Disclaimer: Saint Seiya ni sus personajes me pertenecen, lastimosamente mi nombre no es Masami Kurumada. Sólo me pertenecen la trama y la historia.

Geia! He traido el segundo capítulo de este coso que... pues, lleva mucho tiempo publicándose y sigue en progreso -voy por el capítulo 8 publicado- en el otro foro. So, pensé que sería una buena idea el comenzar a publicarlo por este lugar. Espero poder actualizar una vez x semana.

Agradezco a las personas que pusieron Follow y Favorite a la historia. Me hicieron sentir querida.

Sin más les dejo la historia. Ya he tardado demasiado en subir el segundo capítulo.


Capítulo 2. Castigos ejemplares para la desobediencia.


Amaneció con tranquilidad, pues ni un solo hombre estaba levantado, con excepción de Saga, Aioros y Shura; los cuáles se habían quedad tomando guardia.

O al menos eso se esperaba. En una de las tiendas de campaña de la parte norte, se encontraba Mu, observando el vacío desde su lugar, quieto. Pensando en la noche anterior, y de la amenaza que había recibido por parte del que se había enterado, era el jefe de la cuadrilla que le había capturado.

Se sentía furioso, impotente y no sabía lo que le depararía el destino con ese sujeto, ¿Se preocupaba porque él no comía? ¿Él, un mero esclavo? Usualmente debiera ser al revés y él exigiría el alimento pero, parece que él si se preocupaba por lo que les pasara a ellos, los simples prisioneros de guerra.

Con uno de sus dedos, se pasó la mayor parte de la noche dibujando círculos en la tierra, y hasta dejar huecos en ella se sintió satisfecho.

Tres pulgadas era lo que medía su obra maestra. Claro que no se podía decir la gran cosa dado que la tierra en esa parte de la geografía era demasiado dura como para siquiera intentar cavar.

Abrazó a sus piernas, pues hasta en ese momento sentía el frío calarle en ellas y tomó una de las sábanas rústicas que le fuesen entregadas para dormir sin demasiado frío. No es que esta fuera demasiado cobertora, pero era gratificante estar tapado con algo en la noche.

Cuando escuchó voces afuera de la tienda en la que residían los prisioneros, supo que ya la mayoría de la cuadrilla había de estar despierta, gracias a los que tomaron guardia por supuesto. Bufó pues sabía lo que se le diría en ese día.

Un chico menudo de cabellos castaños y que se parecía mucho al tal Aioros se apareció abriendo las cortinas de la tienda y dejando el paso a los rayos de Apolo de forma directa en los rostros de algunos durmientes, sonrió con timidez y dejó en el suelo cinco porciones de sopa, bayas, queso, pan y agua. No eran banquetes pero sin duda no los matarían de hambre aquellos hombres.

Los demás se levantaron de forma lenta, mientras que Mu los veía con frío desinterés. Escuchaba huesos tronarse por aquí, otros por allá y uno que otro bostezo, lo que daba fin a su rato de tranquilidad.

Uno de sus amigos, para ser precisos, su mejor amigo, que le había obligado a meterse en tal ajetreo y por el cual terminaron ambos siendo prisioneros volteó a su lugar y le habló.

-Ven – resopló pero hizo lo que se le pedía. Cuando estuvo cerca este puso en su mano una porción de las que había en la bandeja que dejo el chico. Mu le observó apático.

-No lo quiero Afrodita, no tengo hambre – le dijo entre palabras y gruñidos. Hablando en chino para que los otros no lograran entenderle

-Tienes que comer algo Mu – le respondió en el mismo lenguaje, sosteniendo encima de las manos del menor el plato con sopa y el trozo de queso – no has comido desde hace más de tres semanas, así te morirás de hambre. Y te digo que es algo lento y doloroso. Dime, ¿has dormido? – el otro negó con la cabeza. Afrodita negó cerrando los ojos, exasperado por la terquedad de su mejor amigo – no comes. No duermes, dime ¿de dónde piensas sacar energías? ¿Qué acaso no quieres sobrevivir?

-¿Y qué sentido tiene vivir si ya no poseo libertad? – le preguntó. Puso el plato con sopa en el suelo y se giro, para quedar acostado y dándole la espalda a Afrodita y a los otros prisioneros. Afrodita se acostó detrás de él y comenzó a trenzar uno de sus cabellos.

