Cap 02: Vive y deja vivir.
No podía borrarla, no conseguía eliminar esa escena erótica de su mente que se repetía una y otra vez sin descanso, tantas que el recuerdo de una más le hizo soltar un resoplido extenuante. Naruto inclinó la cabeza cerrando los ojos, cruzó los brazos a la altura del pecho y se dedicó a rumiar en silencio como llevaba haciendo desde la noche anterior.
Ahora lo comprendía todo…
Las mentiras y falsas apariencias, las escapadas nocturnas, los chicos ligeros de ropa y afanosa lengua, los callejones oscuros.
Todo ello oculto tras una doble vida cuya apariencia ante la sociedad y sus amigos era, desde siempre a cara vista, la de un hombre entregado con su trabajo, cumplido con su vida amorosa y el perfecto hijo heredero de una gran potencia industrial. Tras la cara oculta, se mantenía el verdadero hombre que era, uno que no se atrevía a ser lo que realmente anhelaba, a expresar su libre condición que no era otra que la de homosexual, cuidando constantemente salvaguardar sus mentiras.
Como bien había deducido en su momento, se trataba de un caso de infidelidad. Pero no uno que señalara a una única persona concreta, sino a muchas terceras personas. Chaperos a los que pagaba con dinero por los servicios.
Naruto abrió el sobre marrón donde guardaba las comprometidas fotografías y volvió a contemplarlas por undécima, no, duodécima… ya ni sabía cuantas veces las había mirado. Pero seguro habían sido muchas más de las que lograba recordar.
En las diversas instantáneas, Sasuke tenía la boca entreabierta de forma estúpida y los ojos desorbitados, como a aquel que se ve sorprendido ante sus fechorías. Por suerte, el rostro del joven chapero de cabellos cortos se mantenía en el anonimato. Sakura no tenía por qué conocer con exactitud ese tipo de datos, y mucho menos tomar represalias contra inocentes. Al fin y al cabo nadie tenía la culpa de que Sasuke fuera el que buscara por iniciativa propia ese tipo de compañías.
Metió de nuevo las fotografías en el sobre con un extraño sentimiento de culpabilidad apretando en el fondo de su estómago. ¿Pero por qué? ¿No era su deber desenmascarar la verdad? ¿Por qué debería de sentirse culpable ahora? ¿Acaso los farsantes no debían pagar por sus mentiras?
Sacudió la cabeza enérgicamente. Qué importaba ya. Él era detective y el caso ya estaba cerrado. No tenía sentido quedarse sentado en el coche rumiando algo absurdo.
Se colocó el abrigo, escondiendo el sobre marrón en el bolsillo interior de la chaqueta y salió del vehículo con decisión. Al otro lado de la acera, a muy poca distancia, se encontraba Sakura dentro de esa misma cafetería mugrienta donde se citaron por primera vez, a la que podía ver esperando sentada en una mesa tras una de las ventanas exteriores.
Cruzó la calle, entrando seguidamente en el local con su habitual seguridad y una sonrisa conciliadora en el rostro, que además de fachada, intentaba auto calmar sus propios nervios internos.
La joven lo miró sonriente, y durante una fracción de segundo, Naruto tuvo la imperiosa necesidad de salir corriendo en sentido contrario, con la seguridad de que todo iba a acabar mal. No comprendía por qué demonios estaba tan alterado, había resuelto este tipo de casos cientos de veces, incluso algunos más espinosos. Pero nunca había notado ese nudo en su estómago a punto de asfixiarlo.
Respirando hondo se sentó frente a su clienta, saludándola algo turbado.
-¿Has descubierto algo? –le preguntó ansiosa la joven.
El rubio se frotó las manos sudorosas descendiendo la mirada. Tenía muy claro como afrontar este tipo de situaciones, había escogido las palabras exactas con las que lo diría sin que resultase demasiado violenta la verdad. Carraspeó aclarando la voz y abrió la boca temblorosa.
-¿Qué desea tomar?
