Disclaimer: Shigatsu wa kimi no uso le pertenece a Naoshi Arakawa.
Música para ambientar:
- Beethoven: Sonata p. violín y piano No 5 "La Primavera" ( youtu. be / PG - 8 ) [Quitar espacios].
Movimientos:
00:00 Allegro
11:51 Adagio molto espressivo
18:10 Scherzo: Allegro molto
19:32 Rondo: Allegro ma non troppo
Segundo movimiento
Tras la operación, la mantuvieron en revisión dos días. Para asegurarse, dijeron. Debían corroborar que respondiera bien a los nuevos medicamentos que le estaban suministrando. La mañana cuando le dieron el alta nevaba mucho. Faltaba poco para Navidad, y las calles eran un caos de gente. Hasta parecía que dado a esa época del año, había más demanda en los hospitales. Pese a toda la condición climática desfavorable y el tumulto de gente, afuera del hospital, Tsubaki, Watari y Kōsei, esperaron para recibir a Kaori, con paraguas para la nieve que los azotaba en la espera.
A Kōsei le temblaban un poco las piernas, pero podía disimularlo por el momento. El frío, bien podría decir. Pero ese «no sé qué» lo ponía nervioso. ¿Qué iba a decir? ¿Podría abrazarla? El corazón se le aceleraba de solo imaginarlo. Sin aviso, en medio de sus cuestiones a mitad de resolver, las puertas del hospital se abrieron y de allí, pudo verse cómo Kaori salía junto con su padre, todavía en silla de ruadas.
De lejos, entre los autos del estacionamiento y toda la gente, podía verse cómo sus mejillas habían recuperado un poco de color, y su sonrisa, no se había desvanecido ni un poco. Ella miraba amorosamente a su padre, quien parecía hablarle muy animado mientras empujaba la silla.
«Tan frágil y hermosa como una flor; tan catastrófica y terrible como una tormenta». Todo eso podía ser ella.
En ese momento sus emociones ya estaban rebasando el límite de lo tolerable. Sentía que iba a explotar. Una necesidad abrumadora comenzaba a desestabilizarlo. Quería correr, saltar, gritar, llorar y reír, todo a la vez. Igual se mantuvo quieto, lo más que podía, con el ceño fruncido de tanto reprimir emociones, hasta que Kaori y su padre llegaron hasta ellos. La madre de Kaori se acercó hasta su hija y ambas se fundieron en un tierno abrazo que no superó los dos minutos. Los presentes solo podían prestar atención la enternecedora escena.
Una vez que su madre tomó lugar junto a su esposo, a atrás de Kaori, la rubia volvió la mirada hasta sus amigos y sonrió felizmente.
— Chicos…—se limitó a decir, dejando esa encantadora sonrisa en el aire.
Con una carcajada, más risas y un poco de llanto, Watari y Tsubaki, se lanzaron a abrazarla fuertemente entre los dos. Mas, Arima se quedó allí, a un lado. Una vez más veía cómo Watari se apoderaba de la situación.
El ambiente había cambiado para él. Se vio diminuto ante los dos. Toda emoción se disolvió y en su lugar sólo hubo sentimientos que no hicieron más que atentar contra sí mismo, atormentándolo con frases sueltas de su memoria.
« ¡Ya sabes que a Kao le gusta Watari!... Ella jamás se ha fijado en ti… Solo eres el amigo A».
Kaori se hizo paso con las manos entre sus amigos y miró a Kōsei. Allí, cabizbajo y un poco apartado del lugar.
— ¡Oye, Kōsei! Aquí— le llamó.
Cuando alzó la cabeza y se encontró con eso ojos, pareció quedarse sin palabras. El instante donde sus miradas se conectaron lo creyó eterno y a su criterio, maravilloso. Allí estaba ella… luego de tanto, no se había ido. No obstante, siempre estaría lejos. Muy por encima de su alcance.
Sonrió en respuesta y no se atrevió a decir nada.
Esa tarde, todos acompañaron a la familia Miyazono hasta su casa, donde comieron un poco de pastel y charlaron de lo más animado que se podía hablar. Vieron el álbum de fotos familiar, y unos cuántos videos de la infancia de Kaori. Hasta que cayó la noche y cada uno volvió a su hogar.
Cuando Kōsei ya estaba saliendo a la calle, tras despedir a la familia, Kaori desde la puerta le habló.
— Hoy casi no dijiste nada.
Sus palabras lo detuvieron en seco. Giró sobre sus pasos y la observó. Bella, aun estando sentada sobre una silla de ruedas. Llevaba un gorro de lana rosa, un suéter amarillo pálido y unos pantalones grises. Estaba un poco pálida y su cabello carecía de brillo, pero su mirada y mejillas rebosaban de color.
—… ¿Qué podría decir?—preguntó, no muy convencido de sí.
— Supongo que nada…—respondió rodando los ojos, dejando la mirada clavada en algún lugar entre la oscuridad— ¿Me llevas? Quiero salir un poco antes de acostarme a dormir.
Kōsei miró a su alrededor. La nieve había dejado de caer, pero no se apreciaban las estrellas en el cielo. Era una noche oscura y fría.
— No es apropiado que salgas con un clima como este.
Kaori chasqueó la lengua, y echó andar su silla por la acera.
— ¡Si no te mueves te dejaré atrás!
Sin poder objetar, la siguió. No dieron más de cuatro pasos sin que ella rompiera el silencio.
— Me tomará unos días recuperarme completamente, ¿sabes? Eso significa que cumpliré mi promesa, pronto— ella sonrió.
Eso lo alegró, pero no dijo nada. Kaori se percató de su silencio y volvió a hablar, frenándose abruptamente.
— ¿No te alegra?— su voz sonó rota, cargada de desilusión. En sus ojos podían observarse las lágrimas arribar con toda la intensión de llorar—. Por ti estoy aquí.
Kōsei, intentando consolarla, dio un paso más cerca de su lado, quedando a centímetros de distancia uno del otro.
— ¡No es eso! Me alegra de verdad, pero…
No podía continuar. El nudo que se había formado en su garganta casi que lo estaba asfixiando. Ella secó sus lágrimas con la manga de su suéter y lo miró expectante, exigiéndole que terminase esa oración inconclusa.
Aquella mirada volvió a llenarlo de emociones. Vaya a saberse si eran mariposas lo que sentía revolotear en la boca del estómago. Su respiración comenzó a acelerarse y no pudo contenerlo más. Se inclinó más rápido de lo que ella pudo reaccionar y la abrazó como nunca lo había hecho.
Las lágrimas brotaron de sus ojos, no era algo que pudiese controlar. Lentamente sintió cómo unos delgados brazos lo rodearon y lo sujetaron dulcemente, junto con un tierno susurro a su oído.
— Tranquilo, estoy aquí.
Se alejaron un momento uno de otro y permanecieron contemplando sus miradas con una media sonrisa, para luego romper a carcajadas bajo la nieve que había comenzado a caer.
«Ahora yo quisiera que el tiempo aquí se detuviera».
Continuará…
