Bueno, aquí regreso. Me alegro que os gustase lo poquito que visteis en el primer capítulo. Espero que siga así y no os decepcione. Aquí va el segundo capítulo!
2. Como náufragos
Hermione abrió los ojos deslumbrada por el Sol. A su lado, Ted gimoteaba, buscando su chupete y seguramente hambriento. Se incorporó como pudo, apretando los dientes cuando el agudo dolor de la pierna le puso de punta cada nervio del cuerpo. Una vez se sentó, cogió al niño y lo acomodó entre sus brazos.
—Shhh…—Le acunó—Tranquilo.
Miró hacia el horizonte y vio como el Sol comenzaba a descender. Ya había pasado el medio día y el Teddy tenía que comer. Buscó a su alrededor y vio a Draco, sentado entre unas cuantas bolsas. Manejaba unas telas y se había quitado la camiseta blanca. Estaba bastante delgado, lo que quizá hacia que se le marcasen más los músculos.
—Deja de mirarme, Granger—gruñó.
Apretó los labios con rabia y acercó con la mano libre la mochilita del niño. Comenzó a sacar las cosas para ver lo que tenía. Un par de potitos de carne, otro de fruta, tres pañales, toallitas, una cuchara de plástico, un mordedor, polvos de talco y crema solar. También había un chupete y un biberón, pero no había polvos de leche. Cogió uno de los potitos y lo abrió. Teddy dejó de gemir y comenzó a comer con ganas, pero la chica, tras darle un cuarto de la papilla, paró y tapó el tarrito. El niño comenzó a llorar.
—Lo siento, Teddy… pero tenemos que comer poco a poco. Lo siento, cariño—masculló, peinándole la pelusilla morena que tenía en la cabeza—. Malfoy.
—¿Uhm?
—¿Podrías… podrías llenar de agua el biberón?
El chico levantó la cabeza y la miró.
—Granger, que te haya salvado no quiere decir que ahora vaya a cuidar de ti y de ese mocoso.
Sintió hervir la rabia en su interior y, aunque una parte le decía que tenía que mostrarse amable y agradecida porque él era el único que podría ayudarles, otra parte, que le repetía que la única persona que ese niño tenía en el mundo había muerto ahogada, que tenían pocas posibilidades de sobrevivir, que era estúpida por haber olvidado su varita en el camarote, por no haber cogido su bolsito de cuentas… esa parte le impulsó a gritar de rabia.
—¿Y entonces por qué nos has salvado si ahora vas a dejarnos morir de hambre y de sed? ¡Es sólo un niño, Malfoy, necesita agua!
Draco la miró con desdén y se puso en pie. Cogió con tranquilidad el biberón y lo abrió.
—Aguamenti
Llenó el biberón y se lo dio a Hermione.
—Gracias—masculló sorprendida.
Draco volvió a su sitio entre los fardos y siguió rompiendo telas y murmurando hechizos para unirlas. Hermione dio de beber a Teddy, que aun así siguió llorando, e intentó que aceptase el chupete, pero el niño tenía hambre.
—¿No puedes hacer que se calle?
—Tiene hambre.
—Pues dale de comer.
—Tenemos que dosificar la comida.
—Estamos en medio del mar, Granger, rodeados de peces que podemos pescar—escupió sin mirarla.
—Es demasiado pequeño, aún no tiene dientes y no sabe masticar.
—Se supone que eras la mejor bruja de nuestro curso, piensa un poco.
Hermione apretó la mandíbula intentando calmarse.
—Pensaba que no ibas a ayudarnos y yo no tengo varita.
—Evidentemente no voy a dejaros morir de hambre, aunque seas tan estúpida como para olvidar tu varita por ahí.
La chica decidió terminar la conversación. Intentó ponerse de pie, pero la herida de su pierna no se lo permitió, por lo que colocó a Teddy sobre su regazo y comenzó a arrastrarse como podía hacia los fardos. Draco la miró de reojo pero siguió a lo suyo. Dio un golpe, frustrada cuando un pinchazo particularmente doloroso le sacudió la pierna, logrando que Teddy aumentase el volumen de sus berridos, y continuó arrastrándose mientras se mordía el labio inferior. Finalmente alcanzó uno de los fardos que Draco aún no había explorado y lo abrió. Dentro había telas, fundas de tumbonas según creía, y si habían flotado era porque en su interior había almohadillas de gomaespuma. Hermione cogió un par y las vació, metió ambas almohadillas en una funda, logrando un colchoncito bastante mullido. Con cuidado, colocó ahí al niño, susurrándole palabras tranquilizadoras hasta que logró calmarle un poco. La funda que le sobraba la rompió como pudo. Consiguió dos fragmentos, uno más estrecho y largo y otro más grande. Cogió el estrecho, estiró la pierna mala y cogió aire. Entonces apoyó la parte de la herida en la tela, apretando los dientes con fuerza, y comenzó a vendarse como podía. Gimiendo para hacer fuerza y expulsar el aire que el dolor le producía terminó de vendarse el gemelo. Había vuelto a sangrar un poco y manchaba el improvisado vendaje de rojo vivo. Temblaba, pero aún así se puso de pie con esfuerzo apoyándose en el fardo. La madera no se movía absolutamente nada, por lo que comprobó que Draco le había hecho un hechizo de fijación a la superficie del agua, algo bastante original. Negándose a reconocerle ningún mérito, cogió la tela de la funda, de un marrón claro, y se la colocó como un pareo.
