Tal vez, me miraste unos minutos entre la multitud de gente…

Tal vez, me sonreíste después de un mal día…

Tal vez, apoyaste tu cabeza sobre mi hombro un par de veces…

Tal vez, dijiste que me extrañabas…

Tal vez, arriesgué mi vida en varias ocasiones para salvarte…

Tal vez, corrí solo para abrazarte…

Tal vez, grité tu nombre en la oscuridad de mi habitación…

Tal vez… hice demasiadas cosas por ti…

Pero…

No fueron suficientes para enamorarte…

Y ahora siento…

Que jamás podré convertirme en alguien especial para ti…

¿Por qué no puedes sentir mi amor?

¿Por qué no escuchas mi corazón?


- ¿Wolf? ¿No vas a bajar a cenar? – dijo Yuuri tocando suavemente la puerta de la habitación del rubio. Wolfram se había sentido tan herido que después de llorar mucho, se había quedado dormido. Al no obtener respuesta, Yuuri se animó a abrir la puerta y entró sin hacer ruido. La habitación estaba a oscuras y no podía ver casi nada. Tropezó dos veces con unos muebles y llegó hasta la cama que estaba al lado de la ventana, en donde divisó un bulto debajo de las sábanas. - ¿Wolfram?, ¿te sientes mal? – preguntó el moreno sentándose a su lado. El rubio no respondió, pero había sentido la presencia del Maou y se había despertado, se mantenía con los ojos abiertos dándole la espalda. Yuuri estiró una de sus manos e intentó acariciar aquellos cabellos dorados que parecían resplandecer bajo la luz de la luna que se colaba por la ventana. No entendía porqué no lo había visto en la tarde al regresar al castillo, algunos guardias le habían dicho que había salido con dirección al templo pero para él, nunca había llegado. Era muy extraño que Wolfram no fuese el primero en recibirlo, tanto que solo podía deberse a que estaba enfermo. Lastimosamente, Yuuri no había subido a la habitación hasta después de dos largas horas en donde había estado hablando con su invitado en el despacho. Esa era una de las principales razones por las que Wolfram permanecía dándole la espalda y solo pedía mentalmente que se marchase de su cuarto. Yuuri iba a levantarse de la cama, suponía que el rubio habría tomado alguna medicina y no despertaría hasta el día siguiente pero, de repente, Wolfram estiró una mano por debajo de la sábana y cogió la suya. Yuuri apretó suavemente aquella mano, solo deseaba que Wolfram volviese a ser el mismo de antes.

- Wolf, perdona, no quería despertarte pero Greta y yo estábamos preocupados y…

Wolfram no escuchaba nada de lo que decía el Maou, en esos momentos solo estaba concentrado en sentir su mano siendo aferrada por la suya. Era ese calor lo que necesitaba para sentirse mejor. Pero, Yuuri seguía hablándole y en un momento rompió la conexión. Wolfram se sentó sobre la cama y lo miró fijamente. Aquella semi oscuridad lo ayudaba mucho para poder decirle lo que deseaba sin tener que mirarlo directamente, ya que, a pesar de todo, el rubio era muy conservador y algo tímido para esas cosas. Yuuri le sonrió, pero pronto su expresión cambió al escuchar unas palabras…

- Te amo…

- Wolfram ¿qué estás…?

- Dije que te amo…

- Pero, nosotros somos…

- Estamos comprometidos aun fuese un accidente. Y has tenido tres años para romperlo y no lo has hecho. ¿Por qué Yuuri?, ¿por qué no has roto el compromiso e hiciste que este amor que siento aumentase?

- Wolfram, no entiendo nada de lo que estas diciendo. Se supone que somos amigos y siempre ha sido así. Nosotros somos como hermanos.

- ¡Pero no lo somos! ¿¡Acaso estás ciego o sordo!? – dijo Wolfram exaltándose un poco - ¿Acaso no has escuchado todas las veces que te dije que te amaba y que daría mi vida por ti? ¿Acaso no ves que dormimos juntos todas las noches? ¡Los amigos no hacen eso! Yo… pensé que tenías en claro mis sentimientos… Yuuri, ¿no sientes nada por mí? Quiero saberlo…

- Wolf, es que nunca hemos tocado el tema y yo…

- Bésame ahora – dijo jalándolo de la camisa hacia sí. Sus rostros estaban demasiado cerca, tanto que Yuuri podía sentir la respiración nerviosa pero decidida del rubio.

