Resumen: Placeres culpables… aquellos que guardamos en lo más recóndito de nuestro ser. Harry y Draco descubrirán cuáles son los suyos y harán lo que sea para saciarlos. SLASH

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Rowling y Warner Bro.

Notas de la autora: ¡Hola! Acá les traigo el segundo capítulo de esta pequeña historia. Quiero dedicárselo especialmente a Mani por haberse tomado el trabajo de comentar. Y a todos los que la han puesto entre sus favoritos y alertas. ¡En verdad se los agradezco! ^_^

Advertencias: Sexo explícito. Excitación sexual al escuchar hablar en Parsel, la lengua de las serpientes. (Sí, me paso por el arco del triunfo el canon de que Harry haya perdido esa habilidad luego de derrotar a Voldemort)

Aclaraciones dentro del fic: La letra cursiva corresponde al diálogo en Parsel. La información sobre las serpientes está sacada de Wikipedia.


Guilty Pleasures

Tres horas. Tres horas exactas han pasado y Draco aún no ha regresado a casa. Harry no puede evitar mirar el reloj de la sala de estar con irritación, como si este fuera el responsable de todos sus problemas. Un frustrado sonido escapa de su boca al ver cómo la manecilla más larga alcanza el número doce, indicando con ello que otro minuto más se ha ido. Ya han pasado tres horas y un minuto… y Draco sigue sin dar señales de vida.

Siente un molesto sentimiento apoderarse de sus entrañas, revolviéndolo todo. Es el claro malestar que lo asalta cada vez que los nervios lo sobrepasan y la desesperación toma el mando. Su despiadada mente comienza a crear crueles suposiciones del motivo de la tardanza de su pareja, incrementando con ello su desasosiego y ansiedad. La cordura comienza a escapársele lentamente y debe reprimir con fuerza los desesperados impulsos de levantarse del sofá e ir a buscar él mismo a Draco.

Con gran esfuerzo logra contenerlos a tiempo y permanecer sentado en su lugar. En un claro gesto de nerviosismo remueve sus cabellos, desordenándolos aún más en el proceso. Otro frustrado bufido sale de su boca, mientras en su mente se repiten una y otra vez las mismas preguntas. ¿Por qué Draco aún no ha vuelto, siendo que dijo que llegaría a tiempo para la cena? ¿Se habría olvidado de avisarle que se quedaría hasta tarde trabajando? ¿Seguiría en reunión con esos inversionistas franceses? ¿Acaso esos "inversionistas" estarían tratando de obtener algo más de su novio que un simple acuerdo financiero? ¿Sería posible que Draco les estuviera siguiendo el juego sólo para conseguir ese importante convenio? ¿Y si esos franceses eran extremadamente atractivos y Draco se daba cuenta de que ellos eran mejores partidos que él?

El pánico rápidamente se esparce por cada fibra de su ser ante este último interrogante. Harry cierra con fuerza sus ojos y se obliga a calmarse. No puede dejar que ese tren de infundados pensares lo dominen. Él confía ciegamente en Draco y en lo que ellos tienen, por lo que es irrisible el siquiera suponer que la tardanza se deba a ese motivo. Recuperando un poco de confianza, decide tratar de ocupar su mente en algo más mientras espera a su pareja, evitando así que los nervios que aún lo recorren aniquilen la escasa tranquilidad que adquirió.

Tomando el control remoto de la pequeña mesita del living, enciende la televisión. Deseando fervientemente encontrar algo con lo que distraerse para no seguir recreando desesperantes hipótesis, las cuales sólo lo hunden en un océano de desesperanza. Harry pasa con desgano los diversos canales, tratando de encontrar algo interesante que ver. Descarta con velocidad cualquier informativo, ya que al provenir del mundo muggle, estas noticias no tienen mucha relevancia en su vida. Películas de acción, canales de cocina, partidos de fútbol y hasta un documental sobre el apareamiento de los leones son pasados de largo sin consideración.

En uno de los canales que pasa observa algo que le llama la atención. Un programa especial dedicado a las serpientes más venenosas del mundo está siendo emitido. Harry se queda mirando embelesado las imágenes de esos ofidios, mientras escucha la monótona voz del locutor explicar las características de cada especie.

"…Entre las serpientes más venenosas y peligrosas encontramos a la cobra real o cobra de Birmania (Ophiophagus hannah). Capaces de alcanzar una longitud promedio de 3,7 metros, aunque se han registrado casos que han llegado a medir hasta 5,5 metros…"

Harry observa con fascinación y algo de inquietud al intimidante reptil. Rápidamente su mente comienza a divagar en su vasta experiencia con estos animales. Recuerda con nostalgia a la Boa Constrictor que liberó del zoológico cuando sólo tenía diez años, aquella que le arrojó a su primo sin pretenderlo. Su tío se enfadó mucho esa vez, no obstante, ni los posteriores castigos que recibió amilanaron la gran emoción que sintió al haber podido comunicarse con una serpiente.

"…Cuando están en peligro o se sienten amenazadas, las cobras despliegan una especie de capucha en la zona de la cabeza, diferenciándose así del resto de las serpientes..."

Otro recuerdo asalta su mente, el de su segundo año en Hogwarts en el cual, gracias a la serpiente que le arrojó Draco, descubrió que el poder hablar con ellas no era algo común en el mundo mágico y que solía asociárselo la mayoría de las veces a magos tenebrosos. Harry sonríe al recordar la gran conmoción que causó en todos este descubrimiento, exceptuando a cierto Slytherin. La imagen de un Draco de doce años observándolo con una intrigada mirada acomete sus pensamientos.

Su por aquel entonces némesis fue el único que no encontró para nada perturbador el hecho de que pudiera hablar Parsel; por el contrario, parecía creer que era un hecho sumamente interesante. Jamás le preguntó qué fue lo que le atraía tanto de ello. Supone que es debido a que Salazar Slytherin, el fundador de su casa en Hogwarts, había sido famoso por esta cualidad.

"…El veneno de las cobras tiene un efecto devastador sobre el sistema nervioso y puede causar la muerte si no se administra inmediatamente el antídoto. Además de inyectar su veneno, algunas cobras pueden escupirlo comprimiendo los músculos que tienen en los colmillos..."

