Nos mudamos a la casa cuando teníamos 5 años, pero la leyenda era tan conocida que hasta nuestros entonces compañeros del jardín la sabían: 16 años antes de que nos mudáramos a esa casa, algo extraño había pasado. Una familia muy tradicionalista se había mudado a esa casa. No soportaban casi nada de de la tecnología que había en las ciudades y, como nuestra casa estaba muy a las afueras de la ciudad, vivían allí. Aislados de todos. El padre era el único que trabajaba, la madre se quedaba en la casa, haciendo las tareas domesticas, y el hijo mayor, Jacob, que se había graduado antes del colegio pero que era muy joven para poder entrar a trabajar, reparaba autos en el garaje. Pero no eran los únicos que vivían en la casa, también estaba la hija, un año menor que Jacob. Ella se llamaba Irina. Los hermanos tenían 19 y 18 años, cuando al padre, saliendo de trabajar por la noche, lo mataron de un balaso. La madre, que se habia casado con el porque la habian obligado, no se puso muy triste que digamos por la muerte de su esposo. Estaba triste, si, pero no como una esposa deberia estarlo...