Capítulo 2: Oportunidad Perdida

PVO EDWARD

Me levante del sofá en el que había pasado toda la noche leyendo sobre un tratado en medicina. Me fui hacia el baño para arreglarme e intentar domesticar este pelo que tenia, tarea casi imposible. Me puse el ultimo traje que me regalo Alice diciéndome que me iba a venir muy bien para hoy. Mientras me lo ponía me puse a recordar aquel día.

- ¿Sabes Edward?, fue verlo en la tienda mientras le compraba uno a Jasper y me vino una visión - me decía dándome el traje.

- ¿Ah sí? y ¿qué veías Alice?

- Te vi a ti delante de una mujer espectacular, te vi enamorándote de ella y perdiendo totalmente la cabeza por besar el suelo que ella pisaba. Por eso te va a venir muy bien este traje.

- ¿A si? ¿Y cuando se supone que me lo tengo que poner?- pregunte sin todavía llegar a creerme nada. A veces las predicciones de Alice no eran del todo precisas.

- A ver deja que recuerde- se frotaba la sienes recordando- si ya se, el 1 de septiembre.

Prométeme que te lo pondrás.

- Alice ¿me dejarías salir de casa ese día si me vistiera con otro traje que no fuera este?- le pregunte señalándole el traje que me acababa de entregar.

- No, ni loca, Edward te lo pones y punto, si no quieres...

- Vale, está bien te haré caso, no te preocupes-

De mis dos hermanas ella era mi favorita.

Bueno pues hoy era 1 de septiembre, llego el gran día "según Alice", termine de vestirme y arreglarme y salí de mi habitación.

Hoy tenía dos reuniones, la primera no creía que me fuera a llevar demasiado tiempo ya que se trataba de mi contable y los libros de cuentas. La segunda era la que más tiempo sin duda me iba a llevar. La agencia que trabajaba para mi empresa dejo de ofrecernos lo que les pedíamos y tuve que buscar otra. Un amigo me hablo de esta y llame para pedir cita, me dijeron que los más pronto que me podrían recibir seria en septiembre ya que una de las dueñas no regresaba hasta esa fecha y la otra socia no podía llevar más campañas, estaban muy solicitadas.

- De acuerdo no se preocupe, entonces el 1 de septiembre ¿a qué hora me podría recibir la Srta. Swan?- Pregunte a la secretaria que muy amablemente me dio la cita.

- A la 10 AM ¿le viene a usted bien?

- Si, estaré allí a esa hora. Adiós y buenas tardes.

Me disponía a salir de la casa en dirección del garaje cuando note que Alice venia corriendo hacia mí.

-¡Edward, Edward! Espera, no te vayas tan rápido, tengo que pedirte un favor.

Mi monstruito particular bajaba corriendo las escaleras

- Dime Alice.

Después de tantos años conociéndola aun lograba sorprenderme con la gracilidad con la que se movía, parecía una pequeña bailarina.

Su pelo era corto y rebelde con cada punta señalando en una dirección diferente y de un negro intenso. La cara era de facciones finas y graciosas...eso le confería una aspecto de duendecillo.

- ¿Dónde vas tan rápido?- exclamo ella agarrándome por el brazo e imposibilitándome la salida de la casa.

- Ah... ya veo, ¿no decías que no me creías, que lo del traje era una tontería? y mírate, hoy 1 de septiembre y tú con el traje puesto.- decía ella con una gran sonrisa en la cara.

- Alice... por favor tengo prisa, dime ¿qué quieres?

- Pedirte un favor-musito mirándome a los ojos y haciéndome un mohín con la boca.

A mi mente llego lo que ella en ese preciso momento estaba pensando-

- Alice ¿qué? , ¿Qué quieres que vaya esta noche al club? pero... ¿tú estás loca? ¿Sabes todo lo que tengo que hacer? - no me podía creer que se atreviera a pedirme que hoy, precisamente hoy fuera al club.