Harry sigue escuchando la detallada explicación del narrador, trayendo a su mente imágenes del colmillo de basilisco que se clavó en su antebrazo en la cámara de los secretos. Si el fénix del profesor Dumbledore no hubiera estado allí para sanar la herida con sus lágrimas, el veneno de esa gigante serpiente lo habría matado. Al igual que la mordedura de Nagini le quito la vida al valiente profesor Snape.

Su semblante se ensombrece al pensar que, de haber estado Fawkes allí, su muerte podría haberse evitado. Siente un gran remordimiento al recordar el odio que le profesó durante tantos años a ese hombre. Remordimiento que se incrementó aún más al descubrir que Severus había sido el padrino de su novio y que este lo quiso como a un padre. No puede evitar sentir una gran impotencia cada vez que el recuerdo de su ex profesor lo asalta. Porque no importa cuántas veces Draco le diga que no había nada que él hubiera podido hacer para salvarle la vida, siempre creerá que debió tratar de encontrar alguna forma de cerrar esa herida en su cuello.

"…En la mitología egipcia, la cobra es el símbolo solar y protector del faraón, representada como Uadyet y Uraeus..."

Sacude su cabeza con fuerza para intentar alejar todos esos depresivos pensamientos que no lo llevan a ningún lado, volviendo a concentrar su atención en las imágenes frente a sus ojos. Una cobra real se desliza con sigilo en un desierto, dejando salir un susurrante silbido. Harry queda hipnotizado al escuchar el sonido ejercido por el viperino ofidio y no consigue evitar preguntarse si él aún puede hablar Parsel. Desde que se deshizo de Voldemort, jamás ha vuelto a intentarlo, demasiado atemorizado a lo que eso pueda significar. Según Hermione, al haber sido destruido el Horrocrux que residía en él, ya no tendría que poder hablar con las serpientes. ¿Pero y si no era así? ¿Y si ese poder que le fue transmitido junto con el fragmento del alma de Voldemort no se había ido?

Sin despegar la vista de la pantalla, decide que es hora de averiguar este interrogante que aún no ha sido resuelto de una vez por todas. Armándose de valor y luego de dejar salir un prolongado suspiro, Harry posa sus ojos en la serpiente que continúa lanzando ininteligibles sonidos para la mayoría de las personas y sin percatarse de lo que hace, de su boca escapan una serie de silbidos.

Draco… ¿En dónde estás? ¿Por qué tardas tanto?

Un fuerte golpe resuena en la quietud de su apartamento, alejándolo de ese trance en el que parece haberse sumergido. Sus reflejos de Auror se activan de inmediato y rápidamente saca su varita, apuntándola en la dirección de la cual provino tal ruido. No obstante, la baja al instante al ver a su pareja parado cerca de la chimenea.

Harry se levanta del sofá con una gran sonrisa y se acerca para saludarlo. Cuando sus labios se posan en la boca de Draco comprende que algo no está bien. No hay respuesta alguna a su beso y el cuerpo del Slytherin permanece totalmente tenso. Unos segundos después se separa y observa con atención el aturdido semblante frente a él.

─ ¿Draco?... ¿Qué ocurre? ¿Estás bien?... ¡Draco, respóndeme!

Comienza a desesperarse al no obtener ninguna respuesta. La de por sí pálida piel de Malfoy parece haber adquirido un tono enfermizo. Sus brazos permanecen estáticos a sus costados y sus puños están fuertemente cerrados, provocando que sus uñas se claven en la parte interior de sus palmas.

Harry no sabe qué es lo que ocurre ni el motivo de la ausencia de respuesta del otro. Desvía su mirada al responsable del ruido que se escuchó y ve a un lado de Draco su maletín. Algo debió haberlo impresionado demasiado para que lo dejara caer al suelo. Con suavidad posa sus manos en su rostro e intenta traerlo de vuelta a la realidad.

─ ¿Draco?... ¿Qué te sucede? ¿Por qué estás así, amor?... ¡Por favor, respóndeme!

─ Tú… ─ Draco vuelve un poco en sí al escuchar el aterrorizado tono con el que Harry habla. Posa su mirada en las verdes iris y echa un rápido vistazo a la encendida televisión, donde aún continúan deslizándose imágenes de serpientes. ─ ¿No te diste cuenta, verdad?

─ ¿Darme cuenta de qué?

─ ¡Hablaste en Parsel, Harry!

─ ¿De qué estás…? ¡Oh, mierda!

─ ¿Por qué nunca me dijiste que todavía podías seguir hablando Parsel?

Deja salir esto con algo de irritación, alejándose de un impactado moreno. Con un simple hechizo, desaparece su maletín hacia la habitación que usa como oficina y comienza a quitarse su grueso abrigo. Harry permanece paralizado en el lugar que estaba, con la vista clavada en el suelo. Sus manos tiemblan incontrolablemente y en su mente no deja de repetirse una y otra vez el descubrimiento de su interrogante.

A pesar de todo lo que ocurrió y de todas las hipótesis de Hermione… él aún puede hablar con las serpientes. Ese peculiar poder no fue eliminado de sí cuando el fragmento de alma de Voldemort finalmente fue destruido. No entiende el porqué de que aún pueda hablar Parsel. ¿No se suponía que todos sus problemas terminarían cuando finalmente cumpliera con la profecía? Entonces… ¿Por qué el destino nuevamente aniquila su tranquilidad, volviéndolo a convertir en un fenómeno?

Un desolado escalofrío lo asalta al recordar el asustado semblante de su novio ante tal revelación. Otra vez su vida lo ha puesto en una situación de la cual no puede escapar y en la que hará que aquella persona que más ama se aleje de su lado. Siente ganas de destrozar algo, de gritar con fuerza hasta que sus cuerdas vocales se rompan, mas ningún sonido escapa de su boca.

Levanta su mirada y posa sus ojos en Draco. Lo observa arremangarse la camisa y aflojar el nudo de su corbata. En ningún momento hace contacto visual con él, demasiado perdido en sus propios pensamientos. La brecha que se ha abierto entre ambos es casi palpable y Harry no puede evitar desesperarse al ver la inexpresiva máscara que se ha alzado en el rostro de su novio.

Necesita decirle algo urgentemente… explicarle de alguna manera que él no tenía idea de esto. Por desgracia, no logra encontrar las palabras exactas para justificarse. El miedo que lo recorre al creer que puede perder a Draco es desgarrador. Siente su corazón latir descontroladamente y su respiración dificultarse, como si una invisible fuerza estuviera oprimiendo sus pulmones.

