Disclaimer!
No me pertenece ningún personaje, ni de Naruto, ni de la novela que estoy adaptando ya que pertenece a Margaret Pargeter y se llama "No me dejes ir"
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En una fracción de segundo, cuando se volvió llena de miedo pudo ver al hombre que estaba al pie de la escalera. Iluminado por la luz de un relámpago, parecía muy alto y amenazante, y en su rostro iluminado, descubrió la furia que sentía.
- ¡Bájate de esa escalera!. – Le gritó. - ¡ O te haré bajar a la fuerza!.
El tono frío tuvo un efecto absurdo en la chica, que se puso rígida antes de perder el equilibrio. Al caer, su congelada garganta emitió un grito de desesperación. De repente se golpeó la cabeza contra un saliente del techo y debido a eso quedó inconsciente, por lo que no pudo darse cuenta de los fuertes brazos que la rodearon antes de llegar al suelo.
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Más tarde volvió en sí, sintiendo que todo el cuerpo le dolía y que alguien la obligaba a tomar un poco de brandy mientras la sostenía con firmeza. Se dio cuenta que se encontraban en un tipo de refugio que los resguardaba de la tormenta y que el hombre que estaba inclinado hacia ella. Sintió alivio al sentir su tono de voz.
- Cuando te dije que bajaras de inmediato de esa escalera, no pensé que tomarías mis palabras tan literalmente, jovencito. No tratamos con amabilidad a los intrusos por estos alrededores, pero tampoco les deseamos daño alguno. La policía se encargará de tu caso.
Sintiéndose impotente; Sakura se dio cuenta de que el alivio que había sentido se desvanecía y se lleno de indignación y enfado, a pesar de la terrible jaqueca que la aquejaba. Notó que ese hombre, al igual que el conductor del taxi, creía que ella era un muchacho, pero ni siquiera ese hecho podía justificar su áspero comentario. El brandy le dio fuerzas para responderle con agudeza:
- Podía haberme matado. Será mejor que no llame a la policía.
Sakura vio que él tuvo el descaro de sonreír con ironía y malicia:
- Pero no te mataste ¿verdad? Tal vez te merecía algo peor. Los vagabundos deberían aprender a no quejarse cuando el destino los trata mal. Tú invadiste una propiedad y esperabas que al dueño le pareciera correcto eso. Si yo tuviera alguna autoridad, haría que los jóvenes como tú estuvieran encerrados.
Sakura sintió nauseas, pero logró controlarse. Sus dientes castañeaban y el dolor de cabeza le parecía insoportable; sin embargo, logró reunir fuerzas suficientes para responderle:
- Los hombres como usted son los que merecen ser castigados. – Su afirmación parecía fuera de razón, pero la hizo sentirse mejor.
Sin embargo se sintió peor cuando él la soltó y, sin su apoyó cayó de espaldas incapaz de sostenerse. Apenas pudo darse cuenta de que él la tomaba en sus brazos de nuevo. En esta ocasión, la acomodó con dificultad en el asiento del Land Rover y con firmeza le colocó el cinturón de seguridad. Sakura movió la cabeza sin el menor cuidado a un lado de la puerta del vehículo cuando no pudo controlar el vómito. En unos cuantos momentos, todo había terminado y, después, una vez más perdió el conocimiento cayendo en un suave y profundo letargo.
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Sakura tenía un terrible dolor de cabeza, mejor dicho, sentía como si la hubieran golpeado y todo su cuerpo parecía estremecerse por la calentura, De repente, se asustó al darse cuenta de que estaba acostada en un lugar que le era desconocido. ¿Dónde se encontraba y qué estaba haciendo allí? Pronto recuperó la conciencia por completo.
Suspiró profundamente y sintió dolor; entonces, con sumo cuidado, trató de abrir los ojos. La habitación donde se encontraba estaba muy iluminada y la luz casi la cegó. Estaba atemorizada, así que en silencio, cerró los ojos y se concentró en sus pensamientos.
