Akatsuki no Yona no me pertenece, es propiedad de Mizuho Kusanagi.


~Miss Fortune


Destiny: S. Poder misterioso que algunas personas creen controla todo lo que pasa.


Soo-Won soltó un profundo suspiro, aparentemente ensimismado en el libro frente a él. Hak sabía que en realidad su amigo no le estaba poniendo atención alguna a las palabras de Orwell, a pesar de tratarse de su autor favorito.

¿Cómo podía saberlo? Muy simple: el libro que su amigo había estado "leyendo" por la última hora estaba al revés.

Aun así no había dicho nada, notando que el rubio estaba pensando en algo… ¿Algo triste al parecer? Y Hak sabía que sin importar lo que fuera, cuando se trataba de su mejor amigo no había caso en presionarlo para sacarle información. Si se lo quería contar después, él mismo lo haría.

A la izquierda del moreno y con la cabeza enterrada en un libro de algebra, Kija soltó un suspiro igual de largo. Del peliblanco podía entender la preocupación por las ecuaciones… si tan sólo no estuviera usando el libro como sombrero.

Tratándose de Kija, Hak no sabía cómo proceder.

Soo-Won suspira. Hak pasa una página de su libro de historia y escribe un poco en su cuaderno. Kija suspira. Hak lee unos cuantos párrafos antes de que Soo-Won suspire de nuevo. Kija suelta otro suspiro y después un suave sollozo.

El rubio suspira tan fuerte que Hak no comprende como hizo para no tragarse el libro que tenía entre las manos. Kija comienza a dibujar corazones en su cuaderno.

Soo-Won suspira de nuevo cuando Hak encuentra la respuesta la pregunta número diez. Cuando Kija comienza a apuñalar los corazones, Hak decide que fue suficiente.

—De acuerdo, no puedo estudiar así. ¿Qué rayos les pasa?

Los dos lo miran con los ojos muy abiertos, como si Hak los hubiera descubierto de la nada y ellos no hubieran estado siendo tan terriblemente obvios todo ese tiempo.

—No nos pasa nada, Hak —contesta Soo-Won con voz normal una vez que la sorpresa ha pasado. Su capacidad de recuperarse ante todo siempre había impresionado –y en ocasiones molestado– a Hak.

Hak se gira entonces hacia el peliblanco, quien se encoge ante la mirada de su amigo. Kija no era tan buen mentiroso como Soo-Won y Hak podía usar eso a su favor.

— ¿No pasa nada? —repite el moreno con tono incrédulo.

— ¿Qu-qué quieres decir, Hak? —tartamudea Kija, tratando de no mirar a Hak a la cara.

—Quizá… —Hak les muestra el cuaderno de Kija, adornado con unos corazones perforados y otros aun enteros. Levanta una ceja mientras mira a sus amigos— ¿Algo que tenga que ver con esto?

Del cuaderno que se encuentra levantado frente a ellos sale algo: una tarjeta de un suave color púrpura y cae sobre la mesa de la biblioteca. Kija suelta un grito ahogado y la bibliotecaria le sisea que guarde silencio.

— ¡De acuerdo, sí! —suelta Soo-Won, ganando la atención completa de Hak y otro regaño de la bibliotecaria.

— ¿Sí? —repite Hak, sorprendido de que su interrogatorio funcionara con el rubio cuando estaba dirigido a Kija.

—B-bueno yo… conocí a una chica —balbuceó Soo-Won.

—Ajá, ¿Y? —preguntó Hak sin pensarlo. ¿Qué era lo extraño en eso? Soo-Won conocía chicas, chicos y todo tipo de personas cada día.

El rubio se sonrojó completamente, abriendo y cerrando la boca varias veces sin saber que decir.

Entonces Hak lo comprendió.

— ¿Es…? ¿Me estás diciendo…? ¿Te gusta? ¿Dónde la conociste?

Hak notó con sorpresa que jamás había visto a su amigo tan sonrojado como en ese momento. Y vaya que habían pasado muchas vergüenzas juntos.

—En el p-parque hace una semana.

— ¿Por eso llegaron tarde? ¿Me dejaron esperando una hora mientras tú-?

— ¡N-no! ¡No fue…! ¡Ugh!

Soo-Won enterró el rostro entre sus manos, tratando de calmarse. Después miró a Hak de reojo con pena.

— ¿Me estoy comportando como un tonto, no es cierto?

—Un poco, sí —aceptó Hak, sorprendido de al fin ver a Soo-Won caer en las manos del romance. Hak había esperado graduarse de la universidad antes de que eso sucediera, pero la vida lo había impresionado.

