Día 2
Propuesta: Matrimonio.
La boda
–¡Anda no seas mala!– exclamó usando su mejor mirada de cachorrito –Sólo es un velo...
–He dicho que no– negó ella –. No voy a usar esa cosa.
–¡Pero es la tradición!
–No me importa, además se vería demasiado extraño que usara un velo mientras visto un traje de etiqueta.
–Nunca me vas a dar el gusto de verte en un vestido de boda, ¿verdad?– preguntó apenado.
–Nunca– negó para luego lanzar una mirada asesina a sus dos testigos que estaban sentados a un par de metros, quienes se reían de ellos sin disimulo –. Alquilar un traje es mucho más económico... Y rápido...
–Lo sé, aún así... Eres demasiado cruel, Kido...
Lo miró de reojo para luego exhalar –Seto y los demás van a matarnos, ¿sabes?
–No es como si pudiéramos llamarlos y decirles... ¡Hey, nos casaremos en un rato por orden de nuestro jefe! ¡Los esperamos!
–¡Lo sé, lo sé!– exclamó rodando los ojos –Es que aún no lo entiendo...– miró a los lados asegurándose de que nadie los escuchara y continuó en voz baja –Como agentes secretos podemos mentir sobre nuestros nombres, edades y todo lo demás... ¿Qué es esa tontería de que no podemos falsear nuestro estado civil?
–Mi querida e inocente Tsubomi~~– canturreó con una sonrisa de oreja a oreja –¿Aún sigues intentando encontrarle sentido a las locuras del jefe?
Exhaló nuevamente –Supongo que no tiene caso...– murmuró para luego verlo con seriedad –Júrame una vez más que esto no es obra tuya.
–Me conoces hace quince años Tsubomi... Si yo hubiera planeado esto estaríamos en una enorme capilla y no en una oficina pública, y tú llevarías un hermoso vestido, no un traje igual al mío. Además habría invitado a todos nuestros amigos.
Aquello fue suficiente para convencerla –Al menos tendremos un par de días libres después de esto...– murmuró cruzándose de brazos mientras miraba a las oficinistas enfrentar sus computadoras con la destreza de un hombre de las cavernas.
–Ahm... Sí...– murmuró él cruzando sus brazos tras su cabeza intentando mostrar un desenfado que no era capaz de trasmitirle a su rostro –Supongo que tendré que agradecerle al jefe después de esto.
–¿Por qué lo dices?– preguntó ella viéndolo con atención.
–Porque supongo que una orden era lo único que podía lograr que la responsable y ejemplar Tsubomi accediera a casarse conmigo...– comentó viendo hacia algún sitio al azar, rehuyendo su mirada.
–No acabas de decir eso...– murmuró ella sombríamente –¡¿Eres un imbécil o qué te pasa?!– le gritó levantándose con sus puños apretados forzándose para no golpearlo frente a sus compañeros de trabajo y los empleados de la oficina.
–Cálmate antes que el guardia nos saque...– recomendó él con tranquilidad.
–Entonces, ¡¿realmente crees que me casaría con alguien sólo porque mi jefe lo ordena?!
–No estarías aquí si no fuera por eso...– respondió dejando ver un poco de su frustración.
–¡Al diablo contigo y con esta tontería!– exclamó largándose del lugar lo más rápido que pudo.
–¿Por qué se enfadó ahora?– preguntó a la nada misma antes de que sus neuronas hicieran sinapsis –¡Oh diablos! ¡Soy un imbécil!– exclamó corriendo tras ella.
Logró tomar su muñeca antes que ella pudiera cruzar la calle –Entonces, ¿sí quieres casarte conmigo?– preguntó estúpidamente.
–¡Ya no! ¡Déjame en paz!– le ordenó sacudiendo su brazo en un intento por soltarse.
–Lo siento Tsubomi...– murmuró sin soltarla, viéndola con culpa –Dije una estupidez... Pero no quería ilusionarme en vano...– bajó la mirada –Me da miedo no saber lo que piensas respecto a... Ya sabes... Nosotros...
–Pienso que ya no tenemos dieciséis... Y que si seguimos viviendo juntos después de que todo terminó ha de ser por algo...– confesó dignándose a mirarlo nuevamente –¿Quieres casarte conmigo?
