Disclaimer: la historia no es mía, es de Sarah-Crish Cullen, que muy amablemente me permitió adaptarla con los fantásticos personajes de Cassandra Clare.
Canción del capítulo: It's my life de Bon Jovi - www. youtube / watch? v=wU7b1r_PZoM
Capitulo 2: Presentaciones
La mente de Clary no daba con una fórmula para levantar la cabeza del suelo y poder mirar a las cuatro personas que la rodeaban sin querer que se la tragase la tierra... ¿cómo demonios podía ser tan patosa...?
—¿Clary?— oyó que la llamaba Maia, preocupada —¿estás bien?
—Quizá se haya hecho daño, el golpe ha sido considerable— habló uno de los integrantes del grupo, aunque no reconoció a cual de ellos pertenecía la voz. Haciendo acopio de valor, lentamente posó sus manos en el suelo, dándose impulso para incorporarse. Sintió que varias manos la agarraban de los brazos, ayudándole en la tarea.
—Estoy bien— murmuró casi para el cuello de su camisa, y roja como una amapola.
—¿Segura?— sus ojos se dirigieron hacia el dueño de esa voz; Jordan Kyle la miraba con preocupación, al igual que su esposa Maia.
—Seguro— acertó a responder, metiendo sus manos en el bolsillo trasero de sus pantalones vaqueros.
—Menudo susto me has dado— exclamó Maia divertida, quitándole hierro al asunto. Clary agachó la mirada, fijándola unos segundos en el suelo, de repente la cosa más fascinante del mundo —ahora que estamos todos, quiero presentaros a Clarissa Morgenstern, mi nueva colaboradora— anunció.
A Clary no le quedó otro remedio que levantar la vista del suelo. Cinco pares de ojos la miraban de manera curiosa, pero a la vez divertida. Los que más le llamaron la atención fueron los dorados del que todavía no había pronunciado palabra alguna.
—Bienvenida; soy Jordan Kyle— inició este la ronda de presentaciones, tendiéndole la mano, que Clary estrechó. Sus cabellos castaños rodeaban su cara, y sus ojos color marrón oscuro la miraban con afecto y simpatía.
—Un placer— contestó la joven pelirroja.
—Alec Lightwood— dijo otro de los miembros del grupo, imitando el gesto amistoso de su colega Jordan. Alto, moreno y con unos brazos anchos y fuertes, tenía un aire de arrogancia y chulería, o al menos eso desprendía en las entrevistas que Clary había visto y escuchado del grupo, pero su tono de voz era amigable.
—Simon Lewis— la mente de Clary seguía bloqueada... dios... ¿en qué mundo pasaba que tus ídolos y los de tu fallecido hermano se autopresentaran tan tranquilos, como si fueran compañeros en su primer día de universidad...?
—Un placer conocerte— habló atropelladamente. Al igual que Alec era moreno y alto, muy alto... no en vano eran primos hermanos.
—Seguro que ya los conocías de antes, por la forma en que tarareabas la canción— repuso Maia, divertida. Clary intentó esbozar una sonrisa, pero en vez de eso le salió una graciosa mueca —eso ha quedado patente— murmuró, avergonzada consigo misma.
—Yo soy Raphael— dios... era tan alto y grande como en las fotos —por fin Hodge le contrata una ayudante a Maia que entienda de buen rock— la frase, dicha con tanta naturalidad, hizo que el pequeño grupo contuviera la carcajada, incluso le sacó una sonrisa a la propia Clarissa.
—¿Y Charlote?— interrogó Alec, mirando a a la joven morena.
—Se ha despedido esta mañana, adivina...— repuso sarcástica, mirando a Jace con una ceja arqueada. Este carraspeó de manera incómoda.
—Otra vez— rodó los ojos Jordan, a la vez que Raphael y Simon contenían la risa.
