Buenas, criaturitas del señor (x3) he aquí como vengo con otro capítulo, de lo cual creo que me da más lata editarlos que crearlos -n- me estoy muriendo de sueño...


2.- Niño mamodo

Rodó unas veces en ese lugar calentito tratando de no despertar, pero luego de unos momentos le fue imposible. El pequeño abrió los párpados perezosamente, notando que se encontraba en una enorme habitación. Se sentó en la cama tratando de recordar cómo llegó ahí, pero nada.

Todo se le aclaró cuando volteó al centro, viendo al chico de ayer durmiendo como sí le faltará espacio en el sofá, una pierna permanencia sobre el respaldo, la otra cayéndose, lo brazos para cualquier lado y la cabeza media caída en la reposadera. Se rió no tan alto y bajó de la cama descalzo, aunque había unas pantuflas al lado, prefería no usar mientras daba un paseo por la habitación pero no encontraba lo que buscaba: una foto familiar. Ni de él, ni padres, ni amigos, nada, lo único que veía eran algunos posters o cuadros de música, pero más allá de eso, nada. Revisó hasta en su libero algo pero tampoco.

Resignado, se puso dónde estaba la cabeza de Zeth tratando de tomar enormes bocazas de aire. Comenzó a estirarle la mejilla o los párpados y el sólo respondía con quejidos para que lo deje. Se rió nuevamente, pero cuando iba a volver a molestarlo, la puerta se abrió estrepitosamente.

- ¡Zeth! - Gritó un hombre en la puerta.

- ¡Fue el gato...! - Se detuvo a sí mismo cuando al despertar su frente chocó con la de Enzo, ambos doliéndole al final, colocándose las manos en esa zona al mismo tiempo y quejándose igual. Irónicamente, entre las piernas del hombre apareció un minino negro que pasó rápidamente.

Enzo fue el primero en reaccionar que el adulto entró, así que rápidamente se escondió tras el sofá por problema de su timidez y por su suerte él no lo vio ya que estaba enfocada en el joven que apenas estaba despertando. Zeth comenzó a buscar con las manos a Enzo donde había estado antes pero nada, estaba tan adormilado que apenas entendía que era de día.

- ¡¿Qué haces en el sofá?! - Preguntó eufórico el hombre.

- Despertando, ¿Qué no ves? - Respondió Zeth, mirándolo con un sólo ojo que apenas podía abrir.

- Oh, sí no me he dado cuenta, perdóname. - Respondió sarcástico pero al menos más calmado.

- Perdonado. - Tomó la sabana y rodó, dándole la espalda. - Ahora déjame dormir. –

El hombre lo miró con los ojos entrecerrados y serio, aún no notaba que el pequeño lo miraba lo más escondido posible.

- Ya basta de juegos, Zeth. - Le retiró la sabana completamente por la fuerza.

El pelirrojo con la manos buscó sí seguía la sabana, pero al notar que no estaba por ningún lado, tomó la punta de la almohada de su cuello y la deslizó con rapidez, lanzándosela en el rostro con fuerza. Del impacto el mayor hasta retrocedió, pero no se veía echando humo, algo que impresionó al pequeño espectador. En cambio en vez de regañarlo, se la devolvió con la misma fuerza en el rostro, impidiendo que se duerma nuevamente.

- Tus clases van a comenzar y tú como tonto estas aquí tirado. - Se acercó para despertarlo de otra forma, pero inmediatamente retrocedió dos pasos. - Además apestas. –

- No voy a ir, así que ya déjame. - Dijo sentándose ya resignado a seguir durmiendo. - No va a haber nada nuevo y lo único que hago todo el año es sentarme y ver a la ventana para no morirme de aburrimiento. - Se inclinó un poco a sí mismo y olfateo. - Es verdad sí apesto, debe ser por no bañarme después de toda la lluvia y... - Se contuvo de decir que peleó justo a tiempo. - eso, claro. –

- ¿Y qué hacías tan tarde afuera? Tú llegas normalmente a casa cuando está anocheciendo, no cuando ya es de noche. - Cuestionó arqueando una ceja y colocando sus manos en puño en torso bajo.

El gato comenzó a hacer ruiditos extraños que provocó la desconcentración de ambos, Zeth se asomó por el respaldo y el hombre por un lado.

- Tranquilo, tranquilo. - Murmuraba Enzo tratando de que el gato deje de parecerse a él en lo escurridizo que pasaba por el cuerpo. Escucho una risa entre dientes y volteó atrás, topándose con ambas miradas. De inmediato se sobresaltó, levantó el gato y se tapó el rostro con él, el cual sólo maulló.

- Digamos que por él llegué más tarde. - Contestó aun riéndose bajo por la reacción del pequeño, que parecía no llegarle a él, sino al otro.

- ¿Te robaste a un niño? - Pregunto acercándose un paso, al cual Enzo no se alejó uno o dos, sino cinco.

- ¡Claro que no! - Exclamó mirándole enojado.

- ¿Seguro, Zeth? - Repitió con la deja arqueada

- ¿Estás sordo, verdad? - Respondió copiándole la mirada pero con un tono burlesco.

