Haru despertó a mitad de la noche. Una tenue luz de alguna lámpara del alumbrado público entraba por la ventana. Se concentró, todavía entre sueños, para normalizar su respiración.
No era normal.
Esto no podía ser normal.
Hoy era la última noche en el onsen y desde ese beso las cosas habían seguido igual, a excepción de la erección que se alzaba orgullosa entre las piernas de Haruka. Con cuidado de no despertar a Makoto se levantó, decidido a ir al baño para apaciguar aquella molestia que sentía, pidiéndole a quien fuera que por favor no estuviera Rin en los pasillos. Caminó con cuidado hasta llegar al baño, puso el seguro y se dio el lujo de soltar el aire que había aguantado.
No entendía nada.
No sabía si era porque no había podido nadar hace dos días o por todo lo que pasó hace una noche, pero como siempre "Rin tenía la culpa". Notó que su corazón había acelerado de golpe su ritmo y empezó a jadear, sintiendo que se ahogaba. "Y ahora… ¿qué…?" Pensó, sin dejar de mirar el bulto en sus pantalones de dormir. Se tocó por encima, sintiendo cómo se erizaban los cabellos de su nuca, sintiendo ese placentero escalofrió que recorrió cada rincón de su cuerpo. Siguió así unos minutos hasta que no aguantó más y terminó por sacárselos. Algo en su cabeza le pedía a gritos que pensara bien las cosas, pero por otro lado quería mandar todo a la mierda.
Ubicó su mano alrededor de su miembro comenzando con un vaivén lento, disfrutando las sensaciones que su mano podía darle. Rindiéndose a sus propios pensamientos, acelerando el paso, negándose a gemir, tratando de mantener su boca en una línea recta.
Pero no pudo.
Fue dejando de lado a aquella voz en su interior, ya podría culparse de esto más tarde.
Se abandonó completamente a los recuerdos de hace una noche. Gimió entre cortado cuando apretó un poco su erección. Sus labios entreabiertos brillaban por la saliva mientras imaginaba al pelirrojo ahí junto a él, recorriendo su boca, lamiendo sus labios, su paladar, saboreándolo por completo. Enrollando su lengua intrusa con la suya.
Se deslizó poco a poco, hasta llegar al piso. Estaba helado, pero poco importó. Nanase había cerrado los ojos mientras ronroneaba el nombre del pelirrojo.
Sentía el final cerca, y mientras movía su mano un poco más rápido, se entregó a un revoltijo de sensaciones donde los espasmos ayudaban a dejar la confusión de lado por un momento. Y el líquido viscoso que quedaba en su mano era la marca indirecta que había dejado Matsuoka en él.
Cuando se despertó por la mañana estaba cansado, se pasó una mano por el rostro automáticamente recordando la noche anterior. Se sentó de golpe en la cama, rojo hasta las orejas, sin saber qué pensar.
No podía pensar en nada.
Sentía que se inundaba lenta, dolorosa y placenteramente en un huracán de sentimientos que lo hacían poner todo en duda.
¿De verdad veía a Rin de esa forma? Quería creer que no, pero su cuerpo reaccionaba, y él no era tonto para no darse cuenta.
Sólo quería pensarlo un poco más. Quería nadar y no salir de ahí.
Sus sentidos estaban en alguna parte lejos, se sentía enfermo, pero mucho más allá de cualquier malestar físico. Tenía miedo. Miedo en lo que era en ese momento, miedo en lo que pasaría si Rin se le acercaba, miedo de sus reacciones, de cómo se le electrizaba cada fibra cuando pensaba en él.
Sin darse cuenta, estaba cayendo poco a poco.
Alistaron sus cosas para volver cada uno a su hogar. Estaban en la puerta, cada uno con sus maletas. Los chicos de Samezuka volverían juntos mientras que los demás irían a casa de Makoto a tener una última noche de "fiesta", claro, aunque viendo películas y comiendo algunas cosas.
Cada cierto tiempo Matsuoka miraba a Nanase, quien al darse cuenta evadía su mirada, pero algo notó que lo hizo sonreír como estúpido. Las orejas del pelinegro estaban completamente rojas, o esto era algo muy bueno o muy malo.
