¡Hola a todos! Agradezco mucho sus lindos comentarios al primer capítulo de esta historia y también los favoritos y seguimientos, fue una linda sorpresa ver tantos :D

Les dejo aquí el siguiente capítulo. Ojalá que lo sigan disfrutando :)


PILARES


I

Lo primero que Kacchan nota es el dolor.

Cuando parece que por fin su cuerpo ha vuelto a ser suyo y el aire vuelve a sentirse contra su piel, percibe todo su peso recargado sobre su costado izquierdo y su codo, la sangre que ha perdido humedece sus ropas, y la negrura delinea las formas de siluetas que revelan un lugar desconocido. A quien puede discernir como Deku está frente a él, tirado en el suelo y tratando de levantarse.

La luz llega de pronto, obligándolo a entrecerrar los ojos sólo por un segundo. Cree percibir a alguien por el rabillo del ojo y gira el rostro hacia ahí. Se pone a la defensiva de inmediato.

—Kacchan, ¿estás bien? —le pregunta Deku. Él lo ignora por completo, confundido, porque no es posible, no puede estarse viendo a sí mismo frente a él. Aunque nota ciertas diferencias. De altura, de musculatura. Su alrededor le indica que están en lo que parece ser una sala, dentro de una casa. Un escenario totalmente diferente e inexplicable. ¿Qué demonios sucedió con los otros dos? Para empezar. ¿Esto significaba que no habían muerto? Tal vez sólo los habían dejado inconscientes, tal vez los habían llevado ante nuevos villanos. Sí, debía ser eso.

En cuanto su yo falso hace un movimiento ligero y sospechoso con el brazo, Kacchan se levanta y, sin dudarlo, ataca primero. No dejaría que le tomaran la delantera otra vez. No podía perder. No dejaría que ningún bastardo siguiera lastimando al inútil manojo de heridas que estaba detrás de él.

Lo primero que hace es usar el sofá que los separaba como impulso para llegar a la altura del rostro del otro y lanzar una explosión tan fuerte como es capaz. Pero su brazo es empujado hacia arriba antes, desviando todo el daño al techo. Con la muñeca atrapada, trata de patearlo con sus piernas libres, pero el otro le jala del brazo y le arroja al suelo con más rapidez. Los momentos de quietud que había experimentado antes habían relajado a su cuerpo y habían hecho desaparecer su adrenalina. Estrellarse contra el suelo le dolió más de lo que debería haberlo hecho.

—¡Kacchan! —grita Deku al ver esa serie de actos que apenas habían tomado un segundo. Se levanta con sus piernas agarrotadas y trata de correr para detener al hombre que se ve como Kacchan y ayudar al Kacchan que conoce. Entonces ve a una nueva persona emerger por una puerta que estaba en un pasillo aledaño y, al girar su rostro para detenerlo, si acaso se trataba de un nuevo agresor, se sorprende al toparse con otro hombre que luce exactamente igual a él.

Se para en seco. Al parecer esa noche estaba destinado a encontrarse a todas las personas que conocía pero en una versión adulta. Incluyéndose a sí mismo.

El hombre que comparte su rostro también replica la mueca de sorpresa e incomprensión que aparece en la cara del joven heredero del OFA. Pero una explosión los saca a ambos de golpe de su estupefacción y los hace mirar al lugar donde los dos Kacchans están peleando. Tras ver que las cosas se pueden tornar feas, se miran una vez más y, como si los dos pudieran escuchar lo que el otro piensa, se les hace obvio que todo en ese lugar parece ser un gigantesco malentendido y que pelear probablemente no ayudará a resolver nada.

—Kacchan —llama esta vez el hombre adulto, con una voz serena pero a la vez ligeramente autoritaria. Se acerca al otro y le abraza por la espalda en el momento en el que el hombre pretendía prepararse para lanzar un nuevo ataque.