- Edward, es por una buena causa, veras. Ayer por la tarde llego un hombre al club reservando una mesa para esta noche, está planeando pedirle matrimonio a su novia y quiere hacerlo de una manera muy especial. Se entero por unos amigos suyos que algunas noches tocas el piano y pregunto si hoy podría ser una de esas noches y... le dije que por supuesto, que no se preocupara.

- Alice...

- Venga Edward, ¿dónde está tu romanticismo? ¿Acaso lo perdiste y no te distes cuenta? Imagínate la cara que pondrá ella, cuando se lo pida de esa manera.

Era inútil discutir con Alice, siempre lograba lo que se proponía, asique no tenía sentido seguir perdiendo el tiempo en ese asunto.

- De acuerdo ¿a qué hora tengo que estar allí?

- A las 8.00PM

- Cuenta con ello, y ahora ¿me dejas irme? voy a llegar tarde a una reunión.

- Si claro- exclamo soltándome del brazo.- Va a ser algo inolvidable para ella, ya lo veras.

- Si si si Alice, lo que tu digas- dije dirigiéndome hacia la puerta.

- Ah y suerte con tu segunda reunión.

- ¿Qué? Alice venga, déjalo ya, no va a pasar nada de especial hoy, bueno quitando tu súper pedida de matrimonio.

- Si ya, tu solo ten cuidado en no llegar tarde a la segunda reunión y no mancharte el traje... está lloviendo asique no te mojes.

- Vale, vale- a veces se ponía de un pesadito...

Por fin pude salir de la casa y meterme dentro del coche (tuve que coger prestado el de Carlisle un Mercedes negro, ya que el mío había sufrido un pequeño accidente hacia dos días)

Cogí la 101 dirección norte y me encamine hacia mi oficina, ya que era allí donde tenía la reunión con mi contable. La reunión se celebro sin ningún contratiempo, tal y como había planeado y en menos de una hora y media estaba todo solucionado. Salí de mi despacho, el cual había decorado Esme, mi madre, un despacho como decía ella " muy varonil", paredes forradas de maderas del misto tono que el suelo, alfombras burdeos de varios tonos decoraban el suelo y una gran mesa de caoba con su sillón de cuero negro al fondo.

- Lauren, voy a salir, si llama alguien preguntando por mí, cógele el recado, pero no estoy disponible para nadie, tengo una reunión ahora muy importante para poder solucionar la publicidad de nuestra siguiente campaña de ropa.

Lauren era una excelente secretaria, llevaba trabajando más de cinco años con nosotros y nunca dio ningún problema, era muy eficiente en su trabajo. A pesar de haber sobrepasado ya el medio siglo, se mantenía en plena forma y tenía un cuerpo que muchas jovencitas de 20 años querrían para ellas.

- Como usted diga Sr Cullen.

Salí de mi oficina en dirección de la agencia de publicidad. Tome Madison St y aparque en el 422. Al salir del coche me acorde de lo que me dijo Alice y tuve cuidado en no mojarme, ya que seguía lloviendo, nunca sabias si ese pequeño monstruito iba a acertar de pleno con sus visiones, asique por si acaso...

Entre en la agencia y fui directamente al mostrador de recepción.

- Buenos días señor ¿en qué puedo ayudarle?- pregunto la joven recepcionista, no debería tener más de 25 años. Su placa decía que se llamaba Srta. Cooper.

- Buenos días, soy el Sr Cullen. Tengo una reunión con la Srta. Swan en 10 minutos.

- Claro, un momento caballero- Agarro el auricular del teléfono que tenia al lado y marco el numero de la extensión con la que quería hablar, mientras hacía esto podía escuchar perfectamente lo que estaba pensando en ese mismo momento.

No pude evitar sonreír ante lo que la Srta. Cooper estaba pensando, la verdad algunas veces la imaginación de las mujeres me dejaba atónito.

- Jessica, el Sr Cullen acaba de llegar- le decía a su interlocutora mientras tanto me dedicaba una leve sonrisa a mí.

- Si, vale, ahora mismo le hago subir.

- Sr Cullen, le están esperando, segunda planta a la derecha.

