a un montón de niños harapientos que pedían dinero en las calles, que a los hombres que se hallaban tras toda aquella maquinaría.
— Hey Mako— lo llamó un muchacho de su edad desde la puerta — Zolt quiere hablar contigo.
— Dile que voy enseguida— respondió Mako.
Después, el maestro fuego hizo a un lado su casco y salió de los camerinos hacía el palco de Zolt, en donde encontró al líder con los demás miembros de su banda.
— Buenas noches señor— saludo Mako.
— Oh Mako, tan serio como siempre — se burlo Zolt— deja esa cara larga, no voy a morderte, tú sabes perfectamente que solo quiero hablar de negocios.
— Lo sé señor— contestó Mako inexpresivamente.
— Espero que ganes esta noche Mako, en el partido de hoy hay mucho dinero en juego, los Triple Amenaza apostamos a tu favor y si no ganas… bien, habrá consecuencias— le dijo melosamente Zolt. Pero Mako no era tonto, sabía perfectamente que todo aquello era una amenaza por lo que su ira aumentó.
— Por supuesto que ganaremos señor. Yo cumpliré mi parte del trato, si usted cumple su parte— se aventuró a decir Mako, en tanto Zolt levantaba una ceja, y le dirigía una mirada divertida al ver el descaro del muchacho.
— Claro Mako, una vez termine el torneo, tú y tu hermano ya no nos serán de utilidad, así que pueden largarse y hacer lo que les plazca— comento despreciativamente el líder.
— Lo haremos señor — asintió el chico— si me disculpa, tengo que prepararme para el partido Mako le dio la espalda al líder de la Triple Amenaza, pero antes de que pudiera cruzar la puerta fue interceptado por Kuruq.
— Mako ¿es cierto que hablaste con Korra esta tarde? — preguntó.
— Si— respondió el maestro fuego con cara de pocos amigos
— ¿Es cierto que ella vendrá al estadio? — volvió a preguntar.
— Eso creo, pero no creo que lo haga, ya casi empieza el partido y aún no ha llegado— contestó.
— Es una lástima, ¿a esa chica nunca la dejan sola, no es verdad? — dijo Kuruq en tanto se frotaba la nuca.
— Eso es porque la quieren lejos de tipos como tu — bromeo Zolt desde su asiento, por lo que los demás se rieron.
— ¡Ha! Supongo que de tal madre tal hija— opinó Zolt mientras que inspeccionaba con sus ambiciosos ojos el campo de juego — hace algunos años, Senna también causo un gran alboroto, era un encanto ¿lo recuerdas Yao? — le preguntó Zolt a uno de sus matones.
— Si jefe, aún lo es— respondió el sujeto.
— Por su puesto, pero tenía a su esposo, y a esa pequeña que no dejaba sola si quiera un minuto, demasiados problemas— comentó el líder.
— Aún no la deja sola, no he podido si quiera acercarme a ella— dijo Kuruq.
— Bien… casi nunca hago esto, pero tú eres un buen muchacho, así te haré una propuesta— dijo el líder mientras se volteaba con una sonrisa en su rostro— si logras salir con ella les rebajaré la cuota a la tercera parte. De seguro Senna cederá.
— ¡Gracias Jefe! — dijo Karuq emocionado
Mako frunció el seño al escuchar aquello, le producía asco pensar que ese sujeto prácticamente quería comprar a Korra. Aunque, el chico sabía a la perfección que su mamá no cedería, todo lo contrario, probablemente, aumentaría la vigilancia sobre su hija. Pero, por otra parte, al maestro fuego también le producía pánico pensar que ella prefiriera a Boilin antes que a Kuruq, pues no sabía que reacción tendría el pandillero si se enteraba de esto.
— Si me disculpan, tengo que retirarme— dijo Mako quien salió rápidamente antes de que alguien lograra detenerlo.
El maestro fuego continuó en silencio, mientras dejaba que la ira le comiera el cerebro, ya que sabía perfectamente que la vida de aquella tranquila y amable familia cambiaría, sin importar si Korra aceptaba a kuruq o no, pues de hacerlo, todo sería más difícil para ella y si no, él tomaría represarías en contra de la chica.
Mientras caminaba, Mako no pudo evitar recordar aquella ocasión en que había conocido a Korra y a su madre. En aquel entonces, Mako tan solo tenía ocho años, y él y Boilin llevaban casi dos días sin alimento, por lo que el maestro fuego le propuso que fueran al mercado para buscar algo de comida en los basureros, los chicos, al darse cuenta de que no iban a conseguir nada, se sentaron junto a una pared a pasar el tiempo.