Poco después, sintiéndose bastante torpe, trató de poner en orden sus irregulares ilusiones. Con las manos temblorosas, intentó explorar lo que la rodeaba. Tal vez estaba herida y por esa razón estaba acostada. Con toda seguridad ninguna otra cosa podría ser tan cómoda como la cama en que se encontraba y los cojines en lo que tenía acomodaba la cabeza. Con mucha precaución, como una niña temerosa que se enfrenta a lo desconocido, se volvió, esperando que cualquier movimiento le hiciera recordar lo sucedido.
Con el jadeo que escapó de sus labios tensos, los dedos de Sakura acariciaron sus sienes con suavidad.
¿Cómo podía haber sido tan tonta? Durante un momento, rogó que todo aquello fuera una pesadilla de la que pronto despertaría. La granja, la casa, la ventana y la escalera regresaron a su memoria para burlarse de ella. Después, surgió entre sus recuerdo un hombre gritaba y que era el que había ocasionado que cayera y se lastimara la cabeza.
- Oh, no. . . . - Gimió en voz alta cuando se dio cuenta de lo sucedido, al recordar cualquier detalle, por insignificante que fuera. ¿Cómo sabía él que ella se encontraba allí? Tal vez ya estaba en manos de la policía, acusada de allanar propiedad ajena. O, aún peor, tal vez ese hombre ya se había comunicado con su hermana Karin, que podía estar a punto de encontrarla. – Oh, no. – Sakura exclamó con desesperación.
Con un nuevo sentimiento de alarma, mantuvo los ojos abiertos. La habitación era amplia; obviamente era un dormitorio muy cómodo y amueblado con sencillez. No estaba en la granja Combe, de esos estaba segura, pero no podía recordar ningún lugar como ése. La cama era muy grande y la hacía sentirse pequeña. La alfombra era de textura suave y las cortinas, de fino terciopelo, ayudaban a aminorar el ruido de la tormenta.
Sakura se inquietó. La calefacción debía estar encendida, pues ella sentía calor, mucho calor. Con toda seguridad un golpe en la cabeza no era suficiente para hacerla sentir de esa manera. Con desesperación trató de sentarse. ¿Dónde estaba la gente? ¿Acaso no debería haber alguien a su lado? Parecía que la hubieran abandonado a su suerte mientras que el la había trasladado a ese lugar, descansaba en otra parte de la casa.
La chica tenía las pupilas dilatadas, como las de una joven gacela lista a emprender su carrera, estaba tensa y esperó oír algo, pero el silencio reinaba en la habitación y sólo pudo escuchar el rumor del viento. En alguna parte de la casa se oyó el timbre del teléfono y Sakura sintió los ecos del sonido en su cerebro, hasta que dejó de sonar. Al parece, alguien había descolgado el auricular, aunque no podía oír voz alguna.
De repente, siguiendo un impulso, apartó las sábanas que la cubrían y se levantó de l cama, luchando contra una ola de debilidad que se apoderó de ella cuando puso los pies en el suelo. Tratando de recuperar el equilibrio, vio con asombro la ropa que llevaba puesta. Era la chaqueta de un pijama de hombre que tenía la textura de la seda y colgaba de su esbelta figura hasta casi llegar a sus rodillas. No llevaba nada puesto, además de esa única prenda, y se preguntó quién la habría desvestido.
Después de unos segundos, recuperó el equilibrio, aunque aún se sentía un poco extraña. Sakura se dirigió a la puerta, pues no tenía caso preocuparse por ese detalle. Debió haber estado muy mojada, después de todo, había sido su culpa. Ahora era imprescindible que encontrara a la dueña de la casa para darle las gracias por todo lo que había hecho para ayudarla y después reanudar su camino.
Después de recorrer el angosto corredor, se quedó inmóvil y apoyó la cabeza contra un muro para escuchar con atención. En alguna parte de la planta baja alguien charlaba y aunque el sonido era débil, ella podía escucharlo.
Con los pies descalzos, Sakura avanzó en silencio por el corredor y se acercó a la escalera. El pasamanos, de roble sólido le permitió mirar hacía el salón de la planta baja.
