–Oh, ¡Por favor!.

–¡Chimuelo!, te dije que quemaras esas ramas, ¡NO TODA LA CABAÑA!.

Chimuelo se limitaba a solo ver al piso completamente apenado y triste.

Hipo se dio cuenta de su actitud al ver al dragón de esa forma, al segundo se arrepintió y se percató que se estaba convirtiendo en alguien que no quería ser, su padre.

–Lo siento amigo, en serió lo lamento, no quería ser duro, pero…– se sentó al lado de un lago que se encontraba al lado de la ahora cabaña quemada.

–Es solo que…, no se que hacer Chimuelo, no se como valerme por mi mismo.– comenzaron a salir pequeñas lagrimas de sus ojos, Chimuelo como forma de consolación le limpió sus lagrimas chupándole la cara.

–Lo siento, es que en serio quiero regresar, es mi hogar, pero no quiero que te hagan daño amigo, ellos nunca van a aceptar a un dragón entre los suyos, ellos no tienen la capacidad de cambiar.

Chimuelo no entendía nada de lo que decía sin embargo se percataba que su estado decaído, así que lo único que hacía era con una ala rodear al castaño.

–Ya no quiero estar solo Chimuelo, sé que te tengo a ti, pero…

No podía pensar en forma clara sus siguientes movimientos, lo que tendría que hacer para sobrevivir, así que lo único que podía hacer, era desquitarse, sacar toda su desesperación, y que mejor que con un hacha y un árbol.

Se levantó y se limpió la cara, acto seguido empezó a buscar piedras que pudiera ocupar para crear herramientas, la isla al ser pequeña, no tardo mucho en encontrar rastros de piedra que estuvieran descubiertos, agarró dos piedras grandes, y con una fue moldeando la otra, dándole la forma de un hacha, cortó una rama gruesa y la amarró a la piedra con un lazo.

Ya terminada su creación, agarró el prototipo hacha y empezó a practicar su puntería en un árbol, al principio ni siquiera podía sostener bien el hacha, sin embargo Chimuelo hacía lo que podía para que no se resbalará, ni se cayera.

Hipo nunca había pensado en hacer tal cosa, pero se dio cuenta de que era una forma de entretenerse y ayudarse a la vez, mejorar tu puntería, físico, mentalidad…

Fueron pasando los días y siguió practicando en el mismo árbol, cada vez iba mejorando, ya tenía la capacidad de levantar y tirar del hacha.

Se notaban cada vez más los cambios, se fue desarrollando físicamente y en habilidad, creando puestos de tiro y lugares de entrenamiento.

Él nunca se vio de esa forma, no se preocupaba por sus habilidades en combate, sin embargo el conocimiento lo era todo para él.

Aunque le era difícil destacar en grupos, el se hacía ver por una cosa, la habilidad mental, era su arma mortal, esté notó una que otra vez que la chica rubia de ojos azules, admiraba una que otra de sus creaciones de pequeños, quedando en la mayoría de los casos, sorprendida.

El castaño se encontraba admirando sus creaciones, el hacha, un escudo, una cuchilla, una espada y hasta una pala, pero había algo que simplemente no podía hacer, una persona.

–Amigo, ¿crees que alguna vez tengamos la necesidad de volver?

Chimuelo sólo respondió con un gruñido, dándole varias suposiciones al ojiverde.

–Sé que no me puedes entender, quisiera que pudieras, podría esmerarme en encontrar una forma de comunicación con los dragones, si tan sólo tuviera las cosas necesarias.

–¡Es una estupidez! ¡Estoy hablándole a un animal! ¿¡Cómo se supone que me deba entender!?.

Al percatarse que Chimuelo se había espantado al ver escuchar su tono enojado, se había escondido con su ala, rogándole a los dioses que Hipo no le hiciera nada.

–Creo que tengo una idea.

Se paro y llamó al dragón, este intrigado se acerco y se sentó.

–Si te enseñó que significa cada movimiento y cosa que hago, tal vez puedas comprender lo que te estoy diciendo.

En un movimiento se sentó en el piso como una demostración –Sentarse.– se levantaba y se sentaba repetidas veces y repetía la palabra "sentarse".

Al hacerlo ya demasiadas vece, se había cansado y empezó a respirar varias veces

–Uff, esto de sentarse es…

Chimuelo en un movimiento rápido se sentó, provocando una media sonrisa al pequeño castaño, este se quedo sin habla, completamente impresionado y confundido.

–¡Oh si! ¡Esto lo soluciona todo!.

Empezó a saltar de alegría, provocándole un pequeña sensación al dragón, haciendo que este también se emocionará y empezara a saltar.

Emocionado, se apresuro a regresar a la cabaña quemada y recogió todo lo que le fuera necesario de cada una de estas, nadie ni nada le podría quitar la motivación que llevaba consigo en ese momento.

Ya no tenía que esconderse, ni "sobrevivir", tendría que superarse y seguir adelante.

Esto por fin empezaba a comenzar…