De pronto, Boilin salió corriendo hacía una niña que sostenía una bolsa de galletas dulces.
— Boilin, espera…— gritó Mako, pero ya era demasiado tarde, su hermano ya estaba hablando con la niña. Rápidamente, el maestro fuego se unió a ellos y vio con sorpresa como ella sacaba unas de sus galletas y se las daba a su hermano menor.
— ¿Tu también quieres? — le preguntó la niña mientras que prácticamente le ponía la bolsa en la cara. El olor del dulce confitado llenó los sentidos de Mako casi al instante, por lo que el niño no pudo más que aceptar las galletas.
— ¡Korra! — escucho Mako gritar a una de las vendedoras del mercado, quien se acercó a toda velocidad a ellos. El maestro fuego ya sabía lo que le esperaba, probablemente, reprendería a la niña por haberse acercado a él y a su hermano, y se la llevaría sin pensarlo dos veces.
— No te alejes tanto, no me gusta perderte de vista— dijo la mujer en tanto se ponía a la altura de la niña y la miraba a los ojos.
— Mami, mami, los niños tenían hambre, él me pidió una galleta— contestó Korra señalando a Boilin. Mako sintió ganas de tomar a su hermano y salir corriendo, pero pronto se vio presa de la intensa mirada azul de la mujer por lo que se quedó quieto en su sitio.
— No deberían comer galletas sin haber comido algo más, comer solamente dulce no los alimentará— dijo Senna molesta — vengan conmigo —continuó la mujer en tanto tomaba la mano de Korra y Boilin. Por su parte, Mako se quedó quieto por la sorpresa que le había causado la reacción de la mamá de la niña.
— ¿No vienes? — le preguntó en un tono que a Mako que le recordó a su propia madre.
— Si señora— respondió Mako mientras la seguía a través de las tiendas.
Aquel día, la señora les dio comida, no era la gran cosa, tan solo algo de sopa de vegetales, y arroz que Senna había preparado en la cocineta improvisada en la parte de atrás de su local, aún así , Mako no recordaba la última vez que había tenido un almuerzo en todo el sentido de la palabra, pero, antes de dejarlos ir, les dijo que de ahora en adelante vendrían a almorzar con ella.
— Ni siquiera se les ocurra robarle a las personas ¿entendido? — dijo la mujer mientras les apuntaba con el dedo.
— No señora — respondieron los niños.
Mako y Boilin siguieron visitando a Senna día tras día, e incluso, en ocasiones pasaban las tardes jugando con Korra en la pequeña plazuela en frente del toldo de la mujer. Había ocasiones en que jugaban con la pelota, y otras oportunidades pasaban horas mirando los libros de ilustraciones y cuentos que la niña llevaba para entretenerse mientras que su mamá trabajaba. Durante aquellas tardes, el maestro fuego aprendió a apreciar el carácter fuerte y explosivo de la pequeña, quien a su vez podía ser la persona más dulce e inocente del mundo entero.
Conforme fueron pasando los años, el maestro fuego encontró una forma de sobrevivir al realizar pequeños trabajos de espionaje y robo para las triadas, hasta que un día, cuando tenía 15 años, reunió el dinero suficiente para comprarle algo a la mujer, era lo mínimo que podía hacer para pagarle todo lo que había hecho por ellos.
A pesar de sus buenas intenciones, ella se mostro sospechosa en seguida, y no dejaba de preguntarle de donde había sacado tal cantidad de dinero, hasta que finalmente Mako confesó. El maestro fuego estaba seguro de que jamás olvidaría la expresión de tristeza en los ojos de Senna, parecía como si la desilusión hubiera ensombrecido su mirada. Pero, lo peor para él, fue ver a Korra, ella no parecía triste, más bien estupefacta por la noticia.
— No se meta en lo que no le importa señora. Usted no tiene derecho a juzgarme, ninguna de las dos sabe lo que es vivir en las calles, solo, sin ayuda, con un hermano al que mantener. Yo no tengo que complacerla para pagar su caridad— dijo Mako furioso. Después, volteó a ver nuevamente a Korra pero no encontró ira en su mirada, lo único que vio en ella fue comprensión, y esto lo hizo sentir aún peor.
— ¿Qué es lo que tanto me miras? — le preguntó agresivamente, pero ella no respondió.
