Disclaimer: Ningún personaje me corresponde -excepto los de Durmstrang, Beaubatonx y alguno que pueda surgir-. La historia es sin fines de lucro, sólo con el propósito de divertirlos. Por favor, no copiar. Ante cualquier duda, PM.
Capítulo Dos: El encuentro con un viejo enemigo
En la habitación de Premios Anuales, un rubio despertó más temprano de lo acostumbrado. Se duchó, vistió y decidió ir a desperar a sus viejos amigos. Con rapidez bajó de su torre hacia las mazmorras. Pronunció la contraseñas que la noche anterior había oído y se adentró a su vieja sala común.
Scorpius subió por la escalera que conducía a los cuartos de los hombres con una sonrisa dibujada en su rostro. Estaba tan sumido en sus pensamientos, sobre cómo despertar a sus amigos, que se encontraba parado frente a la puerta de su cuarto hacía varios minutos. Observó la puerta se recordóque iba a ser el último año en verla. No tenía nada de diferente a las puertas normales de roble, excepto que tenía una placa color oro al metro cincuenta más o menos. En ella se podía leer:
"Habitación de Malfoy, Scorpius; Nott, Alexander; Potter, Albus; Scamander, Lorcan. Golpear antes de entrar".
Eso era lo que decía la placa formal, sin embargo, había sido modificada. Además de decir eso, los cuatro amigos le habían agregado:
"Es en serio, golpeen antes de entrar o absténganse a las consecuencias".
Entró en la habitación, y sus amigos dormían profundamente. Se acercó a su primo, el cual soñaba con ganar la Copa Mundial de Quidditch, y lo zarandeó lo suficiente como para que sus ojos se entreabrieran y despertara. Sonrió satisfecho, uno menos. Se acercó al rubio, quien estaba enredado entre las sábanas y, cuyas extremidades, colgaban a los lados de la cama. Volvió a sonreír, pero esta vez con malicia.
- Aguamenti...
Momentos después, el ojiazul estaba dando saltos arriba de la cama por el agua fría que le había caído en la cara. Bufó molesto.
- Hay formas mejores de despertarme, Malfoy... - masculló, sentándose nuevamente en la cama y bostezando.
- Bien sabes que es difícil despertarte - rió divertido-. Pero peor es Albus, con él me doy por vencido. Despiértalo tú, no quiero sufrir las mismas consecuencias de nuestro segundo año.
Lorcan sonrió y recordó junto a sus dos amigos lo que Scorpius había mencionado.
-FLASH BACK-
Un niño de unos aproximados doce años, se despertaba para el primer día de clases de su segundo año. Bostezando, se levantó pesadamente de su cama a despertar a sus amigos, como cada mañana. Empezó por Alex, Lorcan y por último Albus, para ese entonces aún no dormía tan profundamente. A los últimos dos, decidió despertarlos juntos mediante el hechizo rictusempra, consiguiendo que ambos morochos despertaran a las risotadas.
- Scorpius -risas-. ¿Quieres... - risas- parar ya - risas- con esto? -más risas de parte del ojiazul.
- No puedo -rió Scorpius- es muy divertido verlos así - el joven Malfoy se hallaba echado en el suelo, sosteniendo su estómago a causa de las risa que tenía.
- ¡Para... -risas- esto... -risas- YA... - risas-,Malfoy! -masculló, como podía, Albus.
- Ya, de acuerdo. No tenían que llamarme por mi apellido- molesto, movió nuevamente su varita y sus amigos dejaron de reír-. Iré a ducharme, me divirtieron un rato amigos, gracias - les sonrió traviesamente y se metió al baño a ducharse.
Lorcan y Albus se miraron con complicidad, bajo la mirada atenta de Alex. Los dos amigos sonrieron perversamente y se cambiaron rápidamente, mientras tenían una conversación en voz baja.
- ¿Estas pensando lo mismo que yo, Al? - preguntó, terminando de acomodarse su corbata.
- Desde luego que si, mi querido amigo - se volteó a mirar a Alex con cara de santo.
- Conmigo no cuenten, conozco la ira de mi primo - negó el susodicho.
- Simplemente tienes que confirmar nuestra coartada de ir a la biblioteca.
Aquella era obviamente una mentira. ¿Quién se creería que ellos irían a la biblioteca alguna vez en su vida a estudiar? Si iban era para molestar a Rose, Dominique y Lysander cuando querían estudiar, nada más. Sin embargo, Alex negó con la cabeza, aceptó aquello y salió de la habitación, dejando a los Slytherins solos.
