Hi folks!

Muchísimas gracias por el apoyo y la buena onda! Les traigo la actualización más temprano de lo normal pero no creo que pueda actualizar siempre a este ritmo. De todas formas, recuerden que mientras más reviews dejen más lloverán las actualizaciones! ;)

Gracias a todas por sus favs y sus follows!

A continuación, respuestas a las bellísimas reviews que me dejaron!

xoxito: ¿Segura que será él quien controle su propio humor? A mí se me ocurre que puede ser una castaña que nosotros conocemos bastante bien quien lo haga... Con respecto a cómo se desarrolla la relación este cap tiene un giro que responde a varias de esas preguntas! Muchísimas gracias! PD: No creo que Elena pueda sostener por mucho tiempo eso de esquivarlo... digo, teniendo a Damon Salvatore al frente ¿Quién podría?

Belu: ¡Graciasss! Una de las cosas que más me hacen falta con esto es suerte y motivación para continuar!

Jazie: Cuando yo la escribo tengo el mismo sentimiento, siempre quiero más! Es una alegría inmensa que te encante! Gracias por el apoyo y tranquila que si sigo así de inspirada y los comentarios siguen viniendo no tardaré en subir el próximo!

JAZMIN V: Muchísimas gracias! Algo me dice que este te va a gustar un poquito más! ;)

De nuevo, especialmente gracias a mi querida Noe por leer esto y darme la buena onda que necesitaba para comenzar a subirlo!

Ahora sí: el capi.


Breaking Laws

Capítulo 1: We're Only Fire

Tres meses y medio después.

Esa resultó ser una mañana nublada y gris, pero ni siquiera una posible tormenta privaría a Damon Salvatore de llegar temprano a trabajar. Él era la primer persona en llegar al bufete todos los días, y generalmente también era el último en irse. Había muchas razones para eso, que era muy bueno en su trabajo, que siempre tenía muchísimos casos nuevos que llevar adelante y otras razones laborales, pero lo que terminaba haciendo la diferencia para que él decidiera quedarse era algo muy simple: su futura esposa lo esperaba en casa, y en la oficina contaba con la compañía de la preciosa Elena. Si para estar con ella tenía que quedarse hasta la noche trabajando lo haría con gusto.

El bufete estaba desierto y silencioso cuando entró, todo el mundo llegaba luego de las ocho y media y aún faltaban cinco minutos para las ocho, así que podía disfrutar de un poco de tranquilidad. Entró a su despacho directamente, sin hacer una pausa en ningún lado y sonrió como un idiota al ver la taza humeante de café que lo esperaba en su escritorio junto a todos los papeles que había dejado hechos un desastre el día anterior perfectamente apilados y ordenados por orden de importancia.

-No sabía si habías llegado, odio no ser capaz de ver a través de ese estúpido vidrio -se quejó Elena apareciendo de repente por la puerta corrediza que separaba su oficina del despacho de su jefe- Buen día -sonrió acercándose.

La chica llevaba una taza de café a medio tomar en la mano, una falda blanca corta, pegada a sus piernas, una blusa verde oscuro con escote más que generoso y su cabello estaba ligeramente rizado. Damon sonrió al recorrerla con la vista, deteniéndose en los zapatos color verde con taco aguja ¿Qué tendrían los zapatos de mujer que lo volvían loco de aquella manera? O quizás solo eran las piernas de la señorita Gilbert lo que tenía ese efecto en él.

Damon había sido el primero en llegar por años, pero desde hacía casi cuatro meses, Elena siempre estaba esperándolo cuando él llegaba a la oficina, no sabía cómo lo hacía, pero le había quitado con una rapidez increíble las llaves a Elijah y ahora era ella la encargada de abrir por las mañanas.

-Buen día señorita Gilbert -sonrió Damon extendiendo una mano hacia ella y la chica se acercó a él alegremente.

Como cada mañana, Damon besó la suave piel de la mano de Elena y tiró de ella con fuerza hasta que terminó sentada sobre sus piernas. Ese era el momento en que su día realmente comenzaba, cuando sentía el cálido cuerpo de la chica entre sus brazos y escuchaba su risa. Con una sonrisa traviesa, Damon enredó una mano en el cabello de la chica mientras ella dejaba rápidamente la taza en el escritorio de su jefe. Se tomó solo un segundo más para apreciar la perfección de sus labios pintados de rojo y cuando vio como ella entreabrió la boca con ansiedad se dejó vencer por la tentación y se zambulló en un profundo beso lleno de pasión y de caricias. A veces se preguntaba si alguna vez se cansaría de besarla…

-Mmm… -gimió suavemente Elena cuando sintió los labios de su amante dirigirse hacia su cuello.

Damon gruñó salvajemente al sentir como la chica arqueaba la espalda para que sus cuerpos estuvieran más cerca y regresó a besar sus labios como si dependiera de ellos para que su corazón siguiera latiendo. Y la verdad es que así era.

El beso se extendió por varios minutos que se hicieron eternos, ambos se besaron con pasión y entrega mientras se acariciaban con cuidado de no desacomodar demasiado la ropa. Después de todo en unos minutos tendrían compañía.

-Luces cansado -susurró Elena con la respiración un poco agitada, acariciando con las puntas de sus dedos las manchas oscuras debajo de los ojos de Damon- No dormiste bien.

No era una pregunta, era una afirmación. Otra prueba de lo mucho que la chica había llegado a conocerlo.