El mayor rodó los ojos y lo ignoró, necesitaba hacerlo de vez en cuando. Se agachó en su lugar, ya que notó que acercarse al pequeño lo empeoraba.

- ¿Cómo te llamas, pequeño? - Preguntó con una dulce voz. A lo que el niño se asomó tímidamente del gato que no se movía de donde estaba, ya que estaba colgando de casi todo su cuerpo.

No respondió, sólo miró a Zeth pidiéndole con la mirada que respondiera.

- Se llama Enzo. - Respondió rascándose el puntero de la nariz con los ojos cerrados, para luego bostezar.

- ¿Dónde vives? - Volvió a preguntarle, acercándose otro poco más sin que el pequeño lo noté esta vez.

Enzo no dijo nada nuevamente, así que él miró al joven en el sofá que, al sentirse observado, abrió su ojo izquierdo.

- No me mires a mí, yo no bombardeo a las personas con preguntas al igual que tú. - Se excusó ya parándose de su lugar para alejarse de todo ello, así que entró a su cuarto de baño.

Enzo se puso nervioso al estar allí sólo, o mejor dicho sin Zeth, en el cuarto con aquel desconocido. Sintió como él se le acercaba lentamente, pero cuando iba a moverse, el gato se movió estrepitosamente, provocando que él se cayera sentado. Cerró los ojos y lo único que sintió fue una gran mano desordenando su alborada cabellera.
- Siente como en casa, Enzo. - Le dijo aquel hombre, a lo que al abrir los ojos le vio una dulce sonrisa que le trajo tranquilidad.

Tras unos segundos, el mayor se incorporó, ya que notaba lo tenso que continuaba un poco el niño, y se fue también por la puerta, dejándolo sólo con el felino que se acurrucaba en sus piernas.

Enzo se mantenía callado recordando el tacto de aquel hombre, al tiempo que le acariciaba la panza al minino. Los ojos se le humedecieron, pero trató por lo que más pudo de no llorar, aunque al llevar la mano y sentir aún los dedos entre sus cabellos, le hizo recordar a alguien que extrañaba mucho, en especial cuando le hacía eso mismo.


Zeth se encontraba duchando con el agua de la regadera sobre sus rojos cabellos, realmente para ser pelirrojo, sus pelos eran más rojos que anaranjados. Y como lo era siempre, el mayor tenía razón, apestaba tan fuerte por no lavarse el sudor, la lluvia, y el agua del lago que estaba que mataba pájaros.

Su mente vagaba pensando en ese pequeño de ojos parecidos al zafiro mismo, pero le perturbaba que sus pupilas no eran negras, sino celestes. No parecía que fuera ciego o algo por el estilo, pero aun así era realmente extraño.
Unos momentos más y cerró la llave, se estaba volando tanto que al final sólo gastaba agua y tiempo. Salió de la ducha, abriendo la puerta de vidrio, tomó una toalla, con la cual se secó un poco el cabello y el cuerpo, fue a un mueble donde guardaba su ropa interior, según él, no había necesidad de tenerlo en su cuarto sí cuando se los cambia después de bañarse. Se colocó unos boxers y salió del baño.

- ¡Enano! - Lo llamó sin detenerse, ya que iba a la puerta de salida.

- ¡¿Uhm?! - Expresó el pequeño asomándose por el sofá con el gato aún en brazos.

- Entra al baño que tú tampoco estas muy a olor de rosas que digamos, en unos minutos vuelvo. - Explicó antes de salir así en mudas nomás.

Zeth se fue al mismo cuarto donde sacó la ropa para Enzo y en el camino le pidió a una empleada que le trajera la ropa del niño a su cuarto, la que se supone que ya debería estar hasta planchada. Rió al ver que la joven se puso nerviosa, hasta colorada de verlo así, fue algo a propósito que hace. Es su casa, puede ir como se le dé la reverenda gana, además que le gustaba ver esa relación en las mujeres y, siendo el hijo de su jefe, no podrían abofetearlo, en cambio sí fuera en otro lugar, el muy tonto ya habría perdido hasta la lengua.

Volviendo al tema, fue al cuarto por unas cosas para lavar al niño y ropa interior, ya que en eso sí no podía dejar que use lo mismo.

Al volver a su baño, estaba que se le caían las cosas de la risa. El gato que antes era negro, ahora era una bola espumosa llena de colores distintos que tenía una cara de "máteme". Levantó más la vista, encontrando a un asustado Enzo con un champú en las manos. De inmediato lo soltó y colocó sus manos juntas sobre su frente.
- ¡Perdón, perdón, perdón! - Repetía a una velocidad increíble sin equivocarse.

Zeth volvió a reír, pero sólo una pequeña risa. Dejó un momento las cosas en el lavamanos y tomó a la bola espumosa, caminó un poco y lo dejó caer en una tina en la cual iba a bañar al pequeño. La criatura saltó con un fuerte maullido. En dos intentos logró salir de la profunda tina, ya que el gato sí era pequeño.

- Magia. - Soltó Zeth cuando el gato ahora ya estaba negro en el piso.

Tuvo que cambiar el agua y cuando volvió a tener todo listo, notó que el niño seguía allí parado sin haberse movido mucho.