—No es mi culpa; malinterpretó las cosas— se excusó, sacando un cigarrillo y llevándoselo a la boca. Raphael le hizo un gesto con la mano, para que le diera uno a el, cosa que hizo.
—Si dejaras de acostarte con todo lo que lleva faldas— murmuró Maia, con los dientes apretados.
—Lo que yo haga en mi vida no es asunto tuyo— respondió el aludido, rechinando los dientes y sacando el humo del tabaco por la nariz.
—Demasiado guapa, pero tonta... te lo dije, Jace— suspiró Alec de forma dramática.
—Uh oh...— exclamó Simon, dándole un codazo amistoso a Clary, que lentamente procesaba la información; los rumores eran ciertos... Jace Herondale era un casanova.
—Además, ella entendía de música— se encogió de hombros Jace, antes de dar una calada al cigarrillo.
—Claro; por eso se pensaba que cuando hablábamos de sus satánicas majestades hacíamos referencia a una serie de terror de la CBS— apostilló Raphael, rodando los ojos y sacando el humo por la boca. Clary no pudo contener la carcajada, y eso hizo que esos ojos dorados se fijaran por fin en ella, de manera directa.
—Ya que parece que entiendes tanto de música, Claribel... ¿tú sabes quiénes son sus satánicas majestades?— la ceja de Clary se arqueó, que tipo más arrogante; en verdad en las entrevistas no parecía así, a pesar de su fama de mujeriego... pero su voz igual hacía babear mentalmente, al igual que cuando cantaba.
—Los Rolling Stones... y es Clarissa— pronunció cada sílaba de su nombre entre dientes, un poco enfadada. Jace arqueó una ceja, pero a la vez acabó sonriendo con malicia de manera disimulada.
—Esa era fácil- exclamó Alec —otra pregunta— propuso jovial.
—Me toca— casi bailó Raphael de la emoción; la cara de la joven era un poema.
—No te enfades, Clary— le suplicó Simon. Con un suspiro de paciencia, se volvió a Raphael.
—Dispara— le instó. Maia sonreía, apoyada en el pecho de su marido, que rodeaba su cintura con ambas manos.
—¿Sabes quién es Lars Ulrich?— interrogó —te doy una pista, es uno de mis ídolos— Clary rodó los ojos.
—El batería, colíder y cofundador de Metallica— replicó cual lección de escuela primaria. Otra cosa no, pero de rock sabía demasiado, había tenido un buen maestro —¿debo pasar algún tipo de examen o algo?— preguntó, con los brazos cruzados y mirando a la banda de hito en hito.
—Simple curiosidad— se encogió de hombros Alec —normalmente las chicas que han trabajado con Maia... ya me entiendes— le explicó a la chica.
—Wow... tú si que sabes— cantó contentó Raphael, ofreciéndole la mano para que la chocara con la suya, gesto que Clary realizó entre risas.
—Bienvenida a bordo— Simon le rodeó los hombros con un brazo —nos lo pasaremos muy bien.
—Eso parece— contestó, todavía un poco alucinada; no podía esperar llegar al hotel y contarle a Jessamine las noticias; su novio Nate era fan del grupo. Quizá pudiera conseguirles entradas para el concierto de Seattle.
El grupo decidió tomarse media hora de descanso, de modo que todos ellos se dirigieron a uno de los camerinos. Clary observaba a su alrededor, con los ojos como platos. La habitación era más grande que toda su casa y su jardín de Forks juntos. La estancia estaba amueblada con confortables sofás de cuero negro, esparcidos a lo largo de toda la habitación. Varias mesas descansaban pegadas a la pared, llenas de botellas de agua, refescos, cerveza y una variedad de snacks y bocadillos. También había un improvisado armario, que no era otra cosa que una larga vara de metal sostenida por dos soportes, llena de ropa. En una esquina, una estantería llena de toallas, y diversos artículos cosméticos.