-No -admitió él enredando un mechón de su cabello en uno de sus dedos- Discutí con Rebekah hasta tarde y luego no me pude dormir.

-Oh… -musitó la chica algo incómoda y trató de distraer la conversación comenzando a repartir besos húmedos por el cuello de su jefe.

Él se arrepintió por un momento de haber traído a Rebekah a la conversación, pero esos pensamientos se esfumaron de sus pensamientos cuando sintió a la dulce Elena soplando su cuello sobre un camino húmedo que ella misma se había encargado de marcar con sus besos.

-Si fuera tú, no jugaría tanto con fuego, Elena -advirtió él y sintió inmediatamente la de la chica que se apartó de él después de succionar el punto débil de su cuello por unos segundos- Recuerda que no puedes marcarme…

Elena asintió y se incorporó ágilmente, alejándose del cuerpo de Damon con rapidez. Mientras él se acomodaba sin avergonzarse la erección que empezaba a formarse entre sus piernas pensó en que seguramente no habría en el mundo criatura tan bella como lo era Elena Gilbert, excitada y despeinada, acomodándose la ropa en su despacho.

-Recibí las notificaciones del caso Smith y ya tengo copias certificadas de las fotografías que íbamos a usar como pruebas -comenzó a informarle mientras se acomodaba la falda- Anoche terminé de escribir el alegato, solo necesito que lo revises y lo firmes para presentarlo en el juzgado.

-Fantástico -se alegró Damon parándose para acercarse a ella desde atrás y dejar un par de besos en su cuello mientras ella se acomodaba la blusa- Eres brillante.

-Esta mañana tenemos la última audiencia de Anabela Martins. Van a dictar la sentencia y por cómo transcurrió el juicio no le van a dar menos de doce años en prisión al hijo de puta que mmm... quiso quemar su casa con ella dentro -continuó informando Elena mientras disfrutaba de las caricias del abogado que recorría sus costillas hasta llegar a subir las manos para copar sus pechos masajeandolos lentamente.

-Mmjm -medio gimió, medio asintió Damon sintiendo como la chica frotaba suavemente su trasero en su creciente erección.

-Luego de volver del juzgado tienes una entrevista con dos nuevos casos. Para mañana a primera hora voy a tener listos esos expedientes. Ah… -esta vez, terminó su frase con un gemido entrecortado al sentir que Damon acariciaba sus muslos acercándose peligrosamente a su entrepierna con una mano mientras la otra seguía dándole toda la atención a su pecho izquierdo.

-¿Conseguiste los resultados de la autopsia de los Johnson? -preguntó con voz grave, inclinándose para besarle el hombro.

-Sí, pero no podré contarte nada si sigues haciendo… mmm… eso.

-Haz un esfuerzo por mí -pidió Damon contra su piel, entretenido succionando la piel de la base de cuello de la chica.

-Vas a marcarme -advirtió Elena.

-Lo sé -respondió convencido, rodeándole la cintura con los brazos aún más fuerte- Cuéntame sobre esos resultados.

-Por supuesto que fue un asesinato -comenzó Elena intentando mantener su voz lo más firme posible- Él murió alrededor de una hora después que ella y sus heridas en la zona abdominal fueron autoinfligidas, quieren hacer una segunda autopsia y pericias en… ahh… -gimió apretándose contra él.

-¿Pericias donde?

-Quieren volver a hacer pericias en el departamento para saber si efectivamente se suicidó.

-Tenías razón.

-Siempre la tengo, Damon -suspiró la chica cuando él soltó su cuello y volteó para besarlo con fuerza.

-Están investigando su registro telefónico porque podría haber cometido todo eso bajo coacción -dijo la chica a un par de centímetros de sus labios mientras recorría con las manos el pecho de su jefe sobre la tela de su camisa.

-¿Pruebas?

-La policía encontró una nota escondida entre su ropa. Su hermana me lo dijo así que envié un escrito solicitando que abrieran la investigación por esa línea.

-¿Sin mi permiso? -preguntó él arqueando una ceja mientras inmovilizaba las muñecas de la chica contra su pecho. Una sexy sonrisa provocadora y llena de confianza se extendió por los labios de la chica durante el largo momento en que simplemente se miraron a los ojos con las chispas saltando a su alrededor.

-Sin tu permiso -repitió ella desafiante, alzándose sobre las puntas de sus pies para que cada vez que decía una palabra sus labios acariciaran los de Damon.

El chico negó con la cabeza con una sonrisa llena de incredulidad y la recompensó con un profundo e intenso beso que la dejó sin aliento. A veces lo sacaba de quicio, pero adoraba su carácter desafiante y prepotente.

-A veces casi me da pena llevarme el crédito por tu maravilloso trabajo -confesó Damon mirándola con los ojos llenos de deseo.
No solo era una mujer hermosa y una diosa en el sexo, también era brillante e inteligente, y con el tiempo no sólo se había convertido en su asistente, sino en su compañera indispensable a la hora de trabajar. Todo era más sencillo y divertido desde que Elena había llegado. Desde la primera vez que comenzó a trabajar con ella volvió a encontrar aquella vieja pasión que lo llevó a estudiar derecho hacía ya varios años y que con el tiempo había olvidado.

-Desgraciadamente, hasta que no termine la carrera, esta será la única forma en la que pueda trabajar.

-Te deseo, Elena -soltó Damon mirándola de arriba abajo, acariciando cada curva de su piel con la mirada.