En ese momento, Mako no resistió más y salió corriendo, no quería enfrentarse a esas dos mujeres, no porque les tuviera miedo, sino porque se sentía avergonzado de sí mismo. En realidad, el chico no quería trabajar para las tríadas, nunca lo había hecho. Y fue en ese momento, con tan solo quince años que Mako entendió que no todos nacen para ser criminales, y él era una de esas personas que sencillamente no quería hacerle mal a los demás. Pero sin importar sus buenas intenciones, la ciudad era como un gigantesco monstruo, que amenazaba con devorarlos a él y a su hermano si no hallaban una forma de sobrevivir.
A partir de ese día, Mako decidió que no volvería más a la tienda de Senna, pasó casi un mes hasta que volvió al mercado, pero, desafortunadamente la suerte no estuvo con él y se encontró de frente a Korra .
— Hey chico listo— lo llamó con su alegre tono de voz— ¿Qué pasó?, ¿te olvidaste de nosotras?
— yo… yo…— intentó responder Mako algo nervioso y un poco ruborizado.
— Oye, nosotras te entendemos, no hay problema— dijo la niña con una brillante sonrisa. Mako se la quedó mirando por algunos segundos, hasta que una voz femenina rompió el encanto.
— ¡Korra! — dijo Senna — ahí estas ¿ cuántas veces te he dicho que no te pierdas de vista? — la reprendió la mujer mientras se colocaba a espaldas de su hija, pero, al ver a Mako, ella se quedó en silencio.
— Hola Mako— saludo amablemente y sin la menor seña de resentimiento — ¿nos acompañas a almorzar? — preguntó. Pero Mako permaneció en silencio.
— me enfadaré si no lo haces— dijo maternalmente. Finalmente, Mako consiguió que sus piernas se movieran y la siguió hasta su puesto.
Nuevamente, y con su mente en el presente, Mako llegó al camerino, caminó hasta su armario y aventó fuertemente su casco al otro lado de la habitación mientras tomaba su cabeza con ambas manos. El maestro fuego sentía que debía hacer algo, no podía permitir que esto le pasara a Korra, quien, a los ojos del maestro fuego, seguía siendo la misma niña salvaje y temperamental, pero a la vez dulce e inocente que había decidido compartir sus galletas dulces con un par de huérfanos.
Definitivamente, a él no le gustaba Korra, pero no podía permitir que la vida de la chica se convirtiera en un infierno.
Mako dio los toques finales a su uniforme, y en ese momento, apareció Hasook, quien también comenzó a alistarse en silencio.
— Mako, mira quien está aquí— dijo alegremente Boilin en tanto entraba al camerino. Y el maestro fuego vio con horror que se trataba de Korra.
— ¿Qué está haciendo ella aquí? — le preguntó Mako furioso a su hermano —¿Qué estás haciendo aquí Korra? — dijo el chico.
— Woow, yo también estoy feliz de verte chico listo— murmuró Korra mientras se cruzaba de brazos.
— Korra, por favor dime que viniste con tu papá, y que él está en las graderías — Dijo Mako en tanto le dirigía una mirada cargada de preocupación.
— Pues… la verdad es que me escapé. Pero, ellos no me dejan salir, y la arena tan solo queda a unas cuantas cuadras. Por favor, no les digan nada a papá y mamá— pidió Korra casi desesperada. Mientras, Mako dejo salir una larga y cansada exhalación, no podía creer que de todas las noches la maestra agua hubiera elegido precisamente aquella para escaparse de casa.
— Bien— suspiró el chico— pero tienes que prometerme una cosa, que no iras a las graderías por nada del mundo, te quedarás aquí, y no te dejarás ver de ninguno de los miembros de la Triple Amenaza— dijo, por lo que Korra frunció el seño al escuchar estas palabras.
— ¿Porqué me pides eso Mako? — preguntó la maestra agua.
— Yo… este… te explicare una vez acabe el partido, tenemos que ir a jugar— dijo Mako apresuradamente.
Los tres jugadores tomaron su lugar en la placa que los condujo a la arena, en donde tras escucharse el silbato, dio inicio el juego de los Hurones de Fuego contra los Tigre Cocodrilo del Templo Dorado. El equipo de novatos lucho por mantenerse en pie desde el primer momento, aunque Mako y Boilin eran jugadores excepcionales, Hasook era el punto débil del equipo.