Tome el ascensor y al llegar a la segunda planta pude observar que estaba todo decorado con un gusto exquisito. Todo era en tonos suaves creando un lugar muy cálido. De las paredes colgaban enmarcadas grandes campañas de publicidad.

Gire a la derecha y me encontré con una secretaria morena y de no más de 28 años.

- Bueno días Sr Cullen, la Srta. Swan le está esperando.

- Gracias.

Llame a la puerta del despacho y al abrir la puerta, estuve a punto de echarme a correr.

De golpe entendí lo que Alice había visto en su visión. Tenía delante de mis ojos a una mujer que jamás pudiera haber imaginado ni en mis mejores sueños cuando todavía era humano. Después de casi más de 100 años vagando por la vida sin un ápice de ilusión por nada mas que no fuera el trabajo y la música me encontré ante una situación totalmente nueva para mí. No era solo físicamente como me atraía esa mujer, era su olor...Jamás había tenido tanta necesidad de tomar la vida de un humano como la tenia ahora mismo. A pesar de que había salido de caza hacia dos noches y no me encontraba hambriento fue olerla y empezar a arderme la garganta. Quería tomarla y tomarla allí mismo, no me importaba que a menos de dos metros se encontrara su secretaria, si la pobre se le ocurría entrar no tendría ningún reparo en tomarla a ella también.

En menos de 5 segundos idee más de 10 formas de acabar con su vida.

Se levanto del sillón de su mesa de trabajo en cuanto entre por la puerta.

Ya sabía que no tendría escapatoria, así pues intente respirar lo menos posible y extendiéndole mi mano derecha me presente.

- Srta. Swan, hola soy Edward Cullen

- Encantada, por favor siéntese y cuénteme que necesita- me ofreció ella muy amablemente. Era increíble. Vestía con un traje de falda y chaqueta que se le ceñía perfectamente a sus esplendidas curvas. Su larga melena castaña le caía por los hombros y tenía unos ojos color chocolates en los cuales te podías perder durante horas. A pesar de que era la primera vez que la veía, sabía a ciencia cierta que esa mujer tendría que ser para mí. Era perfecta para mí, y dándole la razón a Alice, como la mayoría de las veces, si, estaba dispuesto a besar el suelo que ella pisara.

Le explique lo que quería y el tipo de publicidad que me interesaba, me era casi imposible concentrarme, su olor, su presencia, Dios me costaba tanto contenerme...Intente una y mil veces oír sus pensamientos, para hacerme una idea de cómo pensaba, de cómo se sentía en cada momento, pero por más que lo intentaba no conseguía nada. Me sentía frustrado, jamás me había pasado eso, siempre escuchaba a todo el mundo y cuando lo hacía no necesita esforzarme para nada.

Pasamos casi dos horas reunidos decidiendo todos los aspectos de la campaña de publicidad.

-Bueno Srta. Swan creo que eso es todo, me gustaría pasarme en un par de semanas para ver un primer proyecto de la campaña y asegurarme de que ha captado lo que quiero.

- Por supuesto Sr Cullen en un par de semanas tendremos un primer proyecto para que usted pueda verlo y decidir si esta conforme o no con la manera de trabajar que tenemos.

- Bien entonces... ha sido un placer conocerla, me habían hablado muy bien de usted y la verdad veo que no han exagerado nada.

Le volví a extender la mano en forma de despedida y le volví a recordar que en dos semanas me pasaría.

Salí de allí a toda prisa, me sentía aturdido, como mareado, en ese momento empezó a sonar mi móvil, levante la tapa y pude ver de quien se trataba.

- Edward ¿como estas? - la voz de Alice estaba llena de pánico.

- Alice tranquila, no ha pasado nada malo.

- Eso ya lo sé, pero... ¿como estas tu?

- Bien, tranquila- mientras hablaba con ella .había salido de la agencia y me encontraba metido dentro del coche.

- Alice no te puedes ni imaginar lo que sentí, yo...

- Edward, tranquilo, si quieres voy allí ahora mismo, en 5 minutos como mucho podría reunirme contigo.