Draco observaba todo aquello en silencio, fingiendo estar entretenido en romper y unir trozos de tela. Veía como ella temblaba y sudaba por el dolor, pero el orgullo le impedía pedirle ayuda. Mejor, porque no pensaba ayudarla. Tenía claro que él iba primero y que si las cosas se ponían feas no volvería a salvarles. Sin embargo, verla romper la funda de esas tumbonas apretando los dientes, vendarse y levantarse para cubrirse un poco la desnudez y los moratones que le habían ido saliendo en las piernas, le provocó una especie de sentimiento de protección. Además, había tenido tiempo para pensar en muchas cosas, una de ellas era el hecho de que Hermione miraba más por ese niño que por ella misma. ¿Quién era? La observó volver a dejarse caer sobre la madera y arrastrarse a por la bolsita del bebé.
—¿Quién es ese niño?
Ella levantó la cara y se dio cuenta de que Draco llevaba mucho tiempo queriendo preguntar aquello.
—Eso no te importa, Malfoy.
—¿Acaso es tu hijo, Granger?—inquirió divertido. La chica se mordió el labio mirando hacia la cubierta, intentando disimular una sonrisa, pero él lo interpretó al revés—. Vaya, vaya… ¿y quién es el pobre que ha estado contigo? ¿Potter? No, según creo Potter estaba con esa pobretona. Entonces será la comadreja. Os vi muy cariñosos en el juicio.
Draco decía todo eso con la varita en la mano, moviéndola de un lado para otro como si fuese un simple palo. En el fondo todo aquello le producía una especie de picazón o molestia. Quería fastidiarla, hacerla daño, que se enfadase y contraatacase. Pero ella sólo le miró, con una mezcla de indignación y diversión, y se preparó para responder.
—No te importa. Ya te lo he dicho.
En el fondo la chica sabía que sería más sencillo decirle la verdad: que Teddy era su primo segundo, nieto de su tía Andrómeda. Pero algo le impedía hacerlo. Recordaba la cara que había puesto la mujer al verle en el comedor. No parecía contenta de tenerle cerca, y ella sentía la necesidad de honrar sus deseos. Estaba claro que no podría alejarse de Malfoy aunque quisiese, pero quizá si él no sentía curiosidad por el niño. En realidad era una estupidez, pero le divertía conocer las conjeturas del chico. Seguramente terminaría diciéndole que era su primo en un momento u otro, pero mientras se guardaría ese secreto para ella.
Entre tanto, Draco había elevado el labio con asco y se había girado hacia el borde de la balsa. Con la varita apuntaba al agua y mascullaba algo. Hermione vio de pronto como el agua comenzaba a agitarse. Muchos peces subían a la superficie, como si estuviesen en un lago tirando pan. Conocía ese hechizo convocador. Consistía en confundir a los animales, que creían que donde apuntases había comida, cuando en realidad no era así. Lo estudiaron en las clases de supervivencia que habían trabajado con Flitwicht un año atrás. Draco se echó hacia atrás y cogió una tela que había agujereado con anterioridad y la lanzó al agua. Esta se escurrió entre los agujeros, pero muchos de los peces quedaron atrapados dentro, demasiado grandes para salir entre estos. Draco tiró hacia arriba con esfuerzo y soltó la tela sobre la balsa. Unos quince peces plateados, que lanzaban destellos irisados hacia el cielo, saltaban sobre la madera intentando volver al mar, boqueando al aire sin resultados.
—Toma—gruñó, aumentando su mueca de asco mientras apuntaba a un par de peces con la varita y se los lanzaba a Hermione. Ella se encogió, intentando evitar que le diesen, y luego los miró—. Ya te he salvado la vida, te he arreglado la pierna y te he proporcionado comida. No te debo nada, Granger. Ni a ti ni a tus amigos.
La chica frunció la boca.
—En realidad nunca os he debido nada—continuó metiendo de nuevo en el saco agujereado los peces y dejando uno fuera. Después ató el saco a la balsa y lo tiró al agua—Por vuestra culpa todo salió mal. Debería haber dejado que murieses.
