Capítulo II
El llanto del Dragón
Habían terminado de cenar y ambos se preparaban para aquel momento tan especial de la noche, en el que solían reunirse junto al hogar para releer poemas antiguos.
Ésta vez Bilbo había salido a fumar de su pipa mientras Frodo terminaba de darse un baño.
La historia de la llegada de los Elfos había conmovido su corazón y los recuerdos habían regresado.
Y mientras se entretenía observando el humo que flotaba en el aire, pensaba. Y sus recuerdos felices lo envolvían como en un arrullo y se sentía dichoso porque eran aquellos recuerdos los que suavizaban su pena cuando descubría que aquel tiempo se había ido para siempre.
La voz de Frodo pronunciando su nombre lo sobresaltó y sacudiendo su cabeza, como si con aquel gesto quisiera espantar la tristeza que siempre amenazaba con poseerlo, se levantó de su banco, que estaba junto a la puerta en el jardín delantero, y suspirando entró a la casa.
Encontró a Frodo parado junto al baúl de sus recuerdos, con una mano secaba su cabello y en la otra sostenía dos trozos de papel.
Los ojos de Bilbo se posaron en ellos y no se quitaron de ahí
-Estaba buscando algo nuevo para leer y encontré esto…espero que no te moleste…
Le dijo al ver los ojos del Hobbit fijos en aquellos papeles.
Bilbo sacudió su cabeza en un gesto de negación pero no pronuncio palabra alguna
-Llamó mi atención porque está roto…pero me gusto mucho el título…El llanto del Dragón…
Y alzó sus hombros en señal de desconcierto
-El único Dragón que me viene a la mente es Smaug y no puedo imaginarlo llorando…
Bilbo permaneció de píe sin emitir sonido y Frodo volvió sus ojos al papel
-Pensé que todos los dragones eran malvados…
El Hobbit suspiró hondamente y después de eso, su alma pareció emprender el camino de regreso
-Eso no significa que no puedan llorar…
Le dijo mientras se encaminaba junto al fuego y se dejaba caer en su sillón favorito
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Las llamas del hogar iluminaban sus rostros. Bilbo sostenía entre sus manos aquellos trozos de papel que Frodo había encontrado y sus dedos acariciaban sus letras.
El muchacho se había sentado sobre la alfombra y lo miraba con curiosidad.
Entonces Bilbo suspiró y dijo como si estuviera recordando
-No todos piensan que los dragones sean malvados…hubo alguien que una vez creyó que tenían una oportunidad, y mantuvo la esperanza…
Y volviendo a suspirar miró a Frodo
-Antes de leerte esta historia te contaré otra…
Y se acomodó en su sillón
-Alguna vez, hace ya mucho tiempo, dos espíritus de Valinor nacieron bajo la misma estrella en el Reino Bendecido, eran gemelos, uno bondadoso y sabio, el otro poderoso y lleno de ambición. Crecieron juntos y compartieron años de afable felicidad pero su destino estaba marcado y el camino de uno sería muy diferente al del otro. Uno de esos gemelos fue alguien de quien ya te he hablado, aunque tal vez no lo suficiente y se llamó Idril…
Los ojos de Frodo se agrandaron al oír aquel nombre pero no dijo nada y Bilbo continuó
-Era un espíritu puro y lleno de amor, irradiaba luz por donde iba y opacaba todas las sombras a su paso…el otro por el contrario era arrogante y oscuro, no era que no fuera bondadoso, al principio no había en su alma ningún mal pero al pasar los años su grandiosidad comenzó a volverse una debilidad. Le gustaba jactarse de su inteligencia y solía codiciar más de lo que debía poseer. Tenía, al igual que su hermana, el poder de cambiar su forma pero a diferencia de ella, siempre optaba por adoptar formas terribles y atemorizantes. Sus oídos dejaron entrar las palabras de Melkor, y su alma se envenenó con sus mentiras. Fue el único espíritu de Valinor que como luego harían algunos Elfos, se dejó convencer por las palabras del mal. Poco a poco fue creciendo en arrogancia y se volvió terrible, su voz era atronadora y hechizante y solía intimidar a quienes la escuchaban. Entonces Manwe lo mandó a llamar y le otorgó una misión en La Tierra Media, con la esperanza de poder salvar su atormentado espíritu, pero se había vuelto ya demasiado oscuro y su alma estaba tan envenenada que creyó adivinar en el mandato del Valar un ardid para deshacerse de él pensando, como tantas veces había oído en las palabras de Melkor, que envidiaba y temía su poder. Así que se negó a cumplir con la orden de su Señor y explotó en una ira terrible y tomando la forma de un enorme dragón se alejó de las Tierras Imperecederas para siempre. Jamás pudo deshacerse de aquella forma que había adoptado, ese fue el castigo de los Señores del Oeste. Se llamaba Taura, que significa poderoso, pero en la Tierra media, fue conocido como Smaug…
Frodo dejó escapar una exclamación de sorpresa
-¿Smaug, el mismo Smaug de tu viaje a Erebor?