La chica se mordió el labio inferior llevándose la mano hacia el cuello, donde sabía perfectamente que Damon acababa de dejarle una marca con sus labios. Miró el reloj sacando cuentas mentales y, a su pesar, negó con la cabeza.

-Hoy no -sentenció la chica- Hayley tiene una entrevista a las 8:25, así que ella y Klaus ya tienen que estar por llegar.

-¿Cómo sabes todas esas cosas? -preguntó Damon alucinado, ella jamás dejaría de sorprenderlo. Parecía tener alguna especie de poder mágico que le permitía saber absolutamente todo lo que pasaba en el bufete.

-Solo trato de hacer bien mi trabajo -sonrió la chica empujándolo hasta su silla y se sentó a horcajadas sobre él sin un ápice de vergüenza- Tienes labial rojo en todas partes -rió.

Sin dejar de mirarlo a los ojos, Elena abrió uno de los cajones del escritorio a sus espaldas y sacó un pañuelo y una barra de labial rojo. Era una rutina que se repetía seguido, pero a Damon aún le parecía extremadamente excitante que ella hubiera guardado su labial entre las cosas del escritorio para momentos como ese.

Él disfrutó acariciando casi perezosamente sus piernas solo cubiertas por las medias mientras ella le quitaba con cuidado las manchas con el pañuelo.

-Ah… -exclamó entre el escozor en la piel y la excitación cuando Damon tiró del elástico de su portaligas y lo soltó de repente haciendo que el elástico le golpeara la piel con un pequeño latigazo.

-¿Alguna vez te dije como adoro que uses lencería sexy todos los días? -gruñó Damon acercándose a susurrar en su oído.

-Ayuda a con la confianza -rió Elena tirando de su cabello para alejar el rostro de Damon de su cuello y así poder terminar de limpiarle los restos de maquillaje.

-¿De qué color es? -preguntó él permitiéndole terminar sin molestarla.

-Prefiero dejárselo a tu imaginación -dijo ella traviesa y luego le extendió el pañuelo- Tu turno.

Damon limpió con extremo cuidado el borde de sus labios que había terminado manchado de labial rojo por todas partes. Cuando su piel volvió a estar limpia, le dio varios besos rápidos y cortos para emborracharse de ella ya que más tarde no podrían volver a besarse y finalmente recibió la barra de labial de las manos de la chica.

Elena se alejó el cabello del rostro y entreabrió la boca para dejar que Damon le pintara los labios con su habitual color rojo.

-Preciosa -susurró guardando de nuevo el lápiz labial en su cajón cuando terminó.

-Tenemos compañía -se lamentó la chica enderezándole el nudo de la corbata cuando escuchó movimiento en el piso de abajo.

-Dios… no quiero soltarte -murmuró empujándola desde el trasero para sentirla más cerca.

-Vamos a meternos en problemas.

Damon dejó caer la cabeza hacia atrás en señal de rendición y Elena se entretuvo un segundo más acariciándole la línea de la mandíbula antes de levantarse con agilidad.

-¿No tienes nada más que decirme antes de que suba alguien? -preguntó Elena alzando una ceja insinuante.

Él volvió a acomodarse el bulto entre los pantalones mientras disfrutaba de la visión de Elena acomodándose la falda blanca frente a él y se acercó al escritorio a prender su laptop para empezar un día de trabajo.

-¿Hoy es martes? -preguntó Damon apartando la vista de ella, intentando dejar atrás su juego para concentrarse plenamente en el trabajo.

-Sí, martes 22 de junio, si eso te dice algo -contestó la chica molesta de repente.

-Necesito que arregles mi agenda para mañana, el jueves y el viernes. Me voy a Washington, me invitaron a una conferencia sobre derechos humanos así que saldré de la ciudad por esos días -informó fríamente.

-¿Una conferencia? -alucinó la chica más que interesada y tuvo que hacer un esfuerzo para esconder su envidia y tristeza, ella soñaba con especializarse en el tema.

-Sí, te contaré los detalles cuando regrese. El café se enfrió.

-¿Eso es todo? -preguntó Elena incrédula.

-No necesitas una excusa para quedarte más tiempo aquí si eso es lo que quieres -insinuó Damon sonriéndole sin apartar la vista de la pantalla- Pero primero me gustaría que me calientes el café.

-Odio cuando te comportas como un idiota -se quejó Elena, con el buen humor completamente arruinado y se acercó hasta el escritorio para llevarse la taza y cambiarla por una nueva.

-Ocúpate de la agenda después de mi café y regresa conmigo para prepararte para la audiencia.

-¿Tengo que ir al juzgado?

-Dos cabezas piensan mejor que una, Elena. Y realmente me ayudaste mucho en ese caso así que mereces estar ahí para cuando dicten la sentencia.

-Bien -asintió ella en tono cortante y salió de su despacho sin decir nada.

En la sala de recepción del área penal ya la esperaba Davina, su asistente, que estaba ocupada pasando una pila de notas a mano al ordenador.

-Buen día, Dav -saludó Elena cuando llegó al escritorio de la joven.

-Hola, Lena ¿Estás bien? -preguntó arqueando una ceja ante su rostro contrariado.

-Al parecer a las ocho de la mañana nuestro jefe ha decidido comenzar a amargar mi mañana -resumió Elena acercándose a saludar a su compañera con un beso en la mejilla.