-Podrás recuperarla si pones empeño en ello – le confortó lo más dulcemente que pudo, como si estuviese hablando con un niño pequeño al cual le atormenta una pesadilla que tiene todas las noches – sé que la perspectiva de ser prisioneros no es buena – sabía la mirada de escepticismo que el otro tenía en el rostro, así que se corrigió – bueno, es mala en realidad. Pero no es tan mala como pensamos que sería, al menos esfuérzate un poco por luchar. Alguien que no pone jamás resistencia es alguien que ya ha perdido el combate, recuerda esa frase.

-Esa frase solían decírnosla muy seguido, ¿no? – mencionó Mu con tono melancólico. Suspiró y tomó aquel plato que su amigo le hubiese dejado y tomó un par de sorbos a la sopa, después comenzó a pellizcar el queso y lo dejó en su lugar – listo. Ya comí un poco.

Afrodita dejó su mechón de cabello y tomó la porción que el otro apenas y había tocado.

-Mu – le dijo, el otro se giró y antes de que hablase tenía queso dentro de su boca. Lo escupió de inmediato.

-¡¿Por qué haces eso?! – Vociferó, todavía hablando en el lenguaje que ningún otro hablaba más que su amigo.

-Tienes que comértelo – le dijo el otro. En su cara no había atisbos de diversión por lo que, refunfuñando, Mu se comió el trozo completo de la porción. Su amigo le puso frente a su rostro el plato y bebió el contenido como si fuese agua.

-Listo – anunció – ¿contento?

Afrodita sonrió.

-Contento. Ahora puedes descansar – Mu le asesinó con la mirada – no estoy bromeando, necesitas descansar.

Mu hizo una mueca, no tenía nada de sueño, no quería dormir. Pero su amigo le obligaba, así que cerró los ojos por unos momentos, entrando al instante en el mundo de los sueños, protegido por su mejor amigo, su amigo de la infancia.

Afrodita sonrió y le acarició la cabeza sabiendo que ya dormiría al menos un poco, pensó que sería una buena idea cuidarle en el tiempo que dormía.

-¿Por fin se durmió el extranjero? – preguntó uno de los chicos que se encontraban en la campaña, Afrodita bufó porque no le gustaba que le dijesen extranjero; aunque hasta ese día no había replicado nada, pues el otro solo quería hablar en su lengua natal y no hablaba con nadie, tal vez con él como excepción.

-No es un extranjero Shaka, y lo sabes. Su padrastro es de aquí, y el creció en Troya, Telikós es el apellido que se le dio y eso quiere decir que no es uno. El que hable en otra lengua es algo completamente diferente.

-¿Y cómo es que le entiendes? – le dijo Shaka escéptico, Afrodita suspiró por las preguntas estúpidas que decía el otro, que no quería nunca estar de lado del otro.

-De la misma forma en la que tú hablar en Griego, Shaka – replicó con una sonrisa socarrona – he crecido con él y me enseñó el idioma para comunicarnos por si algo parecido sucedía.

Shaka gruñó algo intangible, se alejó de ellos y Afrodita siguió con su labor de vigilar el sueño de Mu.

Las nueve de la mañana. El sol ya estaba calando, Mu ya se sentía descansado y Afrodita satisfecho. A tiempo para la llamada de los esclavos a salir de sus campañas, pues recibirían un anuncio del jefe del escuadrón.

La plática con Saga Archí no fue tan larga, les mencionó que de momento tardarían en llegar a la ciudad de la justicia, pues hubo varios derrumbes en las montañas de Agapeón y necesitarían tiempo para tomar otro camino, ellos no harían nada, pues las órdenes de sus superiores no habían sido explícitas ni les habían dicho que hacer con ellos.

-Necesito hablar contigo – digo, por último apuntando a Mu. Este tenía la mirada fría e intangible, se sentó en el suelo más rápido de lo que muchos lograron ver. Saga le hizo una señal a Aioros para que sacase a los otros y este con un movimiento amable los recorrió fuera de la tienda.

Y eso incluía a Aioros, el cual se fue fuera para vigilar que ninguno escuchara sin permiso. Cuando se aseguró de que nadie estaba en los alrededores le preguntó con la voz seria.

-¿Comiste como te lo ordené? – Mu soltó un resoplido. Él para Mu no era nadie como para darle órdenes.

-¿Qué más da? – respondió volteándose y dando un paso cuando el otro le contesto.

-¿Eso quiere decir que no lo hiciste? – dudó con una ceja levantada. Ese chico comenzaba a hacerle perder la paciencia, una sola cosa y no dudaría en gritarle

-Yo jamás dije tal cosa – tomó una pausa para después decir su nombre, lo más fríamente posible para él –, Saga Archí.

-¡No te atrevas a hablarme así! – vociferó este caminando hacía él y deteniéndole por el antebrazo. Mu intentó retirarlo pero la fuerza del mayor aún era de más volumen que la suya.