Una de las paredes estaba llena de fotografías de varios de los grupos musicales y cantantes que habían tocado allí.; Clary pudo reconocer a Pearl Jam, Red Hot Chilli Peppers, Bruce Springsteen, U2, Jim Morrison, Nirvana, Scorpions, Guns N´ Roses... todos sus ídolos y los de Jonathan estaban colgados en esa pared, sin contar que también había fotos de Justin Timberlake, Eminem, Britney Spears, Beyoncé, Rhihanna...
No pudo evitar sonreír al ver una fotografía antigua, de los propios Slave Heart; debía ser de los inicios del grupo, ya que lucían ese look casi ochentero de los viejos rockeros. Pantalones ajustados, chaquetas de cuero con miles de flecos colgando y todos ellos con el pelo por debajo de los hombros.
—Esa pertenece a la primera gira— se giró para encarar a Jordan, que se había acercado a su posición —han pasado más de diez años— susurró, con una pequeña sonrisa.
—¿Puedo hacerte una pregunta?— inquirió con verdadera curiosidad; Simon y Alec se habían acercado a ellos. Jordan tomó la botella de agua que le ofrecía Alec.
—Claro— contestó Simon.
—¿Porqué desde vuestro cuarto ábum cambiastéis vuestro look?— preguntó, ni corta ni perezosa. Jordan y Alec sonrieron, al igual que Simon —como fan, siempre me lo he preguntado.
—¿Así que admites que eres nuestra fan?— le dijo Simon, dándole otro codazo amistoso.
—Lo que nos faltaba, una gruppie histérica— refunfuñó Jace, rodando los ojos. La cabeza de la joven giró como un resorte, para encarar al cantante que, hasta esa misma mañana, más admiraba.
—¿Disculpa?— respondió Clary, cabreada —que sepa apreciar la buena música no quiere decir que me desmaye en vuestra presencia, ni que sea una acosadora enfebrecida.
—Pues poco te ha faltado; cuando has entrado te has quedado con la boca abierta y petrificada— objetó Jace, cruzando sus brazos y mirándola de manera extraña.
—Perdona por enterarme de que iba a trabajar para un grupo que en verdad, admiro; cualquiera se hubiera caído de espaldas.
—Pero si estabas todo emocionado cantando; pensé que ninguno os habíais dado cuenta de que estábamos ahí— se metió ahora Maia. La cara de Jace no mostró emoción alguna, pero tampoco dijo nada, cosa que extrañó a Simon; Jordan y Raphael miraban la conversación cual partido de tenis, y por lo que parecía, se estaban divirtiendo mucho.
—Como sea— hizo un gesto con la mano Jace —la próxima vez procura no caerte, o no ganaremos para amplificadores— Raphael se tapó la boca con una mano, evitando la carcajada.
El cabreo le iba subiendo a la cabeza por momentos... ¿quién se creía este tipo que era para hablarle así?; puede que no fuera una modelo perfecta, como debía ser la tal Charlote... pero eso no le daba derecho a este divo insoportable a tratarla de esa manera. Iba a responderle, pero justo el teléfono de Jace sonó; miró la pantalla frunciendo el ceño y se disculpó en voz baja, saliendo apresurado y dejándola con la palabra en la boca.
—Será idiota...— maldijo Clary entre dientes, pero se percató de que cinco pares de ojos la miraban de manera curiosa y divertida, y de repente la vergüenza volvió a su rostro... ¿qué pensarían de ella...? —lo siento— se disculpó —mi primer día de trabajo y ya me he ganado un enemigo, en verdad yo no quería...
—No te disculpes, Clarss— arqueó una ceja ante el diminutivo que usó Raphael, pero no dijo nada —Jace es... así.—Verás como poco a poco os llevaréis mejor- la consoló Maia, pasando un brazo por sus hombros.
—No le des importancia; tiene un sentido del humor muy peculiar; simplemente hay que conocerlo bien— habló ahora Alec.