—Y yo debería haber dejado que te pudrieses en Azkaban—replicó furiosa—Así no tendría que soportarte.
—Sabes que no puedes, Granger, eres demasiado estúpida como para ser egoísta. ¿Cómo iba a dejar la buena y sabelotodo Hermione Granger que un chico entrase en Azkaban si ella podía impedirlo? ¡Todos somos buenos en el fondo, sólo había que educarme! ¿Sabes qué? Os equivocasteis. No estoy arrepentido y nunca lo estaré. Todo sería mejor si el Lord Oscuro hubiese ganado…
—No lo dices en serio—Draco la miró con una ceja enarcada. Hermione estaba seria—. No pudiste matar a Dumbledore porque no querías, Malfoy; igual que no querías que tus padres sufriesen ni que nadie muriese en Hogwarts—declaró—Eres arrogante y un maldito gilipollas, sí, pero nada más.
Draco cogió aire y se levantó.
—No me pruebes—masculló rabioso—No quieras probarme porque sabes que si quisiese estarías muerta.
—Pero no lo estoy.
El chico apretó la mandíbula y se giró. Hermione observaba los músculos de su espalda moverse conforme él sacudía la varita para desescamar al pez y encender un fuego mágico que no quemaba la madera de la balsa. Sin decir nada, puso el pescado sobre el fuego y dejó que se cocinase.
Hermione sabía que había dicho la verdad. Draco no era capaz de pensar lo que había dicho, porque si fuese capaz evidentemente ella no estaría ahí en ese momento. Sin embargo, el chico se había encargado de mantenerla con vida, se había preocupado de curarle lo máximo que sabía la fea herida de su pierna y había prometido que los alimentaría. Una persona capaz de pensar lo que él había querido que ella creyese no haría todo eso por un bebé y una sangre sucia.
Hermione miró a Teddy, que volvía a dormir, con gruesos lagrimones secos en sus mejillas, agarrado con fuerza a su mantita. Se fijó que en una esquina de esta había unas letras bordadas. Al acercarse pudo leer el hilo morado oscuro: "De mamá, que te quiere". Sin previo aviso, sintió como sus ojos se aguaban. No se había parado a pensar hasta ese momento en todo lo que había pasado y lo que significaba, tanto para ella como para el pequeño. Estaban en medio del océano atlántico, a medio camino de EEUU y Reino Unido, ya que aún faltaban tres días de viaje para llegar cuando habían naufragado, sin más recursos que un par de potitos y pañales, sin su varita, y lo único que parecía poder salvarlos era un chico que la odiaba desde el primer momento en que la vio. Y además, Andrómeda había muerto, y había dejado a Teddy solo y a ella con él, sin saber cómo cuidarle. Y Ron pensaría que ella había fallecido en el hundimiento, y sufriría de nuevo otra pérdida, igual que Harry. La chica comenzó a llorar en silencio. No podía imaginar el sufrimiento por el que pasarían sus amigos si creían que ella había muerto. Jamás se perdonaría no haber hecho caso a la señora Weasley cuando le pedía que cogiese un translador, pero en el fondo, si lo hubiese hecho, Teddy también estaría muerto. No, no podía arrepentirse de eso. Además, se salvarían. Y todo volvería a la normalidad para ella… pero no para el niño.
Sentía un gran vacío en su pecho. No quería estar allí, junto a Malfoy, sin saber qué sería de ellos en unas horas. Quería coger su varita y poder defenderse por sí misma. Su varita… le dolía haberla perdido. Si no hubiese sido tan estúpida de dejarla en el camarote. Pero un día atrás un hombre le había preguntado por ella y se había visto obligada a inventar una historia inverosímil sobre un perro y un recuerdo, tan inverosímil que el hombre se levantó del lugar donde ella se encontraba y se marchó, por lo que había pensado que lo mejor era dejarla guardada a buen recaudo.
Los peces se habían acercado a ella sin que se diese cuenta y uno le golpeó la pierna mala en uno de sus saltos angustiosos. Con un gruñido intentó aguantar el dolor agudo que le sacudió toda la espina dorsal. No sabía cómo se curaría la herida. Si hubiese llevado su bolsito de cuentas tendría díctamo y podría intentar que cicatrizase a pesar de su gran profundidad. Se miró la venda y vio que la mancha de sangre había crecido. Tenía que hacer algo o se infectaría, y eso sería muy peligroso. Las lágrimas seguían cayendo en torrente por sus mejillas. Sentía que nada iría bien, que estaba sola; sola sin sus padres, sin Ron, sin Harry, sin su varita, sin su bolso; sola con Teddy, sola con Malfoy. Sentía que aquella situación le sobrepasaba, que era injusto que tuviese que sufrir aún más después de todo lo que ya había vivido. Y echaba de menos a sus amigos, porque nunca había estado en una situación de ese tipo sin ellos. Echaba de menos las manos de Ron, que esos últimos días habían acariciado su pelo; y echaba de menos sus labios, que le habían enseñado a besar. Y un sollozo se escapó de su garganta, porque ya no aguantaba más ese nudo que cada vez crecía más en su pecho, despertando a Teddy y haciendo que Draco parase de mover la varita y se quedase quieto, escuchando.
