SNK Heroines/The King of Fighters y todos sus personajes pertenecen enteramente a sus respectivos autores y son usados aquí con meros fines de entretenimiento y perversidad.

Aclaraciones y advertencias: esta historia no tiene realmente gran contenido, es más bien un PWP (o sea, lemon lol) entre Rock y Fem!Terry. Si no te agrada la idea, es mejor que no sigas leyendo; si sí te gusta o tienes curiosidad, bienvenido.

¡Capítulo dos de esta, eh, cosa! (?) Advertencia de smut aunque todo este fic lo es lol. Algo más: el capítulo original era DEMASIADO largo, por lo que decidí dividirlo aunque pienso que sigue siendo cansado… aunque bueno, ya no tanto (?) de igual forma, intenté no cortarlo tan abruptamente, pero podrán continuar el ritmo en el posterior. Sin más que decir, espero les guste.


Habían pasado ya un par de meses desde que Terry llegó a su vida en un estuche distinto, y era inevitable que Rock pensara cada día en lo mucho que habían cambiado las cosas. Su rutina continuaba con las actividades a las que estaba acostumbrado: preparar las tres comidas del día, lavar la ropa sucia, limpiar la casa y, en general, encargarse de que todo estuviera en orden mientras Terry se mostraba más ocioso de lo normal. No era para menos: Terry no podía trabajar mientras estuviera en esa forma, ¿qué diría cuando le pidieran su identificación y vieran el rostro de un hombre en la fotografía? Terminaría en prisión por robo de identidad o algo así. Por lo que el dinero escaseaba pero, pese a todo, Rock estaba habituado a vivir sólo con lo necesario, y lograban arreglárselas juntos. Sin embargo, llegó el momento en que Terry decidió, por fin, salir de su encierro autoimpuesto. En realidad fue algo complicado: primeramente, debieron buscar la ropa adecuada para ello, porque esos shorts no ayudarían a que pasara desapercibido. De igual forma había vuelto a usar la gorra a pesar de su cambio, por lo que Rock pensaba que su ánimo mejoraba de a poco. Mientras que por otra parte, se pusieron de acuerdo sobre qué decir en caso de encontrarse con algún conocido del mayor: "es la prima de Terry y Andy, vino de visita", y pareció creíble porque de los pocos conocidos con los que se toparon (ninguno muy íntimo, por suerte) nadie comentó nada más, y la persona que podría desmentirlo (el menor de los Bogard, claro) se encontraba a kilómetros de distancia. Claro que no faltaba el comentario sobre la belleza femenina, y eso lograba hacer que Rock frunciera leve el ceño aunque se calmaba enseguida: podían ver a Terry todo lo que quisieran, pero sí intentaban tocarlo, ella les rompería la cara de un puñetazo y él tendría que tranquilizarla y huir antes de que llegara la policía.

De hecho, la nueva apariencia de Terry no menguaba para nada sus fuerzas: seguía siendo capaz de darle una paliza en los entrenamientos, sujetarlo contra sí para que se levantara del piso y reír a carcajadas con falsa burla, diciéndole que aún le faltaba mucho para dejar de ser un novato. Y él sonreía como siempre, aunque había otras actividades que resultaron problemáticas, como jugar canasta: la primera vez que lo hicieron, Rock se perdió en el movimiento de esos pechos que amenazaban con salir del top, pero un sostén deportivo (y en el que se les fue una cantidad considerable de dinero) resolvió el problema, pese a que Terry se quejara de lo apretado que era y de que no podía respirar a gusto con esa cosa puesta.

A su lado, Rock se había tenido que encargar de asuntos que jamás consideró antes, como cierta ocasión en que estaba lavando la ropa y fue llamado por los gritos de la ahora rubia, que se había despertado de su siesta y se encontraba aterrorizada. Rock fue al cuarto, presuroso, para toparse con una mancha de sangre en las sábanas, y no tardó en relacionarlo con aquello que ocurría en el cuerpo de las mujeres una vez al mes. Costó mucho trabajo calmar a Terry, explicarle que era algo natural (y después se sintió algo estúpido de ser él quien le diera una cátedra de ese tipo al mayor) y correr a la farmacia para comprarle pastillas contra el dolor junto con compresas y tampones, aunque estaba seguro que elegiría lo primero. No es como si no lo hubiese hecho antes, muchos años atrás cuando vivía con su madre, pero la mujer que atendía no pudo evitar elogiarlo:

—No muchos chicos tienen el detalle de comprar esto para su novia —dijo entre risitas, y Rock estuvo a punto de corregirla, pero, ¿qué iba a decir? "No son para mi novia, son para el hombre que me adoptó de pequeño pero que por alguna razón se convirtió en una mujer que ahora tiene este problema y realmente no sé por qué explico esto…" y optó por fingir una sonrisa e irse de ahí cuanto antes. Camino a casa compró todos los ingredientes para hacerle al otro su comida favorita, y en cuanto llegó observó que Terry estaba sobre el sofá sentado encima de un par de toallas y con la mano firmemente apoyada sobre su vientre. Su semblante estaba pálido, y Rock no sabía si era porque de verdad estaba doliéndole mucho o porque exageraba, como era su costumbre.