-No deberías llegar tan temprano, él siempre está de mal humor temprano.

Elena tuvo que morderse la lengua para no comenzar a hablar de cómo de buenas solían ser sus mañanas cuando tenía suerte de pasar un par de momentos sola con Damon en su despacho… El mal humor del que Davina hablaba tenía más que ver con que siempre los interrumpían cuando estaban juntos.

-Quizás -se limitó a responder la chica- Tengo que ir a calentar el café del "señor".

-Yo estoy por ir a preparar café ¿Quieres que lo caliente?

-Sí, gracias. Yo tengo que ponerme a hacer un par de cosas.

-No te preocupes. Vuelvo enseguida.

-Estaré en mi oficina, ¿Puedes llevarle el café tú? Tengo que reorganizar su agenda por tres días y creo que voy a tener varios problemas con eso… -comentó Elena empezando a sentirse agobiada desde temprano.

-Tranquila, yo me encargo, nos vemos en el almuerzo.

De mal humor, Elena se fue por el pasillo hasta su oficina y se dejó caer en la cómoda silla de su escritorio. En momentos como ese, odiaba el hecho de que Damon pudiera verla a través del cristal que de su lado no le devolvía más que su reflejo...

Prendió su ordenador y en lo que tardaba sacó su móvil para enviarle un mensaje a su mejor amiga.

"Me debes 50 dólares. Te dije que él no lo recordaría. Gané la apuesta ;)" E

Un instante después, la respuesta brilló en la pantalla.

"A veces pienso que tu jefe no puede ser más idiota. Luego hace cosas como estas. El hombre se supera a sí mismo todos los días ¿¡Cómo pudo no recordarlo!?" C

Elena sonrió ante el mensaje. No es que ella no supiera que Damon era un idiota, pero dicho con esas palabras resultaba gracioso. La noche anterior, había apostado con Caroline, su mejor amiga y compañera de piso, que Damon no recordaría que ese día era su cumpleaños. Damon era la única persona que lo sabía en todo el bufete así que al parecer ese día se quedaría sin felicitaciones en el trabajo. Aunque ella sabía que no lo recordaría, tenía que admitir que fue una nueva desilusión. Pero jamás diría algo como eso en voz alta, nunca dejaría ver que en realidad esas cosas le importaban.

Lo único que le daba una pauta de que lo recordaría era que, hacía ya bastante, cuando cumplieron un mes trabajando juntos, se la llevó a cenar luego de un día de trabajo demasiado largo para celebrar la fecha y hablaron de sus vidas por horas, a Damon le llevó en ese entonces bastante tiempo lograr que Elena le confesara su fecha de cumpleaños, porque a la chica no le gustaba celebrarlo, pero después de molestarla durante casi la mitad de la cena obtuvo el tan preciado dato. Esa noche, por primera vez se rindieron al deseo que venía hirviendo entre ellos desde el mismísimo primer día en que se vieron y finalmente lo hicieron por primera vez, salvajemente y sin inhibiciones, en los baños del lujoso restaurante, luego de haberse pasado toda la cena compartiendo calientes caricias llenas de anhelo por debajo del mantel.

Eso era todo. Así había comenzado su relación… nada romántico ni tierno: solo sexo espectacular contra la pared del baño.

Ambos pensaron en un principio que después de haber desahogado sus cuerpos en ese encuentro las cosas volverían a la normalidad y se guardarían como un cálido recuerdo, pero ninguno de los dos pudo y eventualmente terminaron rindiéndose a lo que sus cuerpos pedían con tanta necesidad y Elena terminó convirtiéndose en la amante de su jefe que dentro de un mes se casaría nada más y nada menos que con Rebekah Mikaelson, una de las herederas de la mitad de la empresa.

"Tengo que trabajar. Te veo en la tarde. Te quiero! xoxo" E

"Feliz cumpleaños, amiga ;) te veo más tarde" -C

Después de despedirse de su amiga y abandonar sus recuerdos, se dejó sumergir en el trabajo. Reorganizar la agenda de Damon era mucho más complicado de lo que parecía y le terminó llevando toda la mañana por lo que no pudo disfrutar de su hora de almuerzo, demasiado ocupada con el resto del trabajo que tenía que terminar.

Estaba de un humor terrible cuando Damon entró a su oficina a través de la puerta corrediza que compartían con el nudo de la corbata deshecho y se acercó a su escritorio. La chica estaba tan concentrada en la pantalla que ni siquiera fue consciente de su presencia por lo que Damon se limitó a observarla por unos minutos.

-El doctor Salvatore estará disponible la semana que viene para reprogramar su entrevista señora Greene, no se preocupe -hizo una pausa poniendo los ojos en blanco exageradamente- Claro que sí. Nada en particular, razones personales. Sí.. Se encuentra bien -se llevó un lápiz a la boca mordiéndolo nerviosamente. Cuando lo alejó, la pequeña goma en la punta tenía marcas de labial rojo. Elena contuvo un bufido y finalmente se despidió- Gracias a usted y disculpe las molestias, señora Greene. Hasta la semana que viene.

Cansada después de su última llamada, Elena colgó el teléfono completamente abatida y tecleó rápidamente en la computadora el último cambio en la agenda de su jefe guardando todos los cambios en el sistema justo antes de mandar a imprimir los nuevos horarios. Dejó descansar la espalda en el respaldar de la silla por un momento y cerró los ojos suspirando para descansar la vista unos instantes.