Hermione corrió a enjuagarse las lágrimas y le puso de nuevo a Teddy el chupete en la boca, justo cuando el niño empezaba a hacer pucheros al notar la tristeza de su nueva cuidadora. Con el rabillo del ojo vio que Draco comenzaba otra vez a mover el brazo, seguramente quitándole las espinas al pez o moviéndolo en el fuego. Y eso la alivió un poco. Estaba segura de que el chico no era tan malvado como intentaba aparentar, porque en otro momento sabía que se habría reído de su debilidad, y sin embargo tuvo la deferencia de ignorarla. Si Draco fuese tan malo como quería que creyese, ella no habría intercedido por él en el juicio contra su familia. Si lo había hecho era porque, tanto ella como Harry y Ron habían visto algo que les había hecho sentir compasión por el chico. Y Hermione trataba a veces de recordar qué era lo que habían visto, sobre todo cuando sus comentarios mordaces atacaban a lo que más quería, pero sabía que algo había, y lo sabía porque si no - se repitió de nuevo - ella no estaría allí.
—Es tu primo—masculló con la voz temblorosa. Carraspeó y continuó—Es nieto de Andrómeda Black.
Draco enarcó una ceja y después entrecerró los ojos, sin girarse para mirarla.
—¿Y qué haces tú con él?
—Tu tía estaba en el barco. Coincidimos allí por casualidad.
El chico se giró por fin y la miró, y luego miró al niño, como buscando algo que lo identificase como parte de su familia. Hermione le ignoró y volvió a abrir el potito. Teddy, tumbado, movió ambas manitas y la miró con ganas.
—Toma, tu primo dice que te conseguirá más comida cuando esta se acabe—dijo en voz alta, como esperando que él cambiase de opinión.
Pero Draco no dijo nada. Se puso de pie y comenzó a extender la gran tela que había conseguido uniendo los pedazos. Volvió a la zona de los fardos y cogió un par de listones de madera que había dejado entre ellos. Los colocó en dos de las esquinas de la tela, usó la varita para pegar algunas zonas de esta a la madera de la superficie y a las tablas, y entonces se apartó y exclamó:
—¡Erecto!
Los listones se pusieron de pie y la tela se tensó. Un enorme toldo sostenido por dos puntas y que dejaba caer la tela, tensa, hacia uno de los extremos de la balsa donde Draco anteriormente la había fijado, quedó montado de forma impecable. Hermione miró lo que el chico acababa de hacer y aun a su pesar, tuvo que reconocerle el mérito. La tela cubría la zona central de la embarcación hasta el borde que quedaba a la izquierda del lugar donde se encontraba con el niño, proporcionando sombra, y las zonas laterales que quedaban a los lados del toldo, de un metro y medio de ancho aproximadamente cada una, junto con la zona frontal, dejaban espacio suficiente para moverse alrededor. Hermione se encontraba precisamente en ese trozo, frente al hueco que ahora quedaba bajo la tela, enfrentándose a las aguas que iban embistiendo en su navegar por el océano.
—¿Cómo consigues que el agua no se suba a la madera?
—No eras la única que leía libros, Granger, o que atendía a ese carcamal de Flitwicht.
—¿Has realizado un hechizo protector y lo has combinado con un impermeabilizante?—Draco guardó silencio mientras metía los fardos bajo el toldo a punta de varita—Pero eso es magia avanzada.
—Ya te lo he dicho, no eras la única que sabía usar la varita, aunque los inútiles de tus amigotes no supiesen ni limpiar su caldero.
Hermione volvió a callarse. Había decidido ignorar los pulsos que el rubio le lanzaba en un intento de ponerla a prueba. Sin decir nada volvió a retomar la tarea de dar de comer a Teddy, que había quedado impresionado mirando hacia el toldo e hinchaba los mofletes intentando alcanzarlo con sus manos diminutas.
El día transcurría sin demasiada conversación entre ellos. Hermione le pedía en ocasiones alguna cosa que él pudiese realizar con la varita, y Draco cedía entre dientes sin pararse demasiado a mirarla a la cara. Pero la gota llenó el vaso cuando la chica decidió cambiarle el pañal a Teddy.
—Por Merlín, Granger, guarda esa cosa si no quieres que os tire al agua a los dos—exclamó furioso. Le había costado ceder en su última petición, cuando la chica le pidió que moviese el colchoncito de Teddy bajo el toldo para resguardarle del Sol—. Sólo me faltaba que me rodeases con olor a mierda.