- ¿Acaso planeas que te bañe con ropa? - Preguntó con su típico tono de burla.

- ¡Me puedo bañar yo sólo! - Exclamó colorado, apretándose las ropas.

- Eres un bebé, no sabes bañarte sólo. - Dijo él. - Además no te me pongas como una niña, no te voy a hacer nada. - Volvió la vista al agua mientras se agachara un poco a recoger una esponja que se le cayó

- ¡Tengo ocho, no soy un bebé y mucho menos una niña! - Apretó los ojos aún más rojo.
Zeth se quedó callado, a lo cual Enzo notó y abrió los ojos para mirarlo, pero su cabello le tapaba los ojos por su mirada baja. Lo vio levantarse y dirigirse a la puerta.

- Voy a vestirme, mientras entra en la tina. - Informó antes de salir.

El pequeño puede que no lo conociera casi nada, pero él conocía más que nadie las reacciones de la personas y sabía que era mejor ni pensar en preguntar, en especial cuando su tono se vuelve pesado y de un bajo volumen.
Se desvistió y entró, aliviándose de que no estaba tan llena como para no poder sentarse.

Esperó unos minutos más y el chico volvió con una playera simple y un shorts cualquiera, notaba que estaba descalzo. Por su mente pasó una idea en la cual no fallaba a lo mucho, pero, aunque el chico aún siquiera ojeara su libro, le daba la impresión de que realmente sería él su guardián. Zeth se le agachó y le colocó un disco en la cabeza para poder lavarle el cabello sin que le entre nada a los ojos.

- ¿Juguemos preguntas a turno? - Preguntó Enzo con los ojos medio cerrados, que le tocaran la cabeza lo adormilaba.

- ¿Y eso es? - Habló con tranquilidad.

- Yo hago una pregunta, después tú, luego yo, y así sucesivamente. - Explicó.

- Ya qué, parte. - Soltó desganado.

- ¿Quién es ese hombre de cabello café cobrizo de antes? - Comenzó.

- Mi padre, ¿qué no es obvio?

- Por como lo tratas no parece, ¿por qué te comportas así de malo con él? –

- Oye, espera enanez humana, ¿Qué no me toca preguntar a mí? –

- Hablas con muchas preguntas, deberías controlar eso. - Soltó riéndose.

Zeth miro a otro lado de mala gana.

- Cállate. - Murmuró "picado" por así decirlo, o molesto de que le ganen.

- Llevas dos preguntas y por lo tanto me debes dos respuestas.

- Bien, es porque hace casi dos años tuvimos problemas entre nosotros, es por eso que salgo tarde de la escuela. Él ya me deja hacer lo que quiera, salir, molestar, con tal de cuidarme me dice que viva mi vida como quiera. Pero le respondo así no porque le odie o algo por el estilo, es porque lo veo más como un amigo que como un padre, y así es mi forma de ser. –

- ¿Qué...? –

- Nada de otra pregunta, esa valió por dos. - Interrumpió, que lo que el pequeño ya le dio igual. - ¿Qué hacías sólo en el parque a esas horas? –

- Buscaba al guardián de mi libro. –

- Sí, sí, sí, ese cuentito de hadas. –

Ambos rodaron los ojos al mismo tiempo pero en diferentes direcciones.

- ¿Por qué no tienes fotos de tu familia? - Preguntó Enzo con la vista baja al jugar con la espuma.

- Porque no me gusta ver lo que no quiero recordar. - Respondió enojado, dejando de limpiarle la cabeza.

- ¿Por qué? - Volteó extrañado. - ¿Uhm? - Inclinó un poco la cabeza al no poder ver sus ojos por su pelo.

- No te metas - Apenas logró escuchar antes que volteara. - Lo demás puedes hacerlo sólo. - Dijo antes de salir
Enzo sólo se quedó mirando hacia la muerta en silencio. No quiso gastar más tiempo y se apuró lo más que pudo en lavarse para salir cuanto antes.

Realmente lo necesitó, estuvo tanto tiempo viajando que sólo lograba asearse cuando encontraba algo que le sirviera.

Salió de la tina y todo mojado se puso los calzoncillos que encontró sobre el vanitorio, así para salir. Vio que él se estaba colocando algo de ropa que a su parecer encontró elegante, lo cual sólo era el uniforme negro típico de preparatoria en Japón, sólo que Zeth llevaba una camisa blanca con mangas cortas, sin ponerse la el saco ni la corbata aún.

- ¿Uhm? - Volteó a Enzo mientras se arreglaba el cuello de la camisa, ya que la lleva usualmente con mínimo dos botones sueltos. - ¡Estás mojando todo el suelo, enano! - Exclamó frunciendo el ceño antes de ir al baño por una toalla, pero pasando tan cerca suyo que hasta su pelo mojado se levantó, algo que sorprendió al menor. - ¿Qué acostumbras a ir por tu casa todo mojado? - Regañó tapándole la cabeza para secarlo de arriba hacia abajo.

- Mmm... Lo siento - Susurró bajando la cabeza triste.