-Ese pequeño suspiro de placer cuando terminas el trabajo es una de las cosas que más me gustan de ti.

La voz traviesa y coqueta de Damon la perturbó instantáneamente y abrió los ojos focalizando su vista en el hombre de traje armani con una corbata sin atar que se apoyaba casi amenazadoramente en su escritorio.

-Terminé con tu agenda si eso es lo que vienes a averiguar.

-En realidad me preguntaba por qué la adorable Davina vino a traerme mi café y no tú. Quería deleitarme un segundo con tu compañía señorita Gilbert.

-Lamento informarle, señor, que sus deseos no son recíprocos -contraatacó la chica.

Jamás lo habría admitido, pero estaba molesta porque aún a mediodía Damon no recordara el día que era ¿Es que en serio eso que tenían significaba tan poco para él? ¿Ella significaba tan poco para él?
No, mejor no buscaría respuesta a esa pregunta…

-Quizás dices eso, pero puedo sentir tu excitación cada vez que estamos a solas en una misma habitación, Elena. -la desafió él acercándose en un par de pasos hasta estar a punto de besarla en los labios.

-No -interrumpió la chica apartándole el rostro con una mano- Estoy trabajando, Damon.

-Me estás rechazando… ¿Estás bien?

-No empieces con las preguntas. No va con lo que nosotros somos. Eres mi jefe y yo tu secretaria. Y tenemos sexo. Eso es todo. Tú estás a punto de casarte y yo tengo otra vida. No charlamos ni nos preocupamos el uno por el otro ni nos preguntamos "¿Estás bien?" -soltó Elena de corrido completamente alterada y Damon se sintió mal al instante por lo que se quiso acercar a acariciarle la mejilla pero ella lo apartó un delicado manotazo- ¡Y tampoco nos acariciamos como un estúpido par de amantes enamorados!

Damon la miró profundamente a los ojos por un momento y asintió ante la verdad de sus palabras, incapaz de encontrar ningún argumento cierto para discutir con ella.

-¿Vendrás conmigo al juzgado?

-Sí ¿Cuándo?

-Venía a buscarte ahora. Tenemos que estar en camino dentro de diez minutos.

-Bien -suspiró Elena.

Sin decir nada más, asintió y sacó un espejo para retocar sus rizos y su maquillaje en unos segundos. Se colocó un poco más de maquillaje y después de apagar su laptop y ordenar un poco los papeles en el escritorio se dirigió al centro de la habitación. Donde Damon peleaba para anudarse la corbata.

-Déjame a mí -dijo la chica un poco más calmada y se apresuró a quitarle el desastre que estaba haciendo con la corbata de las manos.

-Todo suyo -sonrió Damon rozando sus dedos más de lo necesario antes de alzar las palmas de las manos en señal de rendición.

-Lo lamento -se disculpó finalmente ella con un suspiro mientras comenzaba a atar el nudo- Es que estoy algo nerviosa. No te preocupes…

-Tampoco dijiste nada que sea mentira -murmuró él fingiendo que no le afectaba- Lo único que nosotros tenemos es sexo.

-Sí -asintió ella rozándole casualmente el pecho mientras terminaba el nudo.

-Aunque debo confesar que me encanta tener solo sexo contigo, Elena -dijo Damon con voz ronca haciendo que las manos de la chica temblaran y se inclinó hacia ella hasta susurrarle al oído- Caliente, incorrecto y maravilloso sexo contigo -puntualizó succionando el lóbulo de su oreja.

Un estremecimiento recorrió la espalda de la chica de arriba abajo, y soltó un profundo suspiro, llenándose los pulmones con el embriagador perfume de Damon.

La chica alzó sus enormes y brillantes ojos marrones hacia su jefe. Sus rojos y sensuales labios estaban entreabiertos, casi suplicando por ser besados, y su aliento se mezclaba peligrosamente en el reducido espacio que los separaba.

-No podemos llegar tarde -susurró Damon más para sí mismo que para ella, acariciando el hinchado labio inferior de Elena con su pulgar. Ella sonrió cuando bajó la vista a su dedo y descubrió la mancha roja de pintalabios en su piel.

-Esto está listo -susurró Elena cuando hubo terminado con la corbata y bajó la mirada para comprobar que el nudo estuviera derecho.

-Perfecto ¿Nos vamos?

Los ojos de Elena brillaron ansiosos y asintió sin decir nada más. Tomó su portafolios del escritorio y los dos salieron juntos de la oficina.

La mañana en el juzgado se hizo larga y tediosa como ninguna otra. Pese a que quería aparentar seguridad, Damon sabía que Elena estaba nerviosa ya que aquel era el primer caso en el que realmente ella había intervenido mucho. Habían trabajado juntos en aquello por dos meses y Elena había atendido a su cliente varias veces, terminando por tener una relación cercana con ella.

Ellos habían pedido quince años de prisión sin posibilidad de libertad condicional por buen comportamiento, la defensa del criminal quería evadir la cárcel reemplazandola por un tratamiento psiquiátrico y dos años de prisión domiciliaria. Cuando Elena había escuchado ese alegato por primera vez tuvo que contenerse para no comenzar a insultar en medio de la sala.

La última audiencia del caso Martins se hizo esperar y, como siempre sucedía en momentos así, fue un momento largo y tenso. Tanto la joven como su agresor estaban presentes en la misma sala y el clima era terriblemente tenso. Elena estaba sentada entre Anabela, su cliente, y Damon, mientras escuchaban la resolución del presidente del jurado.

