Disclaimer: Magic Knight Rayearth no me pertenece y (triste realidad) nunca me pertenecerá jajaja.
Bueno, en realidad no es que tuvieran que casarse… por lo menos no como una imposición en el estricto sentido de la palabra, pero todos en el castillo sabían la importancia del matrimonio como un medio de subsistencia del poder monárquico en sus naciones. Unir a sus hijas con jóvenes de la aristocracia de otros reinos evitaba conflictos bélicos y aseguraba un intercambio comercial y cultural entre las naciones.
Eso los amorosos padres lo sabían bien. Eso las impetuosas chicas lo sabían bien. Todos y cada uno habían aprendido a aceptar el papel que le correspondía dentro de este juego. Todos aceptaban lo que inevitablemente ocurriría, o por lo menos eso aparentaban.
Nadie sabía el dolor en el pecho del Rey al pensar que probablemente no volvería a ver a ninguna de ellas una vez que se desposaran.
Nadie sabía la angustia en el corazón de la Reina por la incertidumbre de desposar a sus hijas con unos perfectos desconocidos. La impotencia de sentirse ignorante de la clase de hombres que se volverían señores y dueños de sus tres tesoros.
Nadie sabía la pena de Umi, la chica alta de cabello azul, la tristeza que le inundaba sólo de pensar que iba a separarse de sus queridas hermanas y de sus amados padres para ir a pasar el resto de su vida con alguien que nunca antes había visto siquiera, alguien del que ni siquiera conocía el nombre.
Nadie conocía el temor que vivía en el interior del corazón de Fuu, la chica rubia, al llegar a un lugar desconocido. El mismo miedo que se apoderó de ella el primer día que llegó a palacio… Esa misma sensación de saberse una extraña en su propio hogar.
Nadie se atrevía a pensar en el momento en el que Hikaru, la chica pelirroja, se convirtiera en esposa de algún hombre y éste reclamara su derecho de esposo sobre ella. Todos sabían que ella era inocente, pero no tonta, era consciente (aunque sólo fuera en parte) de lo que implicaba compartir su vida al lado de alguien ajeno a aquellos con los que creció y de quien aprendió a tener fe ciega.
Pensamientos como esos rondaban las mentes de todos en la familia, aunque ninguno se atreviera a externarlos; seguían sus vidas con la mayor dulzura y calma que eran capaces de expresar, o eso pretendían.
- Es inevitable…- Pensó el anciano padre como si con esas palabras tratara de convencerse a sí mismo de que eso era lo mejor, pero al mirar al interior de la habitación y encontrarse con la hermosa sonrisa de la Reina, de aquella mujer que él aprendió a amar aún después ser un matrimonio arreglado, sonrió para sus adentros, pensando en que, probablemente, sus hijas gozarían de una suerte similar a la de ellos y lograrían encontrar la plena felicidad.
- Está oscureciendo. Será mejor que les digas a las niñas que entren y se preparen para cenar-
- Claro. – y giró hacia la ventana- ¡Oigan, ustedes dos, entren ya! ¿Dónde está su hermana?-
- Estaba trepando aquel viejo roble de nuevo-
- Ya no está ahí, debe estar en el jardín. Entren, mandaré a que la busquen- No era extraño que la chica siempre desapareciera, su naturaleza inquieta y su espíritu aventurero la llevaban a querer explorar y conocer todo cuanto su vista percibiese. A veces el hombre se preguntaba si esa niña no sería acaso hija de algún trotamundos.
Siempre mandaban a buscarla, y siempre la encontraban, pero éste no sería el caso…
- Su majestad, recorrimos todos los jardines, revisamos la entrada al bosque, la copa de los árboles, incluso el interior del lago… la princesa no aparece por ningún lado…-
- Ha desaparecido…-
La conmoción por la desaparición de la menor de las hijas de Rey se disipó como reguero de pólvora por todos los rincones del castillo, y todo el mundo dejó sus actividades para integrarse a la búsqueda de la pelirroja, aquella chica risueña que contagiaba su alegría por la vida…
El Rey sólo podía pensar que esa situación no era normal… y pensó en la peor posibilidad: el bosque… aunque no se atrevió a repetirse ese pensamiento.