Naruto pegó un sobresalto, con el corazón a punto de salírsele por la boca. En el lateral derecho, una guapa camarera con dos graciosos moños a ambos lados de la cabeza y un uniforme oriental nada acorde con el local, le miraba atenta esperando para anotar su pedido en una pequeña libreta que llevaba entre sus manos.
Desvió rápidamente la mirada hacia la mesa y señaló con un dedo la taza de té que identificó frente a Sakura.
-Lo mismo que ella, por favor –dijo inseguro notando como le bombardeaban las sienes dolorosamente. La camarera cabeceó conforme regresando a la barra.
-¿Y bien? – le volvió a preguntar Sakura inclinándose sobre la mesa en actitud reservada-. Anoche Sasuke volvió a llegar un poco tarde a casa, y además bastante nervioso, aunque no conseguí que me dijera nada… ¿Ocurrió algo?
El rubio se llevó una mano al pecho apretando bajo la tela de la chaqueta las comprometidas fotografías que ocultaba. Tan solo eran dos letras, una palabra simple de confirmación. Algo tan sencillo de articular que no entendió como demonios su boca pronto pronunció lo contrario.
-No.
Y esa negación continuó resonando con fuerza en su mente varios segundos más.
-¿No? –cuestionó dudosa Sakura.
-No –volvió a negar atropelladamente. Sobre su frente comenzaban a acumularse pequeñas gotitas de sudor que le supieron a culpabilidad, encubrimiento y complicidad.
-¿Y a dónde fue? –inquirió insegura.
Los recuerdos de todos los días que había estado investigando a Sasuke comenzaron a pasar a gran velocidad por su mente, pero no encontraba nada especial con lo que dar coartada a la pregunta. ¡Vaya mierda de vida que tenía el desgraciado!
-Tiene… tiene un gato – musitó casi por inercia, sin mucha convicción, recordando de repente ese pequeño detalle-. Sí, Sasuke cuida de un gato callejero, y todos los días… le da… de comer.
Las finas cejas de la joven se curvaron confusas.
-¿Un gato? –preguntó incrédula con retintín en la voz-. ¿Me estás diciendo que Sasuke llega tarde a casa porque se detiene a darle de comer a un gato?
Los calores de la muerte comenzaron a recorrer en grandes cantidades industriales el cuerpo de Naruto, que cada vez se removía más en el asiento con nerviosismo. La situación se le estaba yendo de las manos. ¡Quién demonios le había obligado a él a mentir! Con un impulsivo movimiento Naruto se levantó de la silla al tiempo que la joven de los moños le traía su taza de té.
-Tengo que seguir investigando –masculló intentando salir de allí y esquivando a la joven camarera, que aturdida, no supo si dejar la taza sobre la mesa o no-. Necesito un poco más de tiempo.
-¿Más tiempo? ¿Cuánto? – la joven de cabellos rosados se levantó a su vez intentando frenar al detective, que a paso apresurado, ya se encaminaba hacia la salida.
-No lo sé. Le llamaré cuando sepa algo –fue su breve respuesta antes de desaparecer tras la puerta y montarse en el coche.
Si hubiera sabido lo que una simple afirmación podía acarrearle a largo plazo en su vida, Naruto Uzumaki no hubiera dudado en sustituir ese no, por un rotundo sí.
2
Cobarde.
Odiaba esa palabra y todas las connotaciones negativas que le producía sentirse golpeado en su orgullo. Nunca había sido un cobarde, siempre se había enfrentado a todos los problemas con la frente bien alta, aunque supiera de antemano que eso le iba a producir dolorosos golpes.
Cobarde. Volvió a resonar fuerte en su mente.
¡No era un cobarde!
Mentiste por él. Le proveíste de una coartada. Fallaste a tu oficio.
¡Cállate!
No quisiste delatarlo. No quisiste obligarlo a romper con su vida. No quisiste que desapareciera de la tuya.
¡Que disparen contra esa voz corrosiva!
¿Pero qué demonios estaba haciendo? ¿Peleándose con su propia mente?
Estas perdiendo el juicio, Uzumaki.
Habían transcurrido dos días desde la última vez que vio a Sakura en aquel café y ni siquiera se había dignado a llamarla de nuevo. Aunque nada tenía que decirle. No había continuado investigando al moreno por recelo a ser reconocido o que hubiera colocado sistemas de seguridad y alerta a su alrededor.
