Ohayou a quien se dio el tiempo de leer mi fic!

Les dejo acá algo cortito que escribí, para que se entienda esto ocurre simultáneamente con el capitulo anterior, lo único que es visto por los ojos de Ryoga.

Cualquier consulta me dicen, después de este los capítulos son normales xD

Espero les guste y saludos!

:::/*Cindy Elric*\\\:::

Ryoga: "Un deseo de Navidad…"

La quería, cuanto la quería, tanto que estaba ahí, en una desconocida ciudad admirando las estrellas, no sabía donde estaba, no le importaba, sólo se preocupaba de pensar si es que ella estaría viendo las mismas estrellas… suspiró pesadamente, ¿desde cuando era tan cursi? Pero ella se merecía aquellos pensamientos, esos y millones más, sólo ella… una estrella fugaz lo desconcentró de sus pensamientos, rápidamente se levantó del pasto y formuló un deseo, sobre un encuentro, sobre un amor correspondido, sobre aquella chica de azulada cabellera que era su mundo entero.

-¡Te dije que no me molestes Akane!

Aquel grito volvió a desconcentrarlo de sus cavilaciones, ese nombre hizo que sus ojos brillaran intensamente, después de todo no estaba en una desconocida ciudad, había llegado junto a ella, tenía que ser gracias a un milagro, sólo eso podría haberlo guiado sin perderse en el camino. Entonces fue que la vio, a su querida Akane, estaba hermosa como siempre, pero algo le molestó, aquel joven que la acompañaba, que parecía discutir con ella, ese maldito que era el culpable de todas sus desgracias, ese estúpido que podía estar con su Akane cuando le diera en gana.

-¡Ya tiraste una bolsa, no dejaré que tires otra!

-Eso fue un accidente, perdí el equilibrio y se me cayó, pero yo puedo con ellas, no necesito de tu ayuda.

-Eso es mentira, eres un debilucho.

-Mira quien viene a hablar.

Vio como el moreno le hacia un desprecio a la joven y sintió un enfado en su interior, iba a partirle la cara por insultarla, no merecía llamarse su prometido, no merecía el estar con ella, con ella que era la mujer perfecta, tan hermosa, tan amable, tan fuerte como ninguna otra, si, ella en el futuro será la esposa perfecta.

-Ya verás que soy el más fuerte del mundo.

Ranma levantó a la joven sujetándola con un brazo alrededor de su cintura, provocando el sonrojo de esta y las risas de los transeúntes, mientras que el joven del pañuelo no pudo más que empuñar su mano, conteniendo en ella la rabia y el deseo de golpear a su rival, juntando fuerzas para acercarse y propinarle un golpe.

-¡Bájame Ranma!

-Sólo si admites que soy el más fuerte.

-¡No seas tonto!

-Admítelo.

-Ok, si, eres el más fuerte del mundo… ahora bájame.

Detuvo su andar ante aquellas palabras, mas lo que lo paralizó fue el sonrojo y la sonrisa de ambos jóvenes, lo sabía, lo había notado desde hace un tiempo, ella, su amada Akane sólo podía sonrojarse junto a él, a ese estúpido que no hacía mas insultarla, molestarla a toda hora, pero que cuando ella no ponía atención la contemplaba con algo extraño en sus ojos, algo que parecía cariño, un maldito y desagradable cariño que ella respondía con sus sonrisas… ¿Por qué no le sonreía a él? ¿Por qué sólo Ranma podía recibir esas sonrisas?

Volvió a sentarse, perdiendo la fuerza y la furia, quedando sólo la tristeza, podría ir y romperle la cara, pero ¿Qué lograría con eso? Que ella lo odiara, que le gritara y lo mirara con desprecio, sólo lograría hacerla llorar… él nunca podrá tener su sonrisa…

El gruñido de su estomago logró desconcentrarlo nuevamente, tenía hambre… buscó en su mochila una sopa instantánea y tras encontrarla se dispuso a calentar agua en la tetera… volvió a buscar en su mochila, en su tienda, entre los arbustos y no daba con ella, la había perdido ¿ahora qué haría? Dejó sus cosas junto a la fogata que ya había prendido y se dirigió hacia las casas aledañas para pedir una prestada o en su defecto agua caliente.

De regreso caminaba pesadamente, tenía hambre y no sabía que iba a hacer, nadie quiso ayudarlo y ahora no tenía que comer… suspiró y se acercó hasta su campamento, tendría que ingeniársela, algo debía ocurrírsele. Se detuvo al ver una silueta junto a sus cosas, parecía que iba a apagar su fuego y con lo mucho que le había costado el prenderlo.