-Visto y considerando lo anteriormente expuesto -comenzó el presidente luego de haber expuesto todas las pruebas que se recaudaron a lo largo del juicio completo- Resolvemos: sentenciar a Logan Caleb Johnson culpable por los cargos de intento de asesinato calificado, agravado por el vínculo con la víctima.

Elena sintió a su clienta temblar a su lado y cruzó una mirada con Damon que le sonreía orgulloso, todo parecía ir perfecto hasta que el presidente continuó hablando.

-Condenando al acusado con la pena de reclusión en cárcel común por cinco años. Si el acusado presenta buen comportamiento durante su encierro, podrá acceder al beneficio de libertad condicional después de cumplido el primer año de la pena.

-¿Qué? -susurró Elena incrédula, Damon apretó los puños escuchando más atentamente y la chica se sintió llenar de furia cuando escuchó a su clienta llorando a su lado- ¡Objeción! -gritó fuerte y claro parándose inmediatamente.

-Elena -la reprendió Damon severamente en un susurro apretando su muñeca para que volviera a su lugar pero la chica se sacudió de su agarre sin pensarlo dos veces.

-Denegada, señorita -le contestó el juez sin darle más importancia y Damon pudo ser testigo de cómo el rostro de Elena se teñía de rojo.

-¡Esa sentencia es una injusticia señor juez! -volvió a intervenir Elena intentando no perder la compostura.

Esta vez, Damon le pegó un tirón más fuerte del brazo hasta que la chica volvió a sentarse.

-No seas idiota -murmuró regañándola mientras la voz del presidente volvía a llenar la sala.

-¡Es injusto! -vocalizó la chica y Damon sintió ganas de zamarrearla como una niña chica cuando vio que sus ojos brillaban con las lágrimas provocadas por la ira y la impotencia. No debía reaccionar así. No podía reaccionar así.

-Cállate, Elena. Nos estás dejando en ridículo.

-Me importa una mierda tu imagen, Damon ¿Vas a dejar que una injusticia se cometa frente a tus ojos?
-¡Silencio en la sala! -exclamó el juez mirándolos con ojos severos.

-No vuelvas a abrir la boca -la amenazó Damon agarrándola del brazo para mantenerla quieta.

La audiencia no duró mucho más que eso y pronto salieron los dos juntos. Apenas pisaron la vereda, Damon soltó a Elena que comenzó a gritar instantáneamente.

-¡Ese hijo de puta trató de matarla! ¡Y tú te quedaste callado viendo como le dan cinco años de cárcel! -le reprochó la chica al borde del llanto.

-¡Casi arruinas todo! Nunca más te voy a traer al juzgado si te comportas como una idiota ¡Sabes perfectamente que las emociones se tienen que quedar afuera del trabajo! -comentó Damon exasperado mientras los dos caminaban hacia el auto.

-¿Eso es lo que haces? ¿Quedarte cruzado de brazos mientras pasan estas cosas? ¡Se supone que trabajamos para que estos hijos de puta no anden sueltos!

-¡No somos los malditos héroes de brillante armadura, Elena! -soltó Damon, alzándo la voz casi tanto como ella mientras se pasaba una mano por el cabello- ¿¡Crees que a mí no me frustra esa estúpida resolución!?

-¡Entonces tendrías que haber hecho algo!

Siguieron gritándose en medio de la calle hasta que llegaron al auto de Damon, un audi negro que se abrió cuando Damon desactivó la alarma. La chica entró en el asiento del acompañante y azotó la puerta con furia, aventando su portafolios hacia la parte de atrás llena de frustración.

-¡Mi auto no tiene la culpa de que no sepas manejar tus emociones!

-¡Ya basta! -gritó ella- ¿¡No ves que no estoy de humor!?

-Me importa una mierda tu humor, Elena. Si quieres hacer eso de tu vida tendrás que acostumbrarte a que las cosas son así. Siempre va a haber un abogado que encuentre un laguna legal para salvar algún hijo de puta como el de hoy. Y algunas veces no podrás hacer nada para evitarlo.

Elena no contestó así que él soltó un largo suspiro mientras se aflojaba un poco el nudo de la corbata que parecía estar asfixiándolo y arrancó el auto. Ella se mantuvo en completo silencio mientras atravesaban el centro. Se había hecho mil fantasías estúpidas sobre su primer cumpleaños con Damon pero que él le gritara todas esas cosas sin un mínimo de consideración y que no recordara la fecha no había sido una de ellas. Quería llorar, de hecho quería llorar desde la mañana y también quería darse en la cabeza con un martillo por ser tan idiota y dejar que esas cosas le importaran. Damon bien le había dicho que no tenía que involucrar sus emociones en el trabajo, supuso que eso también se aplicaba a su relación con él.

-¿Qué haces? -preguntó cuando frenaron en el estacionamiento subterráneo del edificio donde se encontraba el bufete. Ni siquiera se dio cuenta de que habían llegado pero le sorprendió que Damon dejara el auto en aquella esquina oscura, siempre lo dejaba en el estacionamiento de afuera, justo a dos metros de la salida siempre al aire libre.

Damon no le respondió, bajó del auto, le abrió la puerta y tiró de ella hacia afuera. Antes de que Elena pudiera protestar sintió sus labios estampandose con los suyos. La besó con ferocidad, enredando sus manos en su cabello castaño, arrancándole la respiración instantáneamente.

