(¯·..·-Patrones Cíclicos-·..·´¯)
La historia de Beyblade como los personajes son propiedad de Takao Aoki
Ok, vuelvo a esto de los fic, espero les guste owo
(¯·..·-Nyu Oz Leonhart-·..·´¯)
Capítulo 2
Dos semanas trascurrieron desde la muerte de su abuelo y por extraño que pareciera extrañaba al viejo. La mansión le parecía más grande y silenciosa así que decidió pasar el tiempo libre en la abadía, quizá pudiera ayudar a Serguei con el asunto de los lugares no deseados.
Apenas pasar la puerta de entrada escucho un gran ajetreo, muchos niños se aglomeraban para escuchar, Kai también se acercó y presto atención al pasar.
— Encontraron huesos de humano —dijo uno de los niños mayores— eran muchos.
— ¿Esto era un cementerio? —preguntó otro.
— No me gusta —sollozo uno de los más pequeños.
Kai no tuvo que escuchar más para ir directo a la oficina de Sergei, todos los educadores estaban allí y hacían mucho más ruido que los niños.
— No podemos seguir así, ellos nos sobrepasan y se las arreglan para hacer incursiones durante la noche —se quejaba la actual novia de su amigo rubio, quien era educadora en la abadía.
— Los más pequeños están sufriendo pesadillas, no podemos hacerlos dormir.
— Tranquilos ya resolveremos esos problemas —Sergei parecía cansado— ¿cómo va la clausura de los dos primeros túneles?
— Ehh —Kai se aclaró la garganta y los maestros notaron su presencia— es tiempo de unos cambios— dijo al rubio y este asintió.
Encontrar otro lugar con tales dimensiones había sido un trabajo duro pero nada imposible para las empresas Hiwatari. Habían tardado una semana en acondicionar el lugar y en mudar a los niños a su nuevo hogar, que estaba más cerca de la ciudad y tenía jardines más amplios y lo que era mejor, ningún pasado turbio. Lo único que hacía falta era deshacerse de la antigua construcción. Y eso algo de que se ocuparía personalmente, aunque hubiera deseado que el pelirrojo le acompañase.
Bajó de su convertible y entro al vacío recinto, sentía la necesidad de visitarlo antes de decidir qué hacer con esa propiedad. Ahora sin nadie dentro era más frío y los ecos recorrían cada piedra. El pasillo principal que daba al comedor y el gimnasio primario. Doblando la esquina estaba la oficina de Boris, la que usaba para aparentar, porque sabía que un nivel más abajo estaba la privada. Sus pies lo llevaron por ese camino que de niño había recorrido una decena de veces, la puerta ahora estaba clausurada pero basto un par de golpes para derrumbar el muro de tabla roca. Dentro estaba oscuro, tanteo la pared hasta encontrar el apagador y la luz se encendió.
— Idiota Sergei, no cortar la electricidad de esta zona —pensó en los bastos recibos de energía— todo allí estaba intacto, el escritorio, los archiveros, aquella silla deslizable y tras una bandera (ahora desgastada y mugrienta) de su país había una puerta oculta que conducía a su habitación. Allí había sido la primera vez que había visto a Yuriy, cuando el pelirrojo salía con un hematoma en la boca y las ropas rasgadas y el por su parte pulcro como una muñeca entraba para recibir el mismo entrenamiento privado.
Salió de inmediato no dejaría que los recuerdos desenterraran sus miedos de infancia, avanzó a los calabozos, el lugar predilecto de Bryan, ese niño arrogante y orgulloso que prefería una paliza a humillarse, aunque Boris sabía una y mil maneras de obtener lo que deseaba así que Bryan no había escapado de sus manos ni de su perversión.
En lo más alejado estaban los laboratorios donde investigaban acerca de las bestias bit, y en el ala contraria estaban las habitaciones. Kai suspiró, vender aquel lugar no iba a ser nada fácil, a menos que lo quisieran como museo de torturas, pero eso significaría que alguien escavaría muy al fondo, descubrirían los secretos horribles del lugar y muchos, incluido él serían el ojo del huracán. Kai no deseaba revelar sus más profundos secretos, no quería que nadie se enterara de todas su humillación, de los abusos, de las penurias, de los maltratos bajo el nombre Hiwatari. No, todo debía ser destruido, de las cenizas podría crear algo nuevo.