Entraron sigilosamente al baño, mientras el rubio se duchaba, tomaron sus prendas, absolutamente todas, y su varita. Guardaron todo en el armario, y lo cerraron mediante magia, al igual que los baúles y los otros armarios. Rieron satisfechos y salieron de la habitación.
-FIN DEL FLASH BACK-
- Nunca me olvidaré la cara que tenía Scor aquel día, estaba colorado como un tomate - reía Alex, también recordando el hecho.
Lorcan se volteó a mirar a Potter.
- A ver... ¿Cómo te despertaré el día de hoy? -haciendo como que pensaba, paseándose frente a las miradas entusiasmadas de los primos-. Ah sí, como más me gusta hacerlo...
Caminó hasta la cama de su amigo y se acercó a su oído.
- Oye Albus... Slughorn está abajo, se enteró del aula vacía que destruíste.
El moreno se despertó de un salto de la cama y se vistió rápidamente con el uniforme. Cuando estaba tomando el picaporte de la puerta del baño, donde pensaba ocultarse, escuchó las risas de sus otros compañeros de cuarto y la de Scorpius. Los miró enfadado. Una vez más le habían jugado la misma treta.
- ¿No se cansan de hacerme eso?- bufó molesto.
- La verdad que no, Potty - dijo empalagosamente el apodo-. Si vieras tu cara... ¡Cada vez me divierte más!- se echó a reír nuevamente Scorpius.
- No me hace gracia, Malfoy- dijo secamente, aunque cambió su actitud enseguida. No podía pelear con él-. Venga ya, vamos a desayunar que me muero de hambre.
- Yo te sigo mi buen amigo - dijo Alex siguiendo a Albus.
- ¿Cuándo no tienen hambre ustedes dos? - preguntó dramáticamente Lorcan, haciendo que Scorpius riera.
Los cuatro amigos se encontraron en el Gran Salón a desayunar, no había mucha gente, ya que tan sólo faltaban quince minutos para la primera clase y, generalmente, todos se levantaban cinco minutos antes de éstas. Se sentaron plácidamente en la mesa y se dispusieron a tomar su desayuno como de costumbre. El único que lo tomaba ligero era Scorpius, dado que sus otros tres amigos siempre comían de todo.
- No puedo comprender cómo es que pueden comer tanto, y estar en plena forma...- comentó entre divertido y serio.
- Pasa que, al igual que tú, todos somos deportistas. Todo lo que comemos, lo volvemos a desgastar - contestó feliz, Albus.
- Esta bien, ni modo... - se encogió de hombros, terminando de beber su café.
- ¿Ue nemos ora, imo? - preguntó con la boca llena, Alex, cuya madre se moriría de verlo con esas costumbres.
- Déjame que me fije en el horario- Comprendiendo a la perfección lo que había dicho su primo, toda la vida juntos valía la pena-. Tenemos dos horas de herbología, una de Defensa contra las Artes oscuras, una de Transformaciones, el almuerzo, un recreo y dos horas de Pociones con los Gryffindors- echándole un vistazo al horario que compartían, puesto que él tomaba algunas clases extra-curriculares y sus amigos no.
- Herbología ¿con quién tenemos? - Preguntó Lorcan, una vez que había acabado con su comida.
- Pues como siempre, rubio hueco, Herbología tenemos con...- comenzó a contestar con auto-suficiencia el ojiverde, pero tuvo que cortar sus palabras, puesto que una bella joven, había entrado al comedor y se sentaba en la mesa de Beauxbatons.
- Oye Al... ¿Me oyes, Al? - le hablaba Alex, como si fuera a una pared-. ¡ALBUS SEVERUS POTTER, ESCÚCHANOS!- gritó perdiendo la paciencia y dándole un golpe en la cabeza, consiguiendo, por fin, que saliera del ensimismamiento.
- Ouch, eso dolió Alex. ¿Qué sucede? - ccariciándose la cabeza, en la parte golpeada.
- Nada Al, se nos esta haciendo tarde para ir a clases con los Hufflepuff.
Los cuatro amigos se levantaron de la mesa, y caminaron hacia el hall. Había especialmente uno que no quitaba la vista de la mesa de los franceses, y sonreía para sí mismo. Caminaron por los terrenos de Hogwarts, hasta llegar al invernadero. Para suerte de Lorcan, Alice Longbottom se hallaba allí charlando animadamente con unas amigas. Cuando el rubio pasó al lado de ella y le guiñó un ojo, todas, excepto la pelirroja, suspiraron ante los encantos de él. El profesor Longbottom llegó y anotó la clase de aquel día, hablarían de las Alihotsys.