—Es como si te apuñalaran... —suspiró pesadamente, y el más joven alzó una ceja, ¿cuándo diablos habían apuñalado al mayor? Pero no dijo nada, se limitó a mostrarle las dos opciones que tenía para sobrellevar esos días y, desde luego, acertó con lo de que escogería las compresas en lugar de los tampones — ¡Ni loco pienso meterme esas… cosas! —dijo, escandalizado. Rock simplemente asintió con la cabeza, le entregó los objetos y fue a la cocina a preparar el club sándwich que haría que Terry olvidara sus penas, escuchando sus quejidos durante todo el proceso. Terry prácticamente devoró la comida, e iba a pedir más cuando Rock le comentó que si lo hacía, iba a engordar: la rubia lo miró con completa indignación, cosa que jamás pasó antes ya que nunca se tomaba el asunto en serio, ¿era quizá porque estaba en esos días? No pasó mucho cuando los ojos de Terry enrojecieron y después, gruesas lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas ante la mirada horrorizada de Rock, quien intentó por todos los medios detener su llanto. Esto ocasionó que salieran más lágrimas, esta vez de frustración al no querer reaccionar así por algo tan tonto, pero sin poder evitarlo. Rock no pudo hacer más que entrar en desesperación, eso hasta que se le ocurrió una nueva forma de contentarlo:

— ¡Iré a comprarte helado! ¡Iré ahora mismo! —aseguró mientras salía del departamento a toda velocidad y, en cuanto lo hizo, Terry se llevó las manos al rostro y se limpió, calmándose poco a poco. Bien, al menos con ese terrible momento había conseguido algo.

Y así fue pasando el tiempo. Dejando de lado esa semana infernal que ocurría cuando un nuevo mes comenzaba, y a pesar de toda la incomodidad inicial y toda la sorpresa que le ocasionaba a Rock cuando aprendía algo nuevo sobre el cuerpo femenino, Terry seguía siendo esa persona amena que ocultaba todo tras una sonrisa, la persona que lo adoptó y le brindó su cariño y comprensión, el único que no lo juzgó por su legado, porque sabía que no tenía culpa alguna. Y ahora él sabía que Terry tampoco tenía la culpa de sentir esos deseos que le mandaba su nuevo cuerpo, deseos que no podía reprimir por mucho que lo deseara. Lo que al comienzo fue un gran problema para Rock, acabó convirtiéndose en una agradable rutina: complacer a la ahora mayor cuando ella se lo pedía. Normalmente eran los fines de semana, aunque hubo un par de ocasiones en las que despertó al sentir el aliento de la rubia contra su oreja y el movimiento de arriba hacia abajo para frotarse en su cuerpo. A pesar de la vergüenza, se dejaba llevar, procurando controlarse para no reaccionar demasiado a los toques de esas manos que se aferraban a su abdomen, cabeza o lo que tuviera a su alcance al momento de llegar a su clímax. Porque era cuestión solamente de la otra, no suya. Terry ya se había percatado de que, en cuanto acababa, Rock se quedaba un momento a su lado para luego salir de la habitación y la puerta del baño sonaba cerrándose tras él. Era muy obvio a lo que iba y, si bien al inicio le dio bastante pena saber que se estaba masturbando por su causa, después le hizo pensar en que estaba comportándose de manera egoísta: Rock se ocupaba de su placer a tal grado que ni siquiera le ponía atención al suyo hasta que terminaban o, más bien, que ella terminaba. Tampoco es como si Rock no disfrutara del asunto, le resultaba agradable verle llegar a su límite, contemplarla con los párpados apretados y la espalda arqueada, la respiración que por un momento se detenía, los pechos que subían y bajaban al compás de su suspiros… una soberbia visión que nunca creyó que disfrutaría tanto. Pero, aún así, Terry sabía que la situación no podía continuar si ella… él, no ponía de su parte.