—Es sólo que… todo pasó tan…

— ¿Rápido? —sugirió Hak.

—Mágicamente —suspiró Soo-Won.

Hak frunció el ceño ante la elección de palabras de su amigo, le sorprendía que el normalmente analítico Soo-Won estuviera actuando de esa forma.

—De acuerdo. Ahora si tengo curiosidad, ¿Cómo se llama?

—N-no lo sé…

—Pero… ¿Cómo la conociste?

—Choque contra ella, los dos caímos al suelo…

—Veníamos tarde para verte, así que íbamos corriendo por el parque cuando ¡Boom! Soo-Won y esta chica chocaron. Los libros de ella salieron volando y Soo-Won rasgó su pantalón, pero no les importó. Se perdieron en los ojos del otro —suspiró Kija una vez más.

— ¡Kija! —se quejó Soo-Won, con el rubor oscureciendo su rostro, pero sin negar nada.

—Suena increíble —masculló Hak, a quien la escena descrita le parecía más que nada imposible.

—Después de eso la ayudé a recoger sus cosas y traté de averiguar su nombre…

—Le pediste su número —lo corrigió Kija.

—Bueno, sí, pero…

—Después la invitaste a salir… —continuó el peliblanco.

— ¿En serio? Yo… eso explica por qué ella salió huyendo de mi —murmuró Soo-Won.

—No, ella dijo que iba tarde a un lugar. Estoy seguro de que fue eso.

— ¿Lo crees? —preguntó el rubio con aire esperanzado.

—Entonces —comenzó Hak, atrayendo la atención de sus amigos—: conociste a una chica y fue amor a primera vista. ¿No es así?

Soo-Won asintió lentamente y con el ceño fruncido, pareciendo igual de confundido que Hak por todo eso.

—Y tú… —continuó Hak, mirando a Kija fijamente— ¿Lo viste todo?

— ¡Sí! Fue como una película romántica. Aunque jamás creí que Soo-Won actuaría en un papel así…

— ¡Basta! —se quejó el rubio con un puchero.

— ¿Qué? Tú eres más como el chico malo de la película…

— ¿Quién sería Hak?

—El héroe, por supuesto.

— ¡Qué injusto! —masculló Soo-Won, cruzando los brazos.

—Mi última pregunta —anunció Hak, sin dejarse llevar por las divagaciones de sus amigos.

Kija asiente varias veces, instando al moreno a continuar. Soo-Won suspira una vez más y murmura un: —Continúa.

— ¿Por qué venían tarde a nuestra cita? —suelta Hak, dejando a sus amigos en silencio por un largo minuto.

— ¿T-te dije que… t-tengo problemas intestinales? —tartamudeó Kija, con la cara igual de sonrojada que Soo-Won.

Hak se despidió con la mano de sus amigos, quienes abordaron el autobús y le devolvieron el gesto desde arriba del mismo.

Los dos tenían las mejillas tintadas de rojo aún y parecía que seguirían así por un largo rato. Eso preocupaba un poco a Hak. Después de todo, si una chica llegó tan repentinamente a la vida de uno de sus amigos y tuvo un impacto tan grande… era probable que sólo fuera a causar problemas.

A causar corazones rotos, mejor dicho. Y por la edad que tenían todos ya, ese era sólo el comienzo.

Hak no era tan descuidado, él prefería mantenerse alejado de todo aquello que pudiera incluir chicas y desamor. Tenía otras cosas por las que preocuparse, cosas que realmente importaban. La escuela, por ejemplo. Esa, por la que tendría que desvelarse haciendo los deberes ya que sus amigos no le habían dejado terminarlos.

Y él sabía que ese no era el peor de los problemas que iban a enfrentar.

Con aire despreocupado, el moreno rebuscó en su bolsillo y se sacó del mismo una pequeña tarjeta morada. Dio una mirada a los varios adornos dorados sobre el papel, notando que contenía un número de teléfono y una dirección.

Pero lo que más llamó la atención de Hak fue el enigmático nombre en la tarjeta: «Madame Ryoko. Encuentra tu destino.»


N/A: Ryoko significa dragón, entonces el nombre sólo es Madame Dragón (sí, soy tan aburrida XD)

¡Feliz día de San Valentín a todos! Espero que algún día encuentren su destino, igual que Madame Ryoko está a punto de hacer –¿Quién será su destino? ;)– y si no, espero que coman muchos chocolates y no engorden, porque como Hak diría, el amor sólo trae problemas :P

¡Nos leemos!