Una vez hubo comenzado el segundo round, los movimientos de Hasook se volvieron cada vez más y más torpes hasta que por su culpa Boilin fue eliminado del juego. Por su lado, Mako sintió deseos de rendirse a la desesperación, pero, simplemente no podía hacerlo, él chico tenía demasiado que perder, su hermano, su futuro, su vida…
Mako tomó fuerzas de un lugar insospechado, y arremetió contra los Tigre Cocodrilos con todo su arsenal, hasta que logro sacarlos de la plataforma uno por uno, coronándose así ganador. Finalmente, el maestro fuego pudo respirar aliviado, por lo que se quitó el casco y observó al publico vitorearlo, en tanto que un par de ojos azules llenos de ilusión, llamarón su atención.
Lentamente, Mako volvió al camerino en donde encontró a su hermano y a Korra celebrando la victoria. Después, volteó su mirada y se encontró con Hasook, y nuevamente se llenó de ira, ya que la torpeza de ese idiota por poco les había costado la cabeza de los tres.
— Hey Hasook— llamó Mako al maestro agua — ¿Qué es lo que pasa contigo? Jugaste terrible esta noche. — dijo furioso.
— Pero ganamos, ¿no? — preguntó Hasook.
— Por poco — contesto Mako.
— Deja de fastidiarme Mako— le gritó el chico en tanto lanzaba su casco y salía furioso.
— Inútil— murmuró el maestro fuego.
— Oh vaya, eso fue genial, en especial tu señor truco en el sombrero— dijo Korra emocionada. Mako, quien estaba completamente fastidiado por todos los eventos de aquella noche tan solo cerró sus ojos, y en el tono más arrogante que pudo utilizar preguntó:
— ¿Todavía sigues aquí?
— ¿y tú todavía eres un idiota? — contra preguntó la chica dedicándole una mirada resentida.
— Espera un momento— dijo la chica— tú tienes que decirme la verdad, ¿Por qué no me quieres aquí? Sé que no te simpatizo, pero jamás me imagine que te pusieras así al verme en uno de tus partidos — comentó Korra. Mako, quien se hallaba en frente al armario y de espaldas a ella se mordió el labio en señal de nerviosismo, ya que no tenía la menor idea de que debía decirle, ni de cómo hacerlo.
—Mako— lo llamó nuevamente— ¿Qué es lo que sucede? — preguntó Korra quien ahora parecía preocupada.
—Yo… Yo… empezó Mako nervioso— Korra, creo que Kuruq quiere salir contigo— dijo el chico rápidamente.
— Oh, pues no sé qué decir, ni siquiera sé quien es —dijo la chica con una sonrisa en los labios que indicaba que no comprendía la magnitud de aquello. Mientras tanto, Mako y Boilin compartieron una mirada nerviosa, pues su hermano sí sabía de quien estaban hablando.
— El es uno de los mejores muchachos de Zolt— murmuró el maestro fuego. Casi de inmediato, la expresión de Korra se ensombreció, pues la chica era ingenua, pero no estúpida, ella sabía perfectamente que el futuro de aquellas mujeres que se involucraban con los miembros de las triadas podía ser muy incierto.
Korra había escuchado todo tipo de historias. Desde chicas que habían hecho un par de yuans acostándose con esos sujetos, hasta otras que habían sido encontradas muertas en alguna zanja, o habían terminado como prostitutas drogadictas en las calles. Por su puesto, muchas usaban aquel medio como una manera fácil para salir de la pobreza , pero ella no se veía a sí misma haciéndolo, el solo pensamiento la repugnaba hasta más no poder.
— El… el…— balbuceó Mako— el obtuvo el permiso de Zolt, yo lo vi dándoselo, además él dijo que le iba a proponer a tu mamá que…
— Ella no lo dejará acercarse a mí — dijo Korra.
— Tú sabes que no es tan fácil — murmuró Mako.
— Sí, sí, no tienes que recordármelo— dijo Korra fastidiada.
— Como sea —añadió Mako resignado— lo mejor será que te acompañemos a tu casa, ya es muy tarde y no me gustaría que estuvieras sola una noche como la de hoy— dijo. Normalmente, Korra hubiera protestado, ya que tan solo habían unas cuantas cuadras cuadras a su casa, y ella no era precisamente indefensa, pero la sola posibilidad de cruzarse con Zolt y sus muchachos la enfermaba.