Mientras tanto, el Deku joven se arrodilla velozmente junto a su compañero que está en el suelo para intentar evitar que vuelva a levantarse para seguir peleando. Asimismo, explora rápidamente con los ojos sus heridas. Las heridas propias le escuecen. Su cuerpo gruñe con cada movimiento y se siente ligeramente mareado. Pero intenta mantener la compostura, indispensable para lidiar con esta situación tan fuera de control.

Ninguno de los dos Katsukis remueve la mirada del que en ese momento es su adversario, y por un momento los dos intentan volver a arrojarse contra el otro, pero Deku mayor y Deku menor se las arreglan para detener a cada uno. El más joven prácticamente tiene que arrojarse sobre Katsuki para pararle. Mientras tanto, el otro suelta un suave destello de sus brazos, probablemente alguna técnica relacionada con el OFA, y eso parece hacer entender al Katsuki mayor que su Deku habla en serio y la pelea tiene que darse por terminada. Pero entonces, el Bakugou de mayor edad eleva una ceja al ver como el pobre Deku pequeño forcejea con la bestiecilla que representa su yo menor. Gruñe.

—Ya estate quieto, pequeño bicho —exige, señalando a Kacchan. Izuku mayor gira los ojos y suspira.

—Kacchan, sé más amable —pide el muchacho y le deja un beso rápido debajo de la oreja—. ¿No ves lo lastimados que están?

—¡Pero si él empezó!

Izuku vuelve a girar los ojos.

—Y tú eres un hombre adulto. Y un héroe profesional, además.

Mientras tanto, el Kacchan menor por fin ha dejado de moverse. Pero tanto él como Deku están atónitos.

¿Ese Izuku mayor acababa de besar al otro Bakugou?

¿Sus ojos no les han engañado?

La escena es tan… bizarra. A Izuku se le suben todos los colores a la cara. Katsuki siente que el pecho le retumba y se convence de que es por el esfuerzo físico de hace apenas segundos. No hay otro maldito motivo.

Kacchan se incorpora con la torpe ayuda de Deku al tiempo que el Izuku mayor suelta a su… pareja y se planta entre ésta y los dos chicos jóvenes. Les mira con evidente consternación.

—Necesitaremos la ayuda de RecoChick —suelta, mirando a Bakugou—. ¿Puedes llamarla mientras me encargo de ellos?

Bakugou le mira primero a él y luego a los otros dos, principalmente a su versión menor. Su mirada es a todas luces de advertencia.

—Si te pones raro te mato, maldito bastardo —amenaza antes de voltearse para dirigirse hacia el teléfono. Katsuki gruñe. Deku mayor y menor suspiran.

Los tres restantes se acomodan sobre los muebles de la sala, Izuku en el sillón mediano y los otros dos en el más largo. Los menores mantienen una distancia prudente entre sí, como si de pronto temieran que la cercanía resultara rara y se pudiese malinterpretar.

Izuku les mira un momento. Los tres usan el momento para intentar darle alguna forma a todo lo que está ocurriendo.

Aquel Izuku mayor es exactamente igual al menor, Katsuki nota. Sus mechones se rizan en los mismos sitios. Las pecas de su rostro están desperdigadas todas en el mismo orden. El color de los ojos es del mismo verde. La expresión es muy parecida, aunque luce ésta más adulta, más seria. Hay incluso algo intimidante en ella, aunque eso no va a pronunciarlo en voz alta ni en un millón de años. Se siente tentado a mirar al Deku a su lado sólo para corroborar tanto esas similitudes como las obvias diferencias. Tan sólo para confirmar que su Deku sigue siendo el mismo inútil de siempre y no tiene esa maldita cara de persona que se conoce las respuestas a todo.

Deku, por otro lado, no deja de pensar en el beso que presenciaron y en todo lo que ello implica.