Despegando un segundo la vista, observa que el documental en la televisión acaba de terminar. La imagen de una cobra real en un estado de alerta es lo último que puede apreciarse, antes de que un anuncio publicitario comience. Harry cierra sus ojos con fuerza y aún puede ver los ojos de la serpiente atravesando su alma. Reuniendo valor desde lo más profundo de su ser, toma una decisión que de seguro definirá su futuro y su felicidad.

Moviéndose sigilosamente como el animal responsable de sus desgracias, se acerca hasta colocarse detrás de Draco. Éste no se percata de su presencia hasta que escucha el suave susurro del Gryffindor a sus espaldas, ocasionándole un pequeño sobresalto que no consigue ocultar del todo.

─ Draco…

No hay ninguna respuesta y eso sólo acrecienta el desasosiego en el moreno. Suspirando audiblemente para brindarse fuerzas, comienza a hablar. Las palabras que tanto se le escaparon unos instantes atrás fluyen con facilidad, sin poder detenerlas.

─ Draco… Yo… Yo no sabía que aún podía hablar Parsel. De hecho, si no me hubieras escuchado, no me habría percatado de esto. Para mí fue como estar hablando en nuestro idioma y no en el de las serpientes. Lamento que te enteraras de esta forma, pero esto está siendo una revelación para mí también. ─ Harry hace una pausa, creyendo que tal vez el Slytherin quiera decir algo. Al ver que esas no parecen ser sus intenciones, suspira con derrota y continúa con la parte más difícil de su discurso, haciendo lo imposible por retener esas molestas lágrimas que comienzan a empañar su visión. ─ Yo… sé que es una cualidad algo… escalofriante. La mayoría de las personas lo encuentran aterrador. ¡Pero te amo, Draco, en verdad lo hago! Eres lo más importante que tengo en esta vida. Y aunque muera en agonía por ello… entenderé si crees que esto es algo con lo que no puedes lidiar y quieras... quieras…

Las emociones lo sobrepasan y no puede terminar de decirle que no intentará detenerlo si decide terminar con su relación. Una lágrima escapa finalmente y recorre con rapidez su rostro. De inmediato cierra sus ojos para seguir reteniéndolas. Intentando encontrar un poco de consuelo se abraza a sí mismo y trata de repetirse en su mente como un mantra que, pase lo que pase, todo estará bien. Cualquiera sea la decisión que tome su novio, encontrará la forma de salir adelante.

Draco gira su rostro al comprender lo que Harry no pudo terminar de decir y la imagen que observa lo desespera. Se patea mentalmente por haberle dado la falsa impresión de que el motivo de su tribulación se debe a que la idea de que él pueda hablar Parsel lo repugne; ya que esto no es para nada así, sino todo lo contrario.

En menos de lo que se tarda en decir la palabra Snitch, Draco acerca el tembloroso cuerpo de Harry y captura sus labios en un apasionado beso. Potter parece petrificarse por un momento, pero se recupera enseguida y responde con fervor, descruzando sus brazos y colocándolos en la cintura del rubio. Sus cuerpos de acercan involuntariamente, generando una placentera fricción en sus entrepiernas. Ambos jadean ante este frote pero en ningún momento se separan, por el contrario, acortan aún más la distancia para producir nuevos roces.

Permanecen en este acalorado asalto un tiempo más, hasta que Draco siente las manos de Harry intentando desabotonar su camisa. En ese momento algo de cordura retorna a su mente, por lo que se apresura a detener esas ágiles manos que ya han conseguido desabrochar la mitad de los botones.

─ Harry… Harry, espera. Detente.

Al ver que esas no parecen ser las intenciones del moreno, lo aparta de sí con un suave empujón. Harry despierta de ese apasionado trance en el que estaba atrapado y posa sus ojos en los de Malfoy. Esas dos esmeraldas lo observan con deseo, pero a la vez están cargadas de tristeza y miedo. Un doloroso nudo se instala en el pecho de Draco al ver reflejada una muda súplica en ellas, las cuales imploran aceptación.

La intensidad de esa mirada lo congela en el lugar. La siente hurgando en lo más profundo de su alma, descubriendo todos sus secretos, cada emoción y cada pensamiento. El estar tan abiertamente expuesto ante su escrutinio lo incomoda, por lo que rápidamente posa su vista en cualquier otra cosa, menos en esos ojos que atraviesan cada fortaleza que protege sus más recónditos sentimientos.

Harry observa con abatimiento cómo esas grises iris evitan su mirada. No consigue encontrar las fuerzas necesarias para decir algo, simplemente permanece en silencio esperando lo peor. La invisible presión en sus pulmones amenaza con ahogarlo, pero ya no hay nada que pueda hacer para amilanar esa desgarradora sensación. Totalmente resignado, aguarda por las dolorosas palabras que está por escuchar, tratando de convencerse a sí mismo que el nudo en su garganta no es producto de las lágrimas que con tanta fuerza intenta suprimir.

Draco toma una bocanada de aire y vuelve a conectar sus miradas. Ambos se observan en silencio, diciéndose miles de cosas y nada a la vez. Soltando un último suspiro, reúne toda su escasa valentía para confesar el motivo de su exagerada reacción, develando así uno de sus secretos mejores guardados. Uno que pareció haber quedado en el olvido hasta el día de hoy. Aquel que le hace creer que algo debe estar mal con él, porque no es normal que algo como eso le provoque tales reacciones.

─ Harry… yo… tengo que decirte algo.

No hay respuesta alguna pero el extraño brillo en los ojos de Harry lo torturan. No puede verlo en ese estado de desolación por un falso pensar. Con delicadeza coloca una de sus manos en la mejilla izquierda del Gryffindor y lo siente sobresaltarse ante el cariñoso gesto. Inmediatamente después, percibe cómo su cuerpo parece relajarse un poco. Lentamente Harry gira su rostro hasta dejar un pequeño beso en la blanca palma de Draco. Al no haber ninguna objeción por su parte, continúa repartiendo suaves roces con sus labios. No obstante, el Slytherin aparta su mente de ese placentero toque y retoma su confesión.

─ Harry… detente. En verdad necesito decirte algo. ─ Retira su mano del rostro de Harry y cierra sus ojos un momento, tratando de encontrar la mejor forma de explicar ese peculiar secreto que tan recelosamente ha guardado. ─ No sé si lo recuerdas, pero cuando te lancé esa serpiente en segundo año, el hecho de que pudieras hablar su lengua no me afectó… al menos no en el sentido que les afectó a todos.

