Pues hace siglos que no escribo. Así que esto va para todos los Naruhiners del mundo que aún no pierden la esperanza.
En realidad, siempre me ha parecido que es una pareja muy difícil de hacer sin cambiar las dos personalidades de los implicados. Por favor díganme si encuentran algún problema en el desarrollo de los dos chicos, me ayudarían mucho como autora.
Un Lugar Soleado
Capitulo Dos
All my loving (to you)
«Aquí viene el sol.
Y yo digo que todo está bien
(The Beatles)»
Hinata sonrió en la obscuridad que la rodeaba.
Mejor dicho, la obscuridad que los rodeaba.
Se las había arreglado para llevarlo a su casa. Era algo que jamás había pensado hacer. Ni en sus sueños más retorcidos, existió la posibilidad de poder estar en el departamento de Naruto. Sonrió de nuevo y se sonrojó con fiereza al recordar que había tenido que quitarle la enorme chamarra, la empapada playera y los pesadísimos pantalones naranja.
Incluso le había frotado la cabeza con una toalla. El rubio había abierto los ojos, pero en su delirio de fiebre, no pudo hacer otra cosa que no fuera intentar balbucear un agradecimiento.
Después de ponerle una playera limpia y unas bermudas que encontró en un cajón, se acercó a la alacena para prepararle algo de cenar (o de desayunar, dependiendo de a que hora despertase el chico). No había encontrado nada que no fuera Ramen Instantáneo o ingredientes para Ramen fresco. Después de reír en silencio, decidió preparar una variante del plato favorito del chico. Irónicamente, lo único que ella consideraba que se le daba bien en la cocina.
Ya habían pasado más de cuarenta y cinco minutos desde que había puesto a hervir a fuego lento, el caldo en la olla. En ese momento, se encontraba sentada en el sucio piso, junto a la cama en la que respiraba inconstantemente el ninja de ojos azules. Acababa de rehumedecer en agua fría, la toalla que yacía en la frente de Naruto.
El ambiente se había llenado del aroma de la cena. Hinata sintió rugir sus tripas y tembló apenada. Naruto Uzumaki no notó lo que la Hyuuga consideraba como una situación embarazosa.
Hinata moría de hambre. La idea de un plato de sopa se le hizo tan tentadora que antes de darse cuenta, ya tenía un cuenco naranja con una generosa porción del alimento. Comió lo más rápido que pudo. El problema con tardarse más de lo debido, era que si despertaba el dueño del piso, era más que necesario que ella diera una buena explicación de porque estaba ahí.
Y quizá también tendría que explicar quien era ella. En el fondo nunca se sintió muy segura de que él estuviera al corriente de su existencia. Consideraba que la mente era muy poco firme y que, con la mala suerte que ella siempre tenia, seguro Naruto ya no la recordaba. Después de los dos años que había pasado con Jiraya.
Un suspiro femenino llenó la habitación.
Debió de haberse despedido de él cuando tuvo la oportunidad. Debió de hacerlo. Pero había sido tan cobarde que no había podido hacer nada al respecto. Era una tonta. De las grandes y de las que no pueden evitar serlo por más que se esfuerzan en obtener inteligencia.
Le deprimía pensar que su primo Neji tenía razón al decir que nadie puede escapar de su destino. Y por alguna razón, esa frase le rondaba la cabeza, golpeando el centro de sus sentimientos con tanta fuerza que le causaba jaqueca.
-"Sakura-chan"- suspiró el rubio con tristeza.
La voz de Naruto la sacó de sus pensamientos. La chica de cabellos largos tuvo que tragar saliva, para intentar deshacer el nudo que se le había formado en la garganta. Sólo dos lágrimas no alcanzaron a ser suprimidas y estas resbalaron por la blanca tez de la chica.
Las retiró en el acto.
Naruto siempre había amado a Sakura y ella no era nadie (ni mucho menos nada), para intentar cambiar aquellos dolorosos pero sinceros sentimientos. Sus tripas volvieron a recordarle que tenía que consumir comida. Depositó sus blancas manos en su estómago y trato de calmar el breve desasosiego que tenía tanto en la mente como en el cuerpo.