-Necesitamos liberar tensiones. Tú estás estresada por la sentencia, yo todavía quiero asesinarte por gritar en medio del juicio como una loca. No podemos trabajar así…

Sin pensarlo, Elena le cruzó la mejilla con una cachetada y Damon soltó una carcajada arrogante.

-Adoro cuando te pones así -dijo con voz grave, inmovilizándole ambas muñecas- Pero ni se te ocurra volver a golpeame -amenazó peligrosamente.

Ella estaba por contestar, pero su beso se llevó las palabras que aún no habían sido dichas. Se ocupó de sostener sus muñecas con una sola mano y la empujó con su cuerpo contra la pared más cercana. Elena se revolvió por un rato pero pocos segundos después sus quejidos se transformaron en gemidos de placer mientras Damon la besaba con locura y apretaba cada trozo de piel que se encontraba descubierta con su mano libre.

No podían quitarse la ropa por razones obvias y la adrenalina causada por el peligro de ser descubiertos rápidamente extendió la pasión por sus cuerpos como si fuera una chispa en un pastizal seco.

Ella se sostuvo del hombro de Damon instintivamente cuando él levantó una de las piernas de la chica enredándola en su cadera para poder acariciarla más fácilmente. El último rastro de resistencia desapareció de la consciencia de la chica cuando escuchó el susurro de la tela de su ropa interior desgarrada por los hábiles dedos de Damon.

-Estuve pensando en esto casi toda la mañana… rosa -comprobó observando el color de la tela rota entre sus manos, aún no olvidaba que en la mañana la chica no había querido responderle esa pregunta- Me gusta.

-En serio me gustaban esas… -se lamentó Elena fingiendo un puchero y peleó para liberar sus manos del agarre de Damon pero, en lugar de soltarla, él elevó sus manos por encima de la cabeza de la chica, sosteniendola por las muñecas sin esfuerzo aparente.

-No tenemos mucho tiempo -susurró Damon contra su cuello, deleitándose con su pulso acelerado.

Elena tuvo que morderse fuertemente el labio inferior cuando sintió los hábiles dedos de Damon comenzando a acariciarla entre las piernas, extendiendo la humedad por toda la piel de aquella sensible zona. Esa era una de las cosas que adoraba de la chica, siempre parecía estar lista para él, siempre ansiosa y caliente bajo su toque.

-Nunca voy a tener suficiente de ti... -confesó Damon permitiendo a sus labios llegar al inicio de los pechos de la chica que se estremeció con más intensidad cuando él comenzó a succionar en su piel.

Sabía que no tenía que dejarle marcas, a ella no le gustaba que la marcara, pero era imposible resistirse a su piel. Su sabor era tan malditamente adictivo que simplemente no podía parar.

Él volvió rápidamente a los labios carmesí de Elena cuando la sintió sacudirse para que le soltara las manos, apagando una queja con un intenso beso que la dejó con la respiración más que agitada.

-Ah-ah-ah -negó con expresión divertida- Quédate quieta -le susurró suavemente al oído.

Sus ojos se encontraron por un breve instante. El deseo, ahora completamente desatado brillaba en las miradas de ambos. Damon le regaló una de sus mejores sonrisas torcidas mientras jugaba con los dedos entre sus piernas, provocando que la chica se agitara aún más para que la soltara. Un gemido de aquellos labios femeninos fue acallado rápidamente con un exigente beso cuando él la penetró con un dedo sin ningún tipo de anticipación. El corazón de Elena se saltó un latido antes de devolverle el beso con igual pasión y comenzar a moverse contra su mano.

-Me vuelves loco -soltó Damon marcando un ritmo enloquecedor con sus dedos.

-Déjame tocarte -jadeó la chica entre beso y beso y él sonrió satisfecho ante el tono más que excitado de su voz soltando lentamente sus muñecas. Las manos de ella volaron hacia su pecho, sintiendo con regocijo los vibrantes latidos de su corazón a través de la camisa.

-Más… -susurró a pocos centímetros del oído de Damon, sabiendo lo mucho que le afectaba que dijera esa pequeña palabra en momentos como ese e instantáneamente él se apretó contra ella con más fuerza.

Usó su mano libre para apretarle el trasero impulsándola levemente hacia arriba al mismo tiempo que sumaba un segundo dedo a las caricias en su interior. Elena se arqueó contra él conteniendose para no hacer ruido y pegó un pequeño saltito para enredar su otra pierna alrededor de la cadera de Damon. Entre la oscuridad y su vista medio nublada por el placer, a Elena le costó bastante acertar a la hora de desabrochar el cinturón de Damon pero una vez que lo hizo, las cosas pasaron bastante rápido.

Ambos sabían que no disponían de demasiado tiempo y, aunque lo hubieran tenido, dudaban ser capaces de contenerse mucho más así que tan pronto como Elena se las arregló para liberar el miembro de Damon de sus pantalones él la penetró profundamente mirándola a los ojos. Elena echó la cabeza para atrás y ambos disfrutaron de su intensa conexión por un breve segundo. Incluso con más urgencia que antes, Damon regresó a besar el cuello de la chica que enredó sus dedos en el cabello negro de su amante empujándolo más profundo con sus piernas. Cada vez que se movía su cuerpo chocaba contra la pared produciendo un sonido sordo que junto al húmedo susurro que provocaba el roce de sus cuerpos y los gruñidos llenos de placer de Damon junto a su oído se volvían la música más excitante para Elena que movía las caderas al compás de las embestidas de Damon como si su vida dependiera de ello.