- No, no es necesario...

-¿Quieres hablar de ello?

- ¿Como no me avisaste de esto Alice? ¿Cómo no me dijiste que esto que iba a sentir era tan grande? me dolía con solo mirarla, mi garganta la llamaba a gritos. No he podido respirar en casi dos horas.

- Edward... ¿tan fuerte ha sido?

- Todo lo que te puedas llegar a imaginar y más. Es tan... es perfecta Alice.

- Ves como tenía razón, hoy es un gran día para ti.

Seguimos hablando durante un cuarto de hora más y luego me fui otra vez al despacho, tenía cosas que resolver antes de que llegaran las 8.00Pm y tuviera que irme al club para hacerle el favor a Alice.

El resto del día pasó rápido, pero había momentos en los cuales me era muy difícil concentrarme. No dejaba de pensar en esa larga melena, en esos ojos y el olor...

Antes de que me diera cuenta era ya la hora de irme para el club.

Llegue y allí estaba Alice, tenía una sonrisa de oreja a oreja.

- Hermanito, soy tan feliz, me alegro de que por fin hayas encontrado a la persona perfecta para ti, aunque...sea humana.

Me abrazaba mientras daba pequeños saltitos.

- Alice por favor, nos está mirando la gente, apártate un poquito quieres, no quiero tener problemas con Jasper.

- Si venga...- Se reía- como crees que Jasper iba a tener celos de ti, yo solo soy de un hombre, además tu eres mi hermanito favorito, jajajaja

- Edward, no creas que iba a dejar que me la quitaras tan fácilmente-opino Jasper desde el fondo del local con una sonrisa que dejaba al descubierto su perfecta dentadura.

- Ahora si Edward en serio, dentro de 5 minutos las luces se apagaran y tu tendrás que tocar Claro de Luna.

-Alice ¿has dicho Claro de Luna?

- Si ¿qué pasa ahora estas sordo? mira no creo que haya ningún vampiro del mundo que sea sordo. Es la pieza favorita de la chica. Su novio me pidió expresamente esa y no otra. ¿Por qué?

- Porque se me hace raro- esa pieza era una de mis favoritas y no podía entender como a una chica del siglo XXI le encantara hasta convertirla en su pieza favorita.

- Toma, cuando termines de tocar la pieza te acercas a la mesa 5 y le entrega esta cajita al chico ¿Vale?

Me tendió una pequeña cajita de satén negro adornada con un lazo rojo.

- Si Alice, de acuerdo ¿algo más?

- Antes de tocarla dedícasela especialmente a esa mesa- parecía que estaba hablando con un niño de guardería en vez de con un hombre hecho y derecho.

- Como usted ordene- me exprese en modo de broma

- Edward no te rías, solo quiero que salga todo perfecto, es muy importante para Jacob.

- ¿Jacob?

- Si así es como se llama el cliente.

Las luces se apagaron tal y como había dicho Alice, solamente quedaron encendidas las velas blancas que adornaban las mesas de los comensales, las pequeñas velas ofrecían un ambiente muy acogedor y romántico. Me senté el banco de piano y un gran foco me ilumino.

-Señoras, caballeros, hoy es un día muy especial para el hombre que está sentado en la mesa numero 5. La pieza que van ustedes a escuchar se la dedica a su novia.

El foco me daba directamente en la cara y no podía ver con claridad, pero algo dentro de mí me decía que se avecinaban problemas.

Comencé a tocar la pieza y el local se que totalmente en silencio, solamente se escuchaba aquella maravillosa pieza para piano, que mis dedos tocaban sin apenas rozar las teclas de marfil.

Concluí la pieza y tal y como me dijo me dijo Alice, tome la cajita y me dirigí hacia la mesa 5. Un millón de puñales se me clavaron al mismo tiempo cuando pude comprobar quien era la novia.

Allí estaba ella, tan esplendida o más que aquella mañana. Dolía solo verla y más dolía verla, al comprender lo que estaba a punto de suceder. Se me paso por la cabeza, miles de cosas, desde pasar de lado y no detenerme para darle la cajita, raptarla allí mismo y tenerla solo para mí...no podía verlo, no quería ver como ella se iba a comprometer para toda la vida con un hombre, con un hombre que no era yo.