—Es insoportable— rechinó sus dientes y cruzó sus brazos.
—Anda, ven— la instó Maia para que se sentara en el sofá —creo que antes hiciste una pregunta.
—Cierto— su vista enfocó de nuevo a los cuatro integrantes de la banda, que también imitaron la acción, acomodándose en el sofá. Raphael y Alec bebían sus cervezas y fumaban tranquilamente, mientras que Simon y Jordan la miraban —¿por qué ese cambio de look?
—Todas las bandas evolucionan— tomó la palabra Jordan —nos dimos cuenta de que, después de un tiempo y ya con el grupo consolidado, de que los tiempos habían cambiado.
—Esas melenas que lucíamos— rodó los ojos Raphael, haciendo que Clary riera bajito —cada vez que veo esas imágenes siento escalofríos —y esas chaquetas de cuero...
—Parecías una oveja, con todos esos rizos largos y alborotados— se burló ahora Alec, ganándose un golpe por parte del aludido.
—Queríamos seguir siendo nosotros, pero estaba claro que necesitábamos un cambio; los años ochenta fueron muy buenos para el rock, pero eso ya no se llevaba.
—Pero vuestras canciones, o algunas, también han evolucionado; aunque todavía se puede sentir la esencia de los primeros discos— inconscientemente, a la mente de Clary vinieron las imágenes del divo insoportable, con esa melena dorada por debajo de los hombros, que bien podía rivalizar con su melena rubia; ¿por qué demonios pensaba en él...?
—Jordan, Simon y Jace son los que componen— le explicó Raphael —no es extraño que los grupos como nosotros canten baladas, u otros estilos fusionados con el rock; mira Aerosmith, Metallica y compañía— enumeró.
—Aunque a Jace no le gusten— rodó los ojos Simon —no le va mucho, pero se le da bien.
-Pues algunas son preciosas— contestó Clary, con una pequeña sonrisa.
—Gracias por la parte que nos toca— Jordan inclinó la cabeza, haciendo una graciosa reverencia —¿has escuchado algo del nuevo disco?
—Apenas un par de canciones, pero tiene muy buena pinta— respondió Clary.
Durante un buen rato, todos mantuvieron una divertida y relajada conversación. La joven pelirroja y Maia les contaron el periplo en las oficinas de Hodge esa misma mañana, y como al final, le habían ofrecido el trabajo. Todos se sorprendieron y se divirtieron mucho con el relato, incluso le preguntaron donde había nacido y crecido. Clary se relajó, y disfrutó de la charla, incluso les preguntó acerca de su vida a ellos. Siempre había sido muy curiosa y nada tímida, y además el grupo la había acogido muy muy bien... excepto uno.
La conversación se vio interrumpida cuando entró Jace y una rubia despampanante, que literalmente estaba colgada de su cuello. Clary frunció el ceño, ya que el rostro de esa chica lo había visto en alguna parte... entonces... ¿qué demonios pasaba con la tal Charlote...?
—Hola chicos— habló la escultural mujer, con una sonrisa estridente y estúpida.
—Seelie— saludó Maia, de manera seca; Raphael la miró con una ceja arqueada, pero dio un trago a su cerveza y no dijo nada. Jordan y Alec también pasaron de ella, solo Simon saludó con un movimiento de cabeza.
—¿Qué te trae por aquí?— habló ahora el batería de la banda. Clary por fin procesó el nombre... claro... Seelie Sommers, intento de modelo, y altamente conocida por sus escarceos con todo personaje famoso que se le pusiese a tiro.
—¿No puedo venir a ver a mi novio?— su voz chillona y aniñada hizo que Clary rodara los ojos hacia sus adentros.
—No somos novios— la corrigió Jace —dejémoslo en amigos con derechos— musitó casi para sus adentros. La cara de Seelie era un poema, pero al segundo se le olvidó cuando Jace la arrastró hacia uno de los sofás, sentándola en su regazo y besando su cuello.
