De espadas & promesas.
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2) Ya no me interesas.
´Pero debes prometerme algo… siempre que uses esta espada deberás tenerme presente en tu corazón…'
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El frío la atravesaba como dagas de hielo mientras corría por la calle desierta.
Era una completa locura. Pero ahí estaba, cruzando las aceras a toda prisa, como si su vida dependiera de la velocidad que le imprimiera a sus pasos. Lo cual técnicamente era cierto. Llevaba los últimos diez minutos corriendo, o más. No llevaba reloj, y solo a algunos pasos del bar se había dado cuenta que no llevaba su móvil encima. Volver por él ni siquiera entraba en sus planes.
Maldijo el haberse puesto una falda tan larga que en vez de ayudar a sus zancadas, parecía enredarse a sus piernas. El sonido de su zapato al rozar el pavimento resonaba en la atmósfera desierta.
Había hecho ese trayecto pocas veces. Las que Kazuto no contaba con su moto para llevarla de vuelta a su hogar, pero estaba segura de que iba en la dirección correcta.
Paró algunos segundos para recuperar el aliento, los hilos de vapor escapaban exageradamente de sus labios mientras se tomaba de las rodillas temblorosas.
—¡Pero miren lo que tenemos aquí! ¿Estás perdida, preciosa?
Una jocosa voz de barítono se oyó a su lado, y Asuna levantó la cabeza sorprendida encontrándose con dos hombres jóvenes, uno aproximándose desde su derecha, otro desde la izquierda. El que había hablado tenía el cabello rapado y una chaqueta llena de tachas de metal.
Retrocedió tratando de conservar la calma. ¿De dónde habían salido? Ni siquiera los había visto venir.
—S-solo estoy de paso…
—Podemos hacerte compañía, o puedes venir con nosotros…—refirió el otro que era más alto que el anterior y que apestaba horriblemente a alcohol —Podemos divertirnos los tres ¿no crees?
El aire se atoró en los pulmones de Asuna. Calma, se dijo mentalmente. Pero el recuerdo de las estadísticas de robo y violaciones en Tokyo apareció fresco en su memoria cortándole el aire.
Se sentía completamente desprotegida. Para empezar, no disponía de nada que pudieran robarle. No tenía nada de valor consigo; en cuanto a lo segundo…
—Podemos pasarlo muy bien, preciosa…—el que había hablado primero se lamió el labio inferior y ubicó su brazo sobre la pared cerca de la cara de ella. Su mano libre le tocó el muslo, ahí donde el tajo de la falda se abría enseñando su piel.
—Tranquila nena— su compañero le tomó la barbilla cuando ella quiso negarse, le abrió el cierre de la chaqueta en una acción obvia —Si cooperas dolerá menos…
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Del fastidio que sentía ni siquiera se había puesto el casco, estaba seguro que lo dejó botado en algún lugar del bar de Agil.
Las ráfagas de aire helado parecían atravesarlo mientras aceleraba por las desiertas calles de Saitama. Pasó algunos semáforos en rojo pero no parecía importarle; a la medianoche casi no había tráfico.
Hizo todo el camino que usualmente haría si fuera con ella. Con la absurda esperanza de encontrarla en algún punto del recorrido.
Lo cual no pasó.
Nunca había conducido a tal velocidad, y estaba seguro de que, si su tía se enteraba de tal, lo dejaría encerrado una semana confiscándole el AmuSphere. Pero ese derrape de adrenalina era por una buena causa, y tenía eso en mente mientras cruzaba a toda prisa las intersecciones buscando a la testaruda de su novia.
Pero parecía que a Asuna se la había tragado la tierra. ¿Ya estaría en su casa? La idea se hizo mella en su mente, mientras entraba al vecindario que pertenecía a su novia. Frenó algunas cuadras antes para no levantar sospechas, y en silencio el rodado se detuvo frente a la imponente fachada de aquella edificación. Aun en la oscuridad se notaba el lujo opulento en el que Asuna vivía. Contempló la casona algunos segundos y se dio cuenta que todo estaba en silencio y apagado, como si todos estuvieran durmiendo.
¿Tal vez Asuna ya habría llegado?
No, eso es imposible… razonó. Definitivamente viajando en tren, o en lo que sea tardaría más tiempo. De pronto tuvo una idea, sacó su móvil del bolsillo y sin dejar de observar la casa en penumbras marcó un número. Esperó pacientemente a que le respondieran.
—Hey Kirito-chi.
El joven alejó el móvil de su oído al oír la curiosa voz masculina. ¿Habría marcado mal? Pero no, ahí se leía Rika Shinozaki en la pantalla. ¿Entonces qué…?