Pero no se creía capaz de hacerlo. Pensando fríamente, mucho había hecho ya en días anteriores al abrirse de piernas para que Rock explorara su intimidad a gusto, con el rostro igual de rojo que sus pupilas. Por su parte, Terry se cubrió con una almohada por la vergüenza de que el otro la contemplara así, a pesar de que ya la había visto antes, pero no era lo mismo ya que en esos momentos estaba perdida en el placer y en estos, estaba plenamente consciente de sus actos. Y se mordía el labio inferior cuando el otro usaba sus dedos para abrirle la vulva y contemplar esa zona rosácea que parecía deseosa de la atención del menor, a pesar de que los toques eran simple curiosidad y no lujuria. No podía culparlo de querer saber más sobre ese cuerpo: a Rock nunca le interesaron las mujeres, y ahora que tenía la oportunidad de conocer su anatomía con la persona en la que más confiaba, no iba a desaprovecharla. Pero en una ocasión y sin quererlo, estaba tan húmeda que el otro logró introducir uno de sus dedos, y al sentirlo, Terry abrió los párpados antes de soltarle un fuerte golpe con el pie en plena cara, haciéndolo caer de la cama. Al reaccionar, ella se incorporó apresuradamente para ayudarlo mientras se deshacía en disculpas, pero Rock negó con la cabeza y se limpió con el dorso de la mano el hilo de sangre que le escurría por la comisura de los labios. Al menos no le tiró ningún diente.

Rock se sentía atraído hacia ese cuerpo, era obvio y tenía que lidiar con ello. Pero también sucedía algo más: Terry se sentía atraído al cuerpo de Rock, a pesar de que ya lo conocía. Es como si lo viera con otros ojos (técnicamente así era), se percató de ello cuando estaban en la cocina y no podía dejar de observar su bien formada espalda, cómo la playera se le alzaba unos milímetros descubriendo la blanca piel, la manera en que se atusaba el cabello cuando le caía sobre la cara… y, sobre todo, lo que había más abajo: los glúteos delineándose contra los entallados pantalones de mezclilla. Nunca se había percatado de lo bueno que estaba Rock hasta ese instante, y el cosquilleo entre sus muslos era la prueba de que disfrutaba la vista. Se quedó absorta en esa parte al punto que sólo volvió a la realidad al oír al menor decir que la comida estaba lista, y no supo qué responder cuando le preguntó sobre su fuerte sonrojo.

Era tan claro como el agua: ese cuerpo femenino se sentía fascinado por el joven, ¿cómo no hacerlo? A su edad, Rock era muy apuesto, estaba seguro de que cuando creciera lo sería incluso más. Aunque a él no le gustaba, siempre acababa por hacerse notar: su madurez, su semblante serio pero que podía ruborizarse de esa forma tan tierna como ya había visto. También le atraía aquello, esa ingenuidad y ese rojo que teñía sus mejillas pero que, cuando menos se lo esperaba, oscurecía sus pupilas de puro deseo, de ganas de complacerla a pesar de su inexperiencia. Y no sólo eso: era atento, le preparaba deliciosa comida, la escuchaba y le ponía atención, le gustaba estar a su lado. Cualquier chica estaría feliz de estar con Rock, en todo sentido: siendo cuidada, protegida y mimada por alguien como él. Por lo que entendió que era momento de dar el siguiente paso.

Sin embargo, costó algo de trabajo convencer al menor de llevarlo a cabo: se había sonrojado a tal grado que Terry se asustó de que acabara colapsando, pero afortunadamente no fue así. Notó el temblor en su diestra al momento de girar la perilla de la puerta por lo que fue ella quien se adelantó para hacerlo, tomándolo de la mano para guiarlo. Frente a él, buscó anhelante su vista pero Rock la evitaba por vergüenza, así que tuvo que hacer más de lo que tenía planeado: le dirigió una seria mirada mientras, en silencio, bajaba el corto cierre de su chaleco. A pesar de que tenía más ropa seguía ocupándolo, la costumbre no se quitaba fácilmente. No tardó mucho en terminar deshaciéndose de la prenda, lanzándola al suelo quedándose únicamente con el top blanco cubriendo la parte superior de su cuerpo, y a excepción del sostén deportivo y un par más, en ese momento no traía puesto nada, por lo que era levemente visible lo que había bajo la tela. Ahora sí tenía toda la atención del menor y eso le hizo sonreír, subiendo la diestra pero, en lugar de quitarse el top, se apartó la gorra y en un rápido movimiento la colocó sobre el joven antes de echarse a reír.

