CONFESIONES

==Feliz cumpleaños Lady Amoran==


2. No puedo negar que me agradas

El hombre con el que había estado hablando los pasados cuarenta minutos era muy agradable, además de todo era atractivo e interesante, era el paquete completo y por primera vez John no dudó sobre que se sentía sexualmente atraído hacia él. Bueno, es que el hecho de adorar a Sherlock, de amarlo como nunca amaría a nadie más, no había sido suficiente para darse cuenta de lo que sentía por él, tuvieron que vivir cosas que lo dejaron marcado de por vida para poder estar en paz con su amor por él.

Y es que siempre había defendido el no ser gay.

John se pasó la mano por el cabello sintiendo desesperación, había necesitado mucho tiempo y esfuerzo para superar la cantaleta que solía repetir ante cualquiera que adivinara sus sentimientos hacia Sherlock. Hubiera deseado poder aceptarlo antes, pero no tenía idea de lo que hubiera sido perderlo de esa manera, si en vez de perder a su mejor amigo perdiera a su novio. De sólo pensarlo un escalofrío lo recorrió. No podía jamás perder a Sherlock, esa no era una opción.

Si recordaba tan sólo un poco podía situarse de nuevo cuando, para estar con Sherlock, había tenido que mandar todo al demonio, porque le gustaba desde el segundo en que posó sus ojos en él, eso era imposible de negar y sufrió toda clase de emociones para llegar hasta el punto donde estaba hoy, en una relación. O algo parecido. Sí, algo parecido a una relación.

Tuvieron que superar el hecho de que Sherlock era virgen, tema que no fue nada sencillo, pero una vez superado resultó ser casi un adicto al sexo. Cada que cerraban la puerta del 221B era un triunfo poder llegar hasta la habitación de Sherlock, o de mínimo al sofá, porque de haber sido por el detective, habrían follado en las escaleras y la pobre señora Hudson ya les habría pedido que se mudaran.

Y sin embargo no era suficiente. Porque John no quería una relación única y exclusivamente física, por más satisfactoria que resultara. Sherlock no tenía preferencia, bien podía disfrutar en ambos papeles, sin embargo John sólo permitiría que una persona en la vida lo penetrara y ese era por supuesto Sherlock, así que la mayoría de las veces tomaba el rol pasivo y se dejaba llevar al límite por su ahora novio.

Aunque nadie sabía eso. Todo era normal fuera de su departamento, tal vez la gente habló cuando después de lo de Mary regresó a vivir al lado del detective, aunque lo deben haber justificado por el lado de que John no podía estar solo ni viviendo en la casa que había compartido con su esposa. No era correcto después de tanto sufrimiento. Así que vivir de nuevo con Sherlock era algo esperado y si se dijo alguna cosa cuestionándolo, fue algo en lo que no abundó.

Iban a las escenas del crimen, al Yard, se veían con Mycroft muy de vez en cuando y hasta en dos ocasiones comieron con los padres de Sherlock. Ante los ojos de todos eran los mismo amigos de siempre, compañeros, colegas, detectives, lo que fuera, pero nunca otra cosa. Sí, la gente sospechaba, sin embargo eso no era problema porque cualquier cosa que pensaran sería opacado por el siguiente caso que de manera imposible Sherlock resolvía.

Si John hubiera podido platicar de esto con alguien, habría dicho que Sherlock se internaba en su palacio mental, mientras John de rodillas frente a él, se comía con su boca toda la longitud de su erección, poniendo a prueba su capacidad para inhibir su reflejo nauseoso. Le gustaba hacer aquello, aunque jamás lo confesaría en voz alta, era un verdadero placer sacarlo de su inmensa concentración porque su cuerpo estaba teniendo un orgasmo.

Aunque claro, no podía contarle a nadie aquello.

Una vez intentó hablar con Greg pero en cuanto el Detective Inspector se dio cuenta de para dónde iba la conversación, salió corriendo lo más pronto que pudo fingiendo haber recibido una llamada de Sally. Maldito, y se decía su amigo. John lo había escuchado gimotear porque su relación con Mycroft era mil veces más frustrante, aunque claro, evitaba a toda costa contar detalles sexuales. El caso es que para John no había otra cosa que contar.