—¿Klein? ¿Qué diablos haces con el móvil de Liz?
—En realidad yo debería de preguntar por qué estás llamando a mi chica cuando tú tienes a la tuy— se oyó un súbito ruido, como si alguien estuviera golpeando a otro alguien, y luego la voz cambió radicalmente —¿Aló? ¿Qué quieres Kirito?
El nombrado se quedó momentáneamente a cuadros, parpadeando perdido —¿Por qué Klein está contigo?
—E-eso… ¡Eso no es de tu incumbencia!... ¿qué quieres?...
Volvió a parpadear tratando de reenfocarse en tiempo y lugar: estaba frente a casa de Asuna, su novia a quien estaba buscando desesperadamente —¿Asuna está ahí contigo? —aunque la pregunta era casi retórica.
—¿Por qué habría de estar aquí? ¿Qué no volviste a buscarla?
Kazuto se despeinó el cabello con la mano libre, volteó a ver la imponente casona en sombras —No, no ha venido conmigo… es una larga historia…
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—Shhh…. Shhh… quédate quieta y te dolerá menos…
Asuna se quedó inmóvil, completamente aturdida mientras el asqueroso sujeto aquel le metía una mano bajo el top, palpando su ropa interior. Se hallaba tan perdida dentro de sí misma que no reaccionó cuando el tipo que apestaba a alcohol le dio una bofetada tal que terminó derribándola en el suelo. Sintió el golpe en su mejilla, y el labio ardiéndole, pero siguió paralizada.
Su mente se encontraba flotando dentro de una nebulosa. ¿Otra vez?... ¿Otra vez me debe pasar lo mismo?
—¿Por qué una muñeca tan bonita como tú anda fuera de casa a estas horas de la noche?
—¿Qué importancia tiene eso ahora? Gracias a eso vamos a divertirnos mucho…
El recuerdo de las manos de Sugou tocándola desvergonzadamente hizo que por primera vez estuviera consciente de lo que pasaba. Los ojos comenzaron a escocerle, en tanto la sensación de censura y asco comenzaba a dominar su mente.
Kirito-kun… ¡Kirito-kun!
—No me equivoqué al elegirte a ti…—la profunda voz de Heathcliff, el comandante de KOB se oyó nítida en su mente como si lo escuchara hablándole en ese mismo instante —Eres una de las jugadoras más fuertes, Asuna-kun… Lista, valiente, osada, cualidades que se necesitan para brindar un poco de esperanza en estos corazones donde el desaliento ha ganado territorio...
—Pero señor…—se escuchó decir una joven versión de sí misma, la cual vestía una falda roja a tono con una capa que oportunamente la cubría —¿Por qué yo? Cuando hay gente mucho más calificada que puede hacerlo mejor.
—Tú eres la indicada para este puesto Asuna-kun: la grandiosa subcomandante de KOB…
—No merezco este hon—
—Nunca me equivoco en las decisiones que tomo, estas perfectamente capacitada.
‹‹Capacitada…›› La palabra resonó en su mente, y una vez más se vio a sí misma aceptando la orden de Heathcliff, su superior a quien con el tiempo aprendió a respetar, como una hija venera a su padre. Y con el que muchas veces sintió que el cariño que le inspiraba por momentos le resultaba paternal.
Hasta que todo se desmoronó ante sus ojos cuando descubrió que era por causa de él que estaban encerrados en esa trampa mortal… Y siempre se preguntó si no había sido adrede que la pusiera al mando de tantos batallones, a ella quien por dentro era una niña asustada que solo daba manotazos de ahogado, y disfrazaba su terror con largas sesiones de entrenamiento desgastante. ¿Kayaba Akihiko se había aprovechado de sus debilidades?
—Eres fuerte Asuna-kun… más fuerte de lo que crees…—sonó esa inconfundible voz dentro de su subconsciente. Y lo hizo de tal forma que se quedó impresionada —No me equivoqué al elegirte, quizás fue una casualidad que llegaras a formar parte de SAO pero no lo fue el ponerte al frente de mis hombres…
—Eres fuerte…
La voz resonaba y parecía brotar desde lo profundo de su corazón, y se interponía con su subconsciente; ¡No es cierto…! ¡Soy una niña débil, la Asuna de SAO fue solo un espejismo que se evaporó en el cielo junto al castillo flotante de Aincrad…!