—Creo que sobramos— exclamó Simon, levantándose.
—Opino lo mismo, el aire está demasiado cargado— la frase de Raphael hizo que Seelie lo fulminara con la mirada —vamos Clarss, te mostraremos el escenario; Jace, quince minutos y volvemos al ensayo— le advirtió.
—Ajam...— fue lo último que acertó a decir, sin levantar la vista y los labios del cuello esquelético de la modelo.
Clary siguió a Simon y Raphael hacia el escenario; Maia y Jordan se disculparon unos minutos, y la joven los vio alejarse y sacar a ella un teléfono para poder hablar. Encogiéndose de hombros, con todo el cuidado que pudo y sorteando los cables, sus pies la llevaron hasta el mismo centro del escenario, justo frente a donde estaba ubicado el micrófono de Jace. Dado que el escenario estaba bastante elevado, la vista era impresionante, y Clary se imaginó todo ese espacio, ahora vacío, lleno de miles de personas, saltando y cantando las canciones de la banda.
—Es increíble— murmuró, acercándose más hacia el borde.
—Cuidado, no te tropieces— sus ojos enfocaron a Simon, que permanecía a su lado como un guardaespaldas.
—¿Qué se siente, cuando miles de personas corean a gritos vuestros nombres?— les preguntó, ya que Raphael se había acercado.
—Es un subidón de adrenalina- exclamó el último, jovial y contento —y desde mi trono, se ve mucho mejor— le señaló a Clary la plataforma, donde estaba colocada la muralla de platillos y tambores. Con su ayuda, pudo subir y sentarse frente al inmenso instrumento.
—Es cierto, tienes las mejores vistas— objetó ella, con una pequeña risa.
—Te lo dije— repusó este —haz lo honores, chica rock— le tendió las baquetas, que Clary cogió con precaución.
—Clarss, chica rock... ¿pones motes a todo el mundo?— inquirió ella, curiosa.
—Son cariñosos— se disculpó, encogiéndose de hombros y con una sonrisa inocente —adelante— le volvió a insisitir. Clary dio un pequeño golpe a uno de los tambores que tenía enfrente, pero apenas se escuchó. Lo intentó de nuevo, pero la baqueta se le escurrió de los dedos; por suerte, el propio Raphael pudo atraparla antes de que saliera volando.
—Perdón— murmuró, mordiéndose el labio.
—Tranquila, pero tienes que pegarle con ganas— le aclaró, dando él mismo un golpe sordo y fuerte, que resonó en todo el estadio.
—Vaya— susurró Clary —debes de tener mucha fuerza, para poder aguantar los conciertos enteros.
—Pesas y ejercicio— le aclaró, haciéndole un gesto para que se quitara. Raphael ocupó su sitio, y ante la sonrisa de Clary, empezó a tocar los acordes de una de las canciones de la banda. Simon le acompañó, sentado en el borde de la plataforma y rasganado las cuerdas de una de sus guitarras con movimientos ágiles y rápidos.
Los ojos de Clary se cristalizaron cuando reconoció la canción... una de las favoritas de Jonathan; no pudo evitar acordarse de él, y de como no creería todo lo que le estaba sucediendo ese día. Maia y Jordan se acercaron, y la morena se alarmó al ver la expresión de esta.
—¿Estás bien, Clary?
—Sí— meneó la cabeza, en un intento de despejar su mente y sus lágrimas —solo me acordaba de...— calló, incapaz de pronunciar ese nombre, pero la mirada de confianza que le daba Maia le animó a hablar —de mi hermano; érais su grupo favorito— les dijo a los chicos, que habían dejado de tocar.
—¿Éramos?— le preguntó Jordan, frunciendo el ceño.
—Mi hermano mur... murió hace dos años— les explicó —en un accidente de tráfico.