Por lo que se nota por las ventanas, es de noche. Quizá sigue siendo de madrugada como lo último que él recuerda. Eso significa que este Izuku y este Katsuki o han pasado la noche juntos o viven juntos. La naturalidad con la que se tratan, la forma en que el otro Izuku se atrevió a darle órdenes al otro Kacchan…

Deku no entiende que está pasando. Pero su cabeza formula tres mil teorías por segundo.

—¿Quiénes son ustedes? —es lo primero que el Izuku mayor pregunta. Aunque es una pregunta sencilla, de pronto Deku siente como si no supiera con exactitud cómo responderla. Como si estuviese en un examen y se le hubiese olvidado la respuesta correcta.

Por suerte, Bakugou habla.

—Yo soy Bakugou Katsuki y este es el inútil de Midoriya Izuku, ¿quiénes demonios son ustedes?

Izuku ladea el rostro.

—Me temo que nosotros también somos Bakugou Katsuki y Midoriya Izuku.

—¡No me jodas!

—No estoy intentando engañarlos o confundirlos. Estoy igual de perdido que ustedes.

Kacchan gruñe, pero la aclaración parece aplacarlo un poco. Es entonces que el otro Bakugou finalmente regresa. Se echa a un lado de Izuku y deja el brazo sobre el respaldo del mueble, abrazando prácticamente al otro adulto. Lo que no pasa desapercibido para los dos menores.

—¿Ustedes viven juntos?

La pregunta viene de Deku. A todos se les ocurre que hay cosas más importantes de las que estar discutiendo, pero Izuku sencillamente tenía que preguntar.

Los Izuku y Katsuki mayores comparten una mirada.

—Sí, desde hace cuatro años. Estamos marcados, ¿y ustedes? —inquiere Izuku, aunque prácticamente conoce la respuesta. Basta con ver la forma incómoda en que los otros dos se alejan para entender que no existe una relación de ese tipo entre ellos.

—¿Marcados…?

—A ver, creo que hay cosas más importantes de las que hablar que de nuestra vida privada, ¿quiénes demonios son ustedes? ¿Qué hacen aquí? ¿Por qué están así de hechos mierda y por qué carajos me atacaste cuando me viste, pequeño bastardo del averno?

Es Bakugou mayor. Y, aunque el menor le eleva una ceja, agradece que el otro imponga orden y haga que se regrese a los temas importantes. Además, no quiere seguir escuchando sobre eso de que esos dos, sean quienes sean, son pareja. Es terriblemente embarazoso.

—Dicen que son nosotros —aclara Izuku, mirando a su rubio. Luego devuelve la mirada a los otros. Deku entiende que espera respuestas a las otras preguntas y decide hablar.

Entonces intenta relatar con lujo de detalles lo que ocurrió. Su encuentro con un Iida y un Todoroki que lucían mayores y que al parecer le engañaron para atraerlo a un sitio aislado e intentar… bueno, no quiere decirlo de esa forma, pero si se hubiesen quedado ahí, probablemente habrían muerto…

Les cuenta del enfrentamiento. De la llegada de Bakugou. De la pelea subsecuente. De cómo Katsuki estuvo a punto de morir y entonces…

—No puedo explicarlo. Creí que habíamos muerto, no podía ver nada más que a Kacchan, ni siquiera podía verme a mí mismo. Escuché unas voces y entonces…

—¿Voces? —interrumpe Bakugou mayor—. ¿Qué clase de voces? ¿Y qué dijeron?

Deku parpadea.

Hace memoria.

—¿Entrena? ¿Aprende? Creo que fue eso… eran, como las voces de unas mujeres que hablaban al mismo tiempo o algo así… no lo sé, fue muy… raro… y luego aparecimos aquí. No entiendo nada —les mira. Como si de pronto esperara que fueran los adultos los que tuvieran las respuestas.

Aquellos se miran con el ceño un poco fruncido.

—Entrena y aprende —repite Izuku.

—"Entrénenlos" y "enséñenles" —responde Katsuki.

Deku y Kacchan les miran.