—Ambas son tú, solo debes dejar salir esa determinación que te caracteriza, aquí también tienes que luchar por sobrevivir y obtener lo que quieres… Eres fuerte… Asuna-kun…
Aquello le caló tan profundo y le atenazó las emociones de tal forma que fue consciente de sí misma, y de lo que estaba pasando. ¿Se había desmayado? ¿Había sufrido un lapsus? Le escocía el labio de dolor y parte de la frente, pronto se dio cuenta que yacía en el pavimento sucio, su blusa estaba rota, al igual que parte de su falda… pero se encontraba entera… o con la suficiente entereza de comprender lo que estaba ocurriendo. No tenía tiempo de lamentarse, ni inclusive de pensar.
Cuando el tipo que apestaba a alcohol se inclinó para lamerle la mejilla, se armó de valor y le dio un cabezazo que lo hizo trastabillar e irse hacia atrás, con el mismo subidón de adrenalina alzó su pierna y le propinó una patada en el pecho al otro sujeto que estaba bajándose la bragueta; y antes de que éste se replegara, era el que estaba más consciente, ella lo remató golpeándolo con su puño y haciéndole caer de culo sobre el suelo.
'Eres fuerte…' la voz que brotaba de su interior seguía alentándola a actuar.
Lo próximo sucedió demasiado rápido, en menos de un segundo estuvo sobre sus pies temblorosos, y al siguiente corriendo como poseída rumbo a la estación. Ni siquiera quiso revisar su apariencia, la adrenalina que todavía recorría su sistema la instaba a correr, y revisar esos detalles después, cuando estuviera a salvo.
Subió los escalones y se apresuró al andén advirtiendo que varios transeúntes se la quedaban viendo con pena, recién ahí reparó en que le faltaba un zapato, y su falda estaba destrozada de un modo horrible. Se compuso el cabello por inercia y se cerró lo más que pudo la chaqueta como una forma de autodefensa. Le dolía la frente y sentía una quemazón en el labio el cual también estaba insensible. Se tocó con los dedos advirtiendo las costras de sangre seca en sus dactilares.
Hizo puño ambas manos, y casi se desmayó de alivio cuando vio la formación cómodamente aparcada al andén. Se subió sin pensarlo, no disponía de muchos pasajeros, pero eran más de los que se hubo esperado en un primer momento. Se dejó caer en un asiento, y recién ahí su cuerpo empezó a temblar por el esfuerzo que había hecho. Advertía la baja temperatura en sus nudillos amoratados.
—¿Te sientes bien? —una voz amable le preguntó desde el costado izquierdo, y Asuna alzó la vista en su dirección preguntándose cuando desastroso sería su aspecto que nadie había cesado de mirarla.
—Estoy bien…— respondió lo más normal que pudo, y escondió su pie descalzo tras el que estaba calzado —¿Por qué se ha demorado el tren? —aventuró a su vez muy consciente de que era su destino el que había hecho que lo alcanzara fuera de hora.
—La formación anterior descarriló apenas saliendo de aquí, y se ha retrasado todo, aún tenemos un par de minutos de espera hasta que el servicio se reestablezca como se debe…—respondió amable la señora.
Asuna asintió y soltando un suspiro se dejó caer hacia atrás, hasta que su nuca se apoyó en el asiento y cerró los ojos. El alivio fue tan profundo que se quedó dormida.
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Habían pasado cerca de cuarenta minutos mientras hacía un recorrido general por las cuadras linderas a su casa, buscándola; y en una de esas vueltas vio venir la pequeña silueta por el centro de la calle como un alma en pena.
Antes de siquiera pensarlo, se arrojó de la motocicleta y corrió hacia el encuentro de la muchacha que venía temblando, aparentemente sin haberlo visto.
—¡A-Asuna…! ¡Asuna! —la atrapó en un ceñido abrazo contra su pecho, respirando aliviado de que estuviera aquí. Tan abstraído estaba en haberla encontrado que no reparó en su aspecto desalineado.
En lo que si reparó fue en su indiferencia. Pese a que sus brazos la apretaban con desesperación, la muchacha estaba inmóvil, indiferente como si fuera una muñeca de trapo, con sus manos yertas a los costados de su cadera, dejándose abrazar pese a que no hacia movimiento por devolverle el gesto.
—¿Asuna? —la separó de si respirando agitado, sus dedos se colaron entre su cabello que estaba desordenado y suelto de su usual peinado. La luz difusa del farol iluminó el rostro pálido de la joven y el descubrió la cortada en su frente donde el flequillo no le tapaba, y el golpe en su labio inferior. La sangre se le heló en las venas al percatarse que la situación no terminaba ahí…
El resto de su ropa era un caos, le bastó darle una mínima ojeada para ver la falda rota, y la blusa hecha jirones, además del faltante de uno de sus zapatos. La agarró de los hombros y la sostuvo, el gesto algo brusco hizo que la muchacha se tambaleara un tanto.