— Gracias— se limitó a decir Korra. El primero en dejar la habitación fue Boilin, sin embargo, justo cuando se hallaba dispuesto a cruzar el umbral de la puerta, el chico se detuvo.
— Oh no. Mako, Zolt viene para acá— dijo alarmado. En ese momento, el maestro fuego sintió que algo frio le recorría la parte trasera de la nuca. ¿Qué debía hacer? ¿Dónde podía esconder a Korra? sin embargo, el chico no alcanzó a hallar una respuesta para sus preguntas, ya que cuando volteó su mirada, la maestra agua ya estaba escondiéndose en el armario donde guardaban los equipos.
Mako agradeció silenciosamente a los espíritus que Korra fuera tan inteligente, y se preparó para abrirle la puerta al jefe de la triada.
— Señor — dijo Mako al verlo pasar al vestidor.
— Muy bien jugado — dijo el sujeto en tanto entraba acompañado por tres de sus matones entre los que se encontraba Kuruq — aunque estuvieron cerca de perder.
— Claro que no, señor. Todo fue calculado— dijo animadamente Boilin desde un rincón.
— ¿En serio? — preguntó el sujeto desconfiado — porque no lo pareció. No sé cuál es su plan, pero más les vale que el otro chico logre poner todo bajo control, de lo contrario nuestro trato correrá peligro — los amenazó Zolt.
— Esto no volverá a pasar, yo mismo hablaré con él— aseguró Mako.
— Perfecto, me alegra que hayan entendido — asintió Zolt. Después, el sujeto salió con la misma rapidez con la que había llegado, pero antes de que hubieran salido completamente, Kuruq se detuvo.
— Lo olvidaba ¿alguno de ustedes vio a Korra esta noche? — preguntó el sujeto en tanto Mako se percataba que el armario vibraba levemente.
— No — mintió Mako.
— Oh, qué lástima, supongo que tendré que esperar hasta mañana— dijo.
— Eso supongo— respondió Mako encogiéndose de hombros. Después, el muchacho dejó la habitación, por lo que los tres finalmente pudieron relajarse. Lentamente, Korra salió del armario, como si aún temiera que el Zolt y su gente fuera a volver por ella.
— ¿Que fue todo eso? — Preguntó Korra — ¿Por qué los visitó? ¿A qué trato se refiere? Mako, Boilin, alguien respóndame— dijo la chica molesta al ver que los dos hermanos tan solo se miraban nerviosamente el uno al otro.
— Mako… — empezó nuevamente Korra observándolo con sus penetrantes ojos azules— lo de esta tarde fue mentira ¿no es verdad? — preguntó la chica mientras Mako hacía lo posible por evadir su mirada.
— Mako— repitió Korra.
— Está bien, todo fue una mentira— aceptó Mako en voz alta— pero esto será lo último que hagamos para la Triple amenaza. Tu no entiendes Korra, salir de las triadas no es precisamente fácil, así que hicimos un trato con Zolt, nosotros jugaremos para él durante esta temporada y el nos dejará libres, ¿Estás contenta? ¿Eso es lo que querías escuchar? ¿Querías oírme admitir que soy un mentiroso? ¿Una rata callejera? — se quejó Mako.
— No, yo no quería oír eso, pero me hubiera gustado escuchar que ustedes dos se encontraban bien, fuera de peligro— dijo Korra en un tono suave. Mako se la quedó mirando fijamente. Nuevamente, la chica lo sorprendía, ya que no había ni una pisca de reproche en su voz, tan solo comprensión, aunque, de cierta manera, para el maestro esto era aún peor, ya que se odiaba a sí mismo aún más cuando se encontraba con personas como la chica y su mamá.
— Como sea… — dijo Mako — lo más importante es sacarte de aquí — comentó.
— Bien — asintió Korra.
— Yo también iré con ustedes— dijo Boilin.
De inmediato, la chica dejó la habitación para que los dos hermanos pudieran cambiarse de ropa, y una vez salieron, los tres emprendieron el corto camino hasta la casa de Korra.
Por su parte, Mako no podía dejar de sentirse nervioso, aunque no tenía razones para hacerlo, ya que aquella zona no era especialmente peligrosa.
— Mako, mira — susurro Boilin en tanto señalaba una esquina cercana.
— Yo no veo nada — respondió Mako al ver una esquina vacía.