─ Sí, lo recuerdo pero… ¿Qué es lo que…?

─ Déjame terminar. ¿Sí? En ese entonces era muy pequeño como para darme cuenta de lo que ello implicaba, pero a mis catorce años y con todas las hormonas causando estragos en mi cuerpo… ¡Merlín, esto es tan jodidamente difícil de explicar!

Harry frunce su ceño con incomprensión, no puede encontrar la relación entre una cosa y la otra. Lo único de lo que sí está seguro es que algo tiene que ver con su habilidad de hablar con las serpientes, pero sencillamente no hay nada que conecte todo esto. A menos que…

La realidad lo golpea fuertemente y siente deseos de patearse a sí mismo por no haberlo visto antes, siendo que era algo sumamente obvio. Sin duda Hermione está en lo cierto cuando afirma que a veces él puede ser irritantemente despistado. Busca conectar su mirada con la de Draco mas esto no es posible. El Slytherin se encuentra perdido en sus pensamientos, tratando de encontrar la forma de que las palabras surjan por sí solas y pueda terminar con esta humillante explicación cuanto antes. Harry se apiada del nervioso mago frente a sí y sonriendo con diversión, realiza aquello que sabe traerá de vuelta a la realidad a su novio.

Puedo oír los engranajes de tu cabeza trabajar a toda velocidad, Draco.

La reacción es instantánea. El cuerpo de Draco se estremece por completo al escuchar esas palabras ser dichas en un siseo. No tiene idea de lo que Harry ha dicho, pero su cuerpo parece haber encontrado ese ininteligible susurro sumamente erótico. Sus ojos no pueden apartarse de la maliciosa sonrisa que recubre las facciones del Gryffindor y eso sólo provoca que otro escalofrío lo asalte. Porque sabe que su sucio secreto ha quedado al descubierto y que con ello le ha dado un arma mortal para controlarlo y someterlo a cualquiera de sus deseos.

Harry acorta la escasa distancia que los separa y coloca sus manos en el cuello de Draco. Siente el pulso acelerado del rubio bajo su toque y unas agitadas exhalaciones golpear su rostro. Se acerca a esos tentadores labios, pero siempre asegurándose de no rozarlos. En un suave murmullo, realiza una pregunta de la cual tiene pleno conocimiento de la respuesta, mas necesita escuchar de boca de Draco.

─ Te excita que hable en Parsel. ¿Verdad, Draco? ¿Era eso lo que querías decirme, no?

─ Harry…

─ Shh… Todo está bien. Tu secreto está a salvo conmigo.

Responde con suavidad, para luego dejar un casto beso en la comisura de su boca. El roce no es suficiente para amilanar la necesidad de Draco, por lo que en un rápido movimiento captura los labios de Harry, intensificando el contacto. Se besan con pasión, restregando sus cuerpos en un vano intento por descargar toda esa excitación que los corroe.

Comienza a guiar a Draco hasta que este choca su espalda con una de las paredes de su departamento. Una vez acorralado y sin posibilidad de escapar, rompe el beso para pasar a recorrer ese blanco cuello. Malfoy gime con deseo al sentir una fuerte succión en esa erógena zona. Sabe que mañana esa acción le dejará una fea marca violácea en su nívea piel, pero poco podría importarle en estos momentos. En un extraño instante de cordura piensa que no es algo que un simple hechizo Glamour no pueda ocultar, por lo que permite que ese apasionado tratamiento continúe.

Harry retoma la olvidada tarea de quitarle la camisa a Draco y en unos pocos movimientos se deshace no sólo de esa molesta prenda, sino también de su corbata. Arroja todo descuidadamente al suelo y el Slytherin intenta protestar por la brusca forma en que su costosa ropa es tratada. Sin embargo, cualquier enfadada réplica se transforma en un ahogado jadeo cuando lo siente tomar uno de sus pezones en su boca y succionar con fervor.

Sus manos rápidamente viajan a ese moreno cabello y jalan de él, guiándolo hacia el sur de su cuerpo. Harry acata inmediatamente la tácita petición y comienza a deslizarse hacia abajo por ese firme pecho. Se detiene un poco más en su obligo, donde simula con su lengua unas penetraciones. Este sensual movimiento envía corrientes eléctricas por todo el cuerpo de Draco, ocasionando que un enardecido gruñido escape de sí. La provocación continúa hasta que siente las caderas del Slytherin arremeter hacia adelante, en un claro gesto de impaciencia y necesidad.

Con desesperante lentitud reanuda su descenso, desperdigando besos y lamidas por toda esa cremosa piel. Unos segundos después encuentra un obstáculo en su camino. Harry levanta la vista y la posa en ese agitado y tentador panorama. La respiración de Draco está alterada y su boca está ligeramente abierta, inspirando y expirando aire con rapidez. Sus manos aún se encuentran enterradas en su cabello y juguetean con las negras hebras. Y como si todo esto no fuera poco, sus preciosos ojos grises están entrecerrados y observándolo con deseo.

Simplemente no puede apartar la vista de esa libidinosa silueta, no importa cuanto lo intente. Su miembro da un doloroso tirón ante ese bello cuerpo que está generando tal espectáculo. Harry piensa que no es justo que alguien pueda verse así de hermoso y apetitoso, como si de un dios del sexo se tratara. Uno que irradia perfección y el cual parece invitarte a adentrarte en un oscuro y lujurioso infierno, donde todo es regido por un placentero deseo carnal y del que no podrás ni querrás escapar.

─ ¿Te vas a quedar mirándome como si fuera la última gota de agua en el mundo o vas a ponerte a trabajar de una buena vez? ─ Deja salir esa pregunta con un socarrón tono y para demostrar a qué se refiere, acerca la cabeza de Harry hasta que esta se entierra en su recubierta hombría. Draco gime ante esta deliciosa fricción y jala con fuerza el cabello que aún sujeta. ─ Utiliza ya mismo esa linda boquita tuya para algo más que babearte por mí, Potter, o comenzaré a pensar que en verdad no quieres hacerlo. ¿Acaso ya te has aburrido de mí? ¿Es eso? ¿Será que tendré que comenzar a buscar a alguien más que pueda brindarme la atención que necesito? Quién sabe… quizás pueda intentarlo con ese guapo inversionista francés. ¿Cómo era su nombre? ¿Pierre…? ¡Ah, sí, Pierre Leblanc!

