Descargo de responsabilidad: Demashitaa! PowerPuff Girls Z no me pertenece, solo utilizo sus personajes sin fines de lucro.
Pareja: Kaoru/Butch.
Torn and Broken
Chapter II: Defense for Butch.
Azoté la puerta a sus espaldas, y corrí de vuelta a mi habitación y pateé todo lo que me encontrara.
No entendía, la verdad. No entendía la razón de mi mal humor y repentina furia que me atacó de rrepente, ni por qué me sentía en parte desilusionada, ni por qué me sentía herida. No entendía nada. Y, obviamente, cuando uno no entiende nada, tiene que volver al punto donde dejó de entender todo. ¿Cuál sería ese? El momento en que dijo que yo le gustaba, sí. No. No, ese no es. Es más atrás de aquel momento. Tal vez mucho más atrás. A ver, ¿qué tan atrás en el pasado era? Veamos, quince, dieciséis, diecisiete. Ah, dieciséis. Ese es. Justo en ese momento dejé de entender, fue el instante exacto en el que la mirada de una persona que pensé que nunca cambiaría, cambió.
— ¿Recuerdas ese nuevo lugar de comida rápida del centro comercial? Mitch dijo que me invitaría a comer. Me iba a negar, pero la verdad es que la comida me tentó.
— ¿Mitchelson? No es mi asunto, Kaoru, pero ese sujeto es un idiota.
—Como si no lo supiera, te digo que solo voy por la comida.
—Ajá... Entonces, nos vemos luego.
Dieciséis años. Habían pasado ya cuatro años desde eso. La invitación a comer con Mitch había resultado en mi primera confesión, algo que me hizo alzar una ceja e irme sin decir nada, incluso abandoné la comida. Nunca se lo mencioné a Butch, solo lo dejé pasar y el asunto quedó en el completo olvido. No noté que la mirada que pensé que seguía observándome igual, era una mirada que ya había dejado de mirarme de la misma manera hace mucho tiempo. Tampoco noté que fue la primera vez que escuché aquella frase que me dejaría con los nervios en punta en un futuro próximo. Una frase que ahora sonaba como una manera de autodefensa. Se defendía de algo. Puede que de mí.
— ¿Holaaa? Kaoru, ¿me estás oyendo?... ¡Kaoru!
Pestañeé un par de veces y quité la mirada del lápiz que estaba en una esquina del banco, peligrando de caer al suelo en cualquier momento. Cogí el lápiz y evité la mirada de Momoko, que me siguió en todo movimiento. Vale, podría hacer como que solo quería evitar que el lápiz cayera y no que me había quedado demasiado sumida en mis pensamientos y no había oído ni jota de lo que la pelirroja me hablaba.
—No estabas escuchando, ¿o me equivoco?
—Te equivocas.
—Sí, claro —Momoko rodó los ojos y fijó la vista en el pizarra, donde un proyector mostraba un vídeo de la autobiografía de un reconocido escritor—. Bueno, antes de que vuelvas a meterte dentro de tu propia cabezota, te pido que prestes atención a esto, el maestro acaba de decir que entrará en el examen final.
—Ah, vaya mierda —estiré mis brazos y solté un quejido de pereza—. En serio, nunca creí que hubiese algo peor que la escuela, pero la Universidad la supera por mucho. Dios, extraño los momentos en los que podía dormir en clases sin preocuparme de nada más que la hora en la que sonaría el timbre.
—Sobretodo los momentos esos en los que te ocultabas detrás de una pared de libros para poder jugar vídeo juegos con Butch, ¿no?
Dejé de tronar mis dedos y miré a Momoko con los labios fruncidos.
— ¿A qué viene eso? ¿Por qué sacas a ese sujeto?
—Ah, solo recordaba esos tiempos en los que parecías tranquila a su alrededor —dijo con cierto tono de nostalgia, algo que me molestó. ¿A qué se refiere con parecías tranquila?—. Ya sabes, los momentos en los que tú solo jugabas y Butch parecía una gelatina.
— ¿Qué, una gelatina?
Momoko había estado escribiendo en su cuaderno, pero dejó a un lado su bolígrafo para mirarme directamente a la cara. Unos asientos más al costado de Momoko, podía ver el perfil de Butch, mirando hacia adelante, supongo que prestando atención a la clase. Historia de la Literatura era una clase opcional, yo la tomé porque Momoko no quería estar sola y nadie más había querido tomarla con ella, luego de eso, resultó que Butch también había tomado interés en una clase que no muchos tomaban por el hecho de que el profesor era aburrido, pero ahí estábamos los tres, Momoko por gusto, yo por obligación (aunque debía admitir que no eran tan aburrida como esperaba) y Butch porque ve a saber tú. Obviamente, pude haberle preguntado antes, no sé, tal vez en el mismo momento en el que apareció en la clase dándonos los buenos días a Momoko y a mí, o bien pude haberle preguntado en los momentos en los que nuestras miradas se cruzaban, debido a que era extraño sentarse lejos de él, y por lo general, comentábamos cualquier tontería de la clase.