Zeth río, haciéndolo que lo mire para mostrarle con una sonrisa que ya no se preocupe. Inmediatamente le comenzó a sacudir el cabello con la toalla, pero él no sabía lo sensible que era Enzo con su cabello, lo cual lo hizo balancear por lo relajante que le pareció pero aun así trató de aguantar apretando los ojos.

- Por cierto, enano. - Dijo ya deteniéndose para secar otra parte. - Que genial es tu cabello, con dos colores y uno de ellos en las puntas.

- Uhm, es como el de mi papá. - Contestó rascándose la cabeza, aprovechando que había levantado los brazos cuando lo secaba del pecho. - Las puntas plateadas se ponen así, aunque cuando me corto el pelo me queda completamente carmesí como mi mamá. Con unas horas, las puntas comienzas a cambiar y ya con dos días vuelva a como era antes. - Explicó con el rostro un poco melancólico, hasta que Zeth le golpeó con el dedo índice en la frente, cambiando su rostro a sorpresa.

- Eres un copión entonces, ya que yo soy igual a mi mamá en el pelo y los ojos.

Cuando Zeth terminó de secarlo usó la misma toalla para secarse su propio cabello, ya que aún le escurría algo de agua.

- Bien. - Dijo lanzando la toalla dentro del baño. - Tu ropa está en la canasta de allá. - Avisó apuntando a una canasta sobre su cama.

- Gracias. - Dijo antes de correr y subir se un ágil salto a la cama para vestirse de inmediato, ya que no le gustaba mucho andar así por tanto tiempo, al contrario de Zeth que le importaba un bledo andar desnudo por su casa.

- Chaqueta fea. - Se la colocó sólo por los hombros, totalmente abierta y casi suelta para caerse por ellos. - Corbata fea. - Se colocó la corbata. - Mochila linda. - le lanzó un cuaderno, un lápiz y una goma de borrar solamente y se sentó en el suelo.

Inconscientemente comenzó a mirarlo como se ponía la ropa, le causaba gracia verlo tratando se ponerse el calzado. Ahí fue cuando notó lo extraño de su atuendo de pantalones negros con botas del mismo color, una playera blanca de mangas largas que se arremangaba hasta los codos con una espada estampada en el tronco, además de una chaqueta manga corta realmente muy extraña que aún no se ponía.

Se iba a levantar para ayudarlo pero justo escuchó su nombre.

- ¡Zeth! - Llamó su padre del otro lado de la gran casa.

- ¡Voy! - Exclamó antes de salir como rayo.

Enzo sólo lo vi salir y se terminó de vestir para saltar de inmediato al suelo.


Zeth volvió igualmente corriendo pero ahora con algo envuelto y un sándwich en la mano y otro en la boca.

- Ten, enano. - Se le extendió apenas con la boca llena, mientras le entregaba el sándwich.

Enzo sin saber iba a darle una mordida al alimento cuando sus ojos se desviaron porque Zeth estaba abriendo su mochila, poniéndose blanco y tragando fuerte, lo cual lo hizo toser. El pelirrojo volteó a verlo con una ceja arqueada.

- ¿Qué pasa? - Preguntó mientras guardaba aquello sin mirar.

- *suspiro* Nada. - Respondió dando otro bocado al sándwich.

- Bueno, ven. - Dijo colocándose la mochila en el hombro, ya que él tenía una mochila estilo americana, de esas que se cursan pero no te cuelgan como un bolso en tu pierna. Salió de su cuarto, seguido de Enzo, quien saludaba tímidamente a todos los empleados que lo miraban extrañados tras Zeth, pero luego le regalaban una sonrisa acogedora para el pequeño.

Enzo creyó en todo el camino que la casa no tenía fin.

Después de bajar unas escaleras, las cuales no eran las principales, entraron a la cocina. Enzo se fue donde la cocinera, la cual era muy cariñosa y le ofrecía cada cosa de desayuno, la cual él no negaba ninguna y se la comía como sí no lo hubiera hecho en semanas. En cambio Zeth se acercó a su padre, el cual leía unas cosas de su trabajo y, antes de que diga cualquier cosa, él levantó un papel.

- Que oportuno. - Se burló, tomando el papel y guardarlo en su pantalón.

- Con un hijo como tú, hay que tener como veinte de estos de antemano. - Dijo igual, refiriéndose a la nota con la excusa para poder entrar por lo tarde que iba.

- En realidad me halagas, ¿sabes? - Remató con una sonrisa victoriosa. - Ven aquí. - Dijo al tomar al pequeño del cuello trasero de la chaqueta, el cual quedó arrastrando con una waffle entre las manos y la boca hacia la salida.

- Aún no me cabe en la cabeza que ese chiquillo tan tranquilo se volviera tan problemático a esta edad. - Bufó el señor Bancolo apoyando la mejilla contra su mano y a la vez el codo contra la mesa, mirando a la puerta por donde salió su hijo.

- Entonces me imagino que no creerá con ver esto que un cuerpo tan pequeño pueda comer todo esto, señor Nate. - Comentó la cocinera.

- ¿Uhm? - Expresó al voltear unos segundos antes de quedar con los ojos totalmente abiertos cuando ella le mostró el cerro de trastes sucios por parte de Enzo. - Me parece que ya le tenemos competencia a Zeth. - Comentó cuando apenas logró pestañar por la conmoción.