Estudio los planos, agregó los pasillos que no estaban incluidos, y para no dejar pasar nada, se obligó a sí mismo a inspeccionar cada habitación, cada posible entrada, cada ducto, cada armario o pared falsa. En dos semanas había encontrado otro calabozo, una enfermería que parecía más una sala de tortura de alguna película gore, dos pasillos a baños privados dignos de un rey romano y una pequeña recamara junto a la enfermería de pesadilla, el cuarto era austero, había solo una silla pesada de metal en el centro; con correas en los reposabrazos, en la parte baja de la silla. Una lámpara colgaba del techo y en la pared ennegrecida por el tiempo y el moho había colgada una tablilla con hojas amarillentas que habían sido comidas aquí y allá por algún insecto. La escritura era casi invisible en la primera hoja, no pudo adivinar qué era lo escrito allí, la segunda estaba en mejores condiciones, pero apenas alcanzo a ver trazos de la palabra más grande al inicio de las hojas y era un "ecre". Kai suspiró y cambió de páginas hasta que encontró una que entendió sin esfuerzo, hablaba de un experimento con algunos de los internos de la abadía, la creación de soldados perfectos. Seguramente eran los primeros intentos de Boris por tener al ejército ideal, la técnica era antigua, de la primera guerra mundial, se sometía al individuo al dolor, a luces, a silencio, a frío y demás barbaridades creadas por perfectos lunáticos que dominarían la voluntad con un par de palabras de activación.
— No tenías límites ¿Verdad Boris?
Miró la siguiente hoja, era una lista que iniciaba con un año, el nombre y la palabra fallido, era una lista larga, al parecer se había investigado incluso antes de la llegada de Boris, la siguiente hoja estaba en pésimo estado, comida por todos lados. En la última línea solo se leía el nombre "Yur".
El estómago de Kai dio un vuelco y su pecho empezó a sudar frío, quizá solo fuera coma de su mente que quería encontrar información donde lo existía nada, Yur no significaba Yuriy, debían existir muchos nombres rusos que iniciaran con esas letras… aunque no le venía ninguno a la mente, aun así ni siquiera estaba el año, pudo haber sido un Yuri de décadas atrás antes de que ellos estuvieran allí, y sobre todo, el sabría de eso, Yuriy sabría de ello, no era un secreto su formación a Cyborg.
Respiró más tranquilo, debía deshacerse de todo eso antes de que su mente se volviera más loca que la de Boris o su abuelo. Salió de la habitación y corrió hasta el aire fresco de la tarde. Subió al auto cuando notó que la tablilla con las hojas seguía en su mano, en un movimiento de repulsión la arrojó al asiento trasero para meter las llaves en la hendidura y correr su auto tan rápido que las sirenas de los policías pronto fueron puntitos parecidos a estrellas rojas y azules que se perdieron en el firmamento.
Kai no trabajó en los siguientes dos días, se lo paso descansando, mirando esas antiguas películas caseras que había hecho con Rei, extrañaba al chico, no costaba admitirlo pero no podía negar ese sentimiento. Quizá, solo quizá podría doblar un poco su orgullo e ir a China a pedirle que volviera, le pediría que le ayudara a hacer un parque o cualquier cosa encima de la abadía. Rei era bueno es esas cosas, quizá hasta abriría un comedor comunitario y el mismo cocinaría, seguro eso lo haría muy feliz. Sí, Kai estaba seguro que lo que necesitaba ahora era esa paz que le daba Rei Kon.
Sonrió al televisor y apago la pantalla para coger el teléfono, llamaría a su hangar y programaría el vuelo. El pib de la línea abierta le recordó al silencio que Rei hizo por torturantes segundos, antes de decirle que no iría al entierro de su abuelo. Lo necesitaba en ese momento y Rei simplemente le había dado la espalda. ¿Por qué ahora correría a sus brazos? ¿Qué cambiaba ahora y el momento vulnerable de la pérdida de su único familiar? La voz dentro de la cabeza de Kai hizo tantas preguntas que terminó por colgar el teléfono. Tomó su abrigo, la cartera y las llaves del auto.
Desactivo la alarma y cuando iba a subir miró la tablilla, había un número anotado así como una dirección. Kai identifico enseguida que se trataba de uno de los bancos más seguros de Rusia, el número debía ser de una caja de seguridad, él no tenía la llave pero ya que su abuelo estaba muerto imaginaba que tendría que hacer algunas llamadas a importantes abogados, pedir algunos favores y Voilá.