¿Por qué demonios tuvo qué mentir? ¿Por qué ocultó la verdad?
Nunca había hecho tal cosa, su palabra siempre había estado por encima de todo. Le gustaba su trabajo, era atrevido y estimulante, perseguir al supuesto malhechor, resolver el caso para terminar imponiendo justicia en un mundo prácticamente corrompido. Adoraba ser detective.
Pero con Sasuke, simplemente no pudo. Por primera vez en su trabajo había experimentado un gran sentimiento de culpa y se había cerrado en banda insistiendo en que necesitaba seguir investigándolo aun sabiendo que era mentira. Tan solo había sido una excusa banal para desaparecer de allí lo más pronto posible sin abrir la boca para delatarlo.
Y ahora se sentía miserable por no haberle contado la verdad a su clienta.
Se detuvo frente a las puertas de su trabajo, con la vista alzada hacia el rótulo donde se podía leer, despacho de detectives Sanin.
Había estado evitando descaradamente a su jefe, el que todos los días preguntaba por el seguimiento del caso. ¿Pero qué demonios le podía decir? ¿Más mentiras? ¿Más evasiones?
Sin querer pensar demasiado en el tema de la sinceridad, hasta que por lo menos no solucionara sus propios líos internos, Naruto cruzó las puertas acristaladas de la oficina en dirección a su despacho. Por el rabillo del ojo distinguió la figura de Sai apoyado en el mostrador principal, acosando con sus extrañas preguntas de nuevo a la pobre Hinata, sentada tras la mesa de recepción.
Maldito entrometido, fanático de los libros de trastornos humanos.
Por más que intentara comprenderlo, no entendía cómo había ido a parar Sai a su mismo gabinete de detectives. Simplemente un día apareció allí, con esa mueca eterna e inexpresiva en la cara y sus comentarios mordaces, diciendo que lo había contratado Jiraiya y le habían asignado ser su compañero de oficio. Ni que decir que los primeros años fueron odiosos y discurrieron en una extraña relación de rivalidad-odio profunda. Sai era una persona extraña. Mostraba una apariencia fría, carente de sutileza y sin capacidad de sentir o mostrar alguna emoción, fruto de una trágica infancia que todavía le estremecía recordar. Por suerte con el tiempo su relación fue mejorando y Sai intentó abrirse un poco más con la gente, aunque sus intentos de resultar amistoso no siempre daban el fruto deseado.
-Sabes, hace poco leí en un libro que practicar sexo ayuda a vencer la timidez –escuchó que decía Sai con su habitual tono indiferente y esa impertérrita sonrisa dibujada en los labios-. ¿Te acuestas con alguien últimamente, Hinata?
Hinata era otro caso excepcional. Tampoco comprendía como había acabado la muchacha trabajando como secretaria en el gabinete con ese carácter tan tímido y reservado que le provocaba una constante falta de determinación y confianza hasta para responder al teléfono. Aunque se podía hacer una idea de por qué había sido contratada. A Jiraiya le gustaban mucho las curvas, sobretodo las delanteras…
-Sai-kun –susurró la joven desviando la mirada hacia su voluptuoso pecho completamente ruborizada-. No deberías hacerle ese tipo de preguntas a una muchacha.
-Pero Jiraiya-san lo pregunta muy a menudo –prosiguió confuso.
-Jiraiya-sama no es precisamente un caballero -murmuró consternada.
-Pero yo leí en un libro que…
-¡Sai!
El joven detective giró el rostro por encima de su hombro, y al instante su rostro articuló un gesto parecido al de alegría. Naruto lo observaba a escasos pasos de él, con el ceño fruncido.
-Maldito pervertido. Te dije la semana pasada que dejaras de leer los libros de esa biblioteca.
La negra mirada de Sai se desvió reticente hacia un lado con un pequeño mohín de disgusto en sus fruncidos labios.
-Pero es una fuente de sabiduría y conocimiento -reprochó.