—¿Q-Qué te pasó…? ¿Qué… qué te hicieron…? —su voz salió algo temblorosa. Sus ojos estudiaron con más detenimiento su labio magullado, y el hilillo de sangre seca que le oscurecía la sien. Sintió que sus puños se apretaban sobre los pequeños hombros de la chica quien seguía sin proferir palabra —¿Asuna…?
Finalmente las ambarinas irises se alzaron y se clavaron en las suyas con desprecio.
—¿Vas a decirme que te preocupa lo que me haya pasado? —le respondió firme y claro.
Y Kazuto se hizo hacia atrás de la impresión al oír su voz carente de emoción. Era ese tono frío y apático que solía usar cuando eran un par desconocidos durante el primer piso en el antiguo SAO.
—Por supuesto que me preocupas —le rebatió con suavidad, afianzó el espacio que había perdido de proximidad, y rodeó su mejilla —Dime…
—No tiene importancia.
—¿Qué no tiene importancia…? —repitió pasmado —¡Asuna! ¿Quién te hizo esto…? ¿Qué tanto…? —sus ojos temblaron de pavor al contemplarla más de cerca—Por favor, dime…
La joven lo contempló fijamente aún sin hacer el mínimo movimiento de retribuir a su cálido contacto, por un segundo pareció dudar de sí misma, hasta que de un brusco gesto se soltó de sus manos, como si estuviera poniéndose a la defensiva.
—¡No! ¿Vas a hacerme creer que te importa…? —repitió — ¡Cualquier cosa duele menos de lo que me haces tú…!
Obviamente no se esperaba ese intercambio de palabras, y mucho menos su tono y acción. Se retrajo —No sé a que te refieres... —extendió su mano en su dirección —Tú eres mas importante ahora… ¿Debo llevarte al hospital…?
—¿Soy mas importante? No me hagas reír— prosiguió mordaz e interrumpiéndolo. Su tono frío e indiferente, hasta sus pupilas siempre tan cálidas parecían dagas de hielo —No te necesito, Kazuto… La Asuna tan dependiente de ti murió esta noche… esta noche cuando más te necesitaba… —se cerró la chaqueta y él advirtió la sombra de su brasier —A la que dejaste librada a su suerte…
Su mano nunca llegó a hacer contacto, primeramente porque ella se alejó y porque ante el fulgor de sus palabras se quedó inmóvil.
—¿Me echas la culpa?
—Por supuesto que no, tu nunca eres responsable de nada.
Kazuto suspiró —Asuna… estás haciendo esto muy difícil...
—Siempre ha sido difícil, antes quizás cometía la estupidez de hacer todo tan sencillo para que no tuvieras problemas y para que tu perfecta vida siguiera su curso…
Él hizo puño su mano antes de traerla a su pecho, frunció los labios. La estampa que ella ofrecía con su aspecto era tan triste, sin embargo su espíritu parecía estaba encendido con toda deliberación —Asuna… déjame ayudarte por favor…
—No necesito tu ayuda, ya no la necesito… —se tocó la cabeza en un gesto inconsciente, sus hombros de pronto se estremecieron —Ahora si me dejas entrar a mi casa.
—¿Acaso vamos a terminar así?
Ella soltó un suspiro y pasando a su lado lo rodeó dispuesta a seguir su camino. Él volvió a atraparla y la apretó contra su pecho estremecido —Asuna…
Como antes tampoco hizo movimiento en retribuirle el gesto, se quedó quieta contra el cuerpo del muchacho, como si fuera un peso muerto. Pero estaba murmurando algo en una retahíla inconsciente.
—¿Qué? ¿Qué dices…?
—...Terminamos… Ya hemos terminado…
Metió una mano en su cabello desgreñado y la impulsó hacia atrás —¿Cómo?
—Terminamos.
—¿De nuevo? —no pudo evitar preguntar con cansancio, y de la impotencia que sentía la dejó ir. Ella se quedó ahí, en el lugar.
—La vez anterior me dejé llevar por un simple duda —le dijo sosteniendo su mirada —Esa duda hoy es una certeza que he visto con mis propios ojos. Ya no me interesas.
—¿Qué?
—Ya no me interesas, Kazuto.
