Está historia es de mi autoria. Pero los personajes pertenecen al grupo Clamp así que todos los créditos para ellos.

Recuerdos de la Juventud

Capítulo 2

Miro por onceava vez mi reloj de mano para comprobar la hora. No es la primera vez que tomo un vuelo en esta aerolínea, pero siento que hoy están tardando más de lo usual. Suspiro aliviado cuando escucho el aviso de abordaje y subo al avión tan pronto como el protocolo de revisión me lo permite. Desde que me mudé a Hong Kong siempre pensé que vivía cerca de casa pero ahora, a 5 horas de llegada a Tomoeda cada minuto que pasa me parece insoportable.

-Abuelo... No puedes irte ahora.- Susurro para mis adentro mientras aprieto con fuerza mis nudillos y me pierdo en mis recuerdos.

-Shaoran. La cena esta lista.- Anunciaba mi abuelo para llamar mi atención. Era lo único que podía sacarme de mis debates eternos con mi primo Eriol. Su rostro sonriente y satisfecho nos esperaba en la puerta de la casa mientras tenía todo listo sobre la mesa. Básicamente en eso consistía mis primeros recuerdos de la infancia.

Mi padre falleció cuando apenas tenía 5 años de edad y mi madre tuvo que asumir el control de todo lo que mi padre tenía. Fue un proceso muy duro para ambos, aunque por mi corta edad no entendía con exactitud lo que pasaba. Mi abuelo Wei fue el consuelo que nos ayudó a seguir adelante. El vivía entonces en Japón, en la ciudad de Tomoeda, pero viajó a Hong Kong para estar con nosotros, aunque lamentablemente su visita no podía ser eterna. Cuando llegó el momento en que debía partir, mi abuelo tomó una decisión: me llevaría con él para criarme hasta que mi madre pudiera estar más tiempo conmigo. La idea me encantó en ese entonces pues estaría con mi amoroso abuelo y aparte tendría un compañero de juegos en casa. Pero no fue hasta que duré meses sin ver a mamá que me di cuenta lo duro que era separarme de ella.

Mi madre venía siempre que podía a Tomoeda. Pero cada vez la frecuencia y duración de sus visitas era menor. Aquello creó en mi la idea de que mi madre realmente no me quería. Me volví frío y malhumorado. Solo Eriol y Wei lograban cambiar mi cara larga y hacerme sonreír de vez en cuando.

Era muy orgulloso para decirlo pero los amaba con todo mi corazón. Aunque no negaré que habían momentos en que quería deshacerme de Eriol.

El muy patán fue mi primer y único amigo por mucho tiempo. Siempre sonreía, aunque su historia no era más agradable que la mia. Su padre había embarazado a su madre y luego la había abandonado. Tiempo después su madre murió mientras lo daba a luz, así que mi abuelo lo crío desde que era un bebé. A simple vista Eriol era la copia andante de mi abuelo: educado, amable, caballeroso. Solo que contrario a el abuelo que no tenia pizca de malicia, mi primo era un burlón sin remedio que aprovechaba cada oportunidad para sacarme de mis casillas mientras tenía esa sonrisa burlona que le hubiera borrado de un puñetazo sino fuera porque mi abuelo siempre estaba ahí para impedirlo.

Mi abuelo procuró inculcarnos buenos valores y enseñarnos a luchar por lo que queríamos. Sus palabras y consejos siempre guiaron mi vida. Aunque habían momentos en que simplemente sentía que no estaba a la altura de sus espectativas. No entendía como un hombre que había pasado por tanto pudiera sonreír todo el tiempo, como podía ser tan positivo y tener tanta paciencia. Por mucho que lo intentaba no podía ser como él.

-Con el tiempo y la experiencia aprenderás a ser más paciente - era lo que siempre me decía. Quería creerle, pero por mucho que lo intentaba era una persona totalmente opuesta a lo que él era. Siempre tan impulsivo, tan malhumorado, tan yo. Eso era algo que creía nunca cambiaría, hasta que la conocí. Me habia suavizado por esa vez en mi vida. Pero cuando ella se marchó, volví a ser el mismo de antes...

--

Me bajo del autobús a toda prisa mientras agradezco al cielo haber llegado por fin. Una vez el avión aterrizó tuve que tomar el autobús para llegar a la diminuta Tomoeda. El tiempo la había convertido en algo más que una simple ciudad rural. Pero aún así el transporte no era tan veloz como estaba acostumbrado en la urbe que era Hong Kong.

Recorrí con la mirada el entorno persibiendo así que salvo la estructura y la cantidad de las casas todo en Tomoeda estaba tal y como lo dejé hace varios años. Corrí desde la parada del autobús hasta lo que era la casa donde me había criado tratando de llegar en el menor tiempo posible. Mis piernas que ya no estaban en igual condición física que antes. Mi corazón latía a mil por hora temiendo haber llegado tarde. Una vez frente a la puerta toqué con fuerza y pocos segundos después vi la puerta abrirse.