- No puedo hacerlo. No, no de esta manera.

- ¿Por qué me desprecias siempre? Eso quiere decir que ¿no sientes absolutamente nada por mí?

- Eso no es verdad, yo siento muchas cosas pero… no sé como explicártelas…

- Al menos eso es algo… Lo único que deseo es que me des una respuesta. Mientras tanto, yo seguiré amándote como lo he venido haciendo todo este tiempo.

- Wolf… ¿y sí tardase demasiado? – dijo Yuuri dándole la espalda y hablando en voz baja.

- No importa, yo te esperaré todo el tiempo que sea necesario. Así podrás darte cuenta que mi amor por ti es real. Siempre estaré para ti, siempre te protegeré.

Yuuri tuvo unos impulsos muy fuertes para abrazar a Wolfram. El joven seguía sentado sobre la cama, tenía la camisa desabotonada y su pálido rostro se veía más hermoso que nunca bajo aquella luna llena. – Es un ángel, definitivamente es un ángel… ¿Qué debería hacer?, Wolfram es muy especial para mí. Más que un amigo, más que un hermano… si es mucho más entonces, ¿Qué tipo de sentimiento tengo por él? – pensó Yuuri mientras se ponía de pie. Realmente, no había esperado que Wolfram le dijese todas esas cosas pero, sabía muy bien que tarde o temprano tenían que tener esa conversación. Yuuri salió de la habitación sin decir una palabra más. Wolfram se había recostado de nuevo, con la mirada perdida pero sin llorar más. Había sentido cierto alivio al hablar con el Maou pero, un nuevo temor se apoderó de su corazón. El temor, el miedo, el pánico… de que Yuuri terminase rompiéndole el corazón al decirle que jamás podría verlo de otro modo. Wolfram se refugió debajo de las sábanas, su cuerpo estaba temblando, lo único que deseaba en esos momentos era un cálido y amoroso abrazo de su persona amada, y era lo único que parecía que jamás tendría.

Yuuri bajó al salón principal en donde sería la cena. Las doncellas habían colocado grandes candelabros y flores en jarrones de plata en honor el invitado. Pero cuando Yuuri se sentó, su expresión lucía ausente y triste. Con las justas pudo sonreír cuando Greta le mostró el hermoso vestido que Sara le había traído de su ciudad. Y cuando la niña le preguntó por Wolfram, le respondió con un tono de voz extraño pero convincente. Greta se quedó tranquila y disfrutó de la cena. Pero Yuuri probó a duras penas la comida que había en el plato. Saralegui, quien estaba sentado a su lado, lo miró fijamente y sujetó una de sus manos con suavidad.

- ¿Sucede algo Yuuri?

- No, no pasa nada. Perdona por preocuparte – dijo intentando sonreír pero sin lograrlo.

- Mmm… no veo al joven Bielefelt, ¿se encuentra mal de salud?

- No, solo se sentía cansado y quiso recostarse temprano – mintió Yuuri sin saber a donde dirigir la mirada. Cuando Sara lo observaba, sentía como si no pudiese evitar aquellos ojos por más que lo quisiera.

- Entiendo…

- Gracias Sara, realmente me alegra que estés aquí. El castillo se siente más grande de lo normal sin los demás por aquí. Y Murata últimamente no sale mucho del templo. Pero, escuché que Conrad y Gwendal estarán de regreso mañana por la tarde y eso me reconforta.

- Yuuri, ¿puedo hablar contigo en privado? Después de la cena…

- ¿Sucede algo malo?