—Asuna, déjame explicarte… no fue lo que crees que pasó…
—Shino es perfecta para ti ¿cierto? La guerrera que conoce tu forma de pensar, la que se anticipa a tus palabras… Que comparte esa delgada línea entre la empatía y el conocimiento… la que puede ayudarte a enfrentar tus demonios…
—Asuna…
—Yo no puedo contra eso ¿sabes? Y tengo mis propios problemas en los cuales ocuparme… Ahora si me dejas…
—¿Porque siempre sacas conclusiones por ti misma? —murmuró quedo.
Pero ella no se detuvo siguió caminando, mientras Kazuto contemplaba su andar endeble, su figura menuda y tan penosa —Al menos dame la certeza de que no te ha ocurrido nada esta noche… por favor. Aunque no quieras hablar conmigo solo respondeme eso.
Ella le miró por encima de su hombro, su cabello desgreñado resaltaba con pequeños destellos plateados gracias a la luz de la luna —Sí eso te hace sentir mejor… —su tono de voz bajó solo un poco —No ha pasado nada… solo quisieron robarme el móvil.
Kazuto abrió los ojos, estupefacto, palpó su bolsillo donde descansaba el celular de la chica. E iba a dárselo, pero ella se puso en macha nuevamente. Él la observó con tristeza hasta que ella se perdió dentro de esa inmensa casona que como un boss del viejo Aincrad se recortaba contra el cielo nocturno con majestuosidad.
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Ni siquiera supo como hizo para llegar a la puerta. Conociendo todos los secretos de su casa, se coló por la entrada de servicio la cual desembocaba en la cocina. Ni bien cerró, sus piernas la traicionaron y se dejó caer en el suelo. Su cuerpo estaba cubierto de espasmos, el recuerdo de todo lo que había ocurrido la sobrepasó haciendo que las lágrimas que llevaba conteniendo desde el inicio finalmente encontraran una via de escape.
'Eres fuerte...' seguía diciendo aquella voz con acento amable. Pero ella no se sentía así, cuando lo único que quería era abrir esa puerta y correr a los brazos de su novio para llorar hasta desgastarse. Que él disipara sus miedos, como siempre hacía…
Pero Asuna había hecho todo lo contrario a eso. Había actuado de acuerdo a la adrenalina que lo que vio en el bar le dio, sumado a ese encuentro horrible que había tenido con esos dos sujetos…
Eso le hizo recordar… todo, por lo que alzando las rodillas las rodeó con sus brazos, mientras escondía la cara contra la tela derruida de su falda. El llanto cobró mayor ímpetu así que se aferró a si misma para evitar que cualquier sonido involuntario escapara de ella.
—¿Asuna?
La muchacha despegó la cara de sus piernas al oír la súbita voz, y miró hacia arriba; la luz estaba encendida y la imponente silueta de su hermano en pijama le hacia sombra en la cara.
—Onii-chan… —balbuceó. Y fue suficiente de esa tontería de hacerse la fuerte.
—¡Asuna! ¿Qué diablos te pasó?
Ella ni si quiera esperó a que le ayudará a incorporarse, al segundo siguiente estaba llorando contra su pecho, como la bebé que él siempre le decía que era.
Quizás necesitaba ese espacio donde podía ser ella misma sin tener miedo de quebrarse, y sin tener consideración de las habladurías de su madre… Kouchirou siempre había sido su aliado, su mejor amigo dentro de esa casa.
—¿Qué pasó?
—Unos… unos sujetos intentaron… —su voz se quebró y tembló convirtiéndose en la chiquilla asustada que en realidad era.
Él la separó para recorrer sus mejillas con los dedos —Debemos ir a un hosp…
—No —lo cortó para luego bajar la voz —No creo que sea necesario…
—Debe verte un médico —miró su falda rota y su pie descalzo y su expresión se endureció —En estos casos lo mejor es que recibas atención profesional… —entonces pareció recordar otro detalle —¿Es que acaso Kirigaya-kun no venía contigo?
Ella sacudió la cabeza en negación y apretó los ojos sabiendo que el sermón vendría a continuación.
—¡Cómo que no estaba contigo! ¡Me dijiste que…!
—Él… él y yo peleamos… —le confesó con un hilo de voz —Y decidí venirme en tren…
—¿Estas loca? Pudiste llamarme, sabes que analizando los estudios de mercadeo de la empresa me duermo tarde… y justamente había bajado a hacerme un café… —examinó el golpe en su frente —Te traeré un abrigo iremos a un hospital.
—¡No onii-chan!
—Pero Asuna, esto es grave… debe verte un especialista… y si el asunto pasa a mayores, debemos dar parte a la policía…
—No es necesario… —sacudió la cabeza en negación —Por favor… no quiero que mamá y papá lo sepan…
—Es algo serio, Asuna.