Bilbo asintió con pena
-Cuando Idril aceptó la misión de protegerme, en el fondo de su corazón, siempre albergó la esperanza de poder salvar a su hermano del destino que lo había señalado…
Y suspiro hondamente
-Me lo confesó todo cuando la descubrí entrando a la montaña, una noche la seguí en silencio y descubrí lo que planeaba, me dijo llorando que entendia que haciendo aquello se apartaba del designio de los Valar, que sabía que la profecía era clara y que ella no podía cambiarla pero que debía al menos intentar convencerlo de huir, quería lograr que su alma se redimiera comprendiendo el daño que había causado y el destino que le esperaba…
Y casi dibujó su rostro una triste sonrisa
-Tan bondadosa era su alma que a esas instancias llegaba su amor…
Frodo no tenía palabras pero deseaba seguir escuchando aquel revelador relato
-Y aunque no estaba en sus manos salvarlo, al menos pudo verlo una última vez… "- Vi su alma a través de sus ojos… - Me dijo una noche, "- Y de algún modo, me pareció que lloraba –"
El Hobbit tomó aliento después de decir esto
-Mucho tiempo después entendí que ella no buscaba salvar su cuerpo sino su alma…si lo logró o no, no lo sé…
Frodo tenía lágrimas en sus ojos, no porque la historia en sí le pareciera triste sino porque entendía lo que significaba para Bilbo y su dolor le tocaba el corazón.
- Por eso siempre creyó que no todos los dragones eran malos…
Continuó su tío
-Porque veía en ellos el reflejo de la historia de su hermano, estaba segura de que alguna vez había sido un espíritu bondadoso que había tomado el camino equivocado…
Después volvió sus ojos al papel entre sus manos
-Pero esta es otra historia, solo que quería que supieras el porqué se empeñaba Idril en pensar que hasta los dragones tenían su parte bondadosa
Y cuando encontró los ojos del joven Baggins y vio su humedad, estiró su mano para acariciar su cara
-Estas llorando…
Le dijo y Frodo se apresuró a secar sus ojos evitando que sus lágrimas cayeran
-Es que es una hermosa historia tío Bilbo y…puedo ver cuánto has vivido y las cosas que has pasado…y como conoces verdades que nadie sabe y…me siento orgulloso de formar parte de tu vida…
Esto hizo que ahora los ojos de Bilbo se humedecieran y tratando de ponerle algo de humor al asunto se pasó la mano por ellos y dijo:
-Bueno pero esta historia no se titula el llanto de los Hobbits sino el llanto del dragón ¿verdad?
Frodo sonrió asintiendo y Bilbo volvió sus ojos al papel y sonrió mientras, le pareció a Frodo, sus recuerdos comenzaban a remontarlo más allá de la sala, más allá de los prados, más allá del mundo…
-Solíamos sentarnos justo aquí, cada noche, como lo hacemos tu y yo…leíamos historias de los Días Antiguos, cantábamos canciones e inventábamos algunas también y una de esas tantas noches fue que se nos ocurrió la idea de escribir una historia que reflejara nuestro amor, y convenimos que cada uno escribiría una parte de la historia, así yo escribí el comienzo, que es hasta aquí…
Y señaló el final del primer trozo de papel
-Y ella continuó la historia desde aquí…
Y señaló el otro papel
-Se suponía que ambos nos quedaríamos con una parte porque de eso se trataba la historia, de dos partes que se unen y forman solo una…
Y volvió a suspirar hondamente mientras unía ambos papeles
Y dedicándole una dulce mirada a Frodo llevó sus ojos otra vez al manuscrito y comenzó a leer:
-"Hace muchos años, en un desolado lugar al que los hombres no habían llegado, vivía un enorme y majestuoso dragón del color del fuego, su nombre era Gunnar, aunque poco importaba, ya que en la inmensa soledad que lo acosaba, solo él era capaz de recordarlo.
Vivía en lo más profundo de una enorme grieta abierta en una alta montaña, cuya cima, decían, se perdía entre las nubes.
No salía mucho, era más bien un alma solitaria, prefería permanecer en su hogar ajeno a los desprecios de los que le temían y pensaban que era un monstruo. ¿Un monstruo? ¿Y eran acaso los hombres los que así lo llamaban, los mismos que eran capaces de acabar con tantas vídas en una sola batalla? ¿No eran ellos monstruos también? Al menos él tenía una razón para matar, necesitaba comida y nadie iba a encargarse de suministrársela sino el mismo, después de todo ¿Qué otra cosa podía hacer un dragón? Se preguntaba que excusa tenían ellos.