- ¿No puedes quedarte tranquilo? - Dijo Zeth.

- ¿No puedes estar por lo menos diez minutos sin hablar con preguntas? - Rebatió Enzo arqueando una ceja y sonriendo.

- Cállate, enano. - Bufó apoyando su mejilla en la mano, mirando hacia la ventana el vehículo.
Iban en una limusina pequeña de camino a la preparatoria, pero con suficiente espacio para caminar dentro, por lo cual Enzo caminaba como loco por todos lados mirando por las ventanas como sí viera las siete maravillas pasar a través del vidrio, lo cual Zeth notó con eso algo extraño.

Enzo bajó de uno de los puestos para sentarse junto a Zeth y acurrucarse a su lado, apoyando su cabeza en el pecho de él.

- ¿Qué estás haciendo? - Preguntó el mayor extrañado.

- Nada... - Expresó tan suavemente que se le veía tierno, pero eso solamente preocupó más a Zeth, aunque en el exterior no lo mostrará mucho. - Es sólo que por un momento me recordé de mi mamá y papá. - Murmuró.

Zeth lo miró un momento, aunque era sólo el cabello ya que no quería levantar la mirada.

- ¿Dónde están ellos? - Preguntó con un nudo en la garganta.

- Muy lejos... - Suspiró con pesadez, rodando los ojos hacia otro lado. - Después te explicó. –

No se dijo más, pero aun así el pelirrojo lo rodeó con un brazo y le acarició el cabello con el mismo.

Luego de unos minutos el chofer bajó el ventanal que les separaba, para la privacidad.

- Joven Zeth, ¿Desea que lo deje donde siempre o en la entrada? - Preguntó el mayor, en edad y todo.
- Donde siempre. –

Unos segundos después el vehículo frenó en una esquina, en la cual Zeth bajó seguido de Enzo.

Estaban a casi dos cuadras del instituto, las cuales por gusto del mayor iban a pie. Mucha gente lo miró desde que salió del vehículo y por la insignia que estaba en la chamarra. Un chico millonario y estudiante millonario, con esos ojos lo miraba la gente, aunque él lo detestaba prefería aguantar eso cada mañana a llegar como todos los demás.

Tras pasar el portón y antes de llegar a la puerta de entrada, Zeth se detuvo de golpe.

- Ahora que lo pienso bien... - El pequeño lo miró. - ¿Por qué rayos te traje aquí? - Dijo volteando, como sí esperase a que esté su vehículo allí.

Enzo parpadeó unos segundos mirándolo, dio un giro sobre sus talones y siguió el camino a la entrada.

- No deberías hacerme preguntas cuando tú eres el que te la debería responder. - Dijo al caminar con tranquilidad.

Zeth cerró los ojos y sonrió, pero se notó como apretaba la mandíbula y una vena se le marcaba en la sien.

- Maldito... - Con una velocidad que ni siquiera el mismo Enzo pudo sentí a tiempo, Zeth se impulsó y rápidamente lo pescó de la parte trasera de su camiseta, yendo así rápidamente al salón. - A mí nadie me dice qué hacer. - Bueno, no sin antes detenerse rápidamente para que le dieran un pase de atraso.

Se detuvo frente a la puerta, dejando al pequeño casi suavemente a un lado. Al abrir encontró a los demás en mitad de examen, el cual no tenía ni idea y claramente menos habría estudiado.

- Joven Bancolo, que inesperada sorpresa. - Dijo aquel profesor con arrogancia hasta en la en la sonrisa y la mirada. Zeth le dio igual él y entró. - Lástima que llegó tarde para rendir su exá...- Se detuvo cuando vio un papel frente a sus ojos cuando el chico pasó frente suyo.

- Trágate tus palabras, viejo. - Dijo en referencia al pase, el cual digamos que lo salvaba de todo. Dejó su mochila en la segunda fila de la columna de la ventana y volvió.

Una parte de los chicos del salón lo miraban, otro al pequeño en la puerta, el cual miraba extrañado a Zeth, y la otra parte le daba igual, ellos seguían en su examen.

Al pasar nuevamente por el adulto, una de las hojas con el examen se interpuso en su camino.

- Sí entra a clases, hace el examen. Al igual que todos los demás. - Informó con una sonrisa cínica.

- Tch. - Soltó Zeth, quitándole el papel y a la vez el lápiz a un chico, para irse al pizarrón y apoyar allí la hoja.

Algunos ya lo conocían desde el principio de la preparatoria o antes, y fueron ellos los que prestaron atención a la mano del pelirrojo. Todos los demás veían como "el amargado de Zeth Bancolo", con una rapidez, como sí no necesitará ni leer las preguntas, las comenzó a responder. En un minuto exacto ya tenía todo listo y se la entregó.

- A la próxima no lo haga tan fácil. - Dijo dejando el lápiz y dirigiéndose a la puerta, donde Enzo lo miraba con una mezcla que miedo e inquietud. Lo ignoró y le tomó de la mano para que camine.