—Por favor Kou… —le sujetó los pliegues de la camiseta de dormir que llevaba —Te lo ruego…
—Sabes que…
—No me han hecho nada —se apresuró a replicar con toda convicción.
—¿Estas segura?
Ella asintió reiteradas veces.
Él soltó un gruñido y apoyó la mano en su cabeza —De todas formas debo curarte esto —le presionó el corte en la frente a lo que ella se retrajo de dolor —Iré a buscar un poco de antiséptico y algodón, espérame aquí.
Asuna asintió —Gracias onii-chan.
Mientras Kouchirou iba por el botiquín de primeros auxilios que se encontraba en la biblioteca de su madre, Asuna se dedicó a entrar a uno de los múltiples baños desperdigados en la planta baja.
El horror que sintió al contemplar su propia imagen demacrada en el espejo hizo que sus ojos se cuajaran de lagrimas. Se veía terrible. Costras de sangre seca bajaban por su sien, y por la comisura de su labio derecho. Tenía marcas de barro en las mejillas, y su cabello era un desastre. Su ropa no era mucho mejor, pero si subía a su habitación a buscar un conjunto limpio corría el riesgo de despertar a sus padres.
Y lo último que quería era alborotar a su madre cuando una reunión familiar tan importante estaba en puertas.
Abrió la canilla y observó algunos segundos como el agua corría antes de sumergir sus manos en el liquido, estas no estaban en mejores condiciones por lo que, tomando una pastilla de jabón se las enjabonó meticulosamente antes de repetir el mismo procedimiento y esparcir una generosa porción de espuma sobre su cara.
Luego de enjuagar sus mejillas, se peinó el cabello con dedos húmedos. Se quitó el zapato que aún portaba, y viendo que era lo máximo que podía hacer por su apariencia en ese momento, decidió salir y volver a la cocina donde seguramente Kouchirou la esperaba.
Y no se equivocó. El joven estaba batiendo un café mientras revisaba algo en la pantalla de su tablet. La conocida caja de primeros auxilios descansaba junto a la repisa.
—Onii-chan —le llamó para llamar su atención.
—Oh, ahí estas. Ven siéntate aquí… —palmeó un taburete frente a él mientras tomaba un trozo de algodón y abría el antiséptico.
Asuna obedientemente se sentó en el lugar indicado mientras se levantaba el flequillo para que el muchacho evaluara el daño. Sin decir palabra al respecto empapó el algodón y lo aplicó suavemente en la herida que medía algunos centímetros. Ella se retrajo ante el escozor.
—¿Entonces porque pelearon Kirigaya-kun y tú?
Asuna trató de mirarle, pero él con un gesto la instó a quedarse quieta.
—Di… diferencias de opinión… —murmuró con cierta culpa. A pesar de todo su hermano tenía una buena relación con su novio… bueno su ex novio, y siendo como era, Asuna simplemente no podía sembrar el disgusto o la antipatía en el ánimo del mayor —Ya lo conoces…
—Te conozco más a ti —la miró de reojo —Y sé lo cabezona que puedes llegar a ser…
Ella sonrió con melancolía, ignorando el dolor que las curaciones le estaban ocasionando.
—Me sorprende que él no me haya llamado para que fuera por ti… —prosiguió sorprendido —¿O porque no me llamaste tú?
—Extravié mi móvil…
—¿Asuna en serio? No puedes ser tan descuidada… —tomó un poco más del medicamento y con ligeros toques lo aplicó sobre su labio.
Fue lo que más le dolió pero se guardó sus quejas. Presionó su mano sobre el brazo que aplicaba el bálsamo y le sonrió, genuina —No tienes que preocuparte Kou, todo estará bien.
—Me gustaría confiar en ti diciendo eso, pero conozco tus antecedentes —le tironeó un mechón de cabello y se alejó contemplando su obra —Quizás deba poner a madre al tanto, deberíamos aplazar la reunión de mañana.
—¡No! Por favor. ¡Mírame! Ya estoy bien.
—Asuna tú sabes de que tratará el dichoso encuentro, ¿y aún así insistes en ir…?
—No hay mucho que pueda hacer —le sonrió débilmente y aproximándose a él le dio un pequeño beso en la mejilla, y a modo de consuelo agregó —Gracias onii-chan, eres el mejor.
—Esto te costará caro, ve sabiéndolo —le respondió mientras veía como la pelirroja tras sacarle la lengua salía por la puerta literal en dirección al resto de la casa.
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Cuando la señora Kyouko entró a la habitación de su hija a la mañana siguiente, se encontró con la gran sorpresa de que ésta no solo estaba despierta, sino también vestida y maquillada para salir.