Como lo había sospechado, alguien estaba hablando por teléfono, pero cuando se inclinó para oprimir la frente contra los barrotes de madera, una exclamación escapó de sus labios. No podía ver al hombre que hablaba porque estaba de espaldas, pero al oír la fuerza de su voz no le quedó la menor duda de que era el mismo que la había hecho descender de la escalera y tal vez sin advertirlo era el responsable de todo. Fue él quien le había dado de beber brandy y la había tratado con tanta indiferencia, a pesar de encontrarse enferma.
Durante un momento, Sakura se quedó mirándolo fijamente, mientras apretaba la barandilla con fuerza, sin poder moverse. Esa casa debía pertenecerle a él. Por supuesto, podía adivinar que él la había traído a ese lugar, pero aún había confusión en su mente. Los sucesos de las últimas horas regresaban a ella con lentitud. De pronto, cuando se inclinó aún más, lo escuchó decir con claridad a la persona con la que hablaba:
- No hay razón para que te preocupes Karin. Puedo asegurarte que todo marcha bien. Esta mañana recibí una postal de Kakashi y me dice que no regresará esta semana a casa, así que sería inútil que vinieras, en especial si estás tan ocupada arreglando tu viaje. Además nos está azotando un tormenta terrible y creo que nos quedaremos aislados durante unos días. Ya sabes cómo son las tormentas aquí en Dartmoor.
- ¿Karin?. – Sakura repitió en voz baja en la pause que siguió a sus palabras, mientras el hombre escuchaba a su interlocutor.
Ahora estaba tensa y llena de temor. ¡Debía ser su hermana! El Kakashi al que se refería debía ser su padre, lo que confirmaba todo. Sería una coincidencia extraordinaria si no fuera así. Aquel hombre comenzó a hablar de nuevo y su voz, a pesar de la distancia parecía ser más suave.
- Estoy de acuerdo contigo, Karin. No puedes dejar que Suigetsu se marche solo, debes ir con él a Estados Unidos, pues con toda seguridad a él no le agradaría irse sin ti. Además, si la salida es dentro de cuatro días. Kakashi no esperará que hagas un viaje especial, con un clima como éste, sólo para ver si la finca está bien, pero yo le diré que me llamaste. – Hubo una pausa y después se escuchó su voz una vez más, con un dejo de ironía y tono sonriente. – Una mujer que se casó hace apenas tres meses, como ti, no debería decir esas cosas, querida. Si las circunstancias hubieran sido distintas, quién sabe que hubiera pasado. – Se encogió de hombros y ella vio una ligera sonrisa en sus labios. – Así es. – Continuó. – Estaré ansioso de verte cuando regreses.
¡Cómo se atrevía! Un sentimiento de enfado la cegó y Sakura se sintió desfallecer. A cada minuto la situación le parecía más incongruente. ¿Cómo se atrevía a cortejar a Karin? Eso era, con claridad, lo que estaba haciendo. Sakura podía confesar, sin avergonzarse que carecía de experiencia, pero no era ninguna tonta. ¿Acaso todos los hombres eran iguales? Primero Suigetsu, ahora él. Sakura estaba furiosa en ese instante y se sintió completamente desilusionada de todos los hombres.
No fue sino hasta mucho después que se detuvo a considerar la parte que jugaba Karin en esa intriga. La única preocupación de Sakura en ese momento era que Karin no descubriera que ella entraba en esa casa. Durante cuatro días, hasta que su hermana y Suigetsu se marcharan, debería pasar inadvertida, costara lo que costara. Tal vez Dios quiso que ella escuchase esa conversación telefónica, pues de entre otro modo, nunca se habría enterado de la amistad existente entre Karin y aquel hombre; estar enterada podía ayudarla más adelante.
Con un moviendo rápido y sintiéndose un poco mejor, Sakura se volvió en silencio, Después, para su desgracia, sin poder evitarlo estornudó con fuerza. Parecía que Dios la hubiera abandonado.