Harry enloquece al oír esa clara provocación. La bestia de los celos que vive oculta en su interior despierta y ruge con ira, expresando su claro desacuerdo ante la simple idea de que alguien pose si quiera su vista en SU novio, ni que se diga de intentar algo más. Con más fuerza de la necesaria y una obnubilada mente, desabrocha con rapidez los pantalones de Draco y los jala con fiereza, llevándose su ropa interior en el proceso.

Draco no tiene tiempo para pensar en nada, ya que de inmediato una caliente boca está tomando su erección casi por completo, chupando con fervor. Siente la garganta de Harry tratar de relajarse para abarcar toda su extensión, enviando placenteras vibraciones en esa sensible piel. Al tercer intento, consigue tomar todo su miembro y no puede evitar dejar salir un indecoroso sonido. Pero no es como si pudiera controlarse cuando esa boca parece querer tragárselo entero, mientras que una de sus manos juguetea con sus testículos.

Cierra sus ojos con sobrecargado deleite al entender que eso es justamente lo que Harry está haciendo, se lo está comiendo a chupadas. Se felicita mentalmente por haberlo molestado lo suficiente como para provocar esta bestial reacción en él. Sabe más que nadie lo sumamente celoso y posesivo que Harry se vuelve al sentir alguna "amenaza" que pueda apartarlo de su lado. Por lo que no le extraña que en estos momentos intente sacarle el alma por su pene, demostrándole con ello que Draco es únicamente suyo y que nadie podrá hacerlo sentir de esta forma.

Harry abre los ojos que no recuerda haber cerrado y levanta su mirada hasta posarla en su pareja, sin descuidar ni por un segundo su tarea. El rostro de Draco está distorsionado en una mueca de extremo disfrute, mientras que sus manos no dejan de jalar su cabeza, marcándole el ritmo. Sabe que no durará mucho más por lo que aumenta la velocidad de sus succiones, permitiéndole al Slytherin que le folle su boca con abandono.

─ Harry… ¡Oh, sí! Estoy tan cerca…

Intenta apartar esa boca de su miembro pero Harry no se lo permite y gruñe en desacuerdo, enviando con esta acción una descarga eléctrica por todo su pene. Este estímulo es el detonante final, enterrándose fuertemente en esa impúdica cavidad y tirando dolorosamente de esos morenos cabellos, Draco se viene con un enérgico gemido. Harry trata de relajar los músculos de su garganta para tragar todo ese amargo néctar sin ahogarse.

Cuando siente que se ha descargado por completo, retrocede y libera el flácido miembro con una última absorbida, realizando un sonido de húmeda succión. Draco aún permanece con sus ojos cerrados y tratando de recuperar el aliento. Esas pálidas manos aflojan el agarre en su cabeza y sus dedos comienzan a cepillar su pelo en un tierno gesto.

Harry siente sus rodillas punzar debido al esfuerzo ocasionado por la incómoda posición. Su excitación ha aumentado tanto con esta apasionada actividad, que se ha vuelto terriblemente dolorosa en esa prisión en la que la retiene sus pantalones. Tomando una de las manos de Draco, lo jala hacia abajo hasta que ambos quedan a la altura del suelo. El rubio se deja hacer pero siente sus piernas enredarse con las prendas que todavía las aprisionan.

Al ver los frustrados intentos de Draco por removerlas, saca su varita y las desaparece, junto a sus propias ropas. Los dos quedan sentados completamente desnudos en el frío piso de la sala de estar, observándose con deseo. Draco parece no poder apartar su mirada de algo en el rostro de Harry. En un sensual gateo, se acerca hasta quedar a unos centímetros del otro y en un lento movimiento, lame un rastro de un blanco líquido de la comisura de esos enrojecidos labios.

Algo se descontrola en Harry ante este simple gesto, por lo que se apodera con rapidez de la boca del Slytherin, comenzando un ardiente beso en el que sus salivas se entremezclan con el sabor del semen de Draco.

─ ¡Dios, Draco! ¡No tienes idea de lo mucho que me gusta que hagas eso!

─ ¿Que haga qué cosa? ─ Pregunta con desconcierto, intentando recordar qué pudo haber hecho para provocar tal reacción en él.

─ Que lamas tu propia corrida. No sabes lo condenadamente caliente que te ves cuando lo haces, maldito pervertido. ─ Dice en un excitado murmullo, volviendo a acercar el otro cuerpo hacia sí. Draco ríe con diversión al escuchar esa confesión, a la vez que recorre con sus manos el pecho de Harry.

─ Pervertido y todo, aun así me quieres.

Nuevamente vuelven a juntar sus labios, en un placentero roce. Sus lenguas se unen en una danza lenta y en demasía erótica. El moreno jadea con intensidad al sentir una de las manos de Draco atrapar uno de sus pezones y retorcerlo en una excitante ondulación. Su miembro vuelve a dar otro doloroso tirón y con ello se percata de que él todavía no ha alcanzado el clímax.

Desesperadamente atrae aún más a Draco, hasta que ambas pelvis se chocan. Los dos gimen ante esa deliciosa fricción y es entonces cuando Malfoy aprovecha para separarse de esos labios y comenzar a mordisquear el cuello frente a sí. Su mano derecha rápidamente toma el pene de Harry y realiza un suave vaivén sobre toda su extensión, arrancándole enardecidos gimoteos.

─ Draco… Draco, por favor para.

Draco ignora completamente su petición y por el contrario, aumenta la velocidad de sus movimientos. Sus dientes muerden con más intensidad esa sensible piel, para luego pasar a lamer la enrojecida zona, como si intentara disculparse por el rudo tratamiento. Harry se retuerce bajo esas atenciones pero siente su orgasmo acercarse, por lo que reúne toda la fuerza de voluntad posible para apartar a ese hombre que lo está llevando a la perdición. Sin embargo, sus intentos se ven frustrados al estar prisionero debajo de ese fuerte cuerpo.

No entiende cómo podrá hacer para quitárselo de encima, porque sabe más que nadie que cuando a Draco se le mete algo en la cabeza, nada ni nadie lo alejará de su objetivo. Y en este caso, su intención es hacerlo gemir de deseo hasta que se venga en su mano. Tiene que pensar en algo antes de que su orgasmo lo alcance y tiene que hacerlo cuanto antes, porque no durará mucho más.

