Capítulo II:
¿Quién lo sabe?
Salón de Clases.
"Love bites" era la canción favorita de Karamatsu, que para burla de todos, era mejor conocido como "Karla". Nadie sabía que a pesar de ser un rechazado social, tenía un excelente gusto musical. Amaba a Def Leppard, Black Sabbath, Journey, Iron Maiden entre otros. Escuchaba música todo el día y durante las noches se sentaba en el tejado de su hogar a tocar la guitarra. Era talentoso, con una gran sonrisa llena de coquetería al momento de intimar con su música. Karla tenía un don que no se atrevía a explotar por los designios malvados que priva la escuela y nubla los pensamientos de los adolescentes.
Pero mientras escuchaba "Love Bites" con los audífonos puestos para tranquilizar la ansiedad que lo seguía desde la mañana. Una persona no dejaba de quitarle la mirada de encima. Lo supo, por que en su espalda se sentía el peso del odio de un ente extraño. No era la primera vez que sentía algo de esta magnitud, varias veces sucedía como si su presencia fuera la culpable de las peores catastrofes de la humanidad. Dicha sensación le perseguía durante la época de exámenes –mayormente por parte de Osomatsu-, cuando alguno de los chicos populares le obligaba con la mirada a pasarle las respuestas, que terminaba por ceder, por que muy adentro suyo, no quería que sus compañeros sufrieran en la escuela, cuando Karla ya vivía en el rezago social. Era un adolescente con un complejo de madre bastante desarrollado.
Karamatsu giró con una ceja alzada, para darle a entender que no tenía nada para entregarle a Oso, al menos que decidiera volverse un abusivo, y robarle el dinero del almuerzo. Oh, ya lo es. O quizás le diera por burlarse de él, al recordarle que en la escuela le decían Karla o "Kusomatsu", gracias a él. Cualquier opción proviniendo de su parte, significaba molestia.
─...
Karamatsu decidió regresar la mirada al frente. Estaba asustado, pero eso no iba a permitir que su gesto "masculino" se borrara, y que sus cejas pobladas, el tesoro de su familia o eso quería creer, perdieran el estilo. ─Oe, no, Karamatsu, voltea de nuevo─ se dijo así mismo y giró el rostro, esta vez con un porte mejor preparado, pero por como le temblaban las cejas, seguía asustado. ─Itc...
─¿Qué sucede, Kusomatsu?─ Itchy arrastró cada una de las sílabas en un tono grotesco y amenazante: un experto delincuente, que su voz parecía hecha para sonar amenazante en lugar de murmurrar insultos en los pasillos a cuanto alumno se le atrevesara en el camino.
─No me haz devuelto los vinilos que te presté─ comentó Karamatsu al regresar la vista a la pizarra. Así es como hablaban desde la primaria, poniendo barreras entre ellos. Es una burla a la ley escolar que alguien como "Karla" pudiera dirigirle la palabra al gran "Itchy".
Itchy llevó las manos sobre el pupitre, le sudaban por el estrés de las últimas horas. Sentía todas las miradas sobre él, como si todo el colegio supiera quien se la mamaba en el estacionamiento. Estaba acorralado, y no se atrevía a confesar su estado de ánimo a ninguno de sus amigos, ni a un desconocido para soltar su frustración. Le permitía a la ansiedad consumirle el alma. Amaba el sufrimiento y por más extraño que parezca, amaba esa nueva oscuridad que le impregnaba el alma. La disfrutaba y se relamía los labios con su larga y húmeda lengua que terminaba por frotar las encías y lo blanco de sus dientes. Era un ser de la oscuridad que salía a caminar de día para ir contra su naturaleza. La constradicción era parte de su motor de vida.
─Los tiré a la basura─ respondió Ichimatsu sin sentimiento alguno.
Descanso.
Totty era el único que iba contra las emociones de Itchy. Vivía de la superficialidad y todo aquello que le causara placer y conveniencia. Le gustaba ganar y meterse en problemas que no se atrevía a solucionar por que tenía a Atsushi, un estudiante de Universidad que le pagaba todo lo que quisiera.
A nada le temía, sólo fingía cierto terror cuando Ichimatsu se enojaba con él, y luego salía corriendo entre risas. Al fin y al cabo, el mundo sería suyo si se lo pedía a su "novio". Por lo mismo, cuando notó cierto nerviosismo por parte de Itchy, dejó de tomarse fotos, salió de su típica mesa en el centro del patio escolar y fue a invadir la zona de los chicos populares.