La ira y la impotencia que quedaban después de su terrible visita al juzgado se mezcló con la lujuria y el deseo en un cóctel peligroso y sus movimientos se volvieron cada vez más rápidos y salvajes. Esta vez no se tomarían tiempo para experimentar con distintas posiciones ni a explorar sensaciones cada vez más arriesgadas. Simplemente se enredaron el uno alrededor del otro moviéndose frenéticamente en búsqueda de su propia liberación.

Elena tuvo que esconder el rostro en el hombro de Damon ocultando los gemidos contra la tela de su saco sintiendo como todos los músculos de su cuerpo se tensaban hasta puntos inimaginables por el placer.

-Por favor… -suplicó casi inconscientemente- Ya casi llego… -gimió en su oído.

Ante su voz llena de excitación, Damon la apretó con más fuerza contra la pared, apretando su trasero con más fuerza aún y se permitió succionar en la piel del delicado cuello de la joven que le clavó las uñas en la parte de atrás de la cabeza tirando de su cabello completamente abrumada por la intensidad de sus sensaciones.

Cuando el orgasmo los golpeó, casi al mismo tiempo, ahogaron un grito lleno de placer en las profundidades de sus besos. Elena se aferró a los hombro de Damon y éste se derrumbó contra la pared, aplastando deliciosamente a la chica que luchaba por recuperar la respiración con los labios a escasos centímetros del oído de su jefe que aún la sostenía con fuerza manteniéndola pegada a la pared.

-Maldita sea… -susurró la chica, sin moverse ni un centímetro- Eso fue -suspiró aflojando la presión con la que se aferraba al cabello de Damon- Wow…

-Sí… -asintió él con la respiración todavía agitada y levantó una mano para acariciar el cabello de Elena, ligeramente húmedo en las raíces por el sudor producido por su arrebatado encuentro.

Silencio. Era el silencio más lleno de paz y relajación del mundo. En momentos como ese casi no le importaba que el idiota hubiera olvidado su cumpleaños. Elena se removió, abrazándolo con más fuerza tanto con sus brazos como con sus piernas cuando sintió que Damon comenzaba a apartarse y disfrutó de la pícara risa masculina contra su piel.

-No… -suplicó Elena aún con el pulso acelerado- Un segundo más.

-Mmm… -ronroneó Damon en su oído- No tienes idea de lo sexy que es oírte pedirme que me quede dentro de ti.

-Sí -susurró la chica con voz grave, plenamente consciente del efecto que sus palabras tenían en él- Por favor -repitió repartiendo un camino de besos sutiles alrededor del oído de Damon.

Él la estrechó aún más cerca si era posible causando una excitante fricción allí donde sus cuerpos se convertían en uno solo y alzó el rostro para besarla profundamente por un par de largos minutos.

-Tenemos que volver al trabajo -se lamentó Elena y disfrutó de un último beso antes de bajarse ella misma de los brazos de Damon con un pequeño saltito.

Él se mordió los labios contemplándola mientras se acomodaba los pantalones y el resto de su traje, que había quedado arrugado por la pasión compartida. El cuello de Elena estaba cubierto por una fina capa de sudor, decorado por una dulce marca roja que él había hecho con sus propios labios y su rostro satisfecho y sonriente le gritaba al mundo que acababa de tener sexo fantástico. Su cabello estaba algo húmedo y completamente alborotado, su blusa arrugada y su piel ligeramente enrojecida. Pero lo mejor de todo fue el verla acomodándose la falda refunfuñando porque él había destrozado su ropa interior.

-¿Disfrutas la brisa? -se burló acercándose a abrazarla por la espalda.

-Qué gracioso… -gruñó la chica.

Damon le quitó el aliento por completo cuando usó los retazos rotos de su ropa interior para limpiarla entre las piernas haciendo que su corazón se saltara un par de latidos y finalmente arrojó la tela a un rincón oscuro del estacionamiento.

-Hueles a sexo -puntualizó enterrando la nariz en el cabello color chocolate de una Elena atravesada por los escalofríos que le generaba su voz grave y llena de pasión.

-Sexo maravilloso -rió la chica antes de apartarse del todo con una sonrisita traviesa- Tenemos trabajo esperándonos y por si te lo preguntabas, aún estoy enfadada contigo así que no me molestes -advirtió deshaciéndose de su abrazo.

Damon negó con la cabeza conteniendo una risa mientras la chica se alejaba de él dejando atrás nada más que el repiqueteo de sus tacones. Sabía que algún día Elena iba a terminar volviéndolo loco, pero él jamás podría permitir que las cosas fueran de otra manera.


Puedo apostar que no era exactamente lo que esperaban o no?

Porque soy muy buena, les dejo spoilers: al mejor estilo TVD. Dos verdades, tres mentiras ;)

- Sexo desenfrenado en el escritorio.

- Elena se encuentra con Rebekah.

- Damon le hace un regalo a Elena por su cumpleaños.

- Elena sale con Kol en una cita.

- Elena discute con su compañera de piso.

¿Qué opinan? Quiero escuchar (leer) sus pensamientos! Cuáles creen que serán las verdades?

Espero que les haya gustado como empieza a desarrollarse la historia!

Besos!