En las profundidades de su caverna los odiaba y admiraba a la vez. Podían hacer tantas cosas hermosas y destruirlas al mismo tiempo.
Eran capaces de amar y veneraban a un ser supremo, pero podían lastimar y hacer cosas terribles en su nombre. En todo caso llegaba a la conclusión de que eran seres extraños, difíciles de entender. Lo acusaban de asesinar pero ellos mismos cazaban para alimentarse, no a su especie claro, pero él tampoco lo hacía, no veía una real diferencia en sus actos.
A veces, antes de devorar a alguna presa, solía mirarla y pensar en cuán grande habrían sido sus hazañas, si amaba y era amado, si había hecho algo bueno en su vida. No hacía esto muy seguido porque a veces, si se detenía mucho en mirarlo, podía ver algo mas allá de sus ojos y debía dejarlo ir. Se preguntaba si los hombres hacían lo mismo antes de matar.
Como sea ellos ignoraban sus sentimientos y poco les importaba que pensara de ellos, tal vez hasta creían que no podía pensar.
A veces sobrevolaba los valles y en su vuelo rozaba los picos de las montañas más altas.
Era libre pero se sentía terriblemente solo.
Y esta soledad fue acrecentándose en su interior y llegó a desear una compañera mas que nada en todo el mundo y entonces abandonó su hogar y voló lo más lejos que pudo, si existía aquel amor que lo sacara de su oscuridad, él iba a encontrarlo.
Y viajó y viajó durante mucho tiempo, y se cansaron sus alas de tanto volar.
Y una noche, agotado por tanto viaje, se detuvo.
Encontró refugio en un lugar apartado y se quedó dormido."
Bilbo hizo un alto y suspiró, los ojos de Frodo no dejaban de observarlo
-Aquí termina mi historia
Y sacudió suavemente el papel que había terminado de leer
-La suya, es esta
Dijo poniendo sus ojos en el siguiente papel
-"Mucho tiempo permaneció dormido, soñando con campos, altas montañas y un verdadero hogar. Dibujando a su compañera dentro de sus sueños y sintiéndose feliz por primera vez.
Imaginando una vida que no le era permitido tener.
Pero sucedió que un día gritos y estruendos lo arrancaron de su ensueño. Sonido de lanzas rozando el aire, olor a humo y aleteos desesperados.
Se vio obligado a salir y eso hizo, y lo que vio fue algo que sacudió su alma, otro dragón estaba siendo perseguido.
Podía ver que estaba herido y que luchaba valientemente por mantenerse fuera del alcance de las flechas, pero estaba débil y supo que pronto caería a tierra sin más remedio que morir allí.
Entonces supo que debía ayudarlo y tomando valor salió de su escondite y peleó.
Su tamaño era considerable, así que no le llevó mucho tiempo acabar con los agresores y una vez que todo había quedado reducido a cenizas, se dirigió en busca de aquel dragón mal herido.
Se las arregló para pasar su cuerpo por debajo del suyo y tratando de no dejarlo caer, se elevó por los cielos rumbo a su escondite en la roca.
Y después de mucho esfuerzo al fin llegó y con cuidado deposito al débil cuerpo sobre las piedras.
Solo entonces lo supo, era una hermosa dama que trataba de mirarlo a través de las rendijas de sus ojos, los que pronto se cerraron a causa del dolor y el cansancio.
Era muy bella, pensó, tal y como la había imaginado y había venido a él, como si sus ruegos hubieran sido respondidos. Como si hubiera salido de sus sueños.
Mucho tiempo pasó hasta que volvió a abrir sus ojos y durante todo ese tiempo Gunnar no se movió de su lado. Curó sus heridas con hierbas frescas y le dio calor.
Y para cuando por fin ella regresó a su mundo su corazón ya le pertenecía.
-Mi nombre es Finna…
Le dijo no bien sus ojos se encontraron
Juntos aprendieron que eran el uno para el otro, porque también ella había visto en sus ojos el amor que había estado buscando.
Fueron felices, al menos así fue durante el tiempo que se les permitió serlo.
Pero una noche los hombres decidieron ponerle fin a su felicidad.
Gunnar había salido a cazar y escuchó los gritos de su amada desde lejos. Jamás había volado más rápido. Llegó y la vio defendiendo su morada, su tamaño también era considerable así que no le había sido muy difícil detenerlos, pero Gunnar vio a lo lejos un ejército acercándose y supo que debía huir.
