¡Hola! Gracias por vuestros Review, MP, favoritos y alertas. Gracias! En recompensa os traigo un nuevo capítulo. º*Montenegro*º

Se subió al borde y observó cómo saltaba yo para ponerme a su lado. Vi cómo me miraba, pero no la cara. Seguí su mirada y me ruboricé furiosamente.

-¡Eh! ¡No seas pervertido!- grité, intentando cubrirme. Él simplemente se levantó. Se acabó. Pensé. Se lo va a contar a todo Hogwarts. Seguí pensando, horrorizada. Pero cuál fue mi sorpresa cuando volví a sentir su presencia a mi lado. Se sentó y me tiró su camisa.

-Póntela- ordenó, yo le obedecí inmediatamente.

-Gracias- susurré. -¿Y bien? ¿De qué quieres hablar?

-Quiero saberlo todo.- dijo. Al ver que no respondía volvió a hablar:

-Tú eliges o sólo lo sé yo o lo sabe todo Hogwarts. –dijo a modo de amenaza.

-Está bien.-me rendí. Y empecé a narrarle al completo mi historia.

-Eres una sirena.-afirmó

-Sí, pero por favor, no se lo digas a nadie.- supliqué yo.

-¿Y por qué no debería hacerlo?- preguntó con suspicacia. Yo sólo pude derramar unas lágrimas, sabiendo que no tenía un por qué.

Permanecimos en silencio; él me miraba y yo miraba el agua.

-Vale- dijo al cabo de unos minutos.- No se lo diré a nadie.

-¡Gracias!- dije con alivio.

-Pero no esperes que te ayude en esto.- dijo, estuve tentada a responderle, pero preferí callarme mis comentarios, por si acaso.

Vi cómo se levantaba y se ponía de nuevo la ropa. Se puso los pantalones y la túnica, la corbata la guardó en un bolsillo y, a continuación, se dirigió hacia la puerta.

-¡Espera!-grité. Él paró en seco, pero no se dio la vuelta. –Se te olvida la camisa.-susurré los suficientemente alto como para que me oyese.

-Quédatela.-dijo, se volvió y me guiñó un ojo. Acto seguido se fue, dejando cerrada la puerta.

Yo me quedé ahí, esperando a que se me secara la mitad del cuerpo para poder vestirme. Cuando volví a ser humana me puse la falda, la camisa de Malfoy, la corbata escarlata y la túnica encima. Mi camisa de Gryffindor la guardé. Lo bueno de la túnica era que cubría el escudo que había en la camisa de Slytherin. No tenía ni idea de por qué me había quedado con su camisa puesta… Decidí ignorar los hechos y fui hacia mi habitación en la torre de Gryffindor.

Pasada una semana…

Había estado una semana evitando a Malfoy con éxito. Me había convertido en sirena un par de veces y nadie me había vuelto a descubrir. Ni Ginny, ni Luna, ni Harry, ni Ron, ni McGonagall sabían nada, sólo Malfoy. Y, al parecer, había cumplido con su palabra.

Era domingo por la noche e iba en dirección al comedor con mis dos amigas. Entramos, nos sentamos y hablamos. Hubo un momento en la cena en el que Ginny percibió algo por parte de Luna que comentó conmigo.

-Psss- dijo dándome un pequeño codazo en las costillas.

-¿Qué?-susurré yo.

-Luna está extraña.

-Ginny; Luna siempre está extraña.- dije.

-Ya, pero más que antes.- dijo. Yo miré a Luna y vi que era cierto. Mi rubia amiga estaba mirando algo en alguna parte.

-Es cierto- dije yo.

-¡Mira! No me lo puedo creer…- dijo negando con la cabeza, con una sonrisa en los labios.

-¿Qué pasa?- susurré sin entender nada.

-Theodore Nott- dijo ella.

-¿Cómo?- dije y seguí la mirada de Luna, entonces entendí lo que me decía Ginny.

-¡Nott y Luna!-gritó Ginny entre susurros.

-¡Qué fuerte!

-Pero mira a Theo, está guiñándole un ojo a Luna.- dijo Ginny, sorprendida.

-Y Luna le está sonriendo.- dije yo.

-Ya…- pero Ginny se vio interrumpida por unas gotas de agua que caían del techo.

-¡Oh no!- grité yo, al darme cuenta de lo que pasaba. El techo se había descontrolado y estaba empezando a caer un chaparrón de esos que te dejan como si te hubieras metido en una piscina con ropa. Sabía que no me daría tiempo hasta llegar a la puerta sin haberme mojado más de medio cuerpo. Todo el comedor estaba revolucionado. Entonces sentí cómo me echaban algo por encima.

-¡Corre! ¡Ven conmigo antes de que suceda lo peor!- dijo esa voz tan conocida. No dije nada, simplemente le hice caso y corrí con él, bajo su túnica, hasta la puerta.

Cuando ya estaba a salvo del agua, me destapó y comprobó que todavía tenía mis piernas humanas.

-Tranquilo, sólo me he mojado el pelo.- dije yo para calmarlo.

-¡Cómo que tranquilo! ¡Casi te conviertes en sirena en medio de el comedor, Hermione!- se calló bruscamente y yo lo miré sin poder creerlo. Había dicho mi nombre. Y había sonado tan bien en su voz.

-Tranquilo, Draco, no ha pasado nada.- dije yo, probando también a decir su nombre.

Me miró inexpresivamente y volvió a hablar:

-Retiro lo dicho; te voy a ayudar con esto.- dijo en mi oído. ¿Cuándo se había acercado?

Ese momento fue interrumpido por un alumno o, mejor dicho, alumna.

-¡Parkinson! ¿Qué coño haces?- gritó Draco. Asustado. Pansy llevaba un cubo lleno de agua dirigido por su varita con lo que supuse que sería un 'Wingardium Leviosa'. Con un movimiento de muñeca me tiró el cubo de agua al cuerpo… Más de medio cuerpo mojado. ¡Mierda!

-Alejarte de esta asquerosa sangre sucia.-dijo con desprecio.

Expelliarmus!-gritó Draco, y Pansy salió disparada de vuelta al comedor.

-Malfoy…-dije, sintiendo mi cuerpo cambiar. Casi me caigo de no ser porque él me agarró y me alzó en volandas.

-A los baños de prefectos.-dijo, y corrimos hacia allí.