–Nada me haría más feliz...– murmuró él sonriendo emocionado –¿Quieres casarte conmigo, Tsubomi?– preguntó de vuelta más como una formalidad que otra cosa.
–No me prestaría a esto si no fuera así...
–¡Awww! ¡Tsubomi te a...!– intentó decir, pero su confesión fue interrumpida por uno de sus compañeros de trabajo.
–¡Hey chicos, entren que ya los están llamando!
–Es hora...– susurró Tsubomi respirando hondo en un intento por darse valor, en unos minutos Shuuya sería su esposo...
Lo sintió aferrarse con fuerza a su brazo –Estoy nervioso...– le confesó.
–Tranquilo...– murmuró intentando lidiar con su propio nerviosismo –Será un rato y luego estaremos...– sintió un nudo en su garganta –Ya sabes...
–No me dejes solo...– le suplicó mientras sus colegas comenzaban a arrastrarlos dentro a la fuerza.
–¡Sólo no te desmayes y estaremos bien!
–No prometo nada...
–¿Ambos son Tateyama?– preguntó la juez observando sus papeles mientras los testigos firmaban.
–Somos hermanos– asintió él siendo codeado por su "novia".
–¡Adoptados, no de sangre!– aclaró ella de inmediato.
–Ajá...– asintió la mujer –¿Tienen los anillos?
–¿Anillos?– preguntaron ambos al unísono.
–¡Aquí los tengo! ¡Regalo del jefe!– uno de los testigos sacó una cajita con un par de alianzas doradas, logrando con eso que ambos chicos soltaran el aire contenido.
La ceremonia transcurrió con relativa normalidad hasta que la juez hizo "la pregunta".
–Tateyama Shuuya, ¿acepta a Tateyama Tsubomi como su esposa para amarla y respetarla hasta que la muerte los separe?
–Y después también– declaró muy seguro mientras asentía, ganándose una mirada curiosa de todos en la habitación.
–No digas cosas raras...– le susurró Tsubomi viendo de reojo como reaccionaba el resto.
–No es raro, recuerda que nosotros ya estuvimos muer...– un fuerte codazo en su flanco derecho le sacó por completo el aire, no permitiendo que terminara la frase.
–¡Vas a asustarlos imbécil!– le gritó Kido mientras él se retorcía adolorido.
La juez se aclaró la garganta llamando la atención de ambos –Puedo llamar al alguacil para que se ocupe de este problema de violencia doméstica– le habló a Kano quien se incorporó de inmediato como si nada hubiera pasado.
–¡No no no no!– negó moviendo sus manos frente a él –¡Son los nervios! ¡Mi princesa jamás me toca ni con el pétalo de una rosa!– aseguró mientras Kido negaba cubriéndose el rostro con ambas manos sin entender en qué momento aceptó casarse con ese idiota sin remedio –Sí quiero– dijo finalmente colocándole el anillo a Kido.
–Está bien, continuemos– murmuró la mujer nada convencida –. Tateyama Tsubomi, ¿acepta por esposo a Tateyama Shuuya para amarlo y respetarlo hasta que la muerte los separe?
–S... ¡¿Qué haces?!– le gritó girando el rostro para enfrentar a Kano, quien acababa de sacar su celular acercándolo demasiado a su rostro.
–Esta será probablemente la única vez que te escuche admitir que quieres casarte conmigo, por lo que te grabaré y lo escucharé mil veces antes de dormir cada noche– respondió con una enorme sonrisa –Así que habla fuerte y alto– le pidió acercando aún más el aparato a ella.
–¿Si le hago tragar el celular cuenta como violencia?– le preguntó Kido a la juez, quien dudó unos segundos antes de asentir.
Bajó la mirada frustrada, si eso seguía así se largaría a llorar en cualquier momento... ¿Por qué no podía comportarse siquiera ese día? ¿Por qué todo era un maldito juego para él?
–Lo siento...– lo escuchó decir, guardando el aparato –También es muy importante para mí... Sólo pensé que sería lindo inmortalizar el momento...– Ella asintió pero no levantó su cabeza –Sé que hago estupideces, pero...– estrechó el agarre en su mano –Nadie va a quererte más que yo, sabes eso, ¿verdad?– le preguntó en un susurro.