—¿De qué mierda hablan? —pregunta Kacchan—. Yo también escuché esas voces —frunce el ceño, confundido.

Los adultos regresan las miradas a los muchachos.

—Antes de encontrarlos aquí también oímos esas voces, fueron lo que nos despertó. En cuanto a Todoroki y a Iida —Izuku baja la mirada, luciendo de pronto desalentado—. ¿Iida tenía una cicatriz en el cuello? ¿Y Todoroki tenía marcas en las manos?

Deku nuevamente parpadea.

—S-sí, es verdad, Iida tenía una cicatriz muy grande. En cuanto a Todoroki, no lo sé, no pude ver, tenía puestos unos…

Pausa, frunciendo el ceño, sorprendiéndose y horrorizándose un poco.

Guantes. Todoroki había tenido unos guantes e Iida había tenido una bufanda. ¿Habían estado intentando mantener esas marcas ocultas?

—¿Cómo lo sabes? —pregunta, mirando al mayor.

Los ojos verdes se elevan despacio para mirarle. Lucen tristes.

—Es porque yo le hice esa herida a Iida —responde.


II

Estática.

—T-t-tenemos reportes de disturbios desde el centro de Tokyo. Vamos con nuestro corresponsal en vivo. Takashi, te oímos…

Aparece una escena cortada a la mitad por una columna de concreto. La imagen tiembla. Se enfoca y desenfoca a una multitud alterada que avanza por una avenida amplia. Luego se corta la toma y se muestra al reportero en escena. Éste luce serio.

—Gracias, Hanako —pausa corta—. Estamos refugiados en uno de los edificios aledaños al incidente. Un grupo aproximado de más de doscientas personas se está movilizando por el centro de la ciudad, con pancartas y megáfonos. Son opositores al régimen de emparejamiento Quirk-Omega que se estuvo llevando a cabo alejado del conocimiento público durante años. Las personas, en su mayoría omegas, demandan que este sistema se detenga lo antes posible, ya que lo encuentran una falta grave en contra de los derechos humanos, obligándolos a engendrar hijos con quirks poderosos; potenciales héroes que serían entrenados desde ver activadas sus individualidades —de fondo se escuchan los gritos y las exclamaciones. Una especie de eslogan parece repetirse una y otra vez—. Se especula que esta práctica se había llevado a cabo sin el consentimiento de muchas y muchos omegas —prosigue la narración—, lo que ha desatado el malestar de la población. Pero, por su parte, los que están a favor de estas prácticas, tienen la fuerte convicción de que es lo mejor para hacer frente a los cada vez más poderosos y peligrosos criminales. La sociedad está dividida, Hanako, y los del congreso se están viendo con el lazo al cuello. No se ha hecho ni una declaración al respecto, no han confirmado ni negado nada y eso hace que la incertidumbre en la gente crezca...

—Takashi, perdona la interrupción. Nos indican por interno que hay otra turba acercándose por el sentido sur de la avenida, ¿puedes verlos desde tu posición?

El reportero se moviliza, le hace señas al camarógrafo. Las tomas cambian. Primero, la turba original vuelve a mostrarse, marchando enardecida. Luego se graba el otro lado de la calle. No se distingue nada más que el fondo normal de ésta, con algunos carros estacionados y transeúntes confundidos.

—Aún no, Hanako —habla Takashi—. Estamos refugiados en un local comercial, justo en la intersección, los veremos en algún momento… ¡Oh! —la cámara se mueve con velocidad, haciendo que la imagen se ponga borrosa. Pero entonces enfoca a un grupo reducido de personas que se presenta al otro extremo de la calle—. Están… Están llegando héroes a contener a las masas, creo que… sí, es Uravity, viene acompañada de Cellophane y si no me equivoco el otro que viene es Red Riot… Sí, es él… ¡Oh, Dios, Hanako! ¡El otro grupo está llegando a la intersección! Al parecer son defensores del sistema. Esto se pondrá feo, veámos si los héroes son capaces de calmar los ánimos.