Estaba cansado de la guerra, de la sangre y de la muerte sin sentido, solo quería vivir junto a Finna, lejos de aquel mundo al que no parecía pertenecer.
Pensaba en esto cuando un dolor profundo lo sacudió, justo en su pecho, una lanza había dado en el blanco.
Finna lo vio, y como él había hecho la primera vez que la había visto, se dirigió velozmente hacia él y poniéndolo sobre su lomo voló más allá del peligro, lejos, donde no pudieran alcanzarlos.
Y así fue que llegaron a un valle escondido y oscuro, y allí se quedaron.
Gunnar estaba mal herido y sabia que su herida era mortal pero trataba de darle esperanzas a su compañera que se empeñaba en salvarle la vida.
Y cuando por fin ella comprendió que nada podía hacer para sanarlo se echó a llorar.
Gunnar la cubrió con sus alas y ella se acurrucó junto a él mientras entre sollozos dejaba oír su triste lamento.
-No puedo salvarte mi amor, no puedo salvarte…
Entonces Gunnar acaricio su cabeza con la suya y trato de esforzarse para hablar, con el último aliento que le quedaba
-Ya lo has hecho Finna, ya lo has hecho…
Le dijo en un susurro
Y así se quedaron los dos, uno junto al otro, en medio de la oscuridad.
Así permanecieron sin que nadie perturbara su silencio y así se quedaron dormidos
Cuenta la leyenda que mucho tiempo después un cazador llegó hasta aquel valle y lo que vio heló su sangre.
Acurrucados junto a un montón de piedras, dos dragones dormían, y le pareció al cazador que sus cuerpos estaban entrelazados en un abrazo.
Se acercó y supo que ambos estaban muertos. ¡Que trofeo llevar a su pueblo el corazón de un dragón! Así que ya sin temor se acercó al más grande y lo abrió, justo allí, donde una terrible herida parecía haber sido la causa de su muerte. Pero lo que encontró no pudo entenderlo ya que cuando le quito el corazón vio que no estaba entero, solo era una mitad. ¿Cómo había sido posible que aquel dragón sobreviviera solo con una mitad de corazón? Se preguntó – En todo caso no me importa y no me sirve- Se dijo, así que decidió abrir el pecho del dragón más pequeño y para su asombro se encontró con que también este llevaba dentro un medio corazón. No era posible, nadie podría vivir así, no podía entenderlo.
Pero lo que sucedió después cambio el alma de aquel hombre para siempre y esto fue lo que contó al llegar al pueblo:
"Tomé la mitad del corazón del primero y luego la del otro y me quede pensando en cómo esto podia ser y cuando sostuve ambas mitades entre mis manos sentí que comenzaban a irradiar una extraña luz y que habían comenzado a latir. Entonces me di cuenta de que eran parecidas en algo y las acerqué y vi que ambas partes encajaban perfectamente, así que las uní y cuando hice esto un destello de luz cegó mis ojos por unos momentos y el corazón, ahora entero, se elevo en el aire destellando una luz dorada que lo iluminó todo y subió y subió hasta que llegó mas allá de las montañas, apenas podía verlo flotando en medio de tanta luz y cuando estuvo en lo alto se engrandeció y permaneció allí suspendido como si me estuviera viendo, como si me estuviera agradeciendo por liberarlo…así lo sentí, y después de eso desapareció entre miles de destellos que como fuegos artificiales lo encendieron todo. Y cuando llevé mis ojos a los cuerpos tendidos sobre la roca ya no estaban y en su lugar solo quedaban los vestigios de aquella luz dorada que los había envuelto." Esto fue lo que el cazador contó una y otra vez, y aunque nadie lo tomó realmente en serio, él siguió contando aquella historia sobre los dos dragones que compartían un mismo corazón…"
Cuando acabó su relato Bilbo no alzó inmediatamente su mirada sino que la mantuvo fija en el papel por unos segundos. Después alzó sus ojos hacia Frodo y vio que las lágrimas desbordaban sus bellos ojos.
-Es hermosa tío…es la historia más hermosa que he escuchado…
Le dijo tratando de contener el llanto que seguía fluyendo a través de las lágrimas de sus ojos.
Bilbo asintió suspirando
-Lo es…es una bella historia…
Entonces Frodo le preguntó
-¿Pero no se suponía que Idril se quedaría con esa parte de la historia?
Bilbo volvió a asentir
-Así sería...Pero cuando partió no pudo llevarse nada, no tuvo el tiempo para hacerlo, un día te contaré bien que fue lo que sucedió…pero hoy te diré que lo dejó todo…solo se llevó una cosa…solo una cosa…
Repitió casi para sus adentros
-¿Qué cosa?
Preguntó Frodo curioso
-La mitad de mi corazón
Le respondió Bilbo.