҉
Era la tercera vez que caminaba por ese sendero, la quinta que reconocía el mismo árbol caído y había pasado junto a aquella roca musgosa tantas veces que ya se había vuelto molesto. Sí, definitivamente se había perdido, no encontraba la salida de aquel bosque y si no lo hacía pronto no llegaría a tiempo a la ceremonia de recepción y seguramente el estricto soberano del reino de Paires lo mandaría al demonio con eso del matrimonio…
Bueno, aunque en realidad no le molestaría para nada perder a esa prometida que le asignó su hermano sin siquiera preguntarle o anticiparle. Por ahora no le interesaban las bodas, menos aún la propia.
Si se trataba de ver por el bien de su nación, prefería hacerlo entrenando hombres de armas o combatiendo él mismo en el campo de batalla, no metiendo a una extraña en su cama.
Lantis se miró las manos. Ya las había manchado de sangre en el pasado, pero era la sangre de enemigos... en combate armado, nunca la sangre de una virgen y así pretendía que siguiera siendo por ahora. Había trabajado muy duro en sus entrenamientos, y en los de sus escuadrones y gendarmes, casi se podría decir que a eso había dedicado sus últimos años de vida; se había mostrado valioso y honorable a los ojos de su hermano y de su padre, no tenía tiempo ni ganas de preocuparse por asuntos de mujeres ni de diplomacia monárquica.
- Bueno, primero tengo que salir de aquí, sino ni boda, ni mujeres, ni armas ni nada…- De pronto, el sonido de un lamento lo sacó de sus reflexiones. Prestó atención y empezó a seguir el sonido que aumentaba conforme se acercaba a un matorral.
Se llevó una sorpresa al encontrarse a una chica con la ropa rasgada, la cara llena de lodo y el cabello enmarañado y lleno de ramas. Sus ojos estaban hinchados y colorados, se le había caído un zapato y su pie desnudo estaba lleno de lodo y estaba sangrando, parecía que llevaba mucho tiempo en ese lugar.
Parecía asustada de que la hubieran encontrado, estaba encogida contra sí misma abrazando sus piernas con sus brazos y tenía la mirada perdida, sin ningún brillo.
- ¿Te encuentras bien?- La chica no le respondía, es más, trataba de alejarse de él con cada paso que el chico de ojos violeta daba para acercarse a ella.
- ¿Cómo te llamas? ¿Estás herida?- Ella siguió retrocediendo hasta que ya no pudo ir más, acorralada entre el hombre frente a ella y una roca a sus espaldas, él aprovechó el momento y tomó a la muchacha de los hombros y trató de levantarla del suelo. Ella mostró una expresión de dolor y cayó inconsciente en los brazos del pelinegro, quien descubrió que, efectivamente, estaba herida en sus brazos y piernas.
- ¿Qué rayos es esto? Parecen… marcas de dientes…
¡Hola a todo el mundo!
Gracias por acompañarme en este segundo capítulo. Como se habrán dado cuenta, esta historia es un fic de Universo Alterno, es una historia diferente con mi muy particular estilo, que ya tendrán oportunidad de ir conociendo jeje.
Espero que les esté gustando y gracias a aquellos los que se han tomado la molestia de leer :)
Por cierto ¡Feliz Navidad a todo el mundo! Ya no se nos hizo lo del fin del mundo pero esperemos que el 2013 nos traiga bendiciones, paz, amor y zombies de esos vegetarianos.
¡Saludos a todos, nos vemos la próxima semana!
PD. ¡Reviews, Reviews! Gracias a Mia Ryuzaki por tu mensaje y espero que con este capítulo siga gustándote, y gracias especiales a Xulder2012, por todo tu apoyo.
