Cortesanos

Capítulo 1

La carta que le habían traído de casa no era cualquier carta: lacre de cera azul marino y sello de un águila picoteando una calavera, era la marca personal de su majestad el Príncipe Víctor Nikiforov.

Y el cortesano no podía sentirse más satisfecho.

Georgi le había puesto los ojos encima hacía unos seis meses, aunque al ser protegido de su excelencia el marqués de Vorontsov no se había atrevido a traicionar la confianza del noble, conocedor de que aquel alfa podía ser muy vengativo cuando sus amantes elegían a otros por encima de él.

Por otro lado no iba a negar que el marques había sido infinitamente generoso con él, Georgi solo tenía que mirar el gigantesco rubí que le brillaba en la mano para recordar la fortuna que en el último par de años aquel hombre había gastado en él; el anillo valía una fortuna y solo el habría servido para que un hombre de pocas necesidades viviera frugalmente por todo un año.

El rubí era grande como una nuez pequeña, llamativo, escandaloso incluso, casi al borde de lo vulgar... extendió la mano frente a él y ladeando la cabeza, de tal modo que el negro cabello le cayese en cascada a un lado, lo observo con un poco más de atención. El anillo no era lo único que le había regalado el marqués de Vorontsov, pero era lo que más le gustaba de toda la colección de joyas que este le había regalado.

La joya era grande.

Una joya destinada a la mano de... cerro los ojos con fuerza y se mordió el labio inferior para no gritar, un gemido de angustia y odio profundos ahogándose en su garganta.

"un cortesano"

Tratando de calmarse, se dijo a sí mismo que amaba la vida que llevaba, que si hubiera seguido el camino que veía ante sus ojos en el pasado en esos momentos no llevaría la vida lujosa que llevaba, no vestiría las sedas caras ni las piedras preciosas que cargaba a menudo, ni tendría una casa... ni una cuenta tan grande en el banco.

En comparación a todo eso ¿Qué podían ofrecerle sus sueños del pasado?...

-La vida de un campesino –murmuro sombríamente y bajando la mano, que se había cerrado en un puño, tomo con la otra la carta ya abierta, la nota era clara. Como todos los hombres que son ricos y conscientes de su propia importancia, Nikiforov le había escrito de forma clara y poco cortes, podía conseguir a quién quisiera y pocos se atreverían a rechazar a un hombre que estaba tan cerca del zar, en pocas palabras solicitaba una reunión tras la presentación en el teatro privado del barón Alexei Lumme.

"Una función privada"

Frunció el ceño, ligeramente incomodo al tiempo que releía la nota, estaba invitado al teatro del Barón Lumme, pero no dejaba de sentirse incomodo, no estaba seguro de aceptar encontrarse con Lumme de quién corrían sombríos rumores y palabras caras, para nadie era secreto lo que decían sobre su última amante y aquel caballo.

Además Lumme no contaba con el favor de Lilia, ella le había cogido manía tras que aquel noble arruinara a una de sus cortesanas.

Por otro lado la reunión privada con Nikiforov podía terminar de muy pocas formas y la mayoría de estas, cuando se trata de una reunión privada, solía ser en el lecho.

Era casi una norma, y esperaba que Nikiforov no esperara obtener algo sin pagar antes por ello, un modo rápido eran las joyas, algunos caballos... uno de sus primeros amantes le había obsequiado una vez un alazán negro como la noche de sangre árabe, un caballo que no había cabalgado en mucho tiempo...

Tratando de concentrarse aparto dichos pensamientos de la cabeza y trató de pensar en Nikiforov.

No deseaba ser un juguete de una noche, pero tampoco someter al príncipe, sabía que el juego no era así, ser el amante de Nikiforov significaría mucho para su popularidad entre muchos otros miembros de la nobleza y le daría la puerta abierta para entrar a donde quería ingresar.

Era el único medio.

Solo sabía algunas cosas de él, una de ellas era que el noble era un alfa puro de alto nivel, que estaba casado, no con cualquier persona sino con un muchacho japonés, un omega, que había conocido en sus viajes y con quién se había encaprichado.

El príncipe consorte era una criatura tímida que solía estar a menudo distraído con los deberes en la casa de campo de su marido y no muy usual en las grandes fiestas. Nikiforov, que le había sido fiel durante tres años, había regresado hacía dos años a la gran escena social, haciéndose de las más caras joyas de la escalera social como amantes.