En las tediosas clases de aquel día, donde en DCAO leyeron la teoría del hechizo relashio, cómo camuflarse en el ambiente en Transformaciones, y los doce usos de la sangre de dragón en Pociones. Aquella clase hubiera sido totalmente aburrida, si no hubieran molestado a unos estúpidos leones y no habrían conseguido que le quitasen puntos el primer día.
Al finalizar las clases, Scorpius y Albus se separaron de sus amigos, ya que Lorcan tenía que encontrarse con alguien y Alex debía a ir a la biblioteca.
- Oye Al, dime ¿entrarás al Torneo?- preguntó Scorpius mientras que subían por las escaleras al primer piso, y notando como varios alumnos subían corriendo al tercer piso, lugar dónde se hallaba el cáliz de fuego.
- No lo sé, Scor. Ni el dinero ni la gloria es algo que me llamen la atención, además mi madre me mataría... -rascándose la cabeza desganado.- ¿Tú?
- Posiblemente sí... El dinero tampoco me importa, ¿sabes? Pero sí la gloria... Me gustaría limpiar el apellido de mi familia y, de paso, llamar la atención de Rose -comentó mirando hacia arriba y viendo como la susodicha subía las escaleras con gracia y elegancia.
- ¿Le echamos un vistazo?
- ¿A Rose? - preguntó descolocado.
- No a mi prima, estúpido - contestó riendo-. Al cáliz, esta en el próximo piso...
- Esta bien, no estaría nada mal.
Los dos amigos subieron al tercer piso y entraron al aula vacía dónde se hallaba el objeto tan preciado. Había un gran tumulto de gente, varios chicos que vitoreaba a aquellos que metiesen su nombre en aquel cáliz. Los amigos se miraron sonrientes, y se sentaron en un banco muy cerca de allí a observar a quienes podrían ser los próximos campeones.
Entre la gran marea de gente, Albus divisó a la chica de aquella mañana. Ahora de cerca, la podía observar mejor. Tenía cabello azul y unos bonitos ojos violetas.
-Metamorfomaga - pensó el ojiverde.
El joven la miró embelesado, mientras su amigo hacía lo mismo, pero mirando a una ojiazul que, por raro que pareciera, estaba por echar su nombre al fuego, junto aquella francesa.
- Esta decidido, entraré.- Dijeron ambos y sonrieron abiertamente, tenían una razón más para querer competir: estar junto a ellas.
Escribieron sus nombres en un pergamino, se acercaron al cáliz, pendientes de mirar las expresiones de las chicas, quienes les estaban indiferentes, y arrojaron los papeles allí. Estaba hecho, tenían la posibilidad de competir. Salieron del aula contentos y, a la vez, temerosos.
Si salían como el campeón de Hogwarts, ¿qué peligrosas pruebas les esperarían? Tragaron en seco y se miraron preocupados. Sin embargo, ya no había vuelta atrás. Sólo les quedaba que la suerte estuviese de su lado y no salieran en el sorteo.
Una pelirroja caminaba contenta y despreocupada por los pasillos de la institución. Llevaba su mochila colgada al hombro, e iba con paso apresurado. Ingresó, como siempre, a la biblioteca y se dirigió hacia el fondo, dónde, normalmente, se sentaba a estudiar tranquila. Vio de espaldas a un chico de pelo rubio y se le acercó por detrás, abrazándolo sonriente. Éste se dio vuelta, mirándola nervioso con sus ojos azules, como los de su gemelo. Rose le tranquilizó con la mirada.
-¿Y…?
-Anda, quédate tranquilo que ya esta hecho.
-Oh. ¿En serio? -se levantó y abrazó a la joven-. Muchas gracias, Rose.
-No fue nada Lys, por ti cualquier cosa. Eres el único de esos animales, además de mi primo, que es decente - espetó las últimas palabras venenosamente.
-¡Hey! Que son mis amigos y mi hermano -contestó ofendido-. Además, sólo tienes problemas con Malfoy, no con el resto.
-Okey, es cierto. Ninguno de ustedes es como él - se rectificó-. Ustedes no andan hechizando a cualquiera que se les cruce, sin razones algunas - refiriéndose a Scorpius.
-Eso es lo que tu crees - dijo en vos casi inaudible.
-¿Qué dijiste?
-Nada, nada, olvídalo - rió nervioso.- Oye, dime ¿había alguien ahí?
-¿Aparte de mi primo y el pesado de Malfoy?
-¿Ellos estaban?
-Pues claro que si. Cuando vieron que una chica de Beauxbatons y yo, agregamos dos pergaminos con nuestros nombres, en mi caso supuestamente, ellos hicieron lo mismo con el suyo.