- Oh, no. No es nada de eso. Solo quiero charlar contigo de algo importante – dijo el rubio de lentes con cierto nerviosismo en su mirada. Apartó las manos de las del Maou y el resto de la cena no pronunció palabra alguna. Saralegui no había deseado preguntarle de aquella manera si podrían charlar a solas, hubiese preferido hablar con él en un paseo por los jardines, siempre se había sentido más relajado cerca a las flores pero, el saber que los amigos y guardaespaldas de Yuuri estarían de regreso tan pronto y no podría tener realmente un "tiempo a solas" con él, fue lo que lo impulsó a formularle la pregunta. El joven rey de Pequeño Chimarron nunca se había sentido tan nervioso como lo estaba en esos momentos. Por lo general sus modales siempre habían sido perfectos, pero aquella noche volcó el frasco de sal y se le cayó un tenedor, que fue reemplazado inmediatamente por una sirvienta. Yuuri ni siquiera se dio cuenta de estos detalles, su mirada ahora estaba puesta sobre la azulada llama de las velas mientras terminaba su cena mecánicamente.

Y una vez que terminaron de cenar, el Maou le dio un beso de buenas noches en la frente a Greta. Luego de ello, Yuuri llevó a Sara a la biblioteca en donde podrían charlar lejos de las miradas chismosas de las sirvientas. Pero todas las chicas corrieron a pegarse a la puerta como de costumbre, lanzándose miraditas extrañas y riendo bajito para que no pudiesen escucharlas. Sara podía sentir aquellas presencias a través de la puerta, realmente Yuuri estaba demasiado relajado después de la cena, hasta parecía estar acostumbrado a ese grupito de chicas investigando todo lo que hacía y sobretodo, si estaba a solas con Wolfram o peor aún, con aquel invitado tan especial para el Maou. El rostro de Yuuri lucía más tranquilo, al menos eso lo aliviaba un poco. El rubio había pensado que tal vez habría discutido con Wolfram y lo que estaba a punto de decirle solo empeoraría las cosas pero, al escuchar que su tono de voz había regresado a ser el mismo, se acercó al moreno y se apoyó contra la mesa.

- ¿Qué es eso tan importante que querías decirme Sara? – preguntó Yuuri sentado cómodamente en aquel asiento de pieles. ¿Todo va bien en Pequeño Chimarron?

- Todo va muy bien, Berias se encarga de las cosas en el castillo en mi ausencia… mmnn, Yuuri, hay algo que quisiera decirte pero… no sé si sea el momento adecuado.

- ¡Ah! ¡Ya sé de qué se trata! - dijo el chico poniéndose de pie y acercándose demasiado a él.

- Lo… ¿Lo sabes? ¿Cómo es que…? – dijo Sara totalmente avergonzado y empezando a sentir como las manos le sudaban.

- Recuerdo que en tu última visita me preguntaste si podría traer algunos libros del lugar de donde vengo. Sé que te interesa mucho conocer la tierra, tal vez podríamos ir juntos, de seguro Ulrike podrá hacer algo para que viajes con nosotros la próxima vez. ¡Ahh! ¡Aquí están los libros! – dijo Yuuri alejándose del rubio y acercándose a un estante cercano para empezar a sacar unos libros y ponerlos en pilas sobre sus brazos.

- Espera Yuuri… es que…

- Descuida, sé que esto era lo que me querías pedir. Ya te he dicho que no seas tímido conmigo, puedes pedirme lo que desees y si puedo te lo conseguiré.

- ¿Qué no sea tímido? Yo… ¿puedo pedirte lo que sea? – dijo Sara avanzando hasta el Maou sin que éste se diese cuenta.

- Claro que sí, ya te he dicho que…

Cuando Yuuri volteó a verlo con los libros en los brazos, no tuvo tiempo de reaccionar, Saralegui se lanzó a abrazarlo de un modo que jamás lo había hecho. Yuuri mantenía los libros a duras penas pero, la mirada de aquel joven de cabellos rubios a través de esos lentes violetas, lo inmovilizó. Sara no estaba usando su poder especial en absoluto, Yuuri lo sabía muy bien pero, no comprendía porqué se había puesto ligeramente nervioso. Su corazón empezó a acelerarse y quiso dejar los libros sobre la mesa. Pero, antes que pudiese hacer movimiento alguno, Sara sujetó con ambas manos su rostro y besó sus labios...

Lo único que se pudo escuchar en esos momentos fueron los libros que cayeron de brazos del Maou hasta el suelo. Después de ello, todo quedó demasiado silencioso.

Continuará…