Para Sakura el sonido que hizo el auricular al colgarlo, fue como una explosión en sus oídos. Quedó inmóvil al encontrarse con la mirada de aquel extraño. No pudo moverse ni pronunciar palabra alguna, así que permaneció quieta. El corazón le palpitaba con fuerza y sentía una tensión muy especial. A pesar de la distancia, pudo darse cuenta de que aquel hombre tenía un rostro muy atractivo. Era alto, blanco, de complexión atlética y extremadamente viril. . . Sakura pensó que debería marcharse en seguida, pues a pesar de todas esas cualidades alguien así ¡no era digno de admiración en ninguna circunstancia!
Sólo tuvo tiempo de pensar en eso antes de que él subiera la escalera. Se detuvo tan cerca de ella que la hizo perder el equilibrio, pero la sostuvo con firmeza. Ella se sonrojó.
- Si no regresas a la cama de inmediato. – Amenazó. - Desearás que te hubiera dejado perecer en la nieve. – No se dio cuenta del color rojo en sus mejillas, ni de su indignación, cuando la empujó por el corredor.
Una vez en el amplio dormitorio, Sakura trató de liberarse de su mano. No parecía ser el momento apropiado para recordar que los hombres de ojos negros azulados no eran de su tipo, pero él tenía unos ojos hermosísimos, de un color oscuro y profundo. Sin embargo, sus ojos eran fríos como una piedra y hacían que la joven se intimidara. Ella se volvió para mirarlo y sin saber lo enferma que estaba, exclamó con determinación.
-¡No quiero volver a acostarme! Debo seguir mi camino. Si me devolviera mi ropa, tal vez podría darle las gracias a su esposa por ayudarme. Además, le estaría aún más agradecida si llama a un taxi.
- No tengo esposa. – Él la observaba con detenimiento y dijo lo anterior con un tono de fastidio. El hizo caso omiso a la petición de Sakura y ni siquiera le preguntó si se sentía con las fuerzas suficientes para viajar. Sakura le preguntó con un dejo de preocupación:
. ¿No es casado?. - Su mente daba vueltas, por lo que formuló la pregunta con asombro. De alguna manera, había pensado que un hombre como él debía estar sacado. Debería tener unos treinta años de edad y era del tipo que cautivaría a muchas mujeres. Su rostro denotaba que poseía una gran experiencia y una autosuficiencia diabólica. De repente recordó su conversación con Karin. Al parecer le gustaba involucrarse con mujeres casadas y por eso no la había contraído matrimonio. Pero para descubrir qué tipo de hombre era en realidad le hizo otra pregunta. -¿Entonces vive con su madre o algún familiar?.
- No, vivo solo. - Los ojos negros parecían reflejar ironía, pero podía haber sido un efecto de la luz. – Creo que ese detalle no debería importarle a una jovencita tan independiente como tú.
Llena de asombro, Sakura se sentó en la cama y cerró los ojos. Estaba muy pálida y tenía la frente empapada en sudor. Si no había ninguna mujer en la casa, entonces, ¿quién le había quitado la ropa? Ella no llevaba ninguna chaqueta de pijama cuando llegó a la granja Combe. ¿Acaso la había desnudado él? No conocía su nombre y no deseaba saberlo, pues no podía soportar la idea de que él la hubiera tocado. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, abrió los ojos y le miró; era evidente que él había adivinado sus pensamientos por la expresión de su rostro.
- Parece divertirle esta situación, Señor. . . ¡como se llame!. - Ella considero que su tono de voz había sido devastador.
Pero él esbozó una sonrisa y la miró de un modo más profundo.
- Todo habría sido distinto si me hubieras dicho que eras una muchacha. Estabas empapada y no era el momento de tener prejuicios. Aún ahora, tienes mucha fiebre y estás hablando de marcharte. ¡ Y ni siquiera traes un centavo contigo!.
Sakura se alarmó, pues esa afirmación era un golpe muy duro para ella. Sabía que aunque no llevaba consigo una gran suma de dinero, tenía el suficiente para resolver cualquier imprevisto y el necesario para pagar la habitación de un hotel.
¿Y mi bolsa?. – Preguntó con voz temblorosa e inmensa preocupación.