— ¡Te va mucho mejor a ti! —Afirmó, alegre —.Tú sí que eres toda una lindura fatal.

Rock frunció el ceño, apartándosela con cuidado mientras la ponía encima de uno de los burós. Al ver esto, Terry dejó de reír pero mantuvo su sonrisa y, cambiándola por una más maliciosa, ahora sí cumplió el deseo del más joven y con ambas manos se deshizo del top. Rock se perdió en la vista de esos pechos que, a pesar de ya conocer, resultaban tan fascinantes como el primer día, y cuando Terry le lanzó la prenda al rostro juguetonamente, hizo una mueca que desapareció cuando ella se abrazó a él: si bien quería que se tranquilizara, también quería sentir la calidez de su cuerpo, olfatear el aroma que la había vuelto loca desde el inicio. Él le correspondió al poco rato y ella aprovechó para dar un par de pasos hacia el borde de la cama.

Ambos cayeron al colchón, abrazados. Ahora Rock era el más aferrado al cuerpo de Terry, con el rostro oculto en el prominente busto, pero ambos sabían que no lo hacía por el furor del momento sino por algo más acorde a su personalidad: timidez. Rock estaba derritiéndose de vergüenza pero también de deseo, lo primero por obvias razones y lo segundo porque su lujuria estaba a flor de piel, suplicando por una salida. Quería eso, lo necesitaba... y Terry también. Llevó la diestra a la cabeza del menor, acariciado maternalmente la mata rubia.

—Tranquilo... todo está bien —le dijo ella. Se atrevió incluso a enderezarse un poco para darle suaves besos en el cabello, con la única intención de calmarlo. Era tan tierno… y era tan obvia su inexperiencia, al menos en algo como eso. Quizá le resultaba más sencillo dedicarse completamente a su placer por el hecho de ser observador, a tal grado que descifraba a la perfección lo que ella necesitaba, pero era muy distinto en ese momento que no entendía lo que su propio cuerpo sentía. Rock siempre se preocupó más por los demás que por sí mismo, no le extrañaba que en ese instante donde podía ocuparse finalmente de cumplir sus propios deseos, hubiese algo que lo detuviera. Aquel pensamiento lo hizo pasar sus piernas alrededor de su cuerpo para que no se separara, pero Rock no se atrevía a apartar la cabeza de entre sus pechos, su improvisado escondite.

—Así que te gusta ahí, ¿eh? Pero casi nunca le pones atención, siempre prefieres ir más abajo —comenzó a decir Terry, y eso causó justo lo que deseaba: Rock alzó la cabeza mirándola fijamente con un intenso rubor en las mejillas.

— ¡E-eso no es…! —no pudo seguir hablando, no cuando sintió los brazos de Terry aferrándose a su nuca y después, sus labios contra los propios. Por un largo rato se quedó en shock total: ¿era cierto lo que estaba pasando? ¿De verdad Terry lo estaba besando? Su primer beso… atinó a cerrar los párpados y dejar que ella continuara, con ese contacto suave y hasta cierto punto casto. Se separaron unos momentos después, Terry pasó la mano a su cara para acariciar el mentón del más joven, antes de subir el dedo pulgar hasta su boca entreabierta, delineando el labio inferior.

— ¿Ya te sientes más tranquilo? —preguntó, sonriendo. Pese a su aparente calma, Rock pudo apreciar que también se encontraba ruborizada, aunque seguramente no tanto como él. Pasó ahora la otra mano para tomarlo de las mejillas y, en silencio, comenzar a besar su rostro, pasando por sus pómulos hacia su nariz y de ahí a la frente. Estaba actuando como una novia demasiado cariñosa, y eso causó en Rock un escalofrío: Terry era su tutor, no su novia… aunque ahora fuera una mujer con la que se sentía cómodo, una mujer que había despertado en él instintos y necesidades que nunca pensó que tendría. Y fue Terry quien, de nuevo, lo sacó de sus pensamientos:

—No haremos nada que no quieras —fueron sus palabras, y Rock se sintió apenado pese a que tenía el derecho: Terry era mucho mayor que él y a pesar de tener ese nuevo cuerpo, lo hacía sentirse como un niño torpe, por lo que tomó fuerzas antes de negar con la cabeza. Ella sonrió, de manera casi resignada, y colocó la diestra sobre su cabello para despeinarlo cariñosamente.