—Tengo que cambiarle el pañal—Se explicó la chica, arrugando la nariz—Y creo que podrías ayudarme con un simple fregoteo.
—¡No pienso limpiarle el culo a esa cosa!
—¡No es una cosa, es un bebé!—exclamó furiosa girando a mirarle—Y no te costaría nada, ni si quiera tendrías que acercarte demasiado.
—No pienso hacer eso, Granger, apáñatelas como puedas.
—En tal caso, podrías dejarme tu varita y así…
—Escúchame bien—cortó tajante—. Tus sucias manos de sangre sucia no van a tocar mi varita jamás ¿entendido?
La chica apretó la mandíbula y cogió aire. Sin mirarle abrió uno de los fardos y rompió un trozo de tela. Con cuidado, levantando a Teddy de una de las piernas hacia un lado y apartando el pañal sucio, comenzó a limpiarle. Draco le daba la espalda pero bufaba cada poco, aumentando en cada bufido el volumen de su indignación. Finalmente Hermione no aguantó más.
—¿Se puede saber qué demonios te pasa?—inquirió apartándose el pelo de la cara con una sacudida de la cabeza.
—Huele a mil demonios, y como no acabes pronto, pienso coger a ese niño y tirarlo lejos.
—Acabaríamos antes si simplemente hicieses un sencillo fregoteo. Pero el maldito señorito Malfoy no va a rebajarse a…
—Aparta y cállate de una maldita vez.
Acentuando su cara de asco apuntó al culo del niño y después al pañal y a la tela que Hermione había utilizado para limpiarle. Cuando todo quedó limpio como una patena giró con orgullo y se alejó hacia el otro lado del toldo. Hermione cogió aire con altivez y masculló.
—Gracias.
Draco la ignoró, haciendo que la chica bufase con fuerza, y se tumbó sobre una almohadilla bajo el toldo.
El día pasó en silencio. Hermione aprovechó el fuego mágico que Draco había dejado encendido, según creía, de forma intencionada para que ella lo usase, aunque no quiso hacerse ilusiones. Después de comer se quedó sentada mirando el mar y pensando. No podía creer que aquello hubiese pasado y realmente esperaba, de un modo casi inconsciente, que Andrómeda hubiese sobrevivido al igual que ellos. Que hubiese llevado la varita encima y que hubiese hecho algo para salvarse. Por otro lado aquello le resultaba imposible. Si había estado en alguno de los camarotes, con la rapidez que había ocurrido todo, habría quedado atrapada.
Demasiado rápido. No había querido pensar en ello pero lo cierto era que todo había sucedido en cuestión de minutos y… bueno claramente un buque de esas dimensiones no podía hundirse con tanta facilidad. Le dio vueltas a aquello hasta que sintió que le dolía la cabeza y Teddy despertó.
Cuando llegó la noche Hermione intentó acomodarse como pudo con las telas que habían sobrado y la última almohadilla. Se levantó viento y se preocupó más de tapar al niño que de taparse ella, por lo que a la mañana siguiente amaneció tiritando no sólo por el dolor de la pierna, sino por el frío que había pasado. Draco, que durante la noche no manifestó ningún tipo de incomodidad, se apresuró a usar la varita para volver a orientarse en medio del basto océano. Sin embargo, pudo percibir cómo el chico la miraba de vez en cuando, dándose cuenta del estado de salud en el que se encontraba. Ella misma era consciente de que no sobreviviría demasiados días en esas condiciones. Empezaba a sentir que la pierna se le dormía en ocasiones y le daba miedo levantar la improvisada venda, húmeda desde la mañana en la zona de la herida.
A medio día se levantó con dificultad, apoyándose en uno de los postes del toldo, y se acercó al fuego a calentar el otro pez que había cocinado el día anterior. En ese momento Draco la observaba sin disimulo y con el ceño fruncido. El chico esperaba que encontrasen tierra pronto. No sabía si podía pasar algo difícil allí en medio, como una tormenta, y aunque intentaba justificar su preocupación haciéndola pasar por molestia por tener que estar con ella, lo cierto era que conocía lo que podía ocurrir si seguían allí demasiado tiempo. La zona superior al vendaje que ella misma se había colocado estaba comenzando a amoratarse. Había esperado toda la mañana a que Hermione se quitase el trapo, que solamente podía conseguir que la suciedad se acumulase y aceleraría la infección si no estaba tratada con ningún tipo de ungüento. Cuando finalmente la vio caminar con tanta dificultad hacia el fuego no pudo callarse más.
—Deberías quitarte ese trapo—masculló volviendo a mirar al horizonte, intentando simular que le importaba bien poco lo que hiciese.
Hermione le miró y se observó la pierna. Ella misma había observado el empeoramiento progresivo de la herida y sabía que el chico tenía razón, pero no se atrevía a hacerlo.