Otra vez soltó un suspiro que más bien parecía quejido.
Miró el rostro del chico que descansaba en la cama y pensó, por enésima vez, que era apuesto. Quizá no tenía el aura de misterio de otros, pero poseía la sonrisa más contagiosa de todas las que había visto. Quizá no era precisamente el más inteligente, pero era capaz de ir al fin del mundo para lograr sus metas. Quizá no era muy capaz de entender a Sakura, pero la quería con tanta sinceridad, que seguro habría hecho hasta lo imposible oírla reír. Y aquellos ojos azules eran tan honestos, tan felices y tan decididos que la estremecían por completo.
¿Qué se sentiría ser abrazada por él…?
Hinata se preguntó si en algún punto ella pudo haber tenido alguna oportunidad. Se dijo a si misma que eso ya no importaba, porque martirizarse con aquella cuestión, era más que una estupidez. Al final del día, él ni la miraba.
Tomó la toallita blanca que descansaba en la cabeza del rubio y la sumergió en el agua fría y la exprimió hasta que lograra que no estuviera tan llena de líquido. La colocó en la frente del chico, deslizando suavemente la tela sin que sus manos lo tocaran en exceso. Algo le decía que no era correcto.
-"Sa- Sakura-chan…"- volvió a llamar Naruto. Ya había balbuceado, varias veces, el nombre de su compañera de equipo. Y cada vez que lo hacía, el corazón de Hinata se estremecía.
Una lágrima brilló en el rostro del ninja de ojos azules. Hinata lo notó y se sintió más desdichada que nunca. Aún así, la retiró con cuidado del rostro masculino, con ayuda de la sábana de la cama.
-"Naruto-kun"- soltó ella en un tono tan bajito que pensó que no la iba a escuchar.
-"Tú no eres Sakura-chan"- el golpe emocional que la joven de ojos perla recibió fue tan cruel que alcanzó a arrancarle un par de lágrimas. Dos gotas de agua salada se deslizaron suavemente por la blanca piel.
Naruto la miró un momento. Se fijó en su piel blanca, en la manera en que la dolorosa sorpresa se expresaba en su rostro. Notó como su cabello seguía húmedo y que caía con gracia sobre sus hombros. Supo que la conocía, pero no sabía su nombre. O no lo recordaba. O simplemente nunca había considerado la posibilidad de recordarlo.
-"Pero, ¿sabes algo…?"-murmuró pesadamente, después de contemplarla por uno momento que pareció eterno-"también eres bonita…"-
Aquel rubio se sumió en un sueño inducido por la fiebre. Una fiebre que nadie había sabido curar, que finalmente se mostraba de manera física.
Hinata sufrió en silencio mientras contemplaba como el rubio volvía a quedarse profundamente dormido. Sufrió merecidamente porque jamás se había tomado la molestia de alcanzar sus sueños. Nunca había querido acercarse y hablarle, por miedo al rechazo. Por miedo a la mención de Sakura Haruno, la chica que lo tenía enamorado desde siempre.
Se limpió la cara. De nada servía llorar. Él ya tenía a quien querer (fuese o no correspondido) y ella no tenía ningún lugar ahí.
La puerta se abrió. Hinata sintió como sus mejillas se tornaban completamente rojas cuando los ojos de Jiraya se posaron en ella. Abrió la boca tratando de decir algo coherente, pero sólo pudo balbucear algo parecido al nombre del Sannin de pelo blanco. La adrenalina se desató en ella y en su torrente sanguíneo.
-"¿Tú eres la novia de Naruto?"-
Hinata sintió una punzada en el corazón que le detuvo el alma. Bajo la cabeza, derrotada, mientras las lágrimas por fin consiguieron burlar la poca fortaleza que mostró Hinata minutos antes.
La pobre chica se atragantó con la caótica mezcla del sentimiento de no poder hacer nada por la persona que más le importaba y el dolor de no saberse correspondida.
No pudo decirle nada al maestro de Naruto. Escondió su rostro entre sus delicadas manos blancas, pero eso no impidió que las lágrimas se asomaran entre sus finos dedos. Lloró y lloró en presencia de uno de los ninjas más poderosos de la historia de la aldea.