Una prenda tirada a unos metros de él capta su atención por un segundo. La corbata que le quitó a Draco minutos atrás permanece completamente abandonada. Esa verde tela le recuerda a la piel de una serpiente y es allí donde se le ocurre una gran idea para realizar su cometido. Una maliciosa sonrisa se apodera de sí y acercándose a la oreja izquierda de Draco, deja salir un suave siseo.

Creo que con esto si voy a lograr detenerte.

La reacción es inmediata. Draco se aleja de él de un salto y lo observa con una exaltada mirada. Su cuerpo tiembla descontroladamente y en un esfuerzo por recuperar el autocontrol, cierra fuertemente sus ojos. Harry se carcajea internamente ante los fructíferos intentos del rubio por reprimir el descomunal deseo que le provoca escuchar esos siseos.

─ ¡No hagas eso, Harry!

─ Tú no te detenías, así que tuve que encontrar alguna manera de que me obedecieras.

─ ¡Aun así! ¡No vuelvas a hacerlo!

─ ¿Por qué no?

─ Porque es algo totalmente… enfermo. ¿Por qué tiene que pasarme esto a mí?

Draco deja salir esa pregunta en un alterado murmuro, mientras cubre su rostro con sus manos. Harry observa con algo de culpa la mortificación que asalta a su novio, el cual parece querer que el piso de su sala se lo trague. Sin duda debe creer que, el sentir excitación al escucharlo hablar Parsel, es algo de lo que avergonzarse. Sin embargo, no importa cuánto lo intente, nada puede reprimir el descomunal placer que lo acomete por esa extraña especie de parafilia.

Harry decide que es hora de terminar con esto de una vez por todas. No hay nada malo en lo que Draco siente, ya que no es como si eso fuera algo que dañara a alguien. Por lo que se jura que hará lo que sea para hacerle comprender que él lo acepta tal cual es, con ese peculiar fetiche y todo. Lentamente se acerca al otro cuerpo y quita las pálidas manos que ocultan ese bello rostro. Draco trata de apartarse pero el Gryffindor no se lo permite. En un rápido movimiento atrapa sus labios y comienza un intenso beso, demostrándole con este que todo está bien… que él lo entiende y hará lo que sea por complacerlo, incluso si eso signifique que deba hablar Parsel más seguido.

El beso se prolonga un poco más, hasta que Harry siente el cambio en la intensidad del mismo. Antes de que vuelvan a perderse en esa vorágine de deseo, se separa y toma el rostro de Draco en sus manos. Ambas miradas se conectan en un silencioso intercambio.

─ ¿Soy un maldito enfermo, verdad? ¿Qué está mal conmigo, Harry?

─ Draco… por favor no vuelvas a decir eso. ¡No eres un enfermo y por supuesto que nada está mal contigo! Sólo tienes una especie de… placer culpable. No es nada del otro mundo, todos los tenemos. No tienes nada de qué avergonzarte. Sino mírame a mí. ¿O ya te has olvidado de lo que hicimos ayer con tu corbata de Slytherin?

─ Sí, pero eso es algo completamente normal. El Bondage es una de las prácticas sexuales más comunes. ¡Y que ni se te ocurra decirme que el que a alguien lo excite que le hablen en Parsel también lo es, porque juro que te hechizo!

─ No iba a hacerlo, porque hasta yo reconozco que es algo… fuera de lo común. Pero no me importa, Draco. De hecho, creo que esto es maravilloso. Temí que quisieras alejarte de mí cuando descubriste que aún puedo hablar la lengua de las serpientes.

─ ¿En verdad no te importa? ¿La idea de que eso me excite no te repugna?

─ Por supuesto que no, Draco. ¿Cómo podría repugnarme algo de ti? Es imposible, te amo demasiado como para que esto sea algo que pueda molestarme. ─ Responde con suavidad, depositando un casto beso en la comisura de sus labios. ─ De hecho… creo que es sumamente erótico. No porque a mí me exciten esos silbidos, sino por las reacciones que logro obtener de ti con ellos.

Antes de que Draco pueda decir algo, ataca nuevamente su boca en un enérgico beso. Su erección aun palpita dolorosamente, implorando por descargar toda esa excitación. Harry jadea al sentir otra dureza rozar su muslo y con sorpresa descubre que el miembro de Draco ya se ha recuperado de su asalto anterior y está listo para otro round.

─ ¡Dios, Draco! ¡Eres insaciable!

─ Y tú necesitas urgentemente que alguien se encargue de eso.

Una de sus manos intenta sujetar la goteante erección pero es detenida al instante. Las manos del moreno apresan las suyas para impedirle cualquier movimiento. Mordisquea el cuello de Draco en represalia por su desobediencia, arrancándole un fuerte gemido. Harry levanta su cabeza y observa esos ojos gises con irrefrenable deseo, dándole a entender un sinfín de lujuriosas promesas.

─ Draco… Por favor… Necesito meterme dentro de ti. Quiero que me sientas penetrando en lo más profundo de tu cuerpo, mientras gimes mi nombre. Quiero hacerte mío una u otra vez, hasta que seamos uno solo… Por favor, déjame hacerte el amor.

Draco no puede hacer nada más que gemir y asentir con vigor. En general, Harry no suele darle mucha importancia a quién va arriba o quién abajo, siempre y cuando sea con él con quién esté haciéndolo, por lo que le sorprende la autoridad con la que habla y el apretado agarre en el que lo mantiene. Es como si quisiera demostrarle algo, pero no entiende qué. El recuerdo de la provocación de hace unos momentos atrás lo asalta y es allí donde comprende los motivos de su león.

Al parecer, ni todo el tema con lo del Parsel lo ha hecho olvidarse del supuesto inversionista que trató de ligar con él. Draco ríe internamente al descubrir los celos que todavía recorren al Gryffindor y cómo este intenta expresarle con ello que le pertenece únicamente a él y nadie va a cambiar eso, mucho menos algún aburrido francés.

No dicen nada más y se dedican a besarse con arrebato. El frío piso se vuelve completamente incómodo para la actividad que está por venir, por lo que Harry los arrastra hasta alcanzar el sofá. Draco se deja hacer, sin dejar ni por un momento de juguetear con el despeinado cabello del hombre de la cicatriz.