-¿Qué haces?

Pronunció enfadado tras el extraño, pero al verlo voltear se encontró con un rostro inesperadamente conocido.

-¿Ryoga?

-Ukyo, eres tú.

Sonrió aliviado, tal vez ella podría ayudarle, después de todo eran conocidos, podría confiar en él y prestarle una tetera por unos minutos.

-¿Qué haces aquí?

-Estoy acampando ¿y tú?

-Estaba camino a mi casa cuando vi el fuego, no sabía que era tu fogata.

-Si, la prendí para calentar agua pero perdí mi tetera, así que fui a conseguirme una.

-¿Y en donde está?

-Bueno, dije que fui a conseguirme, no que lo logré.

Rascó su cabeza avergonzado mientras veía la sorpresa del rostro de la castaña, pareciera que ella no acostumbraba a perder las cosas ya que aquella expresión tardó en borrarse de su rostro.

-Si quieres puedes venir a mi casa.

-¿Puedo?

-Si, te invito a cenar, no puedo dejarte sin comer.

-No quiero molestar.

-No seas tonto, no lo harás.

Dudó unos segundos, no podía abusar de esa manera de ella, pero aquella sonrisa logró convencerlo, era sincera, despreocupada, en verdad lo estaba invitando sin ningún tipo de presión, no era que se viera obligada a ello por lo que aceptó de buena manera la invitación y generosa ayuda.

Recogió sus cosas, guardando con cuidado todas sus pertenencias, no quería perder nada más, entonces fue que notó los ojos azules sobre él, lo estaban observando atentamente, cada acción, cada movimiento, ¿Qué intentaba hacer? ¿Lo estaba espiando? No quiso corresponder el gesto, no la miró en lo que se demoró en ordenar, un poco incómodo, un poco avergonzado.

Caminaron tranquilamente, conversando de cosas triviales, preguntando el destino de los viajes del muchacho y el estado de los estudios de la joven, sin verdadero interés en la conversación, sólo matando el tiempo mientras duraba el camino.

Ukyo abrió la puerta y lo dejó pasar, él se sentó tras el mesón mientras ella preparaba su especialidad, ahora fue él quien quiso ser el espía, observar cada movimiento de la joven, quizás hasta tratar de aprender algo en el camino.

-¿Sabes prepararlo?

-¿Qué? ¿Eso?

-Por supuesto.

-No, mi platillo especial son las sopas instantáneas.

Sintió la risa de la muchacha, era una carcajada limpia, sincera, no era forzosa a lo que él sólo pudo sonreír, entretenido por la diversión de la muchacha y feliz por ser él responsable de aquello.

-Si quieres un día te puedo enseñar.

-No quiero molestarte.

-No es molestia.

-Puedo ser un difícil alumno.

-Pues yo soy una maestra dedicada.

Ryoga vio como le guiñó un ojo y agradeció al cielo que ella volteara después de eso, ya que un extraño calor se acopló en sus mejillas enrojeciéndolas, era algo confuso, no lo entendía, pero no era desagradable, aquella cálida sensación que se expandía en su interior estaba removiendo un poco esa soledad de viajero.

-Listo, puedes servirte.

-Gracias por la comida.

Mientras el joven comía en la barra ella se había sentado frente a él y la ya fría cocina los separaba, él miraba interesado aquel platillo que tenía enfrente, quería devorarlo de un bocado ya que estaba hambriento, pero debía ser cortés, después de todo ella lo había invitado a su casa y le preparó aquella tortilla, tenía que ser agradecido.

Cortó un pedazo y la comió, saboreó cada condimento, la textura, la salsa, estaba exquisita, era la mejor tortilla que había comido en su vida.

-¡Está delicioso! ¡Eres fantástica Ukyo!

No pudo más que exclamar, no encontraba palabras para agradecer aquello, comía bocado tras bocado aquel exquisito plato mientras de reojo veía la sonrisa de la castaña, parecía feliz, después de todo los halagos son bien recibidos por cualquiera, pero él no estaba mintiendo, no era por ser educado que había dicho eso, en verdad estaba delicioso, tanto que sentía una agradable sensación en su interior, algo que le hizo sentir una calidez extraña… entonces fue que reformuló un deseo en su mente, quería aprender a cocinar esa tortilla, quería poder prepararla para regalarla en navidad.

Continuará…