Era una de las razones por las que deseaba estar en relaciones con ese hombre.

Elevo una mano hasta tocar su piel y se miró en un espejo cercano, en aquella hora de la mañana –eran las seis de la madrugada y hacía media hora que su sirviente le había despertado con esa carta- no llevaba una gota de maquillaje, su rostro estaba limpio de los potingues que los y las omega y las mujeres beta solían usar para mantener su belleza y realzarla, aún era atractivo, su piel no había perdido la tersura de la juventud, ni lo haría en mucho tiempo, apenas tenía 26 años, sus ojos aún podían someter la voluntad de cualquier alfa que se preciara, y sus lágrimas aún conmovían lo mismo que sus caricias.

¿Por qué se amargaba?

Georgi no era respetable, nunca lo había sido realmente... no tenía por qué ponerse melancólico. No había razones reales.

Quizá solo se sentía mal por el muchacho.

Yuri le había parecido muy frágil cuando lo conoció, con aquellas ropas horribles sobre el cuerpo, estropeadas por el tiempo, y su cabello rubio enmarañado y volando al capricho del viento por no hablar de que por su figura debía tener hambre, aunque su expresión lo demostrara muy poco.

Había estado a punto de tirarle unas monedas y apartarse del lado del jovencito, a fin de que no manchara sus ropas, cuando había visto a los alfas acercarse desde otra esquina y un par de miradas hambrientas a lo lejos. Sabía, porque lo había visto antes y alguna vez había estado muy cerca de estar en esa situación, lo que ocurriría con el muchacho cuando las miradas fueran en otra dirección.

Se había estremecido de asco y cierto grado de molestia, en su situación no podía hacer mucho. Bastaba una mirada para adivinar la belleza bajo la suciedad y una visión periférica para sospechar que el chico era un omega.

Molesto le había extendido una mano.

-Ven conmigo –había visto la desconfianza en los ojos del chico y sus hombros moviéndose como si se decidiera huir, Georgi había rodado los ojos con el desdén plagándole los preciosos ojos aunque la preocupación le ganara más –puedes venir conmigo y sopesar tus opciones a mi lado o arriesgarte a quedarte aquí, los hombres que se te acercan no serán más amables que yo –había soltado acido, antes de volverse a su carruaje y avanzar sin mirar detrás, un par de segundos después escucho los pasos del chico resonar un poco apurados hasta alcanzarle.

Tras ello había interrogado al chico tras ofrecerle unos pasteles que había en el carruaje y comentarle que debía subir a un tren pronto, se había pasado la madrugada viendo dormir al chico y tratando de decidir que maquillaje sería capaz de cubrir su preocupación y su desvelo, porque se preguntaba qué haría con él.

Confesaba, aunque fuese solo para sí, que había pensado en la posibilidad de ofrecerle trabajo en su casa, quizá como parte de la limpieza o incluso como su ayudante de cámara... estaba harto de su doncella: una muchachita tonta y torpe que parecía más interesada en abrirle las piernas al cochero que en servirle a él.

Pero tras que el delicado rubio terminara de lavarse en una palangana y ver su cara limpia y sus cabellos arreglados había entendido que eso sería imposible.

¡Era demasiado atractivo!

Sería un riesgo para Georgi tener a alguien tan joven y bello a su lado, en su casa, ya tenía rivales en sus círculos no tenía que llevar el riesgo a sus propiedades.

Aun así no podía dejarle a su suerte, simple y llanamente no podía, para su pesar Lilia tenía razón cuando decía que Georgi era muy poco sabio cuando actuaba por sentimientos.

El chico había tocado esas pocas fibras de piedad que años en la corte rusa se habían encargado de ir acabando poco a poco.

Soltó un gimoteo y golpeo con las uñas la superficie de madera de su tocador con una suerte de mohín agrio en los labios.

Sabía muy bien que para el chico existirían muy pocas opciones, apostaba lo que fuera que el muchacho era virgen, que estaba bien educado y que se adaptaría a las enseñanzas de Lilia, si aceptaba someterse a ellas por otro lado ¿Qué otras opciones tenía? La vida ya era muy amarga.

