I.

El chasquido resuena en la habitación, y de repente es como si el mundo hubiera dejado de moverse. Izuku al principio no lo entiende, sus ojos se cruzan con los de Kirishima, el parece que desea sonreír para darle calma. Pero no funciona demasiado bien, Bakugou salta de su taburete.

Es cuando la mierda golpea el ventilador.

Vidrios rotos en el suelo, silbidos de balas por encima de la cabeza, choques contra el cedro, y un par de hombre que caen tiñendo de rojo el suelo.

El mundo es un borrón cuando Kirishima cae encima suyo, lanzándole lejos en la parte posterior de una mesa volteada. En sus manos un arma, Izuku no sabe de armas la única que ha visto a menos de un palmo de la cara es la de Bakugou Katsuki, y el único cuerpo que se ha presionado tan cerca del suyo es el de su madre cuando le daba las buenas noches.

Pero aquí esta Kirishima Eijirou el hombre que le había invitado una copa más cerca de lo estrictamente reglamentario, con el aliento suave en su oreja, y una calmada advertencia.

No te muevas.

La vida no es un Satus quo. En el momento en el que sus ojos se cruzaron con los de Kacchan. Izuku supo que algo se había roto indefinidamente, lo que no sabía es cuando iba a ser capaz de notarlo.

Los pasos de los hombre que entraron en una bandada al pequeño bar, el sonido delas botellas rompiéndose, y Kirishima Eijirou sujetándolo con fuerza.

—Kirishima. —Escucho Izuku una voz, que salta desde la parte posterior del mostrador— ¡Saca a los dos idiotas de aquí!

Repentinamente el peso de Kirishima no está sobre él, puede sentir que la temperatura bajo al menos un grado, pero esa mano de dedos gruesos y callosos sigue enredada con la suya, es tirado por la puerta posterior y las balas silban sobre su cabeza como si el mundo fuera una de las películas que veía su padre antes de dejarlos.

Toshinori Yagi, solo ve la espalda del Joven Midoriya cuando irrumpe por la puerta.

Espera que no sea la última vez que se vean.

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II.

Si alguien le preguntara a Katsuki si su sueño de niño era el convertirse en el líder de una pandilla. El definitivamente hubiera contestado un fulminante: No. El deseaba ser un astronauta, o un detective... La verdad no le hubiera importado ser bibliotecario.

Sin embargo, está seguro de que extrañaría el sonido de las balas y el olor de la pólvora quemando en sus dedos. Es así que cuando el ataque empieza, no puede evitar sentir la sangre caliente corriendo.

Sin embargo, incluso él sabe que esto es extraño.

Si entraron por la puerta principal... Armados hasta los dientes, no deberían tener más compañeros, piensa con su arma apuntándole a las piernas a un hombre con la tez más parecida al chocolate con leche que al café como tal.

Nadie se atrevería a atacar a Bakugou Katsuki, a menos que tuviera habilidades, o munición, o hombres, preferiblemente las tres al tiempo. Por lo general no tenían ninguna.

Es cuando su mente lo procesa: Esto es una jodida trampa.

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III.

Katsuki ve la puerta por la que Kirishima salió corriendo con el niño entre las garras, Ashido Mina, le da una mirada cautelosa, sin embargo ella está demasiado ocupada como para permitirse escapar también.

Kaminari le da un asentimiento y Sero, detrás del bar afirma la moción silenciosa.

Sus pasos resuenan entre los gruñidos de los heridos que conectan con la suela de sus zapatos, es una jodida trampa Kirishima. El bar da directamente a un callejón no muy alejado del Chinatown. Katsuki detesta hacer negocios con ellos, especialmente desde que el nuevo líder se posiciono y ellos no se llevan muy bien.

Es en el centro del callejos que ve a Kirishima con una navaja roñosa y al chico molesto con un... ¿Qué es eso? Un tubo... Ah, no ya se los quitaron. Que inútiles son ustedes dos... Ha peleado con Kirishima codo a codo desde los 15 años, y sabe que si Kirishima no se ha defendido con uñas y dientes es porque el bastardo de pecas esta junto a él.

—¿Dónde está tu jefe? —Exclama en una voz calmada dirigiéndose a Kirishima, lo suficientemente calmada para alguien que le pisa un brazo alguien que no tiene nada que ver—. El bastardo Bakugou Katsuki.

Midoriya Izuku no protesta, pero en sus ojos se ve lo mucho que sabe que es más un obstáculo que una ayuda, podría hacer una buena prostituta piensa el por lo bajo, apoyándose con fuerza lo suficiente como para teñir la carne pero, no como para romper el musculo.

Si Katsuki fuera un hombre racional, se alejaría tan pronto como fuera posible, pero por alguna razón que desconoce, el ver a ese molesto chico de cabello verde que se acercó como si no estuviera asustado y le pidió su arma como quien pide prestado dinero para comprar caramelos.

Esa fue la primera vez en la que alguien hacia eso, también fue la ultima.

El aún no lo entiende del todo, si su conciencia no se moviera un poco. Si no estuviera el recuerdo lejano de un río, y verde está seguro de que no le importaría dejarlos morir. Pero él sabe que ellos nunca van suaves. No lo fueron suaves con él las primeras veces, tampoco las que siguieron.

—¡Aquí estoy, maldito hijo de puta!

La sonrisa que irrumpe por sus rostros es una de alegría sadista.

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IV.

—¿Estás seguro de que Bakugou tiene una muestra...?

—Estoy seguro, Shigaraki Tomura.

—Tendremos que darle una visita... Mañana en el antro en el que le gusta anidar a su banda. Recuérdalo.

—¿Alguna recomendación en particular?

—No dañen la mano que usa para disparar.

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Notas:

Sin comentarios, esto solo se pone mejor.