—Lo siento mucho, Clary— expresó Maia, compungida y tomando su mano.
—En verdad lo sentimos, todos— habló Alec, en nombre del grupo. No se dio cuenta de que este y Jace se habían acercado a ellos.
—No pasa nada— le quitó hierro al asunto —poco a poco voy superándolo; si yo soy aficionada al rock, es por él— sonrió levemente.
—Has tenido un buen maestro— la frase de Simon hizo que riera, y que se animara un poco.
—El mejor— le dio la razón, suspirando y girando su vista de nuevo al frente. Quería enfocar el recinto, pero en vez de eso de encontró con unos ojos dorados que la observaban con curiosidad.
—Bueno, chicos; es hora de que volváis al ensayo— anunció Maia rompiendo el hielo —ven Clary, vamos a empezar a trabajar un poco.
Las dos se fueron hacia los camerinos de nuevo, a la vez que la música volvía a sonar en Staples Center.
.oOoOoOoOoOoOoOoOoOo.
Por fin, la noche del concierto había llegado. El día de ayer había continuado tranquilo, más o menos. Mientras duraba el ensayo, Maia le había puesto al día con todo el trabajo y papeleo que iba a manejar; también se enseñó a manejar el teléfono y el Ipad, y le pasó un pequeño pen drive, con todo de lo que debían ocuparse para la promoción del nuevo disco y las fechas de los conciertos que debían cerrar.
También le explicó que ella no trabajaba en la sede de la discográfica, sino que lo hacía en su propia casa, donde el grupo tenía su cuartel general, incluyendo el estudio de grabación. Según la dirección que le dio, la casa del matrimonio Kyle se encontraba en una zona residencial denoninada El Valle de San Fernando o simplemente El Valle, barrio ubicado en plenas colinas de Hollywood. Clary se preguntó mentalmente a quien tendrían de vecinos, de seguro a gente famosa; le resultaba imposible imaginar a gente como Jennifer Anniston, que se sabía que vivía por esa zona, sacando la basura por la noche.
El ensayo terminó muy trade, incluso cenaron en Staples Center; Maia y Jordan se ofrecieron a dejarla en el hotel, ya que era casi medianoche y según ellos, el transporte público ya no era seguro a esas horas. Esa noche, después de quitarse la ropa y por fin, tumbarse en la confortable y mullida cama, hizo un repaso mental a todo lo que el día había dado de sí.
Pero el cansancio acumulado hizo acto de presencia, y enseguida cayó en un profundo y reparador sueño, cosa que hizo que a la mañana siguiente se levantara casi a las once de la mañana. Menos mal que Maia le había dicho que debía de estar a las cuatro de la tarde en el estadio.
Pasó lo que quedaba de mañana tranquila, incluso salió a dar un paseo alrededor del hotel, aprovechando para comprar el periódico y empezar a echar un vistazo a los pisos de alquiler, no quería abusar de la buena voluntad de su ahora jefe, Hodge Starkweather.
Y allí estaba, desde la cuatro de la tarde en el mismo escenario que ayer, pero con mucho más revuelo que el día anterior. Samuel le entregó su acreditación que inmediatamente colgó en su cuello, y también conoció a Eric, Alaric y otros miembros del equipo técnico. La banda estaba encerrada en el camerino, relajándose y charlando con diversas personas vip que iban a asistir al concierto; personas a las que la joven había muchas veces en la televisión y en las revistas.
Los operarios iban de un lado para otro, probando luces, sonido e imágenes en las enormes pantallas que coronaban los laterales del escenario, y revisando de manera minuciosa las pasarelas laterales, por donde había visto ayer que Jace se movía. Una hora antes de que empezara en concierto, los invitados estelares empezaron a abandonar el camerino, y Clary asisitió al ritual del grupo antes de un concierto. Simon y Alec afinaban y tensaban las cuerdas de los bajos y guitarras, Jordan repasaba el repertorio con Jace, y Raphael, ayudado por Eric, masajeaba sus brazos, y se colocaba una especie de guantes sin dedos.