─Tehehe, ¡Totty necesita espacio!─ dijo el chico al sentarse en medio de "Orson" e "Itchy".
Itchy lo miró de reojo y torció la boca al sentir como su espacio de la banca se reducía. Osomatsu dejó de comer y decidió sacar a Totty, sin importarle que Ichi y el otro terminaran sin silla y de nalgas contra el suelo. Sin embargo, Todomatsu tuvo todas las de perder, cuando los chicos se unieron para aplastarlo, dejándolo sin aire y con las mejillas cuasi moradas.
─¡Ahora una selfie!─ gritó Osomatsu para torturar a Totty. Para aquello hurtó el celular del chico, lo alzó en un ángulo considerable y dejó que el obtubrador robase el alma de los tres.
A Ichimatsu no tenía nada que robarle. Los rumores decían que le entregó el alma al diablo en algún ritual.
Totty trató de salirse de la foto, pero sólo logró una mala imagen de él. Cuando recuperó su teléfono lo primero que hizo fue borrar dicha fotografía. En vano, por que Osomatsu no dejaba de reírse.
─¡Me envíe la foto! ¡Ahora está en la nube! Hehehehe.
Todomatsu dio el último aliento y su vida terminó en ese instante. Pero revivió segundos después cuando Osomatsu salió corriendo detrás de Totoko. Él muy ingenuo tenía la creencia de que algún día cogerían, y a partir de ese día, sería todos los días. Amor en tiempos de erecciones continúas.
─Ne, ne. Noto preocupado a Ichimatsu-senpai~─ Totty no se alejó de Itchy, continúo cerca, casi con la pierna encima del mayor, sin dejar de sonreírle. Lentamente, empezó a picarle el vientre, a sentir como su sueter de lana negra, se fundía a su piel. Algo sabía, era obvio y necesitaba darlo a entender.
Itchy decidió ignorarlo por un rato, pero el tacto lo desesperó. Le tomó la mano y se la apretó con fuerza. Le causó asco que tuviera las manos tan suaves, y que le dejaran el aroma de la maldita crema que usaba.
─Se lo que hiciste el verano pasado─ Todomatsu liberó su mano y le dio un besito en la nariz al Sr. Del Averno.
Itchimatsu se pasó la mano sobre aquel beso, para liberarse de la sensación odiosa que Todomatsu le provocaba en su ser. Y de nuevo la contradicción, le gustaba que le crispara los nervios. Sensación que vivía de diferente modo con cualquier persona. Todo el mundo le crispaba los nervios y lograba que chirrie los dientes.
─La escuela no es lugar para dar esa clase de espectáculos. Hay que respetarla.
Itchy abrió por completo los ojos, que la mala noche se hizo más notoria alrededor de sus pupilas. Totty se asustó y se tapó la boca para no gritar, ya que el llamado de atención provino de sus espaldas.
─Gaaaaah, ¿Otra vez tú?─ Dijo Totty al reconocer a Choromatsu.
Choromatsu no solía mostrarse intimidado por ninguno de esos personajes, sólo un poco incómodo por las pintas que se cargaban. Casi siempre se le veía pelear con cualquiera de la escuela, ya que trataba de imponer buenas costumbres. Ser un monitor escolar no es un trabajo fácil y alguien lo tenía que hacer.
─¿Qué tratas de decir, Choronerdsu?─ Ichimatsu puso las manos sobre la mesa y se impulsó para ponerse de pie. Era imponente, su cara de sueño eterno y desgaste por el desvelo le daba un aura más aterradora.
Totty sonreía de lado, disfrutaba de las disputas, por que tenía alguien tenía que ser el emisario del chisme y las nuevas buenas.
Choromatsu le hizo una de sus caras de queja. Era fácil enojarlo. Pero por su puesto no iba a atreverse a hacer algo más. No podía manchar su responsabilidad con algo tan tonto como pelearse con un delicuente.
─Tú sabes que hiciste...─ dijo Choromatsu tratando de mantener la compostura de su cargo.
─No, no lo sé... Dime─ agregó Ichimatsu al llevarse un cigarro en la boca.