-¿Y qué significa usted para mí como para merecerse mi respeto? – le replicó escupiéndole las palabras en su rostro.

-¡Eres un esclavo y mi grupo te ha capturado, mínimo deberías no contestarme! – estaba furioso, Mu le retaba con la mirada a hacer cualquier otra cosa. No le importaba lo que aquel hombre le dijera.

-¡Yo no te debo nada! – exclamó intentando soltarse más el agarre del mayor sobre su brazo era igual al de la otra noche. Fuerte y sin dudas – ¡Suéltame ya!

Saga no movió ningún músculo, ahora su rostro se mostraba sin ninguna clase de piedad y estaba ensombrecido. Con la voz fría preguntó – ¿Y por qué debería de hacer tal cosa?

Mu no respondió, solo le escupió en el rostro. Lo que pasó a continuación fue tan rápido que no pudo verlo, solo sintió el peso de algo menudo estrellarse contra su mejilla y el sonido sordo de su piel recibiendo el impacto.

Retrocedió un par de pasos, su cabeza daba vueltas y no paraba de ver estrellas, ¿Aquel hombre le había abofeteado? Pues parecía, dado que no sentía más que dolor en un área específica del rostro, donde supuso que había impactado el manotazo.

Escupió, esta vez en el suelo. Tosió un par de veces y cuando dejó de ver luces se aseguró de ver con furia al rostro del comandante.

Subió la vista a tiempo para ver como el mayor se quitaba la saliva del rostro con suficiencia. Saga se veía sorprendido, tomado por sorpresa.

Mu ahora se encontraba preparado por si de nuevo le golpeaba el comandante, el mundo le daba vueltas y la cabeza le palpitaba increíblemente fuerte, pero no mostraría debilidad frente a alguien que no se merecía su respeto. Él jamás se doblegaría ante nadie, ni siquiera con el castigo que sea que se le imponga por hacer eso.

Saga se quedó pensando, no sabía con que cosa podría castigarle porque él no era tan sádico como DeathMask. Ese chico sí que era un caso.

Una voz proveniente de fuera de la tienda interrumpió sus pensamientos.

-¿Todo bien? – Preguntó Aioros asomando la cabeza – escuché un golpe y pensé que ocurría algo.

-No es nada – respondió Saga, el otro le miró no entendiendo pero dejó de molestar y se fue –. Ahora – miró hacía Mu – no puedo quitarte el alimento porque es lo que has hecho por ti mismo – el menor bufó de manera imperceptible para Saga – de momento retírate.

Mu salió de la tienda dando zancadas, furioso y echando humo, cuando llegó a la tienda en la que dormía se encontró con Afrodita y exhaló para tranquilizarse. El otro le miró sorprendido y se levantó de su lugar.

-¿Qué te ocurrió? – Le preguntó cuando estuvo cerca de él, Mu suavizó la mirada - ¿Qué te pasó en la mejilla?

Afrodita se acercó para tocarle el rostro, apenas le rozó la mejilla y Mu se alejó, aún le seguía doliendo.

-No me ocurrió nada – dijo, aún molesto con aquel estúpido hombre. Afrodita se acercó dudoso y tocó su hombro.

-En ese caso, debo asumir que también estás enojado por nada – replicó con los brazos cruzados. Mu se giró y le encaró.

-Es solo un golpe – respondió intentando que el otro dejara el asunto por las buenas.

Afrodita se mostró preocupado.

-Pero un golpe en tu piel es un pecado – le aseguró. Mu no pudo hacer más que soltar una risotada y Afrodita sonrió. Se acercó más para abrazarle y el otro no dudó en lanzarse a sus brazos.

-Gracias – susurró sonriendo, ahora lo que más necesitaba era ser reconfortado y para eso servía Afrodita. Se aferró a los pliegues de su camisa y los estrujo entre sus manos.

-No tienes que agradecer Mu, sabes que puedes contar conmigo – dijo acariciando sus cabellos, parecía un niño indefenso a su mirada.

Al anochecer Saga se encontraba con los nervios a flor de piel. Le había pedido consejos a Aioros para darle un castigo al chico por semejante actitud y terquedad que tenía, pero el mayor no había sido capaz de darle una respuesta satisfactoria.

Se masajeaba las sienes cuando entró Kanon con algo entre manos. Saga le observó curioso y no tardó demasiado en preguntar algo que era inevitable.

-¿Dónde estuviste todo el día? – Kanon pareció apenas darse cuenta de su presencia. Como simple respuesta levantó sus manos y Saga vio que aquel bulto era nada más y nada menos que un pájaro – ¿Cazando pájaros?