Hay un momento en el que los dos reporteros guardan silencio, mientras las imágenes se transmiten. Los héroes están al centro, justo en el punto de intersección en el que las dos turbas se encontrarían. Lucen serios y parecen repartir responsabilidades y ponerse de acuerdo en cómo van a proceder. Las dos multitudes siguen acercándose y el ruido de sus reclamos es cada vez más fuerte y feroz.

—Recordemos que desde que se filtró la información, los héroes han estado "apagando incendios" de este tipo en todo el país. El más grave hasta el momento fue el de Shibuya, el mes pasado, donde más de cincuenta personas resultaron heridas de diferente gravedad y dos, lamentablemente, fallecieron en urgencias. Esperemos que las cosas no vuelvan a alcanzar esas magnitudes…

El equipo de héroes se divide. Una mujer de cabello castaño y traje de heroína en tonos pastel se dirige hacia el primer grupo, el que se opone al sistema. Otro héroe, un hombre pelirrojo de distintiva musculatura y apariencia fiera se dirige hacia el segundo grupo; los defensores.

—Uravity está hablando con los opositores y Red Riot con los defensores. Al parecer están logrando tranquilizar a la multitud…

Otra vez calla un momento el reportero, mientras el camarógrafo transmite tomas de ambos frentes. Uravity por un lado, Red Riot por el otro. De pronto, algo pasa. Se escucha un griterío que aumenta en volumen y agresividad.

Red Riot es atacado.

—¡Oh, rayos! ¡Un hombre le ha dado un golpe a Red Riot! Cellophane ha ido a apoyarlo, pero parece que la gente de este lado no está muy dispuesta a cooperar. Es-están ignorando a los héroes y siguen avanzando. Ahora los dos se van a encontrar con Uravity, tal vez tengan más éxito del otro lado…

Estática. La pantalla que transmitía la imagen se torna oscura.


III

Izuku tarda en procesar la información recientemente dada por su contraparte de mayor edad.

¿Cómo es posible? Él jamás lastimaría a sus amigos. Tal vez fue un accidente. Pero, dados los recientes hechos, en los que él y Kacchan casi son brutalmente asesinados por ellos, ya no sabe qué creer.

—¿Qué fue lo que pasó? ¿Cómo pudieron las cosas torcerse tanto como para terminar así? —pregunta el pequeño Izuku al borde del colapso mental. Son demasiadas cosas las que se aglutinan en su cabeza y, por más que trata de encontrar una respuesta lógica a todo lo que está ocurriendo, no logra encontrarla.

—Es… complicado —responde el pecoso mayor.

Y de verdad lo es. ¿Cómo explicarles a sus versiones más jóvenes todo el desastre en el que degeneró la relación con los que alguna vez había considerado sus mejores amigos?

Y no es que ya no los considere de esa forma.

Pero, simplemente… tal como lo ha dicho, es complicado. Es ridículamente complicado. Triste e innecesariamente complicado…

Por otro lado, no está seguro de qué tanto pueden revelarles él y Katsuki a sus contrapartes menores, porque está claro que aún ninguno de los cuatro comprende muchas cosas sobre lo que ocurre. No sabe de dónde han venido ellos ni por qué están ahí. ¿Acaso vienen del pasado? ¿Podría tratarse de una especie de quirk?

Si vienen del pasado, ¿sería contraproducente decirles demasiado? ¿Podrían ellos afectar su línea temporal de modo que alguna tragedia deviniera en el futuro (eso es, el presente)?

Intenta ocultar su nerviosismo y sus exhaustivas cavilaciones. Katsuki le mira de reojo e Izuku sabe que éste probablemente se percata de su estado. Pero Katsuki debe estar pensando en exactamente las mismas cosas.