–Sí...– murmuró Kido luego de unos segundos en los cuales la juez y los testigos miraban sus relojes y daban impacientes golpecitos con sus pies en el suelo –Sí quiero– aseguró levantando finalmente la mirada, dedicándole una sonrisa a su casi esposo –Nadie va a aguantarte más que yo– le aseguró mientras deslizaba el anillo por el dedo anular de Kano.
Ambos se quedaron viendo con una sonrisa cómplice.
–¡Perfecto!– exclamó la juez rompiendo el ambiente –Por el poder que me ha sido conferido los declaro marido y mujer, puede besar a la novia, ¡y que esto acabe de una vez!
–¿Besar?– preguntó Kido sonrojándose hasta las orejas.
–Ven aquí mi esposa~~
–¡¿Es necesario?!– preguntó desesperada esquivando los intentos de Shuuya por alcanzar sus labios.
No era como si nunca se hubieran besado antes, pero jamás lo hacían en público.
–¡Si no se besan en los siguientes cinco segundos anulo el matrimonio!– los amenazó la mujer que sólo quería irse a su casa y olvidar esa boda tan complicada.
Aquello logró que Tsubomi dejara de moverse y Shuuya finalmente alcanzara sus labios ante la algarabía de sus colegas.
Era oficial, los dos miembros más jóvenes del departamento de asuntos secretos del gobierno, eran marido y mujer.
Se estiró haciendo estallar su espalda y cuello en varios puntos, antes de dejarse caer en el sofá a un lado de Kano.
–Ahh... ¡Hoy fue un día muy largo! Me siento exhausta...
–¿Sabes? Este papel no significa nada para mí...– comentó Shuuya con la libreta de matrimonio en su mano, desde que llegaron no había dejado de verla –Sin embargo sólo mirarlo me hace feliz...– confesó usando su brazo libre para abrazar a Tsubomi.
Ella se limitó a apoyar la cabeza en el hombro de Shuuya disfrutando de la íntima compañía, casados o no, ese momento en el cual llegaban a la casa y podían relajarse olvidando preocuparse por apariencias, permitiéndose bajar la guardia... Era su momento favorito del día.
–¿Deberíamos llamar a Kousuke y los demás para decirles?– preguntó él inclinándose hacia delante un momento para dejar la libreta encima de la mesa ratona y poder envolverla con ambos brazos.
–No sé si será buena idea decirles algo así por teléfono…– comentó pensativa –En cinco días nos reuniremos para desenterrar nuestra cápsula del tiempo, podemos aprovechar y darles la noticia entonces…
–¿Imaginas su expresión?– preguntó él sonriendo –Se sorprenderán mucho...
–Les contaremos todo con calma, no podemos llegar y decirles "¡Hey, estamos casados!".
–Supongo que no, aunque sería divertido…
–No, Shuuya… Cuando llegue el momento yo se los explicaré…
–Está bien…– accedió –Ahora pensemos en cosas más importantes… ¿Qué haremos en nuestra luna de miel?
–¿Comprar una cama grande...?– preguntó ella acurrucándose en sus brazos.
–Me parece bien…– asintió para luego llenarla de besos –Mi esposa es la cosa más tierna del mundo...
–Y mi esposo la más idiota...– respondió ella en medio de un bostezo –Es muy raro llamarte así, prefiero Shuuya...
–Tienes razón... En ambas cosas...– comentó él sin dejar de sonreír –Pero este idiota te ama tanto que hará todo lo posible por hacerte feliz...
–Lo sé...– asintió ella cerrando sus ojos –No soy muy buena para estas cosas pero... Sabes que yo también, ¿verdad?
–Si Tsubomi... Lo sé...– asintió cerrando sus ojos también.
En pocos minutos ambos se quedaron dormidos, sabiendo que de ahí en más, siempre habría alguien a su lado velando sus sueños.
Fin el día 2.
Sé que en un casamiento por civil no se hacen esos votos, sin embargo quedaban bien aquí, y así quedó.
Por si alguien no lo notó me inspiré en la antología del futuro que tan feliz me hizo.
Espero que les haya gustado, hasta mañana :D
Trekumy.