Podía enumerar las veces que se había venido sin siquiera tocar su erección, Sherlock lograba hacer explotar sus sentidos, en exactamente catorce ocasiones había alcanzado el clímax tan sólo de ver cómo se masturbaba. Era impresionante. El problema no era que el sexo fuera otra cosa menos que espectacular, Sherlock Holmes se había mantenido virgen pero estaba compensando todo el tiempo perdido y había días en los que John parecía no poder seguir el ritmo.

El problema era que una vez que Sherlock recuperaba sus sentidos y podía levantarse de la superficie en la que estuvieran (el piso, la mesa, el sofá, la cama, donde fuera), no había nada más. Se iba a preparar algún experimento, se ponía su bata y se tumbaba en el sofá o se bañaba y lo arrastraba a donde tuvieran que ir para continuar con alguna investigación. Y es cuando John sentía mucha frustración y donde evidenciaba que aunque fuera con un hombre, le gustaría una relación más tradicional.

Tomarse de la mano, robarse besos tiernos y también apasionados que no terminaran en candentes sesiones de sexo, salir juntos, hacer alguna otra cosa que perseguir criminales. Le gustaría poder enredar su cuerpo en el de él y abrazarlo hasta el otro día, despertar en su cama, envuelto en su olor y besar su rostro acariciado por el sol.

Y no tenía nada de eso y cada vez que quería empezar esa conversación con Sherlock, él parecía darse cuenta y ponía mil obstáculos que evitaban que pudieran siquiera hablar dos palabras. Así que estaba fregado, literalmente, debido a que no podía decir que quería terminar la relación, porque no quería, porque primero muerto que lejos de Sherlock. Y al mismo tiempo, lo que tenía, parecía no ser del todo suficiente.

Había entrado al bar sin ninguna esperanza, quería una cerveza y ya, para luego llegar a Baker Street después de un día normal en la clínica. Ese tipo de días, donde Sherlock no tenía un caso y él pasaba la mañana y la tarde fuera de casa eran tremendos, generalmente el mal humor de Sherlock generaba un ambiente difícil de soportar, por lo que John debía relajarse, lo más posible. De otra manera explotaría. Y tal vez empezaría a recriminarle al detective todas las cosas que consideraba inadecuadas, las cosas que quería cambiar entre ellos.

Pero había recibido un mensaje de Sherlock, estaba volando en helicóptero hacia Blackpool por un caso bastante raro de una celebridad muerta en uno de los parques acuáticos, no tenía idea de quien era y la verdad no le interesaba. Bien podría haber esperado por él, pero no, claro, su aburrimiento pudo más y respondió casi con alegría a la petición que le hizo Mycroft para encargarse de aquello antes de que saliera en los periodos de la mañana.

Así que lo maldijo en voz alta lo que le llevó a llamar la atención de aquel hombre que le había invitado otra cerveza y que reía de las pequeñas anécdotas que le contaba. Se nombraba un fan de su blog y no podía creer que estuviera acompañando al célebre John Watson. Al decirlo había sonreído y John casi se va de espaldas porque era impensable la manera en que su rostro se iluminaba cuando sonreía.

Listo, era un hecho, Sherlock no era el único hombre que podía despertar en él algo más que admiración. Aunque si se ponía muy estricto, habían pasado ciertas cosas con Sholto, pero no, eso se explicaba de otra manera. En cambio ahora, las cosas que pasaban por su mente cuando el hombre a su lado ponía casualmente una mano sobre su brazo, debían ser ilegales. O por lo menos no debería ser adecuadas, se suponía que era él quien pedía una relación normal con Sherlock, entonces ¿qué estaba haciendo correspondiendo a las miradas que le lanzaba el extraño?

-¿Puedo preguntar tu nombre? –dijo y entonces ya no sería un extraño y podría llamarlo en sus fantasías que seguro tendría más tarde en Baker Street. Un departamento por cierto que encontraría vacío y podría dar rienda suelta a una sesión que planeaba bastante larga donde su mano derecha tendría que representar el papel de Sherlock y de…

-Sebastian –dijo él y la palabra se le antojo delicioso y más si era gritada en medio de un orgasmo- Sebastian Moran.


Estoy siguiendo esta historia porque ya deje esperando a mi querida prima Lady Amoran demasiado tiempo.

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