- ¿Quieres decir tu morral?. – Murmuró con tono cortante. – Eso era lo único que traías contigo. Lo examiné con cuidado, pues quería encontrar alguna identificación tuya, tu número telefónico o algún sitio donde poder comunicarme con tus preocupados padres. Pero todo lo que llevabas era una buena cantidad de provisiones. Como la mayoría de la gente como tú, preferiste viajar sin equipaje.
Su boca se contrajo mientras su mirada la recorría con un gesto de crítica. Con desesperación Sakura pensó en qué le habrían sucedido a las cosas que le faltaban, muy vagamente recordó haber descendido del taxi; el recuerdo de su recorrido hasta la finca era muy borroso, no podía recordar haber perdido su bolso. Por instinto, supo que ese hombre no era un ladrón, podría haber robado su dignidad cuando le quitó la ropa, pero cualquier cosa que hubiera deseado tomar no tendría ningún valor para él. Ahora le pedía al cielo que él no descubriera su identidad. La pérdida de sus cosas sería algo sin importancia en comparación con el desastroso resultado que podría provocar. Tendría que volver al lado de Karin, que podía ser muy persuasiva cuando se trataba de lograr alguno de sus deseos. Casi cualquier cosa era preferible a eso.
Por fortuna, pudo decirle parte de la verdad mientras miraba a su interlocutor tratando de controlar su nerviosismo.
- No tengo padres que se preocupen por mí. – Murmuró con tranquilidad. – Sí traía un poco de dinero, pero parece que lo perdí en alguna parte. ¿Podría usted prestarme algunas libras? Lo suficiente para que pueda marcharme. No quiero incomodarlo quedándome en su casa.
- Ya me has ocasionado muchos problemas. – Manifestó él con brusquedad. – Todos los que son como tú son una carga para la sociedad. No quisiera ser responsable de imponerle a otros tu presencia, además si te prestara dinero, ¿cómo sabría que algún día me lo devolverías?.
- ¡Usted no puede retenerme en contra de mi voluntad!. –Le gritó Sakura, yendo más allá de los límites de la prudencia y deseando herirlo como él lo había hecho con ella, a pesar d e darse cuenta de lo que inútil de su comportamiento.
El podría haber sido más amable demostrando un poco de compasión y debió haberle imaginado que pudieron habérsele presentado circunstancias muy especiales. No le había concedido el beneficio de la duda. Ella podría estar perdida o tener muchos problemas, pero no necesariamente tenía que ser una delincuente o una muchacha errante en busca de aventuras. Bueno, él podría pensarlo que quisiera y así Sakura no se sentiría en deuda con él, después de todo, la manera en que él la condenaba le ayudó a sentir que no le debía nada.
- ¿Qué piensas?.
- Siento mucho haberle pedido algo de dinero. – Le dijo con arrogancia, resintiendo su cínica mirada. – Tampoco quiero molestar a sus vecinos. ¿Podría devolverme mi ropa?
- Estás muy enferma. – Afirmó, pero ahora su voz era suave. Durante unos momentos pareció que el hombre iba a sonreír, pero Sakura insistió:
- Si eso piensa, ¿por qué no llama a un médico? Estoy segura de que exagera, pero él podría dar su diagnóstico. – La chica no agregó que un médico podría ayudarla a escapar, si ella se lo rogaba.
- Ya lo he hecho. – Su boca dibujo un gesto de altivez. - He tratado de localizar un médico en toda la noche para que me indicara qué debo hacer; como todos lo caminos están bloqueados y cubiertos de nieve, no tendría forma de llegar hasta aquí. Tal vez, tú no sabes cómo es Dartmoor en medio de una ventisca.
Descorazonada, Sakura lo miró sin dudar de sus palabras y sin hablar, movió la cabeza; parecía que no habría forma de escapar. Sin embargo, él no podía esperar a que ella se diera por vencida con tanta facilidad.
- No sé como es Dartmoor, ni en medio de un tormenta, ni en ninguna otra condición. – Confesó de mala gana-
- Entonces, ¿cuándo has estado por aquí. – Le preguntó desconfiado, mostrando poca preocupación por la precaria salud de la joven.
- Estuve, ¡Oh! . . . . - Se le quedó mirando con sorpresa sin lograr entender el sentido de su pregunta. Con rapidez desvío la vista. - Creo que fue durante el verano, hace algunos años.