- Zeth, ¿qué pasó allí? - Preguntó nervioso, pues le incomodó de sobremanera algunas miradas sobre él que eran muy extrañas.

- Ese viejo me odia, nunca me ha dejado tranquilo sólo porque odia que sea más inteligente que él. - Respondió sin voltear.

Zeth estaba concentrado en llegar a la enfermería para encargarlo allí, pero al ver al entrenador pasar se le ocurrió que allí el pequeño no se aburriría.

Enzo sólo camino mirando atrás, sólo viendo la espalda del chico que se alejaba con las manos en los bolsillos del pantalón.


A fines de la siguiente clase a la que el pelirrojo había llegado, él ya estaba ya bien acomodado como para dormir en la mesa, pero sólo miraba con los párpados caídos y su cabeza entre sus cruzados brazos. En un sólo momento fue que se movieron sus ojos, cuando pasó su profesora para recoger sus cosas del escritorio.

- Eres un pervertido. Zeth - Dijo el chico de un puesto delante al suyo, sentado al revés, reposando sus antebrazos en el respaldo.

- Tengo diecisiete, ¿Qué esperas estando en un instituto varonil? - Dijo mirando a otro lado mientras apoyaba su cabeza en la palma, enderezándose, algo al menos.

- Ay, amigo. - Suspiró un momento pero luego rió bajo. - Aún no puedo creer que seas virgen. –

-Pues yo sí creo que tú aún no dieras tu primer beso. - Sonrió de lado mientras bajaba la vista y con una mano cambiando de página el libro de Enzo, el cual encontró extrañamente en su mochila.

- ¡Cállate! - Exclamó avergonzado hasta que notó el libro que miraba el pelirrojo. - Están peores que los jeroglíficos. –

- Uhm. - Dijo sin quitar los ojos de las páginas.

Su amigo lo miró un momento, suspirando.

- Hey, ¿supiste que ayer le dieron una paliza tan fuerte a Ichiga que está en la clínica por su antebrazo roto? - Preguntó por dos razones, esperando que Zeth levantara la vista y también para cuando lo haga ver sí él era el responsable de ello. Pero aun así, el chico simplemente contestó con un 'Mmm' desganado. - ¿Estás así por ese niño? –

Zeth levantó apenas la mirada, lo suficiente para que se vean sus ojos furiosos.

- ¡Hey, tranquilo! No es para que te lo tomes mal - Dijo enderezándose en su puesto. -, pero me agrada que vuelvas a ser el Zeth de hace dos años. –

El pelirrojo no dijo nada, un nudo se le formó en la garganta volviendo a mirar las únicas letras de diferente color. Por su mente pasó la imagen de Enzo y su amigo tenía razón, ver al pequeño le causaba en cierto modo alegría, además de que era un niño muy tierno. Pero eso también le trajo algo de tristeza, le gusta ver esa sonrisa que tenía, no podía negarlo, pero aun así sentía un extraño vacío.

Miró más fijamente las letras y dejó que sus labios se movieran solo.


- ¡Bien chicos! - Gritaba al entrenador a un grupo de niños que jadeaban después de correr en la pista.

- Unos niños no corren bien. - Comentó bajo Enzo.

- ¿Quiénes? - Volteó.

El pequeño dio un brinco de sorpresa y nervioso dijo.

- Ah... es que... - Comenzó a juguetear con sus dedos, nervioso. - El de pelo rubio y bajo corre con los brazos muy sueltos y separados de su cuerpo. El de gafas y pelo negro tiene algo en su pierna derecha, ya que al pisar esta le tiembla.

Mientras el pequeño nombraba cada uno de ellos, eran cinco en total los que nombró, el entrenador no miró sorprendido puesto que lo decía tan fluido, sin titubear, y acertando en dos que salían de unas lesiones.

Tan pronto como el pequeño acabó, llamó a los cinco y las mandó a correr nuevamente, fijándose en lo que dijo el pequeño pelirrojo oscuro, en todos y cada uno reaccionó como dijo. Volteó a verlo, viendo como este con tanta tranquilidad miraba a los niños correr mientras mecía los pies en la banca, lo cuales le quedaban colgando, claro.

- ¿Cómo es que te has fijado con tantos niños corriendo juntos? - Preguntó arqueando una ceja.

Enzo no respondió, en vez de eso lo volteó a mirar, pestañó una vez y el hombre saltó, sus ojos eran normales de pupilas negras. Cuando volvió a pestañar, volvieron a los celestes de siempre.

- Nunca se me ha pasado nada de mi vista. - Explicó con tranquilidad.

El hombre iba a hablar pero a Enzo se le abrieron los ojos como plato y volteó rápidamente hacia una de las canchas, alzando su mano derecha.


- Reborudo - Dijo con el ceño fruncido. Vio que el libro brillaba y un segundo después se escuchó una explosión.

Todos se quedaron mirando un momento, menos Zeth que agarró su mochila y se la colgó antes de salir corriendo por el pasillo. Fue el primero en reaccionar en todo el edificio, pero tan pronto como corría en los pasillos vacíos, sus compañeros y demás lo siguieron a atrás del edificio.