—Clary— la llamó Maia —quiero presentarte a alguien— la joven la siguió, y en el lateral del escenario, donde iban a seguir ellas el concierto, conoció a Sophie, la simpática mujer de Alec, y al padre de Simon, y a su vez, tío del mismo. Su boca se abrió cuando una impresionante mujer rubia se acercó a ellas, sonriendo.
—Pensé que no llegaba— exclamó, un poco jadeante, dándole a Maia y Sophie un abrazo rápido —el avión se retrasó— rodó los ojos.
—Llegas justo a tiempo; te presento a Clary, mi nueva colaboradora; ella es Cam— la chica rubia sonrió, acercándose y dándole dos besos, que esta aceptó, petrificada. Ante ella estaba la modelo internacional Camille Belcourt, una de las mujeres por la que la mitad de la población masculina del planeta suspiraba; ángel de Victoria's Secret, modelo de cabecera de diseñadores como Dior o Dolce y Gabanna... dios... era aun mucho más guapa en persona, y altísima. Vestía vaqueros, un top rojo y zapatillas deportivas, y su pelo recogido en una coleta baja.
—Encantada— acertó a pronunciar Clary.
—Es un placer conocerte... ¿pero dónde está la cabeza hueca de Charlote?— interrogó, frunciendo el ceño.
—Adivina— habló Sophie, conteniendo la risa. Camille rodó los ojos.
—Entiendo— habló hastiada —¿ha venido Seelie?— preguntó con una mueca de asco.
—Estuvo aquí ayer— le contó Maia —no creo que venga, dada la hora que es.
—Mejor; voy a desearle suerte a Raphael— les guiñó un ojo de manera cómplice —vuelvo enseguida.— Clary recordó que ella era la eterna novia de Raphael... madre mía, en verdad su mente no podía procesar más datos.
La multitud ya chillaba y aplaudía de manera alarmante, y Clary supo que se acercaba el momento. Vio a los cinco hacer piña, antes de salir al escenario, para después adelantarse todos menos Jace. Simon levantó el puño, después de hacer una reverencia al público. La multitud chillaba como loca; Jordan también saludó, al igual que Alec, y Raphael levantó sus brazos, cruzando las baquetas para después sentarse en su batería.
Cam volvió con ellas, y las notas de la canción que abría el concierto empezaron a sonar. Clary no vio salir a Jace, ataviado con unos pantalones de cuero negros y una camiseta del mismo color de manga corta, que apareció en el escenario como por arte de magia; el estadio se cayó, literalmente, cuando su voz empezó a cantar, acompañado por Simon y Jordan en los coros. Joder... todavía no podía creer que tuviera a Slave Heart a solo unos pasos.
Observó a Cam, Sophie y Maia saltar y aplaudir mientras cantaban, como todo el público allí reunido. Se sintió cohibida, bastante había hecho el ridículo ayer... pero la voz de su jefa se coló por sus oídos.
—¡Vamos, Clary!— la animó —tu hermano no querría verte así— La letra de esa canción le hizo sonreír, y no pudo hacer otra cosa que ponerse a cantar y a saltar, coreando a pleno pulmón la letra de uno de los tantos éxitos del grupo... porque eso querría su hermano, que ella viviera cosas bonitas... que viviera su vida, y que disfrutara de todo lo que estaba pasando...
"Es mi vida,
es ahora o nunca.
No voy a vivir para siempre...
sólo quiero vivir mientras estoy vivo..."
Disfrutó; aplaudió y saltó como loca cantando esa canción, y todas las que siguieron... y pudo jurar que pilló a Jace mirándola unos ínfimos segundos, y hasta pudo atisbar el amago de una pequeña sonrisa. Sería un divo insoportable... pero que bien cantaba.