Justo como planeó, Kai estaba esperando en una lujosa sala color marfil con una impresionante alfombra roja que se extendía por toda la sala, seguramente estaba hecha a mano. Los floreros dispuestos armónicamente por toda la sala estaban repletos de hortensias blancas y rojas. El lugar olía a poder y dinero, seguramente no le gustaría a Rei, a Rei no le gustaban los lugares ostentosos, era más del tipo simple, claro era un pueblerino, se mofó y mientras sonreía un hombre de impecable traje negro le pidió que le siguiera. La oficina igual de elegante con gente elegante que pedía su firma aquí y allá, montones de papeles que leer y ser firmados para llevarlo a una sala blindada con una mesa, una silla y una única caja metálica, le entregaron la llave antes de dejarlo solo.
Kai notó lo delicado del trabajo de la llave, era antigua pero complicada, un verdadero artesano podría hacer un tesoro igual, y seguramente esa llave llevaba a otro tesoro, uno invaluable. Insertó la llave y su corazón de desbocó, las manos le temblaban cuando el clic dijo que estaba abierta y levantó la tapa con cuidado. Kai perdió el aliento al mirar la única hoja de papel con un par de palabras anotadas. Dobló la hoja y la guardó para dejar la sala.
(¯·..·-Patrones Cíclicos-·..·´¯)
La cama crujía con el movimiento, jadeos de placer hacían eco en la habitación, unos roncos y otros extasiados. Bryan Kuznetzov estaba sobre su esposo, hacían el amor de la manera que los rusos lo hacían, desenfrenados, apasionados, ardientes.
— ¡Calla, los vecinos vas aquejarse otra vez!
Yuriy sonrió y mordió el cuello ajeno que tenía a su alcance, apagó sus jadeos aunque Bryan gruñía por el dolor y la excitación volviendo más fuertes las embestidas. La cama ahora se quejaba, la cabecera golpeaba contra la pared. Yuriy soltó la piel del cuello y tras un ronco gemido los movimientos pararon. Las lechosas manos de Yuriy acariciaron la piel de la espalda del ruso mayor, hizo caminos en la piel perlada por el sudor hasta tomar el mentón ajeno y dejarle un beso suave que término con una mordida.
— Aún sigo molesto —musitó Bryan.
— ¿Aún? ¿No vas a olvidarlo jamás?
— No me gusta que me mientas y omitas información — los verdes ojos se concentraron en los azules de Yuriy— me asusta pensar que no volverás jamás.
— ¿Y a donde voy a ir?
— Con Hiwatonto
— Kai y yo tenemos historia, pero es historia antigua. Tú eres mi presente —le abrazó— y no me iré nunca de tu lado.
— ¿Lo prometes?
— Lo juro —le soltó apenas para hacerse una cruz sobre el corazón con el dedo— por la tumba de mi madre.
— Por suerte el idiota solo tiene un abuelo, ya no tendrás que ir a consolarlo.
— No lo consolé, solo asistí a un funeral.
— Pero te quedaste en su casa —Bryan frunció el ceño.
— ¿Y donde querías que me quedara? Todas las bancas del parque estaban apartadas.
— No digas nada más, estoy molesto.
Bryan se dejó caer sobre el pecho ajeno y se quedó allí mientras las manos le rodeaban y besos llenaron la coronilla de cabellos pálidos.
— Tengo que ir a trabajar, pero no quiero.
— Ve, yo también tengo cosas que hacer, pero te prometo que haremos algo especial esta noche.
— ¿Tú nunca estás satisfecho? —alzó la mirada sonriendo como un niño.
— Pensaba en otra cosa —susurró a su oído algo y Bryan sonrió más ampliamente— llegaré temprano.
Entre besos Bryan se levantó y cubrió el cuerpo de su pareja con la sabana mientras se metía a bañar, cuando salió Yuriy estaba dormido, no se atrevió a despertarlo y dejó su hogar en silencio. Cinco minutos más tarde el teléfono sonó.
—Bryan, el teléfono —se giró y al no obtener respuesta manoteó hasta coger el aparato— Diga —dijo adormilado.
Del otro lado se escuchó un tono familiar diciendo palabras que no tenían sentido
—Nieve, familia, campanilla, cero, plata, espada.
Yuriy abrió los ojos, las pupilas se dilataron, la respiración se tranquilizó, una voz monótona respondió a su interlocutor.
—Listo para obedecer.
(¯·..·-Continuara-·..·´¯)