Se detuvo unos pasos afuera, con los ojos abiertos a más no poder de la sorpresa. Una de las estructuras del área de anotación de la cancha de fútbol americano se estaba quemando, o lo que quedaba.

En el área de atrás se encontraba todas las canchas y de deportes, además de tener varias por ser una preparatoria adinerada. Por ello, vio a un montón de chicos corriendo del lugar, o más específico donde él.

Con una horda por detrás y por delante, Zeth no tuvo otra que salirse del camino antes de quedar en medio del sándwich. Sin esperar a ver lo que pasaba, corrió hacia la cancha donde estaba el incendio, buscando al pequeño que no veía por ningún lado, hasta que vio al entrenador esperando inquieto cerca del fuego.

- ¿Dónde... está Enzo? - Preguntó preocupado, recuperando el aliento por correr tan rápido.

- Reaccionó tan rápido que aun no entiendo. - Dijo sin dejar de mirar al frente.

- ¿Qué...? –

Antes de al menos formular otra cosa qué decir, vio al pequeño cargando a un chico sobre el hombro lo hizo callar. El pequeño se veía un poco sucio, pero para nada lastimado, sólo que el niño que cargaba estaba inconsciente. Otros niños igual sucios lo seguían.

- Se torció el tobillo y se desmayó del susto. - Informó uno de ellos. - Pero por suerte este niño apareció. –

Enzo se acercó al entrenador, dejando el chico a su cargo, y dudosamente se acercó a Zeth, sin verlo a los ojos. Vio que giraba sobre sus talones y se dignó a levantar la vista, pero sintió un sacudón que no lo dejó ver bien. Zeth se lo estaba llevando a rastras de la preparatoria, como estructura digo.

El pequeño estaba asustado, sentía el fuerte apretón de Zeth, por lo cual ya se le dio la idea de que estaba por lo menos enojado, puesto que sólo lo veía de espaldas pero alcanzaba a ver su libro que llevaba en el brazo izquierdo.

Caminaban unas cuadras y cada vez sentía que le apretaba con más y más intensidad, hasta que ya no podía soportarlo más.

- Zeth, suéltame, me duele. - Rogó, jaloneando su brazo que se adormecía, pero él lo ignoró completamente. - ¡Zeth!

Rápidamente, antes que la propia mente del pequeño, Zeth se había girado y también jaloneando a él, quedando su rostro muy cerca, pero en vez de incomodar por la cercanía, incomodaba el ceño bien fruncido en el rostro del mayor.

Enzo tenía ganas de decir algo, pero la voz no le salía, aunque se notaba claramente al mantener la boca abierta en duda sí hablar.

Zeth, como vio que no decía nada, volteó con tranquilidad, aunque sin quitas el gesto en su rostro, y siguió caminando más suave, al igual que su agarre, porque él no lo iba a soltar aún.


Llegaron a una escalera, una de esos típicos puentes que hay sobre las calles, por seguridad (Me imagino). Zeth se detuvo en uno de los escalones más extendidos y se agachó a sacar algo de su mochila, y aprovechar de guardar el libro. Enzo curioso se mantuvo observando y vio que sacaba algo envuelto en un curioso pañuelo con colores, era rojo y tenía trozos de sandías, algo que se le hizo agua a la boca del pequeño. En ello había dos cajas rectangulares, de la cuáles una se la dio a él.

- Cómelo, para que después me expliques que rayos fue lo que pasó. - Dijo sereno, ya no se veía enojado, pero tampoco muy feliz.

Enzo asintió y se sentó abriendo la caja, era comida, mejor dicho el almuerzo, el cual se veía tan delicioso que ya estaba babeando, literalmente.

Zeth también abrió su caja, tomó los palos y estuvo a punto de llevarse un bocado a la boca hasta que en una vista rápida vio que el pequeño casi peleaba con los palos. Suspirando, se acercó al pequeño para enseñarle.

- Así. - Dijo mostrándole con una mano, a los cual Enzo trató de copiar. - Ahora afirma la comida. - Tomó un trozo y lo levantó. El pequeño trato de copiarle, pero la comida y los palos le tambaleaban. - Con más firmeza. -
Trató de hacer lo que pudo, pero de los palos con todo se le cayó en los escalones. Bajó la cabeza.

- Lo siento. - Se disculpó bajito.

Zeth solo rodó los ojos con una media sonrisa, dejando su caja a un lado y quitándole la de él. Con sus palos tomó un trozo y se lo puso en frente.

- Abre. - Dijo más como orden que otra cosa. Los ojos de Enzo se abrieron de golpe y quitó el rostro avergonzado.

- No te me hagas el grandecito, si ni cómo japonés puedes comer. - Le regañó.

- Es que... - No alcanzó a continuar por el rollo de arroz que tenía en la boca y por el hambre no dudo en tragarlo en menos de un segundo.

- Eso, buen niño, ahora abre la boquita. - Se burló ya con otro trozo frente a él.

- ¡Cálla...! –

- Eso, buen chico. –

Enzo infló las mejillas después de tragar, él lo único que hacía era aprovecharse de la situación, pero tuvo otra elección que dejarlo pues estaba muerto de hambre.

Después de un tiempo dándole de comer, cuando terminó Zeth pudo al fin tocar su comida.