Draco volvió a mirarla cuando no dijo nada.
—Así sólo vas a conseguir que se te infecte y se pudra—escupió algo molesto por su silencio—. ¿Me oyes?
—Sí, te oigo—contestó enfadada.
—¿Y por qué no haces lo que te digo?
—Lo haré cuando quiera.
Draco elevó las cejas. Qué decepción… siempre había pensado que esa chica era inteligente y por lo menos el sombrero seleccionador la consideraba valiente. Se giró asqueado y volvió a mirar el mar.
—Me da miedo…
Pensó que había escuchado mal. Hermione había hablado tan bajito, de un modo tan avergonzado, que no estaba seguro de que hubiese dicho algo realmente. La miró de nuevo y se encontró con sus ojos marrones fijos en él. Sabía que estaba pidiéndole ayuda y estuvo un momento parado dudando sobre si acercarse a ella o no. Finalmente se acercó a ella y la agarró del tobillo, obligándola a estirar la pierna hacia él y provocando una mueca de dolor en su cara. Observó la venda. Estaba mojada por un líquido amarillento que se expandía por la parte del gemelo. Pus. Agarró el extremo de la tela y comenzó a desenrollarla. Hermione miraba hacia otra parte, apoyada sobre sus brazos. Draco podía notar que estaba nerviosa y realmente dolorida. Cuando llegó al último trozo de tela, el que estaba directamente en contacto con la herida, notó que éste estaba algo pegado en los extremos a la piel. Sacó la varita y echó un poco de agua, tratando de humedecerlo para que fuese más fácil separarlo. Cuando empezó a despegarlo, Hermione se puso a tiritar de nuevo. Tuvo ganas de gritarle que estuviese quieta y no se comportase como una niña, pero decidió no decir nada.
La herida estaba abierta y con un feo color grisáceo por los bordes, algo arrugados por la humedad de la tela. En cuanto separó el vendaje, esta volvió a sangrar. No tenía buena pinta.
—No la tapes.
Volvió a mojarla con agua, logrando que Hermione se tumbase completamente y cerrase los ojos con fuerza. Se sentía mareada e incómoda, y molesta por no haber cogido su bolsito y el díctamo.
Draco intentó pensar en algo. Un hechizo cicatrizante. La señora Pomfrey los usaba a menudo y nunca se le había ocurrido preguntar. Colocó uno de los fardos en los que había dejado los trozos restantes de tela bajo el pie de Hermione.
—Mantén el pie así.
Tras eso, limpió el vendaje con un hechizo y se giró hacia la fogata, sacando el pez que Hermione había dejado dentro para evitar que se quemase. Y en ese momento vio lo que había temido durante un instante aquella mañana, pensando en su futuro en aquella balsa. Una enorme nube negra se acercaba desde lo que la varita había señalado como el sur. Una tormenta en mitad del océano era lo peor que podía pasarles.
Se giró con rapidez hacia Hermione, que miraba hacia el mismo lugar que él, incorporada de nuevo y apoyada en sus antebrazos. El miedo había vuelto a aparecer en su cara.
—Coge al niño.
Hermione se fue a levantar, pero entonces Draco pareció darse cuenta de que sería demasiado lenta y se apresuró a acercar la improvisada cuna para ponerla al lado de la chica.
—Con el hechizo protector, el impermeabilizante y el fijador a la superficie no tiene porqué pasar nada—masculló Hermione. Esperaba que él dijese "No, no va a pasar nada, tranquila, sólo estoy tomando medidas de seguridad", pero en lugar de eso Draco se giró para mirarla con asco, como detestando esa ignorancia repentina.
—Las olas en mitad del océano miden tres metros, aunque no nos demos cuenta de ello. En una tormenta pueden llegar a medir diez o quince. Aun a pesar de los hechizos esta balsa no aguantará y nosotros no seremos capaces de mantenernos sobre ella. Piensa un poco, Granger.
Hermione ya había pensado en aquello aunque no había querido darle verdadera importancia. Draco sacó las telas y las unió con rapidez en una larga cuerda. La nube se acercaba bastante deprisa y comenzaba a sentir que una arcada de miedo subía por su garganta. Teddy, como alertado por la situación, empezó a revolverse entre su manta y Hermione lo cogió.
—Déjalo de nuevo ahí, Granger—escupió molesto y cansado el chico—. Es más fácil ponerlo a salvo.
El rubio agarró la tela y la afianzó con un hechizo a un poste, como había hecho con el toldo. Entonces la tiró hacia el lugar en el que estaba Hermione. La ató por la cunita de Teddy de un modo en el que el niño no podría moverse de ningún modo de allí. Después también ató a Hermione y le facilitó un trozo de tela al que podría agarrarse. Entonces se sentó a su lado. Realmente cerca en opinión de la chica. Se ató a sí mismo y afianzó el extremo de la tela al borde de la balsa.