-No – le respondió negando con la cabeza mientras acariciaba de forma distraída al animal en sus manos – estaba cazando y vi a este gorrión que se había lastimado. Lo tomé y cuidé durante un rato.

Una gota surcó por la nuca de Saga de forma desapercibida.

-¿Y en eso tardaste todo el día?

-No. Eso fue solo el almuerzo. Pero descubrí un arroyo por aquí que tiene el agua increíblemente cristalina y se puede ver el fondo de esta. Y ahí me pasé toda la mañana.

Saga puso los ojos en blanco. En resumen, se había pasado el día haciendo nada.

-Ah, por cierto – Kanon agregó - ¿de qué me he perdido? – Después de aquella pregunta, Saga tuvo ganas mortales de asesinar a su hermano, pero se contuvo y exhaló para tranquilizarse.

-¿Recuerdas aquel prisionero que se niega a comer y habla en chino? – Le preguntó. Kanon asintió – pues he de admitir que tiene agallas.

-¿Te insultó? – insinuó Kanon.

-Sí, pero aparte me escupió en el rostro – respondió Saga intentando no tomarle importancia, pero el rostro de Kanon no ayudaba demasiado que digamos.

-¿Y qué le hiciste?

-¿Aparte de una bofetada?, no he pensado en su castigo seriamente.

-A cualquiera de los soldados le quitarías su ración de comida durante tres días – respondió con naturalidad, recordando situaciones parecidas.

-Él casi nunca come, por lo que no haría diferencia – replicó Saga.

Kanon se quedó pensando, vaya que era difícil un castigo para alguien que los repelía. Frunció los labios y observó al gorrión que descansaba en sus manos.

-Supongo que a veces un comandante tiene que pasar por situaciones que el mismo tiene que solucionar, y eso le traerá problemas si no les atiende. ¿Comprendes?

Saga le observó como si hubiese tomado vino que el mismo Dionisio le haya entregado, pues parecía decir cosas sin sentido, o al menos para él.

-¿Sabías que los pájaros enjaulados son incapaces de volar? No es por el hecho de estar enjaulados, sino porque no ven algo que pueda romper la cerradura. Y lo mismo sucede cuando sus alas ya no pueden más. Aunque eso se puede tomar de forma metafórica, es por eso que aquel chico se muestra tan rebelde, a pesar de que sus esperanzas ya están muertas, su espíritu es libre y jamás aceptará el encierro. ¿No puedes empezar eso?

Saga se quedó mudo. Las palabras de su hermano le dijo eran extrañas pero tenían demasiado sentido si de verdad se ponían atención a ellas.

-El gorrión dormirá en tu cama – dijo Kanon de improvisto. Saga se quedó extrañado y Kanon señaló al pájaro que había entre sus manos.

-No lo hará. No me gusta tener mi cama llena de plumas y pulgas.

Kanon emitió un pequeño bufido, más no peleo con su hermano porque este ya salía de la carpa.

Saga apenas en ese momento recordaba que al que le tocaba la guardia era a DeathMask.

-¿Saga? – Y sí, era el mismo – ¿qué haces fuera de tu carpa? La guardia solo le toca a una persona.

-Quiero ver a una tienda de la sección norte – respondió intentando ignorarle, caminando hacia el lugar en específico. Y el otro no le replicó nada. Solo se quedó quieto, extrañado por la actitud de Saga.

La distancia no era demasiada por lo que llegó muy rápido a la tienda en específico, abrió la cortina y buscó a una cortina de cabellos lilas. En primer plano no se veía, la luz que ofrecía Artemisa no era precisamente el mejor reflector y menos cuando estaba en su punto más alto del cielo, pero tampoco estaba en ninguna parte, maldijo por lo bajo y cerró la cortina.

-¡DeathMask! – Gritó, el aludido llegó trotando a su encuentro extrañado – ¿quién estaba a cargo de revisar a los prisioneros?

-Creo que a Aioros, aunque se fue a buscar leña para el campamento, ¿Por qué lo dice?

-Hace falta uno – el otro se puso pálido. Él caminó a paso rápido hacia su tienda, en la que Kanon ya se encontraba durmiendo en su cama de nuevo, tomó su espada y avisó al que se encontraba en la guardia – iré a buscarle. Nuestra misión era traer prisioneros y no debemos dejarles escapar. Tú sigue vigilando.

¿Cómo es que pudo escapar uno? Si lo pensaba un poco, no dormían con las cuerdas en las manos; "cuestiones de comodidad" es lo que le había dicho Aioros, pues este había hecho tal petición.