—¿Puedes intentar explicarme? Necesito entender. Necesito saber qué es lo que pasó —pide el Izuku menor, pero, antes de dar tiempo a que alguien más diga cualquier cosa, el timbre suena.

Es RecoChick. La nieta de la antigua Recovery Girl, quien falleció hace un par de años, a la inusual edad de 113 años. Al parecer, su quirk regenerativo le permitió vivir más de lo normal. RecoChick, por otro lado, ronda ya los cincuenta pero parece de treinta, de modo que es probable que haya heredado las capacidades de su abuela.

RecoChick trata las heridas de los dos menores, enteramente confundida al notar su apariencia.

—Déjanos lidiar con esto de momento —pide Izuku cuando RecoChick ha terminado y les ha preguntado que qué era lo que estaba pasando—. Por favor, por ahora no se lo digas a nadie.

Ella asiente. Nadie se niega a una petición de Izuku.

La chica médico se retira momentos más tarde. Izuku ofrece entonces a sus "invitados" algo para comer. Aunque estos se niegan, argumentando que no tienen hambre, Izuku igual les hace comer porque asegura que lo necesitan después de recuperarse de sus heridas. Tras eso, les manda a descansar.

—Hablaremos mañana. Por ahora, todos necesitamos descansar, especialmente ustedes —dice. Los menores quieren rechistar pero la verdad es que lo que dice Izuku es completamente cierto, los dos están exhaustos, con las cabezas hechas un caos y, además, la energía que la recuperación les ha quitado los ha dejado en aún peor estado.

Se van a dormir al cuarto de visitas.

O por lo menos a intentarlo.

La habitación es grande. Lo suficiente para albergar dos camas e incluso una pequeña salita. Tiene unas puertas de cristal que dan hacia el jardín. Es sorprendente, no pueden evitar pensar los dos chicos. Sorprendente todo lo que aquellos tienen. La casa es enorme, bonita, espaciosa y tiene un ambiente de paz y equilibrio. Como si las personas que vivieran ahí fuesen felices. Como si cada decoración y modificación se hubiese hecho con cariño, con sueños del futuro, con alegría.

Y ninguno de los dos logra sacarse eso de la cabeza, sintiendo emociones diferentes ante la idea de que esos dos estén juntos. Ambos teorizan lo mismo que Izuku mayor, que quizá éste es el futuro.

Lo que significaría…

¿Que ellos dos…?

—Este mundo no tiene ningún puto sentido —suelta Kacchan de pronto. Está en la cama que está pegada a la pared y le da la espalda a Deku. El de cabellos oscuros también está recostado de lado, pero le da la espalda a las puertas de cristal y observa en medio de la oscuridad la silueta de su amigo—. Cuatro ojos y dos lados intentando matarte… los que tú y yo conocemos jamás intentarían algo así. Ni en un millón de años.

Izuku sospecha que esa podría ser una especie de indirecta.

Ni en un millón de años tú y yo terminaríamos juntos de esa manera, es la implicación oculta tras esas palabras.

Y siente una punzada incómoda en el pecho.

Una suerte de… decepción.

—Quiero creer lo mismo, Kacchan —confiesa. Porque, aunque no logra determinar cómo se siente con relación a la vida juntos de los dos mayores, lo que sí sabe a la perfección es cómo se siente con relación a las acciones de Todoroki e Iida.

Adolorido, traicionado y lastimado. No concibe una realidad en la que ellos dos pudieran desear su muerte y la de Kacchan, sencillamente no. Y el hecho de que exista esta realidad en la que ese hecho es una verdad, una parte real del entretejido de eventos y acontecimientos que la conforman, le arde. Le arde como un veneno en ebullición que explota dentro de su caja torácica.

Katsuki suspira.

—Duérmete, inútil —espeta y cierra los ojos, dispuesto a seguir su propio consejo.

Pero una bruma tóxica se revuelve en su pecho y a lo largo de sus venas cuando escucha a Izuku intentar disimular el hecho de que está llorando.