Asuna nunca ponía empeño en ese tipo de citas, y ella tenía que estar por detrás amonestándole para que se preparara. La sorpresa de verla tan producida la dejó boquiabierta por algunos segundos. La mujer se obligó a cerrar la boca y adoptar ese gesto de autosuficiencia que tan bien la caracterizaba.
—Que milagro, por una vez no he tenido que estar detrás tuyo para que te vistas como corresponde —apuntó a su costoso kimono color rosado que abrazaba su cuerpo como un guante —El cabello está acorde… aunque yo lo hubiera recogido un poco más. Y ¿te has puesto maquillaje? —culminó con sorpresa.
Asuna retrocedió antes que su madre decidiera investigar a fondo. La verdad era que el corte de su frente lo había camuflado con un poco de corrector, y el flequillo lo había peinado de tal modo que le cubriera afanosamente. Lo más complicado fueron sus labios debido al moretón, pero los disfrazó con una buena cantidad de lápiz labial la que evitaba no comerse de los nervios.
—Sí, te ves bien Asuna. Como una digna señorita de sociedad, con toda la gracia que una Yuuki posee.
La muchacha asintió —Gracias madre — se paró frente al espejo y tomó el precioso broche de orquídeas en su cabello trenzado.
—A ver déjame… nunca fuiste buena para este tipo de cosas… —le quitó el delicado aplique y parándose detrás de su hija, se lo prendió con suavidad a un lado de su cabeza, de modo que cayera con elegancia sobre su cabello peinado.
—Asuna cómo… —la puerta de la habitación se abrió y Kouchirou asomó la cabeza, se detuvo pasmado al ver a su madre peinando a la joven —Perdonen, buenos días mamá.
—¿Está todo listo? —la mujer palmeó la cabeza de Asuna como una forma de demostrarle que ya había acabado.
—Papá dice que los autos no tardan en llegar y los sirvientes ya bajaron el equipaje… Falta tu maleta, Asuna.
—Bueno, iré a cerciorarme que todo el mundo haga su trabajo —la señora Kyouko echó su perfecto cabello tras su hombro y salió de la habitación.
Apenas ambos hermanos se encontraron a solas, Kouchirou arqueó una ceja en dirección a la chica que seguía inmóvil frente al espejo.
—Hacía mucho tiempo que mamá no me peinaba —sentenció en voz baja, y encontró los burlones ojos del mayor —¿Qué?
—¿Ella y tú se están acercando?
La muchacha negó reiteradas veces con su cabeza y finalmente se giró hacia él —Bien, ¿qué opinas?
—Te ves hermosa, hermanita —señaló su rostro —Has hecho un excelente trabajo, no se nota nada.
Ella asintió.
—Pero eso no es lo importante ¿cómo te sientes?
—Estoy bien —le aseguró sonriendo, y afirmó restándole preocupación a los ojos castaños del joven —En verdad, Kou. No tienes que preocuparte.
—Bueno digamos que te creo, ¿ya tienes todo listo?
—He hecho lo mejor que puede hacer un cordero que va camino al degolladero —musitó sin humor y le dio una última ojeada al espejo.
En verdad se veía realmente muy hermosa.
•••••
No es como si no se diera cuenta de lo que pasaba a su alrededor.
Proveniente de una familia de clase alta, Asuna conocía todas esas minucias al dedillo. Como el hecho de que era la única mujer heredera en una parentela cien por ciento masculina. Mal dicho, era la única flor en un campo sembrado de cardos.
Una flor muy lujosa que muchos jóvenes aristócratas ansiaban tener.
Y esa reunión, así como las demás que habían transcurrido, tenían una sola finalidad: buscarle marido entre alguno de sus primos, y que la fortuna quedara dentro de la familia.
Ella frunció los labios e inconscientemente se tocó el golpe en su frente, el pequeño dolor que ese gesto le trajo la obligó a poner los pies sobre la tierra. Luego de que la mayoría de los muchachos de su edad le hablara con condescendencia, como si la juzgaran por ser mujer y núbil, se había retirado de la sala presa del mal humor. Por eso detestaba ese tipo de reuniones, además que el estigma de haber estado en SAO era algo que ni sus tíos y primos le perdonaba.
—¿Asuna?
Una desconocida voz masculina la sobresaltó. Alzó la vista encontrándose con agradable rostro de un desconocido de cabello castaño oscuro.
—¿Puedo sentarme?