El ermitaño tampoco pudo decir algo coherente. Sólo depositó su mano en el hombro de la chica. Comprendió, aún cuando no hubo dialogo, que ella sufría lo mismo que a él le había tocado vivir con Tsunade.
Cuando ella terminó de llorar, salió por la puerta después murmurar un quedo "muchas gracias". Él la vio desaparecer, dejando en el apartamento, un aroma a Ramen recién cocinado.
Suspiró sonoramente mientras tomaba el tercer plato del ramen que le había servido Jiraya. Sus mejillas seguían rojizas y su frente seguía tan caliente, que seguro podrían haber freído un huevo en ella.
El sannin lo miró atentamente.
-"¿Con que Sakura…?"-
Naruto levantó sus ojos hinchados y aquellas pupilas azules encontraron las de su maestro. En aquel momento, el pervertido hombre leyó un dolor que no le era para nada ajeno.
-"Tsunade"-
Aquellos ojos ambarinos se clavaron en él, enviando una descarga eléctrica por todo su cuerpo. El aire acarició el cabello rubio atado en una coleta alta. Aquella traviesa sonrisa se formó en su hermoso y femenino rostro.
-"¿Qué quieres? ¿Otra paliza?"- dijo ella elevando su mano en un puño victorioso queriendo amenazarle.
Jiraya la ignoró.
-"Tsunade yo… yo…"-
-"¿Qué? ¿Te he lastimado la lengua en mi último golpe?"-se burló ella al escuchar los tartamudeos-"tienes una cara horrible, ¿qué sucede?"- de pronto aquella breve preocupación sincera y efímera le pareció tan agradable a Jiraya, que terminó sonrojándose.
Tsunade lo notó. Y detuvo su sonrisa un instante que le pareció eterno, porque supo que venían las palabras que jamás había querido escuchar por parte de su compañero de equipo.
-"Te quiero, Tsunade…"-
Y los espejos ambarinos de la rubia se abrieron mientras la sonrisa se disolvía rapidez. El melancólico gesto que se apoderó de las facciones de su compañera de equipo jamás se le borraría de la mente. Tampoco la manera en que se abrazó a él, ni el tono de voz con el que le susurró:
-"Perdóname, Jiraya"-
-"¿Está bueno el Ramen?"- preguntó Jiraya intentando alejar aquellos pensamientos viejos, saliendo por una tangente forzada.
-"Si"- comentó Naruto bajando la mirada al plato que humeaba –"espero poderle agradecer lo que hizo por mi"-
Jiraya suspiró cansinamente. Entendía el dolor de su pupilo, pero no por eso lo justificaba.
Naruto mejoró después de un largo descanso que tomó más de cuatro días. Sentía como poco a poco su cuerpo mejoraba y su cabeza pronto se iba acostumbrando a la idea de la respuesta de Sakura.
Cuando la recordaba, sonreía con tristeza.
Jiraya se había encargado de llevarle la comida cuando el Ramen de la enorme olla se terminó. El rubio jamás había probado algo tan delicioso. Tenía el sentimiento que presentan los protagonistas de los comerciales de sopa con sabor casero: el de estar en casa y sentirse protegido.
Recordó a la chica que había contemplado y sintió las ganas de darle las gracias. Sabía que la conocía, pero no sabía si era en verdad Hinata o sólo lo había imaginado. Creía que la llamaba Hinata porque quería un sol particular y esa era su forma de darle un rostro a quien lo ayudó.
Sentía unas ganas de verla y preguntarle si había sido ella. Pero ¿y si no era ella? Quedaría en el absoluto ridículo, más que de costumbre.
Aún así, guardaba la esperanza de que si fuera ella, su compañera de la infancia: Hinata.
Le faltaba que llegara el sol en esa noche que parecía más que eterna.
Continuará…
Y bueno, aquí está el segundo capítulo. Disculpen la tardanza, en verdad que no era mi intención que pasaran tantos meses, estoy trabajando para que eso no pase. ¿Les gustó? Yo espero que sí.
¿Review?