Y mientras mi mente procesaba todo eso, Butch miró en mi dirección durante una fracción de segundo y... apartó la mirada.
¿Mmh?
—Dime, ¿a qué te refieres con gelatina?
— ¿Me estás jodiendo? —cuestionó Momoko, y puso los ojos en blanco justo en el momento en el que el timbre sonaba—. ¿Sabes? Siempre has sido un poco distraída con estas cosas, pero venga, ya no tienes quince o dieciséis años, sé un poco más perceptiva —juntó sus pertenencias y se levantó de su silla—. Brick encontró un par de películas en Netflix que le han llamado la atención, dijo que podríamos verlas el viernes en su casa. Bueno, nos vemos luego, ¿sí?
Me despedí de ella con la mano y me quedé sentada en mi lugar sin moverme, a pesar de que ya la mayoría se había comenzando a ir. Butch seguía sentado en su banco, ordenando sus cosas con una lentitud desesperante. Algo raro, obviamente. No, no era raro que él hiciera cosas con cierta lentitud, sino que era raro que yo me estuviese desesperando por el simple hecho de verlo sentado tan cerca de mí y sin reaccionar de ninguna forma en particular. Y como si me hubiese leído la mente, Butch se levantó de golpe de su lugar y caminó con paso lento hacia mí, y una ansiedad extraña abrazó mi estómago. Mientras me preguntaba si me habría dado dolor de barriga o algo, recordé de la nada que hace un par de días que no cruzaba palabras con Butch, que ya había llegado a mi lado, y que la última frase que le había dicho había sido algo parecido a "Que te den". Bien hecho, Kaoru, siempre hallando formas de cagarla de maneras monumentales.
—Oye, Kaoru, yo...
—El viernes hay noche de películas en tu casa, ¿no? —lo interrumpí en un impulso de miedo—. ¿Sabes qué películas quiere ver el papanatas de tu hermano? Espero que sea algo de terror, no creo poder soportar la idea de pasar otra noche viendo alguna estupidez de películas de perritos o alg...
—Necesito hablar contigo.
Oye, oye, oye. ¿Qué pasa, en serio, qué? El corazón me dio un vuelco tremendo. Horrible. Fue horrible. Una mezcla de emociones vino con tan solo un par de palabras sueltas acompañadas con la típica expresión de nada que tenía Butch. Repito, ¿qué pasa? Más bien, ¿qué me estaba pasando a mí?
— ¿De... qué?
La respiración se me cortó por un milésima de segundo, pero a juzgar por la cara de Butch, pasó inadvertido para él. El Him me examinó durante un momento, y debo confesar que por alguna razón comencé a jugar con mis dedos como una jodida niña.
—Hablemos afuera, ¿sí?
—Ah, vale. De acuerdo.
Salimos afuera, pero no me dijo nada fuera del salón. Seguimos caminando y no dijo ninguna palabra durante un par de minutos, hasta que a lo lejos, divisé la máquina expendedora que se quedaba con mi dinero. Pensé en comprar algo, tenía un montón de hambre y no había comida nada desde la mañana, pero Butch se detuvo y apoyó la espalda en la pared que tenía detrás, junto a una planta muy bonita que alguna vez Miyako juró que se llevaría a casa, lo que, por cierto, dejaba ver sus indices de ladrona de la naturaleza.
— ¿Y bien, de qué querías hablarme, Him?
—Es algo que llamó mi atención el otro día cuando te acompañé a tu apartamento —explicó con voz calmada, nada comparado a como me estaba comenzando a sentir yo. Estaba inquieta, malditamente inquieta—. Es algo en lo que no pude evitar fijarme cuando entré a tu habitación y, bueno, me estaba preguntando...
Mierda, cómo tarda en decir las cosas. Me desespera.
—Dilo ya, ¿no?
Butch parpadeó un par de veces, y noté que no me había estado mirando a los ojos desde que se había apoyado en la pared. Lo noté porque, en el momento que aparté los ojos —momento en el que me regañé internamente—, me observó fijamente hasta que yo le devolví la mirada. Pensándolo bien, hace un tiempo que Butch no me miraba a los ojos o que, más bien, hace un tiempo que parecía evitar mi mirada.