Se le acercó, dudoso pero a paso firme, notando cómo el cuerpo frente a él se encrespaba. Si tan sólo pudiera tocarlo…
"Hola" le dijo, recordando inconscientemente la otra noche, "Makoto nos ha invitado pero tenemos que estar temprano en Samezuka", decía mientras miraba un mechón de cabello fuera de su lugar en la cabeza del más bajo. Entonces se dio cuenta que aunque fuera un contacto casi invisible quería tocarlo. ¡Joder! Qué ganas de tocarlo.
Alargó su mano derecha hasta alcanzar aquél mechón rebelde. Metió sus dedos entre su pelo, sintiendo cómo el contrario botaba aire de golpe. "Se le está haciendo una costumbre", pensó.
Continúo con el contacto, moviendo su mano lentamente sobre el cuero cabelludo hasta que sus miradas conectaron nuevamente, y Rin no pudo aguantar más.
Lo tomó de la mano y se adentraron nuevamente en la estancia del lugar. Los demás ni cuentan se habían dado de la falta de esos dos, hablaban animadamente.
Llegaron a la habitación en la que se había quedado el pelirrojo. Olía a él aún, aquél olor a cítricos invadía cada centímetro de Haruka en ese momento, quien respiraba pesadamente.
"¡Rin! Debemos irnos los demás…" pero no pudo terminar la frase, sus labios habían sido apresados otra vez. Los brazos del pelirrojo lo envolvían deliciosamente mientras lo atraía hacia él. Trató de alejarse pero su espalda tocó el muro.
Poco a poco el beso se volvía una danza en donde sus lenguas eran las participantes. Las piernas de ambos temblaban y se deslizaron poco a poco hasta llegar al piso.
Ya ninguno de los dos estaba pensando.
A Haru le faltaba el aire. El pelirrojo lo estrujaba entre sus brazos tan deliciosamente que se dejaba hacer. Sus labios, ya hinchados y rojos, brillaban deseando ser besados con la misma intensidad de hace un momento, pero en el fondo estaba hecho un mar de dudas. Quería hablar y preguntar qué era lo que planeaba el más alto, pero lo único que consiguió fue mantener la mirada por unos segundos que parecieron eternos.
"¿Qué planeas con todo esto?" Le preguntó cuando su respiración se calmó un poco, "no te entiendo, me besas, me dices todas esas cosas, ¡y yo no sé qué hacer! ¡Me siento enfermo y mi cuerpo...!"
"Tu cuerpo ¿qué?" Lo interrumpió Rin mientras se le acercaba de nuevo y besaba la comisura de sus labios. "Dime qué le pasa a tu cuerpo", dijo casi en un susurro. "Si no me dices no pararé, porque quieres que pare, ¿verdad?"
Tocaba su abdomen por encima de la ropa. Se sentía tenso y vibraba ante su tacto.
"Yo no puedo parar, poco a poco invades cada centímetro de mi, y sé que a ti te pasa lo mismo." Haru, sin decir nada, se dejaba hacer nuevamente, sintiendo los labios del contrario besando sus mejillas, su mandíbula, bajando por su cuello, lamiendo la manzana de Adán lentamente, considerando bajar a un más. Pero no podía. Quería lamer su clavícula, seguir bajando y acariciar sus pezones, lo quería a él por completo.
Nanase había perdido y se estaba dejando hacer. Se estaba hundiendo poco a poco, siguiendo los besos, probando la lengua de Rin, dejando que sus sabores se mezclaran.
El pelirrojo se acercó hasta pegar su cuerpo junto a él y pudo notar cómo las entrepiernas de ambos estaban más que despiertas para seguir.
Pero Haru lo apartó de un empujón.
"No me toques" dijo casi en un susurro, ambos mirándose desconcertados. "Por favor, no me toques", repitió en un hilo de voz. Matsuoka trató de acercarse a él nuevamente pero Haruka lo alejó abriendo la puerta y saliendo de la habitación.
Para cuando se dio cuenta, había caído completamente.