-Y sobre todo que dejaras de hacerle ese tipo de preguntas a Hinata –le volvió a recordar cruzando los brazos desdeñoso-. ¿No ves que tus preguntas la incomodan?
-Yo solo intento ayudar.
-Tus métodos no son efectivos, Sai. Después de tres años deberías haberte dado cuenta.
Naruto lo agarró con fuerza de un brazo instándolo a caminar en dirección al despacho contiguo al suyo para que dejara de atosigar a la joven.
-Na… Naruto-kun –lo llamó con nerviosismo Hinata antes de que ambos desaparecieran del vestíbulo. Este se giró para ver como, con temblorosos movimientos, la chica se levantaba cogiendo a su vez un dossier de la mesa-. Jiraiya-sama me dio esto para ti. Es un… un nuevo caso de investigación, y también hay alguien que…
-¿Otro? –interrumpió con cara de aprensión accediendo a coger los archivos-. Pero si aún no he terminado el que tengo.
-Sí lo terminaste –señaló Sai-. Leí el informe final que has hecho del caso y cumpliste con lo que pedía tu clienta. La investigación está cerrada.
Al oír el comentario, Naruto giró el rostro hacia su amigo mostrando por segunda vez un resquicio malhumorado.
-¿Cuántas veces te he dicho que no curiosees en mi despacho? El caso no está cerrado –negó adusto-. Aún no he podido hablar con mi clienta.
-¿Por qué no? Hace dos días que se lo tenías que haber dicho. Nada debería haber impedido tu obligación. A no ser que te hayas acostado con ella.
-¡¿Qué?! ¡Por supuesto que no!
-¿Con su hermana?
-No
-¿Con su novio?
-¡No!
-Estoy perdiendo el interés en esa historia.
Agotado, Naruto se frotó las sienes encarecidamente frenando esos oportunos instintos homicidas.
-Sabes, hace poco leí en un libro que la masturbación es el mejor remedio para el estrés y además puede ayudar a prevenir el cáncer de próstata y controlar la eyaculación precoz –prosiguió Sai con calma como si lo estuviera leyendo del libro en aquel momento-. ¿Hace mucho que no te tocas?
-¡¿Y tú sabes por donde te puedes meter tus malditos libros?!
-Podrías pedírselo al chico que tienes en tu despacho.
-¡Por el c…! ¿Qué? –el rubio tardó unos segundos en comprender con claridad las palabras de Sai y otros tantos en darle forma a la pregunta correcta-. ¿Qué chico?
-Es… es lo que intentaba decirte –murmuró Hinata frotando enérgicamente sus dedos índices-. Ti… tienes una visita.
El rubio enarcó una ceja, dubitativo, y con pasos inseguros fue hacia su despacho. Nada más abrir la puerta su rostro se comprimió en una mueca de asombro y estupor. El nudo volvió a apretarle el estómago, sintió un extraño escalofrío recorrerle la espina dorsal y el pulso, tan acelerado últimamente, volvió a latir con fuerza.
Aunque se encontrara de espaldas reconocía a la perfección la forma despuntada de sus cabellos negros, las ropas caras e impolutas que acostumbraba a vestir y la fibrosa figura que tanto había observado durante días seguidos.
La acción de caminar tardó unos segundos en acudir a los pies de Naruto, que con un último vistazo nervioso a sus compañeros, cerró la puerta tras él, agitando los hombros y recomponiendo la postura con firmeza.
-¿Qué haces aquí? –preguntó inseguro sin reconocer su propia voz-. ¿Cómo me has encontrado?
El inesperado invitado tan solo se limitó a volver el rostro por encima de su hombro de forma templada, frunciendo enérgico el entrecejo.
Sus ojos de un negro infinito, se veían aún más brillantes que aquella noche.
Con un bufido apático, Sasuke se giró por completo, dejando apoyado su peso sobre el borde de la mesa de escritorio donde hasta hace unos segundos recaía su atención.
En silencio, los dos se observaron desafiantes. Naruto sostuvo estoico la mirada de Sasuke, que entornada tras los parpados, lo observaba intenso y perturbador, creando una desagradable tensión en el ambiente.
-No eres el único que sabe seguir a la gente.