- ¿Algunos años?. - Repitió dudando de sus palabras y su voz tenía un dejó de impaciencia. – Con toda seguridad ya habías estado en granja Combe. De otro modo sería imposible que supieras lo de la ventana, pues estaba casi cubierta de nieve. Además el conductor del taxi me informó que ya era de noche cuando descendiste del vehiculo.
¡Así que de esa manera él había descubierto todo! Todo era culpa de ese entrometido chofer. Con amargura pensó que ningún detalle le pasaría inadvertido. ¡Que astuto era! Lo más curioso de todo era que no le había preguntado su nombre y lo único que podía hacer una muchacha contra un hombre como ése era tomar las cosas con calma.
- Por lo general todas las casas grandes tienen ventajas en el desván que están estropeadas. Yo sólo investigué y parecía que iba a correr con suerte, hasta que usted se cruzó en mi camino.
-Pudiste tener suerte. - Manifestó sin convicción y su expresión indicaba que no había creído en su relato. – hubiera sido sencillo que te introdujeras en la casa, pero te habrías encontrado en una casa helada en la cual te congelarías.
- Habría conectado la calefacción y en poco tiempo habría estado caliente. – sus expresivos ojos se posaron en el hermoso rostro, inconsciente de lo ilógica que había sido respuesta.
- Te equivocas una vez más, Señorita Porfía. - Sus ojos color negro azulado le mostraban la misma agudeza que la de un felino. – La energía eléctrica está cortada y la caja de los fusibles cerrada con candado. La próxima vez que intentes meterte en una casa, revisa ese detalle primero.
¡Y el muy cínico se atrevía a gozar al pensar que ella se moría de frío! Se atrevía a sugerir que debería estar agradecida y sin embargo, ni siquiera sus cuidados le habían evitado de contraer un terrible resfriado. Se giró para estornudar con violencia una vez más. En ese momento no podía imaginar otro destino mejor que el de acostarse en silencio y morir.
- La próxima vez seguiré sus consejos. – Murmuró con amargura.
- Será mejor. – Una mirada reflexiva pareció endurecerle el rostro. – Quién sabe qué otras sorpresas te esperen.
- Es posible que tenga razón. - ¿Cómo podría ella decirle que no quería más sorpresas? Desde que regresó de Estados unidos, la vida había estado llena de ellas y ninguna había sido agradable. Confundida entrecerró los ojos al sentir demasiado cerca aquel rostro enigmático. – Nada parece resultar como uno lo espera. – Agregó distraída.
- ¡Claro que no! Llevando ese tipo de vida. . .
- ¿Por qué dice eso? Habla como si fuera mi padre. – De pronto, sin poder controlarse dejó escapar una risita nerviosa.
Poco a poco cuando su risa se desvaneció, la necesidad de seguir discutiendo la abandonó y lo miró otra vez con la obstinación que ya había demostrado. Un vez más imaginó que la habitación comenzaba a girar a s alrededor, el techo se movía y sentía como si el suelo se abriera antes sus ojos. Para completar la escena, la tormenta dejaba escapar sonidos escalofriantes que resonaban en sus oídos, parecía ser demasiado para ella y todo se conjuntaba con la increíble arrogancia que poseía aquel hombre. Con una expresión de preocupación, Sakura se acostó en el lecho y en poco instantes se quedó dormida.
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Cuando Sakura despertó supo que era de día porque la luz había cambiado. Ahora iluminaba la habitación desde un ángulo distinto y era diferente, fría, grisácea, así que se dispuso a tratar de dormir de nuevo. Pero cuando escuchó aquella voz, sintió un resentimiento que no era razonable.
- Ya estás convirtiendo esto en un hábito, jovencita. Te lo advierto, si vuelves a perder el conocimiento, no me haré responsable de mis actos.
La voz vibró en los oídos de Sakura, aunque fue el contexto de las palabras lo que la irritó. Con lentitud abrió los ojos y al principio le fue imposible fijar la vista en algo preciso. Vio manchas oscuras hasta que a pesar de la nebulosidad el rostro de un hombre emergió de las sombras. ¡Era él! La impresión la hizo parpadear para aclarar su visión.