—Entonces no te separes de mí —le indicó, bajando las manos a su espalda acariciando la tela de la ropa en círculos. Rock se estremeció, pero más aún cuando la otra comenzó a hablar: — ¿Sabes? He estado leyendo algo sobre las mujeres que te interesará mucho… —confesó, al fin y al cabo tenía que averiguar todo lo posible de ese nuevo cuerpo, encontrándose con algo bastante curioso que, si bien ya sabía desde antes, ahora resultaba más atrayente que nunca. Pasó los labios a la oreja contraria, y una leve mordida en el lóbulo de la misma provocó que el menor dejara salir un quejido — ¿Sabías que las chicas se pueden correr una y otra vez? Multiorgasmos, se llama —hizo una pausa, volviendo a mordisquearle la oreja suavemente aunque esta vez Rock no se quejó y eso la hizo sonreír, complacida —.Las primeras veces me has dejado noqueado: hoy quiero la revancha.

—Terry, yo...

Lo calló con el índice contra sus labios. No quería que pensara en él de ese modo: en ese instante no era Terry Bogard, su maestro y padre adoptivo, no era el hombre que lo había criado, no era un lobo solitario o hambriento... aunque eso último sí quedaba, estaba hambriento… de él. Rock tragó saliva: había entendido. Sin embargo, asintió con la cabeza antes de separarse un poco para contemplar el rostro sonrojado de Terry, y volvió a unir sus labios. Ella pareció sorprendida pero aún así se dejó llevar, tomándolo de la espalda para aferrarse a él y que no se separase. Dio un respingo cuando sintió las manos del menor sobre sus pechos, más aún cuando comenzó a masajearlos, palpándolos con suavidad antes de dirigirse a los pezones. Dejó escapar un gemido en la boca contraria.

— ¿Así está bien? —preguntó él, continuando con los movimientos. Terry suspiró, los dedos de Rock se cerraban en torno a sus pezones para luego pellizcarlos y tironearlos, aunque no con la fuerza suficiente para hacerle daño. Ella asintió y volvió a atraerlo para besarlo, mientras el menor seguía masajeando la zona, jugueteando con esos botones rosáceos que estaban cada vez más duros. Hubo otra cosa que también se estaba endureciendo, pero prefirió no ponerle atención con tal de seguir atendiendo el cuerpo contrario.

Bajó las manos. Al inicio escuchó a Terry soltar un gruñido a modo de protesta pero en cuanto se separó de sus labios, lo miró fijo, confusa y agitada. Rock se atrevió a descender también el rostro, pasando los labios por encima del mentón de la rubia antes de bajar a su cuello. Escuchar a Terry gemir fue música para sus oídos, y en cuanto se apoyó en medio de sus piernas, con la rodilla contra su intimidad, sintió cómo ella temblaba, por lo que fue depositando un camino de toques con los labios descendiendo al busto. Cerró los párpados antes de concentrarse en el pezón más cercano, estirándolo con sus labios de manera suave antes de llevar la diestra al otro pecho para estimularlo de igual forma. Terry se mordió el labio.

—M-me gusta —admitió, dedicándole una tímida sonrisa. Rock había alzado la vista hacia ella, todavía dedicado a atender sus pechos, pero ver a Terry con las mejillas teñidas de rubor logró hacer que desviara la mirada, avergonzado completamente. Volvió a acomodarse y eso provocó que la rodilla empujase contra la entrepierna de Terry, sacándole un gemido. Sus manos seguían aferradas a los pechos, a pesar de que quería ser cuidadoso no podía evitar apretar con fuerza de cuando en cuando, y Terry no parecía adolorido porque ya se hubiese quejado. Incluso y aprovechando el tamaño de sus senos, los masajeó con rudeza antes de hacer el esfuerzo de juntarlos y así atender los dos pezones al mismo tiempo, succionando ávidamente, cosa que hizo que Terry echara la cabeza hacia atrás no sólo por el placer sino por la sorpresa: sabía que Rock era ingenioso, pero no esperaba que a ese grado. Se aferró desesperadamente a las sabanas mientras el menor continuaba, usando la lengua para enseguida seguir sorbiendo, e inconscientemente empujó de nueva cuenta la rodilla contra la intimidad de la rubia y aquello provocó que arqueara la espalda mientras volvía a gemir. Bastó un empujón más para hacer que se corriera, pero Rock no pareció notarlo hasta que ella, con la respiración pausada, le hizo un gesto para que se detuviera y le diera un momento para recuperarse. Cerró los párpados: no había durado mucho en tener ese orgasmo, el primero del día y con parte de la ropa aún puesta. Sin embargo, aún se sentía con fuerzas para continuar y que el menor también disfrutase del acto.