—Un libro —dijo, y yo me descoloqué por completo—. El maestro habló en clases sobre él, y recordé haberlo visto en tu habitación. Quería saber si podías prestármelo, me pareció interesante.
¿Era eso? ¿Un libro? ¿Este bastardo me hizo ponerme nerviosa, y por un libro? ¿Un jodido libro que quería que le prestara? ¿Me está tomando el pelo o qué demonios?
—De acuerdo.
Y seguí caminando hacia delante, con la vista fija en la máquina expendedora y sin dejarme envolver por el sentimiento de desilusión que amenazaba con tragarme. Por el rabillo del ojo, vi a Butch ladear la cabeza hacia un lado, con una expresión que no logré descifrar. Sea como sea, me alcanzó después de poco tiempo y continuó caminando junto a mí, algo que a mi repentino mal humor no le agradó demasiado, sin embargo, me detuve en la máquina expendedora y compré dos barras de chocolate.
—Ten, te obsequio una —le pregunté luego de que la recibiera—. Éstas son las que te gustan, ¿no?
—Sí, pero no son las que te gustan a ti.
—Ya sé —confesé, y la verdad es que ni sabía por qué había comprado algo que no parecía que me gustaría—, pero la verdad es que nunca la he probado.
—Típico de ti, Matsubara —me dijo, algo sonriente.
Salimos de la Universidad, y no pude evitar fijarme en que no comió la barrita de chocolate. Encima de mentirme diciendo que le gusto, no se come las cosas que le obsequio. Butch se puede ir yendo al demonio, se los juro.
El viernes por la noche llegó antes de que me diese cuenta, y cuando abrí los ojos de una merecida siesta que había decidido tomar, el timbre de mi apartamento comenzó a sonar repetidamente, como si la persona detrás estuviese desesperada por entrar. Por supuesto, yo sabía que no era así, solo eran Momoko y Miyako fastidiando como siempre, y para cuando abrí la puerta, no me sorprendió verlas ambas con los brazos cruzados y con caras de impaciencia.
—Eh, hola.
—Vamos tarde por tu culpa, Kaoru —me acusó Momoko luego de que entramos a mi habitación—. De nuevo.
—Es culpa de ustedes —me defendí un tanto indignada—. Ni que yo les pidiera que me pasen a recoger, ustedes solitas llegan aquí.
Ambas se habían lanzado sobre mi cama a esperar a que yo acabara de alistarme, lo que en realidad no tomaba demasiado tiempo si se trataba de mí, así que ni sé por qué el par se quejaba tanto. Alrededor de las diez, yo ya estaba lista, vestida con cazadora, unos jeans ajustados y, para mi propia extrañes, decidí que estaría bien usar unas botas de tacón alto que Miyako me había regalado hace un tiempo. Cuando estuve lista, Momoko y Miyako se quedaron observándome desde mi cama con ojo crítico.
— ¿Qué? —inquirí en tono desafiante, y bueno, ni sabía a qué venía ese tono.
—Te alistaste más de lo común, Kaoru —puntualizó Miyako, y yo enarqué una ceja—. Déjame decirte que resulta sospechoso.
—Demasiado sospechoso para una noche que bien podría ser una fiesta de pijamas o algo así.
—Ay, tú cállate —espeté en contra de Momoko—, que todos sabemos que mientras nos obligan a ver películas, tú y Brick se ponen de acuerdo para ir "al baño" casi al mismo tiempo.
— ¡Oye, no...!
—Como sea, ¿nos vamos o qué?
En menos de media hora, llegamos a la tan popular mansión Him, que para el horror de Momoko y Miyako —y puede que un poco para mí— era la casa más deseada de conocer por media población femenina de la Universidad. Olviden eso, yo creo que dentro de esos porcentajes también entraban hombres. Fuese como fuese, se nos consideraba afortunadas, supongo, ya que no cualquiera podía visitar la mansión Him tan frecuentemente. Aunque nosotras no nos sentíamos afortunadas o algo, debido que éramos amigas de los tres idiotas desde la adolescencia, y también estaba el hecho de que Brick y Momoko salían, Boomer y Miyako estaban a un paso de llegar al mismo punto, y Butch y yo... ¿Butch y yo qué?
Pues nada.
Sí, nada.
Nada.
—Brick, si nuevamente es una película de perritos, te mato —amenacé al pelirrojo en cuanto lo vi cruzar la sala para dirigirse al gran televisor que había en medio—. Te juro que te mato.
—Silencio, mocosa —me ordenó mientras me daba la espalda, y aún dándome la espalda, apuntó hacia la cocina—. ¿Por qué no haces algo productivo en vez de estar vagueando en el sofá? Butch está haciendo las pizzas, ve si necesita ayuda.