Sasuke miró de reojo la ventana del despacho, hacia donde viajaron los ojos del rubio con velocidad.
Maldición. Otro detective. Por el tono empleado y ese claro gesto confiado, Naruto tuvo la plena seguridad de que el moreno había contratado a otro rastreador profesional expresamente para encontrarlo a él y abastecerle de información privada.
Sus sentidos de alerta volvieron a centrarse en Sasuke, cuando este alzó con premeditada lentitud desde su escritorio una pequeña placa de metal donde se escribía su nombre.
-Y dado que eres un pésimo detective no me ha costado demasiado localizarte, Uzumaki Naruto.
Las manos del rubio se cerraron con fuerza convertidas en puños, apretando tanto la mandíbula que los dientes crujieron crispados. ¿Quién era ese niñato para cuestionar su valía como detective? Con un par de zancadas salvó el espacio que les separaba, quitándole en un brusco movimiento la placa de las manos.
-¿Quieres algo a parte de curiosear sobre mi mesa? –inquirió ceñudo mientras guardaba con disimulada desenvoltura los dossier, entre ellos el de Sakura.
Notó un perceptible movimiento por el rabillo del ojo y se mantuvo alerta aunque aparentemente distraído. Sasuke se había inclinado hacia él, tanto que cuando el moreno le habló nuevamente, sintió el cálido aliento rozándole la oreja, estremeciéndole sacudido por un tibio cosquilleo.
-¿Tú que crees que puedo querer? –insinuó irónico en tono confidencial.
Naruto dejó de respirar.
No estaba seguro de cual sería la respuesta correcta. Le venían tantas a la cabeza y todas en la última posición en que lo fotografió…
-Soy detective, no adivino –masculló intentando parecer sereno.
Los labios de Sasuke se curvaron arrogantes en una media sonrisa. Apoyó una mano sobre la mesa ladeando el rostro hasta que sus afilados ojos conectaron con el azul del cielo.
-Quiero las fotos, evidentemente –pronunció con el tono autoritario del que no acepta un no por respuesta-. Junto con los negativos y tu silencio.
Esas pocas palabras le hicieron comprender al completo la situación en la que estaba involucrado. El moreno sabía que las fotos no habían llegado a su destino, seguramente porque dos días después del suceso Sakura seguía comportándose como una prometida atenta y cariñosa, ingenua y al margen de la realidad.
Aún así, no quiso tentar su suerte y hablar más de la cuenta. Todavía podía enmendar el error que cometió no entregándolas.
-¿Y qué te hace pensar que las tengo? –replicó en el mismo tono seco alzando desafiante el rostro.
Los ágiles dedos de Sasuke agarraron con fuerza las solapas de la chaqueta del detective, acercándolo amenazador.
-¿Te crees que soy estúpido? –murmuró con vibrante tono-. Si Sakura las tuviera no estaría ahora perdiendo el tiempo con alguien como tú.
Así que era eso. Sutilmente intentaba sonsacarle si su prometida había sido la persona que lo había contratado. O en caso contrario, por lo menos descartar a uno.
-Yo no he dicho a quien se las voy a dar. No te hagas suposiciones erróneas. Hay otros medios de comunicación que pagarían muy bien por esas instantáneas –le retó-. Y dado que eres el heredero de una compañía muy importante en el país, estoy seguro de que les sacaré un buen precio.
Un peligroso gruñido semejante al de una advertencia chocó contra la boca húmeda del detective mientras los ojos negros lo escudriñaron durante eternos segundos con atención. Tan cerca e intimidantes, que podía verse reflejado en sus pupilas.
Tranquilízate, pensó el rubio para sí mismo. Aguanta su mirada sin parpadear. No dudes, no te pongas nervioso. Pero de siempre había sabido que no se le daba nada bien mentir. Y conforme más repetía esas palabras de aliento, más comenzaba a parpadear, a sudar y sobretodo a hiperventilar. Tanto que pronto toda su entereza y seguridad se diluyó, dejando su tapadera al descubierto.
Con un inesperado empujón, Sasuke lo soltó de su agarre haciendo que el rubio retrocediera varios pasos en un precario equilibrio.