- ¿Cómo se llama?. - Murmuró y lo miró con asombro, pero de pronto su pálida mano se asió a su brazo como si tratará de convencerlo de que esa pregunta era muy importante para ella.
Él la miró con indiferencia y con un dejo de ironía respondió:
- Sasuke Uchiha. . . A tus órdenes. Y tú, ¿cómo te llamas?.
Era curioso, pero no podía recordar su nombre, pues una puerta cerrada se negaba a abrirse, así que perpleja, se pasó la mano por la frente mientras respondía:
- No lo recuerdo.
Él se apartó de ella. En su rostro había un gesto de preocupación e impaciencia al mismo tiempo.
- Si yo pudiera creer eso. . . – Manifestó frunciendo el entrecejo y posó la vista en la chica. – Aunque te golpeaste la cabeza, ¿en serio no puedes recordar nada?.
- Claro que no. . . – Sakura sintió un vació en el estómago.
- Mejor di que no quieres decirme tu nombre. Para tu información, te he cuidado durante un día y dos noches, así que me debes esa respuesta.
Los hermosos ojos de Sakura se posaron en el rostro del hombre, había estado en esa casa un día y dos noches, eso significaba que Karin no se había marchado aún. Con lentitud un pensamiento cruzó su mente, ella era Sakura Haruno y debía permanecer oculta hasta que su hermana se marchara a Estados Unidos. En su subconsciente debería estar fija la idea de guardar silencio, pues de otra manera se habría delatado, sólo su ángel guardián pudo haberla salvado.
- Lo siento. – Musitó sintiendo una enorme culpa, pero continuó con sus planes. – Tiene razón, si le debo una explicación y ya recuerdo todo. Me llamo Ino Yamanaka. – Hacía muchos años que habían tenido una niñera con ese nombre en Londres. Sakura le sonrió con dulzura a Sasuke Uchiha. – Pero puede llamarme Señorita Yamanaka. – Le dijo con ingenuidad pero él dejó de sonreír aunque todavía conservaba el dejo de ironía.
- Si no te molesta, preferiría decirte Ino. Después de la informalidad de los dos últimos días, creo que sería lo más conveniente, aunque el nombre no es muy importante, en este caso es necesario.
- Lo supongo. – Su voz era ronca, debido a que deseaba poner fin a ese interrogatorio.
Con toda seguridad él no creía del todo sus palabras, pero no estaba dispuesto a seguir formulándole preguntas. Ella se sintió ruborizar al notar que él no cesaba de mirarla. Por la forma en que él lo dijo, supuso que no había ido ninguna otra persona a ese lugar. ¿Habían estado solos! En la campiña, eso podía interpretarse contra una ofensa contra las buenas costumbres. Ella debió estar muy enferma, pues de otro modo no se sentiría tan débil. Entonces trató de sobreponerse, se arregló el cabello y lanzó un profundo suspiro.
- Usted dice que he estado aquí mucho tiempo. – Empezó con calma. - ¿Estuve muy enferma?.
- Así es. . . – Sasuke levantó la barbilla e hizo una breve pausa. – Podría afirmar que te pulmonía y me atrevo a decir que aún no estás en buenas condiciones.
Parecía estar hablando de su ganado, su boca modulaba las palabras de un modo sensual; además poseía un cuerpo atlético, no era un hombre con el que se pudiera discutir o tomarse a la ligera. Algo dentro de ella la hizo estremecerse y comenzó con rapidez:
- No recuerdo haber estado enferma nunca; creo que sufrí las enfermedades propias de la niñez, como el sarampión pero es todo.
- Tal vez se debe a la vida que llevas al aire libre. – Puntualizó con dureza. – Sin embargo, es un error pensar que siempre serás inmune a las enfermedades, pues uno las contrae tarde o temprano. Aún hasta los más peligrosos criminales te pueden confirmar lo que digo.
- Pensé que hablábamos de enfermedades. – Replicó con firmeza, pues le disgustaba la manera en que él hacía conjeturas acerca de ella.