Ella parpadeó comprendiendo que, convenientemente, los habían dejado a solas. Así que otra vez su madre movía los peones en el tablero de ajedrez…
—Adelante —respondió lacónica, sin muchos ánimos de ser agradable.
—Gracias —el joven que vestía un traje formal de color azul tomó asiento frente a ella y le sonrió amablemente.
Debía tener la edad de su hermano Kouchirou, tenía abundante cabello castaño oscuro peinado con gomina hacia atrás, ojos verdes muy expresivos, y una expresión que distaba mucho de la arrogancia del resto de sus primos.
— ¿Eres…?
—Yuya Yuuki —se presentó y ante su sorpresa, le extendió la mano —Es un placer conocer finalmente a la prima de la que toda la familia habla…
—¿El patito feo? —le estrechó la mano algo sorprendida de que la saludara con un gesto occidental, cuando su familia era tan tradicionalista —O mejor dicho, ¿la oveja descarriada?
—Tienes un gracioso concepto de ti misma, si me permites decirlo —soltó su mano y la ubicó en la superficie de madera —Yo solo veo a una señorita moderna que lucha por romper las costumbres y la tradición. Algo que todos llaman… un espíritu libre.
Ella se permitió reír levemente, sus mejillas se calentaron ante el súbito halago.
—Eso es algo que nuestra elitista familia intenta apaciguar vez tras vez.
—Y que no ha resultado según he oído… — sonrió de lado.
Ella le miró arqueando las cejas, tenía una dentadura bonita, y un rostro agradable… guapo. O quizás, el hecho de que no estuviera haciendo mofa de ella como el resto de sus primos, era un punto a favor que le sumaba atractivo.
— ¿Eres mi hermano disfrazado o algo así? Eso es algo que él diría, la familia intenta doblegarme y aún no lo consigue.
—¿Hablas de Kou? ¡Claro hemos crecido juntos, y ambos cursamos la misma universidad!
—No lo sabía.
—No te culpo, en ese entonces aún estabas inmersa en ese juego de realidad virtual.
Ella guardó silencio y se mordió el labio —Esa es la mancha que según mi madre opaca mi porvenir.
—Fue una fatalidad —le respondió —Aunque no puedo culparte.
—¿A que te refieres?
Antes de que Yuya pudiera responderle una criada entró y dejó un lujoso servicio de té frente a ambos. Asuna frunció el ceño, ese era otro detalle que debía atribuírselo a su madre. Por primera vez se dio cuenta que llevaba un buen tiempo hablando prometedoramente con uno de los candidatos que ella había seleccionado. Se enfureció.
—Quiero dejarte algo muy en claro —atajó alzando la voz —No planeo casarme contigo, tengo un novio que amo, y bajo ningún pretexto planeo dejarlo… —su tono fue perdiendo impulso conforme recordaba los últimos acontecimientos. Ya no tenía novio, pero eso era algo que el joven sentado frente a ella no tenía porqué saber.
—Hay algo que debo corregirte, prima —acotó a su vez —Tampoco tengo intención de casarme contigo, solo quiero conocerte. Somos familia además ¿cierto?
Aquella respuesta la sacó de balance. Sin duda no se esperaba que le dijera eso.
—Muy bien… es bueno poner todo sobre la mesa… —refirió —¿Entonces te gustan los juegos de realidad virtual?
—Viniendo de una familia que se dedica a invertir en tecnología es un poco ridículo no investigar los productos que producimos ¿verdad?
—Tie… tienes razón… —se mordió el labio otra vez, no dándose cuenta que se había comido el labial de los nervios.
—Eso debe doler.
—¿Eh...?
—Esto —se incorporó apenas y con la yema de su dedo índice le tocó los labios allí donde el daño persistía —No sé que haya pasado, pero puedo asegurarte que jamás permitiría que nadie te pusiera un dedo encima.
Lo dijo de una forma tan firme y solemne que Asuna no halló fuerzas para alejarse ni para apartar la mirada.
Nota:
Luego de meses y meses de espera finalmente he traído la conti de este fic… que… Dios, he olvidado como seguía por lo que me puse a inventarle una trama porque de seguir así lo iba a en poner en hiatus y sé que la mayoría iba a odiarme.
Como he reestructurado toda la histora hay muchas cosas que aún no aparecieron en este capitulo pero que vendrán en el siguiente, por ejemplo Shino y el resto de las chicas. ¿Y que onda con Yuya, este misterioso personaje que siempre es el villano en los fics? Pues decidí darle una vuelta de rosca, ya verán a qué me refiero.
Dudas, tomatazos, regaños, dímelos pinchando el botón de aca abajo.
Gracias por leer!
Sumi Chan ^^