Estar ahí era lo mejor, acabaría muy mal en las calles... miro de vuelta el anillo y sacudió la cabeza.

-Es lo mejor –susurro, auto-convenciéndose es lo mejor.

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Yuri había despertado en una cama de verdad por primera vez en mucho tiempo, y la suavidad del lecho le había hecho preguntarse dónde estaba, levantándose de la cama busco con la mirada ubicarse mentalmente.

No reconocía el lugar y tras unos segundos supuso que habían llegado a la casa de la que el ¿noble? ¿Cortesano? ... Georgi, le había hablado.

Se inquietó un poco y comenzó a revolverse en la cama, quitando de encima de él las sábanas blancas y el edredón que no era demasiado pesado, pronto se halló sentado a un lado del lecho con los pies tocando la frialdad del piso.

Un gemido de molestia y sorpresa escapo de su boca al ver la habitación en la que estaba.

Estaba ricamente revestida y podía jurar que el mobiliario debía valer una fortuna, sorprendido se miró a sí mismo, tenía sobre el cuerpo un camisón blanco que le rozaba las rodillas, apretó un poco los labios y se levantó del lecho avanzando un par de pasos mirando en su derredor en busca de sus ropas.

No llego a encontrarlas.

La puerta se abrió casi enseguida y el delicado rubio se sobresaltó volviéndose a prisa y mirando, con desconfianza a quién había ingresado.

La sorpresa casi le detuvo el corazón aunque poco más, reacciono como lo habían hecho otras personas antes que él cuando en alguna mañana habían visto una visión semejante.

El día anterior había visto a Georgi y aceptado, solo para sí, que era un omega atractivo y que debía tener un gran número de pretendientes buscando sus favores, pero aquella mañana, con la luz del sol iluminando a raudales la habitación y el omega ingresando en su habitación ingresando con ese aire de inexplicable prisa le hizo pensar en una madre o un hermano amante y la impresión le descoloco.

Era posible que fuese a causa de su aparente prisa, de los movimientos de sus manos que parecían ir detrás de su cuerpo moviéndose a la par que la seda de la bata que cubría el negligé que el moreno llevaba.

-¡Despertaste! –exclamo Georgi y Yuri asintió, observando su hermosa cara, y estudiando con nulo disimulo como iba vestido el mayor, su expresión era obvia, parecía decepcionado –Pensaba que llegaría cuando aún estuvieras dormido... bueno, no puede tenerse todo –sus labios se curvaron en una sonrisa pero al rubio no le daban gato por liebre y pudo notar que el cortesano estaba nervioso, se preguntó porque –Buenos días Yuri...

Detrás de Georgi, Yuri vio a una doncella ingresar a la habitación, tenía la mirada esquiva y llevaba ropas en las manos.

-Buenos días –susurro, en tono suave y desconfiado, una combinación curiosa que le gano cierto brillo en la mirada del moreno.

-Te han preparado un baño. Ve a tomarlo y luego hablaremos –ordeno otra voz y ambos se volvieron a quién ingreso en la habitación, era una mujer adulta, quizá un poco vieja pero aun así hermosa, de mirada dura y expresión seca.

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El adolescente estaba confundido y preocupado, cosa que nadie podría reclamarle, no conocía a Georgi aunque en un momento de necesidad este le había extendido una ayuda leve sabía también que quedarse con él le llevaría a un camino que no sería el recomendable.

Sabía que su abuelo nunca habría aprobado aquello, que él estuviera en la casa de alguien como aquel joven o estar ahí sin una compañía respetable, pero en el último mes habían ocurrido cosas que no podía soportar, luchar cada día por sobrevivir le había sido molesto y frustrante, en realidad, solo y sin nadie en el mundo era tan consciente como otros de que su destino se auguraba amargo en más de un sentido.

Estaba, en fin, destinado a ser sacrificado en las garras de una vida que no había elegido.

Por no primera vez en su vida maldijo su casta omega una y otra vez mientras lavaba cada parte de su cuerpo y, saliendo de la bañera tomaba una toalla, a la vista estaba un sencillo traje de color blanco y azul que le habían enviado para vestir en el desayuno, y una nota de Georgi.

"Por favor, no olvides lo que hablamos ayer, trata de ser cauto y atento. Pronto entenderás que en realidad esta es una opción bastante recomendable"