— Exacto— asintió Boilin — esa es la una de las esquinas de los chicos del Sucio Shin, pero no veo a nadie, tu sabes bien que él no dejaría su zona desprotegida— comentó Boilin. Por un momento, Mako se sintió sorprendido, ya que su hermano raramente era tan observador, pero también se preocupo ya que el chico tenía toda la razón.
— Sí, es extraño — murmuró Mako. En ese momento, el sonido de motores lo alertó, pero el maestro fuego no reaccionó hasta que Korra lo agarró firmemente por el brazo y lo haló hasta un callejón.
— ¿Qué es eso? — susurró Boilin, en tanto se escondía junto a ellos en el muro del callejón.
— Bloqueadores de chi — dijo Korra, mientras miraba al pequeño ejército que se aglomeraba en la calle junto a ellos. A la maestra agua nunca le habían gustado especialmente los igualitarios, ella había crecido escuchando todo aquel discurso de igualdad, y de los maestros opresores, pero, en realidad, jamás había visto a uno de ellos hacer nada por nadie, además, muchos de los maestros vivían en iguales o peores condiciones que los no maestros.
A decir verdad, lo único que los había visto hacer era atacar a los maestros que encontraban en las noches. Inclusive, el propio Tonraq una vez había tenido que vérselas con ellos, mientras que se dirigía de su casa desde el trabajo, aquella vez, su papá tuvo que permanecer casi una semana en el hospital reponiéndose de aquel ataque, en tanto que Senna tenía que encargarse con los gastos del hogar completamente sola.
Justo en el momento en que la chica creía que estarían a salvo, un sonido de pasos contra el concreto la alertó, por lo que ella comenzó a caminar sigilosamente, adentrándose cada vez más en el callejón. Korra se percató de que Mako y Boilin la seguían, por lo que los guió hasta la parte trasera de un basurero en donde se ocultaron.
Los nervios de Korra aumentaron cuando escuchó al sujeto acercarse, la chica miró a los lados, y se desesperó al ver que no tenían lugar a donde ir. De repente, en un arrebato de adrenalina, la maestra decidió hacer lo impensable y abrir con su tierra control un agujero en el suelo, lo suficientemente grande, como para que una persona cupiera en él.
— Bajen — susurro la chica, pero Mako y Boilin tan solo se quedaron viéndola completamente estupefactos.
— Bajen — repitió Korra perdiendo la paciencia. De inmediato, Mako tomó la iniciativa y se escondió en el agujero, y después lo siguió Boilin. Finalmente, Korra bajó y cerró la pequeña caverna que abrió en la tierra. Los tres muchachos se mantuvieron callados hasta que los pasos sobre ellos les indicaron que el igualitario finalmente se había marchado.
— Estamos a salvo— dijo Korra aliviada. Nuevamente, fue Mako quien tomó la iniciativa y salió del hoyo, después le dio la mano a Korra y a Boilin para que ellos lo siguieran.
— Como diablos hiciste e…— comenzó Boilin, pero ella no lo dejó continuar, ya que tapó su boca con sus manos.
— Por favor Boilin, por favor, nadie, nadie puede saber acerca de esto— le pidió Korra mientras negaba frenéticamente con su cabeza.
— Tu eres ella ¿no es verdad? — preguntó seriamente Mako quien hasta entonces se había mantenido en silencio.
— ¿D-de que estás hablando? — preguntó Korra nerviosa, por lo que el muchacho le respondió dirigiéndole una sobrecogedora mirada.
— Cuando yo era niño, poco antes de que nuestros padres murieran, una noche le pedí a papá que me contara una historia, él me dijo que no sabía ninguna, por lo que decidió contarme acerca del misterio de la última Avatar. Él me dijo que se trataba de una niña que nació en el Polo Sur, al parecer, poco después de que descubrieron que ella era la Avatar, unos sujetos la atacaron, todos los periódicos dijeron que ella y sus padres fueron asesinados, pero, en realidad, nadie vio sus cuerpos, tan solo la esposa del Avatar Aang, ella fue la única que los vio. Y por eso nació la leyenda de que aún está viva— dijo Mako.
— Entonces, es verdad — continuó el chico al darse cuenta de que ella no le iba a responder sin un poco de presión — todo encaja en aquella historia, tú tienes 17 años, como aquella niña, y llegaste a la ciudad cuando tenías 4, justo la misma edad en que ella murió. Ahora tiene más sentido, es por eso que tu mamá te sobreprotege— afirmó el maestro fuego, y por primera vez, Korra lo miró a los ojos.
— Tú eres la Avatar…