─ Recuéstate en el sofá y trata de separar tus piernas lo más que puedas.

Draco se levanta del suelo y se acuesta por todo lo largo del sillón. Una de sus piernas descansa en el respaldo, mientras que la otra cuelga en el suelo. Esta posición lo expone por completo, mas poco podría importarle. En estos momentos lo único que quiere es que su novio se entierre en él de una jodida vez.

Harry tiene que cerrar sus ojos un instante ante tal seductora imagen. Debe hacer un esfuerzo sobrehumano para no saltar sobre Draco y empalarse de una sola embestida. Por fortuna, su mente parece querer colaborar con él y le envía el autocontrol suficiente como para primero cerciorarse de prepararlo. En un ágil movimiento, coloca su cuerpo encima del de Draco y vuelve a besarlo. Una de sus manos viaja hasta tomar la erección del Slytherin y realiza un cadencioso vaivén, asegurándose de tomar entre sus dedos la gota de preseminal que escurre desde la punta de ella.

Siente a Draco gemir dentro del beso ante ese accionar y sus caderas elevarse en busca de más contacto. Sin embargo, Harry utiliza esto como una señal de que debe retirar sus atenciones en esa zona, antes de que eso lo lleve al límite. Su mano abandona esa exquisita dureza y empieza a bajar aún más, hasta colarse por entre las nalgas de Draco. Con uno de sus dedos, el que aún permanece húmedo con ese traslúcido líquido, se encarga de rozar ese fruncido agujerito en una lenta caricia.

Antes de que pueda hacer o decir algo, el travieso dedo se cuela en su interior y comienza a expandirlo. Draco gime ante esa maravillosa intrusión y tira para atrás su cabeza exponiendo su cuello, el cual Harry comienza a succionar y lamer con ferocidad.

─ Harry…

─ Shh… aún tengo que prepárate. No quiero lastimarte, Draco.

Harry aprovecha ese instante de distracción para conjurar un Accio sin varita. Ésta sale volando en su dirección y aterriza en su otra mano. Realizando otro simple hechizo, convoca un pote de lubricante de su habitación. Rápidamente lo destapa y retira su dedo de la entrada de su amante, para pasar a embadurnar un poco de ese viscoso líquido en toda su mano y su erección.

Una vez hecho esto, coloca no sólo uno sino dos dedos en esa apretada cavidad. Los mueve con delicadeza, tratando de expandir el anillo de músculos. Un último dígito se adentra, haciéndose espacio en esa reducida cavidad. Draco sólo puede gemir en éxtasis al percibir cómo es rozada su próstata en uno de esos movimientos.

─ ¡Oh, por Merlín! ¡Deja de torturarme y hazlo de una maldita vez, Potter!

Harry ríe ante el desesperado tono con el que son dichas esas palabras. Sin previo aviso, retira sus dedos y se mete de una estocada en su interior, lo cual provoca que un ahogado grito de placer escape de la boca de Draco. El calor que envuelve su miembro es sofocante y los apretados anillos de músculos rodean su erección en un ceñido agarre. Se siente desfallecer ante las agradables sensaciones que lo recorren por completo.

Se mantiene lo más quieto posible, dándole el tiempo necesario a Draco para que se acostumbre a tenerlo dentro suyo. No obstante, es una tarea sumamente difícil ya que lo único que quiere hacer es enterrarse muy profundo en él, hasta que lo tenga gimiendo incoherencias. Posa su mirada en el cuerpo debajo de él y lo que ve aumenta aún más su deseo.

Draco permanece con los ojos cerrados y respirando en intercaladas exhalaciones. Una de sus manos mantiene la pierna colocada en el respaldo del sofá en su lugar y la otra estruja con fuerza el asiento. No es posible que haya imagen más erótica que esa. Sin duda él es alguna especie de dios de la lujuria. Harry no consigue entender cómo es posible que sea tan afortunado de tenerle. Al parecer, el destino lo ha recompensado por todas las desgracias que ha vivido en el pasado.

Acercándose lo suficiente como para rozar los labios de Draco, Harry susurra sobre ellos. Una de sus manos se coloca en la cadera del rubio y con la otra mantiene el equilibrio para no aplastarlo con el peso de su cuerpo.

─ ¡Dios, Draco! No tienes idea de lo hermoso que eres… De lo bien que se siente estar dentro tuyo. ─ Draco no responde con palabras, simplemente une sus labios en un acalorado beso. ─ Necesito… necesito moverme. ¿Crees que ya estés…?

─ ¡Sí, maldita sea, ya muévete! ¿O acaso necesitas una invitación? ─ Deja salir con exasperación, moviéndose hacia abajo en su encuentro. ─ ¡Oh, por todo lo que es sagrado, vuelve a hacer eso!

─ ¿Te encontré, verdad? ─ Responde con picardía y algo de suficiencia al sólo haber necesitado tres estocada para hallar ese punto que lo vuelve loco.

─ ¡Sí! ¡No pares, Harry!

─ Jamás se me pasaría por la cabeza el detenerme.

Continúa golpeando su próstata con cada estocada, enviando placenteras corrientes eléctricas por todo su cuerpo. Su miembro se entierra con brío en ese apetecible trasero, marcándolo como suyo. Siente la imperiosa necesidad de hacerle saber que nadie podrá hacerlo sentir de esta forma… que no importa qué tan atractivos puedan ser esos "inversionistas", ninguno de ellos será capaz de obtener estas reacciones en él… que nunca encontrará a alguien que lo ame tanto como él.

Harry comprende que estas palabras no serán dichas nunca en voz alta, principalmente porque su orgullo no se lo permitirá. No importa cuánto desee hacerlo, éstas no saldrán jamás de su cabeza. Sin embargo, una idea cruza su mente y se le ocurre que quizás sí haya una forma de expresarlas, sin que Draco entienda lo que dice. Sonriendo malignamente, se acerca al oído izquierdo de Draco y suelta una serie de ininteligibles siseos.

¿Lo sientes? ¿Me sientes dentro de ti, volviéndote loco cada vez que mi pene golpea ese bendito punto?

Draco deja salir un fuerte grito al escucharlo hablar en Parsel. Su cuerpo tiembla imposiblemente e intenta alejarse, pero Harry detiene cualquier tentativa de escape y lo mantiene firme en su lugar, sin dejar de entrar y salir de su interior.