Teddy lloraba y Hermione volvía a tiritar, de miedo, dolor y nervios. La nube se iba acercando y conforme eso ocurría el mar se agitaba. Las olas salpicaban pero topaban con una pared mágica que las repelía. El hechizo impermeabilizante. Hermione sabía que aunque el agua no podía entrar, ellos podían salir si se soltaban. Agarró a Teddy poniendo una mano sobre su barriguita y tomó con fuerza la cuerda. La primera ola realmente grande vino a los pocos minutos. A Hermione le costó una barbaridad mantenerse en su sitio, a pesar de estar atada y agarrada. Observó cómo el niño no se movía ni un milímetro y se sintió más tranquila respecto a eso. Pero entonces una ola apareció frente a ellos. Debía de medir más de diez metros. Draco la agarró de la cintura y la tumbó sobre la balsa.
—¡Agarra al niño, Granger!
Hermione abrazó a Teddy colocándose de lado y cerró los ojos, y para su sorpresa notó como Draco se pegaba a su espalda y los agarraba también con fuerza.
Debió pasar una media hora hasta que la ferocidad de la tormenta y la oscuridad del cielo fueron desapareciendo, pero a Hermione le pareció que habían pasado días. Incluso había habido un momento en el que estaba segura de que se habían hundido, ya que al abrir los ojos había comprobado que estaban rodeados de agua por todos los lados. El lloro de Teddy se había pegado en lo más hondo de su cerebro, aunque ella había tratado de tranquilizarlo continuamente con susurros y caricias en la cara, y la presión que Draco había estado haciendo sobre su cintura, además de la presencia de su cuerpo a su espalda, había llegado a parecerle realmente agradable. En un primer momento había sentido el dolor de su pierna con mucha intensidad debido a los embates bruscos de las olas, pero después había conseguido pensar en otras cosas y olvidarse de ello.
Sin embargo, cuando finalmente Draco se separó, un charco de sangre había manchado toda la zona en la que ellos estaban tumbados. Draco se miró los pantalones, descubriéndolos totalmente empapados del líquido rojo por la parte delantera, y en lugar de sentir molestia y asco, se descubrió realmente preocupado. Hermione, que cogió a Teddy en cuanto pudo e intentó tranquilizarle, estaba pálida, y no parecía darse cuenta del estado de su pierna. Draco le quitó al niño de los brazos, para sorpresa de la chica, y la obligó a tumbarse en uno de los almohadones que había atado antes de la llegada de la tormenta. La colocó boca abajo y puso el fardo que había usado bajo su espinilla, levantándole la pierna.
La herida sangraba profusamente y el pareo que se había colocado Hermione el día anterior estaba prácticamente rojo en su totalidad. Por una parte, que sangrase significaba que no había cicatrizado con infección, lo cual era bueno, pero por otra Draco no estaba seguro de la cantidad de sangre que había perdido y por lo que veía a simple vista era bastante. Si seguía sangrando así pronto se desmayaría y finalmente terminaría muriendo. Lo único que sabía era que el hechizo episkey, además de arreglar los huesos, frenaba el sangrado.
—Episkeyo
Hermione gimió de dolor, pero a simple vista la herida paró de sangrar. Draco suspiró y empezó a lavarla. Era realmente profunda y tardaría mucho tiempo en cicatrizar por si misma, si es que lo lograba antes de infectarse o gangrenarse.
—Granger, voy a coserte la herida.
Hermione intentó girarse para impedirlo, pero Draco la sujetó.
—No seas estúpida, estás desangrándote y si sigues así lo mejor que podría pasarte es que te amputasen la pierna.
La chica volvió a tumbarse boca abajo y agarró con fuerza los extremos de la almohadilla.
Draco tardó un momento en pensar cómo hacerlo, pero entonces agarró una de las espinas del pescado que había comido aquella mañana, una especialmente larga que había guardado por algún motivo que ni él mismo sabía, pero que en ese momento le pareció la mejor idea que había tenido jamás. Tiró de uno de los hilos del pareo de Hermione, lo pegó mágicamente a la espina, y se plantó frente a la herida. No tenía ni idea de cómo hacer lo que iba a hacer, hasta que la chica giró la cabeza.
—Vas a tener que coser primero la herida desde dentro, Malfoy.
Draco se había temido algo así al observar la profundidad con que se había herido la pierna. Pero lo cierto era que no sabía cómo tenía que hacerlo.
—¿Ves el músculo? Cóselo.