-Era sabido. Me imaginé que ellos intentarían entrar.
-¿Es por ello que no pusiste tu nombre tu mismo?
-Exacto. Se supone que yo soy el que no corre riesgos, el tranquilo, el que no le interesan aquellas cosas ni los deportes. Todo lo contrario a mi gemelo - se quedó callado y pensativo.- ¿Qué dirían si saliera yo como campeón?
-¿Los chicos y la bestia? - preguntó la ojiazul, a lo cuál, el gemelo asintió-. Supongo que si realmente son tus amigos y tu hermano, no se enojarían ni nada, sino que te apoyarían - suspiró.
-Gracias nuevamente, Rose- le besó la mejilla sonriente-. ¿Estudiamos? - propuso finalmente.
Ambos, compartían las mismas materias optativas, cómo ser Runas Antiguas. Mientras los chicos se sentaban, el estómago del rubio rugió fuertemente.
-Creo yo que tienes hambre - riendo divertida.
-Crees bien - uniéndose a las risas.
-Toma Lys, ya me he acostumbrado a estudiar contig - la pelirroja sacó una tableta de chocolate de su bolso y se la entregó al ojiazul quién la aceptó con cara de niño bueno.
-¡Eres genial! - contestó con voz infantil, al momento en que mordía un pedazo y sacaban los materiales para estudiar.
Las semanas seguían corriendo y nadie, excepto Rose, sabía del pergamino de Lys en el cáliz de fuego.
Los cuatro amigos acababan de terminar la última clase de, aquella última semana de septiembre, del día viernes. A pesar de que era primavera, aún se podía sentir el calor que iba dejando el verano. Los jóvenes salieron a caminar por los terrenos de Hogwarts. Se sentaron bajo un árbol, frente al Lago Negro, y cada cual optó por hacer lo que más les gustaba hacer aquellos días. Scorpius se dedicaba a jugar con su pequeña snitch, Alex leía el Profeta, Lorcan dormía bajo la sombra, y Albus observaba a quién se podía ligar.
Por fin el joven Potter encontró la presa de aquella tarde, una joven de Durmstrang que se encontraba caminando por allí. Tenía el pelo de color rubio y unos bellos ojos celestes. Se acercó a ella con paso elegante.
-Hola, dulzura- le susurró al oído, haciendo que la rubia voltease.
-Hola, ¿quién erres tu?- preguntó la Durmstrang
-Oh, pero que descortés he sido. Mi nombre es Albus Potter, un gusto - besándole el dorso de la mano-. ¿Cuál es tu nombre?
-Mi nombrre es Dagmarr Verrick, también es un gusto conocerrte - intentó seguir caminando, acción que es bloqueada por el morocho empedernido.
-¿Por qué te marchas tan rápido? - poniéndose delante de ella con su típica sonrisa seductora.
- Porrque deseo irr a entrrenarr a su campo de Quidditch…
-¿Juegas Quidditch?- intentó entablar conversación, raro en él.
-¡Porr supuesto que si!- contestó con un tono de voz que pudo sonar indignado.
-¿De que juegas?- acercándola hacia él.
-Juego de buscadorra…
-Se nota que eres buscadora, porque me haz encontrado - y sin más le plantó un beso.
La búlgara, a quien no le había gustado para nada aquella acción, lo separó y lo apuntó con su varita.
- Rrelaskio.
Albus cayó hacia atrás, hacia el Lago Negro.
-No te vuelvas a acercar, Potterr - le espetó furiosa la ojiazul.
Albus nadó hacia la orilla del lago. Divisó una sombra que se acercaba hacia él, y salió rápidamente del agua cubierto de algas. La sombra que veía era el calamar gigante que estaba saliendo a la superficie, por la molestia que le había causado el joven Potter.
Sus otros amigos se quedaron petrificados al verlo parado frente a ellos de aquella manera, y no pudieron contener la risa que tanto exasperaba al moreno. Pero una risa, que también se le era familiar, se juntaba a la de los Slytherins.
Una melena negra a Albus y, a su lado, caminaba otro muchacho. El primero tenía unos ojos negros que rebosaba diversión, iba vestido con una túnica de Gryffindor. El segundo, también vestido con la túnica roja, con cabellos castaños oscuros y ojos grises. Albus al ver al primero, empalideció de rabia. Todos eran de séptimo año.
-Vaya, serpiente, creo que esta es la primera chica que te rechaza... Oh, a menos que olvidemos a Rebbecca, que se cansó de tí y vino conmigo - ridiculizó el segundo.
-Vaya, vaya ¿a quién tenemos aquí? - hablando el segundo-. Creo ver a Potter cubierto por algas y temeroso del calamar gigante.