¿Acaso crees que ese estúpido "inversionista" podría hacerte sentir de la misma manera en que yo lo hago? ¿Crees que él sabría donde golpear para estremecerte de placer?

Draco tiene sus ojos cerrados fuertemente e intenta con todas sus fuerzas reprimir sus gemidos, pero el oír esos siseos arrasa cualquier rastro de cordura. Lo único que consigue con su embotada mente es abrazar con sus piernas el cuerpo de Harry, atrayéndolo hacia él e intensificando así las profundidades de sus embestidas.

No, Draco. Nadie podrá nunca hacerte el amor como yo te lo hago. ¿Y sabes por qué? Porque tú me perteneces. Eres mío, Draco, solamente mío. Dilo, amor… Di que eres mío… grítalo fuerte.

Draco no para de temblar y de empujarse más rápido al encuentro de ese gran miembro. No entiende ni una sola palabra de lo que Harry está diciendo, pero esos silbidos lo están trastornando. En un intento por despejar su mente de ese torbellino de placer, mueve su cabeza de un lado hacia a otro. Este gesto sólo encrespa más a Harry, ya que es como si estuviera negando sus palabras… diciéndole que no es cierto, que él no le pertenece.

Sus embestidas incrementan su fuerza, tornándose erráticas. Cada una de ellas golpeando brutalmente su próstata. Están cerca, ambos lo saben. Y antes de que se dejen llevar por el placentero éxtasis, Harry suelta unos últimos siseos.

¡Sí, eres mío, siempre lo has sido! ¡Dilo, Draco! ¡Di mi nombre! Quiero oírte gemirlo mientras te corres... Sin que siquiera haya tocado tu erección, sólo con la fuerza de mis embestidas. ¡Grita mi nombre, Draco!

─ ¡HARRY!

Como si hubiera entendido las últimas palabras, Draco grita con fuerza su nombre cuando el clímax lo alcanza y enrosca sus brazos en el cuello del Gryffindor. Harry no necesita más que el sentir esa entrada apretarse imposiblemente alrededor de su miembro para derramarse en su interior.

La potencia de su orgasmo lo desequilibra por completo, haciéndolo colapsar sobre el cuerpo debajo de él. Draco aun lo mantiene fuertemente abrazado pero una vez que logra recuperarse un poco de ese extraordinario delirio de placer, afloja el agarre y comienza a pasar con pereza sus dedos por los negros cabellos. Harry suspira contra el cuello de su novio al sentir esa tierna caricia y percibe como su aliento se torna más regular.

El letargo post orgásmico empieza a ganarles a ambos, mas ninguno muestra indicios de querer moverse de donde están. Draco se remueve un poco cuando la adormilada respiración de Harry le provoca cosquilleos en su cuello.

─ ¿Estoy aplastándote, verdad? ─ Pregunta con un dejo de risa, aunque no da señales de querer levantarse.

─ No… pero tu respiración me hace cosquillas.

Suelta una carcajada ante esta confesión y en represalia, Draco jalonea su cabello. Cuando el ataque de risa termina, levanta su cabeza de ese cómodo lugar en el que estaba y posa su vista en esos ojos grises. Harry siente un agradable calor inundar su corazón y su piel estremecerse ante la intensa mirada que su pareja le dirige. Una que cala en lo más profundo de su alma, demostrándole con ella todo lo que no puede decirle con palabras.

Sonriendo tiernamente, Harry besa con dulzura sus labios y se incorpora para dejar de aplastarlo. Con extrema suavidad sale del cuerpo de Draco, intentando no lastimarlo. Cuando ambos están sentados, el moreno rebusca en el sofá hasta hallar su olvidada varita y una vez en su poder, conjura algunos encantamientos de limpieza sobre ambos.

Luego de que Draco siente cierta parte de su anatomía libre de una blanquecina y pegajosa sustancia, se recuesta de nuevo en el sillón pero esta vez posando su cabeza en los muslos de Harry. Automáticamente las manos del Gryffindor comienzan a cepillar ese rubio cabello con infinita adoración.

─ Sabes… quizás no sea tan malo este… ¿Cómo lo llamaste? ¿Placer culpable? ─ Deja salir Draco con un pensativo tono. ─ Sí, definitivamente no puede haber algo mal con él, siendo que gracias a este peculiar fetiche he tenido la segunda mejor follada de mi vida.

─ ¿Segunda? ─ Cuestiona Harry con un poco de desconcierto y una pizca de celos. ─ ¿Y cuál se lleva el primer lugar?

─ Mmm… Esa sin dudas fue la primera vez que lo hicimos. Aunque si continúas hablándome en Parsel mientras tenemos sexo, estoy seguro de que quizás la desbanquemos del primer puesto.

Harry ríe ante estas ocurrencias y no consigue reprimir la boba sonrisa que cubre su rostro al saber que la mejor experiencia sexual de su novio fue con él. No dice nada y continúa acariciando esa platinada cabellera, logrando que éste entre en un estado de duermevela. Antes de que el sueño lo venza por completo, Draco pregunta algo que lo ha estado intrigando.

─ Por cierto… ¿Qué era lo que decías cuando hablabas en Parsel?

Harry no responde de inmediato y prosigue desperdigando caricias en la cabeza del Slytherin. Se carcome la mente pensando si es conveniente decirle a Draco de todas esas posesivas palabras que expresó, producto de sus desesperados deseos por hacerle ver que ellos se pertenecen el uno al otro y que nada ni nadie podrán cambiar eso.

Minutos enteros pasan sin que Harry pueda decidir qué hacer. Finalmente elige responder con una versión más escueta que la original, pero no por ello menos verdadera. Desafortunadamente, Draco se ha quedado dormido y no alcanza a oírla.

─ Sólo te repetía una y otra vez cuánto te amo, Draco.


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Notas finales: espero que les haya gustado. Díganme qué les pareció en un comentario. ¡No sean tímidos, no muerdo! XD

Hablando en serio, espero que me dejen sus opiniones para saber si lo estoy haciendo bien o ya debería dejar de escribir estas locuras.

Calculo que sólo nos quedará otro capítulo más para el cierre de esta mini serie de One-shots. Trataré de tenerlo listo para la semana que viene. ;)

Besitos y nos leemos pronto.


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Respuesta Review:

Mani: ¡Me alegra que te gustara! En especial esa última frase, porque si te soy sincera… amé escribirla. Espero que este también te haya gustado. Besito y ya nos leeremos. ^_^