Claro que veía el músculo. Estaba desgarrado irregularmente y se preguntaba cómo Hermione había podido pasar un día entero con aquello en esas condiciones. El primer pinchazo fue el peor. Hermione gritó mordiendo la almohadilla y a él le temblaban las manos. Hizo un pequeño nudo en el extremo y continuó con su tarea. Cuando llegó al final Hermione se había desmayado por el dolor y Teddy lloriqueaba en su cuna, a su lado. Draco tenía las manos y la ropa llena de sangre y se sentía algo mareado ante el macabro escenario. Volvió a limpiar la herida y observó que aunque no era un trabajo demasiado limpio, por lo menos se mostraba menos profunda. Así cicatrizaría mejor y si lo que había cosido avanzaba bien, podría coser la parte externa pronto. Volvió a pronunciar el hechizo Episkey para frenar el sangrado que se había reanudado durante su tarea y dejó la pierna apoyada sobre el fardo.
El cielo se mostró claro y despejado durante el resto del día. Draco se vio obligado a dar uno de los potitos al niño, aunque varias veces casi le mete la cuchara en un ojo y otra de ellas le tiró una buena porción del puré encima. Hermione se pasó el día entero sin despertarse, hasta que llegó la noche y Draco observó que se movía. Había encendido el fuego cerca de ella y había colocado a Teddy a su lado. Acababa de cenar y había dejado un pez ya hecho para que cuando se despertase comiese algo. Lo cierto era que Draco Malfoy no se reconocía. No entendía por qué hacía nada de aquello ni qué le impulsaba a tener una conducta tan Gryffindor, como él mismo se había descubierto pensando. Debería haberle importado dos narices que se ahogase, debería haberle dado igual que estuviese herida, que pudiese caerse de la balsa o que tuviese hambre. Sin embargo no había sido así, y si por una parte se repugnaba a sí mismo por ser tan malditamente solícito, por otra se sentía a gusto con lo que había hecho.
Hermione se sentía realmente dolorida cuando despertó, pero la brisa del mar se escurría sobre su cuerpo, refrescándola, y el murmullo del agua la relajaba. Cuando abrió los ojos vio a su lado a Teddy, dormido ya sobre su improvisada cunita. Era de noche y un delicioso olor a pescado asado le llegaba desde la hoguera que al parecer había a sus espaldas, haciendo que sus tripas se removiesen. Poco a poco se incorporó, colocándose de lado, e intentó no ver la herida. Se miró el pareo y, aunque pensaba que lo descubriría todo lleno de sangre, lo encontró totalmente limpio, al igual que el suelo. Con dificultad llegó hasta la hoguera, y vio el pez asado que había a un lado. Comenzó a comer con avidez y se puso a buscar a Draco. No estaba en la balsa y llegó un momento que dejó el pez a un lado y, asustada, se puso a mirar con más detenimiento en la oscuridad. Quizá estuviese bajo unas telas o tras un fardo y por eso no le veía.
—¿Malfoy?
—¿Qué?
Su voz, con ese matiz de asco característico, le llegó desde la lejanía, pero aun así no consiguió verle.
—¿Dónde estás?—Esa vez no la contestó. Sin embargo, unos segundos después escuchó cómo el agua se removía al otro lado de la balsa y cómo alguien subía a esta—. ¿Estabas bañándote?—inquirió con extrañeza, cogiendo el pez de nuevo.
—Sí.
A Hermione no le sorprendió que volviese a ser escueto, aunque no se olvidaba de lo que había vuelto a hacer para salvarle la vida. Realmente estaba sorprendida con lo que estaba conociendo de Draco Malfoy y en cierta parte se sentía aliviada de haber intercedido por él en el juicio ante el tribunal del Wizengamot, no le avergonzaba admitirlo. Quizá hubiese cambiado o…
—¡Mierda!
Un crujido de madera sonó en alguna parte de la balsa que quedaba a las sombras del fuego y Draco apareció revisándose el pie, que tenía un pequeño arañazo.
—¿Qué ha pasado?
—El suelo de la balsa se ha roto. Está pudriéndose.
Hermione dejó el trozo de pescado que iba a llevarse a la boca a medio camino y se quedó mirando al chico. Eso significaba que…
—Tenemos que llegar ya a algún sitio. Esta madera de mierda no aguantará mucho y como venga otra jodida tormenta no tendremos tanta suerte.
La chica aguantó una sonrisa ante tal cantidad de palabrotas.
—¿Qué vamos a hacer?
—¿Tú qué crees, Granger?—Le contestó con molestia, pero a ella no le importó. Empezaba a conocer al chico—. Voy a hacer que la balsa vaya a cualquier tierra que esté más cercana, aunque sea un mísero islote en medio de la nada.
Hermione no creía que encontrasen ningún islote, y cuando fueron a dormir pensaba que seguramente llegarían a la costa de EEUU como única zona de tierra cercana. No le constaba que en mitad del atlántico hubiese ningún archipiélago o algo parecido.
Pero no sabía lo equivocada que estaba.