— ¿Por qué yo? Ve tú.
—Que no —me fulminó con la mirada desde su lugar—, estoy ocupado, ¿qué no ves?
—Uy, qué esfuerzo ese que haces.
Me levanté, quejándome obviamente, y le pegué un empujón al pelirrojo, que se había reído por lo bajo en cuanto pasé por su lado. Al llegar a la cocina, vi a Butch delante de la barra de mármol. Estaba concentrado añadiéndole queso a una de las pizza y tatareaba una canción que me parecía conocida. De todas maneras, no debió haber notado mi presencia, porque cuando le hablé para indicarle que a una parte de la pizza le faltaba queso, dio un sobresalto y pasó a llevar un cuchillo de carnicero que voló por la cocina hasta clavarse en la mesa que estaba cercano a nosotros.
— ¡Mierda, Kaoru! —exclamó exaltado, y yo lo miré alzando las cejas—. ¡No te aparezcas así, me has dado un jodido susto!
—Uh, lo siento —me disculpé mientras caminaba a buscar el cuchillo que había salido volando—. Eres un exagerado.
Llegué de vuelta a su lado y dejé el cuchillo cerca de las pizzas. Butch se me había quedado mirando durante un par de segundos, y cuando lo miré, apartó la mirada... Otra vez. No sé desde cuándo viene este hábito de mierda que cogió, pero verdaderamente me estaba comenzando a colmar la paciencia, y eso es algo que yo no tengo mucho.
— ¿Qué? —espeté con brusquedad, él alzó una ceja sin mirarme.
—Lo siento por gritarte —me dijo en voz algo baja. Yo estaba apunto de coger el orégano para rociarlo sobre las pizzas cuando lo oí hablar, y mi mano quedó suspendida en el aire mientras lo miraba—. ¿No te hiciste daño, cierto? Hay un botiquín de primeros auxilios en el baño, yo...
—No me hice daño —me apresuré a aclarar, y vaya, sí que es un exagerado—. Más importante, Brick me dijo que te preguntara si necesitabas ayuda... ¿Necesitas ayuda?
—Ah, sí —me respondió. Me extendió un bol repleto de setas junto con un cuchillo pequeño—. Ve cortándolas en rodajas, ¿vale?
Asentí con la cabeza y cogí el cuchillo. Estaba a un lado de él cortando setas distraídamente mientras lo observaba preparar una nueva pizza, añadiéndole diferentes ingredientes y especias y todo el rollo, sin embargo, actuaba normal, o sea, igual que siempre. Como un idiota, en otras palabras.
Maldita sea.
¿Qué tipo de hombre sano y normal se comportaba así de tranquilo en frente de la supuesta chica que le gusta? De acuerdo, ambos somos adultos, tenemos veinte años y hemos pasado la etapa de andarnos con rodeos y pérdidas de tiempo, pero eso no quiere decir que te comportes como un endemoniado anciano sin sentimientos, siquiera intenta coger su mano o lo que sea. ¿Hasta qué punto llega la lentitud de una persona? ¿Cómo es posible que me esté sucediendo esto? ¿Cómo...? Oh. Al parecer, Butch no es el único lento, yo también lo soy. En fin, ¿cómo no se me ocurrió antes? Es la mejor solución a mi problema. ¿Cómo saber si realmente le gusto? Probando al sujeto, por supuesto. Y cuando la mano de Butch decidió descansar sobre la mesa, vi la oportunidad perfecta para comenzar mi mini-plan, uno que consistía en mover una de mis manos lentamente hasta la suya, y así, como si hubiese sido por casualidad, hacer que nuestras manos se juntaran. Y sí, Momoko y Miyako me han obligado a ver todas sus películas románticas, pero el sufrimiento valió la pena... Olviden eso, no lo valió. Nuestras manos se tocaron, sí, pero Butch la apartó rápidamente.
—Oh, lo siento.
No me jodas, Him.
—Ni al caso.
HOLA LINDURAS FJKD, nah, hola, ¿cómo están? Yo bien, aquí con un montón de frío, pero bien. En fin, he vuelto (para mí sorpresa) antes de lo que me esperaba. Tal que nada, seguí escribiendo el fic bien inspirada y decidí colgar el segundo capítulo mientras aún se mantenía mi alegría por escribir o eso, así que aquí estamos (¿
Muchas gracias por los comentarios y demás, estoy feliz de que les haya gustado el comienzo del Fanfic y de que también les haya agradado leer a un Butch más serio y maduro. La verdad es que a mí también me gusta bastante así, le da su toquecito de misterio y DJHFJK no puedo + con su belleza y sensualidad, pero bue
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