-Mientes.
Sin esperar contradicción a sus palabras, Sasuke metió una mano en el bolsillo interior de la chaqueta que vestía para sacar un bolígrafo y un pequeño talonario donde escribió una cifra con muchos ceros.
-Con esto tienes más que suficiente –espetó arrancando la hoja de un lateral y ofreciéndosela desdeñoso-. No quiero saber quién te ha encargado el trabajo de seguirme, ni cuanto tiempo llevas haciéndolo. Solo dame las fotos y zanjemos este asunto.
Desconcertado, Naruto ladeó la cabeza al tiempo que la inclinaba levemente hacia delante para poder observar mejor ese papel, y tras abrir los ojos desorbitadamente, retrocedió torpemente esquivando el gesto, sin dejar de mirar horrorizado la gran cifra de dinero escrita en el cheque.
Un soborno. ¿Qué otra cosa podía haber esperado que le ofreciera? De repente se sintió terriblemente decepcionado.
-¿Me estás intentando comprar? –cuestionó vacilante, aunque bien sabía la respuesta.
Sasuke giró la cara escrita del talón hacia su dirección, y volvió a girarla hacia Naruto, moviéndola distraídamente en el aire.
-Es evidente que sí. ¿Acaso eres idiota?
El detective volvió a dar otros dos pasos hacia atrás, negando frenéticamente con el rostro.
-No, yo no me compro –apresuró a aclarar haciendo oídos sordos al insulto-. No soy de esa clase de personas.
-¿Y de qué clase eres? -rebatió ceñudo-. Te entrometes en mi vida como si tal cosa, violas deliberadamente mi intimidad siguiéndome y sacando unas fotografías en contra de mi voluntad, las retienes en tu poder como si tuvieras potestad sobre ellas, y aún tienes la desfachatez de decir que no eres de esa clase de personas.
-Soy detective, ¿Para qué crees que nos contratan sino es para descubrir oscuros secretos? –espetó a la defensiva.
-Si tan detective eres ¿Por qué no cumpliste con tu trabajo? ¿Por qué no se las diste? ¿Acaso pensabas sacarle más dinero alargándolo? –con paso decidido avanzó hacia el rubio, hasta quedar a escasos centímetros de su rostro-. Conozco a la clase de mugre como tú. Eso es lo que eres, un estafador.
-¡Te equivocas! –intervino dolido-. No quiero su dinero, ni siquiera le he cobrado.
-¡¿Entonces qué demonios quieres?!
-¡Quiero que se lo digas tú! –gritó sin saber muy bien lo que decía.
Segundos después, lo comprendió.
Era una posibilidad, la mejor en este caso. Si conseguía que fuera Sasuke quien por voluntad propia reconociera sus errores, no tendría que pasar por el mal trago de entregar esas fotografías, su conciencia dejaría de atormentarle y no habría lugar para más irreflexivas mentiras.
Sorprendido de lo que sus propios pensamientos acababan de revelarle, levantó la vista hacia Sasuke, el que mostraba una expresión bastante confusa.
-¿Qué?
-Dile lo que eres. Dile a tu prometida que te gustan los hombres -finalizó.
Sasuke lo miró fijamente durante largos segundos con desconcierto, como si de una estatua de piedra se tratara, antes de que sus labios se curvaran lentamente y un gorgorito parecido al de una risa brotara de su garganta.
-Definitivamente eres idiota –espetó recreado, dando media vuelta y encaminando sus pasos hacia la salida.
-Díselo –repitió Naruto autoritario.
-¡No tengo nada que decirle! –gritó volviéndose de medio lado con el rostro enfurecido-. Yo no soy gay.
-Bastardo mentiroso, ¿Y qué hacías en ese callejón beneficiándote a un chapero? –aseveró sin dejarse intimidar.
-Eso a ti no te importa.
Con un gesto despectivo, Sasuke retomó sus pasos no queriendo seguir con esa conversación innecesaria.
-Entonces se lo diré yo –le retó ladeando la cabeza y entornando los parpados con ojos decididos-. Le daré las fotos, le diré donde vas por las noches en tus escapadas y como terminan.