Enfrentarse a sus palabras requería de una fortaleza que ella ya no podía reunir. La joven no se percató de que él la recorrió con la mirada, notando el rubor de sus mejillas, las ojeras y su general apariencia de cansancio. Pero sí se dio cuenta cuando se puso de pie y fue hasta la puerta, su corazón se llenó de congoja cuando lo vio salir y un terrible sentimiento de desolación se apoderó de ella. ¿Acaso seguía disgustado con ella?.
- ¿A dónde va?. - Le preguntó con nerviosismo.
- A prepararte algo de beber. - Le informó con frialdad. – Eso te ayudará a tranquilizarte, te evitará una recaída. Debí haberlo pensado antes. Ino, me divierte tu manera tan impetuosa de hablar.
- No tengo sed, no se moleste. - Replicó con seguridad haciendo caso omiso de sus últimas palabras.
- No es molestia, Ino. - Se volvió para dirigirle una mirada y después desapareció por la puerta, pero antes agregó. – Sucede que hay una señora que me ayuda, ella ha estado insistiendo en que bebas algo y no quiero decepcionarla, por lo que te aconsejo que te tomes todo lo que ella decida traerte sin protestar. Tiene el carácter un poco fuerte, así que ten cuidado.
Sakura se quedó mirando en su dirección hasta mucho tiempo después de que él se había marchado, después de todo, sí había alguien más en la casa. Un extraño sentimiento de indignación se mezcló con uno de alivio. ¡Debió habérselo dicho! Por lo menos le agradó saber que Sasuke había observado las reglas de comportamiento y eso podría hacer que las cosas fueran un poco más fáciles en un futuro que ni siquiera se atrevía a visualizar.
- Sasuke Uchiha. . . – Pronunció su nombre con voz baja y con lentitud, sintiéndose atrevida.
¿Qué clase de hombre era él? Por lo pronto, era atractivo, de tez blanca y excelente apariencia. El tipo que atraería a cualquier mujer y sin embargo a Sakura le disgustaba su expresión, pues su rostro aun cuando estaba tranquilo era demasiado severo y, a veces hasta cruel. Parecía como si en un tiempo hubiera dado mucho de sí mismo y al no obtener respuesta satisfactoria, se hubiese desilusionado, pero poco antes de marcharse, Sakura tuvo la impresión de que él podría ser agradable. ¿Estaría equivocada?.
Llena de impaciencia y encerrada en un cúmulo de pensamientos se volvió para mirar por la ventana, en la cual aún había algunos copos de nieve. Permaneció observando y se dio cuenta de que seguía nevando, la curiosidad hizo que Sakura se pusiera de pie y se dirigiera a la ventana, a pesar de saber que no era conveniente. Todavía no llegaba nadie con la bebida prometida y pensó que por muchas virtudes que tuviera esa mujer, la rapidez no estaba entre ellas.
Una vez junto a la ventana, Sakura pegó la nariz contra el cristal como cuando era pequeña y miró hacía afuera. Estaba nevando, pero ya no hacía viento y los copos caían con suavidad. Al mirar hacía al cielo vio una inmensa nube gris que parecía predecir que el clima empeoraría. Justo debajo de la ventana vio rastros de que alguien había excavado nieve para permitir el acceso a la cochera, pero no pudo ver ninguna señal que mostrara que el camino había sido despejado. Más allá del camino, por las silenciosas y blancas colinas, no vio ningún movimiento; nada indicaba que había otras personas en los alrededores.
Con otro ligero estremecimiento, Sakura regreso a su lecho, no tenía escapatoria pues era prisionera de las circunstancias y de su propias tonterías; además parecía que no habría modo de hacer algo. Se cubrió con las mantas, tratando de calentarse, aún se sentía muy cansada. Cuando llegara la mujer con el té, le pediría que no la molestara en el resto del día, le diría que lo único que quería era dormir y dormir.
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Pronto comenzaran a ser más largos los capitulos :)
Muchas gracias a Yoss y a Kara'sDreams por agregar la historia a sus alertas.
Dejen un review, no le hacen mal a nadie! :P