- Vamos. - Dijo con la boca llena. - Comienza a explicar. –

Enzo tomó un respiro y bajó la vista para verse juguetear con sus propios dedos.

- Soy un mamodo, aunque a veces se le dice demonio. Vengo del mundo mamodo comí libro en una batalla entre otro noventa y nueve niños para decidir el rey de nuestro mundo. En un principio buscamos a nuestro guardián del libro, quien puede leer nosotros hechizos y... –

- Sí y yo he montado un dragón. - Dijo sarcástico Zeth, levantándose con sus cosas guardadas. - Deja de soñar despierto, enano. –

- ¡No es mentira! - Exclamó parándose. A Enzo no le gustaba que le dijeran mentiroso, aunque no sea directamente, además tenía que detener al chico, ya que pensaba en irse. - ¡Tú leíste el libro antes de la explosión, hazlo de nuevo y verás que no miento! –

- Bien, 'Reborudo'. - Dijo sin ganas. - ¿Contento? Porque yo no a menos que no quieras escupir fuego por la boca. –

- ¡Así no funciona! Debes de tener el libro en tu mano y decirlo con sentimientos fuertes. –

- Tú quieres que te haga escupir fuego de la boca, yo te hago escupir fueguito de la boca, ¿Cuál es el maldito problema? - Decía cabreado sacando el libro. - Reborudo

En segundo después hasta su pelo se movió por la ráfaga de fuego que pasaba frente suyo en dirección al cielo.

- ¿Ves que no miento? - Dijo Enzo, viéndose más serio de lo normal.

Zeth por un momento se le vio un brillo en los ojos de asombro, pero al bajar la vista y ver a Enzo, ello desapareció. Dejó caer el libro bruscamente y dio vuelta caminando. La cara del menor cambió instantáneamente a una de tristeza y subió rápidamente las escaleras hasta tomar el libro, caminando hacia el chico.

- ¡Ni pienses en decirme algo más, no quiero tener un hermano menor de un mundo imaginario! - Exclamó deteniéndose con la cabeza baja, el atardecer comenzaba lo suficiente para taparle los ojos.

El pequeño lo ignoro e igual se le acercó con el libro extendido.

- Entonces hazme el favor de quemarlo y largarme de este mundo de una buena vez. - Dijo triste, bajando la cabeza.

Al cuerpo de Zeth se le vino un fuerte sacudón y lentamente se volteó viendo al niño que con firmeza mantenía el libro en alto, con la mirada baja y ofreciéndolo.

Poco a poco levantó la vista, mostrando sus ojos vistosos peros llenos con determinación. Comenzó a hablar justo en el momento que una brisa pasaba, aunque Zeth podía escuchar a la perfección como se le rompía la voz con cada palabra que decía hasta que votó un cortado suspiro que lo hizo no hizo querer continuar. Zeth volteó un lado, mirando el sol del crepúsculo mientras pensaba un poco lo fuerte que acababa de oír. Enzo se dio los ánimos de decir algo último.

- Sin un compañero no podré luchar, y sí no lucho, no tengo ninguna razón para seguir en otro lado que no se me hogar en el mundo mamodo. - Agregó sin titubear.

Algo como ¿pánico? Se formó leve en el rostro del mayor y se volteó caminando. Al verlo darle la espalda, sintió que su corazón se rompió enormemente y tratando de aguantarse las lágrimas como nunca antes, también se volteó caminando extremadamente lento.

- ¡Oye, ¿acaso no vas a venir?! - Escuchó de repente, lo que le hizo detenerse de golpe. - Enzo. - Tras respirar dos veces, una enorme sonrisa se le comenzó a formar al escucharlo decir su nombre. Las lágrimas de la emisión no tardaron es escaparse y, sin poder contenerse, se fue corriendo hacia Zeth con los brazos abiertos y gritando su nombre.

De la sorpresa, el pelirrojo se apartó un poco, sin notar que atrás suyo había un banco para sentarse.

- Ouuu... –

- ¿Estás bien? –

- Sí es que yo fui el único que escuchó un fuerte sonido, entonces sí. –

- Bueno, entonces andando, frente chorreante. –

- ¡¿Qué?! –

- Nada. –

- ¡Zeth, bájate de ahí! Te vas a caer. –

- Claro que no. –

¡Paff!

- Te lo dije. –

- No me esperaba que un mono se me colgara y me desequilibrara. –

- Lo siento.

- No tienes porqué poner una cara tan triste cada vez que te disculpes, Enzo. –

- Sí, lo siento. –

- *suspiro* Ay, nunca vas a cambiar. -


Ahora que le pongo esas lineas celestes, noto que parecen más fragmentos que otra cosa xP

El siguiente la primera y más corta pelea de los siglos xD Excepto la primera de Kanchome y Zatch, esa si que fue penosa xD

Gracias al review de Viry (entiende que nadie puede poner tu nombre sin que solo aparezca un 3 xD)

Hasta el siguiente capítulo de lo que sea que termine primero.

(Tengo unos dibujos de estos dos, se pueden ver en mi facebook, ya que no puedo subir a DA)

Adiós.