-Cállate Whitespoon, esto no es de tu incumbencia - le espetó ferozmente Albus.- Y tú menos, Helson, no nombres a Rebbecca - amenazó, apuntándolo con la varita, mientras los otros dos hacían lo mismo.
-Pobre Potty, se le ha arruinado su precioso cabello con el agua - continuó Thomas Whitespoon.
-Para tu información, Albus no se preocupa por su cabello como una niña - dijo Scorpius dando su presencia.- Pero dudo que sepas lo que es ello, eres demasiado marica para ello.
Scorpius detestaba al Gryffindor ojigris, no sólo por su casa -aunque en realidad eso era lo de menos-, sino porque éste había salido el año anterior con Rose y aún deseaba hacerlo. Los celos lo hacían ver rojo.
-¡Malfoy, vete de aquí! - intervino Brandon Helson, apuntándolo.
-Para nada, Helson. Scorpius no se va, iba a ser injusto dos contra uno - dirigió su varita a Helson-. Aunque pude haber acabado contigo más rápido de lo que puedes pronunciar Queerditch.
-¿Con que Potter necesita la ayuda de Malfoy en un duelo contra dos Gryffindors? - comentó burlándose Thomas.
-Ninguno de los dos necesitaría ayuda para enfrentarse a dos Slytherins- contestó enfadado, Scorpius-. Tú eres el que necesitaba ayuda.
- ¿Al pobre Malfoy no le agradó que le ganaran a la chica?
- Cállate, no sábes de lo que hablas - masculló Scorpius y lo apuntó- ¡Levicorpus!
-¡Protego! - conjuró el ojigris, haciendo que el hechizo se desvie.
Los cuatro alumnos comenzaron un duelo en pleno patio de Hogwarts. Varios curiosos, incluyendo los de las escuelas visitantes, se habían acercado, rodeando a los cuatro chicos, para ver como peleaban. Los hechizos y encantamientos, iban y venían. Luego de un fuerte hechizo lanzado por Helson, y repelido por Albus, el primero quedó fuera de combate, mientras el segundo se iba junto a Lorcan y Alex para intentar curarse las heridas provocadas.
Scorpius y Whitespoon no paraban, eran extremadamente tercos. Entre ellos era sabido, aquello no terminaba hasta que alguno yaciese en el firme pasto, o llegasen los profesores. Hacía bastante que venían posponiendo aquel duelo, ya que eran menores de edad, o porque Rose se encontraba cerca.
-Hasta que por fin Rose te volvió a rechazar - comentó Scorpius, tras esquivar un petrificus totalus.
-Hasta que por fin me enfrentas. Sé que te morías de celos - se burló, mientras recibía un fuerte impacto encantamiento en el pecho.
-Ni se te ocurra acercarte de nuevo a ella - siseó, volviendo a la guardia y esperando el movimiento del castaño- Ella no te merece. No eres inteligente, no eres divertido, ni siquiera juegas bien al Quidditch, tu equipo siempre pierde porque no eres capaz de atrapar una pelotita voladora... ¡Uhg!
Whitespoon le había enviado un hechizo no verbal, un bombarda, que por suerte no era muy potente, sino Sirius ya estaría muerto.
Ambos continuaron su duelo, cada vez más curiosos se acercaban, y más querían entrar sus amigos a ayudarlos, cosa que él impedía. Rato después, a penas podían mantenerse en pie. Tenían toda la ropa rasgada, y varios cortes leves y profundos. Tenían magulladuras en la cara y brazos. Con su mayor esfuerzo, se pudieron erguir. Aquel iba a ser el último hechizo, quien lo lanzara primero ganaría. Pero ¿qué es lo que ganarían? Sólo ellos lo sabían. Se apuntaron ambos al pecho y se quedaron en silencio un rato.
-¡Sectusempra!- gritaron ambos al unísono
Ambos alumnos permanecieron inmóviles unos momentos, se quedaron allí parados mirándose. Se sonrieron y cayeron de espaldas al piso. Tenían un corte muy grande en el pecho y habían perdido la conciencia. Albus y Alex tomaron a Scorpius de los brazos y lo arrastraron hacia la enfermería, mientras que Lorcan, junto a Helson, se llevaban el cuerpo de Whitespoon. Los dos jóvenes entraron a la enfermería con heridas profundas y peligrosas. Madame Pomfey regaño a los tres amigos del rubio, y al Gryffindor, por no haberlos parados y haberlos llevado allí hacía rato. Los Slytherins se marcharon a su Sala Común sin más nada que hacer y bastante preocupados por Scorpius.