-Llegaste hijo.- Exclamó mi madre al recibirme, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. La abrazé con fuerza para consolarla mientras sentía que mi corazón se resquebraja al verla tan afligida.

-El abuelo...- Sólo alcanzé a decir mientras luchaba por que mi voz no se quebrara al temer la respuesta.

-Aún te espera.- Escuché a mi madre decirme mientras se alejaba de mi lentamente y me guíaba a su habitación. Al menos había logrado llegar a tiempo.

Una vez frente a la puerta dudo en entrar. No puedo creer lo que ven mis ojos. Me es difícil asimilar que un hombre tan sonriente y lleno de vida como mi abuelo este en esas condiciones.

-Abuelo. A llegado Shaoran.- Escucho decir dentro de la habitación. Miro a la fuente de esa voz y se me encoge el corazón al ver el reflejo de mi abuelo en esa sonrisa. - Bienvenido primo. Cuanto tiempo sin vernos.

-Shaoran hijo mio. Me alegra tanto verte- Escucho decir casi en un susurro a mi abuelo mientras lo veo extender una mano hacia mi. Me acerco con premura y tomo su mano. Esta tan fria, tan delgada, tan débil.

-Si, aquí estoy. Siento no haber llegado antes.- Digo mientras lucho porque mi voz salga lo más natural posible.- ¿Cómo se siente?

-He estado mejor. Aunque...- susurra mientras trata de poner su otra mano en mi rostro.- Verte me hace sentir mucho más en paz. Creo que no podré prepararte ese pastel de Chocolate que tanto te gusta.

-No te preocupes. Me enseñaste a hacerlo. Lo prepararé yo está noche. Probarás la superioridad de mi cocina. Eriol ni en sus sueños prepararía algo asi.- Fanfarroneo un poco tratando de aligerar el momento.

-Siempre fuiste más hábil para la cocina. Aunque no tanto para las chicas. -bromeó tratando de reírse pero en vez de eso una tos seca se apoderó de su garganta. Mi madre se acercó y lo ayudó a tomar agua. Se recostó con cuidado y guardo silencio unos segundos. -Hijo mio. Quiero que me prometas algo: Prometeme que lucharás por ser feliz y dejar de estar solo.

-No estoy solo abuelo. Te tengo a ti, tengo a mamá e incluso al molesto de Eriol.- Intento replicar hasta que él me interrumpe.

-Tus ojos no son los de un hombre feliz. Son los de un hombre que mira el pasado con pesar, con arrepentimiento. Quiero que dejes de arrepentirte y hagas lo que este en tus manos para ser verdaderamente feliz. Que sonrías siempre no importa lo que pase.

-Abuelo, sabes que yo no...

-Eres como yo Shaoran. Puedes ser como yo.- réplica mientras trata de apretar mi mano. Su rostro cambia a una expresión de tristeza. Jamás había visto esa expresión en su rostro. - No me queda mucho tiempo. Solo dime que harás lo que este en tus manos para ser feliz. Así podré irme en paz.

-No digas eso.- réplico en respuesta sin darme cuenta de que he alzado la voz -Mañana estarás mucho mejor. Y...

-Shaoran.- dice con la voz cada vez más apagada apenas audible. Puedo ver la desesperación en sus ojos como si luchará por permanecer unos segundos más conmigo para oír mi promesa.

-Te lo prometo abuelo.- Suelto sin más entendiendo que no gano nada con replicar.

-Gracias Shaoran.- Susurró mientras me sonreia y cerraba lentamente los ojos. Su mano se tornó aún más fría y su rostro más pálido. De repente deje de sentir su pulso y el tiempo se detuvo. Escuche a mi madre estallar en llanto y a Eriol intentar consolarla, pero todo parecía tan irreal, tan duro, tan doloroso. Miré nuevamente su rostro, sonriente, pálido, sin vida. Había fallecido. Sentí que me ahogaba por dentro, que perdía el aire, que mi alma se iba con él.

-¡Abuelo, no! - Dije en un grito ahogado y luego estallé en llanto mientras depositaba mi rostro en su pecho.- No me dejes abuelo. No me dejes tu también por favor. No me dejes sólo.

Era la tercera vez que perdía a alguien tan importante. Y una vez más no pude hacer nada para impedirlo.

--

Hola Queridos Lectores. Aquí esta el siguiente capítulo. No me gustan las cosas tristes y mucho menos las muertes, pero era necesario. Aveces los sucesos desafortunados son los que cambian el rumbo de nuestra vida. ¿Logrará Shaoran cumplir su promesa? Tal vez. Veamoslo juntos en los próximos capítulos.

Gracias por los reviews y todo lo demás. Son más que bienvenidos todos sus comentarios.

Un beso

Leah05.