En seguida escuche la voz de Alice pidiendo mil perdones, ella no sabía que la chica de esta mañana era la novia del tal Jacob.

"Edward, te juro que no sabía...déjalo si quieres lo hago yo, no tienes que pasar por esto"

La mire y con la cabeza le dije que no, yo lo haría.

Me costaría siglos poder olvidarme de ella, del amor de mi vida , de la mujer que estaba totalmente seguro nació para estar únicamente conmigo ,si esa misma mañana me la hubiera llevado, si la hubiera conocido antes , si...era inútil engañarse , esa mujer jamás me aceptaría tal y como soy, un monstruo, un asesino, un...Vampiro.

Al no conocer sus pensamientos no sabía cuál podría ser su respuesta , pero algo me decía que no iba a ser buena para mí , pero albergaba aunque fuera una pequeñita esperanza ,de que le dijera que no.

-Srta. Swan, no sabía que era usted, espero que le haya gustado la pieza.

- Si me encanta ese tema.- me miraba como si no se creyera que estaba delante de ella, sus pensamiento no los conocía pero sus ojos... Sus ojos me decían que no me esperaba verme allí. No dejaba de pensar. "que le diga que no, que le diga que no"

Le entregue la cajita a Jacob y me marche, mis intenciones eran salir a toda prisa del local pero algo me retenía, no me podía ir sin saber su respuesta, quizás aun tuviera esperanzas...

Las luces no se encendieron tal y como yo esperaba que lo hicieran y él, le tomo de las manos para declararse de la manera más romántica posible, tal y como le había solicitado a Alice.

Me quede para poder escucharla, sé que soy un masoquista pero...

"- Bella no necesito pasar más tiempo a tu lado para darme cuenta de que eres la mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida. Te quiero y estos tres años a tu lado han sido los más maravillosos de mi vida. Pienso en ti, sueño contigo. Me vida antes de aparecer tu estaba vacía. Bella tú eres mi sol. Tu eres la luz que alumbra mis días más oscuros, TE AMO."

Jacob se levanto, y poniendo una rodilla sobre el suelo tomo la mano izquierda de Bella y mirándola a los ojos...

- Bella... ¿Quieres casarte conmigo?

- Jacob... yo... no sé qué decir...

- Dime que si Bella, hazme el hombre más feliz del mundo

- Si Jacob siiiiiiiiiiii

En ese mismo momento me quise morir, había perdido mi última oportunidad de ser feliz, de ser feliz de verdad como nunca antes había imaginado serlo, lo tenía todo perdido, había fracasado en la batalla antes de empezar la guerra.

Me la quede mirando, Alice me agarraba del brazo diciéndome que nos fuéramos, que saliéramos de allí, que no tenía sentido mortificarme más, pero yo... yo no podía dejar de mirarla mientras ella se besaba con el tipo ese...Estaba llorando, se la veía realmente enamorada de él.

Cuando se dio la vuelta para sentarse, nuestras miradas se encontraron y en sus ojos vi la decepción, la pena, no sabía cómo interpretar eso. No aguante mas y salí corriendo del club, ya tenía bastante, necesitaba desahogarme de alguna manera. Había llevado el coche, pero decidí correr, correr, correr y correr, solo necesitaba sentir el viento, sentirme libre y dejar mi mente en blanco, el recuerdo de verla con ese...hombre me provocaba un dolor tan grande. No podía volver a vela, si la veía otra vez yo...Alice había tenido una visión de lo más certera, si esa mujer era espectacular, si estaba dispuesto a besar el suelo que ella pisara y si había perdido totalmente la cabeza por ella, y de una cosa estaba convencido, iba a luchar, lucharía por ella, en cuanto viera el menor resquicio allí estaría yo. Ella tenía que ser para mí. Había nacido para mí, y yo por supuesto era para ella. Para siempre.