-Mierda – susurró. Ahora por un descuido tenía que volver a capturar a uno de ellos. Sin saberlo con exactitud, sus pasos fueron al lago del que su hermano le había hablado. O al menos eso se dio cuenta.

Y Kanon había tenido razón del lugar, era espectacular y hermoso. Muy, muy hermoso. Y parecía tener ninfas porque había una criatura parada que deslumbraba.

¡Espera! Ese era el prisionero, Mu. Saga abrió los ojos con sorpresa, al final de cuentas, todo lo que le habían dicho la verdad, tenía una belleza incomparable.

Se acercó sin saber en qué momento sus piernas se movían por si solas, y antes de darse cuenta estaba detrás de él.

-¿Qué haces en este lugar? – A pesar de que sus piernas había caminado por si solas, su voz fue controlada por él y era fría y tenebrosa.

Mu dio un ligero salto en su lugar. Se vio sorprendido cuando volteó y observó al hombre que se encontraba detrás de él. Apenas y Saga lo notaba, pero sus ojos se encontraban ligeramente rojos y estaban cristalinos.

El menor endureció su mirada.

-No he escapado si es lo que piensa – se defendió – Aioros está cerca de aquí, y me aseguró que no era necesario decirle nada. Además no dejaría a Afrodita solo en este lugar.

Sin decir nada más, ni darle tiempo a Saga de replicar, se volteó hacia el lago y ver algo que el mayor no alcanzaba a dilucidar.

Escuchó pasos acercarse y cuando vio quien era supo que Mu no le había mentido, Aioros regresaba de una arboleda con leña en ambas manos como le había dicho DeathMask, sus ojos se abrieron como platos cuando vieron a Saga cerca del prisionero.

-¿Por qué sacaste a un prisionero sin avisarle al guardia en turno? – le preguntó Saga.

-Porque no lo permitiría. Él tenía ganas de salir un rato y puse la leña como excusa.

-¿Y por qué cumples sus caprichos? – replicó Saga, probablemente molesto por el tono de voz que llevaba.

-No pueden estar sin hacer nada Saga, el es un caso especial por lo que se le pueden conceder deseos especiales.

Saga abrió y cerró la boca varias veces sin emitir sonido. Sintió como Mu se acercaba a ellos y le hablaba a Aioros.

-Gracias por dejarme salir – agradeció – lo necesitaba – Aioros sonrió e hizo una pequeña inclinación de cabeza.

-No hay de que – murmuró.

-Aioros, si no te molesta yo me encargaré de llevarlo a su tienda.

Le tomó del brazo como si fuera un niño pequeño, Mu se tensó e intentó safarse. Aioros igual se tensó un poco, pero no dijo nada.

-No creo que sea lo mejor Saga, venías a decir algo más, ¿qué era?

-Buscaba a cierto troyano – mencionó, el aludido bufó. Aioros suspiró exasperado.

-¿Algo más? – Continuó el arquero un poco fastidiado.

-Tengo que hablar a solas con él – mencionó, esperando que esta vez el otro le hiciera caso.

Aioros observó a Mu. Este le dio un asentimiento de cabeza, inseguro pero lo hizo.

El mayor se alejó, no sabiendo lo que ocurriría pero esperando que no se repitiera nada del altercado de aquella tarde.

-¿Qué necesita? – Murmuró Mu mirando el suelo.

-Ya he pensado en tu castigo – le aseguró Saga.

-¿Y qué es tan difícil como para que se tomara todo el día en pensarlo? – Se burlo el menor.

-Sé que estar cerca de mí te es molesto – señaló el comandante, Mu se mordió el labio, comenzaba a preocuparse por su integridad física – y por eso serás mi esclavo por una semana.

-¿Q-qué? – susurró incapaz de creerlo. Él no iba a obedecer sus órdenes, ni ese día ni la semana siguiente.

-Es una lección que debes pasar – continuó Saga, hablando fríamente – comenzarás mañana, así que te sugiero dormir.

Le soltó el brazo y caminó hacía el campamento. Mu guiado por su rabia hacia el mayor, intentó golpearle, más era un hábito que comenzaba a desarrollar en el que siempre Saga bloqueaba el golpe.

-Nunca vas a entender – se lamento. Tomó el puño y con ese caminó hacía la tienda del menor, ahí lo dejó y cerró la cortina.

Caminó hacia el guardia y le deseo buena noche. Acto seguido fue a su tienda esperando dormir pero de nuevo estaba Kanon en su cama.

-Kanon – susurró. Sonrió un poco pero el otro ya se encontraba profundamente dormido, así que no lo quiso despertar y se fue a la cama del menor.