Los pasos del Uchiha resonaron fuertes en el suelo del despacho cuando lo atravesó por completo para agarrar intimidante al detective con una mano por el cuello de la camisa y acorralarlo de espaldas contra la pared.
-¡Tú no sabes nada! ¿Me oyes? ¡Nada! –gritó atrayéndolo hacia sí con una sacudida e inclinándose ceñudo-. ¡¿Quién coño te has creído que eres para decirme lo que tengo que hacer?! ¡¿Quién te ha dado derecho a interferir en mi vida?! ¡¿Quién?!
Naruto podía sentir el temblor de ira que azotaba su cuerpo, la fuerza con la que lo sostenía, la grave voz retumbando como un martillo en sus oídos y el fresco aliento chocando contra su boca. Quiso haberle contestado pero se contuvo al ver la intensidad de su mirada.
-Como quiera llevar mi vida y mi pareja es únicamente de mi interés –inquirió rudo, con la frente surcada en un sin fin de arrugas-. No tengo por qué darte explicaciones.
-Pero ella me contrató porque...
-¡Ella no tenía derecho a inmiscuirse en mis asuntos! –rugió enérgico sobresaltando al rubio.
El rostro de Sasuke se contrajo repentinamente en una mueca de desesperación, no parecía él, por lo menos no el Sasuke al que había estado siguiendo en la última semana. Comprendía su actitud reticente ante la nueva situación inesperada al que le estaba obligando a involucrarse; destapar sus secretos, afrontar contiendas de todo tipo y si el perdón no llegaba, lo haría una resolución nefasta que rompería completamente con su vida.
¿Pero qué pasaba con ella? ¿No había pensado en sus sentimientos y el daño que le producía ser engañada una y otra vez? Se supone que dos personas se unen porque comparten un sentimiento recíproco; amor, confianza, fidelidad, tres emociones que había quebrantado reiteradas veces en sus escapadas.
Entonces, ¿cuál era la razón por la que se iba a casar con ella?
-¿Acaso no la amas?
El sonido de la puerta del despacho abriéndose distrajo la atención de los dos jóvenes, que con un rápido movimiento, se distanciaron de su comprometida posición.
Sai dio varios pasos hacia el interior sosteniendo sereno la mirada de Sasuke.
-He escuchado gritos –pronunció con su habitual inexpresión como el que te dice el tiempo va a hacer mañana.
-No pasa nada, Sai –se excusó Naruto mirando de reojo al Uchiha-. Sólo estábamos discutiendo distintos puntos de vista.
Su compañero cabeceó conforme con la respuesta, más no manifestó intención alguna de abandonar el despacho. Entrelazó los brazos a la altura de su pecho y se dedicó a observarlos.
Sasuke frunció el ceño incómodo con la nueva presencia. Podría continuar con una gran retahíla de amenazas con o sin presencia delante, hasta que consiguiera sacar de allí las fotografías y sus negativos, pero la situación se había malogrado con esa interrupción, y aunque aún continuaba allí dispuesto a abordar el tema, prefirió no insistir.
Tenía la extraña seguridad de que el detective no iba a entregar esas imágenes así como así.
Se giró de nuevo hacia el rubio, e inclinándose perceptiblemente hacia él, le susurró confidencialmente.
-Esto no quedará así, Uzumaki Naruto.
Sin añadir nada más, dio media vuelta y salió displicente del despacho con un portazo, no sin antes dedicarle una ofensiva mirada al joven importuno.
-¿Quién es? –preguntó Sai curioso.
Naruto se dejó caer visiblemente agotado sobre la cómoda silla tras el escritorio.
-El prometido de mi clienta.
-Pues parece como si estuviera sufriendo por dentro –señaló llevándose una mano al mentón, pensativo-. Podría ser una úlcera o que no va suficientes veces al baño.
Naruto suspiró consternado, sin gesto de haber prestado atención a su compañero. Presentía que esta sería la primera piedra de un largo camino a seguir.
-O probablemente las dos cosas –insistió-. Seguro que hace mucho que no folla.
Continuará…
